Palabras diarias de Dios: Conocer la obra de Dios | Fragmento 216

29 Jun 2020

La obra de gestión de Dios comenzó en la creación del mundo, y el hombre se encuentra en el centro de esta obra. Puede decirse que la creación de todas las cosas por parte de Dios es en beneficio del hombre. Como la obra de Su gestión abarca miles de años y no se lleva a cabo simplemente en cuestión de minutos o segundos o en un abrir y cerrar de ojos ni a lo largo de un año o dos, Él tuvo que crear más cosas necesarias para la supervivencia del hombre, como el sol, la luna, todo tipo de criaturas vivientes, alimentos y un entorno hospitalario. Este fue el comienzo de la gestión de Dios.

Después de eso, Dios le entregó la humanidad a Satanás, y el hombre vivió bajo su campo de acción, lo cual llevó gradualmente a la obra de Dios de la primera era: la historia de la Era de la Ley… A lo largo de varios miles de años durante la Era de la Ley, la humanidad se acostumbró a la guía de esta y la dio por hecho. Poco a poco, las personas dejaron el cuidado de Dios. Y así, aunque seguían la ley, también adoraban a ídolos y llevaban a cabo actos malvados. Quedaron sin la protección de Jehová y se limitaron a vivir su vida delante del altar en el templo. De hecho, la obra de Dios los había abandonado hacía mucho, y aunque los israelitas seguían apegándose a la ley, pronunciaban el nombre de Jehová y hasta creían con orgullo que solo ellos eran el pueblo de Jehová y Sus escogidos, la gloria de Dios los abandonó silenciosamente…

Cuando Dios lleva a cabo Su obra, siempre abandona un lugar en silencio y lleva a cabo con delicadeza la nueva obra que inicia en otra parte. Esto les parece increíble a las personas, que están adormecidas. Siempre han valorado lo viejo y han visto las cosas nuevas y poco familiares con hostilidad o como un fastidio. Y así, cualquiera que sea la nueva obra que Dios lleve a cabo, desde el principio hasta el final, el hombre es el último, entre todas las cosas, en saber de ella.

Como siempre ha ocurrido, después de la obra de Jehová en la Era de la Ley, Dios empezó Su nueva obra de la segunda etapa: asumir la carne —encarnarse como hombre durante diez, veinte años— y hablar y hacer Su obra entre los creyentes. Pero nadie lo sabía, sin excepción, y solo un pequeño número de personas reconocía que Él era Dios hecho carne después de que el Señor Jesús fuera crucificado y resucitara. […] En cuanto se completó la segunda etapa de la obra de Dios —después de la crucifixión—, Su obra de recuperar al hombre del pecado (es decir, de las manos de Satanás) se cumplió. Y así, a partir de ese momento, la humanidad solo tenía que aceptar al Señor Jesús como el Salvador y sus pecados les serían perdonados. Nominalmente hablando, los pecados del hombre ya no eran una barrera para que alcanzara su salvación y se presentara delante de Dios, ni eran ya la ventaja por la que Satanás acusaba al hombre. Esto se debe a que Dios mismo había llevado a cabo obra real, se había convertido en la semejanza y la muestra de la carne pecaminosa, y Él mismo era la ofrenda por el pecado. De esta forma, el hombre descendió de la cruz y fue redimido y salvado a través de la carne de Dios: la semejanza de esta carne pecaminosa. Y así, después de haber sido tomado en cautiverio por Satanás, el hombre se acercó un paso más a aceptar la salvación de Dios delante de Él. Por supuesto, esta etapa de la obra fue más profunda y desarrollada que la gestión de Dios durante la Era de la Ley.

Esa es la gestión de Dios: entregar a la humanidad a Satanás —una humanidad que no sabe qué es Dios, qué es el Creador, cómo adorar a Dios o por qué es necesario someterse a Él— y permitir que Satanás lo corrompa. Entonces, paso a paso, Dios recupera al hombre de las manos de Satanás, hasta que el hombre adora plenamente a Dios y rechaza a Satanás. Esta es la gestión de Dios. Puede sonar a cuento mítico y parecer desconcertante. Las personas sienten que esto es un cuento mítico porque no tienen ni idea de cuánto le ha ocurrido al hombre a lo largo de los últimos milenios y, mucho menos, cuántas historias han ocurrido en el cosmos y en el firmamento. Además, se debe a que no pueden apreciar el mundo más asombroso y atemorizante que existe más allá del mundo material, pero que sus ojos mortales les impiden ver. Esto le parece incomprensible al hombre porque no entiende la importancia de la salvación de la humanidad por parte de Dios o la importancia de Su obra de gestión, ni tampoco cómo Dios desea que sea la humanidad en última instancia. ¿Desea que la humanidad no sea corrompida en absoluto por Satanás, como lo fueron Adán y Eva? ¡No! El propósito de la gestión de Dios es ganar a un grupo de personas que adoren a Dios y se sometan a Él. Aunque estas personas han sido corrompidas por Satanás, ya no lo ven como su padre; reconocen el repugnante rostro de Satanás y lo rechazan, y vienen delante de Dios para aceptar Su juicio y Su castigo. Llegan a saber lo que es feo y cómo contrasta con aquello que es santo, y reconocen la grandeza de Dios y la maldad de Satanás. Una humanidad como esta no trabajará más para Satanás ni lo adorará ni lo consagrará. Es porque se trata de un grupo de personas que han sido ganadas por Dios de verdad. Esta es la importancia de la obra de Dios de gestionar a la humanidad. Durante esta obra de gestión de este tiempo, la humanidad es el objeto tanto de la corrupción de Satanás como de la salvación de Dios, y el hombre es el producto por el que pelean Dios y Satanás. Al mismo tiempo que Dios lleva a cabo Su obra, recupera poco a poco al hombre de las manos de Satanás y, así, el hombre se acerca cada vez más a Dios…

Y después vino la Era del Reino, que es una etapa más práctica de la obra y, sin embargo, es también la más difícil de aceptar para el hombre. Esto se debe a que, cuanto más se acerca el hombre a Dios, más se acerca a él Su vara, y Su rostro se revela con mayor claridad al hombre. Después de la redención de la humanidad, el hombre regresa oficialmente a la familia de Dios. El hombre pensó que este era el momento de disfrutar; sin embargo, es objeto de un ataque frontal total por parte de Dios, de tal magnitud que nadie pudo haberlo previsto jamás. Resulta que es un bautismo que el pueblo de Dios tiene que “disfrutar”. Con ese trato, las personas no tienen más opción que detenerse y pensar para sí: “yo soy el cordero, perdido durante muchos años, por el cual Dios pagó mucho para volverlo a comprar; entonces, ¿por qué me trata Él así? ¿Es esta la forma en la que Dios se ríe de mí y me pone en evidencia?…”. Con el paso de los años, el hombre se ha curtido y ha experimentado la dureza del refinamiento y el castigo. Aunque el hombre ha perdido la “gloria” y el “romance” de tiempos pasados, sin saberlo, ha llegado a entender los principios de la conducta humana y a apreciar los años de devoción de Dios para salvar a la humanidad. El hombre comienza lentamente a aborrecer su propia barbarie. Empieza a odiar lo salvaje que es, todas las malinterpretaciones y exigencias irracionales que ha hecho de Dios. El reloj no puede volver atrás en el tiempo. Los acontecimientos del pasado se convierten en los pesarosos recuerdos del hombre, y las palabras y el amor de Dios pasan a ser la fuerza impulsora de la nueva vida del hombre. Las heridas de este se curan día tras día, su fortaleza vuelve y se pone en pie y mira el rostro del Todopoderoso… solo para descubrir que Él siempre ha estado a mi lado, y que Su sonrisa y Su hermoso rostro siguen siendo muy conmovedores. Su corazón se sigue preocupando por la humanidad que Él creó, y Sus manos siguen siendo tan cálidas y poderosas como lo fueron en el principio. Es como si el hombre regresara al jardín del Edén pero, esta vez, ya no escucha las tentaciones de la serpiente ni se aleja del rostro de Jehová. El hombre se arrodilla ante Dios, contempla Su rostro sonriente y ofrece su sacrificio más valioso: ¡Oh! ¡Mi Señor, mi Dios!

El amor y la compasión de Dios impregnan cada detalle de Su obra de gestión, e independientemente de si las personas son o no capaces de entender las buenas intenciones de Dios, Él sigue llevando a cabo sin descanso la obra que se propuso cumplir. Sin importar cuánto entienden las personas sobre la gestión de Dios, todos pueden apreciar los beneficios y la ayuda que ha traído dicha obra al hombre. Quizás hoy no hayas sentido nada del amor o la vida suministrada por Dios, pero mientras no lo abandones ni renuncies a tu determinación de buscar la verdad, vendrá un día en el que la sonrisa de Dios se te revelará. Porque la meta de la obra de gestión de Dios consiste en recuperar a las personas que se encuentran bajo el campo de acción de Satanás, y no abandonar a las que han sido corrompidas por este y se oponen a Dios.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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