Pregunta 5: En la Era de la Gracia, Dios se encarnó para ser la ofrenda por el pecado y asumir la carga del pecado de la humanidad. Todo esto tiene lógica. El Señor Jesús fue concebido por el Espíritu Santo y se convirtió en el Hijo del Hombre, para redimir a la humanidad mediante Su cuerpo libre de pecado. Solo así fue humillado Satanás. En los últimos días, Dios se ha vuelto a encarnar como el Hijo del Hombre para realizar la obra del juicio. Hemos visto que esto es un hecho. Lo que quiero preguntar es esto. Las dos encarnaciones de Dios son un poco distintas: la primera fue en Judea y la segunda es en China. ¿Por qué Dios se tiene que encarnar dos veces para realizar la obra de salvación de la humanidad? ¿Cuál es el verdadero significado de las dos encarnaciones de Dios?

Respuesta: ¿Por qué Dios se tiene que encarnar dos veces para realizar la obra de salvación de la humanidad? Primero debemos aclarar algo: En cuanto a la salvación de la humanidad, las dos encarnaciones de Dios tienen un significado complejo y profundo. Porque tanto si hablamos de la redención como del juicio y la purificación de los últimos días, la obra de salvación no puede ser llevada a cabo por el hombre. Dios debe encarnarse para realizar Él mismo la obra. En la Era de la Gracia, Dios se encarnó como el Señor Jesús; es decir, el Espíritu de Dios se revistió de carne santa y libre de pecado, y fue crucificado como sacrificio por el pecado, redimiendo al hombre de su pecaminosidad. Todos entendemos esto. En cuanto al regreso del Señor Jesús en los últimos días, ¿por qué se encarna como el Hijo del Hombre para aparecerse y obrar? A mucha gente le resulta difícil comprender esto. Si Dios Todopoderoso no hubiera explicado este aspecto de la verdad ni revelado este misterio, nadie habría comprendido esta verdad. Veamos ahora qué dice exactamente Dios Todopoderoso.

Dios Todopoderoso dice: “La primera encarnación fue para redimir al hombre del pecado; para redimirlo por medio de la carne de Jesús; es decir, Él salvó al hombre desde la cruz, pero el carácter satánico corrupto todavía permanecía en el hombre. La segunda encarnación ya no tiene como propósito servir como ofrenda por el pecado, sino, más bien, salvar por completo a los que fueron redimidos del pecado. Esto se hace de tal forma que quienes han sido perdonados puedan ser librados de sus pecados, sean purificados completamente, y, al lograr un cambio de carácter, sean liberados de la influencia de la oscuridad de Satanás y regresen delante del trono de Dios. Sólo así puede el hombre ser plenamente santificado. Después de que la Era de la Ley llegó a su fin, y al comenzar la Era de la Gracia, Dios inició la obra de salvación, la cual continúa hasta los últimos días, cuando, al juzgar y castigar a la raza humana por su rebeldía, Él habrá purificado totalmente a la humanidad. Sólo entonces Dios concluirá Su obra de salvación y entrará en el reposo. Por tanto, en las tres etapas de la obra, Dios solo se ha hecho carne dos veces para llevar a cabo Él mismo Su obra entre los hombres. Esto se debe a que sólo una de las tres etapas de la obra consiste en guiar al hombre sobre cómo debe llevar su vida, mientras que, las otras dos, consisten en la obra de salvación. Sólo haciéndose carne puede Dios vivir junto al hombre, experimentar el sufrimiento del mundo, y vivir en un cuerpo normal de carne. Sólo de esta forma puede proveer a los hombres con el camino práctico que necesitan como seres creados. El hombre recibe la salvación plena de Dios a través de la encarnación de Dios, no directamente del cielo en respuesta a sus oraciones. Y, como el hombre es de carne, no tiene forma de ver al Espíritu de Dios y, mucho menos, de acercarse a Él. Lo único con lo que el hombre puede entrar en contacto es con la carne encarnada de Dios y sólo a través de esto es el hombre capaz de entender todos los caminos y todas las verdades y recibir la salvación plena”. “En la época en la que Jesús estaba llevando a cabo Su obra, el conocimiento que el hombre tenía de Él seguía siendo vago y poco claro. El hombre siempre creyó que Él era el hijo de David y proclamó que era un gran profeta y el Señor bondadoso que redimía los pecados del hombre. Algunos, por la fuerza de su fe, fueron sanados simplemente al tocar el borde de Su manto; los ciegos pudieron ver e incluso los muertos pudieron ser devueltos a la vida. Sin embargo, el hombre fue incapaz de descubrir el carácter satánico corrupto profundamente arraigado en su interior y tampoco sabía cómo desecharlo. […] Por tanto, después de completarse esa etapa de la obra, aún quedaba la obra de juicio y castigo. Esta etapa tiene como objetivo hacer al hombre puro por medio de la palabra y, así, darle una senda que seguir. Esta etapa no sería fructífera ni tendría sentido si continuase con la expulsión de demonios, porque la naturaleza pecaminosa del hombre no sería extirpada y el hombre se detendría tras el perdón de los pecados. A través de la ofrenda por el pecado, al hombre se le han perdonado sus pecados, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero el carácter corrupto del hombre sigue en él y este todavía puede pecar y resistirse a Dios y Dios no ha ganado a la humanidad. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para revelar el carácter corrupto del hombre y hace que este practique según la senda correcta. Esta etapa es más significativa que la anterior y también más fructífera, porque, ahora, la palabra es la que provee directamente la vida del hombre y permite que su carácter sea completamente renovado; es una etapa de obra mucho más concienzuda. Así pues, la encarnación en los últimos días ha completado el sentido de la encarnación de Dios y ha finalizado plenamente el plan de gestión de Dios para la salvación del hombre” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

A partir de las palabras de Dios Todopoderoso vemos que, en la Era de la Gracia, Dios se encarnó por primera vez únicamente para realizar la obra de redención, utilizando la crucifixión como ofrenda por el pecado para redimir al hombre de su pecaminosidad, para liberarlo de la maldición y la condena de la ley. Solo debíamos confesar nuestros pecados y arrepentirnos, y nuestros pecados serían perdonados. Entonces podríamos disfrutar de la abundante gracia y verdad que Dios nos otorgaba. Esta es la obra de redención del Señor Jesús y es el verdadero significado de la salvación por la fe en el Señor. somos salvos por nuestra fe en el Señor y nuestros pecados son perdonados, pero ¿estamos verdaderamente libres de nuestra pecaminosidad? Aunque el Señor Jesús perdonó nuestros pecados, aún tenemos que liberarnos de las cadenas del pecado, pues todavía tenemos naturaleza pecadora y carácter satánico. Aunque hemos admitido nuestros pecados ante el Señor y hemos ganado Su perdón, no tenemos conocimiento de nuestra naturaleza pecaminosa, y mucho menos de nuestro carácter corrupto, un problema mucho más grave que el pecado. Solo somos capaces de reconocer en nuestro interior el pecado que consiste en la falta de respeto por las leyes y el que nos hace sentir cargo de conciencia, pero no reconocemos los pecados más profundos, el pecado de oponernos a Dios. Por ejemplo, desconocemos la raíz de nuestra oposición a Dios, cómo se manifiesta nuestro carácter satánico, o cómo surgió nuestra naturaleza satánica, qué venenos de Satanás existen dentro de nuestra naturaleza, o de dónde provienen la filosofía, la lógica y las normas satánicas del hombre. Entonces, ¿por qué el hombre no tiene conocimiento de estas cosas satánicas? Ya que el Señor Jesús ha perdonado los pecados al hombre, ¿por qué este no puede liberarse de las cadenas de su pecaminosidad y sigue cometiendo los mismos pecados? ¿Es el hombre verdaderamente puro una vez que se han perdonado sus pecados? ¿Es realmente santo entonces? Este es un asunto muy práctico que nadie en la Era de la Gracia parece comprender. Aunque creemos en el Señor, y nuestros pecados son perdonados, aún pecamos sin darnos cuenta, nos oponemos a Dios y lo traicionamos. Nosotros, los creyentes, lo sabemos de primera mano. Por ejemplo, aunque tengamos fe en Dios, seguimos mintiendo, siendo vanidosos, aborreciendo la verdad y defendiendo el mal. Seguimos siendo arrogantes, traicioneros, egoístas y codiciosos; estamos atrapados sin remedio en el carácter corrupto de Satanás. Muchas personas trabajan incansablemente para el Señor, pero solo porque esperan la recompensa de entrar en el reino de los cielos. Cuando disfrutan de la gracia del Señor, son felices y creen firmemente en Él; pero en cuanto tienen que afrontar algún desastre o hay alguna tragedia en la familia, malinterpretan al Señor, lo culpan e incluso reniegan de Él y lo traicionan. Cuando la obra de Dios no concuerda con sus conceptos y fantasías, actúan como fariseos hipócritas, oponiéndose a Dios y condenándolo. Demuestra que, aunque aceptamos la salvación del Señor Jesús y nuestros pecados fueron perdonados, eso no quiere decir que nos hayamos librado por completo del pecado ni que ya seamos santos; y menos todavía que seamos de Dios y hayamos sido ganados por Él. Entonces, cuando el Señor Jesús regrese para realizar la obra del juicio en los últimos días, muchas personas del mundo religioso juzgan a Dios, lo condenan y blasfeman contra Él, anuncian públicamente que Él es su adversario y lo crucifican de nuevo. Esos que condenan públicamente a Dios y se oponen a Él, ¿podrán ser arrebatados al reino de los cielos solo porque sus pecados fueron perdonados? ¿Podría Dios admitir en el reino de los cielos a esas fuerzas del mal que se oponen a Él? ¿Arrebataría Dios al reino de los cielos a estos anticristos que aborrecen la verdad? ¡No! ¡Porque Dios es santo y justo! Como ven, aunque nuestros pecados son perdonados por nuestra fe en el Señor, no nos hemos librado totalmente del pecado ni de la influencia satánica, ni mucho menos hemos sido ganados por Dios ni somos de Él. Entonces, si los seres humanos queremos liberarnos del pecado y lograr la purificación para ser ganados íntegramente por Dios, debemos ser completamente purificados y salvados por la obra de la segunda encarnación de Dios.

Tenemos una idea demasiado simple de la obra de salvación de Dios, como si apenas los pecados del hombre le fuesen perdonados ya no hubiera ningún problema y solamente tuviera que esperar a que el Señor lo arrebatara al reino de los cielos. ¡Qué ingenuo e inmaduro es el hombre corrupto! ¡Qué ridículos son los conceptos y las fantasías de la humanidad corrupta! ¿Acaso el único problema que afligía a la humanidad tras ser corrompida por Satanás era el pecado? ¿Cuál es la raíz del pecado del hombre? ¿Qué es el pecado? ¿Por qué lo detesta Dios? Hasta ahora nadie lo comprende adecuadamente. El hombre ha sido profundamente corrompido por Satanás; ¿hasta qué punto? Nadie lo tiene claro. La realidad de la profunda corrupción humana se evidenció en la crucifixión del Señor Jesús. El hecho de que los seres humanos pudieran crucificar al misericordioso Señor Jesús, que había expresado tanta verdad, demostró realmente que el hombre se había convertido en descendiente de Satanás, en su prole, y que había perdido por completo su humanidad; que no tenía ni una pizca de razón ni de conciencia. ¿Qué persona posee una humanidad normal? ¿Acaso la oposición y la animosidad del hombre hacia Dios no indican que el hombre ha llegado a un punto en el que debe elegir entre él o Dios, en el que se vuelve incompatible con Dios? ¿De verdad este problema se puede solucionar con el perdón de los pecados? ¿Quién garantiza que, si se le perdonan los pecados, el hombre no se opondrá a Dios ni lo considerará su enemigo? ¡Nadie lo puede garantizar! Los pecados del hombre pueden ser perdonados, pero ¿puede Dios perdonar su naturaleza, una naturaleza que se opone a Él? ¿Puede Dios perdonar el carácter satánico que habita en el hombre? Entonces, ¿cómo resuelve Dios estas cosas propias de Satanás? Sin duda, Dios utiliza el juicio y el castigo. Se puede afirmar que, sin el juicio y el castigo justos de Dios, el hombre corrupto no podría ser conquistado y menos aún podría postrarse con profunda humillación. Este es el principal motivo por el que Dios debe encarnarse para realizar la obra del juicio. A muchos les surgen preguntas y conceptos acerca de que Dios se encarne para realizar la obra del juicio en los últimos días. ¿Por qué? Porque no ven la realidad de la corrupción absoluta del hombre. Por eso, no comprenden nada del significado de la obra del juicio de Dios en los últimos días. Se aferran a sus nociones y no buscan ni estudian el camino verdadero. Así, ¿cómo van a aceptar y obedecer la obra de Dios?

Los seres humanos no podemos comprender en profundidad el significado de las dos encarnaciones de Dios. Sobre por qué Dios se ha encarnado dos veces y sobre el significado de las dos encarnaciones, para ver este aspecto de la verdad, leamos dos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “El significado de la encarnación es que un hombre normal y corriente lleve a cabo la obra de Dios mismo; es decir, que Dios lleva a cabo Su obra divina en la humanidad y vence de este modo a Satanás. La encarnación significa que el Espíritu de Dios se hace carne, es decir, que Dios se hace carne; la obra que la carne realiza es la obra del Espíritu, la cual se materializa en la carne y es expresada por la carne. Nadie, excepto la carne de Dios, puede cumplir con el ministerio del Dios encarnado; es decir, que solo la carne encarnada de Dios, esa humanidad normal —y nadie más— puede expresar la obra divina. […] Que posea una humanidad normal demuestra que Él es Dios encarnado en la carne; que pase por un proceso de crecimiento humano normal demuestra aún más que Él es de carne normal; además, Su obra es prueba suficiente de que Él es la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios, hecho carne. Dios se hace carne por las necesidades de Su obra; en otras palabras, esta etapa de la obra debe hacerse en la carne, en una humanidad normal. Este es el requisito previo para que ‘el Verbo se haga carne’, para ‘la aparición de la Palabra en la carne’, y es la verdadera historia detrás de las dos encarnaciones de Dios”. “¿Por qué digo que el sentido de la encarnación no se completó en la obra de Jesús? Porque el Verbo no se hizo enteramente carne. Lo que Jesús realizó fue solo una parte de la obra de Dios en la carne; Él solo llevó a cabo la obra de redención y no la de ganar completamente al hombre. Por esta razón, Dios se ha hecho carne una vez más en los últimos días. Esta etapa de la obra también se lleva a cabo en una carne ordinaria; la realiza un ser humano completamente normal, uno cuya humanidad no es en absoluto trascendente. En otras palabras, Dios se ha hecho un ser humano completo; es una persona cuya identidad es la de Dios, un ser humano completo, una carne completa, que está llevando a cabo la obra” (‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La palabra de Dios Todopoderoso ha revelado el significado y el misterio de la encarnación. Tras leerla, sabemos que la encarnación se refiere al Espíritu de Dios revestido de carne y convertido en una persona común y corriente para realizar la obra de Dios mismo. Dios encarnado debe tener una humanidad normal, debe obrar y hablar con humanidad normal. Incluso cuando obra milagros, debe hacerlo en una humanidad normal. En su aspecto exterior, la encarnación de Dios es normal. Parece que realiza Su obra como un ser humano común y corriente. Si no tuviera humanidad normal ni obrara en Su humanidad normal, no sería la encarnación de Dios. La encarnación significa que el Espíritu de Dios se materializa en la carne. En Su humanidad normal, Él expresa la verdad y realiza la obra de Dios mismo, redimiendo y salvando a la humanidad. Este es el significado de la encarnación. ¿Y qué significan las dos encarnaciones de Dios? Esencialmente, esto quiere decir que las dos encarnaciones de Dios han completado el significado de la encarnación, han realizado la obra de la Palabra que se manifiesta en carne y han concluido el plan de gestión de Dios para salvar a la humanidad. Este es el significado de las dos encarnaciones de Dios. Todos debemos tener claro que el propósito de la primera encarnación de Dios fue el de realizar la obra de redención y allanar el camino para la obra del juicio en los últimos días. Entonces, la primera encarnación de Dios no completó el significado de la encarnación. El propósito de la segunda encarnación de Dios es realizar la obra del juicio en los últimos días y liberar completamente a la humanidad de las garras de Satanás, liberarla de su carácter satánico y de la influencia de Satanás para que pueda regresar a Dios y ser ganada por Él. Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días, ha expresado la totalidad de la verdad para purificar y salvar a la humanidad, ha concluido toda la obra de Dios encarnado y expresado todo lo que Dios hecho carne debe expresar. Solo así ha cumplido con la obra de la Palabra que se manifiesta en carne. Leamos otros dos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “Dios usará palabras para conquistar el universo. Él hará esto, no por medio de Su carne encarnada, sino por medio de las declaraciones de boca de Dios hecho carne para conquistar a todas las personas en todo el universo; solo esto es el Verbo hecho carne y solo esto es la aparición de la Palabra en la carne. Tal vez, los humanos tengan la impresión de que Dios no ha realizado mucha obra, pero Dios solo tiene que declarar Sus palabras y ellas estarán completamente convencidas e impresionadas. Sin hechos, las personas gritan y chillan; con las palabras de Dios, se quedan calladas. Con toda seguridad Dios logrará este hecho, porque este es el plan de Dios establecido hace mucho tiempo: cumplir el hecho de la llegada de la Palabra a la tierra” (‘El Reino Milenario ha llegado’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Esta etapa de la obra cumple precisamente el significado interno de ‘la Palabra se hace carne’, le dio un significado más profundo a ‘el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios’, y te permite creer firmemente en las palabras ‘en el principio era El Verbo’. Lo que es igual a decir que en el momento de la creación Dios estaba poseído de Palabras, Sus Palabras eran con Él y eran inseparables de Él, y en la era final deja aún más claro el poder y la autoridad de Sus palabras y permite al hombre ver todas Sus manifestaciones, oír todas Sus palabras. Tal es la obra de la era final. Debes llegar a entender estas cosas de pies a cabeza. No se trata de conocer la carne, sino de cómo entiendes la carne y la Palabra. Este es el testimonio que debes dar, que todos deben conocer. Como esta es la obra de la segunda encarnación, y la última vez que Dios se hace carne, completa totalmente el sentido de la encarnación, lleva a cabo y expone por completo toda la obra de Dios en la carne, y pone fin a la era de Dios en la carne” (‘Práctica (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las dos encarnaciones de Dios completan toda la obra de Dios encarnado; es decir, la obra de Dios de salvar completamente al hombre. En el futuro, Dios no se volverá a encarnar. No habrá ni tercera ni cuarta vez porque la obra de Dios encarnado ya se ha cumplido del todo. Esto es lo que quiere decir la afirmación de que Dios se ha encarnado dos veces para completar el significado de la encarnación.

Dios se ha encarnado dos veces para completar el significado de la encarnación. Esto es difícil de comprender para quienes aún no han experimentado la obra de juicio de Dios en los últimos días. Quienes solo experimentaron la obra de redención en la Era de la Gracia saben que el Señor Jesús es Dios encarnado, pero pocos comprenden que la obra del Señor Jesús solamente se limitó a la redención y que no completó la obra de la Palabra que se manifiesta en carne; Es decir, el Señor Jesús no expresó toda la verdad de la salvación completa de la humanidad por parte de Dios encarnado. Y el Señor Jesús dijo: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13). Ahora ha regresado el Señor Jesús encarnado en el Hijo del Hombre. Él es Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días. Está realizando la obra del juicio comenzando por la casa de Dios, expresando toda la verdad que purificará y salvará a la humanidad, la verdad recogida en “La Palabra manifestada en Carne”. Dios encarnado habla por primera vez al universo entero con la identidad de Dios, proclamando Su palabra. Él proclama los detalles del plan de gestión de Dios para salvar a la humanidad. Expresa la voluntad de Dios, Sus exigencias a toda la humanidad y el destino del hombre. Veamos cómo lo explica Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “Es justo decir que esta ha sido la primera vez, desde la creación del mundo, que Dios se ha dirigido a toda la humanidad. Nunca antes Dios había hablado con tanto detalle y tan sistemáticamente a la humanidad creada. Por supuesto, esta es también la primera vez que Él ha hablado tanto, y durante tanto tiempo, a la humanidad. Esto es algo totalmente sin precedentes. Es más, estas declaraciones forman el primer texto expresado por Dios mientras estuvo entre la humanidad y en ellas Él revela, guía, juzga y habla con total franqueza a todas las personas y, de igual manera, son las primeras declaraciones en las que Dios permitió a la gente conocer Sus pasos, el lugar donde Él se encuentra, el carácter de Dios, lo que Él tiene y es, Sus pensamientos y Su preocupación por la humanidad. Se puede decir que, desde la creación, estas son las primeras declaraciones que Dios ha expresado desde el tercer cielo a la humanidad, y que es la primera vez que Dios ha usado Su identidad inherente para aparecerse a la humanidad y expresarle la voz de Su corazón por medio de palabras” (‘Introducción’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). “Porque traigo el fin de la humanidad al mundo, y a partir de ahí, pongo al descubierto todo Mi carácter ante la humanidad para que todos los que me conocen, y los que no, deleiten su vista y vean que en verdad he venido al mundo humano, a la tierra, donde todas las cosas se multiplican. Este es Mi plan, y Mi única ‘confesión’ desde Mi creación de la humanidad. Deseo que vosotros podáis contemplar con todo vuestro corazón todos Mis movimientos, porque Mi vara otra vez se acerca a la humanidad, cerca de todos aquellos que se oponen a Mí” (‘Prepara suficientes buenas obras para tu destino’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Con respecto a las dos encarnaciones de Dios que completan el significado de la encarnación, hay quienes simplemente no lo entienden porque les falta experiencia. Cuando oyen hablar de eso, simplemente no lo comprenden. La verdad de la encarnación es, sin duda, profunda y la gente necesita varias enseñanzas para comprenderla. Veamos ahora con detalle la obra llevada a cabo en las dos encarnaciones de Dios. En Su primera encarnación, Dios llevó a cabo la obra de redención y obró muchos milagros. Dio de comer a cinco mil personas con tan solo cinco panes y dos peces. Apaciguó los vientos y las olas con una sola palabra. Él resucitó a Lázaro. Además, el Señor Jesús ayunó y fue tentado en el desierto durante cuarenta días. Caminó sobre las aguas, etc. Como la carne del Señor Jesús obró milagros y Él se transfiguró sobre la montaña, si bien estaba encarnado, desde nuestra perspectiva humana, aún poseía elementos sobrenaturales. Era distinto del hombre común y allá donde iba hacía milagros. Además, el Señor Jesús solo realizó una etapa de la obra: la obra de redención. Únicamente expresó la verdad de la obra de redención, manifestando, sobre todo, el carácter amable y misericordioso de Dios. Él no expresó todas las verdades de la obra del juicio y salvación ni el carácter justo y santo de Dios, que no admite ofensa. Por ello, no puede decirse que la primera encarnación completara el significado de la encarnación. Como dice Dios Todopoderoso: “La etapa de la obra que realizó Jesús solo cumplió con la esencia de ‘el Verbo era con Dios’: la verdad de Dios era con Dios y el Espíritu de Dios era con la carne y era inseparable de la carne. Es decir, la carne de Dios encarnado estaba con el Espíritu de Dios, que es una prueba mayor de que Jesús encarnado fue la primera encarnación de Dios” (‘Práctica (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). La encarnación de Dios en los últimos días es distinta de la primera encarnación. En la segunda encarnación, Dios no ha obrado milagros ni es sobrenatural en absoluto. En apariencia es un ser humano común y corriente que realiza Su obra y manifiesta Su palabra de forma práctica y realista entre la gente. Ha expresado la verdad para juzgar, purificar y salvar al hombre. Dios Todopoderoso ha revelado todos los misterios del plan de gestión de Dios y manifestado el carácter justo y santo de Dios, todo lo que Dios tiene y es, Su voluntad y Sus exigencias a los hombres. Además, ha juzgado y dejado al descubierto la naturaleza satánica del hombre y su carácter corrupto, que se opone a Dios, y así ha conquistado, perfeccionado, expuesto y eliminado a las personas, a cada una según su tipo. Toda la verdad que Dios otorga al hombre en los últimos días se expresa en la humanidad normal de Su carne, que no tiene nada de sobrenatural. Todo lo que vemos es un hombre corriente que manifiesta Su palabra y realiza Su obra, pero la palabra que manifiesta Cristo es toda la verdad. Tiene autoridad y poder, puede purificar y salvar al hombre. Mediante la palabra de Cristo, que juzga y expone la verdad y la esencia de la corrupción del hombre, vemos cómo Dios escudriña su corazón al observarlo y cómo tiene total comprensión del hombre El hombre también llega a conocer el carácter justo y santo de Dios, que no admite ofensa. Mediante la admonición y la exhortación de Cristo, percibimos la compasión de Dios y Su preocupación por el hombre. A través de las muchas maneras en que Cristo habla y obra, llegamos a apreciar la omnipotencia y la sabiduría de Dios, las sinceras intenciones con las que Dios obra para salvar a la humanidad y el amor verdadero de Dios por el hombre y su salvación. Por la forma en que Cristo trata a las personas, los asuntos y las cosas llegamos a comprender que el placer, la ira, la tristeza y la felicidad de Dios son realidades de cosas positivas, y que todos son expresión del carácter de Dios y manifestación natural de Su esencia de vida. Mediante la palabra y la obra de Cristo, vemos que Dios es supremo y grande, humilde y oculto, y adquirimos conocimiento y comprensión reales del carácter original de Dios y de Su auténtico rostro, lo que produce en nosotros sed de verdad y veneración a Dios en el corazón, nos hace amar y obedecer sinceramente a Dios. Este es el efecto que la palabra y la obra de la segunda encarnación de Dios tienen sobre nosotros. La palabra y la obra de la segunda encarnación de Dios no solo permite al hombre ver a Dios hecho carne, también le permite ver el hecho de Su palabra manifestada en la carne. La palabra de Dios todo lo consigue. Esta carne común y corriente es la encarnación del Espíritu de la verdad. ¡Dios encarnado es la verdad, el camino y la vida! ¡Él es la aparición del único Dios verdadero! Solo mediante la aparición y la obra de Dios Todopoderoso se ha completado el significado de la encarnación.

Leamos otros dos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso, para que comprendamos de forma más clara esta verdad y este misterio. Dios Todopoderoso dice: “Esta etapa de la obra cumple precisamente el significado interno de ‘la Palabra se hace carne’, le dio un significado más profundo a ‘el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios’” (‘Práctica (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Durante la Era del Reino, Dios encarnado pronuncia palabras para conquistar a todos los que creen en Él. Esto es ‘la Palabra que aparece en la carne’. Dios ha venido durante los últimos días para llevar a cabo esta obra; es decir, ha venido a manifestar el significado práctico de la Palabra que aparece en la carne. Él sólo pronuncia palabras y rara vez se producen hechos. Esto es la esencia misma de la Palabra que aparece en la carne, y cuando Dios encarnado pronuncia Sus palabras, es la aparición de la Palabra en la carne y la Palabra que se hace carne. ‘En el comienzo existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios, y la Palabra se hizo carne’.* Esto (la obra de la aparición de la Palabra en la carne) es la obra que Dios llevará a cabo en los últimos días, y es el capítulo final de la totalidad de Su plan de gestión; así, Dios tiene que venir a la tierra y manifestar Sus palabras en la carne. Lo que se hace hoy, lo que se hará en el futuro, lo que Dios realizará, el destino final del hombre, los que serán salvos, los que serán destruidos, etcétera, toda esta obra que debe realizarse al final se ha expuesto con claridad, y su propósito es manifestar el significado práctico de la Palabra que aparece en la carne. Los decretos administrativos y la constitución que se emitieron anteriormente, los que serán destruidos, los que entrarán en el reposo, todas esas palabras deben cumplirse. Se trata de la obra realizada por el Dios encarnado principalmente durante los últimos días. Él hace que las personas comprendan adónde pertenecen los que fueron predestinados por Dios, y adónde pertenecen los que no son predestinados por Él; cómo serán clasificados Su pueblo y Sus hijos, lo que le ocurrirá a Israel y lo que le ocurrirá a Egipto. En el futuro, cada una de estas palabras se cumplirá. El ritmo de la obra de Dios se va acelerando. Dios usa la palabra como el medio para revelarle al hombre lo que se ha de realizar en cada era, lo que el Dios encarnado ha de llevar a cabo durante los últimos días y el ministerio que Él realizará, y todas estas palabras tienen el propósito de manifestar el significado real de la Palabra que aparece en la carne” (‘Todo se logra por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Tras leer estos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso, confío en que todos comprendamos un poco mejor que las dos encarnaciones de Dios ¡completan el significado de la encarnación! Ahora somos conscientes de que Dios completa la obra de salvación de la humanidad a través de la obra de la encarnación. La etapa de la obra que el Señor Jesús llevó a cabo fue la obra de redención. La verdad que Él expresó fue muy limitada, y por eso, tras experimentar la obra del Señor Jesús, el conocimiento que el hombre tenía de Dios era aún limitado. Dios Todopoderoso ha venido a realizar la obra del juicio en los últimos días y ha expresado toda la verdad acerca del juicio justo de Dios sobre la corrupción del hombre. Esto permite al hombre ver el carácter inherente de Dios y conocer Su esencia justa y santa. Así pues, Dios encarnado en los últimos días ha completado totalmente la obra de Dios hecho carne. Él ha expresado toda la verdad que Dios debe expresar en la carne, cumpliendo así el hecho de la Palabra manifestada en la carne. Así es como las dos encarnaciones de Dios completan el significado de la encarnación. Las dos encarnaciones de Dios son imprescindibles y se complementan entre sí. Y por eso no se puede decir que Dios solo se pueda encarnar una vez ni que se encarnará tres o cuatro veces; porque las dos encarnaciones de Dios ya han completado Su obra de salvación de la humanidad y han expresado toda la verdad salvadora de la humanidad que deben expresar Sus encarnaciones. Así pues, las dos encarnaciones de Dios han completado el significado de la encarnación.

Extracto del guion de la película de “El misterio de la piedad (la continuación)”

La cita bíblica marcada (*) ha sido traducida de AKJV.

Anterior: Pregunta 4: Dan testimonio de que, en apariencia, la encarnación de Dios es la de una persona corriente; al igual que el propio Señor Jesús, Él no solo posee una humanidad normal, sino que también tiene divinidad. Eso es cierto. ¿Qué diferencia hay entre la humanidad normal de la encarnación de Dios y la humanidad del hombre corrupto?

Siguiente: Pregunta 6: La Biblia afirma que, después del bautismo del Señor Jesús, se abrieron los cielos, el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de paloma y una voz dijo: “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido” (Mateo 3:17). y nosotros, los creyentes, todos reconocemos que el Señor Jesús es Cristo, el Hijo de Dios. Sin embargo, ustedes dieron testimonio de que Cristo encarnado es la aparición de Dios, es Dios mismo, de que el Señor Jesús es Dios y de que también Dios Todopoderoso es Dios. Esto nos resulta bastante misterioso y difiere de lo que comprendíamos antes. Entonces, ¿Cristo encarnado es Dios mismo o el Hijo de Dios? Ambas situaciones nos parecen razonables y concuerdan con la Biblia. Entonces, ¿cuál es la correcta?

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