X. La entrada en la vida (1)

Palabras diarias de Dios Fragmento 374

Dios Todopoderoso, la Cabeza de todas las cosas, ejerce Su poder real desde Su trono. Él gobierna sobre el universo y sobre todas las cosas y nos está guiando en toda la tierra. Estaremos cerca de Él en todo momento, y vendremos delante de Él en quietud; sin perder nunca ni un solo momento, y con lecciones que aprender en cada instante. Todo, desde el ambiente que nos rodea hasta las personas, asuntos y cosas, existe con el permiso de Su trono. No dejes, bajo ninguna circunstancia, que surjan quejas en tu corazón, o Dios no concederá Su gracia sobre ti. Cuando la enfermedad llega, esto es el amor de Dios, y ciertamente alberga dentro Sus buenas intenciones. Aunque tu cuerpo padezca un poco de sufrimiento, no consideres las ideas de Satanás. Alaba a Dios en medio de la enfermedad y disfruta a Dios en medio de tu alabanza. No pierdas la esperanza ante la enfermedad, sigue buscando una y otra vez y nunca te rindas, y Dios te iluminará con Su luz. ¿Cómo era la fe de Job? ¡Dios Todopoderoso es un médico omnipotente! Vivir en la enfermedad es estar enfermo, pero vivir en el espíritu es estar sano. Mientras tengas aliento, Dios no te dejará morir.

Dentro de nosotros tenemos la vida resucitada de Cristo. Indiscutiblemente, nos falta fe en la presencia de Dios: ojalá que Dios ponga la verdadera fe dentro de nosotros. ¡La palabra de Dios es verdaderamente dulce! ¡La palabra de Dios es medicina potente! ¡Avergüenza a los diablos y a Satanás! Comprender la palabra de Dios nos da apoyo. ¡Su palabra actúa rápidamente para salvar nuestros corazones! Disipa todas las cosas y pone todo en paz. La fe es como un puente de un solo tronco: aquellos que se aferran miserablemente a la vida tendrán dificultades para cruzarlo, pero aquellos que están dispuestos a sacrificarse pueden pasar con paso seguro y sin preocupación. Si el hombre alberga pensamientos asustadizos y de temor es porque Satanás lo ha engañado por miedo a que crucemos el puente de la fe para entrar en Dios. Satanás está intentando por todos los medios posibles enviarnos sus pensamientos. Debemos orar en todo momento para que Dios nos ilumine con Su luz, y siempre debemos confiar en Dios para purgar el veneno de Satanás que hay dentro de nosotros, practicar en nuestro espíritu en todo instante cómo acercarnos a Dios y dejar que Dios domine todo nuestro ser.

de ‘Capítulo 6’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 375

¿Qué es lo primero que debe hacer la gente ante un problema? Orar; la oración es lo primero. La oración demuestra que eres devoto, que has comenzado a tener un corazón temeroso de Dios, que sabes buscar a Dios, que le has dado un lugar en tu corazón, que eres un cristiano devoto. Muchos creyentes mayores se arrodillan a orar todos los días a la misma hora, a veces tanto tiempo que no pueden volver a levantarse. No entremos en si es un ritual ni en si es posible que ganen algo con ello o no; digamos, sencillamente, que estos hermanos y hermanas mayores son especialmente devotos, mucho mejores y más aplicados que vosotros, los jóvenes. Lo primero que hay que hacer ante un problema es orar. La oración no es solo hablar y hablar de dientes para afuera; eso no resolvería ningún problema. Quizá ores ocho o diez veces sin conseguir nada, pero no te desanimes; debes continuar orando. Cuando te suceda algo, primero ora, cuéntaselo primero a Dios, que Dios se haga cargo, deja que Dios te ayude, que Él te guíe y te señale el camino. Esto demuestra que has puesto a Dios en primer lugar, que lo tienes en tu corazón. Si, ante un problema, lo primero que haces es sentirte reticente, enfadarte y montar en cólera —si, antes de nada, te vuelves negativo—, esta es una manifestación de que no tienes a Dios en el corazón. En la vida real debes orar cada vez que te suceda algo. En primer lugar, debes arrodillarte a orar; esto es crucial. La oración demuestra tu actitud hacia Dios en Su presencia. No orarías si no tuvieras a Dios en tu corazón. Hay quienes dicen: “Yo oro, ¡pero Dios aún no me da esclarecimiento!”. No digas eso. Mira, para empezar, si tus motivaciones para orar son correctas; si realmente buscas la verdad y oras a Dios a menudo, es muy posible que te dé esclarecimiento en alguna materia para que la entiendas; en definitiva, Dios te dará entendimiento. Sin el esclarecimiento de Dios no tendrías entendimiento propio: te falta perspicacia, no tienes inteligencia para ello y esto es inalcanzable para el intelecto humano. Cuando sí entiendes, ¿nace ese entendimiento de tu propia mente? Si el Espíritu Santo no te da esclarecimiento, ninguna persona a quien preguntes conocerá el significado de la obra del Espíritu ni lo que Dios quiere decir; solo lo sabrás cuando el propio Dios te explique el significado. Por tanto, lo primero que has de hacer cuando te suceda algo es orar. La oración exige indagar con actitud de búsqueda y expresar tus pensamientos, opiniones y actitudes; en esto debe consistir. No dará resultado hacerlo por simple inercia, así que no culpes al Espíritu Santo por no darte esclarecimiento. He descubierto que, en su fe en Dios, algunas personas siguen creyendo en Él, pero solamente de boquilla. No tienen a Dios en su corazón, reniegan de la obra del Espíritu y también de la oración; se limitan a leer las palabras de Dios y nada más. ¿Puede denominarse esto fe en Dios? Continúan creyendo hasta que Dios desaparece por completo de su fe. En concreto, hay quienes habitualmente se encargan de asuntos generales, sienten que están muy ocupados y no reciben nada a cambio de todos sus esfuerzos. Estas personas no van por la senda correcta en su fe en Dios. ¿Acaso no es agotador tomar el buen camino? No toman este camino ni aunque comprendan mucha doctrina y tienden a ir cuesta abajo. Así pues, cuando os suceda algo, debéis dedicar más tiempo a la oración y la búsqueda; es lo menos que debéis hacer. La clave radica en aprender a buscar la voluntad de Dios y las intenciones del Espíritu Santo. Si los que creen en Dios son incapaces de experimentar y practicar de este modo, no ganarán nada y su fe no servirá de nada.

Extracto de ‘Mira todas las cosas a través de los ojos de la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 376

Por mucha que sea la verdad que entienda una persona, por más deberes que haya cumplido, por más cosas que haya experimentado en su cumplimiento y sean cuales sean su estatura o su entorno, lo que no puede faltarle es que, en todo cuanto haga, debe recurrir a Dios y ampararse en Él. Esta es la mayor sabiduría. ¿Por qué lo digo? Aunque uno haya llegado a comprender muchas verdades, ¿servirá eso de algo si no se ampara en Dios? Algunos, tras haber creído en Dios un poco más de tiempo, han llegado a entender algunas verdades y pasado por algunas pruebas. Puede que hayan ganado un poco de experiencia práctica, pero no saben ampararse en Dios, ni saben cómo contar con Él y ampararse en Él. ¿Son poseedoras de sabiduría esas personas? Son las más necias, las que se creen más listas; no temen a Dios ni se apartan del mal. Algunas personas dicen: “Entiendo muchas verdades y poseo la realidad-verdad. Está bien sólo hacer las cosas de una manera con principios. Soy leal a Dios, y sé cómo acercarme a Él. ¿No es suficiente que confíe en la verdad?” “Depender de la verdad” funciona bien, doctrinalmente hablando. Pero hay muchas veces y muchas situaciones en las que las personas no saben cuál es la verdad ni cuáles son los principios-verdad. Todas aquellas con experiencia práctica saben esto. Por ejemplo, cuando te encuentres con algún problema, tal vez no sepas de qué manera hay que practicar o aplicar la verdad relevante a él. ¿Qué debes hacer en momentos como estos? No importa cuánta experiencia práctica tengas, no puedes estar en posesión de la verdad en todas las situaciones. No importa cuántos años hayas creído en Dios, cuántas cosas hayas experimentado, y cuánta poda, trato, o disciplina hayas experimentado, ¿eres tú el origen de la verdad? Algunas personas dicen: “Me sé de memoria todas esas declaraciones y pasajes bien conocidos en el libro ‘La Palabra manifestada en Carne’. No necesito depender de Dios ni recurrir a Él. Cuando llegue el momento, estaré bien dependiendo solo de esas palabras de Dios”. Las palabras que has memorizado son estáticas; sin embargo, los ambientes que encuentras y tus estados son dinámicos. Tener una comprensión de las palabras literales y hablar sobre muchas doctrinas espirituales no equivale a una comprensión de la verdad y, mucho menos, a que comprendas la voluntad de Dios en cada situación. Así pues, aquí hay una lección muy importante para aprender. Es que las personas necesitan recurrir a Dios en todas las cosas y que, al hacerlo, pueden lograr una dependencia de Dios. Solamente dependiendo de Dios las personas tendrán una senda que seguir. De otra manera, puedes hacer algo correctamente y de conformidad con los principios-verdad, pero si no dependes de Dios, entonces tus actos no son más que las acciones del hombre y eso no necesariamente satisfará a Dios. Debido a que las personas tienen una manera tan superficial de entender la verdad es probable que sigan reglas y obstinadamente se aferren a letras y doctrinas usando esa misma verdad al enfrentar varias situaciones. Es posible que completen muchos asuntos que estén en conformidad con los principios-verdad en general, pero la guía de Dios no se puede ver en esto y tampoco la obra del Espíritu Santo. Aquí hay un serio problema, que es que las personas hacen muchas cosas en dependencia de su experiencia y las reglas que han entendido y en ciertas fantasías humanas. Apenas pueden lograr el mejor resultado, que viene al entender claramente la voluntad de Dios al recurrir a Él y orarle, y entonces ampararse en Su obra y guía. Por esta razón digo que la mayor sabiduría es recurrir a Dios y depender de Él en todas las cosas.

Extracto de ‘Los creyentes deben empezar por comprender las tendencias malvadas del mundo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 377

La verdad es la vida de Dios mismo. Representa Su carácter, Su esencia y todo lo que hay en Él. Si afirmas que tener un poco de experiencia significa poseer la verdad, ¿puedes representar entonces el carácter de Dios? Puedes tener cierta experiencia o cierta luz en relación con un determinado aspecto o lado de una verdad, pero no puedes proveer a los demás con ella por siempre, así que esta luz que has obtenido no es la verdad; es, simplemente, un cierto punto que las personas pueden alcanzar. Es, simplemente, la experiencia y el entendimiento apropiados que una persona debe poseer: cierta experiencia real y cierto conocimiento de la verdad. Esta luz, este esclarecimiento y este entendimiento experiencial, nunca pueden sustituir a la verdad, aunque todas las personas hubieran experimentado por completo esta verdad y juntado todas este entendimiento experiencial, todavía no podría ocupar el lugar de esa verdad. Como se ha dicho en el pasado: “Resumo esto con una máxima para el mundo humano: Entre los hombres no hay uno que me ame”. Esto es una declaración de la verdad; la verdadera esencia de la vida. Esta es la cosa más profunda, esta es una expresión de Dios mismo. Puedes seguir experimentándola, y si la experimentas durante tres años tendrás un entendimiento superficial de ella. Si lo haces durante siete u ocho años, obtendrás incluso mayor entendimiento, pero cualquier entendimiento que obtengas nunca podrá sustituir a esa única declaración de la verdad. Otra persona, después de experimentarla un par de años, podría obtener algo de entendimiento, y luego un entendimiento ligeramente más profundo tras experimentarla 10 años, y luego todavía más al experimentar durante toda la vida. Pero si ambos combináis el entendimiento que habéis obtenido, entonces, independientemente de cuánto entendimiento, de cuánta experiencia, de cuántas perspectivas, de cuánta luz, o de cuántos ejemplos que ambos poseáis, nada de ello puede remplazar esta única declaración de verdad. ¿Qué quiero decir con esto? Que la vida del hombre siempre será la vida del hombre, y que por mucho que tu entendimiento pueda estar de acuerdo con la verdad, con las intenciones de Dios y Sus requisitos, nunca podrá sustituirla. Decir que las personas han obtenido la verdad significa que poseen alguna realidad, que han ganado algún entendimiento de la verdad, han logrado alguna entrada real en las palabras de Dios, han tenido alguna experiencia verdadera con Sus palabras, y están en el camino correcto en su fe en Dios. Basta con una sola declaración de Dios para que una persona experimente durante toda una vida; aun si las personas tuvieran que experimentar varias vidas o varios miles de años, seguirían sin poder experimentar una sola verdad de manera plena y total. Si las personas nada más entienden unas pocas palabras superficiales y sin embargo aseguran que han obtenido la verdad, ¿no sería eso una total y completa tontería? […]

Cuando la gente entiende la verdad y vive con ella como su vida, ¿a qué vida se refiere esto? Se refiere a su capacidad de basar su modo de vida en las palabras de Dios; significa que tiene un conocimiento real de las palabras de Dios y auténtico entendimiento de la verdad. Cuando la gente tiene esta nueva vida en su interior, establece su manera de vivir sobre la base de la verdad-palabra de Dios, y vive en el ámbito de la verdad. La vida de las personas consiste en llegar a conocer y experimentar la verdad y, basándote en esto, en no sobrepasar ese ámbito; esta es la vida a la que se alude cuando se habla de recibir la vida-verdad. El que vivas con la verdad como tu vida no quiere decir que la vida de la verdad esté dentro de ti, ni tampoco que tú, si tienes la verdad por vida, te conviertas en la verdad y tu vida interior se vuelva la vida de la verdad; menos aún que tú seas la vida-verdad. A fin de cuentas, tu vida sigue siendo la vida de un ser humano. Simplemente se trata de que un ser humano puede vivir según las palabras de Dios, tener conocimiento de la verdad y entenderla en profundidad; no te pueden quitar este entendimiento. Tú experimentas y comprendes plenamente estas cosas con la impresión de que son muy buenas y valiosas, y llegas a aceptarlas como fundamento de vida; además, vives al amparo de ellas y nadie puede cambiar eso: esta es, entonces, tu vida. Es decir, tu vida solamente alberga estas cosas —entendimiento, experiencia y percepciones de la verdad— y, hagas lo que hagas, en ellas basarás tu manera de vivir y no irás más allá de este ámbito ni de estas fronteras; esta es justamente la clase de vida que tendrás. El objetivo final de la obra de Dios es que la gente tenga esta clase de vida. Por muy bien que comprenda la gente la verdad, su esencia sigue siendo la de la humanidad, en absoluto comparable a la esencia de Dios. Como su experiencia de la verdad es continua, es imposible que viva la verdad completamente; solo pueden vivir la limitadísima parte de la verdad que los seres humanos pueden alcanzar. ¿Cómo podrían, entonces, convertirse en Dios? […] Si tienes un poco de experiencia con las palabras de Dios, y vives según tu entendimiento de la verdad, entonces las palabras de Dios se convierten en tu vida. Sin embargo, sigues sin poder decir que la verdad es tu vida o, que lo que estás expresando es la verdad; si esa es tu opinión, entonces estás equivocado. Si tienes alguna experiencia con un aspecto de la verdad, ¿puede esto en sí mismo representar la verdad? Definitivamente, no. ¿Puedes explicar la verdad a fondo? ¿Puedes descubrir el carácter de Dios y Su esencia a partir de la verdad? No, no puedes. Todo el mundo experimenta con un solo aspecto y ámbito de la verdad. Al experimentarla en tu limitado ámbito, no puedes tocar toda la infinidad de aspectos de la verdad. ¿Puede vivir la gente el significado original de la verdad? ¿A cuánto equivale tu poca experiencia? Un único grano de arena en una playa, una sola gota de agua en el océano. Por tanto, sin importar cuán valioso puedan ser el entendimiento y esos sentimientos que has obtenido de tus experiencias, siguen sin poder considerarse como la verdad. ¡La fuente de la verdad y el significado de la misma cubren un área muy amplia! Nada puede contradecirla. Algunas personas afirman: “¿No será nunca contradicho mi conocimiento de la experiencia?”. Por supuesto que no. El verdadero entendimiento que viene de vuestra experiencia de las palabras de Dios está de acuerdo con la verdad, ¿cómo podría contradecirse? La verdad puede ser tu vida en cualquier entorno. Puede proporcionarte una senda, y permitirte sobrevivir. Sin embargo, las cosas que las personas poseen y la luz que han obtenido, solo son adecuadas para sí mismas o para otros dentro de un determinado ámbito, pero no lo serían en uno diferente. Por muy profunda que sea la experiencia de una persona, sigue siendo muy limitada, y su experiencia nunca alcanzará el ámbito de la verdad. La luz de una persona y su entendimiento, nunca pueden compararse con la verdad.

Extracto de ‘¿Sabes qué es realmente la verdad?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 378

Si quieres poner la verdad en práctica y entenderla, primero debes entender la esencia de las dificultades a las que te enfrentas y las cosas que pasan a tu alrededor, cuáles son los problemas de estos asuntos y con qué aspecto de la verdad están relacionados. Debes buscar estas cosas y después de eso, debes buscar la verdad basada en tus verdaderas dificultades. De esa manera, a medida que obtienes experiencia poco a poco, serás capaz de ver la mano de Dios en todo lo que te ocurre y también verás lo que Él quiere hacer y los resultados que quiere lograr en ti. Tal vez no creas que lo que te sucede está relacionado con la fe en Dios y la verdad, y simplemente te digas: “Sé cómo ocuparme de esto; no necesito la verdad ni las palabras de Dios. Cuando asista a reuniones, lea las palabras de Dios o cumpla con el deber, me compararé con la verdad y con las palabras de Dios”. Si crees que las diversas cosas cotidianas que tienen lugar en tu vida —las relativas a la familia, el trabajo, el matrimonio y tu futuro— no tienen nada que ver con la verdad y las resuelves empleando métodos humanos, si esta es tu experiencia, nunca recibirás la verdad; no entenderás lo que Dios desea hacer en ti ni los resultados que desea lograr. La búsqueda de la verdad es un largo proceso. Tiene un lado simple y, asimismo, un lado complejo. Sencillamente, debemos buscar la verdad y practicar y experimentar las palabras de Dios en todo lo que sucede a nuestro alrededor. Una vez que comiences a hacerlo, te resultará cada vez más evidente cuánta verdad debes recibir y buscar en tu fe en Dios y que la verdad es muy real y es vida. No es cierto que solo quienes sirven a Dios y los líderes de la iglesia tienen que hacerlo todo de acuerdo con la verdad, mientras que los seguidores corrientes no; si así fuera, no tendrían gran relevancia las palabras expresadas por Dios. ¿Ya tenéis una senda de búsqueda de la verdad? ¿Qué es lo primero que hay que abordar al buscar la verdad? Ante todo, debéis dedicar más tiempo a comer y beber de las palabras de Dios y a escuchar enseñanzas. Cuando afrontéis un problema, orad y buscad más. Cuando os hayáis dotado de más verdades, hayáis alcanzado la entrada en la vida y tengáis estatura, podréis hacer algo auténtico, acometer algo de trabajo y, con ello, superar algunas pruebas y tentaciones. En ese momento notaréis que realmente habéis comprendido y recibido algunas verdades, y percibiréis que las palabras de Dios son lo que la gente necesita y debe recibir y que esta es la única verdad en el mundo que puede vivificarla.

Extracto de ‘La importancia de buscar la verdad y la senda de búsqueda’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 379

Muchas personas han dicho esto antes: “Yo entiendo toda la verdad, es sólo que no puedo ponerla en práctica”. Esta frase revela el problema de fondo, que también es un problema en la naturaleza de las personas. Si la naturaleza de alguien detesta la verdad, nunca la pondrá en práctica. Los que detestan la verdad albergarán sin duda deseos extravagantes en su creencia en Dios; hagan lo que hagan, sus propios propósitos están siempre presentes. Por ejemplo, algunos que han sufrido persecución y no pueden volver a casa suspiran y dicen: “Ahora no puedo volver a casa. Pero un día Dios me dará un hogar mejor. No me hará sufrir en vano”. O piensan: “Dios me dará alimentos para comer allí donde viva. Dios no me llevará a un callejón sin salida. Si lo hiciera, se habría equivocado”. ¿Acaso no tienen las personas estos pensamientos en ellas? Hay algunas que piensan: “Me gasto mucho por Dios; por ello, Él no debería entregarme en las manos de las autoridades gobernantes. He renunciado a mucho y busco con sinceridad la verdad, por lo que es más que correcto que Dios me bendiga; deseamos enormemente que llegue el día de Dios, que debería ser pronto, y Él debería hacer que nuestros deseos se hagan realidad”. Las personas siempre le hacen peticiones extravagantes a Dios en su interior y piensan: “Hemos hecho esto, y lo correcto sería que Dios hiciera esto o aquello. Hemos logrado algunas cosas, así que Él debería concedernos alguna recompensa y darnos algunas bendiciones”. También hay algunas personas que, cuando ven a otros dejar a sus familias, y después dedicarse a Dios de una forma relajada, se sienten deprimidos y piensan: “Otros han dejado su hogar hace mucho tiempo. ¿Cómo pueden superarlo? ¿Por qué no puedo superarlo? ¿Por qué no puedo renunciar a mi familia y mis hijos? ¿Por qué es benigno Dios con ellos, pero no conmigo? ¿Por qué el Espíritu Santo no me concede gracia? ¿Por qué no está conmigo Dios?”. ¿Qué estado es este? ¡Las personas son tan irracionales! No ponen en práctica la verdad y, en su lugar, se quejan de Dios. No obtienen nada por sus esfuerzos subjetivos ni nada que debieran lograr de manera subjetiva. Se han rendido a la hora de tomar las decisiones que deberían tomar de un modo subjetivo y a la hora de escoger la senda por la que deberían caminar. Siempre exigen a Dios que haga esto o aquello, y quieren que Él sea benigno con ellas a ciegas y, de igual forma les conceda gracia, las guíe y les proporcione disfrute. Piensan: “He dejado mi hogar, he abandonado tanto, llevo a cabo mi obligación y he sufrido mucho. Por tanto, Dios debería concederme gracia, hacer que no eche de menos mi hogar, darme la determinación para abandonar a mi familia, y hacerme más fuerte. ¿Por qué soy tan débil? ¿Por qué los demás son tan fuertes? Dios debería hacerme fuerte”. “Otras personas pueden ir a casa; ¿por qué se me persigue a mí y no puedo ir a casa? Dios no me concede ninguna gracia”. Lo que dicen estas personas es completamente irracional, y menos aún tiene verdad alguna. ¿Cómo se producen las quejas de las personas? Hay cosas que se revelan dentro del hombre que representan por completo la naturaleza del hombre. Si este no se deshace de estas cosas dentro de él, por muy grande que sea tu estatura, por mucha verdad que entiendas, nunca tendrás ninguna garantía de permanecer firme. Te será posible blasfemar contra Dios y traicionarlo y abandonar el camino verdadero en cualquier momento y lugar. Esto es algo que puede ocurrir con mucha facilidad. ¿Lo veis ahora con claridad? Las personas deben entender y dominar lo que su naturaleza puede revelar en cualquier momento; deben abordar este problema de manera concienzuda. Aquellas personas que poseen un entendimiento comparativamente bueno de la verdad son conscientes en ocasiones de algo de esto. Cuando descubren un problema, se dedican a una reflexión e introspección profundas. A veces, sin embargo, no son conscientes del problema y, por tanto, no hay nada que puedan hacer. Solo pueden esperar que Dios les dé una información o les revele los hechos. Las personas irreflexivas son conscientes de estas cosas en ocasiones, pero se lo toman con calma, diciendo: “Todas las personas son así, por lo que esto no significa nada. Dios me perdonará y no lo recordará. Esto es normal”. No hacen ni logran lo que las personas deberían escoger y hacer. Están todas atolondradas, severamente inertes, son muy dependientes, e incluso dan rienda suelta a pensamientos desenfrenados. “Si Dios nos cambia totalmente un día, no estaremos inertes nunca más. Podremos continuar correctamente. Dios no necesitará molestarse tanto por nosotros”. Lo debes ver con claridad. Deberías tomar tus propias decisiones acerca de la senda por la que vas a caminar; las decisiones que toma cada persona son cruciales. Puedes detectarlo; ¿cómo eres de fuerte cuando se trata de ejercer tu propio dominio? ¿Cómo eres de fuerte cuando se trata de abandonarte? Esta es la condición previa para practicar la verdad y el elemento fundamental. Siempre que encuentras un asunto, si es una situación en la que eres consciente de cómo hacerlo conforme a la verdad, solo sabrás cómo proceder si tienes clara la decisión que debes tomar y qué debes poner en práctica. Si puedes detectar lo que es correcto y lo que es incorrecto en tu propio estado, pero no puedes tenerlo claro completamente y solo sigues adelante de forma atolondrada, nunca harás ningún progreso ni experimentarás avance alguno. Si no te tomas en serio tu entrada a la vida, te estás frenando a ti mismo, y esto solo puede demostrar que no amas la verdad.

Extracto de ‘Solo puedes embarcarte en el camino correcto si entiendes tu propio estado’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 380

Aquellas que son capaces de poner en práctica la verdad pueden aceptar el escrutinio de Dios cuando hacen las cosas. Cuando aceptas el escrutinio de Dios, tu corazón se corrige. Si solo haces las cosas para que otros las vean, y no aceptas el escrutinio de Dios, ¿sigue estando Dios en tu corazón? Las personas que son así no tienen reverencia hacia Dios. No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres tu propio estatus, prestigio o reputación. Tampoco tengas en cuenta los intereses de la gente. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has hecho todo lo posible para ser leal, por completar tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la casa de Dios. Debes meditar sobre estas cosas. Piensa en ellas con frecuencia y te será más fácil cumplir bien con el deber. Si tu calibre es bajo, cuando tu experiencia es superficial o cuando no eres experto en tu ocupación profesional, puede haber algunos errores o deficiencias en tu obra y los resultados pueden no ser muy buenos, pero habrás hecho todo lo posible. Cuando no estás pensando en tus propios deseos egoístas o considerando tus propios intereses en las cosas que haces, y en su lugar le estás dedicando una consideración constante a la obra de la casa de Dios, pensando en sus intereses, y llevando a cabo bien tu deber, entonces estarás acumulando buenas obras delante de Dios. La gente que hace estas buenas obras es la que posee la realidad-verdad y, por tanto, ha dado testimonio. Si siempre vives por la carne, si constantemente satisfaces tus deseos egoístas, entonces tal persona no posee la realidad-verdad. Esta es la marca de alguien que deshonra a Dios. Dices: “No he hecho nada, ¿cómo he avergonzado a Dios?”. En tus pensamientos e ideas, en las intenciones, objetivos y motivos que están detrás de tus acciones y en las consecuencias de lo que has hecho, en todas las formas posibles estás satisfaciendo a Satanás, siendo su hazmerreír y dejando que obtenga algo de ti. Ni remotamente posees el testimonio que deberías tener como cristiano. Deshonras el nombre de Dios en todas las cosas y no posees un testimonio auténtico. ¿Recordará Dios las cosas que has hecho? Al final, ¿qué conclusión sacará Dios acerca de tus actos y del deber que llevaste a cabo? ¿Acaso no debe salir algo de eso, algún tipo de declaración? En la Biblia, el Señor Jesús dice: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’”. ¿Por qué dijo el Señor Jesús esto? ¿Por qué aquellos que sanan a los enfermos y echan fuera demonios en nombre del Señor, que viajan para predicar en nombre del Señor, se han convertido en hacedores de maldad? ¿Quiénes son estos hacedores de maldad? ¿Acaso son quienes no creen en Dios? Todos ellos creen en Dios y lo siguen. También abandonan cosas por Dios, se entregan a Dios y llevan a cabo su deber. Sin embargo, al llevar a cabo su deber carecen de devoción y testimonio, así que eso se ha vuelto hacer el mal. Esa es la razón por la que el Señor Jesús dice: “Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad”.

¿Cuál es el estándar a través del cual las acciones de una persona son juzgadas como buenas o malvadas? Depende de si en tus pensamientos, expresiones y acciones posees o no el testimonio de poner la verdad en práctica y de vivir la realidad-verdad. Si no tienes esta realidad o no vives esto, entonces, sin duda, eres un hacedor de maldad. ¿Cómo considera Dios a los hacedores de maldad? Tus pensamientos y acciones externos no testifican de Dios, no ponen a Satanás en vergüenza ni lo derrotan; en cambio, todos hacen que Dios se avergüence, en todo son la señal de provocar que Dios se avergüence. No estás testificando para Dios, no te estás entregando a Dios y no estás cumpliendo tu responsabilidad y obligaciones hacia Dios, sino que más bien estás actuando para ti mismo. ¿Cuál es la implicación de “para ti mismo”? Para Satanás. Así que, al final Dios dirá: “Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad”. A los ojos de Dios tus acciones no han sido buenas, sino que tu comportamiento se ha vuelto malvado. No serás recompensado y Dios no te recordará. ¿No es esto completamente en vano? Para cada uno de vosotros que cumplís con vuestro deber, no importa cuán profundamente entendáis la verdad, si queréis entrar en la realidad-verdad, entonces la manera más sencilla de practicar es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo lo que hagáis y dejar ir vuestros deseos egoístas, vuestras intenciones, motivos, prestigio y estatus individuales. Poned los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo menos que debéis hacer. Si una persona que lleva a cabo su deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios, los propios intereses de Dios y considerar Su obra y poner estas consideraciones antes que nada; sólo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te ven los demás. ¿No sientes que se facilita un poco cuando lo divides en estos pasos y alcanzas algunos acuerdos? Si haces esto por un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es difícil. Además, si puedes cumplir con tus responsabilidades, llevar a cabo tus obligaciones y deberes, dejar de lado tus deseos egoístas y tus propias intenciones y motivos, tener consideración de la voluntad de Dios y poner primero los intereses de Dios y de Su casa, entonces, después de experimentar esto durante un tiempo, considerarás que esta es una buena forma de vivir: es vivir sin rodeos y honestamente, sin ser una persona vil o un bueno para nada, y vivir justa y honorablemente en vez de ser de mente estrecha y perverso. Considerarás que así es como una persona debe vivir y actuar. Poco a poco disminuirá el deseo dentro de tu corazón de gratificar tus propios intereses.

Extracto de ‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 381

En su creencia en Dios, la mayoría de las personas hacen especial hincapié en la conducta, como resultado de lo cual se producen ciertos cambios en esta. Después de haber empezado a creer en Dios, dejan de enfrentarse a los demás, de insultar y luchar con las personas, dejan de fumar, beber y robar propiedad pública —ya sea un clavo o una tabla de madera—, y hasta llegan tan lejos como a no acudir a los tribunales cuando sufren pérdidas o son ofendidas. Sin duda, se producen ciertamente algunos cambios en su conducta. Como, después de creer en Dios, aceptar el camino verdadero las hace sentirse especialmente bien, y como ahora también han probado la gracia de la obra del Espíritu Santo, son particularmente fervientes y no hay nada que no puedan abandonar o sufrir. No obstante, después de haber creído durante tres, cinco, diez o treinta años, al no haberse producido cambio alguno en su carácter vital, al final retroceden a las antiguas costumbres, crece su arrogancia y su soberbia y empiezan a competir por el poder y los beneficios, codician el dinero de la iglesia, hacen cualquier cosa que sirva a sus propios intereses, ansían estatus y placeres, y se han vuelto parásitos de la casa de Dios. En particular, la mayoría de los que sirven como líderes son abandonados por la gente. ¿Y qué demuestran estos hechos? Los cambios que son meramente de comportamiento son insostenibles. Si no hay una alteración en el carácter de la vida de las personas, tarde o temprano su lado agresivo se pondrá de manifiesto. Como la fuente de los cambios en su conducta es el fervor, acompañado de un poco de obra realizada por el Espíritu Santo en ese momento, resulta extremadamente fácil para ellas el volverse fervientes o mostrar bondad temporalmente. Como afirman los incrédulos: “Hacer una buena obra es fácil; lo difícil es llevar toda una vida de buenas obras”. Las personas son incapaces de hacer buenas obras durante toda su vida. La vida dirige su conducta; tal como es su vida, así es su conducta, y solo aquello que se revela de forma natural representa la vida y la naturaleza de una persona. Las cosas falsas no pueden perdurar. Cuando Dios obra para salvar al hombre no lo hace para adornarlo con una buena conducta; la finalidad de la obra de Dios consiste en transformar el carácter de las personas, en hacerlas nacer de nuevo como nuevas personas. Así pues, el juicio, el castigo, las pruebas de Dios y Su refinamiento para el hombre sirven todos para cambiar su carácter, de forma que pueda lograr una sumisión y una devoción absolutas respecto a Él, así como a llegar a la adoración normal hacia Él. Este es el objetivo de la obra de Dios. Comportarse bien no es lo mismo que someterse a Él, y mucho menos equivale a ser compatible con Cristo. Los cambios de conducta se basan en la doctrina y nacen del fervor; no se basan en el verdadero conocimiento de Dios ni en la verdad, y menos aún se apoyan en la guía del Espíritu Santo. Aunque hay ocasiones en las que el Espíritu Santo dirige algo de lo que las personas hacen, esto no es una expresión de la vida; mucho menos es lo mismo que conocer a Dios. Por muy buena que sea la conducta de una persona, no demuestra que esta se haya sometido a Dios ni que ponga en práctica la verdad. Los cambios en la conducta son una mera ilusión momentánea, nada más que la manifestación del celo. No pueden considerarse expresiones de la vida.

Extracto de ‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 382

Las personas pueden comportarse bien, pero eso no significa necesariamente que posean la verdad. Tener fervor solo puede hacer que se ciñan a la doctrina y sigan las normas; aquellos que carecen de la verdad no tienen forma de resolver los problemas esenciales ni la doctrina puede sustituir a la verdad. Las personas que han experimentado un cambio en su carácter son diferentes; han comprendido la verdad, poseen discernimiento en todos los asuntos, saben cómo actuar de acuerdo con la voluntad de Dios, con los principios-verdad, cómo hacer para satisfacer a Dios, y entienden la naturaleza de la corrupción que demuestran. Cuando sus propias ideas y nociones se manifiestan, son capaces de discernir y abandonar la carne. Así es como se expresa un cambio en el carácter. Lo principal respecto a la gente que ha experimentado un cambio en el carácter es que las personas han llegado a comprender claramente la verdad, y cuando llevan a cabo las cosas, ponen en práctica la verdad con relativa precisión y su corrupción no se demuestra tan a menudo. Generalmente, aquellos cuyo carácter ha cambiado parecen ser particularmente razonables y tener discernimiento y, debido a su entendimiento de la verdad, no manifiestan tanta santurronería ni arrogancia. Se dan cuenta y tienen discernimiento de gran parte de la corrupción que se ha revelado en ellos, así que no dan pie a la arrogancia. Son capaces de tener una comprensión exacta de cuál es el lugar del hombre, de cómo comportarse de forma razonable, de cómo ser diligente, de qué decir y qué no decir, y de qué decir y qué hacer a qué personas. Por eso se dice que este tipo de personas son relativamente razonables. Los que han experimentado un cambio en su carácter manifiestan verdaderamente una semejanza humana y poseen la verdad. Siempre pueden hablar y ver las cosas de acuerdo con la verdad, y se guían por principios en todo lo que hacen; no están sujetas a la influencia de ninguna persona, asunto o cosa, y todas tienen su propio punto de vista y pueden mantener los principios-verdad. Su carácter es relativamente estable, no nadan entre dos aguas, e independientemente de las circunstancias en las que se encuentren, entienden cómo llevar a cabo su deber de manera adecuada y cómo comportarse para satisfacer a Dios. Aquellos cuyo carácter ha cambiado en realidad no están centrados en qué hacer para parecer buenos en un nivel superficial; han obtenido claridad interna respecto a qué hacer para satisfacer a Dios. Por tanto, desde fuera puede parecer que no son entusiastas o que no han hecho nada importante, pero todo lo que hacen tiene sentido, es valioso y da resultados prácticos. Aquellos cuyo carácter ha cambiado poseen sin duda mucha verdad y esto puede confirmarse por sus perspectivas sobre las cosas y sus acciones con principios. Los que no poseen la verdad no han tenido absolutamente ningún cambio en su carácter. Un cambio en el carácter no significa tener una humanidad madura y experimentada. Se refiere, principalmente, a casos en los que algunos de los venenos satánicos en la naturaleza de una persona cambian como resultado de alcanzar el conocimiento de Dios y de comprender la verdad. Es decir, esos venenos satánicos se limpian y la verdad expresada por Dios echa raíces en estas personas, y se convierte en su vida y en el mismo fundamento de su existencia. Solo entonces se convierten en personas nuevas y, así, experimentan una transformación en el carácter. Una transformación en el carácter no significa que el carácter externo de las personas sea más dócil que antes; que solían ser arrogantes, pero que ahora se comunican razonablemente o que no solían escuchar a nadie, pero ahora pueden escuchar a los demás. No se puede decir que esos cambios externos sean transformaciones en el carácter. Por supuesto, las transformaciones en el carácter incluyen tales estados y expresiones, pero el ingrediente clave es que su vida ha cambiado por dentro. La verdad expresada por Dios se convierte en su vida misma, los venenos satánicos internos se han eliminado, y sus perspectivas han cambiado por completo y ninguna de ellas está alineada con la perspectiva del mundo. Estas personas pueden ver claramente las argucias y los venenos del gran dragón rojo como son en realidad; han comprendido la verdadera esencia de la vida. Por tanto, los valores de su vida han cambiado y este es el tipo de transformación más fundamental y la esencia de un cambio en el carácter.

Extracto de ‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 383

La transformación del carácter propio no es un cambio en la conducta, ni un cambio externo fingido, ni una entusiasta transformación temporal, sino una transformación verdadera del carácter que provoca un cambio en la conducta. Tal cambio de conducta es diferente de los cambios manifestados en la conducta y las acciones externas de una persona. Una transformación de carácter indica que has entendido y experimentado la verdad, y que esa verdad se ha convertido en tu vida. En el pasado, entendías la verdad relativa a este asunto, pero eras incapaz de ponerla en práctica; la verdad solo era para ti una doctrina que no permanece. Ahora, tu carácter se ha transformado, y no solo entiendes la verdad, sino que también practicas en conformidad con ella. Ahora eres capaz de librarte de las cosas a las que tenías cariño en el pasado, las cosas que estabas dispuesto a hacer, tus imaginaciones y tus nociones personales. Ahora eres capaz de abandonar las cosas a las que no eras capaz de renunciar en el pasado. Esto es una transformación del carácter y es el proceso de transformarlo. Puede sonar bastante simple, pero, en realidad, alguien que está en medio de este proceso debe sufrir muchas dificultades, vencer a su cuerpo y abandonar los aspectos de la carne que son parte de su naturaleza. Una persona así debe pasar por el trato y la poda, por el castigo y el juicio y las pruebas y el refinamiento. Solo después de experimentar todo esto puede una persona entender algo de su propia naturaleza. Aunque poseer algún entendimiento no significa ser capaz de cambiar inmediatamente, hay que soportar dificultades en el proceso. De igual manera, ¿puedes simplemente empezar a practicar la verdad inmediatamente después de obtener cierto entendimiento acerca de un asunto? No puedes empezar a practicarlo de inmediato. Mientras posees entendimiento, otros te podan y tratan contigo, y luego tu entorno te obliga y te fuerza a actuar de acuerdo con los principios-verdad. Algunas veces, las personas no están dispuestas a pasar por esto y dicen: “¿Por qué no puedo hacerlo de esa manera? ¿Tengo que hacerlo de esta otra manera?”. Otros dicen: “Si crees en Dios, entonces deberías hacerlo de esta manera. Hacerlo de esta manera es acorde con la verdad”. Cuando las personas lleguen a un determinado punto en el que hayan pasado por algunas pruebas y hayan terminado comprendiendo la voluntad de Dios y algunas verdades, en ese momento estarán en cierto modo feliz y dispuestas a actuar de acuerdo con los principios-verdad. Al inicio, las personas son reacias a practicar la verdad. Tomemos como ejemplo el cumplimiento de los deberes propios con lealtad: tienes cierto entendimiento acerca de cumplir tus deberes y ser leal a Dios, y también entiendes las verdades relacionadas, pero ¿cuándo podrás dedicarte por completo a Dios? ¿Cuándo podrás cumplir tus deberes tanto de palabra como de obra? Esto requerirá un proceso. Durante este proceso podrías padecer muchas dificultades. Tal vez algunas personas te traten y otras te critiquen. Todo el mundo tendrá sus ojos puestos en ti y será entonces cuando empieces a comprender que te equivocas, que, a decir verdad, eres tú quien lo ha hecho mal, que es inaceptable la ausencia de devoción en el cumplimiento de tu deber y que no has de ser descuidado ni superficial. El Espíritu Santo te esclarecerá desde dentro y te reprochará cuando cometas un error. Durante este proceso, comprenderás algunas cosas sobre ti mismo y sabrás que eres demasiado impuro, que albergas demasiados motivos personales y que tienes demasiados deseos inmoderados cuando cumples tus deberes. Una vez que hayas entendido la esencia de estas cosas, puedes ir delante de Dios en oración y arrepentirte verdaderamente; de esta manera podrán ser purificadas esas impurezas. Si frecuentemente buscas la verdad de esta manera para resolver tus propios problemas prácticos, poco a poco pondrás los pies en la senda correcta en tu fe. Cuanto más sea purificado el carácter corrupto de alguien, más se transformará su carácter de vida.

En esencia, ¿cuánto estáis cumpliendo con vuestro deber de manera sincera? ¿Cuánto cumplís con vuestro deber de acuerdo con la verdad después de que se haya transformado vuestro carácter? Al reflexionar sobre esto, puedes saber cuánto se ha transformado de verdad tu carácter. No es sencillo lograr la transformación del propio carácter; no supone simplemente algunos cambios de conducta, adquirir algo de conocimiento de la verdad, saber hablar algo sobre la experiencia propia con cada aspecto de la verdad ni cambiar algo o volverse un poco obedientes después de haber sido disciplinados. Estas cosas no constituyen una transformación del carácter de vida. ¿Por qué digo esto? Aunque puedas dejar de lado algunas cosas, lo que practicas no ha alcanzado todavía la categoría de auténtica práctica de la verdad. O tal vez te comportas así porque estás en un entorno adecuado durante un tiempo y en una situación favorable, o porque tus circunstancias actuales te han apremiado. Además, cuando tu estado de ánimo es estable y el Espíritu Santo está obrando, eres capaz de practicar. Si estuvieras pasando por pruebas y sufrieras en ellas como Job o como Pedro, a quien Dios pidió que muriera, ¿podrías decir: “Aunque muriera después de conocerte, estaría bien”? La transformación del carácter no tiene lugar de la noche a la mañana, y una vez que entiendes la verdad no sabes ponerla en práctica necesariamente en cada entorno. Esto atañe a la naturaleza del hombre. A veces puede parecer que pones en práctica la verdad, pero, en realidad, la naturaleza de tus actos no lo demuestra. Mucha gente tiene determinadas conductas externas; por ejemplo, es capaz de abandonar familia y profesión y cumplir con el deber y, por tanto, cree estar practicando la verdad. Sin embargo, Dios no reconoce que esté practicándola. Si todo lo que haces tiene una motivación personal y está adulterado, no estás practicando la verdad; simplemente exhibes una conducta superficial. En sentido estricto, es probable que Dios condene tu conducta; no la elogiará ni recordará. Si se analiza esto con mayor profundidad, estás haciendo el mal y tu conducta se opone a Dios. Visto desde fuera, no estás interrumpiendo ni perturbando nada y no has hecho ningún daño real ni has violado ninguna verdad. Parece ser lógico y razonable, pero la esencia de tus acciones corresponde a hacer el mal y resistirse a Dios. Por lo tanto, deberías determinar si ha habido un cambio en tu carácter y si estás poniendo en práctica la verdad al ver los motivos que están detrás de tus acciones a la luz de las palabras de Dios. No depende de una perspectiva humana sobre si tus actos se adecúan a la imaginación y las intenciones humanas o se adaptan a tus gustos; esas cosas no son importantes. Más bien depende de que Dios diga si te estás ajustando o no a Su voluntad, si tus acciones poseen o no la realidad-verdad y si cumplen o no con Sus requisitos y estándares. Medirse con los requisitos de Dios es lo único exacto. La transformación del carácter y la práctica de la verdad no son tan fáciles y sencillas como las personas imaginan. ¿Entendéis esto ahora? ¿Tenéis alguna experiencia con esto? Cuando se trata de la esencia de un problema, puede que no la entendáis; vuestra entrada ha sido excesivamente superficial. Corréis de acá para allá todo el día del amanecer al ocaso, os levantáis temprano y os acostáis tarde, pero ni habéis logrado la transformación de vuestro carácter de vida ni podéis captar lo que implica dicha transformación. Esto significa que vuestra entrada es demasiado superficial, ¿no es cierto? Independientemente de cuánto tiempo llevéis creyendo en Dios, puede que no percibáis la esencia y las cosas profundas que tengan que ver con conseguir la transformación del carácter. ¿Cómo sabes si Dios te alaba o no? Como mínimo, te sentirás excepcionalmente firme en tu corazón con respecto a todo lo que haces, sentirás que el Espíritu Santo te guía, te esclarece, y obra en ti cuando cumples con tus deberes, cuando llevas a cabo cualquier obra en la casa de Dios, o en momentos normales; tu conducta va de la mano de las palabras de Dios, y cuando poseas cierto grado de experiencia, sentirás que lo que hiciste en el pasado era relativamente adecuado. Si después de ganar experiencia durante un período de tiempo sientes que algunas de las cosas que hiciste en el pasado no fueron adecuadas, si estás insatisfecho con ellas, y si en realidad no hubo verdad en las cosas que realizaste, esto demuestra que lo único que hiciste fue resistirte a Dios. Demuestra que tu servicio estuvo lleno de rebeldía, de resistencia y de conductas humanas.

Extracto de ‘Lo que se debe saber sobre cómo transformar el propio carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 384

A la hora de determinar si las personas pueden obedecer a Dios o no, el aspecto clave a considerar es si desean algo extravagante de Dios y si tienen o no motivaciones ocultas. Si las personas siempre están haciéndole peticiones a Dios, eso demuestra que no le son obedientes. Te suceda lo que te suceda, si no puedes recibirlo de Dios, si no puedes buscar la verdad, si siempre hablas desde tu razonamiento subjetivo y siempre sientes que solo tú tienes la razón e, incluso, eres igualmente capaz de dudar de Dios, tendrás problemas. Esas personas son las más arrogantes y rebeldes hacia Dios. La gente que siempre le exige a Dios nunca puede obedecerlo de verdad. Si le haces peticiones a Dios, esto prueba que estás haciendo un trato con Él, que estás eligiendo tus propios pensamientos y actuando según tus propios pensamientos. En este sentido, traicionas a Dios y no tienes obediencia. No tiene sentido ponerle exigencias a Dios; si creyeras de verdad en Él y que Él es realmente Dios, no te atreverías a ponerle exigencias ni estarías cualificado para hacerlo, fueran estas razonables o no. Si tu fe es verdadera, y crees que Él es Dios, no tendrás otra elección que adorarlo y obedecerle. Hoy las personas no solo tienen una opción, sino que incluso exigen que Dios actúe de acuerdo con sus propios pensamientos. Escogen sus propios pensamientos y piden que Dios actúe de acuerdo con estos, y ellos no se exigen a sí mismos actuar de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así pues, no hay una fe verdadera dentro de ellas ni tampoco ninguna esencia en su fe. Cuando eres capaz de ponerle menos exigencias a Dios, tu verdadera fe y obediencia aumentarán, y tu sentido de la razón también se volverá comparativamente normal. Ocurre a menudo que, cuanto más inclinadas estén las personas a razonar, y más justificación dan, más difíciles son de tratar. No sólo ponen muchas exigencias, sino que también se toman el brazo cuando se les da un dedo. Cuando están satisfechas en un ámbito, presentan exigencias en otro; tienen que estar satisfechas en todos los ámbitos y, de no ser así, empiezan a quejarse, y se dan a sí mismas por perdidas. Más adelante se sienten en deuda y arrepentidas, lloran lágrimas amargas, y quieren morir. ¿De qué sirve esto? ¿Puede resolver esto el problema? Así pues, antes de que ocurra algo, debes examinar tu propia naturaleza, las cosas que hay en ella, qué te gusta, y qué deseas conseguir con tus exigencias. Algunas personas, que creen poseer alguna medida de calibre y talento, siempre quieren ser líderes, y elevarse por encima de otros; por tanto, exigen a Dios que las use. Y si Dios no las usa, dicen: “Dios, ¿por qué no me favoreces? Haz un gran uso de mí; garantizo que me entregaré por Ti”. ¿Son correctas tales motivaciones? Es una cosa buena entregaré por Dios, pero su disposición a hacerlo está en segundo lugar; lo que les gusta en su corazón es el estatus; en eso se centran. Si de verdad eres capaz de obedecer, seguirás a Dios con un solo corazón y una mente, independientemente de que Él te use o no, y serás capaz de entregarte por Él tengas o no algún estatus. Sólo entonces poseerás sentido y serás alguien que obedece.

Extracto de ‘Las personas le ponen demasiadas exigencias a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 385

La única actitud que un ser creado debe tener hacia su Creador es la obediencia, una obediencia incondicional. Esto es algo que algunas personas de hoy en día tal vez no puedan aceptar. Dicen: “¿Cómo puede ser incondicional? Las palabras de Dios siempre tienen que ser razonables y Él siempre ha de tener un motivo para hacer las cosas. Dios siempre tiene que dar a la gente una vía de supervivencia, siempre tiene que actuar de forma razonable y justa y no puede ignorar los sentimientos humanos”. Si eres capaz de proferir estas palabras y realmente piensas así, bueno, estás lejos de poder obedecer a Dios. El hombre, mientras lo provee y riega la palabra de Dios, se está preparando, de hecho, para una sola cosa. ¿Cuál podría ser? Es, en última instancia, la capacidad de alcanzar la sumisión incondicional y absoluta a Dios, momento en el cual tú, esta creación, habrás llegado al nivel requerido. En ocasiones, Dios hace deliberadamente cosas contrarias a tus nociones, a lo que quieres, o incluso aparentemente contrarias a los principios o a los sentimientos, la humanidad o las opiniones del ser humano, con lo que te resulta imposible aceptarlas y entenderlas. Lo mires por donde lo mires, no parece correcto, simplemente no puedes aceptarlo y lo que ha hecho te parece sencillamente irracional. Entonces, ¿cuál es el propósito de Dios al hacer estas cosas? Probarte. No tienes que cuestionar los cómos y los porqués de lo que Dios ha hecho; únicamente has de mantener la fe en que Él es la verdad y reconocer que es tu Creador, tu Dios. Esto es superior a toda la verdad, a toda la sabiduría mundana, a la presunta moralidad, a la ética, a lo que el hombre llama conocimiento, educación, filosofía o cultura tradicional, e incluso superior al afecto, la camaradería o el supuesto amor entre las personas: superior a absolutamente todo lo demás. Si no entiendes esto, tarde o temprano, cuando te suceda algo, es probable que te rebeles contra Dios y te extravíes, para finalmente arrepentirte y reconocer la hermosura de Dios y el sentido de la obra que lleva a cabo en ti; o, peor aún, podrías tropezar y caer por ello… Sin importar el tiempo que una persona lleve creyendo en Dios, cuánto camino haya recorrido, cuánto haya trabajado y cuántos deberes haya llevado a cabo, todo este tiempo ha sido preparación para una sola cosa: para que finalmente puedas alcanzar la sumisión incondicional y absoluta a Dios. Entonces, ¿qué significa “incondicional”? Significa ignorar tus justificaciones personales, tu razonamiento objetivo, y no discutir por nada: eres un ser creado y no eres digno. Cuando discutes con Dios, estás en la posición equivocada; cuando intentas justificarte ante Dios, estás de nuevo en la posición equivocada; cuando le porfías a Dios, cuando quieres preguntarle por qué, averiguar qué está sucediendo realmente, si no eres capaz de obedecer sin antes comprender y no te vas a someter hasta no tenerlo todo claro, estás de nuevo en la posición equivocada. Cuando la posición en la que te encuentras es la equivocada, ¿tu obediencia a Dios es absoluta? ¿Eres o no eres un ser creado en el pensamiento de Dios? ¿Tratas a Dios como es debido? ¿Como Señor de toda la creación? No, no lo haces, en cuyo caso Dios no te reconoce. ¿Qué cosas pueden permitirte alcanzar una obediencia absoluta e incondicional a Dios? ¿De qué forma se puede experimentar esto? Por un lado, se requiere un poco de conciencia y un sentido de la humanidad normal; por otro, a medida que cumplas con el deber has de entender todos y cada uno de los aspectos de la verdad para que puedas comprender la voluntad de Dios. En ocasiones, la aptitud del hombre no es suficiente y él no tiene fortaleza ni energía para entender todas las verdades. No obstante, sucede una cosa: independientemente del entorno, la gente, los acontecimientos y las cosas que te encuentres y Dios haya dispuesto, siempre debes tener una actitud obediente. No preguntes por qué: debes tenerla. Si hasta esta actitud te desborda y estás siempre listo para decir “tengo que pensar si lo que Dios está haciendo es verdaderamente justo. Dicen que Dios es amor; bueno, a ver si hay amor en lo que hace conmigo y si esto es amor en realidad”; si siempre estás analizando si lo que Dios hace cumple todas las normas, fijándote en si es lo que te gusta, o incluso en si se ajusta a lo que consideras la verdad, estás en una posición equivocada, lo que te acarreará problemas.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (9)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 386

Haber fallado y caído varias veces no es algo malo, ni lo es quedar en evidencia. Ya sea que hayas sido tratado, podado o expuesto, debes recordar esto en todo momento: ser expuesto no significa que estés siendo condenado. Ser expuesto es algo bueno; es la mejor oportunidad para que te conozcas. Puede traer a tu experiencia de vida un cambio de marcha. Sin él, no tendrás ni la oportunidad, ni la condición ni el contexto para poder alcanzar un entendimiento de la verdad de tu corrupción. Si puedes llegar a conocer las cosas que hay dentro de ti, todos aquellos aspectos están profundamente ocultas en tu interior que son difíciles de reconocer y de desenterrar, entonces esto es algo bueno. Poder conocerte realmente es la mejor oportunidad para que enmiendes tus caminos y te conviertas en una nueva persona; es la mejor oportunidad de que obtengas nueva vida. Cuando realmente te conozcas, podrás ver que, cuando la verdad se convierte en la vida de alguien, es algo realmente precioso, y tendrás sed de la verdad y entrarás en la realidad. ¡Esto es algo verdaderamente grandioso! Si puedes aprovechar esta oportunidad y reflexionar sinceramente sobre ti mismo y obtener un conocimiento genuino de ti mismo cada vez que falles o caigas, entonces en medio de la negatividad y la debilidad, podrás levantarte. Cuando hayas cruzado este umbral, entonces podrás dar un gran paso adelante y entrar en la realidad-verdad.

Si crees en la soberanía de Dios, entonces tienes que creer que los sucesos cotidianos, sean buenos o malos, no suceden al azar. No es que alguien esté siendo deliberadamente duro contigo o teniéndote en la mira; todo esto fue dispuesto por Dios. ¿Por qué orquesta Dios estas cosas? No es para revelarte tal y como eres o para exponerte; exponerte no es la meta final. La meta consiste en perfeccionarte y salvarte. ¿Cómo hace Dios eso? Comienza por hacerte consciente de tu propio carácter corrupto, de tu naturaleza y esencia, de tus defectos y tus carencias. Solo si conoces estas cosas y tienes un claro entendimiento en tu corazón, puedes buscar la verdad y, gradualmente, deshacerte de tu carácter corrupto. Esto es Dios que te está brindando una oportunidad. Tienes que saber cómo aprovechar esta oportunidad y no debes confrontarte con Dios. En particular, cuando te enfrentas con las personas, los asuntos y las cosas que Dios dispone a tu alrededor, no sientas constantemente que las cosas no son como desearías que fueran, no desees escapar constantemente de ellas o culpar y malinterpretar siempre a Dios. Si estás haciendo esas cosas constantemente, entonces no estás experimentando la obra de Dios y eso hará que te resulte muy difícil entrar en la realidad-verdad. Sea lo que sea aquello que te encuentres y no puedas entender plenamente, cuando surja una dificultad debes aprender a someterte. Debes empezar por acudir delante de Dios y orar más. De esa manera, antes de que te des cuenta, ocurrirá un cambio en tu estado interno y podrás buscar la verdad para resolver tu problema. Así, podrás experimentar la obra de Dios. Mientras esto ocurre, la realidad-verdad será forjada dentro de ti y así es como avanzarás y pasarás por una transformación en el estado de tu vida. Una vez que hayas pasado por este cambio y poseas esta realidad-verdad, poseerás además estatura, y con la estatura viene la vida. Si alguien vive siempre basándose en un carácter satánico corrupto, entonces no importa cuánto entusiasmo o energía tenga, no podrá considerarse que posea estatura o vida. Dios obra en cada persona y, sin importar cuál sea Su método, qué clase de personas, asuntos y cosas usa a Su servicio o el tipo de tono que tengan Sus palabras, Él solo tiene una meta final: salvarte. Antes de salvarte, necesita transformarte; así pues, ¿cómo podrías no sufrir un poco? Tendrás que sufrir. Este sufrimiento puede implicar muchas cosas. Algunas veces, Dios hace que surjan las personas, los asuntos y las cosas a tu alrededor para que puedas llegar a conocerte a ti mismo; de lo contrario, podrías ser tratado, podado y expuesto directamente. Al igual que ocurre con una persona que se encuentra en una mesa de quirófano, tienes que pasar por cierto dolor para que haya un buen resultado. Si cada vez que eres podado y tratado y cada vez que Él hace que surjan personas, asuntos y cosas, eso despierta tus emociones y te alienta, entonces, esto es correcto, tendrás estatura y entrarás en la realidad-verdad. Si cada vez que eres podado y tratado, y cada vez que Dios eleva tu entorno, no sientes ningún tipo de dolor o incomodidad y no sientes nada, y si no te presentas ante Dios para buscar Su voluntad y tampoco oras o buscas la verdad, ¡entonces en verdad eres muy insensible! Las personas demasiado insensibles jamás tienen conciencia espiritual; por tanto, Dios no tiene forma de obrar en ellos. Dios dirá: “Esta persona es demasiado insensible y ha sido profundamente corrompida. Mira todo lo que he hecho y todos los esfuerzos que he realizado; he hecho muchas cosas en él, pero sigo sin conmover su corazón ni despertar su espíritu. Esta persona estará en problemas, no es fácil de salvar”. Si Dios dispone ciertos ambientes, personas, asuntos y cosas para ti; si Él te poda y te trata y aprendes lecciones de esto; si has aprendido a venir ante Dios y buscar la verdad y, sin que te des cuenta, eres esclarecido e iluminado y alcanzas la verdad; si has experimentado un cambio en estos ambientes, cosechado recompensas y progresado, y si comienzas a tener un poco de comprensión de la voluntad de Dios y dejas de quejarte, entonces todo esto significará que has permanecido firme en medio de las pruebas de estos ambientes y soportado la prueba. Como resultado, habrás superado este calvario.

Extracto de ‘Para ganar la verdad, debes aprender de las personas, los asuntos y las cosas que te rodean’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 387

En su trabajo, los líderes y obreros de la iglesia deben prestar atención a dos cosas: uno es realizar su trabajo exactamente según los principios estipulados en los arreglos de la obra, nunca violar esos principios ni basar su trabajo en nada que pudieran imaginar o en sus propias ideas. En todo lo que hagan deben mostrar interés por la obra de la casa de Dios y siempre poner sus intereses primero. Otra cosa, que es la más crucial, es que en todas las cosas se deben enfocar en seguir la guía del Espíritu Santo y hacer todo estrictamente siguiendo las palabras de Dios. Si sigues pudiendo ir en contra de la guía del Espíritu Santo, o si sigues tercamente tus propias ideas y haces las cosas de acuerdo con tu propia imaginación, entonces tus acciones constituirán una resistencia muy seria contra Dios. Con frecuencia, darle la espalda al esclarecimiento y a la guía del Espíritu Santo sólo conducirá a un callejón sin salida. Si pierdes la obra del Espíritu Santo, entonces no podrás trabajar, y si te las arreglas para trabajar de alguna manera, no lograrás nada. Estos son los dos principios fundamentales que acatar mientras trabajas: uno es llevar a cabo tu trabajo exactamente de acuerdo con los arreglos de lo Alto, así como actuar de acuerdo con los principios que se han sido presentados por lo Alto; el otro es seguir la guía del Espíritu Santo que está dentro de ti. Una vez captados estos dos puntos, no tenderás tanto a cometer errores. Para vosotros, cuya experiencia en este ámbito sigue siendo limitada, vuestras propias ideas adulteran vuestro trabajo un poco más. En ocasiones, tal vez no entendáis el esclarecimiento o la dirección del Espíritu Santo de vuestro interior; en otras ocasiones, parecéis entenderlo, pero es probable que lo ignoréis. Siempre imaginas o deduces de un modo humano, haciendo lo que te parece adecuado sin preocuparte en absoluto por las intenciones del Espíritu Santo. Abordas tu trabajo únicamente según tus propias ideas, dejando a un lado el esclarecimiento del Espíritu Santo. Este tipo de situaciones ocurren con frecuencia. La dirección interna del Espíritu Santo no es en absoluto trascendental. En realidad, es muy normal. Es decir, en lo profundo de tu corazón sabes que esta es una forma correcta de actuar, y que es la mejor. Esta idea está bastante clara; no surgió de tu reflexión, sino que era una clase de sentimiento que surgió de lo más profundo y, a veces, no entiendes por completo qué te hace actuar de esta manera. A menudo, esto no es más que el esclarecimiento del Espíritu Santo y así es como ocurre de la forma más común en la mayoría de las personas. Las propias ideas suelen surgir del pensamiento y la consideración y están todas adulteradas por la propia voluntad, ideas de qué áreas hay en las que uno puede encontrar beneficios para sí mismo, y qué ventajas puede haber para uno mismo; toda decisión humana contiene estos aspectos. Sin embargo, la dirección del Espíritu Santo no contiene, en modo alguno, tales adulteraciones. Es necesario prestar cuidadosa atención a la dirección o al esclarecimiento del Espíritu Santo; en las cuestiones claves, en particular, deber tener cuidado con el fin de captarlas. Lo más probable es que las personas a las que les gusta usar el cerebro, a las que les gusta actuar siguiendo sus propias ideas, se pierdan esta guía o esclarecimiento. Los líderes y obreros adecuados prestan atención a la obra del Espíritu Santo. Las personas que obedecen al Espíritu Santo temen a Dios y buscan incansablemente la verdad. Para satisfacer a Dios y dar testimonio de Él correctamente, se debería investigar la propia obra en busca de elementos de adulteración e intenciones, y después intentar ver cuánto de la obra está motivado por las ideas humanas, cuánto ha nacido del esclarecimiento del Espíritu Santo y cuánto está en armonía con las palabras de Dios. Debes examinar de forma constante, y en todas las circunstancias, tus palabras y tus hechos. Practicar con frecuencia de esta manera te pondrá en la senda correcta de servir a Dios. Es necesario poseer muchas verdades para llevar a cabo un servicio a Dios de manera que esté de acuerdo con Sus intenciones. Solo después de haber entendido la verdad tienen las personas la capacidad de discernir y son capaces de reconocer lo que emerge de sus propias ideas y las cosas que indican lo que las motiva. Son capaces de reconocer las impurezas humanas y lo que significa actuar según la verdad. Solo entonces podrán saber cómo someterse con mayor pureza. Sin la verdad es imposible que las personas practiquen el discernimiento. Una persona despistada podría creer en Dios durante toda su vida sin saber lo que significa que se revele su propia corrupción o resistirse a Dios porque no entiende la verdad; ese pensamiento ni siquiera existe en su mente. La verdad está fuera del alcance de las personas de un calibre demasiado bajo; por mucho que se les hable de ella, todavía no la entienden. Estas personas están confundidas. En su fe, la gente confundida no puede dar testimonio de Dios; simplemente puede hacer un poco de servicio. Con el fin de realizar la obra que Dios os encomienda es necesario comprender estos dos principios. Primero debéis cumplir estrictamente las disposiciones de lo Alto para el trabajo, y debéis prestar atención a obedecer toda dirección del Espíritu Santo. Solo cuando se han captado estos dos principios puede ser el trabajo eficaz y satisfacerse la voluntad de Dios.

Extracto de ‘Los principios fundamentales de obra para los líderes y obreros’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 388

Lo que Pedro buscó fue llegar a conocerse a sí mismo, y ver lo que se había revelado en él a través del refinamiento de las palabras de Dios y dentro de las diversas pruebas que Dios le suministró. Cuando de verdad llegó a entenderse a sí mismo, Pedro se dio cuenta de lo corruptos, lo inútiles y lo indignos de servir a Dios que son los humanos, y de que no merecen vivir delante de Él. Pedro se postró entonces ante Dios. Al final, pensó: “¡Conocer a Dios es lo más preciado! Sería una lástima que muriese sin conocerlo. Siento que conocer a Dios es lo más importante y lo más valioso que hay. Si el hombre no conoce a Dios, entonces no merece vivir y no tiene vida”. Para cuando la experiencia de Pedro había alcanzado este punto, él ya había llegado a ser bastante consciente de su propia naturaleza y obtenido un conocimiento relativamente bueno de ella. Aunque quizá no habría sido capaz de explicarlo a fondo como las personas de hoy se imaginan, Pedro había llegado a este estado. Por consiguiente, la senda de la búsqueda de la vida y de alcanzar la perfección por Dios implica obtener un entendimiento más profundo de la propia naturaleza a partir de las declaraciones de Dios, así como comprender los aspectos de la propia naturaleza y describirla en palabras. Entender a fondo la antigua vida de una persona –la vida de esa vieja naturaleza satánica– significa haber obtenido los resultados que Dios exige. Si tu conocimiento no ha llegado a este punto todavía, pero afirmas conocerte a ti mismo y haber ganado vida, ¿no es esto entonces una simple fanfarronada? No te conoces a ti mismo ni sabes lo que eres delante de Dios, si has cumplido de verdad con los estándares de un ser humano o cuántos elementos satánicos sigues teniendo en ti. Sigues sin tener claro a quién perteneces y ni siquiera tienes autoconocimiento; entonces, ¿cómo puedes tener razón frente a Dios? Cuando Pedro buscaba la vida, se centraba en conocerse a sí mismo y en transformar su carácter a lo largo de sus pruebas. Se esforzó por conocer a Dios y, al final, pensó: “Las personas deben buscar entender a Dios en vida; conocerlo es lo más crítico. Si no conozco a Dios, no podré descansar en paz cuando muera. Una vez que lo conozca, si Dios determina que yo muera, entonces sentiré que es lo más gratificante; no me quejaré en lo más mínimo y mi vida entera se habrá colmado”. Pedro no fue capaz de obtener este nivel de entendimiento ni alcanzar este punto inmediatamente después de empezar a creer en Dios; primero tuvo que pasar por multitud de grandes pruebas. Su experiencia tuvo que llegar a un cierto hito y tuvo que entenderse a sí mismo por completo antes de poder sentir el valor de conocer a Dios. Por tanto, la senda que Pedro tomó fue la de obtener la vida y ser perfeccionado; este era el aspecto en el que se centró su práctica específica principalmente.

¿Qué senda estáis tomando todos vosotros ahora? Si no está en el mismo nivel que Pedro en cuanto a la búsqueda de la vida, el entendimiento de vosotros mismos y el conocimiento de Dios, entonces no estáis caminando por la senda de Pedro. Estos días, la mayoría de las personas se encuentran en este tipo de estado: “Con el fin de ganar bendiciones, debo entregarme por Dios y paga un precio por Él. Para conseguir bendiciones, debo abandonarlo todo por Dios; debo completar aquello que Él me ha confiado, y cumplir bien con mi deber”. Esto está dominado por la intención de obtener bendiciones, lo que es un ejemplo de entregarse por completo con el propósito de obtener las recompensas de Dios y ganar una corona. Tales personas no tienen la verdad en su corazón y, sin lugar a duda, su entendimiento solo consiste en unas pocas palabras de doctrina de las que presumen por todas partes. La suya es la senda de Pablo. La fe de tales personas es un acto de labor constante y, en lo más profundo, sienten que cuanto más hagan, más quedará probada su lealtad a Dios; que cuanto más hagan, con toda certeza Dios estará más satisfecho, y que cuanto más hagan, más merecerán que se les otorgue una corona ante Dios y que sin duda recibirán las mayores bendiciones en Su casa. Piensan que si pueden soportar el sufrimiento, predicar y morir por Cristo, si pueden sacrificar su propia vida, y si pueden acabar todos los deberes que Dios les ha encomendado, entonces estarán entre los más bendecidos de Dios, aquellos que obtienen las mayores bendiciones, y sin duda se les concederán coronas. Es exactamente lo que Pablo imaginó y buscó, la senda exacta por la que transitó; y fue bajo la guía de tales pensamientos que trabajó para servir a Dios. ¿Acaso esos pensamientos e intenciones no surgen de una naturaleza satánica? Igual que los seres humanos mundanos, que creen que mientras estén en la tierra deben buscar el conocimiento y, solo después de obtenerlo, pueden destacar entre la multitud, convertirse en un oficial y tener estatus, piensan que lo tuvieron una vez, se pueden dar cuenta de sus ambiciones y llevar sus casas y negocios a ciertos niveles. ¿Acaso no siguen todos los incrédulos esta senda? Los que son dominados por esta naturaleza satánica solo pueden ser como Pablo en su fe: “Debo desecharlo todo y entregarme por Dios; debo ser fiel ante Él y, al final, recibiré la corona más magnífica y las bendiciones más extraordinarias”. Esta es la misma actitud que la de las personas mundanas que buscan cosas mundanas; no difiere en absoluto y están sujetas a la misma naturaleza. Cuando las personas tienen ese tipo de naturaleza satánica, en el mundo buscarán obtener conocimiento, estatus, aprendizaje y destacar entre la multitud; en la casa de Dios, procurarán entregarse a Dios, ser fieles y, eventualmente, recibirán coronas y grandes bendiciones. Si las personas no poseen la verdad, después de convertirse en creyentes en Dios, ni han pasado por una transformación en su carácter, con toda seguridad estarán en esta senda. Esta es una realidad que nadie puede negar, y es una senda diametralmente opuesta a la de Pedro. ¿Qué senda estáis tomando todos ahora? Aunque quizás no hayas planeado tomar la senda de Pablo, tu naturaleza ha resuelto que camines por este camino, y vas en esa dirección a tu pesar. Aunque quieras pisar la senda de Pedro, si no tienes claro cómo hacerlo, entonces tomarás la senda de Pablo de manera involuntaria. Esta es la realidad de la situación.

¿Cómo exactamente hay que caminar por la senda de Pedro hoy en día? Si eres incapaz de distinguir entre la senda de Pedro y Pablo, o no las conoces en absoluto, por mucho que digas estar caminando por la senda de Pedro, no serán más que palabras vacías. Es necesario que primero tengas una idea clara de cuál es la senda de Pedro y cuál la de Pablo. Si realmente entiendes que la senda de Pedro es la senda de vida, y la única a la perfección, solo entonces serás capaz de conocer y captar las verdades y las específicas formas de tomar su senda. Si no entiendes el camino de Pedro, la senda por la que transitas será, definitivamente, la de Pablo, porque no habrá otra senda para ti: no tendrás elección. A la gente que no posea la verdad y no tenga determinación le resultará difícil seguir caminando por la senda de Pedro. Se puede decir que Dios os ha revelado ahora la senda a la salvación y perfección. Esta es la gracia y la elevación de Dios y es Él quien os guía en la senda de Pedro. Sin la dirección y el esclarecimiento de Dios, nadie sería capaz de tomar el camino de Pedro; la única opción sería descender por la senda de Pablo, siguiendo sus pisadas a la destrucción. En aquel tiempo, Pablo no sintió que fuera erróneo caminar por ese camino. Creyó por completo que era correcto. No poseía la verdad y especialmente no pasó por una transformación de carácter. Creyó demasiado en sí mismo y sintió que no había el menor problema con seguir ese camino. Siguió hacia adelante lleno de confianza y con una total seguridad en sí mismo. Al final, nunca entró en razón, y siguió pensando que para él el vivir era Cristo. Así, Pablo siguió por esa senda hasta el final y, cuando fue castigado en última instancia, todo acabó para él. La senda de Pablo no implicaba llegar a conocerse a sí mismo ni mucho menos la búsqueda de un cambio de carácter. Él nunca analizó su propia naturaleza, y no ganó conocimiento de lo que él era; simplemente sabía que él era máximo culpable de la persecución de Jesús. No había tenido el más leve entendimiento de su propia naturaleza y, después de acabar su obra, en realidad Pablo pensó que él era Cristo y que debería ser recompensado. La obra que Pablo realizó fue simplemente un servicio prestado a Dios. Para Pablo personalmente, aunque recibió algunas revelaciones del Espíritu Santo, no tuvo verdad ni vida en absoluto. Dios no lo salvó; Él lo castigó. ¿Por qué se dice que la senda de Pedro es la senda a la perfección? Porque, en la práctica de Pedro, particularmente se enfocó en la vida, en buscar conocer a Dios y a sí mismo. A través de su experiencia de la obra de Dios, llegó a conocerse, obtuvo un entendimiento de los estados corruptos del hombre, aprendió de sus propios defectos y descubrió lo más valioso que las personas deben buscar. Fue capaz de amar a Dios con sinceridad, aprendió a corresponder a Dios, obtuvo alguna verdad y poseyó la realidad que Dios exige. De todas las cosas que Pedro dijo durante sus pruebas, se puede ver que era, en efecto, aquel con más entendimiento de Dios. Por haber llegado a entender tanta verdad de las palabras de Dios, su senda fue cada vez más resplandeciente y más conforme a la voluntad de Dios. De no haber tenido esta verdad, Pedro no habría sido capaz de seguir una senda tan correcta.

Extracto de ‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Palabras diarias de Dios Fragmento 389

Pedro me fue fiel por muchos años, sin nunca refunfuñar ni tener ningún tipo de queja; incluso Job nunca se le igualó y, a lo largo de los siglos, todos los santos han quedado muy por debajo de Pedro. Él no sólo buscó conocerme, sino que también llegó a conocerme durante el tiempo en que Satanás llevaba a cabo sus esquemas engañosos. Esto llevó a que Pedro me sirviera durante muchos años, siempre de acuerdo con Mi voluntad, y por esta razón nunca fue explotado por Satanás. Pedro aprendió una lección a partir de la fe de Job; sin embargo, también percibió claramente sus deficiencias. Aunque Job había sido un hombre de inmensa fe, carecía de conocimientos relacionados con el reino espiritual, y, por tanto, pronunció muchas palabras que no correspondían a la realidad; esto demuestra que el conocimiento de Job era superficial, e incapaz de ser perfecto. Por lo tanto, Pedro siempre se concentró en obtener un sentido del espíritu, y siempre prestó atención a observar la dinámica del reino espiritual. Como resultado, no sólo fue capaz de averiguar una parte de Mis deseos, sino que también logró un atisbo de los esquemas engañosos de Satanás. A causa de esto, el conocimiento que tenía de Mí fue mayor que cualquier otro a lo largo de los siglos.

De la experiencia de Pedro no es difícil deducir que, si los seres humanos desean conocerme, tienen que enfocarse en realizar una consideración cuidadosa dentro de su espíritu. No te pido que te “dediques” en cierta medida a Mí externamente; esto es una preocupación secundaria. Si tú no me conoces, entonces toda la fe, el amor y la lealtad de los que hablas no son más que ilusiones; son pura espuma, y con seguridad te convertirás en alguien que hace grandes alardes en Mi presencia, pero que no se conoce a sí mismo. Por lo tanto, una vez más serás atrapado por Satanás y te volverás incapaz de liberarte; te convertirás en el hijo de la perdición y en objeto de destrucción. Sin embargo, si tú eres frío e indiferente hacia Mis palabras, entonces, sin duda, te opones a Mí. Esto es un hecho, y harías bien en mirar a través de la puerta al reino espiritual, a los muchos y variados espíritus que Yo he castigado. ¿Cuál de ellos, frente a mis palabras, no fue pasivo e indiferente y se negó a aceptarlas? ¿Cuál de ellos no fue sarcástico respecto de Mis palabras? ¿Quién de ellos no intentó encontrar defectos en Mis palabras? ¿Quién entre ellos no usó Mis palabras como “arma defensiva” para “protegerse”? Ellos no usaron el contenido de Mis palabras como medio para conocerme, sino simplemente como juguetes para entretenerse. Al hacer esto, ¿acaso no se estaban oponiendo a Mí directamente? ¿Quién es Mi palabra? ¿Quién es Mi Espíritu? Tantas veces os he formulado estas preguntas; sin embargo, ¿habéis alcanzado alguna vez una percepción más alta y clara sobre ellas? ¿Alguna vez las habéis experimentado de verdad? Os recuerdo una vez más: ¡Si no conocéis Mis palabras ni las aceptáis ni las ponéis en práctica, entonces, inevitablemente, os convertiréis en objetos de Mi castigo! ¡Con seguridad os convertiréis en víctimas de Satanás!

Extracto de ‘Capítulo 8’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 390

Aunque muchas personas creen en Dios, pocas entienden qué significa la fe en Él y qué deben hacer para conformarse a Su voluntad. Esto se debe a que, aunque están familiarizadas con la palabra “Dios” y con expresiones como “la obra de Dios”, no conocen a Dios y, menos aún, Su obra. No es de extrañar, por tanto, que todos los que no conocen a Dios estén confusos en su creencia en Él. Las personas no se toman en serio la creencia en Dios, y esto se debe, totalmente, a que creer en Dios les es muy poco familiar; es totalmente extraño para ellos. De esta forma, no están a la altura de las exigencias de Dios. Es decir, si las personas no conocen a Dios ni Su obra, no son aptas para que Él las use, y, menos aún, pueden satisfacer Su voluntad. “Creer en Dios” significa creer que hay un Dios; este es el concepto más simple respecto a creer en Él. Aún más, creer que hay un Dios no es lo mismo que creer verdaderamente en Él; más bien es una especie de fe simple con fuertes matices religiosos. La fe verdadera en Dios significa lo siguiente: con base en la creencia de que Dios tiene la soberanía sobre todas las cosas, uno experimenta Sus palabras y Su obra, purifica su carácter corrupto, satisface la voluntad de Dios y llega a conocerlo. Sólo un proceso de esta clase puede llamarse “fe en Dios”. Sin embargo, las personas consideran a menudo que la creencia en Dios es un asunto simple y frívolo. Las personas que creen en Dios de esta manera han perdido el significado de creer en Él y, aunque pueden seguir creyendo hasta el final, jamás obtendrán Su aprobación, porque marchan por la senda equivocada. Hoy siguen existiendo quienes creen en Dios según letras y doctrinas huecas. No saben que carecen de la esencia de la creencia en Dios, y no pueden obtener Su aprobación. Aun así, siguen orando a Dios para recibir bendiciones de seguridad y suficiente gracia. Detengámonos, calmemos nuestro corazón y preguntémonos: ¿Puede ser que creer en Dios sea realmente la cosa más fácil en la tierra? ¿Puede ser que creer en Dios no signifique nada más que recibir mucha gracia de Él? Las personas que creen en Dios sin conocerlo o que creen en Dios y, sin embargo, se oponen a Él, ¿son realmente capaces de satisfacer la voluntad de Dios?

Extracto de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 391

¿Qué es lo que el hombre ha logrado desde que empezó a creer en Dios? ¿Qué has llegado a conocer acerca de Él? ¿Cuánto has cambiado debido a tu creencia en Él? Actualmente, todos sabéis que la creencia del hombre en Dios no es solo para la salvación del alma y el bienestar de la carne ni para enriquecer su vida a través del amor de Dios, etc. Hoy por hoy, si amas a Dios por el bienestar de la carne o el placer momentáneo, aunque al final tu amor por Él alcance su plenitud y no pidas nada más, este amor que buscas sigue estando adulterado y no le resulta agradable a Dios. Aquellos que usan su amor por Dios para enriquecer su existencia apagada y llenar un vacío en su corazón son los que codician una vida cómoda, no quienes buscan sinceramente amar a Dios. Este tipo de amor es forzado, persigue la gratificación mental, y Dios no lo necesita. ¿Qué clase de amor es entonces el tuyo? ¿Para qué amas a Dios? ¿Cuánto amor verdadero existe dentro de ti por Él ahora? El amor de la mayoría de vosotros es como el mencionado anteriormente. Esta clase de amor solo puede mantener su situación actual; no puede alcanzar la inmutabilidad, ni arraigarse en el hombre. Este tipo de amor es solo como una flor que florece y se seca sin dar frutos. En otras palabras, después de que hayas amado a Dios una vez de esa forma, si no hay nadie que te guíe en la senda que tienes por delante, caerás. Si solo puedes amar a Dios en la época de amar a Dios pero posteriormente tu carácter de vida permanece sin cambios, entonces seguirás siendo incapaz de escapar de la influencia de las tinieblas, y seguirás sin poder librarte de las ataduras y los engaños de Satanás. Ningún hombre así puede ser ganado plenamente por Dios; al final, su espíritu, alma y cuerpo seguirán perteneciendo a Satanás. No puede haber dudas acerca de esto. Todos aquellos a los que Dios no puede ganar de un modo total volverán a su lugar original, esto es, de regreso a Satanás, y descenderán al lago de fuego y azufre para aceptar el siguiente paso del castigo de Dios. Los ganados por Él son los que se rebelan contra Satanás y escapan de su campo de acción. Ellos serán contados oficialmente entre el pueblo del reino. Así es como llegan a ser las personas del reino. ¿Estás dispuesto a convertirte en esta clase de persona? ¿Estás dispuesto a ser ganado por Dios? ¿Estás dispuesto a escapar del campo de acción de Satanás y volver a Dios? ¿Perteneces ahora a Satanás o formas parte del pueblo del reino? Tales cosas deberían estar claras ya y no requerir más explicación.

Extracto de ‘Qué punto de vista deberían tener los creyentes’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 392

En tiempos pasados, muchos buscaron con ambición y nociones desenfrenadas, buscaron como resultado de sus propias esperanzas. Dejemos estas cuestiones de lado por un momento; lo que es de importancia clave ahora es encontrar una forma de práctica que permita a cada uno de vosotros mantener una condición normal delante de Dios y liberaros gradualmente de los grilletes de la influencia de Satanás, de forma que podáis ser ganados por Dios, y vivir en la tierra lo que Él pide de vosotros. Solo de este modo podéis satisfacer las intenciones de Dios. Muchos creen en Él, pero no saben qué es lo que Él quiere ni lo que Satanás quiere. Creen de forma insensata y confusa y simplemente siguen la corriente, y por tanto nunca han tenido una vida cristiana normal; es más, jamás han tenido relaciones personales normales, mucho menos una relación normal con Dios. De esto se desprende que son muchas las dificultades y deficiencias del hombre, así como otros factores que pueden frustrar la voluntad de Dios. Esto es suficiente para demostrar que el hombre aún no se ha colocado en la senda correcta de creencia en Dios ni ha entrado en la experiencia real de la vida humana. ¿Y qué es entonces ir por la senda correcta de creencia en Dios? Significa que puedes calmar tu corazón delante de Dios en todo momento y gozar de una comunión normal con Él, llegando gradualmente a conocer lo que falta en el hombre y obteniendo lentamente un conocimiento más profundo de Dios. A través de esto, tu espíritu adquiere una nueva perspectiva y nuevo esclarecimiento cada día; crece tu anhelo, buscas entrar en la verdad, y cada día hay nueva luz y nuevo entendimiento. A través de esta senda, te liberas poco a poco de la influencia de Satanás y creces en tu vida. Tales personas han entrado en la senda correcta. Evalúa tus propias experiencias reales y examina la senda que has perseguido en tu fe. Analízate frente a todo esto. ¿Estás en la senda correcta? ¿En qué asuntos te has liberado de los grilletes de Satanás y de su influencia? Si aún tienes que colocarte en la senda correcta, tus ataduras con Satanás todavía no se han cortado. Siendo así, ¿puede esta búsqueda del amor por Dios conducirte hacia un amor auténtico, resuelto y puro? Puedes decir que tu amor por Dios es firme y sincero, pero aún no te has liberado de los grilletes de Satanás. ¿No estás intentando poner en ridículo a Dios? Si deseas alcanzar un estado en el cual tu amor por Él no esté adulterado y deseas que Él te gane totalmente y que te cuente entre el pueblo del reino, entonces debes colocarte primero en la senda correcta de creencia en Dios.

Extracto de ‘Qué punto de vista deberían tener los creyentes’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 393

El problema común que existe en todas las personas es que entienden la verdad pero no la ponen en práctica. Esto es porque, por una parte, no están dispuestos a pagar el precio y, por otra, su discernimiento es deficiente. Son incapaces de ver más allá de muchas de las dificultades de la vida cotidiana tal y como son, y no saben practicar adecuadamente. Ya que las experiencias de las personas son demasiado superficiales, su calibre muy pobre y el grado en el que entienden la verdad muy limitado, no tienen manera de resolver las dificultades con las que se encuentran en la vida cotidiana. Creen en Dios sólo de palabra y son incapaces de traer a Dios a su vida cotidiana. Es decir, Dios es Dios, la vida es la vida, y es como si las personas no tuvieran relación con Dios en su vida. Esto es lo que piensa todo el mundo. Creyendo así en Dios, en realidad las personas no serán ganadas y perfeccionadas por Él. De hecho, no es que la palabra de Dios haya encontrado una expresión completa, sino que la habilidad de las personas para recibir Su palabra simplemente es demasiado inadecuada. Podría decirse que casi nadie actúa según las intenciones originales de Dios. Más bien, su fe en Dios va según sus propias intenciones, las nociones religiosas que tuvieron en el pasado y su propia manera de hacer las cosas. Pocos son aquellos que sufren una transformación después de aceptar la palabra de Dios y comienzan a actuar de acuerdo con Su voluntad. En lugar de eso, persisten en sus creencias equivocadas. Cuando las personas comienzan a creer en Dios, lo hacen basándose en las reglas convencionales de la religión y viven e interactúan con los demás completamente sobre la base de su propia filosofía de vivir. Podría decirse que este es el caso de nueve de cada diez personas. Hay muy pocos que formulan otro plan y pasan página después de comenzar a creer en Dios. La humanidad ha fracasado al considerar la palabra de Dios como verdad o al tomarla como tal para ponerla en práctica.

Tomemos la fe en Jesús, por ejemplo. Tanto si alguien acabara de empezar a creer como si lo hiciera desde hacía mucho tiempo, todos utilizaban simplemente los talentos que tenían y demostraban las habilidades que poseían. Las personas simplemente agregaron “fe en Dios”, estas tres palabras, a su vida habitual, pero no hicieron ningún cambio en su carácter y su fe en Dios no creció en lo más mínimo. Su búsqueda no era ni caliente ni fría. No decían que fueran a renunciar a su fe, pero tampoco se consagraban por completo a Dios. Nunca habían amado verdaderamente u obedecido a Dios. Su fe en Dios era una mezcla de lo genuino y lo falso, se aproximaban a ella con un ojo abierto y otro cerrado, y no eran sinceros en la práctica de su fe. Continuaban en tal estado de desconcierto hasta acabar muriendo confundidos. ¿Qué sentido tiene esto? Ahora, para creer en el Dios práctico, debes tomar el camino correcto. Si crees en Dios, no debes buscar solo bendiciones, sino amar y conocer a Dios. Por medio de Su esclarecimiento, mediante tu búsqueda individual, puedes comer y beber Su palabra, desarrollar un entendimiento real de Dios y tener un amor real por Dios procedente del fondo de tu corazón. En otras palabras, cuando tu amor por Dios es el más genuino y nadie puede destruirlo o interponerse en el camino de tu amor por Él, entonces estás en el camino correcto de la fe en Dios. Esto prueba que perteneces a Dios, porque Dios ya ha tomado posesión de tu corazón y nada más puede poseerte. Mediante tu experiencia, el precio que has pagado y la obra de Dios, eres capaz de desarrollar un amor espontáneo por Dios y, cuando lo hagas, te liberarás de la influencia de Satanás y llegarás a vivir en la luz de la palabra de Dios. Solo cuando te has librado de la influencia de las tinieblas puedes decir que has ganado a Dios. En tu creencia en Dios, debes intentar buscar esta meta. Esta es la responsabilidad de cada uno de vosotros. Ninguno de vosotros debería estar satisfecho con el estado actual de las cosas. No podéis tener dudas respecto a la obra de Dios ni tomarla a la ligera. Debéis pensar en Dios en todos los aspectos y en todo momento, y hacer todas las cosas por Su causa. Y cuando habléis o actuéis, debéis poner primero los intereses de la casa de Dios. Solo así podéis ser conforme al corazón de Dios.

Extracto de ‘Ya que crees en Dios, deberías vivir para la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 394

El mayor defecto de la gente en su fe en Dios es que solo creen de palabra y Dios está totalmente ausente de sus vidas cotidianas. Todas las personas, de hecho, creen en la existencia de Dios; sin embargo, Dios no es parte de su vida diaria. De la boca de la gente salen muchas oraciones a Dios, pero Él tiene poco lugar en sus corazones, y por eso Dios la pone a prueba una y otra vez. Ya que las personas son impuras, Dios no tiene otra alternativa que probarlas para que se sientan avergonzadas y lleguen a conocerse a sí mismas en medio de las pruebas. De otro modo, la humanidad se convertiría en los descendientes del arcángel y se volvería cada vez más corrupta. En el proceso de su fe en Dios, cada persona desecha muchos de sus motivos y objetivos personales bajo la incesante purificación de Dios. De lo contrario, Dios no tendría manera de usar a nadie ni de hacer en la gente la obra que debe hacer. Dios primero purifica a la gente y, mediante este proceso, las personas llegan a conocerse a sí mismas y Dios puede cambiarlas. Solo entonces puede Dios obrar Su vida en ellas y solo así puede el corazón del hombre volverse por completo a Dios. Y por eso digo que creer en Dios no es tan sencillo como dice la gente. Tal como lo ve Dios, si solo tienes conocimiento, pero no tienes Su palabra como vida, y si estás limitado únicamente a tu propio conocimiento, pero no puedes practicar la verdad o vivir la palabra de Dios, esto es prueba de que todavía no tienes un corazón que ame a Dios y muestra que tu corazón no le pertenece. Se puede llegar a conocer a Dios creyendo en Él: esta es la meta final y el objetivo de la búsqueda del hombre. Debes dedicar esfuerzo a vivir las palabras de Dios, para que puedan hacerse realidad en tu práctica. Si solo tienes conocimiento doctrinal, entonces tu fe en Dios se quedará en nada. Solo si luego también practicas y vives Su palabra tu fe puede considerarse completa y de acuerdo con la voluntad de Dios. En este camino, muchas personas pueden hablar de mucho conocimiento, pero en el momento de su muerte, sus ojos se llenan de lágrimas y se odian a sí mismas por haber desperdiciado toda una vida y haber vivido en vano hasta la vejez. Solo entienden doctrinas, pero no pueden poner en práctica la verdad o dar testimonio de Dios; en cambio, simplemente corren de acá para allá y están sumamente ocupados; y solo al borde de la muerte ven finalmente que carecen de un verdadero testimonio, que no conocen a Dios en absoluto. ¿Y no es ya demasiado tarde? ¿Por qué no aprovechas el día y persigues la verdad que amas? ¿Por qué esperar hasta mañana? Si en vida no sufres por la verdad o buscas obtenerla, ¿es posible que desees sentir arrepentimiento en la hora de tu muerte? Si es así, entonces, ¿por qué creer en Dios? En verdad, hay muchos asuntos en los que las personas, si les dedican el más mínimo esfuerzo, pueden poner la verdad en práctica y así agradar a Dios. Por el mero hecho de que los corazones de las personas están poseídos por demonios, no pueden actuar por el bien de Dios y se precipitan constantemente en beneficio de su carne, sin obtener nada al final. Por esta razón, las personas están afligidas de continuo por problemas y dificultades. ¿No son estos los tormentos de Satanás? ¿No es esta la corrupción de la carne? No debes tratar de engañar a Dios hablando sin parar. Más bien, debes actuar de manera tangible. No te engañes a ti mismo; ¿qué sentido tendría eso? ¿Qué puedes ganar por vivir por el bien de tu carne y afanarte por el beneficio y la fama?

Extracto de ‘Ya que crees en Dios, deberías vivir para la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 395

Ahora bien, vosotros debéis buscar convertiros en el pueblo de Dios y así comenzaréis toda la entrada en el camino correcto. Ser el pueblo de Dios quiere decir entrar en la Era del Reino. En la actualidad comenzaréis a entrar de manera oficial en el entrenamiento del reino y vuestras vidas futuras dejarán de ser tan descuidadas y holgazanas como lo eran antes; viviendo de esta manera es imposible alcanzar los estándares que Dios exige. Si no sientes ninguna urgencia, entonces esto muestra que no tienes ningún deseo de mejorar, que tu búsqueda es poco clara y confusa y que no puedes cumplir con la voluntad de Dios. Entrar al entrenamiento del reino quiere decir comenzar la vida del pueblo de Dios, ¿estás dispuesto a aceptar tal entrenamiento? ¿Estás dispuesto a sentir una sensación de urgencia? ¿Estás dispuesto a vivir bajo la disciplina de Dios? ¿Estás dispuesto a vivir bajo el castigo de Dios? Cuando las palabras de Dios vengan a ti y te prueben, ¿cómo actuarás? Y ¿qué harás cuando te enfrentes con toda clase de hechos? En el pasado, tu enfoque no era en la vida; hoy, debes enfocarte en entrar en la realidad-vida y buscar los cambios en tu carácter de vida. Esto es lo que debe lograr el pueblo del reino. Todos los que son del pueblo de Dios deben tener vida, deben aceptar el entrenamiento del reino y deben buscar los cambios en su carácter de vida. Esto es lo que Dios exige del pueblo del reino.

Las exigencias que Dios le hace al pueblo del reino son las siguientes:

1. Deben aceptar las comisiones de Dios. Es decir, deben aceptar todas las palabras que se hablan en la obra de Dios de los últimos días.

2. Deben entrar en el entrenamiento del reino.

3. Deben buscar que Dios haya tocado sus corazones. Cuando tu corazón se haya vuelto por completo a Dios, y tengas una vida espiritual normal, vivirás en el reino de la libertad, lo que quiere decir que vivirás bajo el cuidado y la protección del amor de Dios. Solo cuando vivas bajo el cuidado y la protección de Dios le pertenecerás a Dios.

4. Deben ser ganados por Dios.

5. Se deben convertir en una manifestación de la gloria de Dios en la tierra.

Estos cinco puntos son Mis comisiones para vosotros. Mis palabras son dichas al pueblo de Dios, y si no estás dispuesto a aceptar estas comisiones, Yo no te obligaré, pero si verdaderamente las aceptas, entonces serás capaz de hacer la voluntad de Dios. En la actualidad, comenzáis a aceptar las comisiones de Dios y a buscar convertiros el pueblo del reino y a alcanzar los estándares que se exigen para ser el pueblo del reino. Este es el primer paso para la entrada. Si quieres hacer la voluntad de Dios por completo, entonces debes aceptar estas cinco comisiones y, si las puedes lograr, vivirás según al corazón de Dios y con toda seguridad Dios hará un gran uso de ti. Lo que es crucial hoy es entrar al entrenamiento del reino. La entrada al entrenamiento del reino supone la vida espiritual. Antes, no se hablaba de la vida espiritual, pero ahora, al emprender la entrada al entrenamiento del reino, entras oficialmente a la vida espiritual.

Extracto de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue Sus huellas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 396

¿Qué clase de vida es la vida espiritual? La vida espiritual es una en la que tu corazón se ha vuelto por completo a Dios y puede ser consciente del amor de Dios. Es una en la que vives en las palabras de Dios y nada más ocupa tu corazón, y puedes comprender la voluntad actual de Dios y la luz del Espíritu Santo te guía con el fin de que cumplas con tu deber. Tal vida entre el hombre y Dios es la vida espiritual. Si no puedes seguir la luz de la actualidad, entonces se ha creado un distanciamiento en tu relación con Dios, incluso la relación se pudo haber roto, y no tienes una vida espiritual normal. Una relación normal con Dios se construye sobre el fundamento de aceptar Sus palabras actuales. ¿Tienes una vida espiritual normal? ¿Tienes una relación normal con Dios? ¿Eres alguien que sigue la obra del Espíritu Santo? Si puedes seguir la luz del Espíritu Santo hoy y puedes comprender la voluntad de Dios dentro de Sus palabras y puedes entrar en ellas, entonces eres alguien que sigue la corriente del Espíritu Santo. Si no sigues la corriente del Espíritu Santo, entonces, sin duda, eres alguien que no busca la verdad. El Espíritu Santo no tiene oportunidad de obrar en aquellos que no tienen el deseo de ser mejores y, como resultado, tales personas nunca son capaces de hacer acopio de su fuerza y son siempre pasivas. En la actualidad, ¿sigues la corriente del Espíritu Santo? ¿Estás en la corriente del Espíritu Santo? ¿Has salido de un estado pasivo? Todos los que creen en las palabras de Dios, que toman la obra de Dios como fundamento y siguen la luz del Espíritu Santo hoy, todos están en la corriente del Espíritu Santo. Si tú crees de manera inequívoca que las palabras de Dios son verdaderas y correctas y crees en las palabras de Dios sin importar lo que Él diga, entonces eres alguien que busca la entrada a la obra de Dios y, de esta manera, cumples Su voluntad.

Para entrar en la corriente del Espíritu Santo, debes tener una relación normal con Dios y primero te debes deshacer de tu estado pasivo. Algunas personas siempre siguen a la mayoría y sus corazones se desvían muy lejos de Dios; tales personas no tienen ningún deseo de mejorar y los estándares que buscan son demasiado bajos. La voluntad de Dios es solo procurar amarlo y ser ganados por Él. Hay personas que solo usan su conciencia para retribuir el amor de Dios, pero esto no puede cumplir Su voluntad; cuanto más altos sean los estándares que busques, más estarás en armonía con la voluntad de Dios. Como alguien que es normal y que busca el amor a Dios, la entrada al reino para convertirse en uno del pueblo de Dios es vuestro verdadero futuro, y es una vida que tiene el mayor valor y significado; nadie está más bendecido que vosotros. ¿Por qué digo esto? Porque los que no creen en Dios viven para la carne y viven para Satanás, pero hoy vivís para Dios y vivís para hacer la voluntad de Dios. Es por esto que digo que vuestras vidas son de gran importancia. Solo este grupo de personas, que Dios ha seleccionado, puede vivir una vida de gran importancia: Nadie más en la tierra puede vivir una vida de tal valor y significado. Como Dios os ha seleccionado y os ha alzado y, además, por el amor que os tiene, habéis comprendido la verdadera vida y sabéis cómo vivir una vida que tenga el máximo valor. Esto no se debe a que vuestra búsqueda sea buena sino a la gracia de Dios; fue Dios el que abrió los ojos de vuestro espíritu y fue el Espíritu de Dios el que tocó vuestro corazón dándoos la buena fortuna de venir ante Él. Si el Espíritu de Dios no os hubiera iluminado, entonces no podríais ver lo que es asombroso de Dios ni tampoco os sería posible amar a Dios. Es exclusivamente porque el Espíritu de Dios ha tocado el corazón de las personas, que se han vuelto a Dios por completo. A veces, cuando estás disfrutando las palabras de Dios, tu espíritu es tocado y sientes que no puedes dejar de amar a Dios, sientes que hay una gran fuerza dentro de ti y que no hay nada que no puedas dejar a un lado. Si te sientes así, entonces el Espíritu de Dios te ha tocado y tu corazón se ha vuelto por completo a Dios y orarás a Dios y le dirás: “¡Oh, Dios! Tú realmente nos has predestinado y escogido. Tu gloria me llena de orgullo y para mí es glorioso ser uno de Tu pueblo. Erogaré todo y daré todo para hacer Tu voluntad y te dedicaré todos mis años y toda una vida de esfuerzos”. Cuando oras de esta manera, tu corazón albergará un amor sin fin y una obediencia verdadera hacia Dios. ¿Alguna vez has tenido una experiencia como esta? Si las personas son tocadas con frecuencia por el Espíritu de Dios, entonces están especialmente dispuestas a consagrarse a Dios en sus oraciones: “¡Oh, Dios! Quiero contemplar Tu día de gloria y quiero vivir para Ti, nada es más valioso o importante que vivir para Ti y no tengo el más mínimo deseo de vivir para Satanás y la carne. Al permitirme vivir por Ti hoy, me elevaste”. Cuando hayas orado de esta manera, sentirás que no puedes dejar de darle tu corazón a Dios, sentirás que debes ganar a Dios y que odiarías morirte sin haber ganado a Dios mientras estás vivo. Después de haber elevado tal oración, habrá dentro de ti una fuerza inagotable que no sabrás de dónde proviene; en tu corazón habrá un poder sin límite y tendrás la sensación de que Dios es muy encantador y que es digno de que lo ames. Así será cuando Dios te haya tocado. Todos los que han tenido esa experiencia es porque Dios los ha tocado. Aquellos que con frecuencia son tocados por Dios, experimentan cambios en sus vidas, son capaces de establecer su propósito, están dispuestos a ganar por completo a Dios, el amor por Dios en sus corazones es más fuerte, sus corazones se han vuelto por completo a Dios, no tienen en cuenta ni la familia, ni el mundo, ni las complicaciones, ni el futuro y están dispuestos a dedicarle a Dios una vida de esfuerzos. A todos aquellos a quienes el Espíritu de Dios ha tocado son los que están en busca de la verdad y que tienen la esperanza de que Dios los perfeccione.

Extracto de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue Sus huellas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 397

Al seguir a Dios, todo debería ser según Sus palabras actuales, y esto es de vital importancia: ya sea que estéis buscando la entrada a la vida o el cumplimiento de la voluntad de Dios, todo se debería centrar alrededor de las palabras actuales de Dios. Si lo que comunicas y lo que buscas no se centra alrededor de las palabras actuales de Dios, entonces eres un extraño a Sus palabras y careces por completo de la obra del Espíritu Santo. Lo que Dios quiere son personas que sigan Sus pasos. No importa qué asombroso y puro sea lo que hayas entendido antes, Dios no lo quiere y si no puedes hacer a un lado esas cosas, entonces, en el futuro, serán un enorme obstáculo para tu entrada. Todos los que pueden seguir la luz actual del Espíritu Santo son benditos. Las personas en el pasado también siguieron los pasos de Dios, pero no pudieron continuar hasta hoy; esta es la bendición de las personas de los últimos días. Los que pueden seguir la obra actual del Espíritu Santo y que pueden seguir los pasos de Dios, de tal manera que lo sigan dondequiera que Él los guíe, estas son las personas a las que Dios bendice. Los que no siguen la obra actual del Espíritu Santo, no han entrado en la obra de las palabras de Dios y, no importa cuánto se esfuercen o cuán grande sea su sufrimiento o cuánto vayan de aquí para allá, esto no significa nada para Dios y Él no los elogiará. En la actualidad, todos los que siguen las palabras actuales de Dios están en la corriente del Espíritu Santo; los que son ajenos a las palabras actuales de Dios están fuera de la corriente del Espíritu Santo y a tales personas Dios no las elogia. El servicio que está divorciado de las declaraciones actuales del Espíritu Santo es un servicio que es de la carne y de las nociones y es imposible que sea acorde a la voluntad de Dios. Si las personas viven rodeadas de nociones religiosas, entonces no pueden hacer nada que sea digno de la voluntad de Dios y aunque sirvan a Dios, sirven en medio de su imaginación y de sus nociones y son totalmente incapaces de servir según la voluntad de Dios. Los que no pueden seguir la obra del Espíritu Santo no entienden la voluntad de Dios y los que no entienden la voluntad de Dios no pueden servirlo. Dios quiere un servicio que sea según Su corazón; no quiere un servicio que sea de las nociones y de la carne. Si las personas no pueden seguir los pasos de la obra del Espíritu Santo, entonces viven en medio de nociones. El servicio de tales personas interrumpe y perturba y tal servicio va en contra de Dios. Así, los que no son capaces de seguir los pasos de Dios no pueden servirlo; los que no pueden seguir los pasos de Dios muy probablemente se oponen a Él y no son compatibles con Él. “Seguir la obra del Espíritu Santo” quiere decir entender la voluntad de Dios hoy, poder actuar de acuerdo con los requisitos actuales de Dios, poder obedecer y seguir al Dios de hoy, y estar en consonancia con Sus más nuevas declaraciones. Solo alguien así sigue la obra del Espíritu Santo y está en la corriente del Espíritu Santo. Tales personas no solo pueden recibir la alabanza de Dios y pueden verlo, sino que también pueden conocer Su carácter en Su última obra y pueden conocer las nociones del hombre y su desobediencia y su naturaleza y esencia; además, durante su servicio, pueden poco a poco lograr cambios en el carácter. Solo las personas como estas son las que pueden ganar a Dios y las que genuinamente han encontrado el camino verdadero. La obra del Espíritu Santo elimina a aquellas personas que no son capaces de seguir la última obra de Dios y que se rebelan contra Su última obra. Que esas personas abiertamente se opongan a Dios se debe a que Él ha hecho una nueva obra y la imagen de Dios no es la misma a la que estas personas tienen en sus nociones; como resultado de esto, se oponen abiertamente a Dios y lo juzgan, lo que la hace que Dios las aborrezca y las rechace. Tener el conocimiento de la última obra de Dios no es una tarea fácil, pero si las personas deciden obedecer la obra de Dios y persiguen la obra de Dios, entonces tendrán la oportunidad de verlo y tendrán la oportunidad de obtener la nueva guía del Espíritu Santo. Los que de manera intencional se oponen a la obra de Dios no pueden recibir la iluminación del Espíritu Santo o la guía de Dios. Por lo tanto, que las personas puedan recibir o no la última obra de Dios depende de la gracia de Dios, depende de su búsqueda y depende de sus intenciones.

Extracto de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue Sus huellas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 398

Todos los que pueden obedecer las declaraciones actuales del Espíritu Santo son benditos. No importa cómo solían ser o cómo el Espíritu Santo solía obrar en ellos, los que han obtenido la última obra de Dios son los más bendecidos y los que no pueden seguir la última obra hoy son eliminados. Dios quiere a los que son capaces de aceptar la nueva luz y a los que aceptan y conocen Su última obra. ¿Por qué se dice que debéis ser una virgen casta? Una virgen casta puede buscar la obra del Espíritu Santo y entender las cosas nuevas y, además, puede desechar las antiguas nociones y obedecer, hoy, la obra de Dios. Este grupo de personas, que hoy aceptan la obra más nueva, fue predestinado por Dios antes del tiempo, y son las personas más benditas. Vosotros oís la voz de Dios directamente y contempláis Su aparición y así, en todo el cielo y la tierra y a lo largo de las eras, nadie ha sido más bendecido que este grupo de personas, vosotros. Todo esto gracias a la obra de Dios, gracias a la predestinación y elección de Dios y gracias a Su gracia; si Dios no hablara y pronunciara Sus palabras, ¿vuestras condiciones podrían ser como son hoy? Así, que toda la gloria y la alabanza sean para Dios, porque todo esto se debe a que Él os alza. Con estas cosas en mente, ¿todavía puedes ser pasivo? ¿Podría todavía tu fuerza ser incapaz de alzarse?

Dios predestinó desde tiempos inmemoriales que pudieras aceptar el juicio, el castigo, los golpes y el refinamiento de Sus palabras y, además, que pudieras aceptar Sus comisiones y por eso no te debes afligir demasiado cuando eres castigado. Nadie os puede quitar la obra que se ha hecho en vosotros y las bendiciones que se os han otorgado y nadie os puede quitar todo lo que se os ha dado. Los religiosos no admiten comparación con vosotros. No poseéis una gran experiencia de la Biblia, ni contáis con teoría religiosa, pero como Dios ha obrado dentro de vosotros, habéis ganado más que cualquiera a lo largo de las eras y, por lo tanto, esta es vuestra mayor bendición. Por esto, os debéis dedicar aún más a Dios y ser todavía más leal a Él. Como Dios te alza, debes redoblar tus esfuerzos y debes preparar tu estatura para aceptar las comisiones de Dios. Debes permanecer firme en el lugar que Él te ha dado, buscar convertirte en uno del pueblo de Dios, aceptar el entrenamiento del reino, aceptar que Él te gane y, en última instancia, volverte testimonio glorioso de Dios. ¿Posees esta determinación? Si es así, entonces al final puedes estar seguro de que serás ganado por Dios y te convertirás en testimonio glorioso de Él. Debes entender que la comisión principal es que Dios te gane y que te conviertas en glorioso testimonio de Dios. Esta es Su voluntad.

Extracto de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue Sus huellas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 399

Hoy, las palabras del Espíritu Santo son la dinámica de la obra del Espíritu Santo y, durante este periodo, la iluminación continua del hombre por parte del Espíritu Santo es la tendencia de Su obra. ¿Y cuál es la tendencia de la obra del Espíritu Santo hoy? Es el liderazgo del pueblo hacia la actual obra de Dios y hacia una vida espiritual normal. Hay varios pasos para entrar en una vida espiritual normal:

1. Primero, debes derramar tu corazón en las palabras de Dios. No debes buscar Sus palabras en el pasado y no las debes estudiar ni comparar con las palabras de hoy. En cambio, debes derramar por completo tu corazón en las palabras actuales de Dios. Si hay personas que todavía quieren leer Sus palabras, libros espirituales u otros relatos de la prédica pertenecientes al pasado, y no siguen las palabras actuales del Espíritu Santo, entonces son las personas más necias que existen; Dios aborrece a tales personas. Si estás dispuesto a aceptar la luz del Espíritu Santo hoy, entonces derrama por completo tu corazón a las declaraciones actuales de Dios. Esto es lo primero que debes lograr.

2. Debes orar sobre el fundamento de las palabras actuales que Dios pronunció, debes entrar en Sus palabras, tener comunión con Él y establecer tus propósitos ante Dios, definiendo qué estándares deseas para buscar alcanzarlas.

3. Debes buscar entrar profundamente en la verdad sobre el fundamento de la obra actual del Espíritu Santo. No te aferres a declaraciones y teorías obsoletas del pasado.

4. Debes buscar ser tocado por el Espíritu Santo y entrar en las palabras de Dios.

5. Debes buscar entrar en el camino que el Espíritu Santo recorre hoy.

¿Y cómo buscas ser tocado por el Espíritu Santo? Lo crucial es vivir en las palabras actuales de Dios y orar sobre el fundamento de Sus exigencias. Después de haber orado de esta manera, es seguro que el Espíritu Santo te tocará. Si no buscas en base al fundamento de las palabras que Dios pronuncia hoy, entonces es infructuoso. Debes orar y decir: “¡Oh, Dios! Me opongo a Ti y te debo tanto; soy muy desobediente y nunca puedo satisfacerte. Oh, Dios, quiero que me salves, quiero servirte hasta el final, quiero morir por Ti. Tú me juzgas y me castigas y no tengo quejas; me opongo a Ti y merezco morir para que todas las personas puedan contemplar Tu justo carácter en mi muerte”. Si oras desde dentro de tu corazón de esta manera, Dios te escuchará y te guiará; si no oras sobre el fundamento de las palabras actuales del Espíritu Santo, entonces no hay posibilidad de que el Espíritu Santo te toque. Si oras de acuerdo a la voluntad de Dios, y de acuerdo a eso que Él quiere hacer hoy, dirás: “¡Oh, Dios! Quiero aceptar Tus comisiones y ser fiel a ellas y estoy dispuesto a consagrar toda mi vida a Tu gloria para que todo lo que haga pueda alcanzar los estándares del pueblo de Dios. Que mi corazón sea tocado por Ti. Anhelo que Tu Espíritu siempre me ilumine, que todo lo que yo avergüence a Satanás, para, al final, ser ganado por Ti”. Si oras de esta manera, centrándote alrededor de la voluntad de Dios, entonces, el Espíritu Santo inevitablemente obrará en ti. No importa cuántas sean las palabras de tus oraciones, lo que es clave es si comprendes la voluntad de Dios o no. Todos vosotros pudisteis haber tenido la siguiente experiencia: A veces, mientras oras en una reunión, la dinámica de la obra del Espíritu Santo alcanza su punto máximo, haciendo que la fuerza de todos se eleve. Algunas personas lloran amargamente y derraman lágrimas mientras oran, vencidas por el remordimiento ante Dios, y algunas personas muestran su determinación y hacen votos. Ese es el efecto que debe lograr la obra del Espíritu Santo. En la actualidad es crucial que todas las personas derramen por completo sus corazones sobre las palabras de Dios. No te enfoques en las palabras que se pronunciaron antes; si todavía te aferras a lo que antes fue, entonces el Espíritu Santo no obrará dentro de ti. ¿Ves qué importante es esto?

¿Conocéis el camino que recorre el Espíritu Santo en la actualidad? Los diferentes puntos que se mencionaron antes son los que el Espíritu Santo debe lograr hoy y en el futuro; son el camino que emprende el Espíritu Santo y la entrada que los hombres deben buscar. En tu entrada a la vida, como mínimo debes derramar tu corazón en las palabras de Dios y debes poder aceptar el juicio y el castigo de las palabras de Dios; tu corazón debe anhelar a Dios, debes buscar la entrada profunda a la verdad y a los objetivos que Dios exige. Cuando posees esta fuerza, entonces esto demuestra que has sido tocado por Dios y tu corazón ha comenzado a volverse hacia Dios.

El primer paso de entrada a la vida es derramar por completo el corazón en las palabras de Dios y el segundo paso es aceptar ser tocado por el Espíritu Santo. ¿Cuál es el efecto que se debe lograr al aceptar ser tocado por el Espíritu Santo? Es poder anhelar, buscar y explorar una verdad más profunda y poder cooperar con Dios de una manera positiva. Hoy cooperas con Dios, es decir, hay un objetivo para la búsqueda, para las oraciones y para la comunión con Sus palabras y llevas a cabo tu deber según las exigencias de Dios; solo esto es cooperar con Dios. Si solo hablas de dejar que Dios actúe, pero no tomas ninguna acción, ni orando ni buscando, entonces ¿podría esto llamarse cooperación? Si no hay ni rastro de cooperación en ti, y careces del entrenamiento para la entrada que tiene un objetivo, entonces no estás cooperando. Algunas personas dicen: “Todo depende de la predestinación de Dios, Él mismo hace todo; si Dios no lo hiciera, entonces, ¿cómo podría hacerlo el hombre?”. La obra de Dios es normal y no es en lo más mínimo sobrenatural y es solo por medio de tu búsqueda activa que el Espíritu Santo obra, porque Dios no obliga al hombre; le debes dar la oportunidad de obrar y si no buscas o entras, y si no hay el más mínimo anhelo en tu corazón, entonces Dios no tiene oportunidad de obrar. ¿Por qué camino puedes buscar ser tocado por Dios? Por medio de la oración y de acercarte más a Él. Pero, lo más importante, recuerda, es que debe ser sobre el fundamento de las palabras que Dios pronunció. Cuando eres tocado por Dios con frecuencia, la carne no te esclaviza: esposo, esposa, hijos y dinero, todo eso es incapaz de encadenarte y tú solo quieres perseguir la verdad y vivir ante Dios. En este momento, serás alguien que vive en el reino de la libertad.

Extracto de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue Sus huellas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 400

Dios ha decidido hacer completo al hombre, e, independientemente de la perspectiva desde la cual hable, todo es en aras de perfeccionar a las personas. Las palabras pronunciadas desde la perspectiva del Espíritu son difíciles de entender para las personas; no tienen forma de encontrar la senda de práctica, pues su capacidad de entendimiento es limitada. La obra de Dios logra efectos diferentes, y Él tiene un propósito en cada paso de ella. Además, resulta imperativo que Él hable desde diferentes perspectivas, pues solo haciéndolo puede perfeccionar al hombre. Si solo emitiera Su voz desde la perspectiva del Espíritu, no habría forma completar esta etapa de la obra de Dios. A partir del tono que utiliza al hablar, puedes ver que Él está decidido a hacer completo a este grupo de personas. Así pues, ¿cuál debe ser el primer paso para cada uno que desee ser perfeccionados? Por encima de todo, debes conocer la obra de Dios. Actualmente ha comenzado un nuevo método en la obra de Dios; se ha pasado de una era a la otra, la forma como Dios obra también ha cambiado y el método por el que Dios habla es distinto. En la actualidad, no solo ha cambiado el método de Su obra, sino que también lo ha hecho la era. Ahora estamos en la Era del Reino. También es la era de amar a Dios. Es un anticipo de la Era del Reino Milenario —que es también la Era de la Palabra—, y en la cual Dios usa muchas formas de hablar para perfeccionar al hombre y habla desde diversas perspectivas para proveerlo. Al entrar en la Era del Reino Milenario, Dios comenzará a usar palabras para perfeccionar al hombre, permitiéndole a este entrar en la realidad-vida y guiándolo hacia el camino correcto. Habiendo experimentado tantos pasos de la obra de Dios, el hombre ha visto que la obra de Dios no permanece inmutable, sino que está evolucionando y se profundiza sin cesar. Después de que las personas la hayan experimentado durante mucho tiempo, la obra ha dado repetidos giros, cambiando una y otra vez. Sin embargo, por mucho que cambie, nunca se desvía del propósito de Dios de traerle la salvación al hombre. Incluso tras pasar por diez mil cambios, nunca se aparta de su propósito original. No importa cómo cambie el método de la obra de Dios, esta nunca se desvía de la verdad o de la vida. Los cambios en el método a través del cual se realiza la obra simplemente implican un cambio en el formato de la obra y en la perspectiva desde la cual Dios habla; no hay un cambio en el objetivo central de Su obra. Los cambios en el tono de voz de Dios y en el método de Su obra se llevan a cabo para lograr un resultado. Un cambio en el tono de voz no significa un cambio en el propósito o el principio que está detrás de la obra. Las personas creen en Dios principalmente para buscar la vida. Si crees en Dios, pero no buscas la vida ni vas tras la verdad o el conocimiento de Dios, ¡entonces esto no es creer en Dios! ¿Es realista que sigas buscando entrar en el reino para ser rey? Lograr el verdadero amor por Dios a través de la búsqueda de la vida, solo esto es la realidad; la búsqueda y la práctica de la verdad son, todas, realidad. Leyendo las palabras de Dios y experimentándolas llegarás a comprender el conocimiento de Dios en medio de la experiencia real. Esto es una búsqueda verdadera.

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 401

Esta es la Era del Reino. Si has entrado en esta nueva era depende de si has entrado en la realidad de las palabras de Dios y de si Sus palabras se han convertido la realidad-vida. Las palabras de Dios se dan a conocer a cada persona para que, al final, todos vivan en el mundo de las palabras de Dios, y Sus palabras esclarecerán e iluminarán a cada persona desde dentro. Si, durante este período, eres descuidado en la lectura de las palabras de Dios y no tienes interés en ellas, eso demuestra que tu condición es equivocada. Si eres incapaz de entrar en la Era de la Palabra, entonces el Espíritu Santo no obra en ti; si has entrado en esta era, Él llevará a cabo Su obra. ¿Qué puedes hacer al inicio de la Era de la Palabra para ganar la obra del Espíritu Santo? En esta era, y entre vosotros, Dios logrará lo siguiente: que cada persona vivirá las palabras de Dios, será capaz de poner en práctica la verdad y amará a Dios fervientemente; que todas las personas usarán las palabras de Dios como una base y como su realidad y tendrán un corazón que venere a Dios, y que, a través de la práctica de las palabras de Dios, el hombre ejercerá el poder monárquico junto con Dios. Esta es la obra que Dios ha de llevar a cabo. ¿Puedes continuar sin leer las palabras de Dios? Hoy, hay muchos que sienten que no pueden pasar ni un día o dos sin leer Sus palabras. Ellos deben leer Sus palabras todos los días, y, si el tiempo no se lo permite, les basta con escucharlas. Este es el sentimiento que el Espíritu Santo otorga a las personas y es la manera en la que Él comienza a moverlas. Es decir, Él gobierna al hombre a través de las palabras para que este pueda entrar en la realidad de las palabras de Dios. Si, después de tan solo un día de no comer y beber las palabras de Dios, sientes oscuridad y sed, y no puedes soportarlo, esto muestra que has sido movido por el Espíritu Santo y que Él no se ha apartado de ti. Entonces, eres alguien que está dentro de esta corriente. Sin embargo, si después de uno o dos días sin comer y beber las palabras de Dios no sientes nada; si no tienes sed y no te sientes movido en absoluto, esto es muestra de que el Espíritu Santo se ha alejado de ti. Entonces, esto significa que hay algo equivocado en tu estado interior; no has entrado en la Era de la Palabra y eres alguien que se ha quedado atrás. Dios usa las palabras para gobernar a las personas; te sientes bien si comes y bebes las palabras de Dios y, si no lo haces, no tienes una senda a seguir. Las palabras de Dios se convierten en el alimento de las personas y en la fuerza que las impulsa. La Biblia dice que “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Hoy, Dios completará esta obra y la cumplirá en vosotros. ¿Cómo es que, en el pasado, las personas podían estar muchos días sin leer las palabras de Dios y, sin embargo, podían seguir comiendo y trabajando como siempre, pero eso no ocurre en el presente? En esta era, Dios usa, primordialmente, las palabras para gobernar a todos. A través de las palabras de Dios, el hombre es juzgado y perfeccionado, y, luego, finalmente, es llevado al reino. Solo las palabras de Dios pueden proveer la vida del hombre, y solo las palabras de Dios pueden dar luz al hombre y una senda de práctica, especialmente en la Era del Reino. Siempre que no te apartes de la realidad de las palabras de Dios, y comas y bebas a diario Sus palabras, Dios podrá perfeccionarte.

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 402

No se puede apresurar la búsqueda de la vida; el crecimiento de la vida no ocurre solo en uno o dos días. La obra de Dios es normal y práctica, y necesariamente pasa por un proceso. Al Jesús encarnado le tomó treinta y tres años y medio completar Su obra de crucifixión; entonces, ¿qué hay de la purificación del hombre y de la transformación de su vida, una obra de la mayor dificultad? No es tarea fácil hacer a un hombre normal que manifieste a Dios. Esto es particularmente cierto para las personas que nacen en la nación del gran dragón rojo, que son de bajo calibre y necesitan un largo período con las palabras y la obra de Dios. Así pues, no os impacientéis por ver resultados. Debes ser proactivo al comer y beber las palabras de Dios e invertir mayor esfuerzo en ellas. Al terminar de leer Sus palabras, debes ser capaz de ponerlas en práctica real, creciendo en conocimiento, perspicacia, discernimiento y sabiduría en las palabras de Dios. Al hacerlo, cambiarás sin darte cuenta. Si eres capaz de tomar como tu principio el comer y beber las palabras de Dios, leerlas, llegar a conocerlas, experimentarlas y practicarlas, madurarás sin darte cuenta. Hay quienes dicen que no son capaces de poner en práctica las palabras de Dios, incluso después de leerlas. ¿Qué prisa tienes? Cuando alcances cierta estatura, serás capaz de poner en práctica Sus palabras. ¿Acaso un niño de cuatro o cinco años diría que no es capaz de apoyar u honrar a sus padres? Deberías saber qué tan grande es tu estatura actual. Pon en práctica lo que puedas poner en práctica, y evita ser alguien que interrumpe la gestión de Dios. Simplemente come y bebe las palabras de Dios, y, de ahora en adelante, asume esto como tu principio. No te preocupes, por ahora, acerca de si Dios puede hacerte completo. No profundices todavía en eso. Simplemente come y bebe las palabras de Dios a medida que vienen a ti, y, seguramente, Dios te hará completo. Sin embargo, hay un principio por el cual debes comer y beber Sus palabras. No lo hagáis a ciegas. Por un lado, al comer y beber las palabras de Dios, busca las palabras que debes llegar a conocer; es decir, aquellas relacionadas con las visiones. Por otro, busca aquello que debes poner en práctica real; es decir, aquello en lo que debes entrar. Un aspecto se refiere al conocimiento y el otro se refiere a la entrada. Una vez que hayas comprendido ambos —cuando hayas comprendido lo que debes conocer y lo que debes practicar— sabrás cómo comer y beber las palabras de Dios.

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 403

De cara al futuro, hablar de las palabras de Dios debe ser el principio por el cual hablas. Habitualmente, cuando os reunís, debéis conversar sobre las palabras de Dios y tomar Sus palabras como el contenido de vuestras interacciones, y hablar sobre lo que sabes acerca de estas palabras, cómo las pones en práctica y cómo obra el Espíritu Santo. Siempre que comuniques las palabras de Dios, el Espíritu Santo te iluminará. Alcanzar el mundo de las palabras de Dios requiere la cooperación del hombre. Si no entras en esto, Dios no tendrá forma de obrar; si mantienes la boca cerrada y no hablas sobre Sus palabras, Él no tendrá forma de iluminarte. Cuandoquiera que no te encuentres ocupado, habla sobre las palabras de Dios ¡y no simplemente participes en conversaciones inútiles! Deja que tu vida se llene con las palabras de Dios: solo entonces serás un creyente devoto. No importa si tu conversación es superficial. Sin lo superficial no puede haber profundidad. Debe haber un proceso. Por medio de tu entrenamiento, comprenderás la iluminación del Espíritu Santo sobre ti y cómo comer y beber las palabras de Dios eficazmente. Después de un intervalo de investigación, entrarás en la realidad de las palabras de Dios. Solo si tienes la determinación de cooperar podrás recibir la obra del Espíritu Santo.

De los principios de comer y beber las palabras de Dios, uno se relaciona con el conocimiento y, el otro, con la entrada. ¿Qué palabras deberías llegar a conocer? Deberías llegar a conocer las palabras que se relacionan con las visiones (por ejemplo, las relacionadas con en qué era ha entrado ahora la obra de Dios, qué es lo que Dios desea lograr ahora, qué es la encarnación, etcétera; todas ellas están relacionadas con las visiones). ¿A qué se refiere senda en la que el hombre debe entrar? Se refiere a las palabras de Dios que el hombre debe practicar y en las cuales debe entrar. Esos son los dos aspectos relacionados con comer y beber las palabras de Dios. A partir de ahora, come y bebe las palabras de Dios de esta manera. Si tienes una comprensión clara de Sus palabras relacionadas con las visiones, entonces no hay necesidad de que sigas leyendo todo el tiempo. De importancia primordial es comer y beber más las palabras relacionadas con la entrada; por ejemplo, cómo volcar tu corazón a Dios, cómo aquietar tu corazón en presencia de Dios y cómo renunciar a la carne. Eso es lo que deberías poner en práctica. Sin saber cómo comer y beber las palabras de Dios la verdadera comunicación resulta imposible. Una vez que sabes cómo comer y beber Sus palabras, cuando has comprendido lo que es esencial, la comunicación será libre, y sea cual sea el asunto que surja, podrás comunicar y comprender la realidad. Si, cuando comunicas las palabras de Dios, no posees realidad, entonces no has comprendido lo que es esencial, lo cual muestra que no sabes cómo comer y beber Sus palabras. A algunas personas puede resultarles cansado leer las palabras de Dios, lo cual no es un estado normal. Lo que es normal es que nunca te canses de leer las palabras de Dios, que siempre tengas sed de ellas y siempre pienses que las palabras de Dios son buenas. Así es como alguien que en verdad ha entrado come y bebe las palabras de Dios. Cuando sientes que las palabras de Dios son extremadamente prácticas y que son justamente aquello en lo que el hombre debe entrar; cuando sientes que Sus palabras son enormemente útiles y beneficiosas para el hombre, y que son la provisión de la vida del hombre, es el Espíritu Santo el que te brinda este sentimiento y es el Espíritu Santo el que te mueve. Esto demuestra que el Espíritu Santo está obrando en ti y que Dios no se ha apartado de ti. Al ver que Dios siempre está hablando, algunas personas se cansan de Sus palabras y piensan que no tiene ninguna consecuencia leerlas o no. Ese no es un estado normal. No poseen un corazón sediento de entrar en la realidad y esas personas no tienen sed ni le dan importancia a ser perfeccionadas. Cada vez que te des cuenta de que no tienes sed de las palabras de Dios, eso muestra que no te encuentras en un estado normal. En el pasado, podía determinarse si Dios se había apartado de ti si sentías paz interior y experimentabas gozo. Ahora la clave es si tienes sed de las palabras de Dios, si Sus palabras son tu realidad, si eres fiel y si eres capaz de hacer todo lo que puedas por Dios. En otras palabras, el hombre es juzgado por la realidad de las palabras de Dios. Dios dirige Sus palabras a toda la humanidad. Si estás dispuesto a leerlas, Él te esclarecerá, pero si no es así, no lo hará. Dios esclarece a los que tienen hambre y sed de justicia, y a los que lo buscan. Algunos dicen que Dios no los esclareció incluso después de haber leído Sus palabras. Pero ¿cómo leíste estas palabras? Si lees Sus palabras como un hombre a caballo que mira las flores y no le da importancia a la realidad, ¿cómo podría Dios esclarecerte? ¿Cómo puede alguien que no atesora las palabras de Dios ser perfeccionado por Él? Si no atesoras las palabras de Dios, entonces no poseerás ni la verdad ni la realidad. Si atesoras Sus palabras, entonces serás capaz de practicar la verdad, y solo entonces poseerás la realidad. Por esta razón tienes que comer y beber las palabras de Dios en todo momento, ya sea que estés ocupado o no, ya sea que las circunstancias sean adversas o no, y ya sea que estés siendo probado o no. En resumidas cuentas, las palabras de Dios son el fundamento de la existencia del hombre. Nadie puede alejarse de Sus palabras, pero sí debe comer de Sus palabras como si fueran las tres comidas del día. ¿Podría ser tan fácil ser perfeccionado y ganado por Dios? Bien sea que comprendas o no en el presente y que tengas o no un entendimiento claro de la obra de Dios, debes comer y beber las palabras de Dios tanto como te sea posible. Esto es entrar de una manera proactiva. Después de leer las palabras de Dios, apresúrate a poner en práctica aquello en lo que puedes entrar, y haz a un lado momentáneamente aquello en lo que no. Tal vez no puedas entender muchas de las palabras de Dios al principio, pero después de dos o tres meses, e, incluso, quizá después de un año, lo harás. ¿Cómo puede ser esto? Se debe a que Dios no puede perfeccionar al hombre en un día o dos. La mayoría de las veces, cuando lees Sus palabras, puede que no las entiendas de inmediato. En ese momento, puede parecerte que no son más que un simple texto; debes experimentarlas por un tiempo antes de poder entenderlas. Como Dios ha hablado mucho, debes hacer tu máximo esfuerzo por comer y beber Sus palabras y, luego, sin que te des cuenta, llegarás a entender, y, sin que lo notes, el Espíritu Santo te esclarecerá. Cuando el Espíritu Santo esclarece al hombre, a menudo sucede sin que el hombre se dé cuenta de ello. Él te esclarece y te guía cuando tienes sed y buscas. El principio por el cual obra el Espíritu Santo se centra en las palabras de Dios que comes y bebes. Todos aquellos que no dan ninguna importancia a las palabras de Dios y siempre tienen una actitud diferente hacia ellas —pensando, en su aturdimiento, que es cuestión de indiferencia si leen o no Sus palabras— son los que no poseen la realidad. Ni la obra del Espíritu Santo ni Su esclarecimiento pueden ser percibidos en ellos. Tales personas simplemente van por la vida sin hacer esfuerzo, y son impostores sin verdaderas aptitudes, como el señor Nanguo, de la parábola[a].

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Nota al pie:

a. El texto original no contiene la frase “de la parábola”.

Palabras diarias de Dios Fragmento 404

Cuando las palabras de Dios se pronuncian, de inmediato debes recibirlas y comer y beber de ella. No importa cuánto entiendas, el punto de vista al que debes aferrarte es a comer y beber, conocer y practicar Sus palabras. Esto es algo que debes poder hacer. No te preocupes sobre cuán grande puede llegar a ser tu estatura; simplemente céntrate en comer y beber Sus palabras. Esto es aquello con lo que el hombre debe cooperar. Tu vida espiritual consiste, principalmente, en entrar en la realidad de comer y beber las palabras de Dios y ponerlas en práctica. Lo demás no es tu asunto. Los líderes de la iglesia deben ser capaces de guiar a todos los hermanos y hermanas para que sepan cómo comer y beber las palabras de Dios. Esta es la responsabilidad de cada líder de la iglesia. Ya sean jóvenes o viejos, todos deben considerar que comer y beber las palabras de Dios es de gran importancia y deben tener Sus palabras en su corazón. Entrar en esta realidad significa entrar en la Era del Reino. Hoy, la mayoría de las personas sienten que no pueden vivir sin comer y beber las palabras de Dios, y sienten que Sus palabras son nuevas, independientemente del momento. Esto significa que están comenzando a entrar en el camino correcto. Dios usa las palabras para llevar a cabo Su obra y proveer al hombre. Cuando todos anhelen las palabras de Dios y tengan sed de ellas, la humanidad entrará en el mundo de Sus palabras.

Dios ha hablado mucho. ¿Cuánto has llegado a conocer? ¿Cuánto has entrado en ello? Si un líder de la iglesia no ha guiado a sus hermanos y hermanas a la realidad de las palabras de Dios, ¡entonces habrá sido negligente en su deber y habrá fracasado en cumplir sus responsabilidades! Ya sea que tu entendimiento sea profundo o superficial, e independientemente de lo grande sea tu entendimiento, debes saber cómo comer y beber Sus palabras; debes prestar gran atención a Sus palabras y comprender la importancia y la necesidad de comerlas y beberlas. Ya que Dios ha hablado tanto, si no comes y bebes Sus palabras ni tratas de buscar o de poner en práctica Sus palabras, no se puede considerar que crees en Dios. Puesto que tú crees en Dios, debes comer y beber Sus palabras, experimentar Sus palabras y vivir Sus palabras. ¡Solo esto puede llamarse creer en Dios! Si dices con la boca que crees en Dios, mas no eres capaz de poner en práctica ninguna de Sus palabras o producir algún tipo de realidad, a esto no se le llama creer en Dios. Esto es “buscar pan para saciar el hambre”. Hablar únicamente de testimonios triviales, cosas inútiles y cuestiones superficiales, sin tener ni siquiera un mínimo de realidad, esto no es creer en Dios, y tú simplemente no has captado la manera correcta de creer en Dios. ¿Por qué debes comer y beber tantas palabras de Dios como te sea posible? Si no comes ni bebes Sus palabras y solo buscas ascender al cielo, ¿es eso creer en Dios? ¿Cuál es el primer paso que debe dar el que cree en Dios? ¿A través de qué senda Dios perfecciona al hombre? ¿Puedes ser perfeccionado sin comer ni beber las palabras de Dios? ¿Puedes ser considerado una persona del reino sin que las palabras de Dios sirvan como tu realidad? ¿Qué significa exactamente creer en Dios? Quienes creen en Dios deberían, al menos, tener un buen comportamiento en lo externo; lo más importante de todo es poseer las palabras de Dios. No importa lo que suceda, nunca puedes darle la espalda a Sus palabras. Conocer a Dios y cumplir Sus intenciones se logra a través de Sus palabras. En el futuro, cada nación, denominación, religión y sector será conquistado a través de las palabras de Dios. Dios hablará directamente, y toda la gente sostendrá las palabras de Dios en sus manos, y por medio de esto la humanidad será perfeccionada. Por dentro y por fuera, las palabras de Dios lo impregnan todo: la humanidad hablará de las palabras de Dios con la boca, practicará de acuerdo con las palabras de Dios, mantendrá las palabras de Dios en su interior, y tendrá impregnadas las palabras de Dios tanto por dentro como por fuera. Así será perfeccionada la humanidad. Aquellos que cumplen las intenciones de Dios y son capaces de dar testimonio de Él, ellos son quienes tienen las palabras de Dios como su realidad.

Entrar en la Era de la Palabra —la Era del Reino Milenario— es la obra que se está llevando a cabo actualmente. A partir de ahora, practicad conversar sobre las palabras de Dios. Solo a través de comer y beber Sus palabras, y de experimentarlas, podrás vivir las palabras de Dios. Debes producir cierta experiencia práctica para poder convencer a otros. Si no puedes vivir la realidad de las palabras de Dios, ¡nadie será persuadido! Todos los que son usados por Dios pueden vivir la realidad de las palabras de Dios. Si no puedes producir esta realidad y dar testimonio de Dios, esto muestra que el Espíritu Santo no ha obrado en ti y que no has sido perfeccionado. Esta es la importancia de las palabras de Dios. ¿Tienes un corazón sediento de las palabras de Dios? Los que tienen sed de las palabras de Dios están sedientos de la verdad, y solo las personas así son bendecidas por Dios. En el futuro, hay muchas más palabras que Dios dirá a todas las religiones y todas las denominaciones. Él primero habla y emite Su voz entre vosotros para haceros completos antes de seguir adelante para hablar y expresar Su voz entre los gentiles para conquistarlos. A través de Sus palabras, todos serán sincera y totalmente convencidos. A través de las palabras de Dios y Sus revelaciones, el carácter corrupto del hombre disminuye, él adquiere la apariencia de un hombre y su carácter rebelde se reduce. Las palabras obran con autoridad sobre el hombre y conquistan al hombre dentro de la luz de Dios. La obra que Dios lleva a cabo en la era actual, así como los momentos decisivos de Su obra, todo ello puede encontrarse dentro de Sus palabras. Si no lees Sus palabras, no entenderás nada. A través de comer y beber Sus palabras, y a través de participar en conversación con tus hermanos y hermanas, y por medio de tus experiencias reales, obtendrás el conocimiento pleno de las palabras de Dios. Solo entonces podrás vivir verdaderamente su realidad.

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 405

Con anterioridad dije que “Todos los que se enfocan en contemplar señales y prodigios serán abandonados; no son ellos los que serán perfeccionados”. He pronunciado muchas palabras; sin embargo, el hombre no tiene el menor conocimiento de esta obra, y, llegado este punto, la gente sigue pidiendo señales y prodigios. ¿Acaso tu fe en Dios consiste solo en la búsqueda de señales y prodigios, o es para obtener vida? Jesús también pronunció muchas palabras y algunas de ellas todavía tienen que cumplirse. ¿Puedes afirmar que Jesús no es Dios? Dios dio testimonio de que Él era el Cristo y el amado Hijo de Dios. ¿Puedes negar esto? Hoy, Dios solo pronuncia palabras, y si no tienes conocimiento pleno de esto, no puedes permanecer firme. ¿Crees en Él porque es Dios, o lo haces basándote en si Sus palabras se han cumplido o no? ¿Crees en señales y prodigios, o en Dios? Hoy Él no muestra señales y prodigios. ¿Es, realmente, Dios? Si las palabras que pronuncia no se cumplen, ¿es, realmente, Dios? ¿Queda Su esencia determinada por el hecho de que las palabras que pronuncia se cumplan o no? ¿Por qué algunos están siempre esperando el cumplimiento de las palabras de Dios antes de creer en Él? ¿No significa esto que no lo conocen? Todos los que poseen este tipo de nociones son los que niegan a Dios. Usan nociones para medir a Dios; si Sus palabras se cumplen, creen en Él, y, si no, no creen en Él, y siempre buscan señales y prodigios. ¿Acaso no son estas personas los fariseos de los tiempos modernos? Que seas capaz de permanecer firme depende de que conozcas al Dios práctico. ¡Esto es crucial! Cuanto mayor sea la realidad de la palabra de Dios en ti, mayor será tu conocimiento de la realidad de Dios, y más capaz serás de permanecer firme durante las pruebas. Cuanto más te enfoques en ver señales y prodigios, menos capaz serás de permanecer firme y caerás en medio de las pruebas. Las señales y los prodigios no son el fundamento; solo la realidad de Dios es la vida. Algunos no conocen los efectos que la obra de Dios tendrá. Pasan los días desconcertados, sin buscar el conocimiento de la obra de Dios. El objetivo de su búsqueda consiste solo en hacer que Dios cumpla sus deseos, y solo entonces serán serios en su creencia. Dicen que buscarán la vida si las palabras de Dios se cumplen, pero que, si no lo hacen, no hay posibilidad de que busquen la vida. El hombre piensa que la fe en Dios consiste en buscar contemplar señales y prodigios, y buscar ascender al cielo y al tercer cielo. Ninguno de ellos afirma que su fe en Dios consista en la búsqueda de la entrada en la realidad, la búsqueda de la vida y la búsqueda de ser ganado por Dios. ¿Qué valor tiene una búsqueda así? Los que no buscan el conocimiento y la satisfacción de Dios son los que no creen en Él; ¡los que blasfeman contra Él!

¿Entendéis ahora lo que es creer en Dios? ¿Acaso significa contemplar señales y prodigios? ¿Significa ascender al cielo? Creer en Dios no es, para nada, fácil. Esas prácticas religiosas deben ser eliminadas; buscar la sanación de los enfermos y la expulsión de demonios, enfocarse en señales y prodigios, codiciar más de la gracia, la paz y el gozo de Dios, buscar las perspectivas y comodidades de la carne, estas son prácticas religiosas, y esas prácticas religiosas son una forma vaga de creencia. ¿Qué es, hoy, creer realmente en Dios? Es aceptar Su palabra como la realidad-vida y conocer a Dios a partir de Su palabra para lograr un amor verdadero hacia Él. Para decirlo con claridad: creer en Dios tiene como propósito que puedas obedecerle, amarle y llevar a cabo el deber que debe realizar una criatura de Dios. Este es el objetivo de creer en Dios. Debes obtener el conocimiento de la hermosura de Dios, de cuán digno de veneración Él es, de cómo Él lleva a cabo la obra de salvación y perfeccionamiento en Sus criaturas; esto es lo esencial de tu fe en Dios. Creer en Dios es, principalmente, el cambio de una vida de la carne a una vida de amar a Dios; de vivir dentro de la corrupción a vivir dentro de la vida de las palabras de Dios. Es dejar de estar bajo el campo de acción de Satanás y vivir bajo el cuidado y la protección de Dios; es ser capaz de lograr obedecer a Dios y no a la carne; es permitir que Él gane la totalidad de tu corazón, permitirle que te perfeccione y liberarte del carácter satánico corrupto. Creer en Dios tiene como objetivo, principalmente, que Su poder y Su gloria puedan manifestarse en ti, que puedas llevar a cabo Su voluntad, que cumplas Su plan y seas capaz de dar testimonio de Él delante de Satanás. La fe en Dios no debería girar alrededor del deseo de contemplar señales y prodigios ni tener como propósito el beneficio de tu carne personal. Debe consistir en buscar conocer a Dios y ser capaz de obedecerle, y, como Pedro, obedecerle hasta la muerte. Estas son las metas principales de la fe en Dios. Se come y bebe la palabra de Dios para conocerle y satisfacerle. Comer y beber la palabra de Dios te proporciona un mayor conocimiento de Él y solo después de esto puedes obedecerle. Solo teniendo conocimiento de Dios puedes amarle, y esta es la meta que el hombre debería tener en su fe en Dios. Si, en tu fe en Dios, siempre estas intentando contemplar señales y prodigios, el punto de vista de esta fe en Dios es erróneo. Creer en Dios es, sobre todo, la aceptación de Su palabra como la realidad-vida. La meta de Dios solo se logra poniendo en práctica las palabras provenientes de Su boca y llevándolas a cabo en tu interior. En su fe en Dios, el hombre debería esforzarse por que Dios lo perfeccione, por ser capaz de someterse a Él y por obedecerlo plenamente. Si puedes obedecer a Dios sin quejarte, tener en cuenta Sus deseos, alcanzar la estatura de Pedro y poseer el estilo de Pedro del que Dios habla, ese será el momento en el que habrás tenido éxito en tu fe en Dios, y esto significará que Dios te ha ganado.

Extracto de ‘Todo se logra por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

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