Adiós a mi sueño de ser estrella

Por Zhang Fan, Estados Unidos

Dios Todopoderoso dice: “Como una de las criaturas, el hombre debe mantener su propia posición comportarse concienzudamente y guardar con sumisión aquello que el Creador le ha confiado. El hombre no debe actuar de forma inaceptable ni hacer cosas más allá de su registro de capacidad, ni las que son aborrecibles para Dios. El hombre no debe tratar de ser grande, excepcional ni estar por encima de los demás, ni buscar volverse Dios. Así es como las personas no deberían desear ser. Buscar ser grande o excepcional es absurdo. Procurar convertirse en Dios es incluso más vergonzoso; es repugnante y despreciable. Lo que es elogiable, y a lo que las criaturas deberían aferrarse más que a cualquier otra cosa, es a convertirse en una verdadera criatura; este es el único objetivo que todas las personas deberían perseguir” (‘Dios mismo, el único I’ en “La Palabra manifestada en carne”). Leer estas palabras de Dios me conmueve mucho. Me recuerda algunas experiencias que he tenido.

Las artes escénicas me encantaron desde pequeña, y admiraba a las celebridades y estrellas de cine. Me impresionaba la forma en que subían al escenario para que todos las adoraran y admiraran. Me inscribí en una escuela de teatro incluso antes de terminar la escuela secundaria, y, tres años después, era actriz. En cada actuación, me gratificaba ver a toda esa gente en el público que se concentraba en nosotros cuando actuábamos. Tras empezar a creer en Dios, cumplí con mi deber como actriz, e interpreté algunos papeles en películas producidas por la iglesia. Me alegraba mucho cuando los hermanos y las hermanas me decían que era buena actriz, y pensaba: “Si pudiera protagonizar una película, todos me verían, y seguro que todos me admirarían. ¡Sería maravilloso!”

Tiempo después, cuando la iglesia preparaba otra película, un hermano me dijo que hiciera la audición para un papel. Pensé que, como ya era actriz y tenía algo de experiencia, sin dudas lo conseguiría. Después, esperé alegremente a que el líder me notificara que iba a participar en la filmación. Durante esos pocos días, imaginaba la escena en que todos me miraban con admiración. Este pensamiento me hacía muy feliz. Pero unos pocos días después, el líder me dijo que no había pasado la audición y que debía unirme al equipo de evangelización, porque necesitaban gente. Estaba sorprendida y me resistía. Me preguntaba: “¿Cómo es que no me eligieron? He interpretado papeles importantes en el pasado, y los demás dijeron que lo hice bien. ¿Por qué no me eligieron? ¿Se equivocaron? No puedo sobresalir ni presumir en el trabajo de evangelización. No tiene la gloria que tiene ser actriz”. Cuanto más lo pensaba, más resistencia sentía, y simplemente no podía aceptar ese resultado. Pero pensé que compartir el evangelio es la voluntad de Dios, y es una responsabilidad que debía asumir. Debía tener conciencia y razón, debía someterme, así que acepté de mala gana. Aunque compartía el evangelio, siempre pensaba en que los hermanos y las hermanas me habían admirado cuando actuaba, y, especialmente cuando veía a aquellos con los que había actuado en una película, me sentía muy envidiosa. Pensaba: “Sería genial si pudiera volver al deber de actuación. Así, sería como ellos, podría actuar en películas todo el tiempo. Los hermanos y las hermanas que me conocen me verían y me admirarían. ¿Por qué no me eligieron?”. Cuanto más lo pensaba, más sufría. No asumía la responsabilidad en mi deber, y no me concentraba en equiparme con verdades para la obra de evangelización. Ante una pregunta de alguien que buscaba e investigaba la obra de Dios de los últimos días, no sabía sobre qué verdades hablar para responder. De a poco, empecé a sentirme cada vez más lejos de Dios, y cuando leía las palabras de Dios, me faltaba el esclarecimiento del Espíritu Santo. No podía sentir la presencia de Dios cuando oraba, tampoco, y mi mente era un torbellino constante. En mi sufrimiento, acudí a Dios en oración y le dije: “Oh, Dios, de verdad estoy sufriendo. Solo quiero cumplir con mi deber como actriz, mostrar lo que puedo hacer, y no puedo someterme a lo que has organizado. Por favor, guíame para que me conozca y comprenda Tu voluntad”.

Leí estos dos fragmento de las palabras de Dios después de orar: “¿Cuál es la verdadera sumisión? Cuando Dios hace algo de acuerdo a tus deseos y sientes que todo es satisfactorio y adecuado, y se te permite destacar, sientes que es muy glorioso y dices ‘gracias a Dios’ y eres capaz de someterte a las orquestaciones y disposiciones de Dios. Sin embargo, cuando se te asigna a un lugar poco llamativo en el que nunca puedes destacar, en el que nadie te da reconocimiento, entonces dejas de sentirte feliz y te parece difícil someterte. […] Someterse bajo circunstancias favorables por lo general es fácil. Si también te puedes someter bajo circunstancias adversas, aquellas que van en contra de tu voluntad, que hieren tus sentimientos, que te debilitan, que te hacen sufrir en la carne y tener vergüenza, que no pueden satisfacer tu vanidad ni tu orgullo, que te hacen sufrir en tu corazón, entonces de verdad tienes estatura” (La comunión de Dios). “Y tan pronto como involucre posición, prestigio o reputación, el corazón de todos salta de emoción y cada uno quiere siempre sobresalir, ser famoso y ser reconocido. Nadie está dispuesto a ceder; en cambio, todos quieren siempre competir, aunque competir sea vergonzoso y no se permita en la casa de Dios. Sin embargo, si no hay controversia, no te sientes contento. Cuando ves que alguien sobresale, te pones celoso, sientes odio, te quejas y sientes que es injusto. ‘¿Por qué yo no puedo sobresalir? ¿Por qué siempre es aquella persona la que logra sobresalir y nunca es mi turno?’ Luego surge el resentimiento en ti. Tratas de reprimirlo, pero no puedes. Oras a Dios y te sientes mejor por un rato, pero, después, tan pronto como te encuentras nuevamente con este tipo de situación, no puedes superarla. ¿No muestra esto una estatura inmadura? ¿No es una trampa la caída de una persona en tales estados? Son los grilletes de la naturaleza corrupta de Satanás que atan a los humanos” (‘Puedes obtener la verdad después de entregarle tu verdadero corazón a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Tras leer las palabras de Dios, me di cuenta de que no podía someterme a los arreglos de Dios porque mi deseo de reputacióny estatus era demasiado fuerte, y siempre quería ser famosa. Cuando la iglesia organizó que fuera actriz, podía estar frente a la cámara y presumir, por eso acepté con alegría y obedecí. Pero ahora que me pedían que difundiera el evangelio, la idea de no poder sobresalir ni presumir en mi deber y de que, sin importar cuánto hiciera, nadie lo vería, hacía que me resistiera y no pudiera someterme. Aunque parecía que compartía el evangelio, mi cabeza estaba llena de pensamientos sobre mis gloriosos días como actriz, y cuando pensaba en que ya no lo podía hacer, me sentía alterada y perjudicada. Cumplía con mi deber de evangelización por inercia, pero era negativa y haragana, y no lograba nada. Estaba al tanto de que difundir el evangelio era el ávido deseo de Dios, y de que ya fuera actuando o compartiendo el evangelio, todo era dar testimonio de la obra de Dios de diferentes modos. No era la indicada para ese papel, por eso el líder organizó que hicieratrabajo de evangelización. También era mi deber, por eso debía aceptarlo y volcar mi corazón para hacerlo bien. Pero no consideraba la voluntad de Dios. Quería mi propia elección personal en mi deber, y solo tenía en cuenta si podía presumir y hacer que otros me admiraran. Solo pensaba en satisfacer mis propias ambiciones y deseos. Cumplía con mi deber en apariencia, pero, en la realidad, buscaba mi propia reputación y estatus sin una pizca de sumisión a Dios. ¿No era eso resistir a Dios e intentar hacerle trampa? ¿Cómo no iba eso a despertar el desagrado y el odio de Dios?

Después de eso, oré a Dios y hallé un camino de práctica en Sus palabras. Esto dicen las palabras de Dios: “Si deseas dedicarte en todo lo que haces para cumplir la voluntad de Dios, entonces no puedes realizar meramente un deber; debes aceptar cualquier comisión que Dios te encomiende. Ya sea que concuerde con tus gustos o no, que corresponda a tus intereses, que sea algo que no disfrutes o que nunca hayas hecho o algo difícil, aun así, debes seguir aceptándolo y someterte. No solo debes aceptarlo, sino que debes cooperar proactivamente, aprender de ello y lograr la entrada. Incluso si sufres y no has podido destacar y brillar, aun así debes seguir mostrando tu devoción. Debes verlo como el deber que tienes que cumplir; no como un asunto personal, sino como tu deber. ¿Cómo deben entender las personas sus deberes? Es cuando el Creador, Dios, le da a alguien una tarea que tiene que realizar y, en ese momento, surge el deber de esa persona. Las tareas que Dios te da, las comisiones que Dios te da, esos son tus deberes. Cuando los persigues como tus objetivos y de verdad tienes un corazón que ama a Dios, ¿puedes seguir rechazando la comisión de Dios? No debes rechazarla. Debes aceptarla, ¿de acuerdo? Esta es la senda de práctica” (‘Sólo se puede ser verdaderamente feliz siendo una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Vi en las palabras de Dios que un deber es la comisión de Dios para alguien, es una responsabilidad que no se puede eludir. Nos guste o no, podamos presumir o no, deberíamos aceptarla, someternos y volcarnos a ella por completo. No podía tratar mi deber como si fuera mi propia empresa para apaciguar mi deseo salvaje de sobresalir. Debía anteponer los intereses de la casa de Dios y mis responsabilidades, ponerme en el lugar de un ser creado y someterme a los arreglos de Dios. Después, me equipé diligentemente con los principios de la verdad para la obra de evangelización y oraba a Dios cuando hallaba dificultades. Acudí a hermanos y hermanas para buscar y conversar cuando no entendía algo. Sin que me diera cuenta, mi estado había mejorado, y vi la guía y las bendiciones de Dios en mi deber. Empecé a ver resultados. Después de haber vivido esto, sentí que podía practicar un poco de la verdad, que podía dejar de querer ser actriz y sobresalir. También sentía que empezaba a obedecer a Dios. Pero entonces, algo sucedió, y volvió a aparecer en mi mente el deseo de reputación y estatus.

Un día, el líder me dijo que me necesitaban para un video musical. Me alegró mucho oír esto, y pensé: “Si esta vez me eligen para un protagónico, muchos hermanos y hermanas me verán cuando terminemos de filmar y esté en Internet. ¡Qué glorioso! ¡Qué oportunidad de presumir! Estas oportunidades son escasas. Debo hacer mi mayor esfuerzo”. Cuanto más lo pensaba, más feliz me sentía, y me dirigí alegremente a la filmación. Sin embargo, para mi sorpresa, solo aparecería en unos pocos segundos de toda la filmación, y mi papel era el de una trabajadora religiosa que informaba sobre una hermana que compartía el evangelio de los últimos días. Estaba devastada. Con un papel así, que apenas aparecía unos segundos y se veía tan feroz, me preguntaba qué pensarían de mí los hermanos y las hermanas cuando lo vieran. Durante la filmación, me quejé con un par de hermanos: “¿Por qué nos hacen interpretar papeles tan desagradables…?”. No había terminado de hablar, y uno de ellos dijo: “Hermana, se necesita todo tipo de papeles para este video musical. Hay un papel protagónico, y debe haber papeles de reparto. Eligen a la gente para el papel que necesitan que haga, y nosotros debemos someternos. Además, el hecho de poder ser actores y cumplir nuestro papel en la obra de evangelización de la casa de Dios nos eleva, ¡no importa qué papel interpretemos!”. Mi rostro empezó a arder cuando dijo eso. Cumplíamos exactamente el mismo deber, pero él tenía la actitud correcta. ¿Por qué yo no podía someterme? Pero me resistía, y pensaba: “Ustedes nunca fueron actores, por eso les alegra tener cualquier papel, pero yo soy diferente. Era actriz en una compañía antes, y siempre tenía buenos papeles, e interpreté papeles importantes en la casa de Dios, pero ahora debo interpretar a este personaje feroz y horrible. ¡Es tan humillante!”. Todos estaban muy entusiasmados cuando se publicó el video musical, Pero yo no lograba reunir nada de entusiasmo. Verme interpretar ese papel horrible me alteraba de un modo que no podía describir. ¿Qué pensaría de mí la gente que conocía después de que interpretara ese papel? Sabía que mi estado era equivocado, por eso, oré a Dios: “¡Oh, Dios! He estado alterada y sufriendo porque tuve que interpretar un papel de reparto, una villana, y no he podido someterme. Por favor, guíame para que me conozca y me someta a Tus orquestaciones y arreglos”.

Después de orar, leí estas palabras de Dios: “Hay un carácter satánico corrupto profundamente arraigado en las personas; se convierte en su vida. ¿Qué es exactamente lo que la gente busca y desea obtener? Bajo la fuerza impulsora de un carácter satánico corrupto, ¿qué ideales, esperanzas, ambiciones, metas de vida y rumbos tienen las personas? ¿No son contrarios a las cosas positivas? En primer lugar, la gente siempre quiere tener prestigio o ser famosa; desea obtener mucha fama y prestigio y honrar a sus antepasados. ¿Son positivas estas cosas? No concuerdan en absoluto con las cosas positivas; es más, son contrarias al hecho de que la ley de Dios tiene dominio sobre el destino de la humanidad. ¿Por qué digo esto? ¿Qué tipo de persona quiere Dios? ¿Quiere una persona con grandeza, famosa, noble o increíble? (No). Entonces, ¿qué tipo de persona quiere Dios? Quiere una persona que tenga los pies bien puestos en la tierra y busque ser una criatura de Dios capacitada, que pueda cumplir el deber de una criatura y pueda atenerse al sitio que debe ocupar un ser humano. […] Así pues, ¿qué le trae a las personas un carácter satánico corrupto? (Oposición a Dios). ¿Qué sale de las personas que se oponen a Dios? (Dolor). ¿Dolor? ¡Destrucción! El dolor no es ni la mitad. Lo que ves ante tus ojos es dolor, negatividad, debilidad, resistencia y agravios. ¿Qué consecuencia traerán estas cosas? ¡La aniquilación! Esto no es un asunto menor ni un juego” (“Registros de las pláticas de Cristo”). Tras leer esto, reflexioné sobre por qué siempre quise tener un papel protagónico. Era para que otros me admiraran y me adoraran por interpretar un protagónico, como esas estrellas impías que tienen un séquito adonde vayan y cuyos movimientos son seguidos e imitados. Pensaba que era la única forma gloriosa en que valía la pena vivir, mientras que interpretar un papel pequeño, de reparto, era una desgracia. No podía ser famosa ni presumir. Por eso sufría y no podía someterme al entorno organizado por Dios. A través de la reflexión, me di cuenta de que la razón de esa búsqueda era que me habían impactado venenos satánicos tales como: “Distinguirse y honrar a los antepasados”, “Al igual que un árbol vive por su corteza, el hombre vive por su rostro”, y “Hazte fama y échate a dormir”. Me parecían búsquedas positivas, y sentía que debía intentar sobresalir y ser admirada, pensaba que eso era tener ambición e ideales. Sobre todo, cuando veía que a las estrellas en el escenario tanta gente las adulaba, sentía que debía ser maravilloso, y sentía mucha envidia. Ansiaba ser como ellas. Por eso había querido ser actriz, ser una estrella, desde pequeña, y me había inscripto en la escuela de teatro antes de terminar la escuela secundaria. Me despertaba temprano y me acostaba tarde para practicar mis habilidades y aprender el oficio. Cuando estaba en el escenario, y el público me aplaudía fuertemente, me encantaba, sentía que valía la pena todo el sufrimiento. Tras hacerme creyente, no podía aún evitar buscar reputación y estatus. Cuando tuve mi deber como actriz, ansiaba un papel protagónico y actuar en buenas películas para que más gente me reconociera y me admirara. En el último video musical, el director me hizo interpretar un papel de villana feroz porque era lo que se necesitaba. Sentí que podía dañar mi imagen y darle a la gente una mala impresión, por eso no podía someterme, y ventilaba mis agravios subrepticiamente. ¡Era muy arrogante, y mi deseo de reputación y estatus era muy fuerte! Dios pide que nos convirtamos en seres creados calificados, que estemos centrados en nuestra búsqueda de la verdad y que cumplamos bien nuestro deber como Sus criaturas para eliminar nuestro carácter satánico y vivir una verdadera semejanza humana. Pero yo no buscaba la verdad. Siempre quería ser la protagonista, la estrella, que otros me adoraran. Quería que todos se juntaran a mi alrededor y disfrutar la gloria de interpretar un papel importante. Mi búsqueda era diametralmente opuesta a lo que Dios pide. Iba en contra de la voluntad de los Cielos. Era como esas celebridades que adoran que las persigan e imiten, que quieren que las consideren dioses, que quieren ser idolatradas. Van por un mal camino. Dios es el Creador, la humanidad debería alabar a Dios y considerarlo grandioso. Este es un principio inalterable. Pero, incluso como creyente, yo no alababa a Dios ni cumplía con mi deber en el lugar de un ser creado. Era como una impía, siempre esperaba ser famosa para que la gente me adorara y me siguiera. ¿No había estado intentando ocupar la posición de Dios, Su lugar en el corazón de las personas? ¿No había sido enemiga de Dios? Eso es algo que ofende el carácter de Dios, y sabía que si no me arrepentía, ¡sufriría el justo castigo de Dios! En ese punto, finalmente me di cuenta de lo perversa y atemorizante que era en verdad mi búsqueda constante por sobresalir y ser una estrella. También vi que mis contratiempos, no conseguir papeles protagónicos, no alcanzar mis ambiciones y deseos, era una gran protección de Dios. Cuando comprendí esto, me conmoví mucho y oré a Dios: “¡Oh, Dios! Ya no quiero resistirme a ti ni rebelarme más, y ya no me importa ser una estrella ni conseguir que otros me adoren. Solo quiero someterme a Tus orquestaciones y arreglos, estar centrada en mi búsqueda de la verdad y cumplir bien con mi deber como ser creado”.

Luego leí este fragmento de las palabras de Dios: “Como una de las criaturas, el hombre debe mantener su propia posición comportarse concienzudamente y guardar con sumisión aquello que el Creador le ha confiado. El hombre no debe actuar de forma inaceptable ni hacer cosas más allá de su registro de capacidad, ni las que son aborrecibles para Dios. El hombre no debe tratar de ser grande, excepcional ni estar por encima de los demás, ni buscar volverse Dios. Así es como las personas no deberían desear ser. Buscar ser grande o excepcional es absurdo. Procurar convertirse en Dios es incluso más vergonzoso; es repugnante y despreciable. Lo que es elogiable, y a lo que las criaturas deberían aferrarse más que a cualquier otra cosa, es a convertirse en una verdadera criatura; este es el único objetivo que todas las personas deberían perseguir” (‘Dios mismo, el único I’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios señalaban un camino de práctica para mí. Debía mantener los pies en el suelo y cumplir bien con mi deber, y, sin importar qué comisión Dios me diera, debía aceptarla, someterme y esforzarme al máximo por completarla. La iglesia filma videos para dar testimonio de Dios. Si interpreto a una heroína o a una villana, un papel protagónico o de reparto, es lo que la casa de Dios necesita. Los hermanos y las hermanas pueden asignar papeles adecuados según la apariencia y conducta de cada actor. Todo se hace con el permiso de Dios, por eso debía someterme y esforzarme en cualquier papel. A Dios no le importa si tengo un papel protagónico o de reparto, ni si mi personaje es agradable. Lo que a Él le importa es que me someta a Él en mi corazón, y si cumplo con el deber de un ser creado. Sentí que me habían quitado un peso de encima cuando comprendí esto.

Participé en algunas películas más después de eso, y siempre fui extra. A veces me alteraba porque no satisfacía mi deseo de reputación y estatus, pero oraba a Dios conscientemente y abandonaba mis motivos incorrectos, y podía someterme y entregarme a mi papel. Dejé de buscar, obstinadamente, sobresalir y convertirme en estrella. En lugar de eso, cumplía con mi deber con los pies firmes en el suelo. Todo esto lo logré a través del juicio y castigo de las palabras de Dios, y agradezco a Dios por haberme salvado.

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