9. Tener fe significa confiar en Dios

Por Cheng Cheng, Italia

Dios Todopoderoso dice: “Sólo podrás ver a Dios desde el interior de tu fe. Cuando tengas fe, Dios te perfeccionará. Sin fe, Él no puede hacerlo. Dios te concederá cualquier cosa que esperes obtener. Si no tienes fe, Dios no puede perfeccionarte y serás incapaz de ver Sus acciones, y menos aún Su omnipotencia. Cuando tengas una fe con la que puedas ver Sus acciones en tu experiencia práctica, entonces Dios aparecerá ante ti, y te esclarecerá y te guiará desde dentro. Sin esa fe, Dios no podrá hacer esto. Si has perdido la esperanza en Dios, ¿cómo podrás experimentar Su obra? Por tanto, sólo cuando tengas fe y no albergues dudas hacia Dios, cuando tu fe en Él sea verdadera, haga lo que haga, Él te esclarecerá e iluminará en tus experiencias, y sólo entonces podrás ver Sus acciones. Todas estas cosas se consiguen por medio de la fe. La fe sólo llega mediante el refinamiento, y en ausencia de refinamiento, la fe no puede desarrollarse. ¿A qué se refiere la fe? La fe es la creencia genuina y el corazón sincero que los humanos deberían poseer cuando no pueden ver ni tocar algo, cuando la obra de Dios no está en línea con las nociones humanas, cuando está más allá del alcance humano. Esta es la fe de la que hablo” (‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”). La palabra de Dios nos dice que es fundamental tener fe en Dios. No importa a qué tipo de pruebas podamos enfrentarnos ni lo grandes que sean nuestras dificultades, Dios quiere que todos crean Sus palabras y tengan fe en Él, que todos confíen en Dios y cooperen con Él. Esa es la única forma de ver el dominio omnipotente de Dios y Sus hechos mediante la experiencia. Gracias a la guía de Dios, lo he experimentado en cierta medida.

La mañana del 18 de noviembre de 2016, recibí un mensaje por internet de un anciano hermano de Italia que decía que se sentía espiritualmente agotado y que quería saber más sobre la Iglesia de Dios Todopoderoso. Al leerlo, pude sentir la urgencia de su deseo y su espera por el regreso del Señor. Empecé a comunicarme con él usando un traductor automático. Estaba decepcionado por la corrupción y la depravación de la Iglesia Católica, por lo que llevaba buscando una iglesia verdadera desde 1991. También había leído los libros de Watchman Nee y Witness Lee, pero no había logrado encontrar el sustento espiritual que buscaba. Me dijo que vivir sin el Señor era doloroso, no tenía sentido ni esperanza. Cuando encontró vídeos e imágenes de la Iglesia de Dios Todopoderoso en internet, enseguida sintió una conexión. Dijo que parecía una iglesia verdadera y que quería saber más. En todas sus palabras se veía la urgencia de su búsqueda, lo que también me hizo sentir a mí esa urgencia. ¡Eran tantas las cosas que quería decirle! Pero yo no sabía expresarlas en italiano. Quería leerle la palabra de Dios Todopoderoso, pero todavía no se había publicado la traducción al italiano. También pensé en recomendarle películas sobre el evangelio, pero tampoco estaban disponibles las versiones italianas. Y él no hablaba otros idiomas. Lo único que pude hacer fue mandarle un vídeo musical, porque la música y la danza son un idioma universal. Su ansiedad aumentó después de verlo y me dijo, en tono de súplica: “Avísame en cuanto la Iglesia tenga una web en italiano”. Al leer ese mensaje, recordé algo que dijo Dios Todopoderoso: “¿Cómo transmitirás lo que has visto y experimentado a esos creyentes religiosos lastimosos, pobres y devotos, hambrientos y sedientos de justicia, y que están esperando a que tú los pastorees? ¿Qué tipo de personas están esperando a que tú las pastorees? ¿Puedes imaginarlo? ¿Eres consciente de la carga que llevas a cuestas, de tu comisión y tu responsabilidad? ¿Dónde está tu sentido de misión histórica? ¿Cómo servirás adecuadamente como autoridad en la próxima era? ¿Tienes un fuerte sentido de autoridad? ¿Cómo describirías a la autoridad de todas las cosas? ¿Es realmente el señor de todas las criaturas vivientes y todas las cosas físicas del mundo? ¿Qué planes tienes para el progreso de la siguiente fase de la obra? ¿Cuántas personas están esperando a que seas su pastor? ¿Es pesada tu tarea? Son pobres, lastimosos, ciegos, están confundidos, lamentándose en las tinieblas: ¿dónde está el camino? ¡Cómo anhelan que la luz, como una estrella fugaz, descienda repentinamente y disperse a las fuerzas de la oscuridad que han oprimido a los hombres durante tantos años! ¿Quién puede conocer el alcance total de la ansiedad con la que esperan, y cómo anhelan día y noche esto? Incluso cuando la luz les pase por delante, estas personas que sufren profundamente permanecen encarceladas en una mazmorra oscura, sin esperanza de liberación; ¿cuándo dejarán de llorar? Es terrible la desgracia de estos espíritus frágiles que nunca han tenido reposo y han estado mucho tiempo atrapados en este estado por ataduras despiadadas e historia congelada. Y ¿quién ha oído los sonidos de sus gemidos? ¿Quién ha contemplado su estado miserable? ¿Has pensado alguna vez cuán afligido e inquieto está el corazón de Dios? ¿Cómo puede soportar Él ver a la humanidad inocente, que creó con Sus propias manos, sufriendo tal tormento?” (‘¿Cómo deberías ocuparte de tu misión futura?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer estas palabras, entendí que Dios nos ha encargado difundir el evangelio y dar testimonio, pero incluso ante la urgencia de esta petición de Dios, sentía que mis manos estaban atadas. No podía dar testimonio de la obra de Dios de los últimos días. No podía ayudar a aquel hermano, que llevaba años perdido en la oscuridad y agarrándose a un clavo ardiendo, a obtener el sustento de la palabra de Dios. Me sentía muy mal. Prácticamente quería llorar al ver sus mensajes, sentía que yo estaba entre la espada y la pared. Si retrocedía, estaría retrasando su investigación del verdadero camino que buscaba y añoraba. Si avanzaba, tenía que confiar en herramientas de traducción imprecisas porque yo no hablaba italiano. A veces las traducciones eran malas incluso con cosas sencillas, por no hablar de términos espirituales. ¿Cómo podíamos comunicarnos? Me sentía como una muda. Tenía los ojos abiertos, pero no podía hacer nada. También pensé en buscar a un hermano o una hermana que hablase italiano, pero no encontraba a nadie a la altura. Estaba totalmente perdida en aquel momento y pensé: “Lo único que sé decir en italiano es ‘hola’ y ‘adiós’. Por mucho que me esfuerce, nunca conseguiré dar testimonio de la obra de Dios de los últimos días”. Me sentía muy deprimida.

A la mañana siguiente recibí un mensaje suyo que decía que lo primero que había pensado al levantarse era en preguntarme por la Iglesia de Dios Todopoderoso. Sus mensajes me hicieron sentir ansiedad. Levanté una oración urgente: “Oh, Dios, nunca he estudiado italiano y no sé cómo compartir el evangelio con este hermano. Dios, guíame, por favor”. Al acabar mi oración, me vino a la mente este fragmento de la palabra de Dios: “Debes tener fe en que todo está en manos de Dios, y que los humanos solo están cooperando con Él. Si tu corazón es sincero, Dios lo verá, y te abrirá todos los caminos, haciendo que las dificultades ya no sean difíciles. Esta es la fe que debes tener” (‘La entrada en la vida es sumamente importante para la fe en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). “No hace falta que os preocupéis por nada mientras cumplís con vuestro deber, siempre y cuando dediques todas tus fuerzas y pongas tu corazón en ello. Dios no te pondrá las cosas difíciles ni te obligará a hacer nada de lo que no seas capaz” (‘La entrada en la vida es sumamente importante para la fe en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). Al leer esto aumentó mi fe y mi coraje. Es cierto que todo está en la mano de Dios y que todo es posible con Él. Lo que Dios quiere de nosotros cuando hay dificultades es nuestra sinceridad y nuestra cooperación, que confiemos en Él de verdad y que hagamos lo que podamos para trabajar con Él. Entonces, Dios nos ayudará a resolver nuestros problemas. Pero, al enfrentarme a aquel problema, entendí que Dios no tenía lugar en mi corazón. Yo vivía según mis propias nociones e imaginaciones y creía que, como no hablaba italiano, no podría comunicarme normalmente con aquel hermano. Creía que era imposible ser testigo de la obra de Dios. Me había atascado en aquella dificultad, me sentía negativa y reticente. ¿Cómo iba a conseguir la guía de Dios para ser testigo de Sus hechos? Tenía que confiar en Dios de verdad y hacer todo lo que estuviese en mi mano para cooperar con Él, en la esperanza de que Él me abriría un camino. Con esa idea, pensé en unos versos de la Biblia en italiano que había recopilado dos noches antes de profetizar la obra de Dios en los últimos días. Pensé que podía usarlos para comunicarme con el hermano. Entonces, una mañana se los envié para comunicarme con él. Por la tarde recibí una agradable sorpresa: acababa de publicarse el tráiler de la versión italiana de la película El misterio de la piedad. Y se lo envié enseguida. Más tarde me dijo que entendía que la película hablaba sobre las profecías bíblicas del regreso del Señor. Me preguntó, lleno de emoción: “¿El señor ha vuelto? ¿Está en China? ¿Cómo se llama ahora?”. En ese momento, sentí que era una oveja perdida que había oído la voz de su pastor y que buscaba por todas partes de dónde venía. Contuve mis lágrimas y le respondí: “Su nombre es Dios Todopoderoso, y cumple la profecía del Apocalipsis: ‘El que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso’ (Apocalipsis 1:8)”. En ese punto vi que cada fase del dominio de Dios encaja a la perfección en la siguiente. No sabía nada en italiano más que algunos saludos, pero esta experiencia me hizo comprender que podía comunicarme fluidamente con aquel hermano con la ayuda de Dios y ya estaba viendo resultados. Entendí que todo está en manos de Dios, que debemos confiar en Dios, apoyarnos en Él y trabajar a Su lado con todo el corazón.

Más adelante me enfrenté a otra dificultad. Aquel hermano siempre me preguntaba cuándo iba a dar testimonio de la obra de Dios en los últimos días. Yo también estaba deseando hacerlo, pero seguíamos teniendo la barrera del idioma y ningún hermano ni hermana podía ayudarme. Si buscaba a un traductor que no fuese creyente, no entendería los términos espirituales y podría no hacer un buen trabajo. Al pensar en esos problemas me desesperaba. No sabía qué hacer. Aquel problema me tenía en ascuas. Alzaba la voz a Dios una y otra vez: “Oh, Dios, tengo las manos atadas. No sé qué hacer ahora, y tampoco sé qué es lo que tengo que aprender de esto. Guíame y ábreme un camino”. Tras la oración, pensé en Moisés cruzando el Mar Rojo. Moisés también sufrió todo tipo de dificultades al guiar a los israelitas desde Egipto, pero nunca perdió la fe en Dios. Oró y cooperó con Dios, y fue testigo de muchos milagros de Dios. De no ser por el Mar Rojo, por la persecución del ejército y por los cuarenta años en el desierto, ¿cómo iba a tener Moisés esa fe? ¿Cómo iba a dar testimonio? Sin enfrentarme a esas dificultades al cumplir mi deber, ¿cómo podía tener verdadera fe en Dios? Por no hablar de que no me enfrentaba a nada parecido a cruzar el Mar Rojo. Desde que conocí a ese hermano en internet, Dios siempre me ha abierto un camino y he sido testigo de muchos de Sus hechos maravillosos. Sabía que debía tener más fe en Dios y confiar más en Él. Al pensarlo, me di cuenta de repente de que Dios quería perfeccionar mi fe y mi confianza en Él a través de todas esas dificultades para permitirme entender de forma más práctica el dominio omnipotente de Dios a través de mis experiencias. Después de entender la voluntad de Dios, no tenía ninguna duda de que Dios abriría un camino para mí. Marcamos una cita para una reunión en línea y los hermanos y hermanas buscaron a una hermana de 15 años que había estudiado italiano para que sirviese de intérprete. Cuando oí que una hermana de 15 años iba a hacer de intérprete, pensé en mí y en aquella hermana tan joven. Yo también era muy joven, no llevaba mucho tiempo creyendo en Dios y nunca había predicado el evangelio. ¿Era buena idea que una chica tan joven ayudase a predicar el evangelio? Sentía mucha inseguridad. Pero cuando la oí leer la palabra de Dios en italiano con tanta fluidez y cuando me dijo que había aprendido palabras nuevas, me sentí a la vez sorprendida y avergonzada. Dios había reunido al equipo perfecto para la misión de difundir el evangelio. Eso me recordó un fragmento de la palabra de Dios: “Cuando Dios pronuncia un compromiso o una promesa, todas las cosas sirven y se manejan para su cumplimiento y por el bien del mismo; todas las criaturas están dispuestas y organizadas bajo el dominio del Creador, y desempeñan su papel, y sirven a su función respectiva. Esta es la manifestación de la autoridad del Creador” (‘Dios mismo, el único I’ en “La Palabra manifestada en carne”). A través de esa experiencia, entendí que Dios me guiaría siempre que yo confiase sinceramente en él y que podría ver Sus obras maravillosas.

Con aquella joven hermana como traductora, por fin pude comunicarme normalmente con el hermano. Eso me quitó un gran peso de encima. Pero sin darme cuenta, dejé de tener aquel deseo tan intenso de confiar en Dios y a aquella hermana le surgió algo importante y ya no podía ayudar con la traducción. Cuando me lo dijo, el mundo se me vino encima. Todavía había muchas cosas que quería contarle a aquel hermano para que pudiese sentar los cimientos del verdadero camino. Pero sin mi intérprete no podía hacer nada. Entonces me hablaron de alguien que buscaba el verdadero camino y que, a causa de los rumores difundidos por el PCCh y la comunidad religiosa, no se había atrevido a seguir investigando. Me daba miedo que, si no lo regaba a tiempo, aquel hermano italiano también se marchitaría. Me sentía impotente y no sabía qué hacer. Entonces, un día el hermano compartió esto en su página: “Amigos, hermanos y hermanas, Jesucristo ha regresado. ¡Regocijaos!”. Al ver aquella publicación empecé a sudar frío. Él tenía más de tres mil amigos religiosos. Si solo unos pocos eran anticristos que podían confundirlo y perturbarlo, ¿qué sería de él? Empecé a sentir mucha aprensión, así que acudí ante Dios en la oración. “Oh, Dios, sin la ayuda de un intérprete no voy a poder ayudar a este hermano y tengo miedo de que vaya por el mal camino engañado por los argumentos de otros. ¿Cómo debo experimentar Tus palabras y aprender una lección de esta situación? Guíame”. Después de la oración, leí esto en la palabra de Dios: “Las personas pasan la mayor parte de su tiempo viviendo en un estado inconsciente. No saben si deben depender de Dios o de ellas mismas. Entonces tienden a escoger depender de ellas mismas y de las condiciones y los ambientes ventajosos a su alrededor, así como las personas, eventos y cosas que son ventajosos para ellas. Esto es en lo que las personas destacan más. En lo que las personas son peores es en depender de Dios y recurrir a Dios porque sienten que hacerlo es demasiada molestia. Sienten que recurrir a Dios es invisible e intocable; que hacerlo es vago y no realista. Así, en este aspecto de sus lecciones algunas personas tienen el peor desempeño y su entrada en ello es lo más superficial. Si no aprendes cómo recurrir a Dios y depender de Él, nunca verás a Dios obrar en ti, guiarte o esclarecerte. Si no puedes entender estas cosas, entonces las cuestiones como si Dios existe o no, de si Él guía o no todo en la vida de la humanidad, terminará, en las profundidades de tu corazón, con un signo de interrogación y no con un punto o un signo de exclamación. ‘¿Guía todo Dios en la vida de la humanidad?’ ‘¿Observa Dios las profundidades del corazón del hombre?’ ¿Por qué razón lo conviertes en preguntas? Si verdaderamente no dependes de Dios ni recurres a Él, no serás capaz de generar una fe verdadera en Dios. Si no puedes generar una fe verdadera en Dios, entonces los signos de interrogación siempre estarán ahí para ti, acompañando a todo lo que Dios hace, y no habrá puntos” (‘Los creyentes deben empezar por comprender las tendencias malvadas del mundo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). Las palabras de Dios me despertaron y por fin me di cuenta de que había olvidado a Dios de nuevo. Cuando Dios me puso en una situación en la que me sentía impotente, en la que no podía comunicarme y no sabía qué hacer, veía a Dios como mi tabla de salvación. Pero, cuando las condiciones eran buenas y tenía a las personas adecuadas, solo confiaba en las personas porque me parecía lo más práctico. Cuando aquella joven hermana vino a ayudarme en mi momento de necesidad, supe que era obra de Dios. Pero después pensaba que si aquel hermano aceptaría la obra de Dios de los últimos días dependía totalmente de aquel intérprete. No tenía verdadera fe en Dios. Entonces pensé en algo que dijo el Señor Jesús: “Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre” (Juan 10:29). Las ovejas de Dios oyen Su voz. No hay rumores, mentiras ni dificultades que puedan arrebatar al pueblo de Dios de Sus manos. Esta es una manifestación de la autoridad de Dios. Debía creer la palabra de Dios, cumplir mi deber y explorar todas las posibilidades para comunicarme con aquel hermano. Si se dejaba engañar por rumores y mentiras no era decisión mía.

Después leí esto en la palabra de Dios Todopoderoso: “Satanás ha estado corrompiendo a la humanidad durante miles de años. Ha forjado cantidades incalculables de mal, ha engañado generación tras generación y ha cometido crímenes atroces en el mundo. Ha abusado, engañado y seducido al hombre para que se oponga a Dios, y ha cometido actos malvados que han confundido y perjudicado Su plan de gestión una y otra vez. Sin embargo, bajo la autoridad de Dios, todas las cosas y las criaturas vivientes siguen respetando las normas y leyes establecidas por Él. Comparada con la autoridad de Dios, la naturaleza malvada y la agresividad de Satanás son muy desagradables, muy repugnantes y despreciables, y muy pequeñas y vulnerables. Aunque Satanás camina entre todas las cosas creadas por Dios, no es capaz de llevar a cabo el más mínimo cambio en las personas, cosas y objetos dominados por Él” (‘Dios mismo, el único I’ en “La Palabra manifestada en carne”). La palabra de Dios me ayudó a liberarme. Es verdad que todas las cosas están sometidas a Dios y nadie puede interponerse en el camino de lo que Dios quiere hacer. Nadie puede robar las ovejas de Dios. Si alguien que no es una oveja de Dios entra en la casa de Dios, será expuesto y eliminado algún día. Esa es la autoridad y el poder de Dios. Vi que en realidad no entendía a Dios. Yo era un ejemplo viviente de ello. Antes de aceptar la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, había escuchado las mentiras del mundo religioso y del PCCh durante cinco años. Aunque muchas cosas se interponían en mi camino, la palabra de Dios me había arrastrado a aceptar Su obra de los últimos días. Ahora, ningún número de herejías y mentiras podía apartarme de mi camino para seguir a Dios Todopoderoso, sino que me ayudaban a ver con mayor claridad el horrible semblante de Satanás y fortalecían mi fe para seguir a Dios. Todo eso es lo que hicieron en mí las palabras de Dios. Pensé en el mes que había pasado comunicándome con aquel hermano. No teníamos un idioma común y no podíamos comunicarnos normalmente, pero perseveramos hasta que aceptó la obra de Dios de los últimos días. Incluso habló de difundir el evangelio y establecer una iglesia en Italia. ¿Algo de eso podría lograrse sin la guía de Dios, o si las palabras de Dios no conquistasen a la gente? Entonces vi que no entendía bien a Dios. Cuando difundía el evangelio, decía que la autoridad de Dios no tiene igual y que ninguna fuerza puede limitar Su obra, pero después analizaba las cosas con lógica. Cuando me enfrentaba a la dificultad de aquella barrera lingüística, temía que aquel hermano se alejase a causa de los rumores y las mentiras de los anticristos. Vivía en un estado de temor, pero la verdad es que el hecho de que él pudiese o no aceptar el buen camino estaba en las manos de Dios, venía ordenado por Dios. En lugar de tener temores infundados, debía limitarme a cumplir con mi deber y ser responsable. Pensando esto, alcé una oración a Dios y me mostré dispuesta a someterme a Su dominio y a Sus decisiones. Sorprendentemente, poco después, aquella joven hermana me envió un mensaje y me dijo que estaba libre y que podía volver a interpretar. Por fin podía comunicarme de forma fluida con aquel hermano italiano.

Aunque a veces me sentía totalmente hundida y otras veces sentía una gran ansiedad en el proceso de compartir el evangelio con aquel hermano, cuando confiaba en Dios de verdad, era testigo de Su guía y de Sus hechos una y otra vez. Vi que toda la obra de Dios la lleva a cabo el mismo Dios, y mi fe en Él creció. Esa era la gracia y la compasión de Dios. Yo solía pensar que compartir el evangelio era salvar a otras personas, pero por fin entendí que en ese proceso yo también experimentaba las palabras y la obra de Dios. A través de esta experiencia, yo, que dudaba como Tomás, experimenté realmente la autoridad y la fidelidad de Dios. Tal como dice la palabra de Dios: “Cuando alguien se encuentra con una dificultad especialmente espinosa, cuando no tiene a nadie a quien acudir y cuando se siente particularmente indefenso, pone toda su esperanza en Dios. ¿Cómo son sus oraciones? ¿Cuál es su estado mental? ¿Es esa persona sincera? ¿Existe alguna adulteración en ese momento? Es sólo cuando confías en Dios como si Él fuera lo último a lo que puedes aferrarte para salvar tu vida, esperando que Él te ayude, que tu corazón es sincero. Aunque tal vez no hayas dicho mucho, tu corazón ya se ha conmovido. Esto es, que le das tu corazón sincero a Dios y Dios escucha. Cuando Dios escucha, ve tus dificultades, y te esclarecerá, te guiará y te ayudará” (‘Los creyentes deben empezar por comprender las tendencias malvadas del mundo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). Para conocer a Dios tenemos que practicar y experimentar de verdad la palabra de Dios a través de las personas, las situaciones y las cosas que encontramos cada día en el proceso de cumplir con nuestro deber. Esa es la única manera de conocer y temer a Dios. Mi experiencia me ha enseñado a apreciarlo. ¡Demos gracias a Dios Todopoderoso!

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