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80. Te conoces verdaderamente sólo al entender la verdad

Wenwen    Ciudad de Changchun, provincia de Jilin

En mi opinión, siempre había pensado que en la medida que las prácticas externas parecieran adecuadas y si las personas no pudieran ver corrupción, entonces se podían considerar como un cambio. Por lo tanto, prestaba especial atención a las prácticas externas en todo lo que hacía. Sólo me preocupaba si mis prácticas eran correctas o no, y siempre y cuando mi comportamiento y prácticas externas fueran razonables, yo estaba bien. Cuando me enfrentaba al hecho de ser podada, sólo me preocupaba si había algo mal en mis prácticas. Sólo me convencerían si refutaban mis prácticas. No aceptaría más comunicaciones sobre reconocer mi naturaleza corrupta. Más tarde, los hermanos y hermanas me dijeron que uno sólo podía cambiar su carácter conociendo su naturaleza, y que yo no conocía mi naturaleza. Después de escuchar las palabras de los hermanos y hermanas, comencé a aprender a reconocer mi naturaleza. Cuando alguien decía: “Este despliegue de presunción está dominado por la naturaleza de tu arrogancia”, yo decía entonces: “¡Oh, soy arrogante, mi naturaleza es arrogante!”. Otra persona decía: “Este comportamiento desenfrenado y poco convencional está dominado por tu naturaleza humana malvada”. Yo continuaba: “Oh, mi naturaleza malvada”. No creía que fuera difícil conocer mi naturaleza siempre y cuando repitiera qué clase de naturaleza dominaba esos comportamientos respectivamente. Si alguien me preguntaba: “¿Qué naturaleza domina este comportamiento?”. Entonces yo respondía: “Es arrogancia, maldad, crueldad, astucia…”. Este tipo de cuestionamiento y respuesta era como llenar los espacios en blanco, lo que parecía ser muy fácil. Resultó ser que los hermanos y hermanas me dijeron que yo conocía mi naturaleza a un nivel superficial. Por lo tanto, en una charla posterior sobre reconocerme, dije: “Soy muy arrogante, y no tengo límites. Soy muy malvado, muy despiadado”. Pensé que al agregar “muy” a ese reconocimiento profundizaría mi entendimiento. No tenía claro el significado de los requerimientos de Dios para que las personas reconozcan su naturaleza, por consiguiente, cuando revelaba la corrupción o cuando veía las palabras reveladas de Dios sobre la naturaleza humana, sólo lo entendía desde la perspectiva de seguir las reglas; me parecía mucho a un loro, repetía las palabras sobre reconocerme en lugar de realmente entender y conocer desde mi corazón. No me odiaba, tampoco sentía lo peligroso que era. Aun al escuchar las duras palabras de Dios, no me conmocionaba. En cambio, no me molestaba, lo que daba como resultado ningún cambio en mi carácter. Aunque soy estúpido, adormecido y no tengo mucha calidad, Dios no me abandona, sino que siempre me guía y me ilumina, me lleva a conocerme. En especial últimamente, Dios me ha guiado e iluminado mucho, lo que me permite entender el significado de conocer mi naturaleza, y me permite encontrar el camino para cambiar mi carácter.

Hace unos días, me mudé con un hermano a una nueva familia anfitriona. Cuando hablamos luego de mudarnos allí, la hermana mayor de la familia anfitriona mencionó cómo los hermanos y hermanas que solía recibir revelaban corrupción; también habló sobre su opinión sobre ellos. Después de escuchar, no respondí ni lo guardé en mi corazón, tampoco le comuniqué la verdad a la hermana mayor. Así pasó el tiempo. Después de varios días, otros dos hermanos que hacían deberes con nosotros vinieron para alojarse algunos días. Después de que se fueron, la hermana mayor habló sobre lo que opinaba de estos dos hermanos, y en ese momento, mi mente reaccionó: la mayor parte de lo que dijiste no corresponde con los hechos; son todas sospechas tuyas. Dios pide que las hermanas y hermanos se amen y ayuden unos a otros. Debo practicar la verdad y comunicar la verdad de ser honesta contigo. Dos días después de nuestra comunicación, la hermana mayor se me acercó y me dijo qué parte de lo que le había dicho la había refrenado, y qué cosas había hecho yo que la habían refrenado. Me dijo todo lo que pensaba y lloró. Al ver esto, pensé: sospechas demasiado de todos. Esta vez sospechas de mí. Esto no está bien. Necesito comunicarme claramente contigo para que no tengas prejuicios sobre mí. Por lo tanto, tuve una charla sincera con ella, e identifiqué la naturaleza que ella demostraba así como su comportamiento de sospecha y juicio. La hermana mayor pareció aceptarlo, pero no estaba convencida interiormente. Durante los días siguientes, dijo tener esta y aquella enfermedad. Al ver eso, pensé: no estás convencida en tu interior, sino que finges aceptarlo; ¿no es esto pretensión y engaño? Hay lecciones que se aprenden cuando uno está enfermo. Deberías hacer una introspección ya que has estado enferma continuamente. Mientras pensaba en esto, recibí otra “carga”, que me llevó a comunicarme con la hermana mayor otra vez. Le dije que su enfermedad se debía a la rebelión y a la corrupción, y le pedí que hiciera una introspección y se conociera a ella misma. Sin embargo, en esta comunicación, la hermana mayor no se veía bien. Ni siquiera fingió aceptarlo. Yo me quedé atónito y pensé: he sido tan cuidadoso en ayudarte y me he comunicado contigo una y otra vez, pero tú no lo aceptas y hasta sospechas de mí. ¡Eres una persona tan deshonesta! Si no aceptas la verdad, ¿quién más podría ayudarte? Olvídalo, no puedo hacer nada, depende de ti. Le eché toda la culpa y la responsabilidad a la hermana mayor y pensé que ella era demasiado astuta; yo creía que era un buen hermano que practicaba la verdad, que estaba dispuesto a ayudar a los hermanos y hermanas y que se preocupaba por la voluntad de Dios. Así, estaba lleno de opiniones de la hermana mayor y ella no me iba a escuchar más.

Al enfrentar este dilema, tuve que hacer una auto introspección: ¿acaso estoy equivocado? No estaba equivocado por ayudar a la hermana mayor con compasión al ver sus defectos. ¿Se debe a que no confío en Dios? En realidad no, había orado cada vez antes que me comuniqué con la hermana mayor. No he hecho nada malo en mis prácticas, y no he estado en situaciones serias como esta cuando he ayudado a otros en el pasado. El problema debe estar en la hermana mayor y es porque no es inocente. Sin embargo, al pensar de esta manera, me sentía preocupado. Me sentía culpable en especial cuando veía a la hermana mayor sufrir por su enfermedad. Quería ayudarla desde el fondo de mi corazón, sin embargo, no sabía cómo hacerlo. Como no tenía ninguna alternativa, me acerqué a Dios y busqué Su ayuda. Leí las palabras de Dios: “Tus labios son más bondadosos que las palomas, pero tu corazón es más siniestro que la serpiente antigua, incluso tus labios son tan hermosos como una mujer libanesa, pero tu corazón no es tan amable como el de ellas y, desde luego, no puede compararse con la belleza del de las cananeas. Tu corazón es demasiado engañoso” (‘¡Vuestra personalidad es tan baja!’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios tocaron mi corazón de inmediato. No podía evitar pensar en lo que había hecho esos días y los pensamientos que estaban detrás de ello. Al escuchar a la hermana mayor hablar de sus juicios sobre otros hermanos y hermanas, no respondí porque pensaba que no era asunto mío y que no me estorbaría; al escuchar a la hermana mayor hablar sobre sus prejuicios sobre los dos hermanos que yo conocía, tuve que comunicarme con ella en caso que los hubiese malentendido; cuando escuché que la hermana mayor tenía opiniones sobre lo que yo había dicho y hecho, le presté más atención al hecho de comunicarme con ella en caso de que tuviese alguna otra opinión sobre mí. Yo estaba seguro de que estaba ayudando a los hermanos y hermanas gracias a mi compasión hacia ellos. El hecho era que quería convencer y derrotar a otros con la verdad, cerrarles la boca y evitar que otros me juzgaran e infringieran mis intereses. Mi corazón estaba lleno de crueldad. No era solidario. ¿Cómo podía haber algo de amor? Cuando lo recuerdo, no había mostrado nada de compasión hacia la hermana mayor desde el comienzo, tampoco le mostré consideración. La hermana mayor comenzó a ser anfitriona cuando llegué a la familia de Dios. Hasta tomó dinero de su hogar para comprar la casa y albergar a otros y poder cumplir mejor con su deber; nunca ni siquiera se quejó por ello. Debido a que usualmente no asistía a las reuniones y a las enseñanzas, no había profundizado su experiencia en la vida. Sin embargo, estaba dispuesta a buscar y a leer las palabras de Dios cuando tenía tiempo. Debido a que no era completamente clara sobre la verdad, consideraba que juzgar a los hermanos y hermanas a sus espaldas y hablar sobre sus deficiencias era una carga para ellos; simplemente confundió sus sospechas sobre los hermanos y hermanas con una charla sincera. No tenía idea de lo que era sospecha ni exageración, y yo no tuve consideración por ella. Sin importarme su estatura, peleé de forma indiscriminada siempre y cuando involucraron mis intereses, y forcé a otros a que confesaran. ¿No soy acaso un gran dragón rojo viviente? ¿Por qué razón no debería dejar que otros me juzguen? Incluso si otros no lo dicen, ¿no es mi esencia malvada y cruel? La forma en que vivo, ¿no es igual a la de Satanás? Dios dice, “Todos los pensamientos y las ideas que llenan a las personas son los venenos de Satanás, la actitud que ellas tienen es una cosa de Satanás y, en ocasiones, un guiño o un gesto huelen a prueba y a tentación” (‘Los que han perdido la obra del Espíritu Santo corren mayor riesgo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). En la palabra de Dios, encontré la razón por la cual mis comunicaciones no eran efectivas. Se debe a que todo lo que había hecho era para mí mismo, y para defenderme. Siempre y cuando mis intereses no se vieran atacados, no me importaban los demás. No había mostrado ninguna consideración por las debilidades de los demás, ni había tenido en cuenta si otras personas podrían resistir mis comunicaciones o si estas podrían tener consecuencias negativas. Estaba lleno de la crueldad de Satanás en mi interior. Era la naturaleza de Satanás la que me dominaba. La forma en que vivía estaba influenciada por el carácter cruel y corrupto de Satanás. Lo que había traído a la gente era daño y ataques. ¿Cómo podían los demás soportarlo? Lo que dije e hice disgustó a Dios, e hizo que el Espíritu Santo no obrara en mí. ¿De qué manera podían mis comunicaciones ser efectivas?

Dios dice, “Cualquiera puede usar sus propias palabras y acciones para representar su verdadera cara. Esta verdadera cara es por supuesto su naturaleza. Si tú eres alguien que habla con muchos rodeos, entonces tienes una naturaleza torcida. Si tu naturaleza es muy astuta, entonces la manera en la que haces las cosas es muy hábil y taimada y haces muy fácil que las personas sean engañadas por ti. Si tu naturaleza es muy siniestra, tus palabras pueden ser agradables de escuchar, pero tus acciones no pueden cubrir tus siniestros medios. Si tu naturaleza es muy floja, entonces todo lo que dices está dirigido a eludir la culpa y la responsabilidad por tu negligencia y flojera y tus acciones serán muy lentas y someras y muy buenas para cubrir la verdad. Si tu naturaleza es muy empática, entonces tus palabras serán razonables y tus acciones también se conformarán mucho con la verdad. Si tu naturaleza es muy leal, entonces tus palabras deben ser sinceras y la manera en la que haces las cosas debe ser con los pies en la tierra, sin mucho para hacer que tu señor desconfíe de ti. Si tu naturaleza es muy lujuriosa o codiciosa del dinero, entonces tu corazón a menudo será llenado por estas cosas y sin darte cuenta harás algunas cosas desviadas e inmorales que harán que a las personas les sea difícil olvidar y además les repugnarán” (‘Un problema muy serio: la traición (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”). En las palabras de Dios, me di cuenta de que la forma en que las personas se revelan y viven sus vidas está dominada por su naturaleza. La clase de naturaleza interna determinará inevitablemente que carácter se revela en el exterior. Si hay algo malvado en el interior, entonces el comportamiento estará dominado por una naturaleza malvada, y nunca mostrará benevolencia. Cuando mi motivación para comunicarme con la hermana mayor fue la equivocada, lo que dominaba mi interior no era Dios, ni la verdad ni cosas positivas, sino Satanás. La forma en que vivía era la imagen de Satanás. Por consiguiente, mi comunicación no podía beneficiar a otros. Si hubiera encontrado esta clase de cosas en el pasado, me habría enfocado en las prácticas externas; habría pensado que no había guiado a la iglesia, que no era bueno comunicándome con otros, y habría buscado un sinfín de razones para justificarme. No fue hasta hoy que me di cuenta de que las prácticas externas no juegan un papel decisivo, sino que se trata de que si el corazón está bien o no. Es importante ver la esencia en el interior. Por ejemplo, si un hombre realmente ama a alguien, va a observar y prestar gran atención a lo que a ella le gusta, y finalmente va a expresarle su amor y hacer que lo sienta. Si yo amara a los hermanos y hermanas en mi interior, hubiese prestado más atención y hubiera mostrado más empatía por sus dificultades, hubiera tenido consideración por sus sentimientos y luego hubiera tomado las medidas adecuadas, y hubiera utilizado un lenguaje y un tono adecuados para comunicarme con ellos. Aún si no solucionaba el problema de los demás, no les hubiese causado daño. Ya que no hay amor en mi interior, lo que revelo es maldad, incluso si mis prácticas externas son buenas y correctas. Como Dios ama a la humanidad, cualquier cosa que Él haga, es una manifestación y una revelación de amor. Dios dice, “Dios dice estas cosas con el propósito de cambiar y salvar a las personas. Sólo al hablar de esta forma, Él es capaz de lograr los resultados más valiosos. Deberías ver que las bondadosas intenciones de Dios están totalmente diseñadas para salvar a las personas y que todo lo que expresan es el amor de Dios. Independientemente de que lo mires desde la perspectiva de la sabiduría en la obra de Dios, desde la perspectiva de los pasos y los patrones en la obra de Dios, desde la perspectiva de la duración de la obra o de Sus organizaciones y Sus planes precisos, todo representa Su amor. Por ejemplo, todas las personas aman a sus hijos e hijas y se esfuerzan mucho para que caminen por la senda correcta. Cuando descubren las debilidades de sus hijos, se preocupan, porque si les hablan suavemente, ellos no escucharán ni podrán cambiar; si les hablan con mayor dureza, herirán la autoestima de sus hijos y estos no podrán soportarlo. Así pues, todo esto se hace bajo la influencia del amor y se invierte mucho esfuerzo. Vosotros, que sois hijos e hijas, podríais haber experimentado el amor de vuestros padres. No sólo la ternura y la consideración son amor; el castigo estricto lo es incluso más. Dios se encuentra especialmente bajo la influencia del amor por la humanidad y bajo la condición previa del amor. Así pues, Él hace todo lo que puede para salvar a las personas corruptas. No lidia con ellas de forma superficial, sino que hace planes precisos basados en el paso. Con respecto al tiempo, la ubicación, el tono de voz, el método de hablar y la cantidad de esfuerzo invertido, etc., podéis decir que todo ello revela Su amor, y explica suficientemente que Su amor por la humanidad es ilimitado e inconmensurable. Y muchas personas dicen palabras rebeldes cuando están en medio de la prueba de los hacedores de servicio y emiten quejas. Pero Dios no discute sobre estas cosas y, sin duda, no castiga a las personas por ello. Como Él ama a las personas, lo perdona todo. Si simplemente tuviera odio en lugar de amor, habría condenado a las personas mucho antes. Como Él tiene amor, no discute, sino que tolera, y es capaz de observar las dificultades de las personas. Esto es hacerlo todo por completo bajo la influencia del amor” (‘¿Entiendes el amor de Dios por la humanidad?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). La esencia de Dios es amor, así que la manifestación de Dios también es amor. El amor de Dios por la humanidad no se refleja verbalmente, sino que encarna de manera práctica en Su obra, en cada paso de Su obra, y en las maneras de Su obra. Cómo y cuándo Dios obra en cada persona, qué personas, cosas y situaciones ordena Él para cada una y cuánto tiempo las refinará, todo eso refleja el plan exacto y el esfuerzo esmerado de Dios. Toda la obra práctica de Dios impregna Su amor puro por la humanidad sin excepción. Dios ama a la humanidad a tal punto que no importa si ellos se resisten, se rebelan, se quejan o no entienden a Dios, Él lo va a soportar en silencio. Todo esto me hizo ver la grandeza y la nobleza de Dios. En comparación, soy una escoria horrenda y despreciable que pertenece a Satanás. Al reconocer todo esto, compartí estas cosas despiadadas que tenía en mi corazón abiertamente con la hermana mayor. El distanciamiento entre nosotras terminó sin darnos cuenta. Le agradezco a Dios desde lo profundo de mi corazón. A Dios sea la gloria.

En el pasado, no entendía la relevancia de los requerimientos de Dios para conocer mi esencia. Hoy en día, lo entiendo gracias a mi experiencia. Una vez que una persona es corrompida por Satanás, su naturaleza se convierte en la naturaleza de Satanás. No importa si son palabras, acciones o pensamientos, todo está dominado por la naturaleza humana. Uno puede tratar con su carácter corrupto y cambiarlo gradualmente, sólo si reconoce su propia naturaleza. Si uno no tiene conocimiento de su propia naturaleza, sólo puede sufrir inconscientemente el dominio de Satanás y rebelarse y resistir a Dios, sin mencionar que no se puede cambiar el carácter. De ahora en adelante, voy a cambiar los métodos equivocados que utilicé en el pasado de prestar demasiada atención a las prácticas externas. Intentaré no hacer un escándalo sobre las prácticas externas y no voy a basar el conocimiento de mi naturaleza en seguir las reglas. Voy a tomar el juicio y el castigo de Dios honesta y sinceramente, voy a conocer la esencia de mi naturaleza y reconocer verdaderamente mi naturaleza a través de la revelación de las palabras de Dios para poder cambiar mi carácter lo antes posible, y ser salvado por Dios.

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