24. La difícil senda de la fe de una chica india
Nací en una familia cristiana. Mi padre es pastor y mi madre también sirve en la iglesia. Desde pequeña creí en el Señor con ellos. Mis padres eran creyentes muy devotos en el Señor y también eran muy amables con los demás. Nuestra familia era muy armoniosa. Todos mis amigos de la infancia me envidiaban por tener una familia feliz, y yo también me sentía bastante afortunada. A medida que crecía, veía que la gente a mi alrededor pecaba a menudo, y yo también vivía bajo la atadura del pecado. Para proteger mis propios intereses, mentía y actuaba con impulsividad, y también sentía celos y odio hacia los demás. Estaba muy angustiada. Ni siquiera me gustaba esta versión de mí misma, entonces, ¿cómo podría agradarle a Dios? A menudo lloraba y le confesaba mis pecados a Dios, pero después seguía pecando involuntariamente. Estaba muy preocupada: si seguía así, sin arrepentirme ni cambiar, ¿podría entrar en el reino de los cielos al final? Así que le pregunté a mi papá: “Peco muy a menudo, ¿el Señor me perdonará? ¿Qué puedo hacer para lograr el verdadero arrepentimiento?”. Mi papá dijo: “No te preocupes. Mientras nos confesemos y nos arrepintamos ante el Señor, Él perdonará nuestros pecados. El Señor no nos abandonará”. La respuesta de mi papá no pudo resolver mi confusión para nada.
En marzo de 2020, la pandemia se volvió cada vez más grave y se ordenó el cierre de todas las instituciones. En ese momento, estaba estudiando la licenciatura en enfermería y también volví a casa porque mi escuela estaba cerrada. En abril, recibí una invitación en Facebook de mi amiga Ella para asistir a una reunión en línea de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Tras un periodo de investigación, llegué a entender la verdad de la encarnación de Dios, y descubrí que Dios ha realizado tres etapas de obra para salvar a la humanidad, y que la obra de juicio de Dios en los últimos días es para purificar y transformar las actitudes satánicas de las personas, librarlas de la atadura del pecado y salvarlas plenamente. Esta era exactamente la senda para librarse del pecado que yo había estado buscando. Las palabras expresadas por Dios Todopoderoso disiparon la confusión que me había perseguido durante años y, desde el corazón, determiné que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús que ha regresado. Después de eso, asistía a reuniones a menudo. Podía entender algunas verdades en cada reunión y mi corazón se sentía realmente provisto. Más tarde, compartí himnos de las palabras de Dios de la Iglesia de Dios Todopoderoso en Facebook, y un pastor los vio. Entonces, él le contó a mi papá sobre mi fe en Dios Todopoderoso. Mi papá me cuestionó: “¿Estás asistiendo a reuniones en línea de la Iglesia de Dios Todopoderoso? Alguien me dijo que has creído en una herejía. ¿Sabes eso? El camino que predica la Iglesia de Dios Todopoderoso no está de acuerdo con la Biblia. ¡No te permito creer más en eso! ¿Cómo puede mi hija desobedecerme y tener otra creencia?”. A mi papá le importaba mucho su reputación y hasta dijo: “Mi propia hija no quiere escuchar mis enseñanzas. ¿Cómo voy a seguir enseñando a los demás?”. Le dije: “Papá, tú también sabes que todos vivimos en pecado y a menudo pecamos involuntariamente, y no podemos librarnos aunque queramos. Esto es porque no se ha resuelto la naturaleza pecaminosa en nuestro interior. En los últimos días, Dios Todopoderoso expresa la verdad y realiza la obra de juicio, precisamente para resolver nuestra naturaleza pecaminosa, para purificarnos y salvarnos del pecado”. Al oír esto, mi papá dijo muy enojado: “¡Es imposible que Dios realice una obra nueva! Aunque todavía no hemos sido purificados, si oramos y nos confesamos ante el Señor, Él nos perdonará. No hace falta ninguna obra de juicio y purificación en absoluto”. Le dije a mi papá: “Muchas profecías en las Escrituras mencionan que el Señor realizará otra etapa de la obra cuando regrese. El Señor Jesús dijo: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir’ (Juan 16:12-13). ‘Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad’ (Juan 17:17). Esto nos dice que Dios viene en los últimos días para expresar la verdad y purificar a las personas de sus pecados. La obra de Dios Todopoderoso de los últimos días cumple estas profecías por completo. El Señor es santo. ‘Sin santidad, ningún hombre contemplará al Señor’ (Hebreos 12:14).* Ahora todos vivimos en pecado: somos egoístas, codiciosos, arrogantes, sentenciosos y a menudo presumimos; mentimos, engañamos, luchamos por la fama y el provecho, y demás. Sin despojarnos de estos pecados, ¡simplemente no estamos cualificados para entrar en el reino de los cielos!”. Pero mi papá no quiso escuchar mis palabras para nada. Para hacerme negar a Dios Todopoderoso, me contó todos los rumores infundados que el PCCh utiliza para difamar a la Iglesia de Dios Todopoderoso, y me dijo con cara de tristeza: “Todo es culpa mía. No te cuidé bien y ellos te desorientaron”. Escuchar estas palabras me puso muy triste y me afectó un poco. Oré a Dios en silencio en mi corazón y le supliqué que me guiara. Pensé en cómo, en los dos meses que llevaba creyendo en Dios Todopoderoso, había leído muchas de las palabras de Dios y había visto que todas Sus palabras son la verdad. Me guiaban para despojarme de mi carácter corrupto y vivir una humanidad normal. También me daban cierto conocimiento sobre el carácter justo de Dios. Realmente anhelaba las palabras de Dios en mi corazón y, cada vez que comía y bebía las palabras de Dios, podía disfrutar de la presencia del Espíritu Santo. Mi corazón se sentía provisto y tenía paz y gozo. Esto era lo que yo había experimentado personalmente. Sabía claramente que solo las verdades expresadas por Dios Todopoderoso podían purificar mi carácter corrupto y salvarme de la atadura del pecado. Sin importar lo que dijera mi papá, tenía que persistir en creer en Dios Todopoderoso. Quería mostrarle a mi papá las palabras de Dios Todopoderoso en mi teléfono, pero no me dejó sacarlo y me gritó: “Si quieres saber algo, lee la Biblia. Si no entiendes, ven y pregúntame. ¡No escuches otras enseñanzas tan a la ligera!”. Estaba muy abatida porque mi papá se aferraba a las palabras literales de la Biblia y no aceptaba la verdad. En ese momento, mi papá me quitó el teléfono, y no sabía si me lo devolvería o si podría seguir asistiendo a las reuniones en línea. Sabía que ser perseguida por mi familia no era algo fácil de experimentar y me preocupaba no poder mantenerme firme debido a mi pequeña estatura. Oré a Dios en silencio en mi corazón y le supliqué que me guiara y me protegiera.
Al cabo de un rato, mi papá me pidió de nuevo que dejara la Iglesia de Dios Todopoderoso. Al ver mi silencio, se enojó mucho y me preguntó: “¿Vas a obedecer mis enseñanzas o vas a seguir a esos chinos que predican el regreso del Señor Jesús?”. Le respondí: “Seguiré a Dios”. Apenas terminé de decirlo, mi padre me dio una bofetada. Me preguntó dos veces más y, en ambas ocasiones, mi respuesta siguió siendo la misma. Cada vez que respondía, me daba una bofetada. Mi hermano menor dijo: “Hermana, ¿por qué eres tan terca? Hazle caso a papá y mantén nuestra familia tan armoniosa como antes”. No dije nada y mi papá se fue a otra habitación furioso. Recordé que el Señor Jesús dijo: “No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra” (Mateo 10:34-35). Yo sabía que el Señor había regresado y que algunas personas reconocerían Su voz y lo seguirían, mientras que otras no lo reconocerían y se opondrían a Él. Aunque fuéramos una familia, esto nos dividiría. Era algo que tenía que afrontar. Al cabo de dos o tres minutos, mi papá me llamó a otra habitación. Sosteniendo un palo largo y grueso, me interrogó diciendo: “¡Dime! ¿A quién vas a obedecer?”. Yo dije: “¡Obedezco a Dios!”. Mi padre montó en cólera, me clavó la punta del palo en el hombro y me lo dejó magullado. Mi hermano también gritaba a un lado, diciéndome que no creyera en Dios Todopoderoso. Mi papá dijo: “¡Ahora mismo soy Satanás! ¡Si no me haces caso, te voy a matar!”. En ese momento, me quedé muy sorprendida. Nunca pensé que mi padre, en quien una vez había confiado y a quien había respetado, un hombre que parecía tan amable y humilde en su fe en el Señor, pudiera decir esas cosas. Había sido creyente durante muchos años y era un gran pastor que había predicado en todo tipo de lugares. Él había sido revelado por completo en la obra de Dios de los últimos días. Al oír la noticia del regreso del Señor Jesús, no tuvo un corazón de búsqueda en absoluto. En esencia, ¡era un incrédulo! Al principio, pensé que mi papá me escucharía dar testimonio de Dios, pero en ese momento supe que, aunque era pastor, no tenía ningún corazón temeroso de Dios. Era un falso pastor que servía a Dios, pero se resistía a Él. No amaba la verdad; lo que le importaba era su reputación. Solo parecía devoto en apariencia, pero, en el fondo, odiaba la verdad. Le dije a mi papá: “No renunciaré al camino verdadero”. Mi papá se enojó mucho y me ordenó borrar la información de contacto de todos mis hermanos y hermanas de mi teléfono. También siguió amenazándome y empezó a pegarme en la cara. Al ver a mi papá así, sentí mucho miedo y un poco de debilidad. Nunca había pensado que sufriría tal persecución por creer en Dios. No sabía qué más tendría que afrontar. Si en el futuro tuviera que sufrir más dolor o enfrentar la muerte, ¿podría seguir manteniéndome firme en mi testimonio? En ese momento, pensé en las experiencias de los hermanos y hermanas en China que sufren la persecución del PCCh. Ellos fueron capaces de mantenerse firmes en su testimonio por Dios en medio de todo tipo de torturas. En comparación, ¿qué era esta ínfima persecución que yo sufría? Dios me ha agraciado al traerme ante Él y proveerme de la verdad. Debo mantenerme firme en mi testimonio. No podía abandonar el camino verdadero por cobardía. Al ver mi actitud firme, mi papá de repente me golpeó fuerte en la cabeza con el palo. Mi hermano, preocupado de que me partiera la cabeza, se adelantó para detener a mi papá y me gritó: “¿Quieres morir a manos de papá? ¿Por qué eres tan terca? ¿Por qué no puedes simplemente admitir que estás equivocada?”. Mi papá me agarró del pelo y me empujó de un lado a otro, mientras seguía clavándome la punta del palo en el hombro. No paró hasta que el hombro me quedó lleno de moretones. Al ver a mi papá así, sentí un poco de debilidad en mi corazón.
Más tarde, leí un pasaje de las palabras de Dios que me dio fe y fuerza. Dios Todopoderoso dice: “Debes llegar a un punto donde, más allá de las circunstancias que enfrentes, tu determinación de perseguir y obtener la verdad no se pueda cambiar. Solo entonces serás alguien que realmente ame y persiga la verdad. Si, cuando algo te sucede y te encuentras con una pequeña dificultad, te echas para atrás, te vuelves negativo y abatido y abandonas tu determinación, eso no está bien. Debes tener el impulso de arriesgar tu vida y decir: ‘Pase lo que pase, incluso si supone mi muerte, no renunciaré a la verdad ni a mi objetivo de perseguirla’. Entonces, ninguna dificultad podrá detenerte. Si de verdad encuentras dificultades y quedas arrinconado, Dios actuará. Además, debes entenderlo así: ‘Sin importar con qué situaciones me encuentre, todas han sido dispuestas por Dios y contienen lecciones que yo debo aprender. Tal vez sea débil, pero no soy negativo, y estoy agradecido a Dios por darme la oportunidad de aprender lecciones. Doy gracias a Dios por disponer esta situación para mí. No puedo renunciar a mi determinación de seguir a Dios y ganar la verdad. Si llegara a renunciar a ella, eso sería lo mismo que ceder ante Satanás, hundirme y traicionar a Dios’. Esta es la clase de determinación que debes tener. Más allá de las cuestiones que enfrentes, son todas episodios menores en el crecimiento de tu vida. No debes permitir que modifiquen la dirección en la que estás avanzando. Cuando te encuentres con dificultades puedes buscar y esperar, pero la dirección en la que estás avanzando no debe modificarse, ¿no es así? (Así es). Sin importar lo que digan los demás, o cómo te traten, y más allá de cómo te trate Dios, tu determinación no debe cambiar” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se vive a menudo ante Dios es posible tener una relación normal con Él). Por las palabras de Dios entendí que Él esperaba que yo pudiera persistir en seguirlo. Aunque nadie me apoyara y todos me rechazaran, yo no podía traicionar a Dios y tenía que mantenerme firme en mi testimonio. Antes, cuando escuchaba a los hermanos y hermanas compartir que las adversidades y las pruebas son bendiciones de Dios, no entendía lo que significaba, pero esta experiencia me permitió obtener cierta comprensión. Mediante la persecución de mi familia, vi lo feo y perverso que es Satanás. Satanás quería usar a mi familia para obligarme a traicionar a Dios y hacer que pierda mi oportunidad de obtener la salvación, pero Dios siempre me protegía, me daba fe y me guiaba para superar una dificultad tras otra. Dios permitió que me sobreviniera la persecución de mi familia para perfeccionarme, y que así pudiera entender la verdad y obtener discernimiento. Sentí que solo Dios es quien más ama a la gente. Me propuse: “Por muy débil que sea mi carne, nunca dejaré de perseguir la verdad”. Más tarde, pude recuperar mi teléfono porque tenía que hacer un examen de enfermería en línea. Pero mis padres, preocupados de que siguiera asistiendo a las reuniones en línea de la Iglesia de Dios Todopoderoso, me vigilaban de cerca. A menudo me regañaban, y mi familia me hablaba con frialdad y dureza. Me sentía muy dolida y débil, y a menudo oraba a Dios para que me diera fe y fortaleciera mi corazón.
Un día de noviembre de 2020, estaba asistiendo a una reunión en línea y mi mamá irrumpió de repente, diciendo: “Alguien sabe que crees en Dios Todopoderoso y le está preguntando a tu papá al respecto”. Entonces mi papá me llamó a la cocina y me preguntó si todavía asistía a las reuniones de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Le respondí: “Sí”. Mi papá dijo en un tono suave: “Hija mía, ¿por qué sigues asistiendo a las reuniones de La Iglesia de Dios Todopoderoso? Ya te lo he advertido antes, ese no es el camino verdadero. Les dije a mis compañeros de trabajo que ya habías dejado la Iglesia de Dios Todopoderoso, pero todavía sigues asistiendo a sus reuniones. ¡Estoy tan decepcionado de ti!”. Traté de explicarle, pero mi papá me escupió en la cara y me dio un puñetazo en el ojo. Mi mamá intervino para detenerlo y mi papá intentó tirarme del pelo, diciendo que si no lo seguía a él en su creencia en el Señor en la iglesia, me mataría. En ese momento tuve mucho miedo, y oré a Dios en silencio en mi corazón. Al ver que no negaba a Dios Todopoderoso, mi papá intentó otra táctica. Dijo: “He predicado durante muchos años y nadie me ha dicho jamás que hubiera un problema con mis sermones, pero, ahora, mi propia hija se me opone. Como no quieres escuchar mis sermones y crees que los sermones de los demás son correctos, renunciaré como pastor. ¡Empaca tus cosas, esta noche nos volvemos a nuestro pueblo!”. Mi mamá y mis hermanos lloraban, rogándome que cambiara de opinión. Mi papá estaba furioso, no solo me advertía y trataba de golpearme, sino que también golpeaba la pared con rabia. Dijo que saldría esa misma noche con el auto para acabar con su vida. Estaba aterrorizada. Si realmente le pasaba algo a mi papá, sentiría que le había fallado terriblemente. Aunque me daba cuenta de que este ambiente era una prueba para mí, seguía teniendo mucho miedo. Mi madre me obligó a pedir perdón a mi padre y me dijo que, si le pasaba algo, toda la responsabilidad recaería sobre mí y que ella no me perdonaría, ni tampoco lo harían mis hermanos. También dijo que yo era muy intransigente y que no consideraba sus sentimientos. Al ver a mi familia tan herida y molesta, me sentí muy débil. Justo en ese momento, pensé en las palabras de Dios que describen los métodos que usa Satanás para corromper a las personas: “El primero es el control y la coacción. Es decir, Satanás hará todo lo posible por tomar el control de tu corazón. ¿Qué significa ‘coacción’? Se refiere a hacer uso de amenazas y tácticas forzosas para hacer que le obedezcas, a hacerte pensar en las consecuencias si no obedeces. Te asustas y no te atreves a desafiarlo, así que te rindes” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VI). Por las palabras de Dios comprendí que las argucias de Satanás estaban detrás de todo esto. Satanás utiliza distintos métodos y medios para controlar y coaccionar a las personas para hacerlas traicionar a Dios. En mi vida, mi familia es muy valiosa para mí. Si les pasara algo malo por mi culpa, nunca podría perdonármelo. Cuando mi papá dijo que saldría con el auto para acabar con su vida y mi mamá dijo que no me perdonaría, sentí que, si persistía en creer en Dios Todopoderoso, toda mi familia me reprendería y me echaría de casa. Esto me hizo sentir débil. Pero las palabras de Dios me hicieron darme cuenta de que Satanás estaba usando el afecto familiar para amenazarme, en un intento de hacerme traicionar a Dios. Una vez que obedeciera a mi padre y traicionara a Dios, ya no tendría testimonio. Tomé la firme decisión de que seguiría a Dios Todopoderoso y que no podría obedecer a mi familia.
Esa noche, mi papá me quitó el teléfono otra vez, y mi mamá durmió conmigo para vigilarme. También dijeron que me enviarían de vuelta a la escuela lo antes posible, ya que allí no me permitirían usar el teléfono y apenas me dejarían salir, por lo que me sería muy difícil asistir a las reuniones o encontrarme con mis hermanos y hermanas. Tumbada en la cama, no podía dejar de llorar. Oré a Dios, pidiéndole que me diera fuerza y valor. Sabía que, si quería seguir creyendo en Dios y realizando mi deber, mi única opción era irme de casa. De lo contrario, definitivamente me enviarían de vuelta a la escuela para restringir mi fe en Dios. Pero era solo una chica; ¿adónde podía ir? No tenía dinero, así que ¿cómo viviría en el futuro? Pero si me quedaba en casa, no me dejarían seguir a Dios. ¿Qué debía hacer? Durante esos pocos días, no pude dormir y mi corazón estaba agitado. A veces pensaba que era la hija mayor y debería haber sido responsable de ayudar a mis padres a cuidar de mis hermanos menores. Estaba recibiendo formación profesional en la escuela y podría encontrar trabajo después de graduarme. Mis padres habían depositado muchísimas esperanzas en mí. ¿Cómo iba a abandonar mis estudios? Pero como un ser creado, Dios me había agraciado con la oportunidad de hacer mi deber en Su casa. Esta era la exaltación de Dios y, más aún, era la responsabilidad que debía cumplir. ¿Cómo haría para elegir entre mis estudios y mi fe? Pensándolo una y otra vez, me sentía muy en conflicto y dolida. En ese momento, pensé en un pasaje de las palabras de Dios: “¡Despertad, hermanos! ¡Despertad, hermanas! Mi día no se retrasará; ¡el tiempo es vida, y recuperar el tiempo perdido es salvar la vida! ¡El tiempo no está muy lejos! Si suspendéis los exámenes de ingreso para la universidad, podéis estudiar para ellos una y otra vez. Sin embargo, Mi día no se demorará más. ¡Recordad! ¡Recordad! Estas son Mis buenas palabras de exhortación. El fin del mundo se ha desarrollado ante vuestros propios ojos, y las grandes catástrofes llegarán pronto. ¿Qué es más importante: vuestra vida o dormir, comer, beber y vestirse? ¡Ha llegado el momento de que sopeséis estas cosas! ¡No dudéis más! Tenéis demasiado miedo para tomaros estas cosas en serio, ¿verdad?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 30). Sabía por las palabras de Dios que los desastres ya habían comenzado. En 2016, hubo un terremoto de magnitud 6,7 donde yo vivía y, en 2020, estalló la pandemia del COVID-19. Los desastres son cada vez más grandes. La llegada oculta de Dios para hacer la obra de salvar a la humanidad está a punto de terminar y, ahora, el tiempo es extremadamente limitado. Si continuaba para completar mis estudios, retrasaría mi búsqueda de la verdad y mi crecimiento en la vida, así que no quería seguir con mis estudios. Sabía que enfrentaría muchas dificultades en el futuro, pero creía que Dios me abriría un camino.
Durante ese tiempo, a veces usaba el teléfono de mi hermana menor para entrar en mi cuenta de Facebook y revisar los mensajes. Los hermanos y hermanas a menudo me enviaban las palabras de Dios Todopoderoso para ayudarme. Vi las palabras de Dios: “Aquellos a los que Dios alude como ‘vencedores’ son personas que siguen siendo capaces de mantenerse firmes en el testimonio, de conservar su fe y su lealtad a Dios y, pase lo que pase, conservan un corazón puro ante Dios y mantienen su amor genuino por Él mientras están bajo la influencia de Satanás y se hallan bajo su asedio, es decir, cuando se encuentran entre las fuerzas de la oscuridad. De esta manera, se han mantenido firmes en el testimonio ante Dios. Tales personas son aquellas a las que Él alude como ‘vencedores’. Si tu búsqueda es excelente cuando Dios te bendice, pero retrocedes cuando Él no lo hace, ¿es esto pureza? Dado que estás seguro de que este camino es verdadero, debes seguirlo hasta el final; debes mantener tu lealtad a Dios. Dado que has visto que Dios mismo ha venido a la tierra a perfeccionarte, debes entregarle del todo tu corazón. Si todavía puedes seguir a Dios, haga lo que haga, aunque Él determine un desenlace desfavorable para ti al final, esto es mantener tu pureza ante Dios. Ofrecer un cuerpo espiritual santo y una virgen pura a Dios significa mantener un corazón sincero ante Él. Para la especie humana, la sinceridad es pureza, y la capacidad de ser sincero hacia Dios es mantener la pureza. Esto es lo que deberías poner en práctica” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Debes mantener tu lealtad a Dios). Por las palabras de Dios entendí que Dios tiene la intención de hacer vencedores a quienes pueden entregar su corazón verdadero a Dios durante las pruebas. Cuanto mayores son las pruebas que experimentan estas personas, más fuerte se vuelve su corazón amante de Dios. Vi que Dios usa las pruebas para perfeccionar a las personas. Al pensar en ello, esto es realmente cierto. Cada vez que experimentaba persecución, mi fe en Dios se volvía un poco más firme. Esta persecución reiterada era Dios disponiendo ambientes de forma práctica según mi estatura para perfeccionar mi fe y permitir que mi estatura creciera. Le agradecí a Dios de corazón. Las palabras de Dios me dieron la fe y el valor para defender el camino verdadero. Oré a Dios, pidiéndole que me ayudara, y me permitiera someterme a Dios y mantenerme firme en mi testimonio por Él, y no me quejara de Dios sin importar el dolor que pudiera enfrentar en el futuro. Una noche, recordé las experiencias de Pedro, sobre las cuales habíamos compartido previamente en una reunión. Cuando tenía 18 años, Pedro abandonó a sus padres, a su familia y sus perspectivas mundanas para transitar por la senda de la fe en Dios. Más tarde, cuando oyó el llamado del Señor, lo siguió sin preocuparse por nada más. Esto me hizo reflexionar mucho. Sabía que Dios Todopoderoso es el Dios verdadero, el Señor Jesús que ha regresado; pero yo no había pagado ningún precio por seguir a Dios. No era capaz de seguir a Dios con total dedicación. Me sentí muy avergonzada. Al pensar en esto, mi corazón se iluminó y sentí que Dios me estaba guiando a tomar una decisión. Tenía que perseverar en seguir a Dios y hacer mi deber. Así que usé el teléfono de mi hermana para contactar a los hermanos y hermanas, y les dije que quería dejar mis estudios y seguir a Dios, y que, si mis padres intentaban detenerme de nuevo, me escaparía de casa. Una hermana compartió conmigo, diciendo: “Eres una chica y tu familia se preocupará si te escapas así. Es perfectamente natural y justificado que sigamos a Dios. Puedes explicarles las cosas claramente a tus padres, diciéndoles que eliges seguir a Dios. Si todavía intentan detenerte, entonces tendrás que elegir la senda en la vida que debes recorrer”. Sentí que lo que decía la hermana era correcto, y empecé a pensar en cómo exponer mi posición a mi papá.
Inesperadamente, en los días siguientes, la actitud de mis padres hacia mí mejoró de repente. Me contaron cómo habían trabajado muy duro para cuidarme desde que nací. Mi papá solía decir: “Hija mía, ¿sabes cuánto te queremos? De niña tenías asma y por las noches te costaba respirar. Tu madre y yo te sosteníamos en el regazo y te dábamos medicinas. Por la noche, nos turnábamos para sostenerte y ayudarte a cambiar de posición para dormir. Si no te hubiéramos cuidado así, ¿cómo te habrías recuperado? Ahorramos y nos sacrificamos para darte la mejor educación y que pudieras destacar sobre los demás en el futuro. Todo nuestro dinero se gastó en ti. ¡No puedes olvidar nuestra bondad!”. Al escuchar las palabras de mis padres, me dolía el corazón y me sentía en deuda con ellos. Más tarde, en una reunión, me sinceré y compartí sobre mi estado. Una hermana me leyó un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “La vida y el alma de todos provienen de Dios y Él las creó; no provienen de nuestros padres y, ciertamente, tampoco de la naturaleza, sino que nos las dio Dios; es solo que nuestra carne nació de nuestros padres y nuestros hijos nacen de nosotros; sin embargo, el porvenir de nuestros hijos está totalmente en manos de Dios. El hecho de que podamos creer en Dios es una oportunidad que Él ofrece; Él así lo decreta y es Su gracia. Por tanto, no es necesario que cumplas tus obligaciones o responsabilidades hacia nadie más; solo deberías hacer el deber hacia Dios que deberías realizar como ser creado. Esto es lo que la gente debe hacer por encima de cualquier otra cosa, es la acción principal y el asunto primordial que las personas más deberían completar en su vida. Si no cumples bien tu deber, no eres un ser creado acorde al estándar. A ojos de otros, es posible que seas una buena esposa y una madre cariñosa, una ama de casa excelente, una buena hija y un miembro respetable de la sociedad, pero ante Dios eres alguien que se rebela contra Él, que no ha cumplido en absoluto su obligación o deber, que aceptó Su comisión, pero no la completó, y que se rindió a mitad de camino. ¿Puede alguien así ganar la aprobación de Dios? Este tipo de personas no tiene ningún valor” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo conociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente). Tras leer las palabras de Dios, me di cuenta de que estaba equivocada al creer que mis padres habían dado mucho por mí y eran quienes más se preocupaban por mí, y que elegir seguir a Dios significaría estar en deuda con ellos. De hecho, es Dios quien me otorgó todo esto. Mi vida y todo lo que necesito para crecer me fueron otorgados por Dios. Que mis padres me criaran también se debió a la soberanía y los arreglos de Dios. Es con Dios con quien estoy en deuda, no con mis padres. Pensé en cómo mis padres decían que me habían dado todas las cosas buenas para disfrutar y una buena educación, y que me querían mucho. De hecho, solo eran buenos conmigo en apariencia. Ante el gran asunto del regreso del Señor, siempre habían intentado impedirme aceptar el camino verdadero. ¿Cómo podía ser esto amor? ¡Decían esas cosas para tentarme a traicionar a Dios! Agradecí la guía de las palabras de Dios por permitirme calar las tramas de Satanás. Más tarde, pasé toda una noche escribiendo una carta a mi papá, en la que una vez más le daba testimonio sobre la obra de Dios Todopoderoso. También escribí sobre cómo me sentía al no poder leer las palabras de Dios Todopoderoso, y expresé mi firme determinación de seguir a Dios Todopoderoso. Al final de la carta, escribí: “Las profecías del regreso del Señor ya se han cumplido. Dios Todopoderoso es el Señor Jesús que ha regresado. He compartido mucho contigo, pero te niegas a escucharme y hasta me persigues y obstaculizas. Ahora exijo que me des libertad de credo y que me permitas asistir a las reuniones. Si sigues poniéndome trabas, algún día me iré de casa. Vivimos en un país democrático, pero, aun así, me has quitado mi derecho a la libertad de credo. Estoy decidida a seguir siempre a Dios Todopoderoso y tú no puedes impedírmelo”. Luego le mostré la carta a mi papá. Después de leerla, mi papá me dijo: “Te prohíbo que sigas creyendo en Dios Todopoderoso. Te lo he advertido tres veces. ¿Por qué sigues insistiendo en creer? ¿Por qué sacas este tema una y otra vez? ¿Por qué sigues queriendo unirte a su iglesia?”. Le dije a mi papá: “Ya te he dicho lo que había que decir. Pase lo que pase, ¡no renunciaré a seguir a Dios Todopoderoso!”. Mi papá guardó silencio un momento y luego dijo: “Te hice estudiar para que pudieras ayudarme de varias maneras, pero ahora tus conocimientos superan a los míos y no solo no me ayudas, sino que hasta dices que mis enseñanzas están equivocadas. ¿Cómo haré para seguir predicando a los demás? ¿Cómo haré para ser pastor? Si amas a papá, debes hacer lo que yo diga. La Biblia dice que los hijos deben obedecer a sus padres. Solo si me obedeces puedes demostrar que el camino en el que crees es el correcto”. Sabía que mi padre temía que el hecho de que yo siguiera a Dios Todopoderoso afectara su estatus como pastor y dañara su reputación entre los creyentes. Dije: “Tengo mucha suerte de haber nacido en una familia cristiana y de haber conocido a Dios desde pequeña, pero no todas tus enseñanzas son correctas. Obedeceré las cosas correctas que digas, pero no puedo obedecer las cosas que digas que sean incorrectas. He aceptado la obra de Dios en los últimos días y he dado la bienvenida al regreso del Señor Jesús. Al obstaculizarme, me impides oír la voz de Dios y someterme a Él. ¿Cómo podría escucharte a ti?”. Al ver que no iba a ceder, mi papá continuó: “No te obligaré. Puedes elegir tu propia senda. Pero debes saber que si me haces caso, podemos vivir juntos en armonía. Si eliges seguir a Dios Todopoderoso, nuestra familia se romperá, porque seguimos caminos diferentes. ¡Eso significa que tendremos que tomar rumbos separados a partir de ahora!”. Tuve un poco de miedo y pensé: “Si me separara de mi familia, ¿a dónde iría? ¿Cómo viviría por mi cuenta?”. Pero sabía que, aunque lo perdiera todo, no podía traicionar a Dios. Así que una vez más le dije con firmeza a mi papá: “¡Quiero seguir a Dios Todopoderoso y recorrer la senda correcta!”.
Después, fui a quedarme en casa de una amiga de otra zona. Aunque mi amiga no creía en Dios, pudo entenderme cuando escuchó mi experiencia de persecución. Más tarde, busqué ayuda en una organización de derechos humanos. El personal, después de escuchar mi declaración, me dijo que, si mi familia interfería con mi libertad de credo, podían presentar una demanda y emitir una advertencia a mis padres. Luego, me llevaron a un refugio. Allí tenía lo necesario para sobrevivir, pero no podía vivir la vida de iglesia ni leer las palabras de Dios, y mi corazón seguía muy dolido. Más tarde, usé el teléfono de otra persona para contactar a los hermanos y hermanas. La hermana Sylvia me dijo que mis padres, para encontrarme, se habían confabulado con la policía, que había arrestado a tres hermanos y hermanas que habían estado en contacto conmigo. Me quedé impactada. Nunca pensé que la policía haría algo así. Así que fui a la organización de derechos humanos para pedir ayuda. Inesperadamente, esa tarde, mis padres trajeron a muchos policías al local de la organización de derechos humanos. Mi mamá lloró y me rogó que volviera a casa, diciéndome que no interferirían con mi fe. Entonces, llegamos a un acuerdo y la organización de derechos humanos hizo que mi mamá firmara el acuerdo. La policía me engañó diciendo que ya habían liberado a los hermanos y hermanas. Pero cuando llegué a la comisaría, los hermanos y hermanas seguían encerrados en el centro de detención y habían sido brutalmente golpeados. A una hermana incluso la habían golpeado hasta dejarla inconsciente. Le conté a la policía por qué me había ido de casa y cómo me había perseguido mi familia, y les expliqué que la India es un país democrático donde la libertad de credo está protegida por la ley, y que los repetidos intentos de mis padres de obligarme a renunciar a mi fe no estaban de acuerdo con la ley india. Un policía me gritó con fiereza: “¿Qué fe? ¡Basta ya! Traicionaste a tus padres por tu fe. ¡Pase lo que pase, debes obedecer a tus padres!”. Los gritos del policía me aterrorizaron. Antes, solo sabía que el gobierno del PCCh se resistía a Dios. Ahora veía que muchos policías aquí también se resistían a Dios y lo odiaban. Finalmente, el jefe de policía dijo: “Tenemos que llegar a un acuerdo. Volverás a casa y vivirás con tus padres, y tus padres ya no podrán perseguirte ni impedirte creer en Dios. Según los artículos 25 a 28 de la Constitución de la India, los indios tienen libertad de creencia religiosa. Todos deben recordar esto”. Mi mamá aceptó.
Al tercer día después de volver de la comisaría, mis primos, en confabulación con mis padres, me engañaron para que volviera a mi ciudad natal y fuera a una iglesia allí. Hicieron que el pastor orara por mí para expulsar a mis supuestos “demonios”. Intenté resistirme a ir, pero no pude contra ellos. Así que observé atentamente lo que iban a hacer. Cantaban juntos y sonaban como si estuvieran muy tristes, cerrando los ojos, levantando las manos y derramando lágrimas. Una chica se desmayó y la llevaron a un banco, diciendo que había fallecido pero que despertaría. Creían que la chica traería algunas noticias del cielo. Luego empezaron a hablar tonterías, diciendo que yo había sido desorientada. Por sus acciones, vi cómo estas personas religiosas engañan a los demás, y también entendí que Dios me había permitido experimentar estas cosas para poder crecer en discernimiento, ver claramente la perversidad de Satanás y ver claramente cómo estas personas religiosas engañan y desorientan a los demás. En solo unas horas, habían engañado a muchas de las personas presentes. Me dije a mí misma en silencio: “No importa lo que digan, no importa lo que pase, debo mantenerme firme en mi posición”. Al final, incluso cuando todos se unieron contra mí, no me afectó. Al ver que mi fe en Dios Todopoderoso seguía firme, mi familia hizo algo aún más increíble. A la mañana siguiente, mis primos y mis padres me llevaron a la fuerza a un lugar donde se practicaba brujería. Esto era algo que nunca había imaginado: ¡que mis padres, precisamente ellos, que habían creído en el Señor Jesús durante tantos años, hicieran tal cosa! Antes había oído que, cuando un brujo lanza un hechizo sobre alguien, esa persona podría volverse loca. Tenía un poco de miedo en mi corazón. Pero entonces recordé una película llamada “Una nueva vida tras la tortura” en el sitio web de la Iglesia de Dios Todopoderoso. En la película, la policía drogó a una hermana para obligarla a traicionar a Dios, intentando volverla loca. Pero la hermana confió en las palabras de Dios para superar los estragos y la tortura de la policía, y finalmente se mantuvo firme en su testimonio, avergonzando a Satanás. Pensando en esto, cobré algo de valor. Le envié un mensaje de texto a la hermana Sylvia contándole todo lo que había pasado. Ella me dijo que confiara en Dios y también me envió algunas de Sus palabras. Un pasaje de las palabras de Dios me dio fuerzas y me dio más fe para afrontar lo que estaba por venir. Dios Todopoderoso dice: “Cuando Dios escoge a una persona y la guía para que escape del poder de Satanás y entre en Su casa, ¿se atreve Satanás a establecer condiciones a Dios? No se atreve a establecer ninguna condición ni tampoco a decir nada. Si Dios dice: ‘Esta persona es Mía, tú ya no tienes permitido tocarla’, entonces Satanás entrega a esa persona obedientemente. El alimento, la vestimenta, la vivienda y el transporte de esa persona, así como cada uno de sus movimientos, están todos bajo el cuidado y ante los ojos de Dios, y Satanás no se atreve a volver a tocar a esa persona sin Su permiso. ¿Y eso qué quiere decir? Quiere decir que la persona vive plenamente bajo el cuidado y la protección de Dios, sin la interferencia ni la erosión de fuerzas externas, y que sus alegrías, tristezas y padecimientos diarios están todos sometidos al escrutinio de los ojos de Dios y se encuentran bajo Su cuidado y protección” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La vida solo tiene valor si se cumple con el deber de un ser creado). Por las palabras de Dios entendí que Satanás también está en manos de Dios, y que, sin el permiso de Dios, Satanás no se atreve a hacer nada. Ya no tenía miedo de ninguna forma en que mi familia pudiera intentar asustarme, ni de ninguna táctica que pudieran usar para obligarme a traicionar a Dios. Al ver que ellos, como cristianos, podían ir y adorar a espíritus malignos, y que después de creer en el Señor durante tantos años, podían hacer cosas que traicionaban y avergonzaban a Dios, me sentí particularmente decepcionada de ellos. Solo porque había aceptado a Dios Todopoderoso, recurrieron a estos métodos para perturbarme y obligarme a traicionar el camino verdadero. ¡Odiaban tanto la verdad! Le dije a mi mamá: “¿Por qué hacen esto? ¿No saben que esto es brujería, que son Satanás y espíritus malignos? Ustedes son creyentes en el Señor, y sin embargo, para evitar que acepte la nueva obra de Dios, ¡realmente han recurrido a Satanás y a los espíritus malignos!”. Mi mamá dijo: “Hacemos esto por tu propio bien. Nuestras oraciones a Dios no pudieron cambiarte, pero Satanás puede ayudar con esto. No estamos aquí para adorarlos”. Ver quiénes eran realmente me hizo sentir muy triste. No eran diferentes de los incrédulos. Lo que no me esperaba era que el brujo, conociendo el propósito de mi familia al llevarme allí, me dijera: “Querida, ora al Dios en el que tú crees. Solo hay un Dios, y el Dios en el que tú crees es el verdadero”. Estaba muy feliz y realmente vi la protección de Dios. Dios gobierna todo. Después de todos sus intentos, mis padres vieron que no podían hacer nada conmigo, así que acordaron no restringir más mi asistencia a las reuniones, dejar de interferir con mi fe y dejar de preocuparse por si iba a la escuela o no. El 12 de enero de 2021, finalmente pude asistir abiertamente a las reuniones en línea desde casa. Aunque a veces mis padres, cuando me veían asistir a las reuniones, todavía me regañaban e intentaban persuadirme para que volviera a la escuela a terminar mis estudios, ya no me afectaba. Más adelante, me fui de casa y empecé a hacer mi deber en la iglesia a tiempo completo.
Tras haber pasado por esta experiencia, realmente sentí que todo está en manos de Dios. Dios usó estas circunstancias difíciles para perfeccionar mi fe y también para permitirme tener un mayor discernimiento sobre mi familia y las personas religiosas. Mi familia ha creído en el Señor durante generaciones, y muchos de sus miembros son pastores. Solía pensar que servían a Dios y lo amaban con sinceridad, pero la obra de Dios en los últimos días los reveló a todos. Ahora veo con claridad su esencia de odiar la verdad. No creen sinceramente en Dios en absoluto. Se oponen a Dios. Es el liderazgo y la guía de las palabras de Dios los que me han permitido mantenerme firme en medio de los ataques de mi familia que venían por todas partes. ¡Gracias a Dios! Nunca me arrepentiré de seguir a Dios Todopoderoso.