23. Cómo resolví mis celos
En 2019, fui elegida líder del equipo de vídeo. Pensé: “Parece que soy bastante capaz; si no, no me habrían elegido”. Al mismo tiempo, me propuse hacer bien mi deber con todo mi corazón. En ese momento, la hermana Xiao Ya destacaba particularmente por sus habilidades en 3D y todos acudían a ella si tenían algún problema técnico. Al ver a todos reunidos constantemente alrededor de Xiao Ya haciéndole preguntas, sentí un ligero sinsabor, pero pude tratarlo de la forma correcta. Después de todo, mi especialidad era la animación 2D y no sabía mucho de tecnología 3D, así que era normal que la gente le pidiera ayuda a ella. Además, la hermana Su Jie a menudo me hacía algunas preguntas técnicas, lo que ayudaba a equilibrar la balanza para mí. Pero, más tarde, las hermanas no solo empezaron a acudir a Xiao Ya por asuntos técnicos, sino también para compartir sobre los problemas y las dificultades en su entrada en la vida. Ahí fue cuando empecé a sentirme bastante amargada. “Soy la líder del equipo, ¿cómo es que nadie acude a mí? ¿Creen que no soy tan buena como Xiao Ya? Entonces, ¿para qué me eligieron líder en primer lugar? ¿Esto no me pone en una situación bochornosa sin más?”. Cada vez que veía a las hermanas compartiendo juntas, quería unirme, pero cuando las veía a todas reunidas alrededor de Xiao Ya, cambiaba de idea de inmediato. “Tú ya eres el centro de atención. Si yo, como líder del equipo, me acerco, ¿no haría eso que brilles aún más y parezcas más competente, mientras que yo me vería aún más insignificante?”. Así que me daba la vuelta y me iba a otra habitación a hacer mis devociones espirituales a solas. Desde fuera, a veces oía la risa de Xiao Ya y me sonaba especialmente estridente, como si estuviera presumiendo a propósito de su “popularidad”. Después de eso, me sentí cada vez más descontenta con ella. “Es obvio que yo soy la líder del equipo, pero todos giran a tu alrededor. ¿Cómo se supone que voy a quedar bien? Ni siquiera tienes en cuenta mis sentimientos. ¡Al menos podrías haberme invitado a unirme, para darme una forma de quedar bien! Veo que no me tienes ningún respeto como tu líder de equipo en absoluto”. Más tarde, empecé a pensar que, si mis pláticas en las reuniones tuvieran más luz, la gente tal vez empezaría a acudir a mí para hablar de sus problemas. De esa manera, podría recuperar algo de mi reputación. Así que, durante las reuniones, me devanaba los sesos pensando en cómo hacer que mis pláticas destacaran, pero cuanto más lo intentaba, más me quedaba en blanco. Mis pláticas eran secas y sosas, y después, nadie venía a compartir conmigo. Poco a poco, empecé a tener una opinión negativa de las otras hermanas. No quería hablar con ellas y, en especial, quería ignorar a Xiao Ya. Solo le hablaba a regañadientes cuando era absolutamente necesario para discutir sobre el trabajo, y aun así, lo hacía con cara de piedra y un tono muy seco. Al verme así, Xiao Ya no se atrevía a hablarme.
Una noche, todos se reunieron de nuevo alrededor de Xiao Ya para hacerle preguntas, e incluso Su Jie se unió a ellos. Al verlas hablar y reír mientras discutían cosas, de repente me sentí excluida y pensé que Xiao Ya lo hacía a propósito para provocarme. Cuanto más lo pensaba, más me enojaba. Poco después, Xiao Ya me preguntó algo. No tenía ninguna intención de responderle, así que fingí no haberla oído. Me volvió a preguntar y le espeté una respuesta muy cortante. Xiao Ya se quedó un poco desconcertada y preguntó: “¿Qué te pasa?”. Repliqué, enfadada: “¡Nada!”. Al verme así, Xiao Ya no tuvo más remedio que volver a sentarse en su sitio. Me sentí tan ofendida y ahogada que me fui a otra habitación y me eché a llorar. Xiao Ya se acercó para ver cómo estaba, pero la ignoré, pues sentía que todo mi dolor era por su culpa. Después de eso, empecé a competir secretamente con ella en mi corazón. Cada mañana, durante nuestras devociones espirituales, yo intervenía después de que las demás hermanas terminaban sus pláticas, pero cuando Xiao Ya terminaba la suya, me quedaba en completo silencio. Pensaba: “Te dejaré bien colgada, para que pruebes lo que se siente estar en una situación bochornosa”. Cuando discutíamos sobre el trabajo, yo añadía rápidamente mis opiniones después de que las demás hablaban, pero cuando Xiao Ya terminaba de hablar, actuaba como si no hubiera oído nada, ignorándola. Debido al marcado contraste en mi actitud hacia Xiao Ya y las demás hermanas, las otras hermanas también empezaron a sentirse algo constreñidas. No se atrevían a decir lo que pensaban libremente durante las discusiones de trabajo, lo que llevaba a una baja eficiencia y a malos resultados en nuestras reuniones. Yo había pensado que actuar de esa manera haría que Xiao Ya bajara de su pedestal, pero resultó que a ella no le afectó realmente. Su relación con todas seguía siendo excelente y las hermanas seguían acudiendo a ella con sus problemas. Esto me enojaba mucho. Más tarde, dejé de tomar la iniciativa para discutir asuntos relacionados con nuestro deber. No quería hablar con Xiao Ya y tampoco quería molestarme con las demás hermanas. Me aislaba todos los días, sintiéndome increíblemente reprimida y desdichada por dentro.
Durante un tiempo después de eso, cada noche, después de cenar, se me empezaba a hinchar el estómago y era muy incómodo. Probé todo tipo de remedios, pero nada funcionaba. Una noche, tanto Xiao Ya como la hermana anfitriona me recordaron que, cuando me encuentro con una enfermedad así, necesito reflexionar sobre mí misma y aprender mis lecciones. Solo entonces oré a Dios, pidiéndole que me esclareciera y me guiara para conocerme a mí misma. Mientras oraba, escenas de mis celos hacia Xiao Ya pasaron por mi mente, una tras otra, y me di cuenta de que necesitaba reflexionar sobre este asunto.
Durante mis devociones espirituales, leí unas palabras de Dios y logré entender un poco mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Algunas personas siempre temen que otros sean mejores que ellas o estén por encima de ellas, que otros obtengan reconocimiento mientras a ellas se les pasa por alto, y esto lleva a que ataquen y excluyan a los demás. ¿Acaso no es eso envidiar a las personas con talento? ¿No es egoísta y despreciable? ¿Qué tipo de carácter es este? Es un carácter cruel. Aquellos que solo piensan en los intereses propios, que solo satisfacen sus deseos egoístas sin pensar en nadie más ni considerar los intereses de la casa de Dios tienen un carácter malo y no les agradan a Dios. Si realmente puedes mostrar consideración por las intenciones de Dios, podrás tratar a otras personas de manera equitativa. Si recomiendas a una buena persona y permites que se forme y haga un deber, con lo que la casa de Dios gana así a alguien talentoso, ¿no facilitará eso tu trabajo? ¿No estarás mostrando lealtad en tu deber? Se trata de una buena obra ante Dios, es el mínimo de conciencia y razón que debe poseer alguien que sirve como líder. Aquellos capaces de poner en práctica la verdad pueden aceptar el escrutinio de Dios en las cosas que hacen. Cuando aceptes el escrutinio de Dios, tu corazón se enderezará. Si solo haces las cosas para que otros las vean, siempre quieres ganarte los elogios y la admiración de los demás y no aceptas el escrutinio de Dios, ¿sigue estando Dios en tu corazón? Estas personas no tienen un corazón temeroso de Dios. No hagas siempre las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres los intereses humanos ni tengas en cuenta tu orgullo, reputación y estatus. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu prioridad. Debes ser considerado con las intenciones de Dios y empezar por contemplar si ha habido impurezas en la ejecución de tu deber, si has sido devoto, has realizado tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has estado pensando de todo corazón en tu deber y en la obra de la iglesia. Debes meditar sobre estas cosas. Si piensas en ellas con frecuencia y logras comprenderlas, te será más fácil cumplir bien con el deber” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). Después de leer las palabras de Dios, me di cuenta de que había estado viviendo en un estado de celos. Desde que llegó Xiao Ya, al ver que todos acudían a ella con sus problemas en lugar de a mí, la líder del equipo, mi corazón se desequilibró. Sentí que ella me había robado el protagonismo, y estaba celosa y resentida. Para salvar mi supuesta dignidad como líder del equipo, me devanaba los sesos durante las reuniones, tratando de encontrar la manera de que mis pláticas sonaran profudas para que las hermanas me admiraran. De esa manera, acudirían a mí para compartir y resolver cualquier problema o dificultad que tuvieran en su entrada en la vida. Pero cuanto más lo intentaba, menos podía compartir nada en absoluto. Después, no reflexioné sobre mí misma; en cambio, mi resentimiento hacia Xiao Ya se hizo aún más fuerte. Ya fuera en las reuniones o en las discusiones de trabajo, respondía con entusiasmo a lo que dijera cualquier otra persona, pero cada vez que Xiao Ya hablaba, la ignoraba, creando deliberadamente silencios incómodos para ponerla en una situación bochornosa. Era mi forma indirecta de atacarla y excluirla. Para mi sorpresa, sin embargo, la relación de todas con Xiao Ya siguió siendo excelente. Me enojé tanto que no quería hablar con nadie, e incluso descargué mis frustraciones en mi deber. Tener celos de aquellos más capaces que yo me había vuelto mezquina y de mente estrecha; no soportaba ver a otros mejores que yo. Tan pronto como veía a alguien que era más fuerte que yo, intentaba por todos los medios atacarlo y excluirlo. Cuando no me salía con la mía, me volvía negativa y empezaba a holgazanear, descuidando mi deber. ¡Estaba descuidando por completo mi deber propio! En realidad, Xiao Ya tenía buenas habilidades profesionales y podía compartir sobre la verdad para resolver problemas. El hecho de que acudieran a ella con sus problemas era beneficioso tanto para nuestro deber como para la entrada en la vida de las hermanas. Dios dispuso que personas mejores que yo estuvieran a mi lado para que pudiéramos aprender de las fortalezas de cada una a fin de suplir nuestras propias carencias, ayudarnos mutuamente a hacer bien nuestro deber y, al mismo tiempo, para que yo pudiera seguir creciendo. Debería estar cooperando con Xiao Ya, no tenerle celos ni excluirla. Después de eso, me sinceré con todas y compartí sobre el estado de celos que había tenido hacia Xiao Ya durante ese tiempo. No solo Xiao Ya no me guardó rencor, sino que también buscó algunas palabras de Dios para ayudarme. Me sentí muy avergonzada y un poco arrepentida, y pensé que debía empezar a cooperar bien con ella para cumplir nuestro deber. Inesperadamente, a partir de ese día, la hinchazón de mi estómago desapareció. Después, cuando veía a todas reunidas alrededor de Xiao Ya haciéndole preguntas, ya no me sentía tan mal y pude cooperar en armonía con mis hermanas.
Como mi comprensión de mi carácter corrupto era muy superficial, al cabo de un tiempo, recaí en mis antiguas mañas. Cuando vi a unas cuantas hermanas siempre reunidas alrededor de Xiao Ya haciéndole preguntas, mi deseo de estatus comenzó a manifestarse de nuevo. En ese momento, An Jie había desarrollado un prejuicio contra Xiao Ya por algunos asuntos. Yo debería haber ayudado a resolver el problema y eliminar la barrera entre ellas. Pero, aunque parecía que estaba compartiendo con An Jie, en realidad usé nuestra plática como una oportunidad para señalar deliberadamente los defectos de Xiao Ya. Esto hizo que el prejuicio de An Jie contra Xiao Ya se hiciera aún más fuerte y, después de eso, An Jie dejó de acudir a Xiao Ya con sus problemas y empezó a venir a mí en su lugar. Sin embargo, siempre había dos hermanas reunidas alrededor de Xiao Ya, así que, en comparación, yo seguía en desventaja. Entonces se me ocurrió una táctica: “Si finjo tragarme el orgullo delante de ella y nos ‘reconciliamos’, ella apoyará mi trabajo. ¿No quedará así asegurado mi estatus como líder de equipo?”. Así que le dije a Xiao Ya: “Mira, aunque soy la líder del equipo, no soy tan buena como tú en muchos aspectos. Básicamente, eres igual que una líder del equipo, solo que sin el título. A partir de ahora, cooperemos juntas para hacer bien el trabajo del equipo”. Después de eso, tomé la iniciativa de discutir con Xiao Ya todo lo relacionado con nuestro deber. Cada vez que ella tenía alguna idea o sugerencia sobre nuestro deber, también me pedía proactivamente mi opinión primero y luego yo me comunicaba con las demás hermanas. Al ver que Xiao Ya me consultaba proactivamente sobre todo, me regodeaba por dentro. “Finalmente he convertido a mi rival en mi subordinada y he asumido legítimamente el estatus dominante”. Y así, “cooperamos en armonía” durante mucho tiempo. Más tarde, me separaron de Xiao Ya debido a un cambio en la asignación de mi deber.
No mucho después, leí por casualidad un pasaje de las palabras de Dios que desenmascaraba cómo los anticristos atacan y excluyen a los disidentes, y de inmediato me hizo pensar en cómo había actuado yo antes. Dios Todopoderoso dice: “Un anticristo tiene muchos recursos y métodos para atacar y excluir a los disidentes. Además de la confrontación y el repudio públicos, su recurso más poderoso conlleva atraer y reclutar disidentes y hacer que todos ellos lo escuchen. Si estos no escuchan, los anticristos los reprimen, los oprimen y los desacreditan, de la misma manera que un no creyente lidiaría con un oponente político. Así de perversos y crueles son los anticristos. Sin embargo, a veces usan un enfoque sutil para atraer a la gente. Por ejemplo: si hay un disidente cuya opinión no concuerda con la suya, observarán qué le gusta y cuáles son sus puntos débiles y usarán toda clase de medios despreciables para dominarlo. O puede que finjan sumisión y la admisión de sus errores frente al disidente; o que hagan lo que sea para proporcionarle beneficios y satisfacerlo; o quizás hagan que sus amigos cercanos lo persuadan y luego finjan que están hablando sobre la verdad con él y le digan: ‘Nuestro trabajo conjunto para la iglesia es perfecto; en el futuro podríamos compartirla a medias. Si bien yo soy el líder, escucharé cualquier sugerencia que tengas. De hecho, seré yo quien estará cooperando contigo’. Si el disidente es una persona que no entiende la verdad, al anticristo le resultará fácil captarlo. Aquellos que entienden la verdad tendrán claro todo esto y dirán: ‘Vale, este es un conspirador. No atacan abiertamente, sino que usan un truco. En lugar de emplear tácticas duras, van de blandos’. Para un anticristo, el disidente es una amenaza a su estatus y poder. Sea quien sea el que amenace su estatus y poder, no importa, los anticristos harán todo lo posible para ‘encargarse’ de ellos. Si de verdad no pueden someter o reclutar a tales personas, entonces las harán caer o las echarán. Al final, los anticristos alcanzarán su objetivo de tener el poder absoluto y ser una ley en sí mismos. Esta es una de las técnicas que los anticristos utilizan habitualmente para mantener su estatus y poder: atacan y excluyen a los disidentes” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 2: Atacan y excluyen a los disidentes). Al leer las palabras de Dios, me quedé impactada. ¿No era ese el mismo truco que yo había usado con Xiao Ya en aquel entonces? Me di cuenta de que, cuando fingí tragarme el orgullo delante de ella, en realidad estaba tratando de reclutarla, lo cual es un método para atacar y excluir a los disidentes. Recordando esa época, vi que siempre había hermanas reunidas alrededor de Xiao Ya, y a todas, ya fuera que tuvieran problemas de trabajo o dificultades en su entrada en la vida, les gustaba acudir a ella. Sentía que nunca podría ganarle. Así que, para asegurar mi estatus como líder del equipo, utilicé un enfoque más suave. Fingí deliberadamente humillarme delante de ella, diciendo cosas como “no soy tan buena como tú” y “básicamente, eres igual que una líder de equipo”. En apariencia, parecía muy humilde, pero en realidad, quería atraerla a mi lado, convertirla en mi ayudante y hacer que cooperara con mi trabajo. De esa manera, todas girarían a mi alrededor. En apariencia, parecíamos estar en “armonía”, pero mis motivos detrás de ello eran muy despreciables y sórdidos, y son detestables para Dios. Pensé en esos políticos del mundo no creyente que utilizan todo tipo de métodos para competir con sus rivales por el poder. O bien difaman a sus oponentes, o bien utilizan artimañas a fin de reclutarlos para su propio uso. Para proteger mi propio estatus, yo también me había devanado los sesos, dispuesta a utilizar cualquier medio despreciable y sórdido. ¿Cómo es ese el comportamiento de una creyente? ¡No me diferenciaba en nada de una incrédula! ¡Era realmente repugnante!
Empecé a reflexionar sobre por qué siempre tenía que competir con Xiao Ya. Era principalmente porque sentía que, como líder del equipo, tenía que ser la número uno entre todas y que ningún miembro del equipo podía ser mejor o superarme. Entonces, vi un pasaje de las palabras de Dios: “Hagas lo que hagas, ya sea importante o no, siempre necesitarás a alguien ahí para ayudarte, para señalarte el camino y darte consejos o cooperar contigo para hacer cosas. Es la única manera de asegurarse de que las harás del modo más correcto, de que cometerás menos errores, y será menos probable que te desvíes; se trata de algo bueno. Servir a Dios, en particular, es un asunto importante, ¡y no resolver tu carácter corrupto puede ponerte en peligro! La gente tiene un carácter satánico y puede rebelarse contra Dios y oponerse a Él en cualquier momento y lugar. La gente que vive según el carácter satánico puede negar, oponerse a Dios y traicionarlo en cualquier momento. Los anticristos son muy estúpidos, no se dan cuenta de ello, piensan: ‘Ya he tenido bastantes problemas para hacerme con el poder, ¿por qué iba a compartirlo con nadie? Dárselo a los demás significa que no tendré nada para mí, ¿verdad? ¿Cómo puedo demostrar mis talentos y habilidades sin poder?’. No saben que lo que Dios les ha encomendado a las personas no es poder o estatus, sino un deber. Los anticristos solo aceptan el poder y el estatus, dejan de lado su deber y no hacen ninguna labor real. Por el contrario, solo buscan la fama, el provecho y el estatus, y lo único que quieren es hacerse con el poder, controlar al pueblo escogido de Dios y disfrutar de los beneficios del estatus. Hacer las cosas de esta manera es muy peligroso: ¡es oponerse a Dios! Cualquiera que solo busque la fama, el provecho y el estatus en vez de llevar a cabo el deber adecuadamente está jugando con fuego y con su vida. Los que hacen esto se pueden destruir a sí mismos en cualquier momento. Hoy, como un líder u obrero, estás sirviendo a Dios, lo cual no es algo corriente. No estás haciendo cosas para ninguna persona, y mucho menos trabajando para pagar las facturas y poner comida en la mesa; en cambio, estás realizando tu deber en la iglesia. En particular, este deber provino de la comisión de Dios. Y ¿qué implica realizarlo? Que tendrás que ser responsable ante Dios de tu deber, tanto si lo haces bien como si no; en última instancia, hay que rendir cuentas a Dios, tiene que haber un resultado. Esto se debe a que lo que has aceptado es la comisión de Dios, una responsabilidad sagrada, y da igual lo importante o lo insignificante que esta responsabilidad sea, es algo serio. ¿Cómo de serio es? A pequeña escala, se trata de si puedes obtener la verdad en esta vida y de cómo te contempla Dios. A una escala mayor, está directamente relacionado con tus perspectivas y tu porvenir, con tu resultado; si cometes maldades y te opones a Dios, serás condenado y castigado. Todo lo que haces cuando realizas tu deber es registrado por Dios, y Dios tiene Sus propios principios y normas para calificar y evaluar; Dios determina tu resultado basándose en la totalidad de tu desempeño del deber. ¿Es un asunto serio? ¡Claro que sí! Entonces, si se te asigna una tarea, ¿eres tú el único responsable? (No). No puedes encargarte tú solo, pero sí requiere que te responsabilices de ella. Es tu responsabilidad; debes llevar a cabo tal encargo. ¿Qué implica? Implica la cooperación, cómo colaborar en el servicio, cómo colaborar para cumplir con tu deber, cómo colaborar para completar tu encargo, cómo colaborar para seguir la voluntad de Dios. Implica todo eso” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). Después de leer las palabras de Dios, entendí que cuando mis hermanos y hermanas me eligieron como líder del equipo, no me estaban dando un estatus, sino una responsabilidad. Se suponía que debía cooperar en armonía con todos, y, sin importar quién tuviera fortalezas, debería haberles permitido ponerlas en pleno uso. Solo aprendiendo de las fortalezas de cada uno para suplir nuestras carencias podríamos cumplir nuestro deber. Por ejemplo, Xiao Ya era hábil técnicamente y también se tomaba en serio su entrada en la vida. Debería haberle permitido dar más rienda suelta a sus fortalezas. Esto no solo habría sido beneficioso para el trabajo de la iglesia, sino que también me habría ayudado a mí a cumplir mi propio deber. Pero desde que me convertí en líder del equipo, me había elevado al estatus de líder de equipo. Durante todo el día, mis pensamientos no eran sobre cómo cooperar en armonía con todas para hacer bien nuestro deber; en cambio, estaba obsesionada con mi propio estatus e imagen. Consideraba rival a cualquier persona que me superara e intentaba por todos los medios reprimirla, sin tener en cuenta si mis acciones la dañarían o afectarían el progreso de nuestro trabajo. ¿Cómo era eso hacer mi deber? ¡Estaba claramente perturbando el trabajo de la iglesia! Pensé en cómo los funcionarios del país del gran dragón rojo nunca permiten que sus subordinados los eclipsen o les roben el protagonismo. En el momento en que sienten que alguien es una amenaza para su estatus, lo reprimen y lo atormentan, y no descansan hasta que esa persona es derribada. Y están los anticristos en la iglesia que compiten por el estatus. Consideran a cualquier persona que sea mejor que ellos como una espina clavada en su costado, y la reprimen y excluyen, perturbando gravemente la obra de la casa de Dios sin ningún arrepentimiento, y finalmente son expulsados de la iglesia. ¡Vi que las consecuencias de perseguir el estatus eran aterradoras! Durante mi tiempo como líder del equipo, estuve constantemente compitiendo por fama y provecho. Aunque me aferré a mi estatus de líder de equipo, no cumplí mi deber. Incluso ataqué y excluí a quienes eran mejores que yo y perturbé el trabajo de la iglesia. Todo lo que me quedaban eran transgresiones que eran detestables para Dios. Realmente lo lamenté. Si se pudiera retroceder el tiempo, realmente desearía haber cooperado en armonía con Xiao Ya y las demás para cumplir nuestro deber.
Más tarde, vi un video de testimonio vivencial, y un pasaje de las palabras de Dios citado en él se ajustaba perfectamente a mi estado. Dios Todopoderoso dice: “A fin de obtener poder y estatus, lo primero que hacen los anticristos en la iglesia es tratar de ganarse la confianza y la estima de otros, de modo que puedan convencer a más gente y hacer que más personas los admiren e idolatren, para así lograr su meta de tener la última palabra y ostentar el poder en la iglesia. En lo que se refiere a obtener poder, son los más diestros a la hora de competir y luchar contra otras personas. Sus oponentes principales son aquellos que persiguen la verdad, que tienen prestigio en la iglesia y que son amados por los hermanos y hermanas. Cualquier persona que suponga una amenaza para su estatus es su rival. Compiten con determinación contra aquellos más fuertes que ellos y, también, contra los más débiles sin sentir lástima alguna. Su corazón está lleno de filosofías de competir y luchar. Creen que nadie podrá obtener ningún beneficio si no compite y lucha, y que solo si lo hacen les será posible conseguir lo que quieren. Con el fin de obtener estatus y lograr una posición preeminente entre un grupo de personas, hacen todo lo que sea necesario para competir con cualquiera y no se apiadan de nadie que suponga una amenaza para su estatus. Se relacionen con quien se relacionen, estas interacciones están llenas de competición y lucha y no paran de competir y luchar hasta la vejez. A menudo dicen: ‘¿Podría vencer a esa persona si luchara contra ella?’. Cualquiera que sea elocuente y sea capaz de hablar de manera lógica, estructurada y metódica, se convierte en el objetivo de su envidia y de su imitación. Más aún, se convierte en sus oponentes. Cualquiera que persiga la verdad y posea fe, que sea capaz de ayudar y apoyar a los hermanos y hermanas con frecuencia, y les permita salir de la negatividad y la debilidad, se convierte también en su oponente, igual que cualquiera que sea competente en cierta profesión y cuente de algún modo con la estima de los hermanos y hermanas. Quien consigue resultados en su trabajo y obtiene el reconocimiento de lo Alto, se convierte naturalmente en un oponente incluso más grande para ellos. […] Los anticristos no quieren necesariamente ocupar el puesto más alto independientemente de donde se encuentren. Cada vez que van a alguna parte, tienen un carácter y una mentalidad que los incitan a actuar. ¿Qué mentalidad es esta? La de ‘¡Debo competir! ¡Competir! ¡Competir!’. ¿Por qué ‘competir’ tres veces y no solo una? (La competición se ha convertido en su vida, viven para ello). Este es su carácter. Nacieron con un carácter salvajemente arrogante y difícil de contener, es decir, se ven a sí mismos como insuperables y son extremadamente egoístas. Nadie puede contener su carácter increíblemente arrogante, ni ellos mismos son tampoco capaces de controlarlo. Así que su vida es lucha y competición. ¿Por qué luchan y compiten? Naturalmente, compiten por fama, ganancias, estatus, imagen y por sus propios intereses. No importa qué métodos tengan que utilizar, mientras todo el mundo se someta a ellos y siempre que obtengan beneficios y estatus para sí mismos, habrán alcanzado su objetivo. Su voluntad de competir no es un entretenimiento temporal, es un tipo de carácter que viene de una naturaleza satánica. Es igual que el carácter del gran dragón rojo que lucha contra el Cielo, lucha contra la tierra y contra la gente. Así, cuando los anticristos luchan y compiten con otros en la iglesia, ¿qué quieren? Sin duda, compiten por reputación y estatus. Y cuando ganan estatus, ¿de qué les sirve? ¿De qué les vale que los otros los escuchen, admiren y veneren? Ni siquiera los propios anticristos pueden explicarlo. En realidad, les gusta disfrutar de la reputación y el estatus, que todo el mundo les sonría y que los saluden con halagos y lisonjas. Así que, cada vez que un anticristo va a la iglesia, hace una cosa: lucha y compite con los demás. Incluso si gana poder y estatus, no le basta. Para proteger su estatus y asegurar su poder, continúa luchando y compitiendo con los demás. Se comportará así hasta que muera. La filosofía de los anticristos es: ‘Nunca dejes de luchar mientras vivas’. Si una persona así de malvada existe en la iglesia, ¿perturbará a los hermanos y las hermanas? Por ejemplo, digamos que todo el mundo está comiendo y bebiendo tranquilamente las palabras de Dios y compartiendo la verdad y la atmósfera es de paz y el ambiente agradable. En un momento así, el anticristo acumulará insatisfacción. Se pondrá celoso de aquellos que hablan sobre la verdad y los odiará. Empezará a atacar y a emitir juicios sobre ellos. ¿Acaso no perturba eso la atmósfera pacífica? Se trata de una persona malvada que perturba y repugna a los demás. Así son los anticristos. Algunas veces, los anticristos no buscan destruir o derrotar a los que compiten con ellos y suprimirlos. Mientras obtengan reputación, estatus, vanidad y orgullo, y hagan que la gente los admire, habrán logrado su objetivo. Al competir, revelan un claro carácter satánico. ¿Qué carácter es este? El de que, sea cual sea la iglesia en la que aparecen, siempre quieren competir y luchar contra otras personas, siempre quieren rivalizar por fama, ganancias y estatus, y solo sienten que han logrado su objetivo cuando la iglesia se sume en el desorden y el caos, cuando han obtenido estatus y todos se rinden ante ellos. Esta es la naturaleza de los anticristos, es decir, se sirven de la competición y de la lucha para lograr sus objetivos” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). Por las palabras de Dios entendí que luchar constantemente con otros por la reputación y el estatus, y sumir a la iglesia en un desorden caótico, es recorrer la senda de los anticristos, quienes son condenados y descartados por Dios. En retrospectiva, siempre había creído que, como líder del equipo, mi estatus en el equipo debía ser el más alto y que todas debían girar a mi alrededor. Cuando vi a todas reunidas alrededor de Xiao Ya haciéndole preguntas, creí que me había robado mi estatus. Estaba controlada por el veneno satánico de “Solo puede haber un macho alfa”. Ataqué a Xiao Ya en cada oportunidad e incluso sembré cizaña entre An Jie y ella a sus espaldas. Cuando finalmente me di cuenta de que no podía ganar, atraje a Xiao Ya a mi bando. En apariencia, lo llamé cooperación, pero en realidad, quería que me escuchara y que fuera utilizada por mí, para que todas giraran a mi alrededor. De esa manera, podía asegurar mi posición como líder del equipo. En mi lucha por fama y provecho, no solo lastimé a Xiao Ya, sino que también hice que las otras hermanas se sintieran constreñidas e incapaces de hablar libremente al discutir el trabajo, lo que afectó el progreso del mismo. La única razón por la que fui elegida líder del equipo fue para guiar a todas a cumplir nuestro deber, pero, en lugar de eso, estaba completamente obsesionada con competir por el estatus, incitando a los celos y las disputas, juzgando a las demás a sus espaldas y provocando discordia entre mis hermanas. Sumí al equipo en un caos. ¿No estaba actuando simplemente como una sirviente de Satanás? Me vi a mí misma como una mosca apestosa que perturbaba los corazones de las personas, molestando a todas. Había renunciado a mi familia y a mi carrera para hacer mi deber con el fin de perseguir la verdad y alcanzar la salvación. Sin embargo, había considerado la búsqueda de estatus como lo más importante, luchando constantemente por fama y provecho. Como resultado, trastorné y perturbé el trabajo de la iglesia y me adentré en la senda de un anticristo sin tener la más mínima conciencia de ello. Cuanto más lo pensaba, peor me sentía. Pensé en Pablo. En aquel entonces, cuando vio el gran prestigio de Pedro entre los creyentes, sintió celos. A pesar de que sabía muy bien que Pedro era el designado por el Señor Jesús para pastorear la iglesia, hizo todo lo posible para menospreciar a Pedro y exaltarse a sí mismo, diciendo que él era el jefe de los apóstoles, para que todos lo respetaran y admiraran. Más tarde, se mantuvo obstinadamente sin arrepentirse e incluso intentó competir con Dios por el estatus, diciendo sin pudor que para él vivir era cristo. Ofendió gravemente el carácter de Dios y fue castigado por Él. Yo estaba recorriendo la misma senda que Pablo. Si no me arrepentía, sería detestada y descartada por Dios, al igual que él.
Más tarde, encontré una senda de práctica en las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Debes aprender a renunciar a estas cosas y a desprenderte de ellas, a recomendar a otros y a permitir que destaquen cuando haya buenas oportunidades. No compitas ni luches por las oportunidades de destacar y brillar cada vez que te las encuentres. Debes ser capaz de renunciar a tus intereses personales, pero tampoco debes obstaculizar el desempeño de tu deber. Sé una persona que trabaja discretamente, sin alardear, y que también hace su deber con devoción. Cuanto más renuncies a tu orgullo y estatus, y cuanto más renuncies a tus intereses, más en paz te sentirás, más luz habrá en tu corazón y mejor será tu estado. Cuanto más compitas y luches, más oscuro será tu estado. Si no me crees, ¡pruébalo y verás! Si quieres darle la vuelta a este tipo de estado corrupto y no ser controlado por la fama, el provecho y el estatus, debes buscar la verdad, desentrañar la esencia de la fama, el provecho y el estatus, y luego desprenderte de ellos y renunciar a ellos” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). “¿Cuáles son vuestros principios para comportaros? Debéis comportaros conforme a vuestra posición, encontrar vuestro lugar adecuado y hacer bien el deber que os corresponde; solo así sois personas con razón. A modo de ejemplo, si se te dan bien ciertas competencias profesionales y captas los principios, deberías asumir tu responsabilidad y llevar a cabo una revisión adecuada sobre ese tema; si puedes brindar ideas y perspectivas, inspirando a los demás para que puedan hacer mejor su deber, deberías aportar ideas. Si eres capaz de encontrar el lugar indicado para ti y de cooperar en armonía con tus hermanos y hermanas, estarás cumpliendo con tu deber; esto es lo que significa comportarte conforme a tu puesto” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar la conducta propia de una persona). Después de leer Sus palabras, entendí que, si quería liberarme de las ataduras y las cadenas del prestigio y el estatus, debía aprender a renunciar y a desprenderme de estas cosas, y priorizar mi deber. Sin importar quién tuviera fortalezas, debía permitir que las pusieran en pleno uso, para que pudiéramos aprender unas de otras a fin de suplir nuestras carencias y cumplir nuestro deber. Esto sería beneficioso tanto para el trabajo de la iglesia como para la entrada en la vida de los hermanos y hermanas, y yo también podría aprender de las fortalezas de los demás para suplir mis propias carencias. Al entender esto, me dije a mí misma: “De ahora en adelante, sin importar qué deber haga, cada vez que me encuentre con hermanos o hermanas que sean mejores que yo, debo aprender más de ellos y cooperar con ellos en armonía”.
En 2025, estaba cooperando con Li Bing y Su Ting en un deber relacionado con textos. Cuando vi que Li Bing a menudo le preguntaba a Su Ting sobre los principios para seleccionar artículos, me sentí un poco incómoda. “Yo también conozco esos principios. ¿Acaso Li Bing piensa que no soy tan buena como Su Ting, y por eso ni se le ocurrió preguntarme a mí?”. Me di cuenta de que mis celos estaban actuando de nuevo y pensé en las palabras de Dios: “No hagas siempre las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres los intereses humanos ni tengas en cuenta tu orgullo, reputación y estatus. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu prioridad. Debes ser considerado con las intenciones de Dios y empezar por contemplar si ha habido impurezas en la ejecución de tu deber, si has sido devoto, has realizado tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has estado pensando de todo corazón en tu deber y en la obra de la iglesia. Debes meditar sobre estas cosas. Si piensas en ellas con frecuencia y logras comprenderlas, te será más fácil cumplir bien con el deber” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). Su Ting era la que más tiempo llevaba haciendo este deber entre nosotros y conocía mejor los principios. Si ella compartía más, todas podríamos ganar más, lo que sería beneficioso para hacer bien nuestro deber. Además, no importaba a quién le preguntaran mis hermanos y hermanas, siempre y cuando el problema se resolviera. No había necesidad de competir por ese estatus sin valor; tenía que priorizar mi deber. Cuando pensé de esta manera, ya no me sentí tan mal. Más tarde, me centré en practicar según las palabras de Dios. Cada vez que veía a un hermano o una hermana que era mejor que yo en algún área, me esforzaba por aprender de ellos, para que pudiéramos aprovechar las fortalezas de cada uno y cooperar para hacer bien nuestro deber. Poco a poco, sentí que me volví de mente más abierta y ya no estaba tan limitada por el prestigio y el estatus. Mi estado mejoró cada vez más. He llegado a apreciar cada vez más que competir por fama y provecho no tiene sentido y solo hace que una persona viva con dolor y represión. Solo perseguir la verdad y hacer bien el deber de uno tiene verdadero valor y sentido.