22. Ya no me dejo vencer por mi escasa aptitud
En noviembre de 2023, empecé a hacer el deber de evaluar y seleccionar sermones. Al pensar en cómo me habían destituido cuando era líder porque mi aptitud era escasa y no era capaz de hacer un trabajo real, sabía que poder hacer este deber relacionado con textos era la exaltación y la gracia de Dios. Aunque tenía poca aptitud, estaba dispuesta a esforzarme al máximo para cooperar, así que, después, estudié los principios de forma proactiva. Vi que los demás hermanos y hermanas podían aplicar a sus deberes los principios que aprendían y que, después de un tiempo, todos progresaban. De verdad que los envidiaba. Pero luego me miré a mí misma: Podía entender los principios mientras los estudiaba, pero a la hora de aplicarlos en la práctica, no era capaz de relacionar las ideas ni de aplicarlos con flexibilidad. Los sermones que seleccionaba siempre tenían desviaciones y problemas. Pensé: “Mi aptitud es demasiado escasa. Parece que solo quienes tienen buena aptitud y captan rápido pueden hacer bien este deber. Antes, como líder, era responsable de varios aspectos del trabajo, pero por mi poca aptitud y mi falta de capacidad de trabajo, no obtenía resultados en mi deber. Ahora, he estudiado solo esta tarea de evaluar sermones y sigo sin lograr resultados. Si ni siquiera puedo hacer bien este deber, me temo que perderé la oportunidad de alcanzar la salvación”. Apenas pensaba en esto, perdía toda la motivación para estudiar. Sentí que, con mi poca aptitud, estudiar no tenía sentido. Después de eso, hacía mi deber por inercia y ya no quería esforzarme con los principios; los sermones que seleccionaba también tenían problemas con frecuencia. Más tarde, la líder dispuso que la hermana Zhao Ying me ayudara. Yo quería aprender de ella con sinceridad y dominar los principios lo antes posible para hacer bien mi deber. Pero cuando vi la buena aptitud que tenía Zhao Ying, lo rápido que captaba las cosas, que era capaz de poner en práctica los principios y que obtenía buenos resultados en su deber, y luego me miré a mí misma, con poca aptitud, lenta para captar y malos resultados en mi deber, y pensé: “¿Con una aptitud como la mía, de verdad puedo hacer bien este deber? Si no puedo y me descartan, ¿no perderé la oportunidad de alcanzar la salvación?”. Al pensar esto, empecé a quejarme en mi interior: “Dios, Tú nos creaste a todos. ¿Por qué les diste a otros tan buena aptitud y a mí una tan escasa?”. Cuanto más pensaba así, más se oscurecía mi corazón. Al darme cuenta de que me estaba quejando de Dios, no me atreví a seguir pensando en ello y le rogué a Dios que protegiera mi corazón. Más tarde, Zhao Ying habló conmigo sobre las desviaciones en mis evaluaciones de los sermones. Cuando señaló mis defectos uno por uno, me sentí aún más abatida. Sentí que llevaba varios meses haciendo este deber y todavía tenía muchos problemas. Mi aptitud de verdad no estaba a la altura. Mientras estudiábamos los principios, Zhao Ying me pidió que compartiera, pero pensé que con mi aptitud, aunque compartiera, no podría aplicarlo después, así que solo dije unas palabras superficiales. Como resultado, no gané nada en dos días de estudio. Me di cuenta de que mi estado no era bueno, así que oré a Dios: “Dios mío, siempre siento que mi aptitud es escasa y que, si no puedo hacer bien este deber, me destituirán y me descartarán. Estoy atrapada en estas emociones negativas y no puedo salir. Dios mío, te ruego que me esclarezcas y me guíes”. Más tarde, pensé en las palabras de Dios: “La capacidad para hacer bien el deber de uno no solo depende del calibre de la persona, sino principalmente de su actitud hacia su deber, de su calidad humana, de si su humanidad es buena o mala y de si es capaz de aceptar la verdad. Esa es la raíz del problema” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa). Dios dice que el hecho de que alguien pueda hacer bien su deber no depende por completo de su aptitud, sino principalmente de su actitud hacia el deber y de si puede aceptar la verdad. El tipo de aptitud que tiene una persona está preordinado por Dios. Siempre que se esfuerce al máximo y actúe de acuerdo a los principios en su deber, estará conforme a las intenciones de Dios. Pero luego examiné mi propia actitud hacia mi deber: Cuando mis evaluaciones de sermones tenían muchas desviaciones, no me devanaba los sesos buscando formas de superar las dificultades. En cambio, me volví negativa y emití un veredicto sobre mí misma. Pensaba que, como ya había estudiado lo que se suponía que debía estudiar, con mi aptitud, nunca dominaría los principios ni haría bien mi deber por mucho que me esforzara. Así que dejé de querer esforzarme. Al pensar en ello, estas no eran las manifestaciones de alguien que acepta la verdad. Si no me esforzaba, el Espíritu Santo no podía obrar para guiarme y, ciertamente, no podría hacer bien mi deber.
Después, leí las palabras de Dios y comprendí un poco más mi problema. Dios Todopoderoso dice: “Algunas personas sienten que su calibre es demasiado bajo y que carecen de la capacidad de comprensión, por lo que emiten veredictos sobre sí mismas, y sienten que, por mucho que persigan la verdad, no serán capaces de cumplir con los requisitos de Dios. Piensan que, por mucho que se esfuercen, es inútil, y eso es todo, por lo que siempre son negativos, y el resultado es que, incluso después de años de creer en Dios, no han obtenido ninguna verdad. Sin hacer el esfuerzo de perseguir la verdad, dices que tu calibre es demasiado pobre, renuncias a ti mismo, y siempre vives en un estado negativo. Por consiguiente, no comprendes la verdad que debes entender ni practicas la verdad dentro de tu capacidad; ¿no eres tú el que se obstaculiza a sí mismo? Si siempre dices que tu calibre no es lo suficientemente bueno, ¿no es esto evadir y eludir la responsabilidad? Si puedes sufrir, pagar un precio y obtener la obra del Espíritu Santo, entonces podrás inevitablemente comprender algunas verdades y entrar en algunas realidades. Si no acudes a Dios ni confías en Él, y renuncias a ti mismo sin esforzarte ni pagar un precio, y simplemente te rindes, entonces eres un bueno para nada y careces de la más mínima conciencia y razón. No importa si tu calibre es pobre o excepcional, si tienes un poco de conciencia y razón deberías completar adecuadamente lo que debes hacer y tu misión; ser un desertor es algo terrible y es traicionar a Dios. Es irredimible. Perseguir la verdad requiere una voluntad firme, y las personas que son demasiado negativas o débiles no conseguirán nada. No serán capaces de creer en Dios hasta el final y, si desean obtener la verdad y conseguir un cambio de carácter, aún tendrán menos esperanza. Solo aquellos que persiguen la verdad y tienen determinación podrán obtenerla y serán perfeccionados por Dios” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Lo que Dios desenmascaraba era exactamente mi estado. Vi que los hermanos y hermanas aplicaban los principios que habían aprendido y lograban buenos resultados en sus deberes. Pero yo, después de estudiar, no solo no mejoraba, sino que siempre tenía desviaciones y problemas. Como resultado, emití un veredicto sobre mí misma considerándome de poca aptitud y con poca capacidad de comprensión, vivía sumida en emociones negativas y no estaba dispuesta a esforzarme con los principios. La líder había dispuesto que Zhao Ying me guiara, lo cual era beneficioso tanto para mí como para el trabajo. Pero cuando vi que ella tenía buena aptitud, que comprendía los principios con rapidez y lograba resultados en su deber, no aprendí de sus fortalezas para compensar mis propias carencias. En lugar de eso, culpé a Dios por no darme una buena aptitud y volví a emitir un veredicto sobre mí misma, considerándome incapaz de hacer nada bien por mi poca aptitud. Perdí la motivación para mi deber y ya no estaba dispuesta a esforzarme en reflexionar sobre los principios. Vi que era demasiado frágil y me faltaba perseverancia; era una inútil blandengue. Las personas con buena humanidad son consideradas con las intenciones de Dios y tienen un sentido de la responsabilidad hacia su deber. Incluso cuando enfrentan dificultades, no se vuelven negativas, no holgazanean ni se dejan vencer. No descargan sus frustraciones en su deber, y mucho menos discuten con Dios o lo malinterpretan. Pero yo emití un veredicto sobre mí misma, convencida de que, con mi poca aptitud, nunca podría hacer bien mi deber por mucho que me esforzara. Tampoco quise seguir estudiando los principios y hacía mi deber de manera superficial, por inercia. Esto provocó muchas desviaciones y problemas en mis evaluaciones de sermones, lo que retrasó el trabajo. Dios me proveyó de mucha verdad y dispuso que los hermanos y hermanas me ayudaran, pero yo hacía mi deber a medias y de forma irresponsable. Cuando me encontraba con dificultades, actuaba como una desertora. Realmente era indigna de comer, beber y disfrutar las palabras de Dios. Si seguía así, de veras me descartarían. Al pensar en esto, me di cuenta de que no podía seguir tratando mi deber de forma tan negativa y pasiva: tenía que esforzarme al máximo para hacerlo bien. Poco a poco, empecé a encontrar una pequeña senda en mi deber y pude lograr algunos resultados.
Un día, leí las palabras de Dios y logré cierta comprensión de Sus intenciones. Dios Todopoderoso dice: “‘Aunque mi calibre es bajo, tengo un corazón honesto’. Estas palabras parecen muy reales y hablan de un requerimiento que Dios hace a las personas. ¿Qué requisito? Que si las personas tienen deficiencia de calibre, no es el fin del mundo, pero deben poseer un corazón honesto, y, si es así, serán capaces de recibir la aprobación de Dios. No importa cuál sea tu situación o cuáles tus antecedentes, debes ser una persona honesta, hablar con honestidad, actuar con honestidad, poder llevar a cabo tu deber con todo el corazón y toda la mente y ser devoto en tu deber, no intentar buscar atajos, no ser una persona escurridiza ni falsa, no mentir ni engañar, y no hablar con rodeos. Debes actuar de acuerdo con la verdad y ser alguien que la busque. Muchas personas piensan que son de bajo calibre, y que nunca cumplen bien con su deber o acorde al estándar. Hacen las cosas lo mejor que pueden, pero nunca pueden captar los principios ni son capaces todavía de obtener resultados muy buenos. En definitiva, lo único que pueden hacer es quejarse de ser de calibre demasiado bajo, y se vuelven negativas. Entonces, ¿no hay un camino a seguir para una persona que sea de bajo calibre? Ser de bajo calibre no es una enfermedad mortal, y Dios nunca dijo que Él no salva a aquellos que sean de bajo calibre. Como Dios dijo anteriormente, Él está apenado por quienes son honestos pero ignorantes. ¿Qué quiere decir ser ignorante? En muchos casos, la ignorancia proviene del hecho de ser de bajo calibre. Cuando la gente es de bajo calibre, tiene una comprensión superficial de la verdad. No es lo bastante específica ni práctica, y a menudo se limita a una comprensión literal o somera, se queda en la doctrina y los preceptos. Esa es la razón por la que esa gente no puede ver numerosos problemas con claridad, y nunca puede captar los principios al hacer su deber ni puede realizarlo bien. Entonces, ¿Dios no quiere personas de bajo calibre? (Sí las quiere). ¿Qué senda y qué dirección indica Dios a la gente? (La de ser una persona honesta). ¿Puedes ser una persona honesta solo con decirlo? (No, debemos mostrar las manifestaciones de una persona honesta). ¿Cuáles son las manifestaciones de una persona honesta? Primero, no tener dudas acerca de las palabras de Dios. Esa es una de las manifestaciones de una persona honesta. Además de esto, la manifestación más importante es buscar y practicar la verdad en todo: esto es lo más crucial” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). De las palabras de Dios, entendí que tener poca aptitud no es un defecto fatal. Dios nunca ha dicho que las personas con poca aptitud no puedan alcanzar la salvación. Dios tiene diferentes exigencias para las personas en función de sus distintas aptitudes. Siempre que una persona pueda abordar su deber con un corazón honesto, practicar cuanta verdad entienda y esforzarse al máximo en su deber, Dios no la descartará. Es un hecho que mi aptitud es escasa, que no puedo pensar de manera inferencial cuando se trata de los principios y que mi capacidad de comprensión no es tan buena como la de mi hermana. Pero no es que no pueda comprender ningún principio en absoluto, solo que soy un poco más lenta. Así que, debía orar más a Dios y esforzarme más en reflexionar sobre Sus palabras. Cuando mis hermanas señalaban los problemas en mis evaluaciones de sermones, debía centrarme en esos asuntos y estudiar los principios para compensar mis carencias. Ese es el camino para progresar con rapidez. ¡Esto es el amor de Dios, un favor especial solo para mí! Después de entender las intenciones de Dios, dejé de ser negativa y de hacer planes para mi propio futuro. Llegué a estar dispuesta a asimilar las buenas sendas de práctica de mis hermanos y hermanas, a estudiar los principios con los pies en la tierra, a no ser escurridiza ni a reservarme nada y a esforzarme al máximo para cumplir mi deber.
Después, leí más palabras de Dios y comprendí un poco la raíz de mi negatividad. Dios dice: “Lo más triste acerca de cómo cree la especie humana en Dios es que el hombre emprende su propio proyecto en medio de la obra de Dios y, sin embargo, no presta atención a la gestión de Dios. El fracaso más grande del hombre es que, mientras busca someterse a Dios y adorarlo, construye simultáneamente su propio sueño de un destino aspiracional y trama cómo recibir la mayor bendición y el mejor destino. Incluso si las personas entienden lo patéticas, aborrecibles y lamentables que son, ¿cuántos podrían abandonar fácilmente sus aspiraciones y esperanzas? Y ¿quién es capaz de detener sus propios pasos y dejar de hacer planes por su propia cuenta? Dios necesita a quienes van a cooperar de cerca con Él para completar Su gestión. Necesita a quienes dedicarán toda su mente y todo su cuerpo a la obra de Su gestión para someterse a Él. Dios no necesita a las personas que estiran las manos para mendigarle cada día y, mucho menos, a quienes entregan un poco por Él y después esperan exigirle una retribución. Dios odia a los que hacen una contribución insignificante y después se duermen en sus laureles. Odia a esas personas de sangre fría que sienten antipatía hacia la obra de Su gestión y solo quieren hablar sobre ir al cielo y obtener bendiciones. Odia aún más a los que se aprovechan de la oportunidad presentada por Su obra de salvación para su propio beneficio. Eso es debido a que estas personas nunca se han preocupado por lo que Dios quiere conseguir y ganar por medio de la obra de Su gestión. Solo les interesa cómo pueden usar la oportunidad provista por la obra de Dios para obtener bendiciones. No son consideradas en absoluto con el corazón de Dios, pues lo único que les preocupa es su propio futuro y porvenir. Los que sienten antipatía hacia la obra de gestión de Dios y no tienen el más mínimo interés en cómo Dios salva a la humanidad ni en Sus intenciones, todos están haciendo cosas que les gusta hacer fuera del ámbito de la obra de gestión de Dios. Dios no recuerda sus acciones ni las aprueba; y ni mucho menos las ve con buenos ojos” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice III: El hombre solo puede salvarse en medio de la gestión de Dios). “Un anticristo considera que ser bendecido es más grande que los propios cielos, más grande que la vida, más importante que perseguir la verdad, que el cambio de carácter o la salvación personal y más relevante que desempeñar bien su deber y convertirse en un ser creado acorde al estándar. Les parece que convertirse en un ser creado acorde al estándar, cumplir bien su deber y lograr la salvación son cosas nimias que ni merece la pena mencionar o comentar, mientras que obtener bendiciones es la única cosa en toda su vida que no se ha de descuidar. Todo lo que encuentran, sea grande o pequeño, lo relacionan con ser bendecidos, se muestran increíblemente precavidos y atentos y siempre se aseguran de tener un plan B” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 12: Quieren retirarse cuando no tienen estatus ni esperanza de recibir bendiciones). Por el desenmascaramiento de las palabras de Dios, vi que los anticristos creen en Dios para recibir bendiciones y beneficios para sí mismos. No persiguen la verdad para lograr un cambio de carácter y satisfacer a Dios; en cambio, intentan canjear sus esfuerzos y su entrega en sus deberes por las bendiciones de Dios. Están usando a Dios e intentando negociar con Él. Consideran que recibir bendiciones es más importante que perseguir la verdad o el cambio de carácter. Vi que mis propias manifestaciones eran exactamente como las de un anticristo. Desde que empecé a creer en Dios, siempre estuve dispuesta a sufrir y pagar un precio para cooperar, ya fuera que la iglesia dispusiera que regara a los recién llegados o que fuera líder u obrera. Eso era porque sabía que, al hacer más deberes y preparar más buenas obras, podría alcanzar la salvación y entrar en el reino de los cielos. Pero cuando vi que mi poca aptitud me impedía hacer el deber de líder y que no podía aplicar los principios al evaluar los sermones, me preocupó no ser capaz de hacer bien ningún deber y que me descartaran, y que mi esperanza de alcanzar la salvación se perdiera. Cuando sentí que mi deseo de obtener bendiciones se había hecho trizas, me volví negativa, emití un veredicto sobre mí misma y me dejé vencer; en mi deber, simplemente actuaba por inercia y era superficial. Vi que, en mi fe en Dios y en mi deber, solo intentaba negociar con Él. Estaba engañando y usando a Dios: Era una persona despreciable para quien el lucro era lo primero. Estaba haciendo mi deber con la intención de negociar, en lugar de perseguir un cambio en mi carácter. Si esto continuaba, no solo sería incapaz de alcanzar la salvación, sino que Dios también me descartaría y me castigaría. Cuando me di cuenta de esto al reflexionar, sentí una culpabilidad increíble, así que me arrodillé y oré: “Dios mío, me has concedido esta oportunidad para hacer mi deber, y aun así, siempre me aferro a mi deseo de obtener bendiciones. ¡Soy tan egoísta y despreciable! Oh, Dios, estoy dispuesta a arrepentirme”.
Más tarde, a través de las palabras de Dios, llegué a comprender más claramente Sus intenciones y exigencias. Dios Todopoderoso dice: “El deseo de Dios es que todas las personas sean hechas perfectas, en última instancia ganadas por Él, que sean completamente purificadas por Dios y que se conviertan en personas que Él ama. Sin importar que Yo diga que sois atrasados o de un bajo calibre, todo esto es un hecho. Esto que afirmo no demuestra que Yo pretenda abandonaros, que haya perdido la esperanza en vosotros, y mucho menos que no esté dispuesto a salvaros. Hoy he venido a hacer la obra de vuestra salvación, y esto quiere decir que la obra que hago es la continuación de la obra de salvación. Cada persona tiene la oportunidad de ser hecha perfecta: siempre y cuando estés dispuesto y busques, al final podrás alcanzar este resultado, y ninguno de vosotros será abandonado. Si eres de bajo calibre, Mis requisitos respecto a ti serán acordes con ese bajo calibre; si eres de alto calibre, Mis requisitos respecto a ti serán acordes a tu alto calibre; si eres ignorante y analfabeto, Mis requisitos estarán a la altura de ello; si eres letrado, Mis requisitos para ti serán acordes al hecho de que seas letrado; si eres anciano, Mis requisitos para ti serán según tu edad; si eres capaz de hacer el deber de acogida, Mis requisitos para ti serán conforme a esto; si afirmas que no puedes hacer el deber de acogida y solo puedes realizar cierta función, ya sea predicar el evangelio, cuidar de la iglesia o atender a los demás asuntos generales, te perfeccionaré de acuerdo con la función que lleves a cabo. Ser leal, someterse hasta el final mismo y buscar tener un amor supremo a Dios: esto es lo que debes lograr, solo estas tres cosas, y son las mejores prácticas. En última instancia, se les requiere a las personas que las logren y, quienes pueden lograrlas, serán hechos perfectos. Sin embargo, por encima de todo, debes buscar de verdad, seguir adelante activamente, y no ser pasivo en ese sentido. He dicho que cada persona tiene la oportunidad de ser hecha perfecta y es capaz de serlo, y esto es cierto, pero tú no te esfuerzas por mejorar. Quienes no logran cumplir estos tres criterios de todos modos serán descartados al final” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso). Por las palabras de Dios, entendí que Él da a las personas diferentes aptitudes, y Sus exigencias para ellas también son diferentes. Quienes tienen buena aptitud tienen exigencias aplicables a ellos, y lo mismo ocurre con quienes tienen poca aptitud. Independientemente de si tu aptitud es buena o escasa, siempre que puedas ofrecer tu devoción, practicar la verdad y satisfacer a Dios, tendrás una oportunidad de alcanzar la salvación. Pero yo no entendía las meticulosas intenciones de Dios al salvar a la humanidad. Pensaba que, con mi poca aptitud, no podía ser salva, y que solo quienes tenían buena aptitud y captaban rápido las cosas tenían alguna esperanza. ¡Mi punto de vista estaba muy distorsionado! El que una persona pueda alcanzar la salvación se basa en si persigue la verdad, si su carácter cambia y si muestra devoción y sumisión en su deber. Pensé en una líder de distrito que conocía y que tenía cierta inteligencia y aptitud. Todos los hermanos y hermanas la tenían en alta estima. Pero cuando hacía su deber, no podía cooperar en armonía con los demás. Actuaba de forma dictatorial, trastornando y perturbando la obra de la iglesia. Cuando los hermanos y hermanas compartían con ella, no lo aceptaba y se negaba obstinadamente a arrepentirse. Al final, fue expulsada. Por otro lado, la aptitud de otra hermana era un poco escasa, pero era bastante sincera. Cuando se encontraba con dificultades en su deber, oraba a Dios y se centraba en buscar la verdad para resolver su propia corrupción, y era capaz de lograr algunos resultados en su deber. A partir de estos hechos, entendí que, aunque alguien tenga buena aptitud y capte rápido las cosas, no puede alcanzar la salvación si no persigue la verdad y su carácter no cambia. Aunque mi aptitud es escasa, aun así, debería practicar todos los principios-verdad que sea capaz de comprender y no escatimar esfuerzos al hacer mi deber. De esa manera, incluso si un día de verdad no estoy a la altura y me destituyen, no tendré remordimientos. También me di cuenta de que la intención de Dios está detrás de no haberme dado buena aptitud ni dones. Tengo un carácter arrogante. Es evidente que no soy nada, y aun así, cuando cooperaba en mis deberes con los hermanos y hermanas, seguía siendo arrogante y sentenciosa, y no podía cooperar en armonía con ellos. Ahora, por mi poca aptitud, sigo encontrando contratiempos en mi deber, así que ya no puedo ser arrogante. Soy capaz de simplemente hacer mi deber con humildad. Cuando hay algo que no sé o no entiendo, puedo buscar y aceptar las sugerencias de mis hermanos y hermanas. Esto también evita que cause trastornos y perturbaciones con mi carácter corrupto. ¡Mi poca aptitud me está protegiendo!
Después de eso, oré a Dios y dediqué más tiempo a reflexionar sobre los principios y las palabras de Dios. Luego de un tiempo, progresé un poco en mi deber y logré algunos resultados. Un día, estaba hablando sobre mis experiencias con una hermana y ella me dijo: “De verdad que has progresado un poco últimamente en comparación con antes. Tener poca aptitud no importa. Siempre que estemos dispuestos a practicar la verdad y podamos ganar la obra del Espíritu Santo, Dios compensará la carencia de tener poca aptitud”. Estuve muy de acuerdo con esto y aprecié lo que Dios dice: “Quizá vuestra capacidad de comprender la palabra de Dios sea pobre, pero mediante vuestra práctica de Su palabra, Él puede remediar este defecto […]” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Una vez que entendáis la verdad, debéis ponerla en práctica). Entendí que Dios no se fija en la aptitud de una persona, sino en si puede practicar la verdad después de entenderla. Cuando una persona practica la verdad, Dios la esclarece y la guía en función de su aptitud inherente, permitiéndole encontrar una senda en su deber. ¡Gracias a Dios!