42. Logré tratar mi deber de forma correcta

Por Terry, Italia

En 2024, el líder dispuso que yo actuara en vídeos de testimonios vivenciales. Me alegré mucho de poder realizar un deber tan importante en la etapa final de la obra de Dios, y me propuse cumplir bien mi deber para corresponder al amor de Dios. Al principio, solo era un extra, pero más tarde, también llegué a interpretar al personaje principal, compartiendo testimonios vivenciales. A medida que se unían más actores al equipo, quienes tenían más ventajas que yo, terminé interpretando cada vez menos el papel de protagonista. Hubo un vídeo de testimonio vivencial en el que, en un principio, estaba previsto que yo hiciera de protagonista, pero más tarde le dieron el papel al hermano Alberto. En ese momento, me invadió una sensación de crisis. Sabía que mis habilidades de actor eran más débiles que las de los demás, y me preocupaba que, poco a poco, el líder dejara de utilizarme del todo como actor. ¿Qué haría entonces? ¿Qué pensarían todos de mí? Después, revisé el plan de rodaje varias veces más y vi que el nombre del hermano Alberto seguía escrito después de ese guion. Me sentí un poco decepcionado, pero se me pasó pronto. En octubre, el líder dispuso que, además de mis deberes de actor, ayudara en la cocina. En ese momento, pensé que era un buen arreglo, ya que así podría realizar más deberes. Pero cuando llegué a la cocina, me puse el delantal y empecé a cocinar, sentí un poco de desazón en mi interior. Pensé: “Estos años había estado realizando deberes de actor básicamente todo el tiempo. Aunque nunca había sido el protagonista, había participado en muchas películas, y podían considerarme un actor veterano. Los hermanos y hermanas me reconocían dondequiera que fuera. Pero ahora, mírame. Me he convertido en cocinero. Y aunque cocinar sigue siendo un deber, se siente muy insignificante. No es algo con lo que te ganas el respeto o la estima de nadie”. Más tarde, algunos de los trabajadores del equipo a menudo tenían que salir a hacer recados. Cuando el hermano encargado del plató no estaba, el líder me encargaba preparar el decorado. Cuando la hermana encargada de la utilería no estaba, el líder me encargaba a mí colocar la utilería. Me sentía aún más desmoralizado. “Me envían a donde sea que haga falta alguien”, pensé. “¿En qué me convierte eso? ¿Empezarán todos a pensar que solo soy un sustituto?”.

Una vez, los actores estábamos aprendiendo técnicas profesionales juntos, turnándonos para ensayar una pieza de diálogo. Estaba muy nervioso, me preocupaba hacerlo mal y quedar en ridículo. Al final, tal y como temía, mi interpretación fue la peor de todas. Me quejé por dentro: “Mis habilidades ya eran malas de por sí, y ahora me paso el día cocinando o preparando decorados sin tiempo para practicar. ¿No van a empeorar aún más mis habilidades de actor?”. Sin darme cuenta, me fui sintiendo un poco abatido. Todas las tardes, los demás actores practicaban baile juntos. Verlos a todos bailar con tanta alegría mientras yo estaba metido en la cocina me hacía sentir aún más sofocado. Solo quería evitarlos para ahorrarme la vergüenza. En noviembre, nos trasladamos a un nuevo lugar de rodaje, y el líder me hizo preparar el plató primero, diciéndome que a partir de entonces también estaría a cargo del trabajo de asuntos generales del equipo. Al ver a todo el mundo trabajando tan intensamente en la filmación de los vídeos de testimonios vivenciales a diario, mientras que yo siempre estaba atrapado con estos trabajos diversos, pensé: “Todos deben de pensar que mi calibre es bajo y que no sirvo para actor, que no vale la pena cultivarme. Por eso el líder me hace hacer estas tareas de asuntos generales”. Cuanto más lo pensaba, más avergonzado me sentía. Durante una reunión, entré en la oficina de los actores con mi portátil y vi que todos ya estaban sentados. Pregunté en voz baja: “¿Queda algún sitio libre?”. Una hermana respondió rápidamente: “¡Ah, el hermano Terry! ¡Nos habíamos olvidado por completo de ti!”. Sabía que no lo decía con mala intención, pero me sentí fatal. “Me paso el día haciendo trabajos diversos”, pensé. “Con razón se olvidaron de mí”. Fue especialmente duro cuando vi que a los otros dos hermanos del equipo los habían hecho director y líder de equipo, mientras que yo estaba todo el día cocinando, limpiando y moviendo la utilería. El contraste era demasiado marcado. Incluso llegué a tener prejuicios contra el líder. “Si crees que no sirvo para actor, dilo y ya”, pensé. “¡Podría ir a regar a los nuevos creyentes! Al menos eso suena un poco mejor y me ahorraría sentirme tan poco valorado aquí”. Después de eso, dejé de hacer mis ejercicios vocales matutinos y perdí todo interés en estudiar técnicas de actuación. Solía evitar la comida picante para proteger mi voz, pero ahora me despreocupé por completo y empecé a comerla. Como resultado, me salieron llagas en los labios por el calor interno, lo que afectó a la calidad de la filmación. Antes de rodar, no ponía ningún esmero en reflexionar sobre las emociones del personaje; solo me aprendía de memoria los diálogos mecánicamente. En consecuencia, hubo varias ocasiones en las que mi desánimo retrasó el avance y afectó al resultado del rodaje. Durante ese tiempo, estaba aturdido todo el día. A veces sentía que no tenía sentido realizar mi deber, e incluso pensaba: “Total, en este equipo soy prescindible. En lugar de hacer estos trabajos diversos cada día, más valdría que dejara de hacer el deber a tiempo completo, me buscara un trabajo y realizara algún deber al margen”.

Un día, mientras organizaba la utilería, de repente sentí una fuerte molestia en el corazón. Solo ahí empecé a reflexionar sobre mi estado durante ese tiempo. Fue entonces cuando me encontré con un pasaje de las palabras de Dios que hablaba directamente de mi estado. Dios Todopoderoso dice: “En lugar de buscar la verdad, la mayoría de la gente recurre a pequeños trucos. Dan gran importancia a sus propios intereses, a su orgullo y al lugar o posición que ocupan en la mente de otras personas. Estas son las únicas cosas que aprecian. Se aferran a ellas con uñas y dientes y las consideran su propia vida; en cuanto a cómo Dios ve y trata estas cosas, no les preocupa. Primero consideran si son los jefes del grupo, si pueden asegurarse una posición en la que los demás los tengan en alta estima y si alguien escucha lo que dicen. Primero se dedican a ocupar esa posición. Casi todas las personas, cuando están en un grupo, buscan este tipo de posición, esta clase de oportunidad. Si son muy capaces, por supuesto intentan conseguir el primer lugar. Aunque sean solo promedio, también intentan mantener una posición prominente en el grupo. Y si forman parte de los rangos inferiores de este, con un calibre y una capacidad normales, también intentan que los demás los tengan en alta estima; no pueden permitir que los menosprecien. Su orgullo y su dignidad son el límite que no están dispuestos a traspasar; piensan que deben aferrarse a ellos. Incluso si pierden su integridad, o si Dios está descontento con ellos y no los reconoce, aun así tienen que luchar por su orgullo y estatus; deben evitar la humillación a toda costa. Este es un carácter satánico. Y, sin embargo, no se dan cuenta de esto. Piensan que no pueden perder el poco orgullo que les queda. No saben que solo cuando renuncien por completo a estas cosas superficiales y las abandonen, se convertirán en personas reales, y que si guardan como su vida estas cosas que deberían ser descartadas, su vida se perderá. Simplemente no saben lo que está en juego. Por lo tanto, en todo lo que hacen, siempre se reservan algo, siempre actúan para proteger su propio orgullo y estatus, y ponen estas cosas en primer lugar. Hablan y presentan argumentos falaces solo por su propio bien; harán cualquier cosa por ellos mismos(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Las palabras de Dios dicen que, sin importar nuestro calibre o talentos, todos queremos asegurarnos una cierta posición en un grupo y ser estimados por los demás. Los que tienen grandes capacidades quieren ocupar la cima misma, mientras que incluso aquellos sin talentos especiales y un calibre promedio quieren ser valorados y admirados. Todo esto está impulsado por las actitudes satánicas. Cuando el líder dispuso que yo fuera actor, me sentí muy satisfecho de poder realizar un deber tan importante, y fui muy proactivo y llevé una carga. Pero cuando el líder me puso a cocinar, o temporalmente a preparar el decorado o a mover la utilería según las necesidades del trabajo, sentí que eran solo trabajos diversos y que ahora era un miembro prescindible del equipo en comparación con los otros actores. Así que vivía sumido en emociones de abatimiento y empecé a hacer mi deber de manera superficial, por inercia. No intentaba reflexionar de antemano sobre las emociones del personaje, sino que simplemente me aprendía de memoria los diálogos. No tenía ningún interés en pensar cómo lograr un mejor resultado para el rodaje. No mostré la más mínima sumisión a lo que Dios había hecho. No estaba dispuesto a ser la persona menos importante del equipo, y siempre buscaba ser estimado y valorado. ¡Me faltaba por completo la razón! Sabía que mis habilidades de actor eran malas y que debería haber practicado más, pero no solo no practiqué, sino que directamente dejé de intentarlo. Incluso consideré dejar de realizar mi deber a tiempo completo. ¡Mi deseo de reputación y estatus era verdaderamente abrumador!

Más tarde, leí más de las palabras de Dios y obtuve algo de entendimiento sobre mi propia esencia-naturaleza. Dios dice: “Para los anticristos, el estatus y la reputación son su vida. Sin importar cómo vivan, el entorno en que vivan, el trabajo que realicen, lo que busquen, los objetivos que tengan y su rumbo en la vida, todo gira en torno a tener una buena reputación y un estatus alto. Y este objetivo no cambia, nunca pueden dejar de lado tales cosas. Este es el verdadero rostro de los anticristos y su esencia. Podrías dejarlos en un bosque primitivo en las profundidades de las montañas y seguirían sin dejar de lado su búsqueda de reputación y estatus. Puedes colocarlos en medio de cualquier grupo de gente e, igualmente, no pueden pensar más que en reputación y estatus. Si bien los anticristos también creen en Dios, consideran que la búsqueda de reputación y estatus es equivalente a la fe en Dios y colocan ambas cosas en pie de igualdad. Es decir, a medida que recorren la senda de la fe en Dios, también persiguen la reputación y el estatus. Se puede decir que, en el corazón de los anticristos, la búsqueda de la verdad en su fe en Dios es la búsqueda de reputación y estatus, y la búsqueda de reputación y estatus es también la búsqueda de la verdad; adquirir reputación y estatus supone adquirir la verdad y la vida. Si les parece que no tienen fama, provecho ni estatus, que nadie los respeta, los estima ni los sigue, se sienten muy decepcionados, creen que no tiene sentido creer en Dios, que no sirve de nada, y se dicen a sí mismos: ‘¿Es esa fe en dios un fracaso? ¿Acaso no estoy desprovisto de esperanza?’. A menudo sopesan estas cuestiones en su corazón. Sopesan cómo pueden hacerse un lugar en la casa de Dios, cómo pueden obtener una gran reputación en la iglesia, cómo pueden lograr que la gente los escuche cuando hablan y los apoye cuando actúan, cómo pueden hacer que la gente los siga sin importar donde estén, cómo pueden ser una voz influyente en la iglesia, así como fama, provecho y estatus; tales son las cosas en las que de verdad se concentran en su fuero interno, son las cosas que buscan(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). Dios deja en evidencia que los anticristos aprecian la reputación y el estatus como a su propia vida. No importa en qué grupo de personas se encuentren, siempre quieren asegurarse una posición y ser estimados. Una vez que pierden su reputación y estatus, es como si les hubieran quitado la vida. Pueden incluso sentir que no tiene sentido creer en Dios, y podrían ser capaces de traicionar y abandonar a Dios en cualquier momento. ¿No era yo exactamente ese tipo de persona? En el pasado, cuando siempre realizaba deberes de actor, todos me admiraban y yo sentía una sensación de superioridad al estar con los demás. Cuando el líder dispuso que yo actuara en vídeos de testimonios vivenciales, me alegré mucho, sentí que se me valoraba mucho, y estaba lleno de energía en mi deber. Pero cuando me asignaron a cocinar o a preparar el decorado, sentí que ya no se me valoraba. Estaba desdichado todo el día y sentía que todo era inútil. Dios dice: “Podrías dejarlos en un bosque primitivo en las profundidades de las montañas y seguirían sin dejar de lado su búsqueda de reputación y estatus. Puedes colocarlos en medio de cualquier grupo de gente e, igualmente, no pueden pensar más que en reputación y estatus”. ¡Estas palabras son tan prácticas! Mi aprecio por la reputación y el estatus no era algo pasajero; estaba en mis propios huesos. No importaba en qué grupo de personas estuviera o qué estuviera haciendo, las primeras cosas que consideraba eran siempre mi reputación y mi estatus. Incluso si no podía ser el mejor, al menos tenía que sentir que importaba. De lo contrario, sentía un dolor inmenso, como si vivir no tuviera sentido. Empecé a preguntarme: “¿Por qué me importaban tanto la reputación y el estatus?”. Era porque estaba profundamente condicionado e influenciado por venenos satánicos como: “El hombre lucha hacia arriba; el agua fluye hacia abajo” y “Vive como un héroe entre los hombres, y muere como un espíritu valiente entre los fantasmas”. Creía que no importaba en qué grupo de personas estuviera, tenía que ser valorado y estimado; esa era la única manera de no desperdiciar mi vida. Recuerdo que, desde niño, era muy competitivo y me importaba mucho guardar las apariencias; nunca quise que me menospreciaran por nada de lo que hacía. Mi familia era pobre cuando era joven, así que estudié mucho. Fui el presidente de la clase durante diez años, desde la primaria hasta la secundaria. Las paredes de casa estaban cubiertas con mis diversos diplomas de premios. Todos mis profesores, parientes y amigos me elogiaban, y mis compañeros de clase me admiraban. Vivía bajo ese halo y estaba muy orgulloso; siempre caminaba con la cabeza en alto. Pero justo antes de mis exámenes de ingreso a la universidad, me vi obligado a abandonar los estudios por una enfermedad. En ese momento, no pude aceptar esa cruel realidad. A partir de entonces, no pude reponerme y caí en un profundo abatimiento. Después de empezar a creer en Dios, seguí buscando ser estimado por los demás. Aunque mi calibre y mis habilidades eran promedio y no podía encargarme de trabajos importantes, aun así quería ser alguien que importara y no ser menospreciado. Cuando el líder seguía asignándome trabajos de asuntos generales, mi vanidad no se veía satisfecha y vivía en un estado negativo. Estaba insatisfecho y no quería aceptarlo, incluso llegué a tener prejuicios contra el líder. Me volví superficial en mi deber e incluso pensé en buscar un trabajo de medio tiempo. Esto era huir del entorno que Dios había dispuesto y, en esencia, era traicionar a Dios. Vi que no estaba haciendo mi deber para perseguir la verdad y alcanzar la salvación, sino para perseguir la reputación y el estatus. Estaba recorriendo la senda de un anticristo. Si no me arrepentía y cambiaba, tarde o temprano sería puesto en evidencia y descartado por Dios. Después de eso, oraba a menudo a Dios, pidiéndole que me guiara para corregir mi estado equivocado.

Un día, vi las palabras de Dios y comprendí la senda que debía tomar en mi fe en Dios para estar de acuerdo con Sus intenciones. Dios dice: “Hay personas que están meramente satisfechas realizando sus deberes gloriosos e impresionantes, haciendo que otros las admiren y envidien. ¿Es esto útil? Este no es tu desenlace final, ni tampoco tu recompensa final, y mucho menos es este tu destino. Así que, independientemente del deber que lleves a cabo, es tan solo algo temporal, no es eterno. No es una aprobación que Dios te haya otorgado ni una recompensa que Él te haya concedido. En última instancia, que las personas puedan alcanzar la salvación no depende del deber que lleven a cabo, sino de si pueden comprender y obtener la verdad y de si son capaces de finalmente someterse a Dios por completo, de ponerse a merced de Su instrumentación, no tener consideración hacia su propio futuro y sino, y convertirse en seres creados acordes al estándar. Dios es justo y santo y estos son los estándares que usa para medir a toda la humanidad. Recuerda: estos estándares son inmutables. Fíjalos en tu mente y no pienses en ningún momento en buscar otra senda para perseguir algo que no es real. Los estándares que Dios requiere de todos los que desean alcanzar la salvación son inalterables para siempre. Son los mismos seas quien seas. Puedes alcanzar la salvación solo si crees en Dios según Sus estándares requeridos. Si buscas otra senda para perseguir cosas que son vagas e imaginas que tendrás éxito por casualidad, eres alguien que se resiste a Dios y lo traiciona, y sin duda Él te maldecirá y te castigará(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). “Dios no se fija en lo que dices o prometes ante Él, sino en si lo que haces tiene realidad-verdad. Además, a Dios no le importan lo elevadas, profundas o grandes que sean tus acciones; aun cuando hagas algo pequeño, si percibe sinceridad en cada uno de tus actos, dirá: ‘Esta persona cree sinceramente en Mí. Nunca ha alardeado. Se comporta de acuerdo con su posición. Aunque es posible que no haya hecho una gran contribución a la casa de Dios y tenga poca aptitud, es firme y sincera en todo lo que hace’. ¿Qué abarca esa ‘sinceridad’? El temor y la sumisión a Dios, así como la fe y el amor verdaderos; abarca todo lo que Dios desea ver. A ojos de otros, esas personas pueden parecer corrientes. Bien podría ser una persona que hace la comida o se encarga de la limpieza, alguien que realiza un deber ordinario. Para los demás, esas personas no son excepcionales, no han logrado nada importante ni poseen nada estimable, admirable o envidiable: son simplemente personas corrientes. Y, sin embargo, en ellas se encuentra y vive todo lo que Dios quiere, y le entregan todo ello a Dios. Dime: ¿qué más quiere Dios? Él está satisfecho(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Después de leer estos dos pasajes, mi corazón se sintió mucho más iluminado. Que los demás te estimen o no en tu deber no es importante; no determina tu resultado y destino finales. Hacer nuestro deber es simplemente la senda a través de la cual perseguimos y ganamos la verdad. Dios no necesita que logremos grandes cosas, ni nos exige que alcancemos un estatus elevado. Dios espera que podamos comportarnos de acuerdo a nuestra posición, que realicemos nuestros deberes con los pies en la tierra, que pongamos en práctica Sus palabras y que le mostremos una verdadera sumisión. También me di cuenta de que, como mis habilidades de actor eran simplemente promedio, dejar que los hermanos y hermanas con mejores habilidades actuaran en los vídeos de testimonios vivenciales produciría un mejor resultado, lo cual es beneficioso para el trabajo evangélico. Además, yo había hecho trabajos de renovación antes, así que el que el líder me pusiera a ayudar con la preparación del decorado se basaba en mis habilidades y era, de hecho, bastante apropiado. La iglesia tiene principios para asignar el deber de cada persona, pero yo estaba empeñado en perseguir la reputación y el estatus, y en hacer que la gente me estimara, siempre albergando mis propias exigencias irrazonables. ¡Me faltaba por completo la razón! En realidad, aunque las tareas que el líder me asignaba eran todos trabajos diversos y poco llamativos, seguían siendo el deber que yo debía realizar, y debería haberlos hecho con esmero. Además, no importa qué deber hagas, hay principios-verdad que poner en práctica y en los que entrar. Si me hubiera sometido y hubiera cooperado lo mejor que podía, no solo habría podido contribuir al trabajo de la iglesia, sino que habría tenido más oportunidades de buscar y entender la verdad. Por ejemplo, al preparar el decorado, hay que pensar en cómo ahorrar materiales y cooperar en armonía con los departamentos de cámara e iluminación para que las escenas sean más atractivas visualmente. El deber de asuntos generales implica la gestión adecuada y el uso razonable de todo tipo de suministros; al cocinar, hay que pensar en cómo hacer la comida nutritiva, higiénica y saludable. Cada deber implica principios diferentes en muchos aspectos, y no es fácil cumplirlo de manera acorde al estándar. Antes, al perseguir la reputación y el estatus, estaba recorriendo la senda equivocada. No solo mi propia entrada en la vida sufrió pérdidas, sino que también tuvo un poco de impacto negativo en mi deber. Ahora, debo atesorar la oportunidad de realizar mi deber y, al hacerlo, centrarme en mi entrada en la vida, buscar la verdad y actuar de acuerdo con los principios. Más tarde, ocurrió algo que realmente me impactó. Un actor fue destituido debido a sus actitudes corruptas graves: No aceptaba las sugerencias de los demás, no podía cooperar en armonía con los hermanos y hermanas y se negaba a cambiar a pesar de las repetidas charlas, lo que afectaba a los resultados de su deber. Esto me hizo pensar profundamente. Las habilidades de este actor eran bastante buenas, pero tenía actitudes corruptas graves y nunca buscó la verdad para resolverlas; al final, fue destituido. Vi que la senda que recorres en tu deber es absolutamente crucial. Si no persigues la verdad, no importa cuán alto sea tu estatus o cuánta estima recibas, al final fracasarás. Oré a Dios: “¡Oh, Dios! Estoy dispuesto a arrepentirme. Ya no quiero perseguir la reputación y el estatus. Estoy dispuesto a someterme a Tu orquestación y a Tus arreglos”.

Poco después, el líder me preguntó si estaría dispuesto a trabajar a tiempo completo en la cocina. Pensé: “Antes solo ayudaba temporalmente. Si acepto, estaré cocinando a largo plazo. ¿No significará eso que nunca más tendré la oportunidad de ser actor? ¿Qué pensarán todos de mí? ¿Pensarán que me descartaron porque mis habilidades no eran lo suficientemente buenas?”. Me sentí en conflicto, pero luego me di cuenta de que Dios me estaba probando, para ver si podía someterme. Así que acepté el deber. Más tarde, el líder me hizo compaginar los tres deberes, actuación, cocina y asuntos generales, coordinándolos con flexibilidad según su urgencia e importancia. En aquellos días, a menudo pensaba en un pasaje de las palabras de Dios: “¿Cuál es vuestra función como seres creados? Esto se relaciona con tu práctica y con tu deber. Eres un ser creado, y si Dios te dio el don del canto y la casa de Dios dispone que cantes, debes cantar bien. Si tienes el don de predicar el evangelio y la casa de Dios dispone que prediques el evangelio, entonces debes hacerlo bien. Si el pueblo escogido de Dios te elige como líder, debes asumir la comisión de liderazgo y conducir al pueblo escogido de Dios para que coma y beba Sus palabras, comparta la verdad y entre en la realidad. Así, habrás hecho bien tu deber. ¡La comisión que Dios le da al hombre es sumamente importante y significativa! Así pues, ¿cómo debes asumir esta comisión y cumplir con tu función? Se puede decir que esta es una de las mayores cuestiones a las que te enfrentas, un momento crucial que determina si puedes obtener la verdad y ser perfeccionado por Dios. Debes elegir(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo al entender la verdad se pueden conocer los hechos de Dios). Por las palabras de Dios, entendí que no importa qué deber realicemos en la casa de Dios, las diferencias son meramente de función y título. Independientemente del deber, nuestra identidad y esencia como seres creados no cambian. Cuando se me necesite para regar a los nuevos creyentes, seré un regador. Cuando se me necesite para actuar, seré un actor. Cuando se me necesite para la preparación del decorado, seré un decorador. Cuando se me necesite para cocinar, seré un trabajador de apoyo. No importa cómo cambie mi deber, sigo siendo solo un ser creado. Lo que debo hacer es aceptar y someterme, y cumplir mi deber con todo mi corazón y mis fuerzas. Además, cuando me encargo de estos trabajos diversos, mis hermanos y hermanas tienen más energía y tiempo para sus propios deberes. ¿No estoy haciendo mi parte así también? Entonces, oré a Dios: “¡Oh, Dios! Estoy dispuesto a renunciar a mi reputación y mi estatus, y a dejar de buscar la estima de los demás. No importa qué deber haga, estoy dispuesto a someterme”. A partir de entonces, al realizar mi deber, ya no me importaba lo que los demás pensaran de mí. En cambio, me dediqué de corazón a experimentar los entornos que Dios disponía para mí cada día y me centré en aprender mis lecciones, reflexionando sobre qué actitudes corruptas revelaba en mi deber. A veces, cuando me descubría mintiendo sin querer, me entrenaba para ser una persona honesta de acuerdo con los requisitos de Dios. A veces, cuando notaba que siempre quería que los demás me escucharan y no podía aceptar sus sugerencias, reflexionaba y llegaba a conocer mi propio carácter arrogante. El deber de asuntos generales implica numerosas tareas triviales, así que pensé en cómo administrar mi tiempo razonablemente para poder encargarme de todas. Después de practicar cocinar durante un tiempo, me di cuenta de que había dominado algunas habilidades culinarias básicas. Cuando vi que algunos de los utensilios de cocina no funcionaban muy bien, se me ocurrieron algunas pequeñas modificaciones para mejorarlos, y todos dijeron que funcionaban mucho mejor. Más tarde, cuando había un guion que era adecuado para mí, el director también me dejaba hacer de protagonista, dándome oportunidades para formarme. En mi corazón, estaba muy agradecido a Dios. Cuando cambié mi mentalidad y abordé cada asunto con esta nueva actitud, ya no consideré las opiniones de los demás sobre mí. En cambio, acepté cada tarea como una responsabilidad desde el fondo de mi corazón. Al practicar de esta manera, sentí que mi corazón se acercaba más a Dios. Tuve algunas ganancias tanto en mi entrada en la vida como en mis habilidades profesionales, y sentí una especial sensación de paz y disfrute en mi corazón. ¡Gracias a Dios! ¡Todo esto es la gracia y la bendición de Dios!

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