48. ¿Qué me preocupaba cuando no me atrevía a asumir la responsabilidad?

Por Qin Mu, China

En abril de 2023, destituyeron a la supervisora del trabajo relacionado con textos por perseguir la fama y el estatus, y por trastornar y perturbar dicho trabajo. Me nombraron la nueva supervisora. Recordé que, muchos años atrás, el PCCh me había arrestado por creer en Dios. La policía me encerró en una pensión y me interrogó en secreto durante diez días. En mi afán por salvar el pellejo, vendí a las dos hermanas que habían sido arrestadas conmigo, y así cometí una transgresión. Sentí que no era digna de un deber tan importante, así que expresé mis inquietudes. La líder compartió conmigo que Dios no se fija en las transgresiones momentáneas de una persona, sino que la evalúa de forma integral, según el contexto y la naturaleza de sus actos. La clave es si la persona se ha arrepentido de verdad. Me pidió que tratara mi transgresión correctamente. Me sentí muy conmovida y también estuve dispuesta a valorar esta oportunidad para formarme. Inesperadamente, a los pocos días de empezar este deber, otra supervisora, Sun Jia, también fue destituida por perseguir la fama y el estatus, y por no realizar su deber según los principios. Los días siguientes, sentí como si una roca gigantesca me oprimiera el corazón: “Acabo de empezar con este deber y todavía no conozco bien el trabajo. Nos faltan trabajadores relacionados con textos, algunos hermanos y hermanas no están en un buen estado y el trabajo no avanza. Con tantos problemas en el trabajo, ¿alguien con mi calibre puede hacerse cargo de él? Aunque llevo varios años haciendo deberes relacionados con textos, ser supervisora es diferente. Hay que tener buen calibre, capacidad de trabajo y también captar los principios. Pero mi calibre y mi capacidad de trabajo son promedio, y además me falta conocimiento profesional. ¿Cómo voy a poder con un trabajo tan importante? Ya cometí una transgresión grave y, si obstaculizo o perjudico aún más el trabajo, no podría asumir esa responsabilidad. Si el problema es serio, a lo mejor no tendré un buen resultado o destino”. Al pensarlo, sentía que me faltaba el aire y estaba tan preocupada que no podía dormir por la noche. Durante los días que siguieron, no lograba reunir ni un poco de entusiasmo para mi deber, y me limitaba a hacer pasivamente las tareas que tenía entre manos. La líder, al verme suspirar todo el día, me preguntó por mi estado. Le conté sobre mi estado y mis dificultades, y ella compartió conmigo recurriendo a las palabras de Dios al hacerlo. Mi estado mejoró un poco.

Durante mis prácticas devocionales, busqué palabras de Dios que hablaran de mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Cuando Noé hizo lo que Dios le ordenó no conocía Sus intenciones. No sabía lo que Él quería llevar a cabo. Dios solo le había dado un mandato y le había ordenado hacer algo, y sin mucha explicación, Noé siguió adelante y lo hizo. No intentó descifrar secretamente los deseos de Dios ni se resistió a Él, ni mostró falta de sinceridad. Solo fue y actuó en consecuencia, con un corazón puro y simple. Hizo todo lo que Dios le hizo hacer; someterse a Él y escuchar Su palabra fue la creencia que sostuvo sus acciones. Así fue como lidió de forma directa y simple con lo que Dios le encargó. Su esencia, la esencia de sus acciones, fue la sumisión, no cuestionar, no resistirse y, además, no pensar en sus propios intereses personales ni en sus ganancias y pérdidas. Además, cuando Dios dijo que destruiría el mundo con un diluvio, Noé no preguntó cuándo lo haría ni qué sería de las cosas, y desde luego no le preguntó a Dios cómo iba a destruir el mundo. Simplemente hizo lo que Dios ordenó. Como fuera que Dios quisiera hacerlo y por el medio que deseara, él siguió al pie de la letra lo que Dios le pidió y además, de inmediato emprendió acción. Actuó de acuerdo con las instrucciones de Dios con la actitud de querer satisfacer a Dios. ¿Lo hacía para ayudarse a sí mismo a evitar el desastre? No. ¿Le preguntó a Dios cuánto faltaba para que el mundo fuese destruido? No. ¿Le preguntó a Dios o acaso sabía cuánto tardaría en construir el arca? Tampoco lo sabía. Simplemente se sometió, escuchó, y actuó en consecuencia(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I). Al reflexionar sobre la experiencia de Noé, me sentí conmovida y a la vez avergonzada. Cuando Noé aceptó la comisión de Dios de construir el arca, ni siquiera había visto cómo era un arca. Él sabía que habría muchas dificultades en el proceso de construirla, pero ante la comisión de Dios, Noé no pensó en esas cosas, y no se hundió en las dificultades ni se estancó. En cambio, se sometió y obedeció, y preparó los materiales para construir el arca según los requisitos de Dios. Noé no pensó en sus ganancias o pérdidas personales; solo tuvo en cuenta cómo construir el arca lo más rápido posible, según los requisitos de Dios, para que Su corazón se consolara. ¡La calidad humana de Noé era realmente buena! Su actitud de simple sumisión a la comisión de Dios hizo que me sintiera abochornada y avergonzada por mis propios fallos. Pensé en mi actitud al enfrentar las dificultades en mi deber y en que esta no se podía comparar para nada con la de Noé. Aunque había algunas dificultades reales en el trabajo, no es que no tuvieran solución. Por ejemplo, la falta de trabajadores relacionados con textos se podía solucionar coordinando con otras iglesias; los malos estados de los trabajadores relacionados con textos se podían resolver compartiendo con ellos las palabras de Dios; y mi calibre promedio y mi falta de capacidad de trabajo se podían abordar cooperando con la líder y los hermanos y hermanas. Todas estas dificultades tenían solución. Pero, al enfrentarme a ellas, no las afronté directamente ni las resolví de forma práctica para que el trabajo avanzara. En cambio, me preocupaba retrasar el trabajo y que al final me hicieran responsable. Solo consideré mis propias ganancias y pérdidas. No tuve en cuenta para nada las intenciones de Dios, ni pensé en cuál era mi deber y mi responsabilidad. ¡Qué pobre era mi humanidad! Con una humanidad como la mía, simplemente no era digna de asumir un trabajo tan importante. Me sentí muy culpable y oré a Dios: “Dios mío, siento debilidad en mi corazón al enfrentarme a estas dificultades en mi deber. Por favor, guíame y dame fe y determinación. Estoy dispuesta a confiar en Ti al experimentar esto”. Después de orar, busqué rápidamente trabajadores relacionados con textos de varias iglesias. Al poco tiempo, el personal para el trabajo relacionado con textos ya estaba básicamente reasignado, y los líderes habían elegido a una nueva supervisora para cooperar conmigo. Gracias a la cooperación real de todos, el trabajo relacionado con textos fue mejorando poco a poco.

Pero lo bueno duró poco. Al cabo de un tiempo, los resultados del trabajo empezaron a decaer. Justo en ese momento, recibí una carta de los líderes donde señalaban que no nos estábamos centrando en cultivar a las personas y que la calidad de los sermones editados recientemente no era muy buena. Nos pidieron que analizáramos el origen de los problemas. Al ver la carta de los líderes, mi corazón se tensó de repente. “Ahora se han expuesto muchos problemas en el trabajo. Es porque yo, la supervisora, no he guiado bien ni he hecho las revisiones finales correctamente. ¡Parece que mi calibre sigue siendo demasiado pobre para hacerme cargo de este trabajo!”. Entonces pensé en la supervisora anterior, que había sido destituida por perseguir la fama y el estatus, y por causar trastornos y perturbaciones en el trabajo. Aunque yo no había causado trastornos y perturbaciones a propósito, si mi pobre calibre paralizara el trabajo, ¿no sería eso también una transgresión? Cuanto más lo pensaba, más negativa me ponía y me sentía completamente sin fuerzas. Determiné que realmente no tenía madera de supervisora y debía renunciar y dejar que alguien más capaz se hiciera cargo. Eso, al menos, demostraría algo de autoconciencia. Extrañaba los días en que solo era miembro del equipo, cuando la supervisora se preocupaba por todo y yo no tenía que asumir ninguna responsabilidad. Aunque sabía que esas ideas estaban mal, no podía controlar mis pensamientos. En ese momento, una carta necesitaba una respuesta urgente, pero yo solo me quedaba mirando la computadora, sin poder sosegar mi corazón. Viendo pasar el tiempo, me di cuenta de que vivir en ese estado afectaría el trabajo, así que oré rápidamente a Dios: “Dios mío, al ver tantos problemas y desviaciones en el trabajo, constantemente quiero echarme atrás. Sé que esto no está de acuerdo con Tus intenciones. Por favor, guíame para conocerme a mí misma y salir de este estado incorrecto”.

Después de orar, leí las palabras de Dios: “Que el hombre lleve a cabo su deber es, de hecho, el cumplimiento de todo lo que es inherente a él; es decir, lo que es posible para él. Es entonces cuando su deber se cumple adecuadamente. Los defectos del hombre durante su servicio se reducen gradualmente a través de la experiencia progresiva y del proceso de pasar por el juicio; no obstaculizan ni afectan el deber del hombre. Los que dejan de servir o ceden y retroceden por temor a que puedan existir defectos en su servicio son los más cobardes de todos. Si las personas no pueden expresar lo que deben expresar durante el servicio ni lograr lo que por naturaleza es posible para ellas y, en cambio, actúan mecánicamente, han perdido la función que un ser creado debe tener. A esta clase de personas se les conoce como ‘mediocres’; son desechos inútiles. ¿Cómo pueden esas personas ser llamadas seres creados en el sentido auténtico? ¿Acaso no son seres corruptos que brillan por fuera, pero que están podridos por dentro? […] Quienes no cumplen con su deber son muy rebeldes contra Dios, y le deben mucho, pero se dan la vuelta y arremeten contra Él diciendo que está equivocado. ¿Cómo podría esa clase de persona ser digna de ser hecha perfecta? ¿Acaso no es esto indicio para ser descartados y castigados? Las personas que no llevan a cabo su deber delante de Dios ya son culpables de los crímenes más atroces, para los cuales hasta la muerte es un castigo insuficiente, pero tienen el descaro de discutir con Dios y enfrentarse a Él. ¿Cuál es el valor de perfeccionar a semejantes personas? Cuando las personas no cumplen con su deber, deben sentirse culpables y en deuda; deben odiar su debilidad e inutilidad, su rebeldía y su corrupción y, aun más, deben entregarle su vida a Dios. Solo entonces son seres creados que aman verdaderamente a Dios, y solo ese tipo de personas son dignas de disfrutar las bendiciones y la promesa de Dios y de que Él las haga perfectas(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre). Dios dice que es normal que haya desviaciones y fallos en los deberes de las personas, y mientras los reconozcan y puedan cambiar a tiempo las cosas, Él no las condenará por ello. Pero si alguien retrocede con cobardía cuando aparecen desviaciones y fallos en su deber, o incluso suelta un montón de razonamientos retorcidos y deja de realizar su deber, esa persona carece de humanidad y razón, y es detestable para Dios. Si no se arrepiente, al final será descartada por Dios. Las palabras de juicio de Dios me atravesaron el corazón. Ya había perjudicado el trabajo por no hacerlo bien, y ahora que los problemas quedaban al descubierto, no tenía prisa por resolverlos y corregir las desviaciones. En cambio, mi corazón solo pensaba en mis intereses personales, temía que me hicieran responsable por paralizar el trabajo, así que quería deshacerme de mi deber como si fuera una patata caliente. ¡Era demasiado egoísta y vil! En realidad, los resultados del trabajo relacionado con textos habían decaído, y cuando los líderes señalaron los problemas y las desviaciones en el trabajo, prácticamente me estaban enseñando cómo hacerlo. Debería haber reflexionado sobre estos problemas y desviaciones, y debería haberlos resumido con todos para que el trabajo avanzara. Pero no solo no reflexioné ni resumí, ni me sentí culpable y con remordimiento por no realizar bien mi deber, sino que también discutí en mi interior, pensando que Dios no me había dado un buen calibre y, escudándome tras el pretexto de ceder el puesto a alguien más capaz, intenté eludir mi deber. Incluso pensé que tenía autoconciencia. Pero ahora veo que eso no era tener autoconciencia para nada. ¡Simplemente estaba siendo inescrupulosa y abandonando mi deber! Pensé en que los líderes señalaron que no nos centrábamos en cultivar a las personas, lo cual era un hecho. Los hermanos y hermanas acababan de empezar a formarse y no captaban los principios, así que nos deberíamos haber comunicado y estudiado juntos, aprendiendo de las fortalezas de cada uno para compensar nuestras debilidades. Los líderes señalaron que la calidad de los sermones que editábamos no era buena, lo cual también era un hecho. Mi propia comprensión de la verdad era superficial y no podía ver claramente la esencia de los problemas, por lo que me faltaba fuerza para resolverlos. ¡Que los líderes lo señalaran fue un recordatorio para mí! Así que rápidamente me comuniqué con mis hermanos y hermanas sobre los problemas que la líder había señalado. Todos reconocieron también las desviaciones y los fallos en sus deberes y estuvieron dispuestos a cambiarlos. A partir de entonces, tuvimos una dirección y un objetivo en nuestros deberes.

Durante mis prácticas devocionales, seguí reflexionando: “¿Por qué cada vez que encuentro dificultades y problemas en mi trabajo, mi corazón se agita mucho, e incluso quiero escapar de mi deber?”. Leí las palabras de Dios: “Algunas personas tienen miedo de asumir responsabilidades en el cumplimiento de su deber. Si la iglesia les da un trabajo que hacer, consideran primero si el trabajo requiere asumir responsabilidad y, si es así, no lo aceptan. Sus condiciones para hacer un deber son, primero, que debe ser un trabajo sin prisas; segundo, que no sea cansado ni sea ajetreado; y tercero, que no asuman ninguna responsabilidad, hagan lo que hagan. Ese es el único deber que aceptan. ¿Qué clase de persona es esta? ¿Acaso no es una persona escurridiza y falsa? No quieren asumir siquiera la menor responsabilidad. Incluso tienen miedo de que las hojas de los árboles les caigan encima y les abran la cabeza. ¿Qué deber puede cumplir una persona así? ¿Qué utilidad puede tener en la casa de Dios? La obra de la casa de Dios tiene que ver con la tarea de batallar contra Satanás, además de difundir el evangelio del reino. ¿Qué deber no conlleva responsabilidades? ¿Diríais que ser líder requiere responsabilidad? ¿Acaso sus responsabilidades no son aun mayores y no deben asumirlas en mayor medida? Por mucho que prediques el evangelio, des testimonio, hagas vídeos y cosas así, sea cual sea el trabajo que hagas, siempre que esté relacionado con los principios-verdad, conlleva responsabilidades. Si tu cumplimiento del deber no tiene principios, afectará a la obra de la casa de Dios, y si tienes miedo de asumir responsabilidad, entonces no puedes cumplir con ningún deber. ¿Es cobarde la clase de persona que teme asumir responsabilidades al hacer su deber o es que existe un problema con su carácter? Hay que saber diferenciarlo. En realidad, no es una cuestión de cobardía. ¿Cómo es que son tan atrevidas cuando se trata de hacerse ricas o cuando se trata de hacer algo por su propio beneficio? Asumirán cualquier riesgo por estas cosas. Pero cuando hacen cosas por la iglesia, por la casa de Dios, no asumen ningún riesgo. Tales personas son egoístas y despreciables, las más traicioneras de todas. Quien no asume responsabilidades al cumplir con su deber no es en absoluto sincero con Dios, ya no hablemos de su lealtad. ¿Qué clase de persona se atreve a asumir responsabilidades? ¿Qué clase de persona tiene el valor de asumir una pesada carga? Alguien que asume el liderazgo y arremete con valentía en el momento más crucial de la obra de la casa de Dios; que asume con valentía una pesada carga y no teme afrontar dificultades y peligros al ver la obra que es más importante y vital. Se trata de alguien leal a Dios, un buen soldado de Cristo. ¿Es que todos los que temen asumir responsabilidades en su deber lo hacen porque no entienden la verdad? No; hay un problema con su humanidad. No tienen sentido de la rectitud ni de la responsabilidad. Son personas egoístas y despreciables, no son creyentes sinceros en Dios ni aceptan la verdad en lo más mínimo. Por esta razón, no pueden ser salvados. Los creyentes en Dios deben pagar un alto precio a fin de ganar la verdad, y se toparán con muchos obstáculos para practicarla. Deben renunciar a las cosas, abandonar sus intereses carnales y soportar cierto sufrimiento. Solo entonces podrán poner en práctica la verdad. Entonces, ¿puede practicar la verdad esta clase de persona que teme asumir responsabilidades? Desde luego que no puede practicar la verdad, y menos aún obtenerla. Tiene miedo de practicar la verdad, de incurrir en una pérdida para sus intereses; tiene miedo de ser humillada, de ser calumniada y juzgada, y no se atreve a poner en práctica la verdad. Por consiguiente, no puede obtenerla, y, por muchos años que crea en Dios, no puede alcanzar Su salvación. Para poder cumplir con un deber en la casa de Dios, hay que ser personas que tengan un sentido de la carga en lo que se refiere al trabajo de la iglesia, que asuman la responsabilidad, que puedan defender los principios-verdad, y sean capaces de sufrir y pagar un precio. Si uno carece de estos aspectos, no es apto para hacer un deber y no cumple las condiciones para ello. […] Si siempre te proteges cada vez que te acontece algo y mantienes una puerta trasera y una vía de escape abiertas para ti, ¿estás poniendo en práctica la verdad? Eso no es practicar la verdad, sino que es ser esquivo. Ahora cumples con el deber en la casa de Dios. ¿Cuál es el primer principio de hacer un deber? Cumplir primero con él de todo corazón, sin escatimar esfuerzos, y proteger así los intereses de la casa de Dios. Este es un principio-verdad que has de poner en práctica. Protegerse a uno mismo dejando una puerta trasera y una ruta de escape abiertas para uno mismo es el principio de práctica que siguen los no creyentes y su filosofía suprema. En todas las cosas, considerarse uno mismo primero, anteponer los propios intereses a todo lo demás y no pensar en los otros, creer que los intereses de la casa de Dios y los intereses de otros no tienen nada que ver con uno mismo, pensar primero en los propios intereses y luego en una vía de escape, ¿acaso no es eso ser un no creyente? Eso es precisamente lo que es un no creyente. Este tipo de persona no es digna de realizar un deber(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). Reconocí en las palabras de Dios que la razón por la que sentía tanta agitación en mi corazón cada vez que aparecían desviaciones o dificultades en mi trabajo era principalmente que siempre temía asumir la responsabilidad en mi deber; era que mi carácter egoísta y falso me estaba causando problemas. Ante las asignaciones de personal y las dificultades y problemas en el trabajo, lo primero que pensaba era que el trabajo relacionado con textos es una obra importante de la casa de Dios, y que si no podía hacerme cargo del deber de supervisora y retrasaba el trabajo, me harían responsable. Aunque no me atrevía a abandonar mi deber, mi corazón siempre sentía que este deber era demasiado arriesgado. Sin mencionar la preocupación y el sufrimiento, si los resultados del trabajo eran pobres o si había desviaciones o fallos, como mínimo me destituirían; si acumulaba demasiadas transgresiones, no tendría un buen resultado y destino. Al pensar en esto, vi este deber como una carga, un peso, y quise eludirlo. Tampoco tenía ningún deseo de resolver los problemas y las dificultades en el trabajo. Como supervisora, debería haber asumido mi responsabilidad de forma proactiva, y haber consultado a la líder sobre lo que no entendía. Siempre que enderezara mis intenciones e hiciera mi mejor esfuerzo, incluso si lo que hacía era insignificante y los resultados no eran muy buenos al final, al menos no tendría remordimientos. Pero cuando hacía este deber, lo que consideraba era cómo evitar asumir la responsabilidad. Mi corazón no estaba en mi deber para nada. No mostraba ninguna sinceridad hacia mi deber, y mucho menos devoción. ¡Realmente era muy egoísta y vil! La casa de Dios cultiva a las personas para que puedan buscar entender diversos aspectos de la verdad mientras realizan sus deberes y los cumplen bien. Para las personas, esto es una formación práctica. Cualquiera con una comprensión pura valorará su deber. Pero mi perspectiva detrás de mi búsqueda era incorrecta. No quería asumir ninguna responsabilidad en mi deber, y solo quería ser un miembro ordinario del equipo que cumplía su deber a rajatabla, esperando que la supervisora lo organizara todo. De hecho, aunque hacer mi deber de esa manera significaba no asumir la responsabilidad, ganaría menos formación y menos verdad, y mi vida progresaría lentamente. Al formarme como supervisora, aunque encontré más problemas y dificultades y la presión era mayor, también gané más. Obtuve algunas ganancias al captar los principios, y contemplar a las personas y las cosas. Además, al hacer el seguimiento del trabajo, había algunos problemas de los que solo veía los fenómenos superficiales y no podía captar el meollo del asunto, lo que me llevaba a ser siempre incapaz de resolver los problemas. Fue a través de la guía de los líderes que descubrí mis defectos. Al buscar la verdad, reconocí la naturaleza y las consecuencias de los problemas, y encontré los principios de práctica, resolviendo así los problemas de raíz. Todas estas ganancias las obtuve al hacer el deber de supervisora. También entendí que no importa qué deber se haga en la casa de Dios, uno necesita asumir una parte de la responsabilidad. Esta responsabilidad no la da ninguna persona, sino que viene de Dios. Al entender esto, tomé una determinación ante Dios: no importa cuántas dificultades hubiera en el trabajo, estaba dispuesta a confiar en Dios y a asumir mis propias responsabilidades. Ya no sería negativa ni escaparía de mi deber.

Una vez, leí un pasaje de las palabras de Dios citado en un artículo de testimonio vivencial que encajaba muy bien con mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Algunas personas no creen que la casa de Dios pueda tratar con justicia a la gente. No creen que Dios reine en Su casa y que la verdad reine en ella. Creen que, no importa cuál sea el deber que hace una persona, si surge un inconveniente, la casa de Dios se encargará de esa persona inmediatamente, privándola de su elegibilidad para hacer ese deber, enviándola lejos, o incluso echándola de la iglesia. ¿Realmente es ese el caso? Desde luego que no. La casa de Dios trata a cada persona según los principios-verdad. Dios es justo en Su tratamiento hacia cada persona. Él no se fija solo en cómo se comporta una persona en un solo caso; mira la esencia-naturaleza de una persona, sus intenciones y su actitud. En particular, se fija en si una persona puede reflexionar sobre sí misma cuando comete un error, si tiene remordimientos y si puede penetrar en la esencia del problema basándose en Sus palabras, de modo que llega a comprender la verdad, odiarse a sí misma y arrepentirse de veras. Si alguien no tiene esta actitud correcta y está completamente manchado de intenciones personales, si está repleto de artimañas mezquinas, solo revela actitudes corruptas y si, cuando surgen problemas, incluso recurre al engaño, la sofistería y la autojustificación, así como se niega tercamente a reconocer lo que ha hecho, entonces esa persona no puede ser salvada. Las personas así no aceptan la verdad en absoluto y han sido completamente puestas en evidencia. Quienes no son personas correctas y no pueden aceptar la verdad en lo más mínimo son, en esencia, incrédulos y solo pueden ser descartados. […] Decidme, si una persona ha cometido un error, pero llega al verdadero entendimiento y está dispuesta a arrepentirse, ¿no le daría una oportunidad la casa de Dios? A medida que el plan de gestión de seis mil años de Dios se acerca a su fin, hay muchos deberes que es necesario hacer. Pero si careces de conciencia o de razón y no atiendes al trabajo que te corresponde, si has obtenido la oportunidad de hacer un deber, pero no sabes atesorarla, no persigues la verdad en lo más mínimo, con lo que permites que se te escape tu mejor momento para ello, entonces se te revelará. Si eres sistemáticamente superficial al hacer tu deber y no te sometes en absoluto cuando te enfrentas a la poda, ¿te puede utilizar aún la casa de Dios para hacer un deber? En la casa de Dios, lo que reina es la verdad, no Satanás. Dios tiene la última palabra sobre todo. Es Él quien está haciendo la obra de salvar al hombre, es Él quien es soberano sobre todas las cosas. No hay necesidad de que analices lo que está bien y lo que está mal; lo único que tienes que hacer es escuchar y someterte. Cuando te enfrentes a la poda, deberías aceptar la verdad y corregir tus errores. Si lo haces, la casa de Dios no te despojará de tu elegibilidad para hacer un deber. Si siempre te asusta ser descartado, siempre te justificas, siempre usando la sofistería para defenderte a ti mismo, eso es un problema. Otros verán que no aceptas la verdad en lo más mínimo y se dan cuenta de que eres completamente irracional. Esto provoca problemas y la iglesia tendrá que encargarse de ti. No aceptas la verdad en absoluto al hacer tu deber y siempre temes ser revelado y descartado. Este miedo tuyo está contaminado por una intención humana; dentro de este miedo, hay actitudes satánicas corruptas, además de la sospecha, la cautela y el malentendido. Ninguna de estas posturas es la que una persona debería tener(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, pensé en cómo siempre estaba a la defensiva contra Dios y lo malinterpretaba cuando me sucedían cosas, y temía ser puesta en evidencia y descartada. Esto se debía a que no tenía conocimiento del carácter justo de Dios. Pensé que había cometido una transgresión grave en el pasado, y que si no cumplía bien mi deber y ocasionaba perturbación y daño a la obra de la iglesia, cometería muchas más transgresiones y, si eran graves, sería descartada. De hecho, si realizaba mi deber con todo mi corazón y mis fuerzas, pero era incompetente por mi pobre calibre, la casa de Dios me reasignaría a un deber adecuado según mi calibre, y no me descartaría por esta razón. Solo serán descartados quienes trastornan y perturban intencionadamente la obra de la iglesia y se niegan a arrepentirse por mucho que se hable con ellos. Como pasó con la supervisora anterior. Ella vulneró intencionadamente los principios y causó trastornos y perturbaciones por el bien de su propia fama y estatus. Durante ese tiempo, la líder habló con ella y la ayudó, pero ella no se arrepintió y, al final, fue destituida y descartada. La casa de Dios tiene principios para tratar a las personas. Trata las transgresiones de las personas según los distintos antecedentes y situaciones de cada una, y no aplica un único criterio para todas. Los muchos problemas suena awkward, por eso se sugirió la alternativa se debieron principalmente a que llevaba poco tiempo de formación. No tenía una dirección ni senda para hacer bien el trabajo y, a veces, no podía captar los puntos clave. No quería trastornar ni perturbar intencionadamente. Cuando reconocí mis desviaciones y las corregí a tiempo, la casa de Dios todavía me dio la oportunidad de formarme, y los líderes también me guiaron sobre cómo hacer trabajo real. No debía recelar de Dios ni malinterpretarlo. No tenía conocimiento del carácter justo de Dios y vivía con recelo y malentendidos hacia Él. Mi propia entrada en la vida se vio perjudicada y eso también afectó mi deber. Todo esto fue consecuencia de no buscar la verdad.

En un abrir y cerrar de ojos, llegó octubre. Debido a los arrestos del PCCh, los diversos trabajos de la iglesia se vieron obstaculizados y los resultados volvieron a decaer. Mis hermanos y hermanas también estaban, por lo general, viviendo en medio de dificultades. Esta vez, no holgazaneé ni me volví negativa como antes, sino que hablé con la hermana con la que cooperaba sobre cómo resolver los problemas existentes. En ese momento, los líderes también señalaron algunas desviaciones en nuestro trabajo y nos hablaron de algunas sendas de práctica. Al ver la carta de los líderes, no pude evitar pensar: “¿Y si el trabajo sigue sin ponerse en marcha después de esto? Si se retrasa, ¡no podré asumir esta responsabilidad!”. Me di cuenta de que otra vez estaba pensando en protegerme, así que oré y busqué. Leí las palabras de Dios: “¿Cuáles son las manifestaciones de una persona honesta? Primero, no tener dudas acerca de las palabras de Dios. Esa es una de las manifestaciones de una persona honesta. Además de esto, la manifestación más importante es buscar y practicar la verdad en todo: esto es lo más crucial. Dices que eres honesto, pero siempre pasas por alto las palabras de Dios y simplemente haces lo que te parece. ¿Acaso es esa la manifestación de una persona honesta? Dices: ‘Aunque tengo poco calibre, tengo un corazón honesto’. Y, sin embargo, cuando te llega un deber te da miedo sufrir y asumir la responsabilidad si no lo haces bien, por eso pones excusas para evadir tu deber o sugieres que lo haga otro. ¿Es esta la manifestación de una persona honesta? Claramente, no lo es. Entonces, ¿cómo debería comportarse una persona honesta? Debe someterse a los arreglos de Dios, ser devota al deber que le corresponde hacer y esforzarse por satisfacer las intenciones de Dios. Esto se manifiesta de diferentes maneras. Una es aceptar tu deber con un corazón honesto, no considerar tus intereses carnales, no ser desganado en él y no conspirar por tu propio bien. Estas son manifestaciones de honestidad. Otra es dedicar todo el corazón y todas tus fuerzas a hacer bien tu deber, haciendo las tareas que te ha encomendado la casa de Dios de forma adecuada y poniendo el corazón y tu amor en el deber a fin de satisfacer a Dios. Estas son las manifestaciones que debería tener una persona honesta cuando hace su deber(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). De las palabras de Dios entendí que una persona honesta, al realizar su deber, no maquina para sí misma ni considera sus propios intereses, sino que es considerada con las intenciones de Dios y hace su deber con todo su corazón y sus fuerzas. Debía practicar según las palabras de Dios y ser una persona honesta. Ahora el gran dragón rojo agoniza, arrestando frenéticamente a hermanos y hermanas. Su propósito es perturbar la obra de la iglesia. Es precisamente en este momento cuando debo intensificar mi cooperación y trabajar con todos para realizar bien nuestros deberes. Así que comí y bebí las palabras de Dios con la hermana con la que cooperaba, buscando una manera de resolver las dificultades inmediatas. También informamos a los líderes sobre nuestros próximos planes de trabajo y luego, por separado, hablamos con nuestros hermanos y hermanas, resolviendo de forma práctica las dificultades y los problemas del trabajo. Después de un tiempo, el trabajo relacionado con textos mejoró gradualmente. En el proceso de la cooperación real de todos, vimos la bendición y la guía de Dios. Los resultados del trabajo relacionado con textos fueron cada vez mejores y todos estábamos muy agradecidos a Dios.

Antes, siempre sentía que mi calibre no era bueno y que no podía realizar el deber de supervisora, y que solo quienes tenían buen calibre podían hacer este trabajo. Los hechos demostraron que mi punto de vista era incorrecto. Leí las palabras de Dios: “¿Quién podría haber llegado a donde está hoy sin la obra del Espíritu Santo o la protección de Dios? ¿Qué aspecto de la obra podría haber llegado a ser lo que es hoy? ¿Acaso se creen que están en el mundo secular? Si cualquier grupo en el mundo secular perdiera la salvaguarda de un equipo de individuos talentosos o dotados, no sería capaz de emprender sus propios proyectos. La obra en la casa de Dios es diferente; es Él quien la salvaguarda, lidera y guía. No pienses que la obra de la casa de Dios depende de una sola persona. Eso es imposible, y ninguna persona podría hacerlo. Si alguien de verdad creyera esto, sería un punto de vista absurdo; es el punto de vista de un incrédulo(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (18)). “Con independencia de si tu calibre es alto o bajo y por mucho talento que tengas, si tus actitudes corruptas no se resuelven, entonces no importa la posición en la que se te coloque, no serás apto para el uso. Por el contrario, si tu calibre y capacidades son limitados, pero entiendes diversos principios-verdad —incluyendo aquellos que debes entender y captar dentro del ámbito de tu trabajo— y tus actitudes corruptas se han resuelto, entonces serás una persona apta para el uso(La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (3)). Al compararme con las palabras de Dios, vi que era ciega e ignorante, y que lo que había revelado era el punto de vista de un incrédulo. En realidad, la obra de la casa de Dios no es algo que se pueda hacer bien confiando en el calibre o los dones de una sola persona. En apariencia, son las personas las que hacen la obra de la casa de Dios, pero, en realidad, es Dios quien la hace. Es el Espíritu Santo quien la dirige y la sostiene. No importa si el calibre de una persona es bueno o malo; siempre que tenga un corazón simple y honesto, esté dispuesta a buscar los principios-verdad cuando le suceden cosas, no viva según sus actitudes corruptas y sea devota en sus deberes, Dios la bendecirá y la guiará, y podrá lograr algunos resultados en sus deberes. También vi que, aunque mi calibre era promedio, cuando todos cooperábamos y hacíamos nuestros deberes con un mismo sentir y pensar, lográbamos buenos resultados. Todo esto fue la guía de Dios; fue Dios sosteniendo Su propia obra. ¡Gracias a Dios Todopoderoso!

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