47. Comprendo que soy demasiado egoísta
En abril de 2024, me eligieron líder de distrito y, por ese entonces, sentía mucha presión. Sentía que la responsabilidad de ese deber era muy pesada, que había muchas dificultades que afrontar y que tendría que preocuparme mucho y pagar un precio muy alto. Sin embargo, entendí que este deber era Dios que me otorgaba Su gracia y que no debía pensar solo en mis intereses carnales, así que lo acepté de buen grado. Como era nueva en este deber, el trabajo que me asignaron era relativamente leve y solo estaba a cargo del trabajo relacionado con textos y de la vida de iglesia. En mi tiempo libre, también podía ver videos y escuchar himnos. Sentía que cumplir mi deber de esta manera estaba bastante bien. Poco tiempo después, destituyeron a una hermana que colaboraba conmigo por no hacer trabajo real, así que me hice cargo del trabajo de depuración de la iglesia que ella había tenido a cargo. Fue solo durante el traspaso que me di cuenta de que el trabajo de depuración tenía muchos problemas, que no había suficientes personas para organizar los materiales de depuración y que se habían acumulado muchos de estos materiales pendientes que había que revisar. Sentí que mi carga de trabajo había aumentado drásticamente, y tenía la agenda diaria repleta.
Un día, mientras estaba ocupada con mis tareas, mi compañera, la hermana Qiu Yan, dijo: “Ha habido dificultades con el trabajo evangélico y los resultados han decaído considerablemente. Tenemos que dialogar entre todos para buscar una solución juntos”. Al escuchar su plática, pensé en problemas similares que había descubierto cuando fui líder de la iglesia antes. Cuando los hermanos y hermanas tenían dificultades al predicar el evangelio, los líderes y obreros no compartían sobre las intenciones de Dios ni las verdades sobre predicar el evangelio; solo seguían insistiendo en avanzar. Esta era la principal razón por la que el trabajo evangélico obtenía malos resultados. Quería decir algo sobre este tema, pero luego pensé: “El trabajo de depuración que tengo a cargo también tiene muchos problemas. Tengo la mente constantemente ocupada todos los días, así que, si también participo en el trabajo evangélico, ¿no me supondrá un esfuerzo adicional? ¿De dónde voy a sacar toda esta energía extra?”. Así que sentí que debía centrarme en el trabajo que tenía a cargo y, con eso en mente, no dije nada y simplemente continué con mis tareas. Qiu Yan y Li Yue discutieron durante mucho tiempo, pero no pudieron encontrar una solución, así que Qiu Yan me preguntó si tenía alguna buena sugerencia. Pensé: “Aún no he terminado de hacer mis propias tareas. Si me sumo a la discusión sobre el trabajo evangélico ahora, ¿no retrasará el trabajo que tengo que hacer?”. Así que me rehusé y dije: “Pueden hablarlo simplemente entre ustedes dos. Ahora mismo tengo muchas tareas urgentes que atender”. Li Yue vio mi actitud y me dijo con severidad: “La capacidad de cada uno para identificar problemas es limitada. Resolver las dificultades del trabajo requiere la discusión de todos para hacerlo. ¡No estás siendo responsable!”. Al oír la crítica de la hermana, me sentí culpable y pensé que verdaderamente mi comportamiento había sido demasiado egoísta. Solo entonces dejé lo que estaba haciendo y participé en el diálogo. También hablé de los problemas que había notado y, en poco tiempo, encontramos una solución.
Unos días después, Li Yue y Qiu Yan estaban hablando sobre cultivar a regadores. Dijeron que algunos líderes de la iglesia no se centraban en cultivar a la gente, lo que llevaba a una escasez de regadores en la iglesia y hacía que los nuevos fieles no recibieran a tiempo el riego necesario, lo que obstaculizaba gravemente el trabajo de regar a los nuevos fieles. Dijeron que teníamos que escribir a los líderes de la iglesia para compartir sobre esto. Me pidieron que participara en el diálogo para resolver este problema, pero pensé: “Esto no es algo que se pueda resolver de una tacada. Habrá que dedicar mucho tiempo y energía mental a estos temas, y conversar sobre esto retrasará el trabajo que estoy haciendo. Después, si se me acumula el trabajo, tendré que dedicar tiempo adicional para encargarme de ello. Además, el trabajo de riego ni siquiera es mi responsabilidad, así que resolver el problema no me dará ningún mérito. Le dedicaré tiempo y energía y retrasará mi propio trabajo, así que, ¿qué sentido tiene?”. Entonces, respondí de forma superficial: “No capto muy bien estos asuntos y no tengo ningún buen consejo para dar. Primero háblenlo entre ustedes y escriban la carta; cuando la hayan escrito, la podemos revisar juntas”. Tras oírme decir eso, las hermanas no dijeron nada y las dos no tuvieron más remedio que hablar sobre el tema entre ellas. Más tarde, Qiu Yan terminó de escribir la carta y nos pidió sugerencias. La ojeé brevemente y pensé que había partes que había que complementar y mejorar, pero no quería hacer el esfuerzo de revisarla, así que solo le mencioné de pasada algunos de los problemas. Después de escuchar mis comentarios, Qiu Yan aún no sabía cómo hacer las adiciones y dijo con nerviosismo: “No se me da muy bien escribir cartas de comunicación y también me cuesta hacer revisiones; ¿podrías ayudar a revisarla y complementarla? Así no se retrasará el trabajo”. Pero yo pensaba que era demasiada molestia y seguí insistiendo en que fuera ella la que hiciera la revisión. Al ver que ponía tantas excusas, finalmente me criticó: “No participaste en la discusión de ayer y, ahora que ya hemos escrito la carta, tampoco quieres ayudar a revisarla. El trabajo de la iglesia es un esfuerzo colectivo y todos compartimos la responsabilidad, pero tú solo te preocupas por tu propia carga de trabajo. ¡Estás siendo totalmente egoísta y despreciable!”. Cuando la oí decir esto, me sentí muy agraviada, empecé a formarme una opinión negativa sobre las hermanas al pensar que no entendían mis dificultades en absoluto. Pensé: “Llevo poco tiempo en este deber y ya tengo mucho trabajo que hacer cada día. Ahora quieren que dedique tiempo extra al trabajo que ustedes tienen a cargo y, cuando su trabajo obtenga resultados, el mérito será de ustedes. Yo estaría entre bastidores y no ganaría nada de ello. Además, mi propio trabajo se acumularía y también tendría que dedicar tiempo y esfuerzo extra a encargarme de ello. ¡No me vale la pena!”. Sin embargo, al ver que la hermana parecía incapaz de hacerlo, accedí a regañadientes y revisé la carta. Pero me sentía muy reprimida y creía que este deber era demasiado difícil. No solo tenía que dar seguimiento a mis propias responsabilidades, sino también ocuparme del trabajo de las hermanas y simplemente ya no quería realizar este deber. Durante esa época, cumplía mi deber en un estado de aturdimiento e insensibilidad, sin sentir la guía del Espíritu Santo en absoluto, y simplemente cumplía mi deber cada día en piloto automático. En mi dolor oré a Dios y lo busqué: “Dios, siento mucha presión por los problemas en mi deber, pero también tengo que participar en el trabajo general y mi corazón se siente reacio. Sé que mi estado no es correcto, pero no soy capaz de someterme. Dios, te ruego que me guíes para que pueda buscar la verdad y entender Tu intención”.
Durante mis prácticas devocionales, leí un pasaje de las palabras de Dios que desató de inmediato el nudo en mi corazón. Dios Todopoderoso dice: “Si crees en la soberanía de Dios, entonces tienes que creer que las cosas que suceden diariamente, sean buenas o malas, no ocurren al azar. No es que alguien esté siendo deliberadamente duro contigo o teniéndote en la mira; todo esto está dispuesto y orquestado por Dios” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para ganar la verdad, uno debe aprender lecciones de las personas, los acontecimientos y las cosas cercanos). De las palabras de Dios entendí que las personas, acontecimientos y cosas que aparecen en mi vida cada día son parte de la soberanía y los arreglos de Dios, y tenía que sosegarme ante Él para aprender lecciones y conocer mi propio carácter corrupto. Sin embargo, ahora, cuando las hermanas me pedían que participe en el trabajo general, sentía que ellas no entendían mis dificultades. Vivía en un estado en el que me obsesionaba con las personas y las cosas, y no me sometía en absoluto. Debía ponerme a un lado, acudir a Dios para buscar la verdad y reflexionar sobre mí misma.
Más tarde, leí las palabras de Dios y adquirí cierto entendimiento sobre mi problema. Dios dice: “Independientemente del trabajo del que sean responsables, los anticristos no piensan para nada en los intereses de la casa de Dios. Solo consideran si los suyos se ven afectados y solo piensan en ese poquito de trabajo frente a ellos que los beneficia. Para ellos, la obra principal de la iglesia solo es algo que hacen en su tiempo libre. No se la toman en serio para nada. Solo se mueven cuando se los empuja a actuar, solo hacen lo que les gusta y solo hacen el trabajo destinado a mantener su propio poder y estatus. A sus ojos, toda labor dispuesta por la casa de Dios, la labor de difundir el evangelio y la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios no son importantes. No importa qué dificultades tengan otras personas en su trabajo, qué cuestiones hayan identificado o les hayan informado, o lo sinceras que sean sus palabras, los anticristos no prestan atención, no se involucran, es como si no tuviera nada que ver con ellos. Por muy importantes que sean los problemas que surjan en la labor de la iglesia, ellos son totalmente indiferentes. Incluso cuando se expone un problema justo delante de ellos, solo lo abordan de manera superficial. Solo cuando lo Alto los poda directamente y les ordena que resuelvan un problema, hacen a regañadientes un poco de trabajo real y aparentan ante lo Alto. Después, continúan ocupándose de sus propios asuntos. En lo que respecta al trabajo de la iglesia, a los asuntos importantes que se relacionan con el panorama general, no se preocupan por ninguna de estas cosas y las ignoran, e incluso no se ocupan de los problemas cuando los descubren. Sin importar qué problemas planteen los demás, responden de manera superficial y vacilan, abordando las cuestiones solo con gran reticencia. ¿No es esto una manifestación de egoísmo y vileza?” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión cuatro: Resumen de la calidad humana de los anticristos y de su esencia-carácter (I)). “Si uno cree en Dios pero no presta atención a Sus palabras, no acepta la verdad ni se somete a Sus instrumentaciones y arreglos; si solo exhibe ciertos buenos comportamientos, pero es incapaz de rebelarse contra la carne y no renuncia a nada de sus propios intereses u orgullo; si, aunque en apariencia está haciendo su deber, sigue viviendo según sus actitudes satánicas y no ha renunciado en lo más mínimo a sus filosofías satánicas y formas de existencia ni las ha cambiado, ¿cómo es posible que esto sea creer en Dios? Esto es creer en la religión. Tales personas renuncian a las cosas y se entregan exteriormente, pero si se mira la senda que recorren y el origen y el motivo de todo lo que hacen, no basan esto en las palabras de Dios ni en la verdad; en cambio, continúan actuando de acuerdo con sus propias nociones y figuraciones, sus suposiciones subjetivas y sus ambiciones y deseos. Las filosofías y actitudes de Satanás continúan sirviendo de base para su existencia y sus actos. En los asuntos en los que no entienden la verdad, no la buscan; en los asuntos en los que sí la entienden, no la practican ni la valoran ni honran la grandeza de Dios. Aunque verbal y nominalmente creen en Dios y lo reconocen, y aunque parezcan capaces de realizar un deber y seguir a Dios, siguen viviendo según sus actitudes satánicas en todo lo que dicen y hacen. Al igual que los no creyentes, no experimentan ningún cambio. Las cosas que dicen y hacen son todas revelaciones de actitudes corruptas. No verás que practiquen o experimenten las palabras de Dios, y mucho menos que manifiesten buscar y someterse a la verdad en todas las cosas. En sus acciones, piensan primero en sus propios intereses, y satisfacen sus propios deseos y su propósito antes que nada. ¿Acaso son personas que siguen a Dios? (No). […] Por muchos años que hayan creído, no han establecido una relación normal con Dios; al margen de lo que hagan o de lo que les pase, lo primero que piensan es: ‘Quiero actuar de tal y cual manera. ¿Qué enfoque me beneficiaría y cuál no? ¿Qué ocurriría si hiciera tal y cual cosa?’. Estas son las cosas que primero tienen en cuenta. No se paran a pensar en qué tipo de práctica glorificaría a Dios, daría testimonio de Él o satisfaría Sus intenciones, ni oran y buscan cuáles son Sus requisitos y qué dicen Sus palabras. Nunca prestan atención a cuáles son las intenciones o los requisitos de Dios ni a cómo debería practicar la gente para satisfacerlo. Aunque en alguna ocasión tal vez oren ante Dios y compartan con Él, simplemente hablan consigo mismos, sin buscar sinceramente la verdad. Cuando oran a Dios y leen Sus palabras, no las relacionan con las cosas que se encuentran en la vida real. Por tanto, en el entorno que Dios ha dispuesto, ¿cómo tratan Su soberanía, Sus arreglos y Sus instrumentaciones? Cuando se enfrentan a cosas que no concuerdan con su voluntad, se resisten en su corazón e intentan evitarlas. Cuando se enfrentan a cosas que involucran sus intereses, se devanan los sesos y piensan en todas las formas posibles de salvaguardar sus intereses; incluso si no pueden obtener una ventaja, no pueden permitir que sus intereses se vean perjudicados. No buscan satisfacer las intenciones de Dios, sino solo sus propios deseos. ¿Es esto creer en Dios? ¿Tienen las personas así una relación con Dios? No. Viven de manera vulgar, sórdida, intransigente y horrible. No solo no tienen ninguna relación con Dios, sino que también van en contra de Su soberanía y Sus arreglos constantemente. Dicen reiteradamente: ‘Que Dios tenga soberanía y gobierne sobre todo en mi vida. Estoy dispuesto a permitir que Él tome el trono, reine y rija en mi corazón. Estoy dispuesto a someterme a las instrumentaciones y arreglos de Dios’. Sin embargo, cuando se enfrentan a cosas que perjudican sus intereses, no pueden someterse. En lugar de buscar la verdad en una situación dispuesta por Dios, quieren darle la vuelta a la situación o escapar de ella. No quieren someterse a las instrumentaciones y arreglos de Dios; quieren hacer las cosas de acuerdo con su propia voluntad, y sus propios intereses no deben sufrir la más mínima pérdida. Ignoran por completo las intenciones de Dios y solo se preocupan por sus propios intereses, circunstancias, estados de ánimo y sentimientos. ¿Es eso creer en Dios? (No)” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. No es posible salvarse por creer en la religión ni participar en rituales religiosos).
Las palabras de Dios son muy claras. Una persona que realmente cree en Dios puede buscar la verdad y someterse a Dios cuando se encuentra con cosas que no están de acuerdo con sus nociones. Si, ante cosas que no concuerdan con sus nociones, una persona no busca en absoluto la verdad y solo piensa en sus propios intereses y en cómo librarse de la situación, esa persona no es una auténtica creyente en Dios y no recibe Su aprobación. Los anticristos son exactamente ese tipo de persona. Jamás tienen en cuenta los intereses de la casa de Dios al realizar sus deberes y solo hacen lo que les beneficia en términos de fama, provecho o estatus. Si algo no los beneficia, entonces, aunque vean un problema o alguien les pida ayuda, los anticristos hacen la vista gorda y oídos sordos. Son totalmente desalmados, implacables, egoístas, despreciables y carentes de humanidad. Ante la exposición de las palabras de Dios, me sentí avergonzada y apenada. Mis quejas, mi resistencia y desobediencia eran todas muy irracionales. Pensé en que había creído en Dios durante muchos años. Aunque había renunciado a mi familia y mi carrera, y parecía que creía de verdad en Dios, en mis deberes, todos mis pensamientos y consideraciones se centraban en mi propio beneficio y no protegía en absoluto la obra de la iglesia. ¿De qué manera podía decir que era un miembro de la casa de Dios? Cuando mis hermanas hablaron sobre los problemas del trabajo evangélico y quisieron discutir soluciones juntas, aunque yo comprendía algunos problemas concretos, tuve miedo de que tendría que participar en la discusión si decía algo, lo que retrasaría mi propio trabajo, así que puse la excusa de que estaba ocupada para negarme a participar. Cuando faltaban regadores en la iglesia y hubo que enviar con urgencia una carta a los líderes para compartir sobre la importancia de cultivar a más gente, yo tuve miedo de que mi carga de trabajo aumentara y pensé que, aunque lo hiciera bien, no recibiría ningún reconocimiento por ello, así que respondí de manera superficial y no quise involucrarme. Cuando la hermana escribió la carta y me pidió que la revisara, vi que tenía problemas que corregir, pero no quise dedicar tiempo a revisarlos. En todas estas tareas, no era que no supiera detectar los problemas ni cómo resolverlos, sino que era demasiado egoísta y despreciable y solo me preocupaban mis propios intereses. Además, si algo no beneficiaba a mi reputación o estatus, no quería hacerlo. ¿De qué manera tenía un lugar para Dios en mi corazón? Con esa actitud, cuando mi hermana me podó por ser egoísta y despreciable, hasta me sentí agraviada y quise evitar y abandonar ese deber. ¡Estaba siendo muy irracional! Sobre todo, al leer estas palabras de Dios: “No buscan satisfacer las intenciones de Dios, sino solo sus propios deseos. ¿Es esto creer en Dios? ¿Tienen las personas así una relación con Dios? No”. Me sentí un poco conmovida. Había creído en Dios durante muchos años, había comido y bebido muchísimas de Sus palabras y había disfrutado de muchas de Sus gracias y bendiciones, pero, cuando vi que surgían problemas en áreas clave como el trabajo evangélico y el de riego, simplemente los ignoré. ¿Cómo podía considerarme una creyente en Dios? ¡Ni siquiera había sido devota siendo mano de obra! Solo tras darme cuenta de estas cosas entendí la gravedad de mi carácter corrupto y sentí algo de temor. Así que oré a Dios: “Dios, veo que mi estado es realmente peligroso. ¡He sido totalmente egoísta y rebelde! Te ruego que me esclarezcas y me guíes para que realmente pueda conocer mi carácter corrupto”.
Un día, leí las palabras de Dios y adquirí un pequeño entendimiento de mi esencia-naturaleza. Dios Todopoderoso dice: “Después de que Satanás haya corrompido a alguien, este individuo pierde su conciencia y razón. Satanás desorienta por completo su corazón y esa persona acepta muchos pensamientos y puntos de vista que provienen de Satanás, además de algunos dichos y opiniones salidos de las tendencias malvadas. Cuando las cosas llegan a este punto, su conciencia y razón se corrompen y corroen por completo; se podría decir que, en este momento, su conciencia y razón están completamente perdidas. Lo que se demuestra es que su calidad humana es muy pobre y malvada. Es decir, antes de que haya aceptado cosas positivas, ya ha aceptado en su corazón muchas cosas falaces de Satanás. Estas cosas han corrompido gravemente su humanidad, lo que resulta en que esta sea muy pobre. Por ejemplo, después de que acepte el pensamiento y el punto de vista satánico del mundo que afirma que ‘cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’, ¿mejorará su conciencia, seguirá siendo la misma o se deteriorará? (Se deteriorará). ¿Y cuáles son las manifestaciones específicas de este deterioro? (Solo considera sus propios intereses en todo lo que hace). En aras de su propio propósito e intereses, no se detiene ante nada. Es capaz de engañar y perjudicar a otros y de hacer cualquier cosa que vaya en contra de la moralidad y la conciencia. Mientras más lo hace, más implacables se vuelven sus acciones, más se oscurece su corazón, menos sentido de la conciencia posee y menos humanidad conserva. En favor de sus propios intereses, timará y engañará a cualquiera […]. ¿Cuál es la razón por la que esta persona puede engañar a cualquiera? ¿Cuál es la causa principal? Es porque ha aceptado los pensamientos y los puntos de vista de Satanás y actúa bajo el dominio de estos. Al final, la conciencia y razón de su humanidad ya no funcionan; es decir, las cosas básicas que la humanidad debería poseer dejan de funcionar por completo, están completamente erosionadas y controladas por los pensamientos malvados de Satanás. El proceso de erosión y control es el de su aceptación de estos pensamientos y puntos de vista y, por supuesto, es además el proceso por el que esta persona se corrompe” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (10)). Las palabras de Dios expusieron que la raíz de mi negativa a participar en el trabajo general era que estaba influenciada por los venenos de Satanás. Había estado viviendo según las filosofías satánicas para los asuntos mundanos, como: “Que cada quien se ocupe de lo suyo” y “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”. Me había vuelto extremadamente egoísta, interesada y carente de humanidad, y juzgaba todo lo que hacía en función de si me beneficiaba o no. Me esforzaba en hacer las cosas que beneficiaban mi reputación y estatus, pero ignoraba todo lo que no me beneficiaba. Incluso cuando los demás me pedían ayuda o me lo recordaban, no me ocupaba de esas cosas y hasta pensaba que era lógico que, si algo no era mi responsabilidad, aunque hubiera un problema, no tenía nada que ver conmigo y yo tenía toda la razón para ignorarlo. Bajo la influencia de estos pensamientos y opiniones, ignoraba el trabajo evangélico y, cuando las hermanas me pedían ayuda, hacía oídos sordos. Incluso cuando el trabajo evangélico se veía obstaculizado, no quería participar, aunque tuviera algunas formas de resolverlo. Cuando la escasez de regadores en la iglesia ya había afectado el trabajo de riego, yo temía retrasar mi propio trabajo, así que no quería cooperar con las hermanas para resolver el problema y no sentía ningún remordimiento, aunque eso retrasara el trabajo de riego. Cuando la hermana señaló mi egoísmo, me seguía negando a aceptarlo, le rebatí, me sentí reacia y no tuve la menor vergüenza por no haber logrado defender los intereses de la casa de Dios debido a mi egoísmo y a lo despreciable que era. Vivía según los venenos de Satanás y no protegía en absoluto los intereses de la casa de Dios. Mi conciencia y mi razón se habían adormecido. Con tal de evitarme preocupaciones y cargas adicionales, ignoraba por completo las intenciones de Dios y los intereses de la iglesia. En realidad, ¡la forma en que trataba mi deber era un rechazo de ese deber y una traición a Dios! Al darme cuenta de estas cosas, finalmente sentí odio hacia mi carácter corrupto, egoísta y despreciable.
Durante una de mis prácticas devocionales, leí un pasaje de las palabras de Dios y encontré una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “Para todos los que hacen un deber, da igual lo profundo o superficial que sea su entendimiento de la verdad, la práctica más sencilla para entrar en la realidad-verdad es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo momento, desprendiéndose de sus propios deseos egoístas, de las intenciones, motivos, orgullo y estatus personales, así como poniendo los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo mínimo que deben hacer. Si una persona que lleva a cabo un deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo se puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes pensar en los intereses de la casa de Dios, ser considerado con las intenciones de Dios y tener en cuenta la obra de la iglesia. Antepón estas cosas a todo; solo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te consideran los demás. Divididlo en dos pasos, haciendo una pequeña concesión. ¿No sentís que esto facilita un poco las cosas? Si practicas así durante un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es algo difícil. Además, si puedes cumplir con tus responsabilidades, tus obligaciones y tu deber; dejar a un lado tus deseos egoístas, intenciones y motivos; tener en consideración las intenciones de Dios; y poner en primer lugar los intereses de la casa de Dios, el trabajo de la iglesia y el deber que se supone que debes realizar, entonces, después de experimentar así durante un tiempo, sentirás que comportarse de esta manera es bueno, que la gente debería vivir de manera honesta y franca, y que no deberían llevar una existencia pusilánime, sórdida y vulgar, sino que deberían ser íntegros y rectos. Sentirás que esta es la imagen que una persona debería vivir. Poco a poco, disminuirá tu deseo de satisfacer tus propios intereses” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). Después de leer las palabras de Dios, comprendí que cuando mi deber entra en conflicto con mis intereses personales, siempre debo dar prioridad a los intereses de la casa de Dios. Esa es la actitud que debe tener una persona que es devota a su deber. Aunque nuestras responsabilidades estaban repartidas, cuando surgían problemas en el trabajo de las hermanas, yo debía dar prioridad al trabajo general de la iglesia. Cosas como predicar el evangelio, regar a los nuevos fieles y elegir a los líderes y diáconos de la iglesia son tareas importantes de la iglesia y, si surgen problemas y no se resuelven a tiempo, esto retrasaría el trabajo. Aunque tuviera mucho trabajo entre manos, debía distinguir entre las prioridades. Si aprovechaba mejor el tiempo, no se retrasaría demasiado mi propio trabajo. Aunque, a veces, participar en debates y toma de decisiones sobre el trabajo general requería más tiempo y esfuerzo, a través de buscar y dialogar de verdad, de a poco capté algunos principios, sin siquiera darme cuenta. Esto también era una forma que yo tenía de mejorar. En realidad, no era una cuestión de sufrir, sino algo que me beneficiaba mucho. Antes solía sentirme agotada porque mi punto de vista no era correcto, pero cuando este cambió, ya dejé de sentir que estaba sufriendo.
Un día, leí más de las palabras de Dios y gané un entendimiento más claro sobre cómo practicar al realizar mi deber. Dios dice: “La forma en que la gente realiza sus deberes en la casa de Dios es completamente diferente a cómo se hacen las cosas entre los no creyentes. ¿Cuál es la diferencia? Los hermanos y hermanas leen juntos la palabra de Dios y están conectados en espíritu. Son capaces de llevarse bien amistosamente y de compartir sus pensamientos más íntimos entre sí. Pueden compartir la verdad de modo simple y sincero con los demás, disfrutar de la palabra de Dios y ayudarse mutuamente. Quienesquiera que tengan dificultades, buscan la verdad juntos para resolver el asunto, logrando una unidad interna y siendo capaces de someterse ante la verdad y ante Dios. Los no creyentes son diferentes. Todos se guardan sus cartas, no se abren con los demás, se recelan unos de otros e incluso intrigan y compiten entre sí. Al final, se separan en malos términos y siguen sus propias sendas” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Sobre la cooperación en armonía). Las palabras de Dios me permitieron entender que, para lograr buenos resultados en nuestros deberes en la casa de Dios, debemos colaborar con el mismo pensar y sentir. Debía dejar de lado mis deseos egoístas, dar prioridad a la obra de la iglesia e, independientemente de a quién le correspondiera el trabajo que presentaba problemas, debíamos buscar soluciones juntos, lo que nos permitiría obtener con mayor facilidad la obra del Espíritu Santo y aumentar la eficacia en nuestros deberes. Tal como dijo el Señor Jesús: “Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19). Todos tenemos defectos y nos falta comprensión, capacidad o claridad en algunos aspectos, y no hay ningún trabajo que una sola persona pueda completarlo por su cuenta. Tenemos que colaborar en armonía y aprovechar los puntos fuertes y las habilidades de cada persona. Solo así podemos cumplir bien con nuestros deberes. La obra de la iglesia es un esfuerzo colectivo e, independientemente de la tarea que tenga problemas, todos debemos cooperar para resolverlos. Al entenderlo, ya no me sentí reacia a participar en el trabajo general. Más adelante, al cumplir nuestros deberes, todos nos centramos en colaborar en armonía y, cuando surgían asuntos en el trabajo que no teníamos claros o que no entendíamos, los mencionábamos de forma activa para compartirlos y hablar sobre ellos. Mediante esta cooperación real, adquirimos un punto de vista más amplio de los problemas, sentí mucha menos presión en mi deber y los problemas también se pudieron resolver con mayor rapidez.
Un par de semanas después, los resultados del trabajo evangélico seguían sin mejorar, así que queríamos reunirnos para compartir y analizar. Pensé: “Los problemas del trabajo evangélico no se pueden resolver en un rato. Tendremos que revisar los informes de trabajo de cada iglesia y, luego, entender los problemas y las dificultades que enfrentan los hermanos al predicar el evangelio para poder resolverlos. Tomará mucho tiempo. Sin embargo, aún tengo varias cartas que debo responder, y hablar del trabajo evangélico retrasará mis propias tareas”. Al pensar en todas estas cosas, me sentí algo renuente a participar. En ese momento, me di cuenta de que estaba volviendo a revelar mi egoísmo, así que acudí a las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “No importa lo grande o lo pequeña que sea la tarea, no importa quién te la asigne, si la casa de Dios te la encomienda o un líder u obrero de la iglesia te la asigna, tu actitud debería ser: ‘Dado que se me ha asignado este deber, eso es la exaltación y la gracia de Dios. Debería hacerlo bien, conforme a los principios-verdad. Pese a tener solo un calibre promedio, quiero asumir esta responsabilidad y dar todo de mí para hacerlo bien. Si hago un trabajo deficiente, debería responsabilizarme de ello; si hago un buen trabajo, esto no es atribuirme el mérito. Esto es lo que debo hacer’. ¿Por qué digo que la forma en que una persona trata su deber es una cuestión de principios? Si de verdad tienes sentido de la responsabilidad y eres una persona responsable, entonces serás capaz de encargarte del trabajo de la iglesia y cumplir bien el deber que te corresponde” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (8)). Las palabras de Dios me permitieron entender que un líder que cumple con el estándar debe tener, ante todo, sentido de responsabilidad y debe dar prioridad a los intereses de la casa de Dios. Aunque mi compañera era la principal responsable de este trabajo, estaba relacionado con que el trabajo evangélico de la iglesia progresara sin problemas. Como líder, yo también tenía parte de responsabilidad por esto y no podía pensar solo en mis propios intereses; eso sería carecer por completo de humanidad. Tenía que priorizar las cosas de forma adecuada y dejar de lado mis intereses personales. Me di cuenta de que, de hecho, podía posponer mis propias tareas, así que tomé la iniciativa de participar en el análisis y el diálogo. En la conversación, tomaba la iniciativa de aportar en algunas áreas sobre las que las hermanas no habían compartido con claridad y, en el proceso de colaborar, veía la guía de Dios. También encontré algunos métodos y sendas para resolver los problemas y sentí una gran paz en mi corazón.
Al experimentar esa revelación, adquirí cierto discernimiento sobre mi carácter satánico, egoísta y despreciable. En el pasado, no creía que el egoísmo fuera un problema serio, pero, ahora, mediante la exposición de las palabras de Dios, veo con claridad que, cuando la gente vive según su carácter corrupto, egoísta y despreciable, se vuelve cada vez más carente de humanidad, no tiene conciencia ni razón y no puede obtener buenos resultados en sus deberes. Solo al vivir según las palabras de Dios, al practicar la verdad y al actuar de acuerdo con los principios puede uno vivir conforme a una verdadera semejanza humana. Solo así puede uno tener paz y tranquilidad verdaderas en el corazón. ¡Gracias a Dios por permitirme llegar a comprender y a conseguir estas cosas!