60. Una elección en un entorno peligroso
Soy predicadora en la iglesia y estoy a cargo del trabajo de varias iglesias. Una noche de enero de 2024, la hermana Liu Min me reenvió un documento sobre la expulsión de la judas Zhang y me advirtió: “Zhang vendió a muchos líderes y obreros después de que la arrestaran. A ti también te vendió. Ten cuidado”. Me puse algo nerviosa y pensé: “Zhang me vendió, así que ahora me he convertido en un objetivo que persigue el PCCh. ¡Podrían arrestarme cualquier día, de verdad que tengo que tener cuidado!”. Un día de abril, recibí otra carta de un compañero de trabajo que decía: “Tras ser arrestada, Yu se convirtió en una judas y te vendió. Pero no sé si identificó tu fotografía. Ten cuidado”. Al oír esto, me preocupé aún más y pensé: “Si la policía del PCCh tiene mi foto y hasta le pide a un judas que me identifique, ¡entonces estoy en una situación realmente peligrosa! Ahora hay cámaras de alta definición por todas partes, y también vigilancia con drones. Me vigilarán dondequiera que vaya, ¡y es solo cuestión de tiempo hasta que me arresten! Cuando la policía atrapa a los líderes y obreros, los oprime hasta casi matarlos. Si me arrestan y no soporto la tortura, y me convierto en una judas o me matan a golpes, ¿entonces mi fe no habrá sido en vano?”. Cuanto más lo pensaba, más miedo sentía. Me parecía que ser líder u obrero era demasiado peligroso. En ese momento, el trabajo evangélico en las iglesias de las que era responsable no daba resultados. Quería ir a averiguar por qué el trabajo no daba resultados, pero entonces pensé que el PCCh me estaba persiguiendo y que los entornos de las iglesias a mi cargo no eran buenos. Si la policía del PCCh me detectaba de camino, podrían arrestarme en cualquier momento. Al pensar en esto, no me atreví a ir. En esa época, muchos hermanos y hermanas vivían con miedo y acobardados, y eran pasivos al realizar sus deberes. En particular, el trabajo evangélico no mostraba ninguna mejora. Aunque seguía escribiendo cartas para hacer seguimiento del trabajo, no había mucho progreso.
Una tarde, recibí una carta de los líderes superiores. Decía: “El trabajo evangélico en algunas iglesias no está dando ningún resultado. Como predicadora, deberías ir a las iglesias para conocer la situación en persona, descubrir los problemas y resolverlos”. Al leer esto, sentí un poco de resistencia y pensé: “Todas las iglesias de las que soy responsable están en entornos malos. Es demasiado peligroso para mí ir allí y hacer el seguimiento del trabajo. Además, el objetivo principal del PCCh es arrestar a los líderes y obreros. Si me arrestan, podría incluso perder la vida. Será mejor que no vaya a ninguna parte. Debería esconderme y escribir cartas para hacer seguimiento del trabajo. De esa forma será más seguro”. Cuando pensaba esto, me sentía inquieta por dentro. El trabajo evangélico en las iglesias a mi cargo estaba prácticamente estancado, y necesitaba ir allí de inmediato para resolverlo. Pero tenía miedo de que me atraparan, así que no me atrevía a ir. No sabía qué hacer. Vivía preocupada y con ansiedad. Al día siguiente, recibí otra carta de los líderes superiores. Decía: “Las iglesias de las que eres responsable han tenido un progreso lento en los distintos trabajos. Los hermanos y hermanas viven acobardados y son muy pasivos al hacer sus deberes. Deberías ir a echar un vistazo”. Después de leer la carta de los líderes, supe que debía ir a las iglesias y realmente resolver los problemas. Pero entonces pensé en que, hacía un tiempo, la policía había golpeado a un líder hasta matarlo tres días después de su arresto, y me entró el miedo por dentro. Incluso quise hacer un deber ordinario donde no tuviera que correr tanto riesgo. Me di cuenta de que mi estado era incorrecto y busqué las palabras de Dios para resolverlo.
Durante mis prácticas devocionales matutinas, leí un pasaje de las palabras de Dios, citado en un video de testimonio vivencial, que me fue de gran ayuda. Dios Todopoderoso dice: “Cuando la gente no es capaz de desentrañar, comprender, aceptar o someterse a los entornos que Dios orquesta y a Su soberanía, y cuando la gente se enfrenta a diversas dificultades en su vida diaria, o cuando estas dificultades superan lo que la gente normal puede soportar, sienten de un modo subconsciente todo tipo de preocupación y ansiedad, e incluso angustia. No saben cómo será mañana, ni pasado mañana, ni cómo será su futuro, y por eso se sienten angustiados, ansiosos y preocupados por todo tipo de cosas. ¿Cuál es el contexto que da lugar a estas emociones negativas? Es que no creen en la soberanía de Dios, es decir, son incapaces de creer en la soberanía de Dios y desentrañarla y en su corazón no tienen auténtica fe en Dios. Aunque ven los hechos de la soberanía de Dios con sus propios ojos, no los entienden ni los creen. No creen que Dios tenga soberanía sobre su sino, no creen que su vida entera esté en manos de Dios, y por eso surge en sus corazones la desconfianza hacia la soberanía y los arreglos de Dios, y entonces surgen las quejas y son incapaces de someterse” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (3)). “Si las personas persiguen la verdad, no se dejarán atrapar por esas dificultades ni se sumirán en las emociones negativas de angustia, ansiedad y preocupación. Por el contrario, si no persiguen la verdad, estas dificultades los enredarán de modo que no puedan escapar, y si no son capaces de resolverlas, acabarán convirtiéndose en emociones negativas que formarán un nudo en lo más profundo de su corazón, con lo que afectarán a su vida normal y al desempeño normal del deber, todo lo cual hará que se sientan oprimidos e incapaces de encontrar liberación: este es el resultado que tendrán en las personas” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (3)). Por las palabras de Dios entendí que mi miedo a que me arrestaran y golpearan hasta matarme se debía en realidad a que no comprendía la omnipotencia y soberanía de Dios: no creía que todo estaba bajo la soberanía de Dios. Como una judas me había vendido y ahora era un objetivo del PCCh, tenía miedo de que si me arrestaban y no podía soportar la tortura, y me convertía en una judas o me mataban a golpes, perdiera mi oportunidad de ser salvada. Así que no me atrevía a ir a las iglesias para resolver los problemas. No estaba dispuesta a someterme al entorno que Dios había instrumentado para mí. Incluso me quejé de que realizar los deberes de los líderes y obreros era demasiado peligroso, y quería hacer un deber ordinario que no implicara grandes riesgos. ¡No mostraba ninguna lealtad ni sumisión a Dios para nada!
Entonces leí más palabras de Dios y gané algo de entendimiento sobre mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Aparte de considerar su propia seguridad, ¿en qué piensan además ciertos anticristos? Dicen: ‘Ahora mismo nuestro entorno no es favorable, así que vamos a mostrar menos nuestros rostros y a predicar menos el evangelio. De este modo, es menos probable que nos atrapen y no se destruirá la obra de la iglesia. Si evitamos que nos atrapen, no nos convertiremos en Judas y seremos capaces de persistir en el futuro, ¿verdad?’. ¿Acaso no hay anticristos que usen tales excusas para desorientar a sus hermanos y hermanas? A algunos anticristos les asusta mucho la muerte y llevan existencias innobles; también les gustan la reputación y el estatus, y están dispuestos a asumir papeles de liderazgo. Aunque sepan: ‘No es fácil de asumir la obra de un líder, si el gran dragón rojo averigua que se me ha nombrado líder, me haré famoso y puede que me pongan en una lista de buscados, y en cuanto me atrapen mi vida estará en peligro’, ignoran estos peligros en aras de disfrutar de los beneficios de este estatus. Cuando sirven como líderes, solo disfrutan de su goce carnal y no hacen trabajo real. Aparte de intercambiar un poco de correspondencia con diversas iglesias, no hacen nada más. Se esconden en algún lugar y no se encuentran con nadie, se mantienen aislados y los hermanos y hermanas no saben quién es su líder; hasta tal punto están asustados. Por tanto, ¿no es correcto decir que son líderes solo de nombre? (Sí). No hacen trabajo real como líderes, solo les importa esconderse. Cuando otros preguntan: ‘¿Cómo es ser líder?’, dirán: ‘Estoy increíblemente ocupado y, en aras de la seguridad, tengo que seguir cambiando de casa. Este entorno es tan inquietante que no me puedo concentrar en mi trabajo’. Siempre sienten que muchos ojos los observan y no saben dónde es seguro esconderse. Aparte de llevar disfraces, esconderse en lugares diferentes y no permanecer en una sola localización, no hacen nada de trabajo real a diario. ¿Existen tales líderes? (Sí). ¿Qué principios siguen? Esta gente dice: ‘Un conejo astuto tiene tres madrigueras. Para que un conejo pueda protegerse del ataque de un depredador, tiene que preparar tres madrigueras en las que esconderse. ¿Es aceptable que una persona que se encuentra en peligro y ha de huir no tenga dónde esconderse? ¡Hemos de aprender de los conejos! Los animales creados por Dios cuentan con esta capacidad de supervivencia y la gente debería aprender de ellos’. Desde que asumen los puestos de liderazgo, han llegado a darse cuenta de esta doctrina, e incluso creen que han entendido la verdad. En realidad, están terriblemente asustados. En cuanto oyen hablar de un líder al que denunciaron a la policía porque no vivía en un lugar seguro, o de otro líder al que los espías del gran dragón rojo persiguieron por salir demasiado a menudo para hacer su deber e interactuar con demasiadas personas, y de cómo estos acabaron arrestados y condenados, se asustan enseguida. Piensan: ‘Oh, no, ¿seré yo el siguiente al que arresten? Debo aprender de ello. No debería ser demasiado activo. Si puedo evitar hacer algo del trabajo de la iglesia, no lo desempeñaré. Si puedo evitar dejarme ver, lo evitaré. Minimizaré mi trabajo tanto como sea posible, evitaré salir y relacionarme con las personas y me aseguraré de que nadie sepa que soy líder. Estos días, ¿quién se puede permitir preocuparse por los demás? ¡Estar vivo ya supone un desafío!’. Desde que adoptan el papel de líder, aparte de acarrear una maleta y ocultarse, no hacen ningún trabajo. Viven con el alma en vilo, con el constante temor de que los atrapen y los condenen. Supongamos que oyen a alguien decir: ‘¡Si te atrapan, te matarán! Si no fueras líder, si solo fueras un creyente corriente, puede que te soltaran tras pagar solo una pequeña multa, pero dado que eres líder, es difícil saberlo. ¡Es demasiado peligroso! Algunos líderes u obreros a los que atraparon prefirieron morir antes que revelar información alguna y la policía los mató a golpes’. Una vez que oyen que han golpeado a alguien hasta la muerte, su miedo se intensifica y trabajar les aterra incluso más. En lo único que piensan todos los días es en cómo evitar que los atrapen, en evitar dejarse ver, en impedir que los vigilen y en evitar el contacto con los hermanos y hermanas. Se devanan los sesos pensando en estas cosas y se olvidan completamente de sus deberes. ¿Son leales estas personas? ¿Puede la gente así ocuparse de trabajo alguno? (No)” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (II)). Dios deja en evidencia que los anticristos solo se preocupan por protegerse a sí mismos cuando surge el peligro. Solo se mantienen fuera de peligro y no consideran en absoluto los intereses de la iglesia. Su naturaleza es egoísta y despreciable. Me di cuenta de que mi propio comportamiento era tan egoísta como el de un anticristo. Era muy consciente de que los distintos trabajos en las iglesias de las que era responsable avanzaban lentamente, y que los hermanos y hermanas vivían con miedo y acobardados. El simple hecho de escribir cartas para hacer seguimiento no podía dar ningún resultado. Tenía que ir de inmediato a las iglesias y resolver esos problemas. Pero no me atrevía a ir porque tenía miedo de que me arrestaran, e incluso me quejé de que los deberes de los líderes y obreros eran demasiado peligrosos. En particular, cuando recordé cómo, hacía un tiempo, la policía había asesinado a golpes a un líder tres días después de su arresto, me dio aún más miedo de que me arrestaran; no quería ir a las iglesias a resolver esos problemas e incluso quería hacer un deber que no implicara correr ningún riesgo. Como líder, no protegí el trabajo de la iglesia en el momento crítico y no pensé en mi propio deber y responsabilidades, sin mostrar en absoluto lealtad ni sumisión a Dios. Dios me había exaltado para que realizara el deber de líder; debería haber hecho bien el trabajo de la iglesia y salvaguardado los intereses de la casa de Dios. Pero, en cambio, para protegerme, me escondí y me aferré vergonzosamente a mi propia vida. En el momento crítico, no me importaba si los hermanos y hermanas vivían o morían, no prestaba atención a los intereses de la iglesia y no tenía devoción hacia mi deber para nada. El trabajo de estas iglesias estaba estancado, y ya había cometido transgresiones al retrasar el trabajo. Si no me arrepentía de inmediato, aunque lograra esconderme y evitar el arresto, no habría cumplido con mi deber ni con mis responsabilidades. Eso sería una traición a Dios y, al final, Dios me descartaría y castigaría como a un anticristo.
Más tarde, leí algunos pasajes más de las palabras de Dios que me dieron fe y fortaleza. Dios dice: “Aquellos en el poder pueden parecer despiadados desde fuera, pero no tengáis miedo, ya que esto es porque tenéis poca fe. Siempre y cuando vuestra fe crezca, todo será fácil. ¡Aclamad y saltad todo lo que queráis! Todo está bajo vuestros pies y bajo Mi control. ¿No se decide el logro o la destrucción por una palabra Mía?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 75). “No debes tener miedo de esto o aquello; no importa a cuántas dificultades y peligros puedas enfrentarte, debes ser capaz de permanecer firme delante de Mí sin que ningún obstáculo te estorbe, para que Mi voluntad se pueda llevar a cabo sin impedimento. Este es tu deber […]. Debes soportarlo todo; por Mí, debes estar preparado para renunciar a todo y seguirme con todas tus fuerzas, y debes estar preparado para pagar cualquier precio. Este es el momento en que te pruebo, ¿me ofrecerás tu lealtad? ¿Puedes seguirme hasta el final del camino con lealtad? No tengas miedo; al tenerme como apoyo, ¿quién podría bloquear el camino?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 10). Es cierto. Con el apoyo de Dios, ¿qué tenía que temer? Por más desenfrenado y cruel que sea el gran dragón rojo, está dentro de la soberanía de Dios. Es un objeto de servicio en Sus manos. Sin el permiso de Dios, la policía no podría arrestarme aunque estuviera justo delante de sus narices. Al recordar los años que he seguido a Dios, hubo muchas ocasiones en que el peligro me acechó y casi me arrestan. Fue la maravillosa protección de Dios la que me libró del peligro todas y cada una de las veces. Por ejemplo, una tarde de 2020, dos personas inspeccionaron la casa que alquilábamos. Como había riesgos para mi seguridad y no podía mostrarles mi documento de identidad, iban a denunciarnos. Uno de los hombres me dijo con fiereza: “¡Ya verás, iré a llamar a la policía para que te arresten ahora mismo!”. Después de decir eso, se marchó. Mis hermanas y yo aprovechamos la oportunidad y nos fuimos rápidamente. A la mañana siguiente, diez policías fueron a la casa. No pudieron arrestarnos, así que en su lugar arrestaron a nuestro casero no creyente. Vi que ser arrestada o no dependía de Dios. Tal como dice Dios: “Sin el permiso de Dios, Satanás no puede tocar siquiera una gota de agua o un grano de arena sobre la tierra; ni siquiera puede molestar a las hormigas sobre la tierra, y mucho menos a la humanidad creada por Dios” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único I). Si Dios permitía que me arrestaran, sería con Su buena intención, y yo debía someterme a la soberanía y los arreglos de Dios, manteniéndome firme en mi testimonio de Él.
Leí otro pasaje de las palabras de Dios y obtuve una perspectiva mucho más clara sobre la muerte. Dios Todopoderoso dice: “¿Cómo murieron esos discípulos del Señor Jesús? Entre los discípulos hubo quienes fueron lapidados, arrastrados por un caballo, crucificados cabeza abajo, desmembrados por cinco caballos; les acaecieron varias formas de muerte. ¿Por qué murieron? ¿Es que cometieron algún delito y fueron ejecutados por la ley? No. Propagaban el evangelio del Señor, pero la gente mundana no lo aceptó y, en cambio, los condenó, golpeó e injurió, e incluso los asesinó; así los martirizaron. […] En realidad, así fue como murieron y perecieron sus cuerpos; esta fue su forma de partir del mundo humano, pero eso no significaba que su resultado fuera el mismo. No importa cuál fuera la forma de su muerte y partida, ni cómo sucediera, así no fue como Dios determinó los resultados finales de esas vidas, de esos seres creados. Esto es algo que has de tener claro. Por el contrario, esa fue precisamente la manera en que condenaron este mundo y dieron testimonio de las acciones de Dios. Estos seres creados usaron sus tan preciadas vidas, aprovecharon el último momento de ellas para dar testimonio de las obras de Dios, de Su gran poder, y declarar ante Satanás y el mundo que las obras de Dios son correctas, que el Señor Jesús es Dios, que Él es el Señor y Dios encarnado. Hasta el último momento de su vida siguieron sin negar el nombre del Señor Jesús. ¿No fue esta una forma de juzgar a este mundo? Aprovecharon su vida para proclamar al mundo, para probar a los seres humanos que el Señor Jesús es el Señor, Cristo, Dios encarnado, que la obra de redimir a toda la especie humana que Él realizó le permite a esta continuar viviendo, una realidad que es eternamente inmutable. ¿Hasta qué punto realizaron su deber los martirizados por propagar el evangelio del Señor Jesús? ¿Hasta el grado máximo? ¿Cómo se manifestó el máximo logro? (Ofrecieron sus vidas). Eso es, pagaron el precio con su vida” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Predicar el evangelio es el deber que todos los creyentes están obligados a cumplir). Las palabras de Dios dejan muy claro el significado de la muerte. Los discípulos del Señor Jesús fueron martirizados por propagar el evangelio del Señor. A algunos los mataron a espada, a otros los ahorcaron y a otros los crucificaron. Usaron sus vidas para dar un hermoso y rotundo testimonio para Dios y humillaron a Satanás. Sus muertes tuvieron sentido y valor, y contaron con la aprobación de Dios. Aunque su carne murió, esa no fue una muerte verdadera: sus almas han regresado a Dios. En la obra de Dios de los últimos días, muchos hermanos y hermanas también han dado testimonio de haber triunfado sobre Satanás. Después de ser arrestados, sin importar cómo los torturaba la policía, preferían morir antes que traicionar a Dios o convertirse en un judas. Sin embargo, tenía miedo de que me mataran a golpes cuando aún ni siquiera me habían arrestado y, como una tortuga que se esconde en su caparazón, no me atrevía a realizar mi deber. ¿Qué testimonio había en eso? Cuanto más lo pensaba, más arrepentimiento y autorreproche sentía. Me sentía tan avergonzada que no quería ni dar la cara, y me odiaba a mí misma por ser tan egoísta, despreciable y carente de humanidad. Oré a Dios: “Dios mío, para preservarme, he estado intentando salvar mi propio pellejo; estoy viviendo una vida penosa y no te demuestro ninguna lealtad ni sumisión. Tú tienes la última palabra sobre si me arrestarán o no. Estoy dispuesta a entregarme por completo en Tus manos y a no verme más constreñida por el miedo a la muerte. Estoy dispuesta a ir a las iglesias para resolver realmente los problemas y cumplir con mis deberes”. Después de orar, me sentí mucho más tranquila y relajada.
Más tarde, fui a una iglesia. A través de mis averiguaciones, descubrí que los líderes de la iglesia temían que arrestaran a los hermanos y hermanas por predicar el evangelio y que los hicieran responsables a ellos, por lo que eran muy pasivos en el seguimiento del trabajo. Comimos, bebimos y compartimos las palabras de Dios en respuesta a este estado. Los líderes de la iglesia llegaron a entender que su miedo de asumir la responsabilidad y su fracaso al no hacer un trabajo real provenían de estar controlados por su carácter satánico egoísta y despreciable, y estaban dispuestos a cambiarlo. Después de eso, comenzaron a reunirse con los líderes del equipo, los diáconos y los trabajadores evangélicos, para hablar sobre los problemas en el trabajo evangélico y resolverlos. Trabajamos juntos y el trabajo de la iglesia gradualmente mostró señales de mejora. ¡Desde el fondo de mi corazón, agradezco a Dios Todopoderoso por ponerme en evidencia y salvarme!