67. Es crucial tener las intenciones correctas al cumplir el deber
En septiembre de 2023, la iglesia dispuso que Li Yang y yo colaboráramos para encargarnos del trabajo de riego. Como ambos acabábamos de empezar a cumplir este deber y no estábamos familiarizados con el trabajo, los líderes le pidieron a Chen Lu que nos ayudara. Chen Lu nos presentó el trabajo y nos dijo que teníamos que conocer la situación de los regadores de cada iglesia, dar seguimiento frecuente al progreso del trabajo de riego, resolver las dificultades y problemas de los regadores y los recién llegados, centrarnos en regar y cultivar a los recién llegados de buena aptitud y apoyar y ayudar sin demora a los que no asistían a las reuniones con regularidad. No solo eso, sino que también teníamos que equiparnos con verdades sobre las visiones para mejorar los resultados del trabajo de riego. Al oír esto, pensé: “Hay que dominar muchas tareas y darles un seguimiento detallado. Sin duda, llevará mucho tiempo y esfuerzo”. Me sentí presionada por dentro. Sin embargo, pensé en que la iglesia me había encargado un deber muy importante. Esta era la gracia y exaltación de Dios, y me sentía muy agradecida. No podía fallarle. Tenía que confiar en Dios para hacer el trabajo.
Como no estaba familiarizada con el trabajo y necesitaba entender cada aspecto en detalle, a veces me quedaba despierta hasta muy tarde, pero aun así lo daba todo. Más tarde, me di cuenta de que cumplir bien este deber requería mucho tiempo y esfuerzo. Cuando los recién llegados tenían problemas o dificultades, debían resolverse rápidamente. Además, asuntos como si los recién llegados que no asistían a las reuniones con regularidad eran apoyados sin demora, qué tal eran la aptitud y la comprensión de los recién llegados y el progreso de su cultivo, todo esto requería un seguimiento y una comprensión detallados. Para completar bien estas tareas, Li Yang y yo trabajamos de sol a sol durante varios días seguidos. Sentía la cabeza nublada y pesada, y tenía un leve dolor de cabeza, así que sentí un poco de resistencia en mi interior: “Hacer este deber no solo es cansador mentalmente, sino también físicamente agotador. ¡Cumplir este deber no es nada fácil! Antes solo me dedicaba a regar a las personas en la iglesia y no era responsable de supervisar el trabajo. No me preocupaba tanto y tenía mi propio tiempo libre; era relativamente tranquilo. Ahora, en cambio, soy responsable del trabajo de riego en muchas iglesias y es mucho más preocupante y agotador que antes”. Cuanto más lo pensaba, más sofocada me sentía. Ya no quería cumplir este deber y quería volver a ser regadora. Empecé a pensar en eludir mi deber. Mentalmente, calculé: “Solo diré que mi aptitud es escasa y que no puedo hacer el trabajo. No he estado haciendo este deber por mucho tiempo y no he asumido mucho trabajo, por lo que será más fácil traspasar las cosas después de que cambien mi deber. Si asumo todo el trabajo, me será más difícil proponer un cambio de deber”. Por lo tanto, dejé de ser tan diligente en mi deber como antes. Fui lenta en el seguimiento del progreso del riego de los recién llegados y deliberadamente lo posponía y alargaba las cosas para que los líderes pensaran que era ineficiente en el trabajo y no estaba a la altura del deber. De esa manera, aceptarían mi renuncia cuando la presentara. En ese momento, Chen Lu también estaba dando seguimiento al trabajo de varias otras iglesias, por lo que Li Yang y yo necesitábamos familiarizarnos rápidamente con la situación para asumir las responsabilidades que Chen Lu estaba manejando. Cuando Chen Lu nos informó sobre la situación en estas iglesias, temí que una vez que entendiera la situación y me pasaran la responsabilidad, me sería más difícil renunciar. Por lo tanto, usé la excusa de estar ocupada para no familiarizarme con el trabajo. A veces, sentía remordimiento y pensaba: “Debería asumir estas tareas lo antes posible, pero no me he apurado a hacerme cargo del trabajo porque quería evitarme el sufrimiento y el agotamiento. ¡Esto no es proteger el trabajo de la iglesia! Sin embargo, si me familiarizo con estas tareas, no podré irme y mi carne sufrirá. De todos modos, si yo no me hago cargo, lo hará Li Yang. Además, Chen Lu todavía colabora a tiempo parcial, así que no es que estas tareas se vayan a quedar sin nadie que las haga”. Al pensar esto, dejé de sentir remordimiento. Más tarde, cuando Li Yang y Chen Lu hablaban del trabajo, yo no quería involucrarme. Era como si fuera una extraña. Aunque sabía que habían surgido problemas en el trabajo de riego, no intenté buscar formas de resolverlos; solo pensaba en cómo irme lo antes posible. Como yo seguía sin entender la situación de esas iglesias, todo el trabajo recayó sobre Li Yang. Él no podía encargarse de todo solo y, por la gran presión que tenía, se pasaba el día suspirando. Solo cuando vi que Li Yang estaba en mal estado, me sentí mal. Pensé: “El mal estado de Li Yang tiene que ver conmigo. Si yo hubiera sido capaz de asumir una carga y tener un poco de sentido de la responsabilidad, él no habría estado tan ocupado haciéndolo todo solo, y los resultados del trabajo habrían mejorado. Ahora los resultados del trabajo de riego no son buenos y cada vez hay más recién llegados que no asisten a las reuniones con regularidad. Los recién llegados con aptitud no están siendo regados y cultivados a tiempo, y su entrada en la vida sufre pérdidas. ¡Toda esta maldad la cometí yo!”.
Después, empecé a reflexionar sobre mí misma: ¿Por qué me resistía tanto a cumplir este deber? Pensé en las palabras de Dios que ponen al descubierto cómo, al cumplir su deber, la gente siempre elige el trabajo más ligero y rehúye las dificultades, y las busqué para leerlas. Dios dice: “Al hacer un deber, la gente siempre escoge el trabajo liviano, el menos cansado y que no implique desafiar las condiciones climáticas a la intemperie. Eso implica elegir trabajos fáciles y eludir los complicados, y se trata de una manifestación de codicia de las comodidades de la carne. ¿Qué más? (Quejarse siempre cuando el deber es un poco duro, un poco agotador, cuando implica pagar un precio). (Preocuparse por la comida y la ropa, y por los placeres carnales). Todas estas son manifestaciones de codicia de las comodidades de la carne. Cuando una persona así ve que una tarea es demasiado laboriosa o arriesgada, se la endosa a otra; se limita a hacer trabajo tranquilo, y pone excusas, dice que tiene escaso calibre, que le falta capacidad de trabajo y no puede hacerse cargo de esta tarea, de hecho, el verdadero motivo es que codicia las comodidades de la carne. […] Por muy ajetreado que sea el trabajo de la iglesia o por muy atareados que sean sus deberes, la rutina y el estado habitual de sus vidas jamás se ven interrumpidos. En lo que respecta a cualquier pequeño detalle de su vida carnal, nunca son descuidados, arreglan estas cosas a la perfección y son muy estrictos y serios al respecto. Sin embargo, en cuanto al trabajo de la casa de Dios, por muy importante que sea el asunto, y aunque este afecte a la seguridad de los hermanos y hermanas, lo abordan negligentemente. Ni siquiera se preocupan de aquellas cosas que competen a la comisión de Dios ni al deber que han de hacer. No asumen ninguna responsabilidad en absoluto. Esto es entregarse a las comodidades de la carne, ¿no? ¿Son las personas que se entregan a las comodidades de la carne aptas para desempeñar un deber? En cuanto alguien saca el tema de hacer su deber o habla de pagar un precio y de sufrir penurias, no paran de negar con la cabeza. Tienen demasiadas dificultades, les embargan las quejas y están llenas de negatividad. Esas personas son inútiles, no están cualificadas para hacer sus deberes y se las debería descartar” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (2)). Cuando leí este pasaje de las palabras de Dios, me llené de remordimiento. Al cumplir mi deber, siempre elegía el trabajo ligero, y en cuanto se volvía laborioso, quería pasárselo a otros mientras yo hacía lo más fácil. Incluso buscaba excusas, diciendo que mi aptitud era escasa, cuando en realidad solo quería disfrutar de la comodidad. Dios dice que tales personas no tienen sumisión a Dios ni temor de Él, y pueden abandonar su deber en cualquier momento para disfrutar de la comodidad. No merecen cumplir deberes y deberían ser descartadas. Recordé todo lo que había hecho en mis deberes: Después de que los líderes me asignaron como supervisora, en cuanto me di cuenta de que era responsable de muchas iglesias, que tenía una gran carga de trabajo, que estaba ocupada todos los días, que a veces tenía que quedarme despierta hasta tarde y que el deber era muy agotador mental y físicamente, pensé que era demasiado laborioso y cansador cumplir este deber todos los días, y pensé en renunciar por la comodidad de mi carne. Yo sabía muy bien que este deber era extremadamente importante y que debía asumir el trabajo lo antes posible, pero temía que, si asumía demasiado, no podría irme. Por lo tanto, deliberadamente lo posponía y era negligente, tratando de mostrarles a los líderes que mi aptitud era escasa y que no estaba a la altura del trabajo para que aceptaran mi renuncia. Cuando Chen Lu nos estaba ayudando a familiarizarnos con el trabajo, fingí a propósito estar muy ocupada y no participé. Como resultado, todo el trabajo recayó sobre Li Yang, lo que le causó una gran presión y lo puso en un mal estado. Cada vez había más problemas en el trabajo, y los resultados del riego de los recién llegados tampoco eran buenos. Todo este daño al trabajo de la iglesia fue causado por disfrutar de la comodidad y por elegir las tareas fáciles y eludir las difíciles. Los dos supervisores anteriores ya habían retrasado el trabajo de riego y fueron destituidos, y, en este momento crítico, la iglesia me había asignado este deber, lo cual era una exaltación de Dios. Debía haber sido considerada con Sus intenciones y protegido el trabajo de la iglesia. Sin embargo, no tuve ninguna conciencia. En cuanto había mucho trabajo y mi carne no podía estar cómoda, sentí resistencia e intentaba por todos los medios abandonar mi comisión por un deber más fácil. Vi cómo se retrasaba el trabajo, pero no lo protegí. ¡Fui tan falsa, perversa y despreciable! En realidad, no es que no pudiera hacer el trabajo. El problema era que mi naturaleza era demasiado egoísta y no hacía las cosas de las que era capaz; no mostré ninguna lealtad a Dios y fui inútil en el momento crítico. ¡Realmente no servía para nada, indigna de realizar ningún deber! Al entender esto, mi corazón se llenó de remordimiento y angustia, y oré a Dios para que me guiara a rebelarme contra la carne y a someterme, y a no ser más selectiva con mi deber.
Más tarde, leí un pasaje de las palabras de Dios y logré entender un poco mi problema. Dios dice: “¿Cuál es, entonces, la perspectiva vital de la especie humana corrupta? Se puede decir que es la siguiente: ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’. Toda la gente vive para sí misma; para hablar claro, vive para la carne, y vive solo para llevarse comida a la boca. ¿En qué se diferencia esta existencia de la de las bestias? No tiene ningún valor vivir así, y menos aún sentido. La perspectiva vital de uno consiste en aquello de lo que depende para vivir en el mundo, aquello para lo que vive y cómo vive, y todas estas son cosas esenciales que se encuentran dentro de la naturaleza humana. Al diseccionar la naturaleza de las personas, verás que todas se oponen a Dios. Todas ellas son diablos y no hay ninguna genuinamente buena. Solo si diseccionas la naturaleza de la gente puedes conocer de verdad su corrupción y su esencia y entender qué es realmente la gente, de qué carece en realidad, con qué debería equiparse y cómo debería vivir con semejanza humana. No es fácil diseccionar verdaderamente la naturaleza de una persona ni puede hacerse sin experimentar las palabras de Dios o tener experiencias reales” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Lo que se debe saber sobre el cambio de carácter). Después de leer las palabras de Dios, comprendí que reglas satánicas como “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “La vida es breve; disfruta mientras puedas” y “Saborear el vino y disfrutar de la música; ¿cuánto tiempo ofrece realmente la vida?” se habían arraigado en mí y se habían convertido en mi naturaleza. Controlada por estos pensamientos e ideas, mi principio en todo lo que hacía era el interés propio, y solo consideraba si mi carne podría disfrutar de la comodidad o no. Creía que si mi carne no sufría, eso era una bendición. Hacía cualquier cosa que fuera beneficiosa para mi carne, y no hacía nada que no lo fuera; jamás me trataba mal a mí misma. Cuando ser responsable del trabajo de riego requería que mi carne sufriera, me disgustaba el agotamiento y la preocupación, y quería un deber más ligero. Sabía muy bien que el trabajo de riego se había visto afectado y que debería haberme familiarizado con el trabajo lo antes posible y asumir los deberes, pero me preocupaba que, si asumía los deberes, sería difícil renunciar, y así me quedé de brazos cruzados viendo cómo se retrasaba el trabajo de riego, como una extraña a la que no le importaba. Que la iglesia me asignara este deber era una exaltación de Dios para mí, pero yo pensaba constantemente en eludirlo. Esto hizo que los resultados del trabajo de riego fueran pobres, y retrasó el crecimiento en la vida de los recién llegados. ¡Eso era cometer el mal, resistirse a Dios, y era detestable para Él!
Luego, leí algunas palabras de Dios y llegué a comprender que disfrutar siempre de las comodidades de la carne tiene graves consecuencias. Dios Todopoderoso dice: “Aquello de lo que hoy disfrutas es, precisamente, lo que está arruinando tu futuro, mientras que el dolor que hoy soportas es justamente lo que te protege. Debes ser claramente consciente de estas cosas a fin de evitar caer preso de las tentaciones de las que te resultará difícil liberarte y evitar tropezar en la densa niebla y ser incapaz de volver a encontrar el sol jamás. Cuando la densa niebla se disipe, te encontrarás en medio del juicio del gran día” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de difundir el evangelio es también la obra de salvar al hombre). “La carne del hombre es como la serpiente: su sustancia es hacer daño a la vida del hombre. Cuando tu carne consigue completamente lo que quiere, tu vida se va al traste. La carne es propia de Satanás. Siempre hay deseos extravagantes dentro de ella; la carne siempre piensa en sí misma y siempre desea facilidad y quiere disfrutar de la comodidad, sin preocupación ni sentido de la urgencia, regodeándose en la holgazanería. Si la satisfaces hasta un determinado punto, acabará por devorarte. Es decir, si la satisfaces una vez, te pedirá que la vuelvas a satisfacer la próxima vez. La carne siempre tiene deseos extravagantes y nuevas exigencias y se aprovecha de que la complazcas para hacer que la valores aún más y vivas en sus comodidades y, si nunca puedes vencerla, al final acabas por arruinarte. Que puedas o no obtener la vida ante Dios y cuál sea tu final definitivo, depende de cómo practiques el rebelarte contra la carne. Dios te ha salvado, escogido y predestinado, pero si hoy no estás dispuesto a satisfacerle, a poner en práctica la verdad y a rebelarte contra tu propia carne con un auténtico corazón amante de Dios, te terminarás destruyendo y así padecerás un sufrimiento extremo. Si siempre complaces la carne, Satanás te devorará gradualmente y te dejará sin vida o sin el toque del Espíritu, hasta que llegue el día en que te encuentres totalmente en tinieblas en tu interior. Cuando vivas en la oscuridad, Satanás te habrá llevado cautivo; ya no tendrás más a Dios en tu corazón y en ese momento negarás Su existencia y lo abandonarás” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo amar a Dios es realmente creer en Él). Por las palabras de Dios, vi que si uno valora constantemente la carne y disfruta de las comodidades carnales, poco a poco será devorado por Satanás. Al final, todas esas personas serán condenadas y descartadas por Dios. Me di cuenta de que estaba en grave peligro. Recordé cuando empecé a cumplir este deber. Todavía tenía cierta voluntad de ser considerada con las intenciones de Dios, y cuando estaba siendo negativa y negligente, sentía algo de remordimiento. Más tarde, cuando me vi atrapada en la carne, solo pensaba en cómo evitar el sufrimiento y el agotamiento de la carne y quería renunciar lo antes posible para cambiar de deber. Deliberadamente trabajaba despacio y fingía ser incompetente, por miedo a no poder renunciar a mi deber si hacía bien mi trabajo. Al final, esto provocó varios problemas en el trabajo de riego, y la entrada en la vida de los recién llegados se vio gravemente perjudicada. Aunque mi carne estaba satisfecha, en el momento crítico en que se necesitaba gente con urgencia para el trabajo de la iglesia, no fui considerada con la intención de Dios y no cumplí los deberes que debía. En lugar de eso, solo pensé en huir, y a mi paso dejé transgresiones. ¡Al tratar mi deber de esta manera, traicioné a Dios! Pensé en las palabras de Dios: “Es perfectamente natural y está justificado que los seres humanos completen las comisiones que Dios les encargue. Esa es la responsabilidad suprema del hombre, y es tan importante como su propia vida. Si te tomas a la ligera las comisiones de Dios, esa es una traición a Él de lo más grave. Al hacer esto eres más deplorable que Judas y debes ser maldecido” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo conocer la naturaleza del hombre). Me di cuenta de que tratar el deber de forma negligente y descuidada daña el trabajo de la iglesia. Esto es una grave traición a Dios y es lo que Él más odia. Al final, uno será condenado y descartado sin duda. Sentí miedo en mi corazón y por fin vi con claridad que buscar la comodidad de la carne trae la calamidad, no es una bendición, y que demostrar consideración por la carne podía de verdad costarme la vida. Si permanecía sin arrepentirme y seguía buscando las comodidades carnales, entonces, como Satanás, ¡sería destruida por Dios! Ya no podía vivir según los venenos satánicos; tenía que rebelarme contra la carne y practicar de acuerdo con los requisitos de Dios para cumplir bien mi deber.
Pensé en la actitud de Noé hacia la comisión que Dios le dio, así que busqué las palabras de Dios para leerlas. Dios dice: “Todo el proceso de construcción del arca estuvo lleno de dificultades. De momento, dejemos de lado cómo Noé salió adelante del azote de los vientos, el sol abrasador y la lacerante lluvia, el tremendo calor y el intenso frío, y el cambio de las cuatro estaciones, año tras año. Hablemos primero de la colosal empresa que supuso la construcción del arca, de la preparación por parte de Noé de los diversos materiales y de las innumerables dificultades a las que se enfrentó en el transcurso de la construcción del arca. […] Ante toda clase de problemas, dificultades y desafíos, Noé no retrocedió. Incluso cuando a menudo fracasaban algunas de sus tareas de ingeniería más difíciles y las cosas se dañaban, a pesar de que sentía tristeza y preocupación en el corazón, cuando pensaba en las palabras de Dios, cuando pensaba en cada palabra que Dios le había ordenado y en cómo lo había exaltado, solía sentirse extremadamente motivado: ‘No puedo rendirme, no puedo ignorar lo que Dios me ha ordenado y encomendado hacer. Esta es la comisión de Dios, y puesto que la acepté, dado que oí las palabras que Dios pronunció y Su voz, y como acepté esto de parte de Él, debo someterme completamente, que es lo que debería hacer un ser humano’. Así que, sin importar el tipo de dificultades a las que se enfrentara, la clase de burlas o calumnias con las que se encontrara, y por muy agotado que estuviera su cuerpo y muy cansado que se sintiera, no abandonó lo que le había encomendado Dios, y tuvo siempre en mente cada una de las palabras de lo que Él había dicho y ordenado. Por mucho que cambiara su entorno y por muy grandes que fueran las dificultades que afrontara, confiaba en que nada de eso sería eterno, que solo las palabras de Dios perdurarían para siempre, y que únicamente se cumpliría con toda certeza aquello que Dios había ordenado hacer. Noé poseía verdadera fe en Dios y la sumisión que debía tener, y siguió construyendo el arca que Dios le había pedido construir. Día tras día, año tras año, Noé envejeció, pero su fe no disminuyó ni se produjo ningún cambio en su actitud ni en su determinación de completar la comisión de Dios. Aunque hubo momentos en los que su cuerpo se sintió cansado y exhausto, cayó enfermo y su corazón se debilitó, su determinación y perseverancia a la hora de completar la comisión de Dios y someterse a Sus palabras no decrecieron. Durante los años en que Noé construyó el arca, practicó la escucha de las palabras que Dios había pronunciado y la sumisión a estas, y también practicó la verdad importante de que un ser creado y una persona corriente debe completar la comisión de Dios” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión tres: Cómo obedecieron Noé y Abraham las palabras de Dios y se sometieron a Él (II)). Después de leer este pasaje, me sentí totalmente avergonzada. Cuando Dios le pidió a Noé que construyera el arca, Noé sabía lo difícil que sería y también sabía que construirla requeriría mucho trabajo duro y pagar un alto precio. Sin embargo, sin importar cuán grandes fueran las dificultades, Noé de todas formas aceptó la comisión de Dios sin tener elección propia. No consideró sus propios intereses y se sometió a Dios con un corazón sencillo, aceptando Su comisión y haciendo todo lo posible por construir el arca según los requisitos de Dios. Después de perseverar durante ciento veinte años, finalmente completó el arca. Noé aceptó la comisión de Dios sin concesiones, y fue leal y sumiso. ¡Su humanidad era excelente! Comparada con Noé, a mí me faltaba demasiada humanidad. Si no podía soportar estas pequeñas dificultades ahora y quería cambiar a un deber más fácil, entonces realmente no era digna ni de ser llamada humana.
Más tarde, leí más palabras de Dios y obtuve cierto entendimiento de Su intención. Dios dice: “Comer y beber las palabras de Dios, orar y formarte, aceptar la carga de Dios y las comisiones que Él te encomienda, todo esto es para que tengas un camino hacia delante. Cuanta más carga tengas por la comisión de Dios, más fácil será que Él te perfeccione. Algunas personas incluso no están dispuestas a cooperar con otras en el servicio a Dios cuando se las llama a hacerlo; estas son personas perezosas que codician las comodidades. Cuanto más se te pida cooperar con otras personas para servir, más experiencias tendrás. Debido a que tienes más cargas y experiencias, tendrás más oportunidades de ser perfeccionado. Por tanto, si puedes servir a Dios con sinceridad, serás considerado con Su carga; así pues, tendrás más oportunidades de que Él te perfeccione. Un grupo de personas semejante está siendo perfeccionado actualmente” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Sé considerado con las intenciones de Dios para alcanzar la perfección). Dios me concedió la gracia de tener la oportunidad de formarme al cumplir mi deber para que yo obtuviera la verdad y fuera hecha perfecta. ¡Tenía que valorarlo! Aunque encargarme del trabajo de riego es ajetreado y agotador, hay muchas oportunidades de obtener la verdad y ser hecha perfecta por Dios. Aunque los deberes que cumplía antes eran más relajados y cómodos, me surgían menos problemas, y eso significaba que tenía menos oportunidades de buscar la verdad y mi crecimiento en la vida era lento. Entonces por fin experimenté por qué Dios quiere que la gente se rebele contra su carne y asuma una carga mayor; hay mucho del amor de Dios en esto. Cuando mi mentalidad cambió, no sentí que estuviera sufriendo, aunque mi deber fuera un poco más ajetreado, y estuve dispuesta a someterme y aceptar este deber desde el fondo de mi corazón. Comencé a tomar activamente la iniciativa de familiarizarme con el trabajo y de preguntarle a Chen Lu sobre cualquier cosa que no supiera cómo hacer. No me atreví a demorarlo más, por miedo a que si Chen Lu se iba a cumplir otros deberes antes de que yo entendiera lo que pasaba en las iglesias, se retrasara el trabajo. Más tarde, Li Yang y yo cooperamos para dar un seguimiento puntual al trabajo, y los resultados del trabajo de riego fueron mejores que antes. Los recién llegados asistían activamente a las reuniones y además estaban dispuestos a realizar deberes y predicar el evangelio.
Después de un tiempo, nos habíamos familiarizado con el trabajo, y los líderes nos pidieron a Li Yang y a mí que nos dividiéramos el trabajo, de modo que cada uno fuera responsable de unas pocas iglesias. Así, podríamos dar un seguimiento más detallado al trabajo. Después de dividirnos el trabajo, me di cuenta de que los resultados del trabajo de riego en las iglesias de las que yo era responsable no eran buenos. Había muchos recién llegados que no se reunían con regularidad y faltaban regadores. Las iglesias de las que era responsable Li Yang estaban mejor y tenían muchos regadores, por lo que su deber era un poco más fácil. Cuando vi la situación de las iglesias después de dividir el trabajo, no quise hacerme cargo de estas iglesias, y sentía que, en cuanto lo hiciera, estaría aún más ocupada y más cansada que antes. Sin embargo, cuando pensé en que Li Yang estaba más familiarizado con sus iglesias y que dividir las tareas de esa manera facilitaba el seguimiento del trabajo, me sometí. Más tarde, llegaron cada vez más recién llegados después de oír el evangelio, que necesitaban ser regados con urgencia, pero en las iglesias de las que yo era responsable faltaban regadores. Tuve que dedicar mucho más tiempo y energía de lo habitual a mi trabajo, y cuando vi que Li Yang estaba menos ocupado, me arrepentí de haberme dividido el trabajo con él. En ese momento, me di cuenta de que nuevamente quería mostrar consideración por la carne. Pensé en que ya había dejado una transgresión a mi paso por valorar mi carne y obstaculizar el trabajo de la iglesia. No podía volver a herir el corazón de Dios como lo había hecho en el pasado. Sin importar lo duro o agotador que fuera, tenía que perseverar. Una vez que mis intenciones fueron las correctas, tuve la fe para cooperar. Después, los resultados del trabajo de riego mejoraron un poco. Experimenté de verdad que si tienes la intención correcta al realizar tu deber y cooperas diligentemente, sin ser considerado con la carne, entonces contarás con la guía y la bendición de Dios, y tu corazón se sentirá tranquilo y en paz. ¡Gracias a Dios!