46. Qué significa realmente aceptar la verdad

Por Xiaohe, provincia de Henan

En el pasado, cada vez que leía las palabras reveladas por Dios acerca de cómo las personas no aceptan la verdad, no creía que dichas palabras se aplicaran a mí. Disfrutaba de beber y comer la palabra de Dios y de comunicarla, y podía aceptar y reconocer que todo lo que Dios había dicho era verdad, independientemente de cuánto aguijoneaba mi corazón o no estaba de acuerdo con mis nociones. Es más, sin tener en cuenta cuántas imperfecciones señalarían mis hermanos y hermanas, yo podía reconocerlas y aceptarlas. No buscaba justificarme, así que pensaba que era una persona que aceptaba la verdad. Sólo las personas que eran particularmente arrogantes y presumidas y que tenían nociones propias acerca de la palabra de Dios, que no reconocían que la palabra de Dios es la verdad, eran quienes no podrían aceptar la verdad. Siempre pensé de este modo hasta que un día, cuando estaba escuchando “Sermones y predicación sobre la entrada a la vida”, comprendí cabalmente qué significaba aceptar la verdad.

Dice así: “No basta con reconocer solamente que la palabra de Dios es la verdad, debes aceptarla en tu corazón y permitir que la verdad ocupe un lugar en tu corazón y ejerza su poder. Debe arraigarse en tu corazón y convertirse en tu vida. Esta es la verdadera expresión de la aceptación de la verdad. […] ¿Qué significa aceptarla en tu corazón? Tu corazón reconoce que esta oración es la verdad y que tiene un verdadero reconocimiento de la sustancia de la verdad. Luego debes aceptar por completo esta verdad y permitir que ocupe un lugar en tu corazón y que se arraigue allí. Posteriormente, debes vivir por esta verdad y ver las cosas de acuerdo a ella. Esto es aceptar la verdad. […] Comer y beber la palabra de Dios y reconocer que la palabra de Dios es la verdad no significa que una persona haya aceptado la verdad. En cambio, es reconocer profundamente la sustancia de la verdad en la palabra de Dios y aceptarla en tu corazón. Es negar por completo tus nociones acerca de Dios y tus falacias del pasado a las que te has aferrado con el objeto de aceptar la palabra de Dios como verdad y vivir de acuerdo a la palabra de Dios. Esto es aceptar verdaderamente la verdad” (‘¿Cómo se debería entender que Cristo es la verdad, el camino y la vida?’ en “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida II”). Cuando oí esto, mi corazón instantáneamente se paralizó. Entonces, eso no era lo que yo pensaba acerca de aceptar la verdad. Volví a escuchar cuidadosamente esas palabras y a través de la reflexión y la búsqueda, finalmente comprendí qué significaba aceptar la verdad. Poder reconocer verbalmente que la palabra de Dios es la verdad o poder aceptar las imperfecciones mencionadas por otras personas no era aceptar realmente la verdad tal como yo pensaba. Aceptar realmente la verdad significa no sólo reconocer que la palabra de Dios es la verdad, sino también reconocer la sustancia de la verdad y aceptarla por completo dentro de tu corazón. Es negar por completo tus nociones, tus puntos de vista y tus falacias anteriores. Es permitir que la verdad se arraigue en tu corazón y poder vivir por la verdad. Esto es aceptar realmente la verdad.

Después de haber comprendido todo esto, comencé a reflexionar sobre mí mismo: creo que soy una persona que acepta la verdad, pero, ¿he aceptado la palabra de Dios en mi corazón? ¿La verdad ejerce poder dentro de mi corazón? ¿He negado las nociones y las falacias del pasado que existían en mi corazón? Luego de analizarme cuidadosamente, me di cuenta de que no hice nada de eso. Por ejemplo: Dios reveló que no existe el verdadero amor entre los seres humanos, y que todos se aprovechan unos de los otros. Aunque reconocí verbalmente la verdad que pronunció Dios, siempre sentí en mi corazón que mi esposa, y mis padres sentíamos amor unos por los otros. Mis labios reconocieron la verdad de que Dios no perfecciona a la humanidad sobre la base de su estatus, sino respecto de que tienen o no la verdad. Pero mi corazón siguió aferrado a mis opiniones personales de que cuanto más elevado era mi estatus más me perfeccionaría Dios, que cuanto más elevado fuera mi estatus, más gente me admiraría. Pensé que Dios se deleitaría por mí. Por lo tanto, siempre me preocupé por obtener o por perder mi estatus, y es un tema que siempre me inquietó. Reconocí con mis labios que Dios dijo que los infortunios y los refinamientos, y que tratar y podar son el amor de Dios y que son lo más beneficioso para la vida del hombre. Pero no busqué comprender la sustancia de la verdad de estas palabras ni reconocer cómo ama Dios a la humanidad y cómo se manifiesta el amor de Dios, a tal punto que no estaba dispuesto a aceptar que Dios usara a las personas, los asuntos y las cosas que no estuvieran alineados con mis nociones para refinarme y tratar conmigo, incluso hasta el punto en que yo me quejara y refunfuñara por ello. Sabía que Dios les pedía a las personas que fueran honestas, y que esto era crucial, pero no enfaticé lo suficiente como para ponerlo en práctica o entrarlo. Seguía mintiendo con frecuencia y engañando para mi propia dignidad. Después de lo cual, no estaba dispuesto a expresar la verdad abiertamente. Al toparme con problemas que requerían una dificultad física mientras realizaba mis deberes, comenzaba a trabajar a la ligera y no podía dedicarme a mis deberes. Mi boca aceptaría aquello que Dios decía de buscar Su voluntad en todas las cosas y de actuar según los deseos de Dios, pero en la vida real cuando me enfrentaba a los problemas, hacía las cosas según mi preferencia y mi propia voluntad. Colocaba a Dios en el fondo de mi mente. Además, cuando otras personas señalaban mis imperfecciones, diciendo que era demasiado arrogante y que hacía las cosas como se me antojaban, mi corazón no aceptaba sus críticas. Pero temía que los demás dijeran que no aceptaba la verdad, entonces asentía y lo reconocía contra mi voluntad. Pero en realidad, no tomaba en cuenta esas críticas. Hubo muchas cosas respecto de mí que demostraron que no aceptaba la verdad. Pero cuando vi que la palabra de Dios revela que todas las personas no aceptan la verdad, yo no acepté la palabra de Dios como verdad, y no intenté comprender la esencia de la palabra de Dios ni me examiné a mí mismo. En cambio, me imaginé que yo era una excepción a la palabra de Dios y me consideré que era alguien que había aceptado la verdad. ¿No fue esto acaso la expresión más obvia de no haber aceptado la verdad? En ese momento, me di cuenta de que era alguien que no aceptaba la verdad de ninguna manera. Mis así llamadas expresiones de aceptación de la verdad eran actos completamente externos. Era un disfraz falso que ni siquiera se parecía a la aceptación de la verdad. No me conocía a mí mismo, ¡realmente no me conocía a mí mismo! Luego de darme cuenta de esto, no pude evitar sentir miedo. Sabía que había creído en Dios todos estos años y sin embargo había vivido fuera de Sus palabras. Verdaderamente no había recibido el juicio y el castigo de Dios. Simplemente era un no creyente en mi corazón sin Dios y sin la verdad en mi vida. Si continuaba creyendo de este modo, la palabra de Dios nunca hubiera podido convertirse en mi vida. Nunca hubiera podido alejarme de la influencia de Satanás y ser salvo y volverme perfecto. Por el contrario, hubiera sido condenado por Dios y hubiera sido castigado por Él.

Alabado sea Dios por guiarme y permitirme comprender qué significa realmente aceptar la verdad; por permitirme ver que mi conocimiento y mis prácticas del pasado eran demasiado absurdos y no estaban alineados con la voluntad de Dios. Deseo comenzar de nuevo y concentrar mis esfuerzos en aceptar la sustancia de la verdad en mi corazón en todo lo que Dios ha dicho e implementarlo en mi práctica. Quiero poder vivir por la verdad, convertirme en una persona que realmente acepta la verdad.

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