73. Ser negligente en nuestros deberes es verdaderamente peligroso

Por Scott, Estados Unidos

En octubre de 2024, realizaba mi deber de editar videos de testimonios vivenciales en lengua extranjera. Una vez, mientras editaba un video, descubrí que muchas de las tomas no conectaban bien. Seleccionar el material adecuado me llevaba el triple de tiempo de lo habitual y, además, tenía que estar constantemente probando distintas tomas para que cuadraran con el audio. Al principio, tuve la suficiente paciencia como para editar con esmero, pero para el final de la mañana, no había terminado ni la mitad de lo que hacía normalmente. Empecé a impacientarme y pensé: “Este video tiene bastantes tomas complejas. Si edito cada una con tanto detalle, será muy tedioso y me llevará muchísimo tiempo. ¡Es simplemente agotador! Quizá esta vez tome algunos atajos. Solo basta con que sea pasable. Los espectadores probablemente no se darán cuenta de estos pequeños problemas cuando el video se publique en internet. Que unas cuantas transiciones no queden tan fluidas tampoco es para tanto”. Con eso en mente, cada vez que encontraba tomas difíciles de conectar, simplemente elegía cualquier material sin pensarlo mucho y lo empalmaba. Aunque veía que las transiciones no eran muy fluidas, me consolaba a mí mismo pensando: “No pasa nada. Basta con que sea pasable. Los demás probablemente no se darán cuenta de estos problemas menores”. Para mi sorpresa, después de entregar el video terminado, el hermano Brian, que lo revisó, señaló más de treinta problemas que había que corregir. Al principio, no me lo podía creer. Sabía que había sido negligente al editar este video, pero no pensé que habría tantos problemas. Revisé con atención los problemas que había señalado y me di cuenta de que todas sus observaciones eran acertadas. Tardé medio día en arreglarlo todo. Cuando estaba a punto de entregarlo de nuevo, empecé a preocuparme otra vez y pensaba: “He arreglado los problemas siguiendo las sugerencias del hermano Brian, pero ¿podrían quedar otros problemas? Quizá debería hacer una revisión general más para asegurarme de no haber pasado nada por alto”. Pero luego pensé: “Ya casi es hora de terminar por hoy. Si hago una revisión completa ahora, acabaré muy tarde y tendré menos tiempo para descansar. Olvídalo. Además, el hermano Brian ya lo ha revisado, así que con arreglar los problemas que encontró debería bastar”. Así que, después de hacer los cambios sugeridos, lo entregué directamente. Inesperadamente, esta vez lo revisó otra persona, el hermano Kirk, y señaló otros siete u ocho problemas que había que arreglar. Al ver este resultado, me di cuenta de que había retrasado la publicación programada del video. Pensé: “Si ayer hubiera dedicado un poco de tiempo extra y hubiera hecho una revisión completa, probablemente habría encontrado estos problemas y el video se podría haber publicado en internet hoy, como estaba previsto. Que no se haya podido publicar a tiempo es todo por haber sido negligente y no tomármelo en serio”. Al pensar esto, sentí un poco de remordimiento y me dije a mí mismo que esta vez tenía que ser diligente con las correcciones y que no podía volver a ser superficial. Así que, después de arreglar los problemas, revisé todo el video de nuevo. Descubrí otros lugares donde las transiciones no eran fluidas y las corregí. Aunque me llevó algo de tiempo y esfuerzo extra, me sentí tranquilo. Esta vez, después de entregar el video, se subió a la web sin problemas.

Después, al pensar en cómo mi actitud negligente había retrasado la publicación, me sentí bastante culpable. Durante mis prácticas devocionales, leí un pasaje de las palabras de Dios que me dio algo de entendimiento sobre mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Es propio de las actitudes corruptas ocuparse de las cosas de una manera tan frívola e irresponsable; es lo que la gente suele llamar ruindad. En todo lo que hacen lo hacen hasta el punto de ‘está bastante bien’ y ‘más o menos’; es una actitud de ‘tal vez’, ‘posiblemente’ y ‘está al 80 %’; hacen las cosas de manera superficial, se conforman con hacer lo mínimo y con valerse de engaños para salir del paso; no le ven sentido a tomarse las cosas en serio ni a ser meticulosos, y ni mucho menos a buscar los principios-verdad. ¿No es esto propio de las actitudes corruptas? ¿Es demostración de una humanidad normal? No lo es. Es correcto denominarlo arrogancia y también es totalmente apropiado llamarlo indisciplina, pero, para plasmarlo a la perfección, la única palabra válida es ‘ruindad’. La mayoría de la gente tiene ruindad en ellos, solo que en diferente grado. En todos los asuntos, desean hacer las cosas de manera superficial y descuidada, y en todo lo que hacen hay una pizca de mentira. Engañan a los demás y toman atajos cuando pueden y ahorran tiempo cuando tienen ocasión. Piensan: ‘Mientras pueda evitar que me descubran, no cause problemas y no se me pidan cuentas, me valdré de engaños para salir del paso. No es necesario que haga un trabajo muy bueno; ¡es demasiado problemático!’. Esas personas nunca dominan nada ni están dispuestas a aplicarse ni a sufrir ni pagar un precio en sus estudios. Solo quieren arañar la superficie de una materia para hacerse llamar expertas en ella, creen que han conseguido aprenderla y luego se apoyan en esto para salir del paso. ¿No es esta una actitud de la gente hacia otras personas, acontecimientos y cosas? ¿Es una buena actitud? No lo es. Dicho con simpleza, es ‘salir del paso’. Tal ruindad existe en toda la humanidad corrupta. Las personas con ruindad en su humanidad adoptan el punto de vista y la actitud de ‘salir del paso’ en todo lo que hacen. ¿Son capaces estas personas de cumplir con su deber de manera adecuada? No. ¿Son capaces de hacer las cosas con principios? Aún más improbable(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (II)). Fue solo después de leer las palabras de Dios que lo entendí. Cuando la gente siempre aborda las cosas con una actitud displicente e irresponsable, y recurre a medios negligentes y engañosos solo para ahorrarse problemas, es porque hay ruindad en su interior. Dios detesta esta actitud constante de simplemente salir del paso al realizar su deber. Las palabras de Dios desenmascararon mi estado exacto. Cuando tenía que dedicar más tiempo a seleccionar el material para el video que estaba editando, me parecía demasiado fastidioso y solo quería ahorrarme el esfuerzo, así que cogía cualquier toma y la empalmaba. Aunque veía que las transiciones no quedaban fluidas, no quería arreglarlas. Incluso esperaba salirme con la mía si el hermano que lo revisaba no se daba cuenta. Al final, el vídeo tuvo muchos problemas y las repetidas correcciones retrasaron su publicación. ¡Estaba trastornando y perturbando la obra de vídeo de la iglesia! En realidad, el deber fundamental de un editor es seleccionar el material más adecuado posible y luego usar ciertas técnicas para que el vídeo fluya sin problemas. Esta es la actitud y el sentido de la responsabilidad que, como mínimo, un editor debería tener. Pero yo siempre intentaba ahorrarme problemas, tomaba atajos y era escurridizo, y abordaba mi deber con ruindad, conformándome con una edición básica que fuera apenas “pasable”. Si seguía así a largo plazo, no solo no cumpliría mi deber como editor, sino que también quedaría en evidencia y me descartarían por retrasar la obra de vídeo. ¡Las consecuencias serían demasiado graves! Al darme cuenta de esto, me sentí fatal y con un profundo remordimiento. Entonces, oré a Dios, dispuesto a cambiar y a no volver a tratar mi deber basándome en mi ruindad.

Después de eso, me volví un poco más diligente en mi deber. Una vez, estaba editando un vídeo en eslovaco y, después de entregarlo, la hermana que lo revisó señaló un problema con las pausas entre las líneas de diálogo. Más tarde, descubrí un método que podía resolver este problema, así que intenté aplicarlo en mi edición. Para mi sorpresa, cuando volví a entregar el vídeo, la hermana dijo que estaba bien editado y que fluía sin problemas. Me alegré mucho al oír esto, y parecía que este método realmente podía mejorar un poco los resultados de mi deber. Sin embargo, este método era un poco engorroso; requería algunos pasos adicionales. Si editaba cada vídeo de esta manera, sería demasiada molestia y tendría que sufrir más. Así que volví a mi antiguo método de edición y, como resultado, volvieron a aparecer muchos problemas. Era muy consciente de que, si me hubiera esforzado más y hubiera dedicado un poco más de tiempo, estos problemas se podrían haber evitado. Al pensar en esto, sentí un profundo remordimiento: “¿Por qué no puedo simplemente esforzarme más en mi deber y pagar un precio mayor? ¿Por qué vuelvo a ser negligente?”. Recordé que Dios deja en evidencia que las personas que carecen de virtud no pueden realizar ningún deber, así que busqué ese capítulo de las palabras de Dios para leerlo. Dios Todopoderoso dice: “¿A qué clase de personas salva Dios? Se podría decir que todas ellas tienen conciencia y razón y son capaces de aceptar la verdad, pues solo aquellas que tienen conciencia y razón pueden aceptar y atesorar la verdad y, siempre que la comprendan, practicarla. Las personas que no tienen conciencia ni razón son las que carecen de humanidad; para decirlo sin rodeos, carecen de virtud. ¿Cuál es la naturaleza de la ausencia de virtud? Es carecer de humanidad, ser indigno de ser llamado humano. […] Quienes carecen de virtud carecen de humanidad; ¿cómo podrían realizar bien sus deberes? Son indignos de realizar deberes y no pueden hacer bien ningún deber. Tales personas no merecen ser llamadas humanas. Son bestias, bestias con forma humana. Solo quienes poseen conciencia y razón pueden abordar los asuntos humanos, ser fieles a su palabra, dignos de confianza y recibir el apelativo de ‘caballeros íntegros’. La expresión ‘caballeros íntegros’ no se emplea en la casa de Dios. En vez de eso, en la casa de Dios se requiere que las personas sean honestas, esa es la verdad. Solo las personas honestas son dignas de confianza, tienen conciencia y razón y son dignas de ser llamadas humanos. Si una persona al realizar sus deberes puede aceptar la verdad y actuar según los principios y realiza sus deberes acorde al estándar, entonces es alguien honesto y digno de confianza. Y quienes pueden lograr la salvación de Dios son personas honestas. Ser una persona honesta y digna de confianza no tiene que ver con tus habilidades o tu apariencia, y mucho menos con tu aptitud, capacidad o dones. Basta con que aceptes la verdad, actúes con responsabilidad, tengas conciencia y razón y te sometas a Dios. No importa qué capacidades posea una persona, la verdadera preocupación es si carece de virtud. Alguien que carece de virtud no es humano, sino una bestia. Aquellos descartados de la casa de Dios lo son porque no tienen humanidad y carecen totalmente de virtud. Por tanto, la gente que cree en Dios debe ser capaz de aceptar la verdad y debe ser honesta y, al menos, poseer conciencia y razón, ser capaz de ejecutar bien sus deberes y cumplir con la comisión de Dios. Solo esas personas pueden lograr la salvación de Dios; son quienes creen en Él con sinceridad y con igual sinceridad se entregan para Él. Estas son las personas a las que Dios salva(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Después de leer las palabras de Dios, entendí. Dios salva a quienes tienen conciencia y razón, porque solo las personas con conciencia y razón pueden aceptar la verdad, ponerla en práctica y cumplir con sus deberes. Quienes carecen de humanidad, conciencia y razón no pueden aceptar la verdad; incluso si la entienden, no pueden ponerla en práctica. A los ojos de Dios, esas personas no son humanas, sino bestias, y solo serán descartadas por Dios. El desenmascaramiento de las palabras de Dios me atravesó el corazón. Yo era exactamente el tipo de persona que Dios dejaba en evidencia, alguien sin conciencia ni razón. Había creído en Dios durante más de una década y había leído muchas de Sus palabras sobre el aspecto de hacer el deber con devoción y no ser negligente. Sin embargo, ahora, solo para evitarle un poco de sufrimiento a mi carne, seguía tomando atajos y siendo escurridizo, retrasando el trabajo. No era en absoluto alguien que aceptara la verdad, ni era una persona con conciencia y razón. El hecho es que, cuando me encontraba con vídeos difíciles, podría haberlos editado bien si simplemente me hubiera esforzado más y dedicado más tiempo. Pero no quería la complicación. Por el bien de mi propia comodidad física, simplemente elegía unas cuantas tomas al azar y las empalmaba. Incluso cuando veía que las transiciones no eran fluidas, no las arreglaba, lo que llevaba a que el vídeo fuera devuelto para revisiones múltiples veces, retrasando su progreso. Sabía claramente que había mejores maneras de manejar los problemas en el vídeo para lograr un mejor resultado, pero como temía que mi carne sufriera, elegí el método que implicaba el menor esfuerzo, causando problemas con el vídeo y retrasando el proceso con revisiones de ida y vuelta. En realidad, editar bien un vídeo no requiere habilidades técnicas avanzadas; se puede hacer con cuidado, diligencia y un poco más de esfuerzo. Pero ni siquiera podía lograr eso. ¡Realmente no tenía conciencia en absoluto! Solo me importaba mi propia comodidad física, no tenía la más mínima consideración por la obra de la iglesia y no salvaguardaba en absoluto los intereses de la iglesia. ¡Era tan poco fiable, tan carente de virtud y tan desprovisto de humanidad! Si una persona responsable hubiera editado este vídeo, podría haberse publicado rápidamente y haber empezado a cumplir su función en la obra de difusión del evangelio un día antes. Fui yo quien retrasó la publicación del vídeo. Estaba trastornando y perturbando la obra de vídeo; ¡me estaba oponiendo a Dios! Si no cambiaba, al final Dios me desdeñaría, me dejaría en evidencia y me descartaría. No podía seguir así. Tenía que practicar según las palabras de Dios, buscar ser una persona honesta, cumplir con mis responsabilidades y hacer todo lo posible por arreglar cada problema que detectara. También oré a Dios en mi corazón: “Dios mío, he sido negligente e irresponsable en mi deber. No hice bien las cosas que era capaz de hacer bien y he retrasado la publicación del vídeo. Realmente carezco de conciencia y razón, y no soy digno de confianza. Dios mío, estoy dispuesto a arrepentirme. Aunque signifique dedicar más tiempo y energía, sufrir más y pagar un precio mayor, con tal de lograr buenos resultados, estoy dispuesto a hacerlo. Si alguna vez vuelvo a ser negligente, disciplíname y repréndeme”.

Después de eso, cambié mi actitud equivocada hacia mi deber. Aunque dedicaba más tiempo y energía a editar los vídeos, estos se veían mucho más fluidos y el proceso de publicación se agilizó un poco. Al hacer mi deber de esta manera, me sentía más tranquilo. Después de un tiempo, la supervisora me envió un mensaje diciendo que varios hermanos y hermanas habían comentado que los vídeos que editaba eran bastante fluidos y me preguntó si tenía algunos buenos métodos para compartir con todos. Me sentí profundamente conmovido y reflexivo al escuchar esto. Simplemente había seguido lo que Dios dice, esforzándome más en mi deber y pagando un precio mayor. No esperaba que los resultados de mi deber mejoraran tanto. Más tarde, compartí mi experiencia y el método de edición con mis hermanos y hermanas, y a todos les pareció bastante útil.

Durante una de mis prácticas devocionales, leí un pasaje de las palabras de Dios y gané algo de entendimiento sobre las consecuencias de ser negligente. Dios Todopoderoso dice: “Para desempeñar bien sus deberes, es muy importante que las personas pongan de su parte; su mentalidad es crucial, y dónde centran sus pensamientos e ideas es muy importante. Dios escruta y puede ver qué mentalidad tienen las personas y cuánto corazón ponen en ello mientras realizan sus deberes. Poner en ello todo el corazón y la fuerza de uno es fundamental, y poner de su parte es crucial. Las personas deberían esforzarse por no tener remordimientos sobre los deberes que han completado y las cosas que han hecho, y por no estar en deuda con Dios. Esto es verdaderamente lo que significa poner todo el corazón y la fuerza de uno. Si nunca pones todo tu corazón y tu fuerza en tu deber y eres constantemente negligente, con lo que causas una pérdida tremenda al trabajo y quedas muy por debajo de los resultados requeridos por Dios, entonces solo puedes ser descartado. ¿Y habrá todavía tiempo para sentir remordimiento, entonces? No lo habrá. ¡Eso será un remordimiento eterno, una mancha! Ser constantemente negligente es una mancha, una transgresión grave, ¿no es así? (Sí). Debes esforzarte por hacer bien lo que te corresponde y en todo lo que deberías hacer, con todo tu corazón y tu fuerza, y no ser negligente ni quedarte con ningún remordimiento. De esta manera, el deber que haces será recordado por Dios. Esas cosas que Dios recuerda son buenas obras. ¿En qué se convierten, entonces, las cosas que Dios no recuerda? (Se convierten en transgresiones y acciones malvadas). Puede que no seas capaz de aceptar que ahora las llamemos acciones malvadas, pero cuando llegue el día en que estas cosas causen graves consecuencias y den lugar a una influencia negativa, te darás cuenta de que estas transgresiones no son meras transgresiones de comportamiento, sino acciones malvadas. Cuando llegues a esta comprensión, sentirás pesar: ‘¡Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora! Si lo hubiera pensado un poco más y me hubiera esforzado más en aquel entonces, estas consecuencias se podrían haber evitado’. Nada borrará esta mancha eterna de tu corazón, y si te deja con un sentimiento de culpa duradero, eso es un problema. Por tanto, al realizar tu deber ahora, debes centrarte en buscar la verdad y actuar según los principios, esforzándote por poner todo tu corazón y tu fuerza en la comisión que Dios te ha dado, y todo lo que hagas debe dejarte con la conciencia tranquila y sin remordimientos, y debe ser recordado por Dios. Evita ser negligente a toda costa. Si cometes un error por un impulso y es una transgresión grave, eso se convertirá en una mancha eterna. Una vez que tengas remordimientos, no podrás compensarlos; serán permanentes. Deberías ver estas dos sendas con claridad. ¿Cuál deberías elegir para obtener la aprobación de Dios? Realizar tu deber con todo tu corazón y tu fuerza, preparar suficientes buenas obras y esforzarte por obtener la verdad: solo de esta manera puedes evitar tener remordimientos. Hagas lo que hagas, no hagas el mal ni perturbes el desempeño del deber de otras personas, no cometas ningún acto de vulnerar la verdad y resistirte a Dios, y no te provoques remordimientos para toda la vida. ¿Cuál es la consecuencia de cometer demasiadas transgresiones? ¡Que acumularás la ira de Dios en Su presencia! Cuantas más transgresiones cometas, más estarás acumulando la ira de Dios; en última instancia, serás castigado(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Me sentí profundamente conmovido después de leer las palabras de Dios. Reflexioné repetidamente sobre estas palabras “Ser constantemente negligente es una mancha, una transgresión grave” y llegué a darme cuenta de que, al ser siempre negligente en mi deber, no solo no estaba preparando ninguna buena obra, sino que en realidad estaba acumulando acciones malvadas. Si un día esto llevaba a consecuencias graves, quedaría completamente en evidencia y me descartarían. Si los vídeos que editaba se hubieran publicado directamente sin que nadie los revisara, ¡todos los problemas que contenían habrían causado una grave vergüenza a Dios! He disfrutado de tanto riego y provisión de la verdad de parte de Dios, así que debería cumplir con mi deber y editar bien los vídeos. Sin embargo, fui negligente e irresponsable. ¿Había alguna diferencia entre aquellos en la Era de la Ley que ofrecían a Dios ganado, ovejas y palomas cojos y ciegos, y yo? Estaba disfrutando de la gracia y las bendiciones de Dios sin pensar en retribuir Su amor, y lo que ofrecía era la ofrenda de la peor calidad. Esto era embaucar y engañar a Dios descaradamente; ¡era acumular la ira de Dios! Si continuaba sin arrepentirme, como mínimo me quitarían la oportunidad de realizar mi deber y, si era grave, me enfrentaría al castigo de Dios. Pensé en alguien llamado Matías, que había sido constantemente negligente en su deber. En todo lo que hacía, solo trataba de salir del paso y los demás tenían que corregir constantemente sus errores y solucionar sus problemas, lo que causaba un grave trastorno y perturbación en la obra de la iglesia. Después de ser podado varias veces, aun así no se arrepintió y fue enviado a una iglesia común. Más tarde oí que allí tampoco cambió; incluso dejó de hacer sus deberes y al final fue echado de la iglesia. Al pensar en los fracasos de otros, no pude evitar sentir miedo. También llegué a experimentar que el carácter justo de Dios no tolera ofensa. El hecho de que todavía pudiera realizar un deber en la iglesia era la misericordia de Dios y una oportunidad para arrepentirme. Tenía que buscar rápidamente la verdad para resolver mi problema de ser negligente en mi deber.

Más tarde, encontré la senda para resolver mi actitud negligente en las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Cuando haces el deber, en realidad haces lo que tienes que hacer. Si lo haces ante Dios, si haces el deber y te sometes a Dios con honestidad y de corazón, ¿no será esta actitud mucho más correcta? Por consiguiente, ¿cómo puedes aplicarla a la vida real? Debes hacer que tu realidad sea ‘adorar a Dios de corazón y con honestidad’. Cada vez que quieras ser superficial, cada vez que quieras actuar de manera evasiva y ser un vago, y cada vez que te distraigas o quieras divertirte, deberías plantearte: ‘Si me comporto de esta manera, ¿estoy siendo indigno de confianza? ¿Pongo el corazón en la realización de mi deber? Al hacer esto, ¿acaso no estoy fracasando en ser devoto? ¿Estoy fracasando en estar a la altura de la comisión que me ha confiado Dios?’. Esa debe ser tu autorreflexión. Si llegas a saber que siempre eres superficial en tu deber, que no eres devoto y que le has hecho daño a Dios, ¿qué deberías hacer? Deberías decir: ‘En ese momento percibí que algo andaba mal, pero no lo consideré un problema; lo pasé por alto despreocupadamente. Hasta ahora no me he dado cuenta de que en realidad había sido superficial, de que no había cumplido con mi responsabilidad. Ciertamente me falta conciencia y razón’. Has detectado el problema y has llegado a conocerte un poco a ti mismo, así que ahora debes dar un giro a tu vida. Tu actitud respecto a la ejecución de tu deber fue equivocada. Lo trataste como un trabajo extra y solo hiciste un esfuerzo somero, y no te dedicaste a ello de corazón. Si vuelves a ser superficial, debes orar a Dios y permitir que te discipline y te reprenda. Solo si tienes tal determinación en la ejecución de tu deber puedes arrepentirte de verdad. Únicamente habrás cambiado cuando tu conciencia esté tranquila y tu actitud hacia la ejecución de tu deber se transforme(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo puede haber una senda a seguir a través de leer con frecuencia las palabras de Dios y contemplar la verdad). “Dado que las personas tienen un carácter corrupto, a menudo son negligentes en el desempeño de su deber. Este es el problema más grave. Si las personas han de desempeñar bien sus deberes, primero deben resolver el problema de la negligencia. Mientras tengan una mentalidad negligente, no podrán desempeñar bien sus deberes, lo que significa que resolver el problema de la negligencia es lo más importante. Entonces, ¿cómo deberían practicar? Primero, deben resolver el problema de su mentalidad: deben tratar sus deberes correctamente, hacer las cosas con seriedad y responsabilidad, y evitar tener un corazón falso y negligente. El deber de uno se realiza para Dios, no para ninguna persona; si las personas son capaces de aceptar el escrutinio de Dios, tendrán la mentalidad correcta. Es más, después de hacer algo, deben revisarlo y reflexionar sobre ello. Si se sienten un poco intranquilas en su corazón, y con una revisión cuidadosa descubren que realmente hay un problema, entonces deben corregirlo, y después de hacerlo, se sentirán tranquilas en su corazón. Sentirse intranquilo por dentro demuestra que hay un problema. Esto requiere una revisión cuidadosa, y no se debe pasar por alto nada en los puntos críticos. Esta actitud implica ser responsable en el desempeño del propio deber. Si uno puede ser concienzudo, asumir la responsabilidad y poner todo su corazón y fuerza, el trabajo se hará bien(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Las palabras de Dios iluminaron mi corazón. Sabía que tenía que valorar la oportunidad de realizar mi deber y aceptar el escrutinio de Dios mientras lo hacía. Cada vez que pensara en ser negligente, tenía que orar a Dios y rebelarme contra mí mismo, esforzándome por lograr los mejores resultados posibles en mi deber. Además, tenía que esforzarme y ser serio en todo lo que hacía, y no rehuir los problemas o el sufrimiento para lograr buenos resultados. Después de eso, practiqué de acuerdo con las palabras de Dios en mi deber y edité cada vídeo con esmero. Cuando me encontraba con vídeos difíciles que requerían mucho tiempo para seleccionar el material, y sentía que era demasiada molestia, oraba conscientemente a Dios para rebelarme contra mi carne, esforzándome al máximo por encontrar buen material que encajara. Después de terminar de editar, lo revisaba más de dos veces, corrigiendo y refinando cada problema que podía encontrar. También resumía con frecuencia los problemas que surgían en mi deber y, si había algo que no podía manejar, le preguntaba al hermano con el que cooperaba. Con el tiempo, mis habilidades técnicas mejoraron un poco, el hermano que revisaba mis vídeos señalaba menos problemas y muchos vídeos se publicaban directamente después de una sola revisión. Al ver estos resultados, me sentía muy feliz y tranquilo.

Más tarde, sucedió algo que sentí como una prueba para mí. Ya había entregado un vídeo que había editado, pero, inesperadamente, dos días después, una hermana me envió de repente un archivo de audio regrabado. Dijo que había habido algunos problemas técnicos con la grabación anterior, por lo que la calidad del sonido no era muy buena, y que se había vuelto a grabar. Tenía que volver a editar el vídeo para que coincidiera con el nuevo audio. Al principio, no pude aceptar esta noticia y pensé: “No puede ser, ¿volver a editarlo? ¿No significa eso que la mayor parte de mi trabajo anterior fue en vano?”. La idea de tener que dedicar otra media jornada a las correcciones hizo que no quisiera hacerlo; me parecía demasiada molestia. Entonces fui a preguntarle a la supervisora, y me dijo que, aunque la calidad del audio anterior no era excelente, todavía estaba dentro de un rango aceptable, así que no pasaba nada si no lo reemplazaba. Al oírla decir eso, pensé: “¡Perfecto! Así no tengo que pasar por la molestia de volver a editar”. Después, comparé el nuevo audio que la hermana me había enviado con el antiguo y descubrí que el nuevo era, en efecto, mucho mejor. En ese momento, dudé: “¿Debería reemplazar el audio o no? Si no lo hago, me ahorro el trabajo y el vídeo aún se puede publicar normalmente, pero la calidad se verá comprometida. La hermana ya ha vuelto a grabar el audio, e insertarlo en lugar del antiguo mejorará los resultados del vídeo. ¿No debería dedicar algo de tiempo a reemplazar el audio y volver a editar el vídeo?”. Justo entonces, me vino a la mente un pasaje de las palabras de Dios: “Debes esforzarte por hacer bien lo que te corresponde y en todo lo que deberías hacer, con todo tu corazón y tu fuerza, y no ser negligente ni quedarte con ningún remordimiento. De esta manera, el deber que haces será recordado por Dios(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Las palabras de Dios fueron un recordatorio oportuno para mí. Dedicar algo de tiempo extra a revisar este vídeo permitiría que lograra un mejor resultado, y eso es algo significativo y valioso. Además, estos vídeos de testimonios vivenciales se conservarán para la eternidad. Si puedo dedicar un poco más de tiempo ahora para mejorar este vídeo, entonces debería hacer mi mejor esfuerzo para que quede lo mejor posible. Eso es lo que significa cumplir con mi responsabilidad y no dejar remordimientos. Pensando esto, le dije a la supervisora: “El audio regrabado es realmente mejor. Reemplazar el audio mejorará los resultados del vídeo, así que vale la pena dedicar más tiempo a editarlo”. La supervisora estuvo de acuerdo. Cuando entregué el vídeo después de volver a editarlo con el nuevo audio, sentí una especial sensación de tranquilidad y disfrute. Aunque reemplazar el audio y volver a editar llevó algo de tiempo y energía, mejorar los resultados del vídeo de testimonio vivencial hizo que todo valiera la pena y tuviera sentido.

Recordé todas las veces que había sido negligente en mi deber, cómo, por anhelar una comodidad física momentánea, había retrasado la publicación normal de tantos vídeos y había cometido muchas transgresiones. Me sentí arrepentido y en deuda. De ahora en adelante, ya no puedo ser negligente en cómo trato mi deber; debo dedicar todo mi corazón y todas mis fuerzas. Más tarde, en mi deber, empecé a centrarme en examinar mi actitud. A veces, cuando me encontraba con vídeos difíciles, todavía se manifestaba el pensamiento de que era demasiada molestia y de no querer sufrir. Pero entonces pensaba que este es mi deber, mi responsabilidad, y que tenía que dar prioridad a los resultados y no tener miedo a las complicaciones. Poco a poco, fui capaz de rebelarme contra estos pensamientos y practicar de acuerdo con las palabras de Dios. ¡Gracias a Dios!

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