902 La humanidad no puede controlar su propio destino

I

¿Adónde en el mundo irás cada día?

¿Qué harás o dirás?

¿Con quién o qué te encontrarás?

¿Acaso puedes predecirlo?

¿Sabrás lo que va a suceder?

¿Acaso puedes controlarlo?

No, no puedes, no podrás verlo.

Muchas cosas suceden como tú no lo esperas.

El hombre no puede controlar su destino.

Desde lo trivial al destino de la vida del hombre,

no hay nada en el mundo que no revele

los planes y soberanía del Creador,

que nada puede exceder Su autoridad,

Su autoridad es suprema y es eterna esta verdad.

El hombre no puede su destino controlar.

II

El diario acontecer de la vida,

la forma y secuencia que tiene,

recuerda siempre a la humanidad

que nada sucede al azar,

que la forma en que todo sucede y su inexorabilidad,

la voluntad humana no lo puede cambiar.

Sobrepasa su capacidad.

El hombre no puede controlar su destino.

No hay nada en el mundo que no revele

los planes y soberanía del Creador,

que nada puede exceder Su autoridad,

Su autoridad es suprema y es eterna esta verdad.

El hombre no puede su destino controlar.

III

Todo conlleva una amonestación del Creador a la humanidad.

Avisa a los hombres de que no pueden controlar su destino.

Y al mismo tiempo cada evento

refuta la ambición de la humanidad, fútil y desenfrenada,

y deseosa de manejar su propia vida.

El hombre no puede controlar su destino.

Son fuertes bofetadas a la humanidad,

una tras otra, una tras otra.

Son fuertes bofetadas a la humanidad

que hacen pensar a la gente

quién es el que rige de verdad su destino,

y quién es el que lo controla de verdad.

Sus deseos se hacen trizas una y otra vez,

sus ambiciones se truncan.

Tan sólo pueden aceptar su destino

y aceptar toda la realidad.

Tan sólo pueden aceptar la voluntad del Cielo

y la soberanía del Creador.

No hay nada en el mundo que no revele

los planes y soberanía del Creador,

que nada puede exceder Su autoridad,

Su autoridad es suprema y es eterna esta verdad.

El hombre no puede su destino controlar.


Adaptado de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne”

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