77. Ya no utilizo el bajo calibre como excusa

Por Lin Ran, provincia de Henán

En el pasado, cada vez que me enfrentaba con alguna dificultad a la hora de llevar a cabo mi deber o cuando hacía mal mi trabajo, pensaba que era debido a que mi calibre era demasiado bajo. Como resultado, a menudo vivía en un estado negativo y pasivo. Frecuentemente utilizaba mi bajo calibre como una excusa para transferir a otras personas los deberes que yo sentía que eran difíciles y sentía que eso no tenía nada de malo, que estaba pensando en la obra de la Iglesia cuando pedía a otras personas que hicieran algo porque mi calibre era demasiado bajo y yo no podía hacerlo bien. Fue únicamente gracias a que leí las palabras de Dios que cambié este punto de vista erróneo y me di cuenta de que estaba viendo las cosas a través de mis propias nociones y fantasías. También aprendí algo acerca de mi propio carácter corrupto.

Un día, un líder envió un documento que requería que se procesara de forma urgente. La hermana con la que estaba trabajando en equipo estaba ocupada haciendo algo más, así que me pidió que lo manejara yo. Rápidamente comencé a poner excusas: “Mi calibre es demasiado bajo. No soy buena para escribir y editar textos. Sería mejor si tú lo manejaras”. Así, de inmediato le pasaba a mi compañera cualquier cosa complicada. Posteriormente, ella me dijo: “Desde el momento en el que nos conocimos has estado diciendo que tu calibre es malo. Sin embargo, después de estar contigo unos cuantos días he observado que eres capaz de encontrar algunos problemas en el trabajo. No pienso que tu calibre sea tan malo, pero cuandoquiera que te enfrentas con una dificultad a la hora de llevar a cabo tu deber, siempre dices que tu calibre es bajo y algunas veces incluso le pasas tu deber a alguien más. No sé cuál es tu motivación para pasártela diciendo cuán malo es tu calibre: ¡a mí me parece que estás siendo verdaderamente falsa!” Cuando la oí decir esto me quedé sin palabras, pero mi corazón se llenó de antipatía: “Cuando digo que mi calibre es malo, estoy diciendo la verdad. No conoces los hechos y me has malinterpretado”. Posteriormente, reflexioné acerca de por qué la hermana había dicho eso. Yo no estaba mintiendo cuando dije que mi calibre era bajo. ¿Cómo podía decir que yo tenía motivos ulteriores? Simplemente no podía entenderlo en mi corazón.

Una vez, durante una reunión con mis compañeros de trabajo, me abrí con los otros hermanos y hermanas acerca de mi confusión. Expliqué las razones, una por una, por las que yo pensaba que mi calibre era bajo: por ejemplo, escribía en el teclado con gran lentitud y mi estilo al redactar no era muy bueno. Cuando trabajaba en textos con mi compañera, ella era la que tecleaba y editaba la mayor parte del tiempo, y cuando leía un documento, encontraba los problemas con gran rapidez, mientras que yo era más lenta, etcétera. Después de escuchar lo que compartí, nuestro líder, el hermano Liu, dijo: “Hermana, ¿es basándonos en estas cosas que medimos si el calibre de alguien es bueno o malo? ¿Está esto alineado con la verdad? ¿Está alineado con la voluntad de Dios? Todos sabemos que las personas en el mundo valoran mucho los dones y la inteligencia. Quienquiera que sea ingenioso, elocuente y bueno para manejar las cosas del mundo exterior es una persona de buen calibre, mientras que aquellos que son torpes en su forma de hablar, ignorantes y no tienen muchos estudios son considerados como personas que no tienen calibre; así es como los incrédulos lo ven. Nosotros que creemos en Dios deberíamos ver las cosas basándonos en Sus palabras. ¿Hemos buscado la voluntad de Dios en este asunto? ¿En qué se basa Dios para medir si el calibre de las personas es bueno o malo? Y, por cierto, ¿qué es un calibre bueno y un calibre malo?” Meneé la cabeza y el hermano Liu siguió compartiendo: “Leamos el pasaje de un sermón: ‘Que el calibre de alguien sea bueno o malo se refiere, principalmente, a qué tan bien puede comprender las palabras de Dios. Si su poder de entendimiento es bueno, esto significa que cuando lee las palabras de Dios puede penetrar su significado literal y comprender la voluntad de Dios; puede obtener la verdad a través de las palabras de Dios y saber cómo actuar para asegurarse de buscar Su voluntad. Poseer tal poder de entendimiento significa que tiene buen calibre. El calibre no es lo mismo que ser una persona talentosa; no es lo mismo que ser ingenioso y capaz. Algunas personas parecen muy inteligentes por fuera, pero son totalmente ineptas en lo que se refiere a entender las palabras de Dios. A eso se refieren los incrédulos cuando hablan de un buen calibre, pero tales palabras no se sostienen en la casa de Dios. Algunos son estudiantes universitarios o son muy inteligentes, pero en la casa de Dios se encuentran en una situación difícil y son completamente incapaces de entrar en la verdad. ¿Puedes decir que tienen buen calibre? Hay algunas personas que tienen muy pocos estudios, que sólo terminaron la primaria y no tienen una carrera importante en el mundo exterior y, sin embargo, han sido exitosas en la búsqueda de la verdad y se han convertido en personas elogiadas por Dios. Sólo estas son personas de un calibre verdaderamente bueno. El nivel de educación no lo es todo. Lo esencial es si las personas entienden el espíritu’ (La comunicación desde lo alto). A partir de esta enseñanza vemos que si el calibre de alguien es bueno o malo depende de su capacidad de comprender las palabras de Dios. Esto no es a lo que se refieren los incrédulos cuando dicen que alguien tiene calibre o es talentoso e inteligente. Las personas de buen calibre pueden entender la voluntad de Dios cuando terminan de leer Sus palabras; pueden encontrar un camino de práctica y entrar en la verdad y pueden practicar de acuerdo con lo que Dios pide. Por otra parte, hay quienes parecen ser muy inteligentes y son muy buenos para manejar las cosas del mundo exterior, pero se confunden tan pronto como se enfrentan con las verdades de las palabras de Dios. No se puede decir que tales personas tengan un buen calibre. Es como cuando las personas cultas y educadas parecen ser talentosas e inteligentes por fuera, pero son incapaces de comprender las verdades de las palabras de Dios. Algunas de ellas incluso tienen una perspectiva ridícula de las cosas. Así pues, tener muchos estudios, ser ingenioso y ser capaz no es algo representativo de un buen calibre y tampoco son los estándares a través de los cuales se mide el calibre de una persona. Lo esencial es si las personas entienden el espíritu, si son capaces de comprender la verdad. ¡No podemos basarnos en nuestras propias nociones y fantasías para medir si el calibre de alguien es bueno o malo!” Cuando escuché esto, de pronto vi la luz: resultó que mis creencias no eran otra cosa que mis propias nociones y fantasías; no correspondían a la verdad.

Después, una hermana encontró dos pasajes de las palabras de Dios y me pidió que los leyera. “Cuando una persona es seria, responsable, dedicada y trabajadora, el trabajo se hará apropiadamente. […] La cooperación de las personas es muy importante; su corazón es muy importante y el lugar hacia el cual dirigen sus pensamientos e ideas también lo es. En lo que se refiere a cuáles son sus intenciones y cuánto esfuerzo imprimen en la realización de su deber, Dios analiza y puede ver. Es crucial que las personas pongan todo su corazón y toda su fuerza en lo que hacen. Su cooperación es crucial, también. Esforzarse por no tener remordimientos por los deberes que se han completado y por las propias acciones pasadas y llegar al punto en el que uno no le deba nada a Dios, eso es lo que significa empeñar todo el corazón y toda la fuerza” (‘Cómo resolver el problema de ser descuidado y superficial a la hora de realizar tu deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo”) “Si tienes una actitud correcta al enfrentar la verdad, si tienes una actitud de aceptar la verdad y adoptas una actitud humilde, entonces, aunque tengas un calibre pobre, Dios seguirá esclareciéndote y permitiéndote obtener algo. Si tienes buen calibre, pero siempre eres arrogante, pensando constantemente que estás en lo correcto y jamás estás dispuesto a aceptar nada de lo que otros dicen, además de que siempre te estás resistiendo, entonces Dios no trabajará en ti. Dios dirá que tu carácter es malo y que eres indigno de recibir cualquier cosa e, incluso, te quitará lo que alguna vez tuviste. A esto se le conoce como ser expuesto” (‘Sólo si una persona practica la verdad puede poseer una humanidad normal’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). La hermana dijo: “Las palabras de Dios muestran que nuestra actitud a la hora de llevar a cabo nuestro deber es muy importante; es crucial. Si tenemos la mentalidad correcta, si podemos entregar todo nuestro corazón y nuestra energía a la realización de nuestro deber, Dios lo verá y nos tratará de acuerdo con nuestra actitud hacia nuestro deber. Aun si tenemos un calibre bajo, Dios seguirá esclareciéndonos y guiándonos. Si no tenemos la mentalidad correcta, si no estamos dispuestos a pagar un precio y cooperar con Dios, entonces no sólo no llevaremos a cabo nuestro deber de manera apropiada, sino que también seremos rechazados por Dios. Si observamos a los hermanos y hermanas a nuestro alrededor a través de las palabras de Dios, vemos que algunos tienen un calibre ordinario, pero tienen la motivación correcta a la hora de llevar a cabo su deber; cuando se enfrentan con dificultades, se proponen buscar la verdad y se enfocan en respetar los principios y son cada vez más eficaces en el desempeño de su deber. Hay algunos hermanos y hermanas que nos parece que tienen un calibre especialmente bueno y tienen un entendimiento puro de las palabras de Dios, pero como son engreídos, presumidos, no escuchan los consejos de otras personas y toman para sí mismos la gloria de Dios cuandoquiera que tienen algún pequeño éxito al realizar su deber, ellos finalmente pierden la obra del Espíritu Santo. Algunos incluso perturban la obra de la Iglesia y son despojados de su aptitud para llevar a cabo su deber; en casos graves, incluso son expulsados de la Iglesia. Estos hechos nos muestran que, si el calibre de una persona es bueno o malo, eso no determina que reciba el elogio de Dios; la clave es si busca o no la verdad”. A continuación, los hermanos y hermanas echaron mano de sus propias experiencias para hablar sobre los peligros y las consecuencias de definirse a sí mismos de acuerdo con sus propias nociones y fantasías. Fue entonces que me di cuenta de lo estúpido que era no entender la verdad; yo no había buscado la verdad y, en cambio, me había definido como alguien de bajo calibre al vivir en mis nociones y fantasías, al punto que con frecuencia les pasaba los deberes difíciles a otras personas. No traté de mejorar y tampoco confié en Dios o pagué un precio para superar estos obstáculos, lo cual incluso me impidió llevar a cabo los deberes que yo tenía la capacidad de cumplir. No sólo fui incapaz de recibir un entrenamiento real o de crecer en la verdad y la vida, sino que esto influyó directamente en mi efectividad al realizar mi deber. Pensé en cuán rápidamente la hermana con la que yo trabajaba podía encontrar los problemas. Aunque esto se relacionaba con su propio calibre, lo más importante era que, debido a su actitud esmerada hacia su deber, pudo confiar en Dios y abordar las dificultades de frente cuando se le presentaban. Sólo entonces fue esclarecida e iluminada por el Espíritu Santo. Yo, por otra parte, trataba de evitar los problemas cuando me encontraba con ellos y utilizaba el bajo calibre como una excusa para zafarme. No confiaba en Dios y no me proponía intentarlo y resolver el problema buscando la verdad relevante, lo cual significaba que no era capaz de obtener la obra del Espíritu Santo. A partir de esto, vi que Dios es imparcial y justo con todos. A través de la enseñanza, también reconocí que Dios nos pide cosas basándose en aquello de lo que somos capaces. No es que “Él arree patos a una percha”. Debo hacer lo correcto por mí misma; en lugar de prestar atención a mi calibre, debo enfocarme únicamente en poner toda mi energía en la realización de mi deber. Debo buscar y contemplar los principios de la verdad, aprender de las fortalezas de los demás, escuchar el consejo de otras personas e incorporarlo en mi práctica y, con el tiempo, seguramente me beneficiaría y crecería.

Posteriormente, la crítica de la hermana hizo eco en mi interior: “No sé cuál es tu motivación para pasártela diciendo cuán malo es tu calibre”. Ella tenía razón: siempre me apresuraba a decir que mi calibre era malo. ¿Qué motivaciones ulteriores y qué carácter corrupto estaban controlándome en secreto?

Un día, leí las siguientes palabras de una enseñanza: “Aquellos que siempre les dicen a otros que son corruptos, ignorantes y estúpidos, crueles y torpes, de un bajo calibre, no hablan de las verdaderas motivaciones y engaño que hay dentro de su corazón; ocultan estas motivaciones malignas y utilizan su propia corrupción, estupidez e ignorancia como un amortiguador, como un escudo. Nadie es más astuto que esas personas; nadie es mejor para fingir, para actuar de modo que las personas piensen que son buenas, que se conocen a sí mismas, que son humildes, que son ingenuas y abiertas. Esta es una puesta en escena para los demás; en realidad, tales personas son traicioneras e hipócritas taimadas…” (La comunicación desde lo alto). Sólo cuando leí esta enseñanza me di cuenta de que el hecho de que siempre hablara de mi bajo calibre en realidad estaba dirigido por mi naturaleza deshonesta y que había motivaciones negativas ocultas en mi interior. Por ejemplo, cuando me enfrentaba con un deber que jamás había hecho, lo primero que hacía era decir a los otros hermanos y hermanas que mi calibre era bajo, porque temía que tuvieran una mala opinión de mí si hacía mal mi deber. Hacía esto por mi propio orgullo y estatus. La insinuación era: no es mi culpa si lo hago mal; no es que no haya puesto toda mi energía en ello, sino que supera mi calibre. Cuandoquiera que me encontraba con alguna dificultad a la hora de realizar mi deber, no estaba dispuesta a sufrir y a pagar un precio para abordarlo de manera frontal. También le tenía miedo a la responsabilidad. Así que simplemente utilizaba mi bajo calibre como una excusa para pasarle mis deberes a alguien más, para hacerle pensar que yo era racional y consciente de mí misma. Casi cada vez que enfrentaba dificultades y tenía que pagar un precio o tenía que asumir alguna responsabilidad, daba un paso atrás. De hecho, estaba viviendo de acuerdo con la filosofía interpersonal satánica de “quédate quieto para protegerte y busca únicamente escapar de la culpa”. Parecía bastante inteligente —utilizar mis propios medios retorcidos para evitar la responsabilidad— pero, en realidad, me había perdido muchas oportunidades de buscar y comprender la verdad. De hecho, el calibre que Dios nos da a cada uno es adecuado al propósito; sin embargo, yo no había puesto todo mi corazón y toda mi energía para cooperar con Dios basándome en lo que era capaz de lograr para obtener la obra del Espíritu Santo y mejorar mi calibre; en cambio, siempre utilicé mi bajo calibre como una excusa para no practicar la verdad, para tratar de embaucar y engañar a Dios. ¿No es esto demasiado astuto, demasiado malvado? Y ¿cómo podría ser guiada por Dios así?

Las palabras de Dios dicen: “Valoro en gran manera a aquellos que no sospechan de los demás y también me gustan mucho los que aceptan de buena gana la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas sinceras” (‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Continuamos con la siguiente línea: ‘Aunque mi calibre es bajo, tengo un corazón honesto’. Cuando la mayoría de las personas escuchan esta línea, se sienten bien, ¿no es así? Este asunto involucra los requisitos de Dios para las personas. ¿Qué requisitos? Si las personas tienen deficiencia de calibre, no es el fin del mundo, pero deben poseer un corazón honesto, y, por tanto, serán capaces de recibir el elogio de Dios. No importa cuál sea tu situación, debes ser una persona honesta, hablar con honestidad, actuar con honestidad, poder llevar a cabo tu deber con todo tu corazón y toda tu mente y ser fiel; no debes rehuir a tu trabajo, ser taimado o mentiroso, ser astuto, tratar de ser más listo que los demás o hablar con rodeos; debe ser una persona que ame la verdad y la busque. […] Dices: ‘Mi calibre es bajo, pero tengo un corazón honesto’. Sin embargo, cuando te llega un deber te da miedo que pudiera resultar agotador o que no puedas cumplirlo a cabalidad, así que pones excusas para evadirlo. ¿Es esta la expresión de una persona honesta? Claramente, no lo es. ¿Cómo debería comportarse una persona honesta? Debe aceptar y obedecer y, luego, dedicarse completamente a realizar su deber de la mejor manera posible, esforzándose por satisfacer la voluntad de Dios. ¿Por qué hacer esto? La expresión tiene diversos aspectos. Uno es que debes aceptar tu deber con un corazón honesto y sincero, no pensar en ninguna otra cosa y no tener una mente dividida, conspirando a tu favor: esta es una expresión de honestidad. Otro aspecto es que debes utilizar toda tu fuerza y todo tu corazón y decir: ‘Revelaré todo lo que tengo y todo lo que soy a Dios. Esto es todo lo que puedo hacer; pondré todo mi esfuerzo en ello y me dedicaré completamente a Dios’. Dedicas todo lo que tienes y todo lo que puedes hacer: esta es una expresión de honestidad” (‘Sólo se puede ser verdaderamente feliz siendo una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios me ofrecieron un camino de práctica: a Dios no le preocupa si el calibre de las personas es bueno o malo; la clave es si tienen un corazón honesto, si pueden aceptar la verdad y ponerla en práctica. Aunque mi calibre sea bajo y sea un poco más lenta para entender la verdad y algunas veces siga la doctrina, si mi corazón es honesto y constantemente busco la verdad para resolver mi carácter corrupto mientras realizo mi deber, si hago todo lo que puedo por llevar a cabo lo que Dios pide, entonces recibiré la guía y las bendiciones de Dios y gradualmente podré entender la verdad. A medida que entre en la verdad podré compensar mis defectos en relación con mi bajo calibre y entenderé y veré las cosas cada vez mejor. Después de entender la voluntad de Dios, comencé a confiar en Él para ser mejor cuando llevaba a cabo mi deber. Ya no descargaba en otras personas las cosas que no eran evidentes para mí, que no comprendía, sino que me esforzaba en buscar y solucionarlas por mí misma. ¡Gracias a Dios! Cuando practiqué tal y como Dios lo pide, también pude ver los problemas que tenía el texto y, aunque había veces en las que los asuntos relativamente complejos seguían sin ser claros para mí, al buscar los principios de la verdad con los hermanos y hermanas gradualmente se volvieron evidentes para mí y me sentí más ligera y liberada al cumplir con mi deber.

Gracias a que experimenté el entorno que Dios dispuso para mí, obtuve cierto conocimiento de mi corrupción y mis defectos y me hice consciente de cómo enfrentar los asuntos que tienen que ver con mi calibre. En el pasado, cuando realizaba mi deber no me enfocaba en buscar la verdad y tampoco trataba de abordar mi carácter corrupto. Siempre veía las cosas a través de mis propias nociones y fantasías, lo cual me llevó a menudo a definirme y a tratar de liberarme de las cosas diciendo que mi calibre era bajo. La realización de mi deber estaba llena de superficialidad, retrasé el trabajo de la Iglesia y me perjudiqué en mi propia vida. Ahora comprendo que el calibre de cada persona está predeterminado por Dios y forma parte de Sus gloriosas intenciones. No debo limitarme por el hecho de que mi calibre sea bueno o malo. En el futuro, trataré de buscar la verdad en todas las cosas, actuar de acuerdo con principios y ser una persona honesta para satisfacer a Dios.

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