120 El deseo de mi corazón es amar a Dios

1 Viviendo en este mundo vasto jamás había conocido la verdad. Sólo tras leer la palabra de Dios Todopoderoso encontré el sentido de la vida. La luz verdadera ha venido al mundo y Cristo es la verdad, el camino y la vida. Encontré el camino de la vida eterna mientras disfrutaba del riego y el sustento de la palabra de Dios. Al practicar y experimentar las palabras de Dios, he ido madurando en la vida. Atesoro la verdad, atesoro la palabra de Dios. Cristo es el Dios práctico al que ofrezco alabanzas y gratitud. Mi deseo y el de mi corazón es amar a Dios, ¡aleluya!

2 La palabra de Dios revela la verdad y el origen de la profunda corrupción del hombre. El hombre es arrogante, egoísta, mentiroso y carente de conciencia y razón. Al experimentar el juicio ante el trono de Cristo he conocido el carácter justo y majestuoso de Dios. Han nacido en mí la veneración y el amor hacia Dios, y me someto sinceramente ante Él. Vine del polvo, pobre y miserable, sin nada. La palabra de Dios me ha purificado y ya soy capaz de vivir con semejanza humana. Cristo es el Dios práctico digno del amor del hombre. Mi deseo y el de mi corazón es amar a Dios, ¡aleluya!

3 Que Cristo expresara todas las verdades me hice ver la luz en la vida. Recibo el juicio y la purificación de las palabras de Dios y mi carácter se ha transformado. Dios me otorga la verdad a modo de vida para que pueda ser compatible con Él. Cada palabra de Dios es la verdad enraizada en mi corazón. Al practicar y experimentar las palabras de Dios, por fin sé que la verdad es vida y que es muy preciosa. Su palabra me transformó y me dio una nueva vida. Cristo es el Dios práctico y mi deseo es amarlo por siempre. Mi deseo y el de mi corazón es amar a Dios, ¡aleluya!

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En ese momento finalmente pude comprender de forma práctica lo que Dios decía: “El sendero de hoy es el camino del juicio y la maldición, pero debes saber que lo que te he concedido, a pesar de cualquier juicio o castigo, es el mejor regalo que puedo darte. Es lo que más necesitas”.

85. La transformación de un hombre caído

Sin la salvación de Dios, no habría tomado el camino correcto en la vida; sólo me habría hecho cada vez más degenerado, y me habría convertido en escoria sucia que al final sería maldecida por Dios. Ha sido el juicio justo de Dios lo que me ha salvado, y un refinamiento despiadado lo que me ha cambiado.

¿Cómo se puede conocer la esencia divina de Cristo?

Aquel que es la encarnación de Dios tendrá Su esencia, y aquel que es la encarnación de Dios tendrá Su expresión. Haciéndose carne, Dios traerá la obra que debe hacer, y haciéndose carne expresará lo que Él es; será, asimismo, capaz de traer la verdad al hombre, de concederle vida, y de mostrarle el camino.

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