Solo reconociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente

¿Tenéis ahora una manera de conoceros y de ganar entrada en la vida y en la senda correcta de creer en Dios? ¿Contáis con un objetivo o una dirección? Deberíais tener algunas ideas, porque hemos hablado bastante de asuntos como ser una persona honesta, sobre conocerse a uno mismo, cómo comer y beber la palabra de Dios, cómo deberíais compartir la verdad para resolver problemas, cómo deberíais cooperar armoniosamente en el cumplimiento del deber, cómo los hermanos y hermanas deberían intentar establecer relaciones interpersonales normales entre sí, etcétera. Ahora que tenéis más claros todos los aspectos de la verdad relacionados con la fe en Dios, que habéis adquirido cierto conocimiento práctico y que no sois como antes, cuando sin importar el aspecto sobre el que os preguntaran siempre respondíais con imprecisión, ¿no os sentís mucho mejor? (Ahora lo tengo todo mucho más claro). “Tenerlo todo mucho más claro” es correcto. En realidad, no importa qué aspecto de la verdad uno practique, tanto si es ser una persona honesta, formarse para someterse a Dios, cómo relacionarse amigablemente con los hermanos y las hermanas, cómo vivir una humanidad normal, o algo similar, independientemente del aspecto de la verdad en el que busques entrar, debes empezar por abordar el asunto de conocerse a uno mismo. ¿Acaso ser honesto no implica conocerse? No podrás practicar la honestidad hasta que hayas llegado a conocer tu falsedad y tu deshonestidad. Solo cuando llegues a saber que no te has sometido a Dios, serás capaz de practicar la sumisión a Él o de buscar lo que debes hacer para someterte a Él. Si no te conoces, tus deseos de ser una persona honesta, de someterte a Dios o de alcanzar la salvación están vacíos. Esto se debe a que la gente tiene un carácter corrupto que siempre emponzoña y obstruye su práctica, por lo que le cuesta practicar cualquier aspecto de la verdad. Al practicarlo, tu carácter corrupto ciertamente se revelará, entorpecerá tus esfuerzos por ser honesto, obstruirá tu sumisión a Dios e inhibirá tu paciencia y tolerancia hacia los hermanos y las hermanas. Si no reflexionas sobre este carácter corrupto, no lo descubres, lo analizas ni llegas a reconocerlo, y en su lugar te basas en tus nociones y figuraciones para practicar la verdad, entonces solo seguirás preceptos, porque no entiendes la verdad ni sabes qué principios-verdad debes acatar. Por tanto, independientemente del aspecto de la verdad que una persona practique, o de lo que haga, primero debe reflexionar sobre sí misma y conocerse. Esto último implica conocer cada una de tus palabras, obras, acciones, pensamientos, ideas, intenciones, nociones y figuraciones. También debes conocer las filosofías de Satanás para los asuntos mundanos y todas sus diversas ponzoñas, así como el conocimiento cultural tradicional. Debes buscar la verdad y discernir estas cosas claramente. De esa manera, entenderás la verdad y te conocerás realmente. Puede que una persona haya hecho muchas buenas obras desde que comenzó a creer en Dios, pero todavía no es capaz de ver claramente muchas cosas y mucho menos de lograr entender la verdad. Sin embargo, debido a esa gran cantidad de buenas obras, siente que ya practica la verdad, que ya se ha sometido a Dios y que ya ha satisfecho bastante Su voluntad. Cuando no te ocurre nada, puedes hacer lo que te digan, haces cualquier deber sin reparo alguno y no te resistes. Cuando te dicen que difundas el evangelio, no te quejas y puedes sobrellevar esta dificultad, y cuando te dicen que corras de aquí para allá y trabajes, o hagas una tarea, lo haces. Debido a esto, sientes que eres alguien que se somete a Dios y que persigue la verdad genuinamente. Aun así, si te preguntan seriamente: “¿Eres una persona honesta? ¿Te sometes verdaderamente a Dios? ¿Has transformado el carácter?”, si todo el mundo debe hacer frente a la comparación con la verdad de las palabras de Dios, puede decirse que nadie está a la altura ni sería capaz de actuar según los principios-verdad. Por tanto, toda la humanidad corrupta debe reflexionar sobre sí misma, sobre el carácter según el cual vive y sobre las filosofías, la lógica, las herejías y las falacias satánicas de donde se derivan todos sus actos y todas sus acciones. Debe reflexionar sobre la causa principal por la que revela su carácter corrupto, cuál es la esencia de que actúe obstinadamente, y para qué y para quién vive. Si estos aspectos se comparan con la verdad, entonces todo el mundo será condenado. ¿Cuál es la razón? Que la humanidad está profundamente corrompida. Las personas no entienden la verdad y todas viven según su carácter corrupto. No se conocen a sí mismas en lo más mínimo, siempre creen en Dios en función de sus propias nociones y figuraciones, realizan sus deberes de acuerdo con sus preferencias y estilos, y siguen teorías religiosas en su manera de servir a Dios. Aún más, todavía piensan que están llenas de fe y que sus acciones son muy razonables, y acaban sintiendo que han ganado mucho. Sin darse cuenta, llegan a pensar que ya actúan de acuerdo con la voluntad de Dios y la han satisfecho completamente, y que ya han cumplido los requisitos de Dios y siguen Su voluntad. Si te sientes así, o si consideras que has obtenido algunas ganancias en tus diversos años de fe en Dios, entonces, con más razón aún, debes regresar ante Dios para examinarte cuidadosamente. Deberías fijarte en la senda que has recorrido durante tus años de fe para ver si has realizado todos tus actos y obras ante Dios completamente de acuerdo con Su voluntad. Examina cuáles de tus conductas se oponían a Dios, con cuáles de ellas te sometiste a Él y si tus acciones han cumplido y satisfecho Sus requisitos. Deberías aclarar todas estas cosas, porque solo entonces te conocerás.

La clave para la autorreflexión y el conocimiento de ti mismo es esta: cuanto más sientas que en ciertas áreas lo has hecho bien o has hecho lo correcto, y más creas que puedes satisfacer la voluntad de Dios o que eres capaz de jactarte en ciertas áreas, entonces más vale la pena que te conozcas en esas áreas y que profundices en ellas para ver qué impurezas existen en ti, así como qué cosas en ti no pueden satisfacer la voluntad de Dios. Tomemos a Pablo como ejemplo. Pablo estaba especialmente informado, sufrió mucho cuando predicaba y obraba y muchos particularmente lo adoraban. En consecuencia, después de terminar mucho trabajo, supuso que habría una corona reservada para él. Esto lo llevó a ir cada vez más lejos por la senda equivocada, hasta que finalmente Dios lo castigó. En ese momento, si hubiera reflexionado sobre sí mismo y se hubiera analizado minuciosamente, no habría pensado de la manera que lo hizo. En otras palabras, Pablo no se había enfocado en buscar la verdad en las palabras del Señor Jesús; solo había creído en sus propias nociones y figuraciones. Había pensado que meramente al hacer algunas cosas buenas y exhibir algunos buenos comportamientos, Dios lo aprobaría y lo recompensaría. Al final, sus propias nociones y figuraciones le cegaron el corazón y ocultaron la verdad de su corrupción. Sin embargo, las personas no eran capaces de discernir esto ni tenían conocimiento de estos asuntos, y entonces, antes de que Dios dejara esto en evidencia, siempre habían considerado a Pablo como un estándar al cual aspirar, un ejemplo para vivir y lo consideraron como un ídolo que buscaban y anhelaban ser. El caso de Pablo es una advertencia para cada uno de los escogidos de Dios. En especial, cuando los que seguimos a Dios podemos sufrir y pagar el precio en nuestros deberes y mientras servimos a Dios, sentimos que somos leales y amamos a Dios, y en momentos como este, debemos reflexionar y entendernos a nosotros mismos aún más con respecto a la senda que estamos tomando, lo cual es muy necesario. Esto se debe a que lo que crees que es bueno es lo que decidirás que es correcto, y no dudarás de ello, ni reflexionarás sobre ello, ni analizarás minuciosamente si hay algo en ello que se opone a Dios. Por ejemplo, hay personas que se creen sumamente bondadosas. Nunca odian ni hieren a los demás y siempre echan una mano a un hermano o hermana cuya familia está en apuros para que su problema no se quede sin resolver; tienen gran benevolencia y hacen todo lo que está en su mano para ayudar a todo el que puedan. No obstante, jamás se centran en practicar la verdad, y no tienen ninguna entrada en la vida. ¿Cuál es la consecuencia de esa ayuda? Ponen su vida en suspenso, pero están muy contentas consigo mismas y sumamente satisfechas con todo lo que han hecho. Es más, se enorgullecen de ello, pues creen que en todo lo que han hecho no hay nada que vaya contra la verdad, que definitivamente satisfará la voluntad de Dios y que son auténticos creyentes en Él. Ven su bondad natural como algo que deben explotar y, en el momento en que lo hacen, dan por hecho que es la verdad. En realidad, lo único que ejercen es la bondad humana. No practican la verdad en absoluto, ya que hacen esto ante los hombres, no ante Dios, y ni mucho menos practican de acuerdo con las exigencias de Dios y la verdad. Por tanto, todas sus acciones son en vano. Nada de lo que hacen representa practicar la verdad ni las palabras de Dios, y mucho menos seguir Su voluntad; más bien utilizan la bondad humana y la buena conducta para ayudar al prójimo. En resumen, no buscan la voluntad de Dios en todo lo que hacen ni actúan según Sus exigencias. Dios no aprueba esta clase de buena conducta del hombre; para Dios, se la debe condenar, y no merece que Él la recuerde.

Es crucial que todo el mundo se conozca a sí mismo, porque eso influye directamente en la cuestión importante de si uno puede o no descartar su carácter corrupto y alcanzar la salvación. No pienses que esto es un asunto simple. Conocerte no consiste en entender tus acciones o prácticas, sino en conocer la esencia de tu problema, la raíz de tu rebeldía y su esencia, y por qué no puedes practicar la verdad y entender las cosas que surgen y te perturban al practicar la verdad. Estos son algunos de los aspectos más importantes de conocerse. Por ejemplo, debido al condicionamiento de la cultura tradicional china, según sus nociones tradicionales, el pueblo chino cree que se debe observar una devoción filial hacia los padres. Aquel que no cumple con la devoción filial es mal hijo. Al pueblo le han inculcado estas ideas desde la infancia y se enseñan en prácticamente todos los hogares, así como en todas las escuelas y en la sociedad en general. Cuando a una persona le han llenado la cabeza de esas cosas, piensa: “La devoción filial es más importante que nada. Si no cumpliera con ella, no sería buena persona; sería mal hijo y la sociedad me criticaría. Sería una persona carente de conciencia”. ¿Es correcto este punto de vista? La gente ha visto muchas verdades expresadas por Dios; ¿acaso Él ha exigido que uno demuestre devoción filial hacia sus padres? ¿Es esta una de las verdades que los creyentes en Dios deben comprender? No, no lo es. Dios solo ha hablado sobre ciertos principios. ¿Según qué principio piden las palabras de Dios que la gente trate a los demás? Ama lo que Dios ama y odia lo que Dios odia. Ese es el principio al que hay que atenerse. Dios ama a los que persiguen la verdad y son capaces de seguir Su voluntad; esas son también las personas a las que debemos amar. Aquellos que no son capaces de seguir la voluntad de Dios, que lo odian y se rebelan contra Él, son personas detestadas por Dios, y nosotros también debemos detestarlas. Esto es lo que Dios pide del hombre. Si tus padres no creen en Él, si saben perfectamente que la fe en Dios es la senda correcta y que puede conducir a la salvación, y sin embargo siguen sin estar receptivos, entonces no cabe duda de que son personas que sienten aversión por la verdad y que la odian, y de que se resisten a Dios y lo odian. Y Él naturalmente los aborrece y los odia. ¿Podrías aborrecer a esos padres? Se oponen a Dios y lo agravian, en cuyo caso, seguramente son demonios y satanases. ¿Podrías odiarlos y maldecirlos? Todas estas son preguntas reales. Si tus padres te impiden creer en Dios, ¿cómo debes tratarlos? Tal y como pide Dios, debes amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia. Durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús dijo: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?” “Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Estas palabras ya existían en la Era de la Gracia, y ahora las palabras de Dios son incluso más claras: “Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia”. Estas palabras van directas al grano, pero las personas a menudo son incapaces de captar su verdadero sentido. Si una persona es alguien que niega y se opone a Dios, y que está maldecida por Él, pero se trata de uno de tus padres o de un familiar tuyo y, al parecer, no es una persona malvada y te trata bien, entonces podrías encontrarte con que eres incapaz de odiarla, y puede incluso que sigas en contacto cercano con ella, sin que cambie vuestra relación. Oír que Dios odia a tales personas te genera conflicto y no eres capaz de ponerte del lado de Dios y rechazarlas sin piedad. Siempre te atan los sentimientos y no puedes abandonarlas por completo. ¿Por qué pasa esto? Esto sucede porque tus sentimientos son demasiado intensos y te dificultan practicar la verdad. Esa persona es buena contigo, así que no puedes llegar a odiarla. Solo podrías odiarla si te lastimara. ¿Ese odio estaría en consonancia con los principios-verdad? Además, también te atan las nociones tradicionales, pues piensas que es uno de tus padres o un familiar, así que, si la odias, la sociedad te despreciaría y la opinión pública te denostaría, te condenaría por ser poco filial, carente de conciencia, ni siquiera humano. Crees que sufrirías la condena y el castigo divinos. Incluso si quieres odiarla, tu conciencia no te lo permite. ¿Por qué funciona así tu conciencia? Porque desde que eras niño te han inculcado una manera de pensar, a través de la herencia de la familia, de la educación que recibiste de tus padres y del adoctrinamiento de la cultura tradicional. Tienes esta manera de pensar arraigada profundamente en el corazón y te hace creer erróneamente que la devoción filial es perfectamente natural y está justificada, y que cualquier cosa que hayas heredado de tus ancestros siempre es buena. La aprendiste primero y sigue siendo dominante, lo que crea un enorme obstáculo y una perturbación en tu fe y en la aceptación de la verdad, y te deja incapacitado para poner en práctica las palabras de Dios y amar lo que Él ama y odiar lo que odia. Sabes de corazón que tu vida provino de Dios, no de tus padres, y también que ellos no solo no creen en Dios, sino que se oponen a Él, que Dios los odia y tú deberías someterte a Él, ponerte de Su lado, pero simplemente no puedes llegar a odiarlos, por más que quieras. No puedes cambiar de idea, no puedes endurecer tu corazón y no puedes practicar la verdad. ¿Cuál es la causa de eso? Satanás usa ese tipo de cultura tradicional y esas nociones de moralidad para atar tus pensamientos, tu mente y tu corazón, lo que te vuelve incapaz de aceptar las palabras de Dios; tales cosas de Satanás te han poseído y te han hecho incapaz de aceptar Sus palabras. Cuando quieres practicar las palabras de Dios, estas cosas te perturban en tu interior, hacen que te opongas a la verdad y a Sus requisitos, y te vuelven impotente para librarte del yugo de la cultura tradicional. Tras luchar durante un tiempo, cedes: prefieres creer que las nociones tradicionales de moralidad son correctas y conformes a la verdad, así que rechazas o abandonas las palabras de Dios. No aceptas Sus palabras como la verdad y no piensas en absoluto en ser salvado, pues sientes que aún vives en este mundo, y solo puedes sobrevivir apoyándote en estas personas. Incapaz de soportar el rechazo social, preferirías renunciar a la verdad y a las palabras de Dios, abandonarte a las nociones tradicionales de moralidad y a la influencia de Satanás, y optarías por ofender a Dios en lugar de practicar la verdad. ¿Acaso no es el hombre digno de pena? ¿No tiene necesidad de la salvación de Dios? Algunos han creído en Dios durante muchos años, pero aún no comprenden el tema de la devoción filial. Realmente no entienden la verdad. Nunca pueden abrirse camino a través de esta barrera de las relaciones mundanales; no tienen la valentía, ni la confianza, ni mucho menos la determinación, de modo que no pueden amar y obedecer a Dios. Algunos son capaces de ver más allá de esto, y para ellos realmente no es fácil decir: “Mis padres no creen en Dios y me impiden creer. Son demonios”. Ningún incrédulo tiene fe en que hay un Dios, o en que Él ha creado los cielos, la tierra y todas las cosas, o en que el hombre es una creación de Dios. Incluso algunos dicen: “Los padres dan la vida al hombre, y este debería honrarlos”. ¿De dónde proviene este tipo de pensamiento o punto de vista? ¿De Satanás? Han sido milenios de cultura tradicional, en los que se ha educado y desorientado al hombre de esta manera, lo que lo ha llevado a negar la creación y la soberanía de Dios. Si Satanás no desorientara y controlara a la gente, el hombre investigaría la obra de Dios, leería Sus palabras y sabría que Él lo ha creado, que le ha dado la vida, que le ha proporcionado todo lo que tiene y que es a Dios a quien debe dar las gracias. Si alguien nos hace un favor, deberíamos aceptarlo de parte de Dios, en particular en el caso de nuestros padres, que nos tuvieron y criaron; Dios ha arreglado todo esto. Él detenta la soberanía sobre todo; el hombre no es más que una herramienta de servicio. Si alguien puede dejar de lado a los padres, a su esposo (o esposa) y a los hijos para esforzarse por Dios, entonces será más fuerte y tendrá un sentido de la justicia más elevado ante Él. No obstante, no es fácil que la gente se abra camino a través de la servidumbre de la educación nacional, las ideas y nociones de la cultura tradicional y las declaraciones morales, porque estas ponzoñas y filosofías satánicas han arraigado durante mucho tiempo en el corazón de las personas y han producido todo tipo de actitudes corruptas que les impiden oír la palabra de Dios y someterse a Él. En lo hondo del corazón del hombre corrupto falta una voluntad fundamental de poner en práctica la verdad y de seguir la voluntad de Dios. Por tanto, la gente se rebela contra Él y se le resiste; es posible que lo traicione y lo abandone en cualquier momento. ¿Puede alguien recibir la verdad si en su interior habitan el carácter corrupto y las ponzoñas y las filosofías satánicas? ¿Puede lograr someterse a Dios? Realmente es muy difícil. Si no fuera por la obra de juicio que Dios mismo lleva a cabo, la humanidad profundamente corrupta no podría alcanzar la salvación ni purificar todo su carácter satánico. Incluso si las personas creen en Dios y están dispuestas a seguirlo, no pueden escucharlo ni someterse a Él, porque les cuesta demasiado esfuerzo aceptar la verdad. Así pues, para perseguir la verdad primero hay que buscar conocerse a uno mismo y resolver el carácter corrupto propio. Solo entonces será más sencillo aceptar la verdad. Conocerse no es un asunto simple de ninguna manera; únicamente los que aceptan la verdad pueden conocerse a sí mismos. Es por ello que conocerse es fundamental y es algo que no debéis pasar por alto.

Las personas tienen actitudes corruptas, de modo que les cuesta mucho aceptar la verdad y, aún más, conocerse a sí mismas. Si quieren alcanzar la salvación, deben llegar a conocer sus actitudes corruptas y su esencia-naturaleza. Solo entonces podrán aceptar realmente la verdad y ponerla en práctica. A la mayoría de los que creen en Dios les basta con solo poder expresar las palabras y las doctrinas, pues creen que entienden la verdad. Eso es un gran error, porque los que no se conocen a sí mismos no la entienden. Por tanto, para entender y obtener la verdad en su creencia en Dios, la gente debe centrarse en conocerse a sí misma. Independientemente del momento o del lugar en que nos hallemos y del entorno en el que nos encontremos, si podemos llegar a conocernos a nosotros mismos, descubrir y analizar nuestras actitudes corruptas y convertir el autoconocimiento en nuestra principal prioridad, sin duda tendremos ventaja y poco a poco nos conoceremos a nosotros mismos más a fondo. Al mismo tiempo, practicaremos la verdad, así como el amor y la sumisión a Dios, y entenderemos la verdad cada vez más. De ese modo, esta se convertirá en nuestra vida de manera natural. Sin embargo, si no entras en absoluto en el autoconocimiento, será una falsedad que digas que practicas la verdad, porque te estará cegando todo tipo de fenómenos superficiales. Piensas que te comportas mejor, que tienes más conciencia y razón que antes, que eres más amable, considerado, tolerante, paciente e indulgente con los demás y, en consecuencia, crees que ya vives una humanidad normal y que eres fabuloso y perfecto. No obstante, a ojos de Dios, todavía no te encuentras a la altura de Sus requisitos y criterios, y estás muy lejos de someterte a Él y adorarlo de verdad. Eso demuestra que no has obtenido la verdad, que careces de la más mínima realidad y que aún te queda mucho para cumplir los criterios de la salvación. La gente debe entender las verdades de las que debe dotarse para cumplir los requisitos de Dios. Las personas todavía no son capaces de distinguir entre los comportamientos externos buenos y la práctica de la verdad. En estos momentos, no muestran más que pequeños cambios en su conducta externa. Hoy en día, la mayoría de la gente asiste a reuniones y escucha sermones a menudo, y puede llevarse bien e interactuar con sus hermanos y hermanas de una manera normal. No discute, puede ser tolerante y paciente con los demás y es más meticulosa que antes a la hora de cumplir sus deberes. No obstante, entiende la verdad de una forma demasiado superficial, sus pensamientos e ideas sobre muchos asuntos todavía están alejados de la verdad, o van en contra de ella, y algunas de sus ideas son incluso hostiles hacia Dios. Esto es suficiente para ilustrar que la gente aún no ha obtenido la verdad. Por ese motivo debemos buscar la verdad en cada aspecto del autoconocimiento e intentar conocernos a nosotros mismos con mayor profundidad. A través de esta charla, ¿no sentís que es muy importante que os conozcáis a vosotros mismos? Acabo de dar un ejemplo de cómo mostrar devoción filial hacia los padres. Todo el mundo debe afrontar esta cuestión importante. Si no podéis entender la verdad ni salir de los pensamientos y las nociones tradicionales, os costará renunciar a todo y esforzaros verdaderamente por Dios. Muchas personas llevan creyendo en Dios multitud de años, pero nunca han cumplido un deber. Se han estado esforzando de corazón durante un período indeterminado, pero no se sabe con certeza cuándo serán capaces de entender realmente la verdad, de liberarse de las restricciones y ataduras de sus afectos carnales y sus pensamientos y nociones tradicionales y de llegar al punto de “amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia”. No es fácil lograr esto. Calar la esencia de la familia y despojarse de las limitaciones de las propias relaciones carnales es un obstáculo difícil para quienes siguen a Dios. Hay un proceso para desprenderse de las ataduras de la familia y de los afectos carnales y liberarse de las restricciones de los pensamientos de la cultura tradicional; es necesario que Dios disponga entornos en los que podamos practicar la entrada en la verdad. Sobre todo por lo que respecta a nuestros seres queridos, es aún más necesario que detectemos claramente sus rostros verdaderos y cada una de sus esencias-naturaleza. Al mismo tiempo, también debemos basarnos en la verdad para reflexionar sobre las actitudes corruptas que hemos revelado y las herejías y falacias satánicas que todavía existen en nuestro corazón. Para ello es necesario que Dios instrumente diversos entornos para revelarnos, de modo que podamos conocer las cosas que aún existen en nuestro interior que se resisten a Dios o son incompatibles con Él, y luego buscar la verdad para resolverlas. Necesitamos que Dios disponga entornos aptos para revelar nuestra corrupción y estatura. No obstante, también debemos colaborar de manera activa y positiva con Dios y exigirnos cosas de acuerdo con Su palabra; solo entonces Él podrá hacernos completos. Pero antes de que Dios actúe, debemos prepararnos mentalmente. En primer lugar, debemos reconocer las ponzoñas satánicas que existen en el interior del hombre y entender que los pensamientos y las nociones de la cultura tradicional desorientan y corrompen a la gente. Debemos entender la severidad con la que esas cosas satánicas, que heredamos y que provienen de la educación y la sociedad, se resisten a Dios y hasta qué punto van en contra de la verdad. Solo cuando podáis calar esas cosas se podrá decir que entendéis realmente la verdad.

Acabo de hablar sobre cómo tratar a los padres. Se puede decir que es una cuestión importante en la vida que todo el mundo debe afrontar. Esto es innegable. Ahora charlaremos sobre otro tema: cómo tratar a los hijos. No importa la manera de tratar a padres e hijos; en su lugar, lo que es importante es tu perspectiva, se trata de la perspectiva y la actitud que adoptas a la hora de relacionarte con ellos. Debemos entender este punto en nuestro corazón. Desde el momento en el que se tienen hijos, todo el mundo comienza a planificar el tipo de educación que quiere que reciban, a qué clase de centro educativo deberían ir y cómo deberían encontrar buenos trabajos tras la etapa de formación, de modo que puedan establecerse y adquirir cierta posición en la sociedad. Todas las personas creen que, en esta vida, se deben tener conocimientos y estudios de posgrado; a su modo de ver, esta es la única manera de encontrar trabajo y de asegurarse un sustento en la sociedad, para que en el futuro no haga falta preocuparse por las necesidades básicas, como el alimento, la ropa y un techo bajo el que cobijarse. Por tanto, por lo que respecta a cómo la gente trata a sus hijos, todos los padres esperan que su niño reciba una educación superior, que un día sea capaz de progresar en el mundo, que ocupe un lugar en la sociedad y que tenga unos ingresos altos y estables, prestigio y estatus. Creen que solo de esta forma se honrará a sus antepasados. Todo el mundo tiene esta idea: “Que mis hijos sean los mejores”. ¿Es correcto este punto de vista? Todos quieren que su hijo o su hija vaya a una universidad prestigiosa para luego seguir estudiando, pues creen que podrá salir adelante en el mundo después de haber obtenido un título de formación superior. Toda la gente, por dentro, adora el conocimiento y cree: “Los libros son superiores a todo afán”; además, piensa que la competencia en la sociedad actual es particularmente feroz y que a alguien que carezca de una cualificación académica incluso le costará intentar procurarse el sustento. Todo el mundo alberga este pensamiento y esta idea; es como si, mientras alguien tenga estudios superiores, su sustento y sus perspectivas estuvieran asegurados. Por tanto, por lo que respecta a lo que exige a sus hijos e hijas, para la gente la prioridad principal es estos que vayan a un centro académico superior para recibir una formación avanzada. En realidad, todos esos estudios, todo ese conocimiento y todas las ideas que la gente recibe van en contra de Dios y de la verdad, y Él detesta y condena todo eso. Esto demuestra que las ideas del hombre son erróneas y absurdas. La gente debería entender que si los hijos reciben este tipo de educación, aparte de adquirir cierto conocimiento intelectual útil, también los adoctrinarán con muchas de las ponzoñas, ideas y teorías de Satanás, y con sus diversas herejías y falacias, y debería entender cuáles serán las consecuencias de todo eso. La gente nunca ha pensado anteriormente sobre esta cuestión ni es capaz de comprenderla. Solo cree que sus hijos tendrán un futuro más brillante y honrarán a sus antecesores si van a centros académicos de formación superior. En consecuencia, cuando tu hijo venga a casa un día y charles con él de creer en Dios se mostrará reacio sobre el tema, y cuando le hables de la verdad te dirá que eres ridículo, se burlará de ti y menospreciará tus palabras. En ese momento, te darás cuenta de que elegiste la senda equivocada cuando enviaste a tu hijo a un centro académico de formación superior para que cursara estudios avanzados. Sin embargo, ya será demasiado tarde para lamentarse. En cuanto una persona acepta las filosofías e ideas de Satanás y estas cosas comienzan a arraigarse, florecer y dar fruto en su interior es como desarrollar tumores cancerosos que no se pueden eliminar o cambiar de un día para otro. En ese punto, a esa persona le costará aceptar la verdad y no habrá ninguna manera de que pueda salvarse. Es como si Satanás le hubiera inoculado un veneno letal. No he conocido a nadie que diga: “Cuando mi hijo vaya a la escuela, que aprenda simplemente a leer para que pueda entender el significado de la palabra de Dios. Después, lo guiaré para que crea en Él con todo el corazón y aprenda un poco sobre una profesión útil, de modo que pueda asegurarse un buen trabajo y una vida estable en el futuro. Así me quedaré tranquilo. Sería mejor si tuviera un calibre alto y buena humanidad y pudiera cumplir un deber en la casa de Dios. Si no puede hacer eso, sería suficiente que encontrara un trabajo fuera de la iglesia para que pueda sustentar a su familia. Ante todo, quiero que reciba las verdades de Dios en Su casa y que la sociedad no lo contamine ni lo condicione”. La gente no tiene fe para llevar a sus hijos ante Dios; siempre se preocupa de que no tengan buenas perspectivas si no reciben una formación superior. En otras palabras, por lo que respecta a los hijos, nadie está dispuesto a llevarlos ante Dios para que puedan aceptar Su palabra y comportarse de acuerdo con la verdad y Sus requisitos. La gente no está dispuesta ni se atreve a hacer eso. Tiene miedo de que, si actúa de esta manera, sus hijos no tengan un medio para ganarse la vida ni perspectivas en esta sociedad. ¿Qué confirma esta idea? Que las personas, a quienes Satanás ha corrompido profundamente, no tienen interés en la verdad ni en creer en Dios. Aún en el caso de que crean en Él, solo lo hacen para recibir bendiciones. No persiguen la verdad porque lo que adoran en el corazón son las cosas materiales, el dinero y la influencia de Satanás. No tienes fe para decir: “Si uno abandona las tendencias del mundo y confía en Dios, Él ofrecerá una manera de salir adelante para poder sobrevivir”. Careces de esta fe. Tu idea errónea de adorar el conocimiento ha arraigado en tu corazón. Controla cada una de tus palabras y acciones, de modo que no puedes aceptar la obra de Dios ni someterte a ella, y mucho menos aceptar las verdades que Él expresa. ¿Por qué digo esto? Porque este pensamiento y esta idea son hostiles hacia Dios, lo traicionan, lo niegan y no son compatibles con la verdad. Cuando una persona entiende la verdad, puede calar este problema y darse cuenta de que, en su interior, alberga muchas cosas que están en contra de Dios y que Él fundamentalmente desprecia. Todos estos son resultados que se obtienen al experimentar la obra de Dios. Sin el desenmascaramiento de Su palabra y sin el juicio y castigo de esta, la gente pensaría que se ha hecho santa, que está llena de amor a Dios y que su fe es fuerte después de creer en Él unos años y de introducir algunos cambios en su comportamiento. Ahora que entiende la verdad, de repente se da cuenta: “¿Cómo es posible que estas cosas corruptas todavía existan en las personas? ¿Por qué no pude reconocerlas antes? ¡Qué ignorante es la gente!”. En ese momento, aprende que es fantástico y muy necesario que Dios desenmascare la corrupción del hombre, y sabe que, si Dios no desenmascarara y juzgara su corrupción, nunca sería capaz de reconocerla. Todo el mundo es muy hábil a la hora de fingir y enmascararse. Puede hacerlo bastante bien, al igual que ocultar sus verdaderas intenciones o presentarlas de otro modo, pero las actitudes corruptas que revela y los pensamientos que tiene tan arraigados en la mente se resisten a Dios, quien desprecia y odia estas cosas. Esto es lo que Él quiere poner al descubierto, lo que la gente debería llegar a conocer. No obstante, las personas suelen pensar: “Por lo que respecta a lo que decimos, no hemos pronunciado ninguna palabra que se resista a Dios y tenemos razonamiento. En cuanto a nuestro comportamiento, no hemos hecho nada fuera de lugar y ya hemos llegado al punto en el que cumplimos nuestros deberes de una manera muy apropiada. No tenemos problemas manifiestos, de modo que ¿qué más deberíamos saber sobre nosotros mismos? ¿Es necesario siquiera que nos conozcamos a nosotros mismos?”. ¿Es esta idea acorde a la realidad? Si fuera así, ¿por qué la gente todavía confiesa siempre sus pecados a Dios? ¿Por qué sigue revelando a menudo sus actitudes corruptas e incluso comete transgresiones? Por tanto, cuanto más te consideres bueno en algún aspecto, más valdrá la pena que te dediques a buscar la verdad, a reflexionar y a llegar a conocerte a ti mismo en ese aspecto. Solo a través de este proceso puedes llegar a conocer verdaderamente tus actitudes corruptas, a purificarte y lograr que Dios te perfeccione. Este es el resultado de experimentar Su obra.

Muchas personas creen que Dios se siente complacido con la devoción filial y la bendice. Piensan que ser un buen hijo es algo que a Él sin duda le gusta, porque creen que la devoción filial es perfectamente natural, está justificada y demuestra que una persona tiene conciencia y no ha olvidado de dónde proviene. Según las nociones tradicionales, estos individuos se consideran buenas personas e hijos devotos. En cuanto a esta última apreciación, todo el mundo la aprueba. La gente adora a los hijos devotos, al igual que lo hacen sus padres. Por tanto, asumes de manera natural que a Dios también deben gustarle y piensas ilusamente: “A Dios deben gustarle los que muestran devoción filial hacia sus padres; ¡sin duda le agradan!”. De modo que dejas de cumplir tu deber y vuelves a casa para mostrar devoción filial hacia tus padres. Al hacerlo, te sientes cada vez más motivado y convencido de que hacer eso es lo que corresponde y de que estás practicando la verdad. Inconscientemente, comienzas a creer que ya has satisfecho a Dios y que cuentas con el capital necesario para lograr la aprobación de Dios, Su deleite y Su reconocimiento. Cuando Él dice que lo estás desafiando y traicionando, o que no has cambiado en absoluto, te resistes a Él y lo juzgas. Niegas Sus palabras al asegurar que está equivocado. ¿Qué clase de problema es este? Cuando Dios dice que eres bueno y aprueba tu manera de comportarte, lo aceptas. Pero cuando deja en evidencia que te estás rebelando contra Él y lo estás desafiando, lo niegas y rechazas, e incluso te resistes a Él y lo juzgas. ¿Qué tipo de carácter es este? Es evidente que las personas son arrogantes, vanidosas y santurronas. Por lo general, parece que la gente puede reconocer que la palabra de Dios es la verdad y todo el mundo considera que se somete a Dios. Sin embargo, cuando Él juzga a las personas y desenmascara sus actitudes corruptas, ninguna de ellas presta atención alguna a Sus palabras ni compara sus acciones con Su palabra cada vez que hace algo. En su lugar, simplemente hablan y charlan un poco, y eso es todo, o recitan algunas líneas de la palabra de Dios durante las reuniones, hablan sobre ellas un poco y ya está. En realidad, cuando haces cosas, no practicas en absoluto según Su palabra. Por tanto, ¿qué sentido tiene que leas y hables sobre la palabra de Dios? No la llevas a la práctica cuando te pasa algo ni vives según Su palabra; así pues, ¿por qué la lees? ¿Acaso no es simplemente una formalidad? ¿Puedes entender la verdad de esta manera? ¿Puedes obtenerla? Creer en Dios de esta forma no tiene sentido alguno. Muchas personas simplemente leen un poco la palabra de Dios, entienden su significado literal y piensan que al pronunciar algunas palabras y doctrinas ya han entendido la verdad y poseen la realidad-verdad. Algunos dicen: “Estoy hablando de la palabra de Dios, de modo que ¿cómo puede ser que se trate solo de palabras y doctrinas?”. No conoces la esencia de Su palabra, no la llevas a la práctica y, sin duda, careces de un conocimiento empírico de ella; por tanto, solo pronuncias palabras y doctrinas cuando hablas de Su palabra. Por supuesto, la palabra de Dios es la verdad, pero no la entiendes ni la llevas a la práctica realmente, de modo que lo que entiendes solo es doctrina. ¿Podéis entender esto? ¿Os duele oír estas palabras? Tal vez digáis: “Si no honro a mis padres, ¿no es una ofensa terrible? ¿Acaso los requisitos de Dios para las personas no desatienden sus sentimientos?”. Decidme, ¿son exigentes los criterios que Dios requiere al hombre? De hecho, no lo son; según la conciencia y la razón humanas, la gente puede cumplirlos. Las personas sienten que las exigencias de Dios son demasiado rigurosas y que no están realmente a su alcance debido a la influencia de los afectos humanos, y porque la cultura tradicional ya se ha arraigado firme y sólidamente en su corazón. Esto se debe a una falta de entendimiento de la verdad. Si realmente la entendéis y caláis la verdadera naturaleza de esta cuestión, podréis afrontar y manejar este problema de la manera adecuada. Durante miles de años, la cultura tradicional ha influenciado a la gente. Las filosofías y las leyes de Satanás sobre el propio comportamiento ya han arraigado en su corazón. Vives según estas ideas, de modo que ¿qué has vivido exactamente? ¿Has vivido una humanidad normal? ¿Has vivido una vida real? Vale la pena que llegues a conocer y analizar este asunto. Debes reflexionar sobre lo que has obtenido de la cultura tradicional y de las filosofías e ideas de Satanás, sobre si estas cosas son realmente la verdad y qué te aportan. Posteriormente, deberías hablar de estos temas y analizarlos minuciosamente según la palabra de Dios. Si lo haces, te resultará fácil descubrir la verdad. Cuando entiendas la verdad y captes las intenciones de Dios, te darás cuenta de que todos Sus requisitos para las personas son cosas que la conciencia y la razón humanas pueden alcanzar. De manera natural, dejarás de quejarte de que Dios exige demasiado al hombre. En su lugar, dirás: “Entendemos los principios; tenemos una senda de práctica y comprendemos cómo manejar estas cuestiones”. De este modo, poco a poco entrarás en la realidad de la palabra de Dios. Este es el proceso de entender la verdad.

Al entrar en la realidad-verdad, es sumamente importante conocerse a uno mismo. Esto significa conocer las cosas que hay en nuestros pensamientos y nuestras ideas que son fundamentalmente incompatibles con la verdad, que forman parte de un carácter corrupto y que son hostiles hacia Dios. Es fácil entender las actitudes corruptas del hombre, como la arrogancia, la santurronería, la mentira y la falsedad. Puedes llegar a conocerlas un poco con solo hablar sobre la verdad algunas veces, con participar frecuentemente en las charlas o con que tus hermanos y hermanas te señalen tu estado. Además, la arrogancia y la falsedad están presentes en todas las personas, solo con diferencias de grado, de modo que es relativamente sencillo conocer esas actitudes. Pero cuesta discernir si los pensamientos y las ideas de uno se ajustan a la verdad; no es tan fácil como conocer las actitudes corruptas propias. Cuando el comportamiento o las prácticas externas de alguien cambian un poco, esa persona siente que ha cambiado, pero en realidad se trata de un mero cambio conductual que no implica que su perspectiva sobre las cosas haya cambiado verdaderamente. En el fondo del corazón de la gente todavía hay muchas nociones y figuraciones, diversos pensamientos, ideas y ponzoñas provenientes de la cultura tradicional y muchas cosas que son hostiles hacia Dios. Estos elementos están ocultos en su interior y aún tienen que salir a la luz. Son el origen de las revelaciones de sus actitudes corruptas y provienen del interior de la esencia-naturaleza del hombre. Por este motivo, cuando Dios haga algo que no concuerde con tus nociones, te resistirás y te opondrás a Él. No entenderás por qué Él ha actuado de esa manera y, aunque sepas que hay verdad en todo lo que Dios hace y desees someterte, no serás capaz de hacerlo. ¿Por qué no puedes someterte? ¿Cuál es la razón de tu oposición y resistencia? El motivo es que hay muchas cosas en los pensamientos y las ideas del hombre que son hostiles hacia Dios, hacia los principios según los que Él actúa y hacia Su esencia. Es difícil que la gente conozca estas cosas. Dado que he hablado de este tema, deberíais conocerlo y entenderlo un poco mejor. Supongamos que tenéis nociones sobre Dios cuando algo ocurre y pensáis: “Esto no puede ser cosa de Dios, porque si lo fuera Él no lo habría hecho así ni habría hablado de esta manera. Todo lo que Dios hace es amor, y la gente lo puede aceptar fácilmente”. Pero imaginemos que después pensáis: “Esta manera de pensar es errónea. Dios ya ha dicho anteriormente que se debe buscar la verdad allí donde la gente no pueda entender. Debería reflexionar sobre mí mismo, porque las nociones y las figuraciones que tengo en el corazón me están jugando una mala pasada y me llevan a delimitar la obra de Dios. No debería malinterpretarlo”; esta es la manera correcta de reflexionar sobre tú mismo. Cuando observes que la obra o las palabras de Dios no se ajustan a tus nociones, deberías reflexionar sobre ti mismo, apresurarte a buscar la verdad en Sus palabras, compararte con ellas y, después, actuar en consonancia. ¿Acaso no es esta una manera de salir adelante?

Acabamos de hablar sobre cómo tratar a los padres. Muchos de vosotros sentís que estáis muy en deuda con los padres porque ellos han sufrido mucho por vosotros a lo largo de sus vidas, os han dado un gran amor y os han cuidado fenomenalmente. Si algún día enferman, se te perturba la conciencia y te sientes culpable. De repente piensas que deberías estar a su lado para cumplir tu deber filial con ellos, consolarlos y asegurarte de que sean felices en su tercera edad. Piensas que esa es tu responsabilidad y obligación como hijo. Mientras cumples con esa obligación, si Dios te pide algo o te pone una prueba inesperada, Su intención es que no hagas eso, sino que te rijas por el principio de la fe en Él, el cumplimiento adecuado de tu deber y la búsqueda de la verdad. ¿Cómo te sentirías si Dios te pidiera directamente que no fueras leal con tus padres o que no los trataras de esa manera? Considerarías este asunto desde la óptica de las nociones tradicionales y te quejarías de Dios en el corazón, pensando que Él lo hizo sin tener en cuenta tus sentimientos y que eso no satisface tu lealtad filial. Crees que actúas con suma lealtad filial, humanidad y conciencia, pero Dios no te permite comportarte según tu conciencia ni tu lealtad filial. Entonces te resistirás a Dios, te rebelarás contra Él, te opondrás a Él y no aceptarás la verdad. Digo todo esto para que la gente se dé cuenta de que la raíz y la esencia de la naturaleza rebelde del hombre proviene principalmente de sus pensamientos e ideas, que se forman a partir de la educación que recibió de la familia y la sociedad, así como de la cultura tradicional. Una vez que estas cosas se instalan poco a poco en lo profundo del corazón de la gente, a través de las convenciones familiares o de la influencia de la sociedad y la formación académica, las personas comienzan a vivir conforme a ellas. Empiezan inconscientemente a creer que esta cultura tradicional es correcta e irreprochable, que no se puede criticar y que solo pueden ser personas reales si actúan de acuerdo con las exigencias de la cultura tradicional. Si no lo hacen, sentirán que no tienen conciencia, que son contrarias a la humanidad y carentes de ella, y que no podrán asumir esta situación. ¿Acaso no son estos pensamientos e ideas del hombre completamente ajenos a la verdad? Todas las cosas que componen las ideas y los pensamientos humanos y los objetivos que la gente persigue se dirigen hacia el mundo, hacia Satanás. El requisito de Dios para el hombre de perseguir la verdad se dirige hacia Él, hacia la luz. Son dos direcciones y metas distintas. Si actúas según los objetivos y los requisitos de Dios para el hombre, tu humanidad será más normal, tendrás mayor semejanza humana y te acercarás más a Dios. Si te comportas de acuerdo con los pensamientos y las ideas de la cultura tradicional, perderás cada vez más conciencia y razón, serás incluso más falso y farsante, seguirás las tendencias del mundo aún más y pasarás a formar parte de las fuerzas del mal. A partir de ese momento, vivirás completamente en la oscuridad, bajo el poder de Satanás. Habrás vulnerado la verdad y traicionado a Dios por completo.

Satanás ha corrompido profundamente a las personas que viven en esta sociedad real. Independientemente de si han recibido formación o no, una gran parte de la cultura tradicional está arraigada en sus pensamientos e ideas. En particular, las mujeres deben atender a sus maridos y criar a sus hijos, ser buenas esposas y madres cariñosas, dedicar su vida entera a sus maridos e hijos y vivir para ellos, asegurarse de que la familia tome tres comidas completas al día, lavar la ropa, limpiar la casa y hacer bien todas las otras tareas domésticas. Este es el estándar aceptado para ser una buena esposa y una madre afectuosa. Las mujeres también piensan que las cosas deberían hacerse de esta manera; si las hacen de otro modo, no son buenas mujeres e infringen la conciencia y los criterios de moralidad. Infringir estos criterios morales pesará mucho en la conciencia de algunas; sentirán que han decepcionado a sus maridos e hijos y que no son buenas mujeres. Pero una vez que creas en Dios y hayas leído muchas de Sus palabras, entendido algunas verdades y calado algunos asuntos, pensarás: “Soy un ser creado y debería cumplir mi deber como tal y esforzarme por Dios”. En este momento, ¿hay algún conflicto entre ser una buena esposa y una madre amorosa y cumplir tu deber como ser creado? Si quieres ser una buena esposa y una madre cariñosa, no puedes dedicar todo tu tiempo a cumplir tu deber, pero si quieres dedicarte por completo a cumplir tu deber, no puedes ser una buena esposa y una madre afectuosa. ¿Qué haces en ese caso? Si eliges cumplir bien tu deber, encargarte del trabajo de la iglesia y ser leal a Dios, debes renunciar a ser una buena esposa y una madre amorosa. ¿Qué pensarías en esta situación? ¿Qué tipo de desacuerdo surgiría en tu mente? ¿Sentirías que has decepcionado a tus hijos y a tu marido? ¿De dónde proviene este sentimiento de culpa y desasosiego? Cuando no cumples bien el deber de un ser creado, ¿sientes que has decepcionado a Dios? No tienes ningún sentimiento de culpa o reproche porque no hay el más ligero indicio de la verdad en tu corazón y en tu mente. Por tanto, ¿qué es lo que entiendes? La cultura tradicional y ser una buena esposa y una madre cariñosa. De esta manera, surgirá en tu mente esta noción: “Si no soy una buena esposa y una madre afectuosa, no soy una mujer buena ni decente”. A partir de ese momento, esta noción te atará y te encadenará, y seguirá siendo así incluso después de que creas en Dios y cumplas tu deber. Cuando haya un conflicto entre cumplir tu deber y ser una buena esposa y una madre amorosa, aunque tal vez elijas de mala gana cumplir tu deber, pues quizá tienes un poco de lealtad, seguirás sintiéndote desasosegada y culpable en el corazón. Por tanto, cuando tengas un poco de tiempo libre mientras cumplas tu deber, buscarás la oportunidad de cuidar de tus hijos y de tu marido, querrás compensarlos aún más y pensarás que eso está bien, aunque debas sufrir más, con tal de tener la conciencia tranquila. ¿Acaso no proviene todo esto de la influencia de las ideas y las teorías de la cultura tradicional sobre ser una buena esposa y una madre cariñosa? Ahora tienes un pie puesto en cada lado: quieres cumplir tu deber bien, pero también quieres ser una buena esposa y una madre afectuosa. Sin embargo, ante Dios solo tenemos una responsabilidad, una obligación, una misión: cumplir correctamente el deber de un ser creado. ¿Has cumplido bien este deber? ¿Por qué volviste a desviarte del camino? ¿Realmente no te sientes culpable ni te haces reproches en tu interior? Al cumplir tu deber, puedes alejarte del camino porque la verdad todavía no se ha asentado ni reina en tu corazón. Aunque ahora seas capaz de cumplir tu deber, en realidad aún no estás a la altura de los criterios de la verdad ni de los requisitos de Dios. ¿Puedes apreciar claramente este hecho ahora? ¿A qué se refiere Dios cuando dice que “Dios es la fuente de la vida del hombre”? El sentido de esta frase es que todo el mundo se dé cuenta de lo siguiente: la vida y el alma de todos provienen de Dios y Él las creó; no provienen de nuestros padres y, ciertamente, tampoco de la naturaleza, sino que Dios nos las ha dado. Solo nuestra carne nació de nuestros padres, del mismo modo que nuestros hijos nacen de nosotros, pero su destino está totalmente en manos de Dios. El hecho de que podamos creer en Dios es una oportunidad que Él ofrece; Él así lo decreta y es Su gracia. Por tanto, no es necesario que cumplas tus obligaciones o responsabilidades hacia nadie más; solo deberías cumplir tu deber hacia Dios como ser creado. Esto es lo que la gente debe hacer por encima de cualquier otra cosa, la acción principal que se debe llevar a cabo como asunto primordial de la vida de cada uno. Si no cumples bien tu deber, no eres un ser creado cualificado. A ojos de otros, es posible que seas una buena esposa y una madre cariñosa, una ama de casa excelente, una buena hija y un miembro destacado de la sociedad, pero ante Dios eres alguien que se rebela contra Él, que no ha cumplido en absoluto su obligación o deber, que aceptó Su comisión, pero no la completó, y que se rindió a mitad de camino. ¿Puede alguien así ganar la aprobación de Dios? Este tipo de personas no tiene ningún valor. Por muy perfecta que seas como esposa y madre, por muy elevados que sean tus valores de moralidad social, o por mucho que te aprueben otros, eso no quiere decir que pongas en práctica la verdad, y mucho menos que te sometas a Dios. Si sientes aversión por la verdad y te niegas a aceptarla, esto solo demuestra que no tienes conciencia ni razón, ni una humanidad normal, y que no tienes a Dios en el corazón en absoluto. ¿Acaso este tipo de persona no dista demasiado de los requisitos de Dios? Quienes no persiguen la verdad son así, siempre viven según las ideas y teorías de la cultura tradicional, y siguen las tendencias de la sociedad, pero no aceptan la verdad ni son capaces de someterse a Dios. ¿Acaso no son unas personas empobrecidas y lamentables? ¿Acaso no son estúpidas e ignorantes? ¿Vale la pena jactarse y estar orgullosa de ser una buena esposa y una madre cariñosa, de ser una mujer buena que agrada a todo el mundo?

Todas las cosas que la gente alberga en el corazón no se corresponden realmente con la verdad y son hostiles hacia Dios. Entre estas cosas se incluyen las que creemos que son positivas y buenas y las que se consideran generalmente correctas. Incluso las contemplamos como la verdad, como necesidades humanas y como situaciones que se deberían experimentar. Sin embargo, para Dios son aborrecibles. ¿Hasta qué punto las ideas que el hombre considera correctas o las cosas que cree que son positivas están lejos de las verdades que Dios ha expresado? Muy lejos, en efecto; la distancia es inmensurable. Por tanto, debemos conocernos a nosotros mismos y vale la pena escarbar y analizar profundamente desde la formación académica que hemos recibido hasta nuestras búsquedas y preferencias, desde nuestros pensamientos y nuestras ideas hasta las sendas que elegimos y recorremos. Algunas de estas cosas se heredan de la familia, otras provienen de la escuela o de la influencia y del condicionamiento de los entornos sociales, otras se aprenden de los libros y otras más se derivan de nuestras figuraciones y nociones. Estas son las cosas más aterradoras, porque dominan nuestras mentes y rigen las motivaciones, las intenciones y los objetivos de nuestros actos. También condicionan y controlan nuestras palabras y acciones. Si no las sacamos a la luz y las rechazamos, nunca aceptaremos plenamente las palabras de Dios, ni admitiremos sin reservas Sus requisitos, ni los pondremos en práctica. Mientras tengas tus propios puntos de vista e ideas, así como cosas que consideres correctas, nunca aceptarás incondicionalmente las palabras de Dios ni las practicarás en su forma original; sin duda procesarás Sus palabras en el corazón y solo las practicarás después de amoldarlas a tus nociones. Así es como te comportarás y “ayudarás” a otros: los llevarás a hacer cosas según tus métodos. Parecerá que pones en práctica las palabras de Dios, pero lo que practicarás serán adulteraciones humanas. No serás consciente de esto y pensarás que estás practicando la verdad, que ya has entrado en la realidad-verdad y que ya has ganado la verdad. ¿Acaso no es esta una actitud arrogante y santurrona? ¿Acaso no es algo aterrador un estado como este? Si la gente no es meticulosa a la hora de practicar la verdad, habrá desviaciones. Si uno siempre se basa en sus figuraciones para poner en práctica las palabras de Dios, no solo no está practicando la verdad, sino que tampoco puede lograr someterse a Él. Si uno pretende entrar en la realidad-verdad, debe reflexionar sobre las nociones y figuraciones que hay en su interior y sobre cuáles de sus ideas no se ajustan a la verdad. Al analizar minuciosamente estas cosas, no bastará con una o dos palabras para explicarlas minuciosamente o para que queden claras. Por supuesto, en la vida hay muchas otras cuestiones como esta. Como las más de cien ponzoñas de Satanás recogidas en el pasado; puede que hayas entendido las palabras y las expresiones, pero ¿cómo has reaccionado ante ellas? ¿Has reflexionado al respecto? ¿Acaso no compartes también estas ponzoñas? ¿No reflejan asimismo tu manera de pensar? Cuando haces cosas, ¿acaso no te comportas también según estas ponzoñas? Debes ahondar en tu experiencia personal y compararla con estas palabras. Si simplemente leéis por encima las palabras de Dios que dejan en evidencia las ponzoñas de Satanás, si solo les echáis un vistazo, o si pensáis en ellas en términos simples, admitiendo que estas cosas realmente son ponzoñas y corrompen y perjudican a la gente, y después dejáis de lado las palabras de Dios, no tendréis manera de corregir vuestro carácter corrupto. Mucha gente lee las palabras de Dios sin ser capaz de relacionarlas con la realidad. Simplemente las lee y echa un vistazo al texto y, en tanto que entienda su significado literal, cree haber comprendido las palabras de Dios o incluso la verdad. Sin embargo, nunca reflexiona sobre sus actitudes corruptas y, cuando sabe que revela corrupción, no busca la verdad para resolverla. Se contenta meramente con admitir que todos los estados que desenmascaran las palabras de Dios son reales y revelaciones de actitudes corruptas, y ahí se queda. ¿Puede conocerse verdaderamente a sí mismo alguien que lea las palabras de Dios de esta forma? ¿Puede despojarse de su carácter corrupto? De ninguna manera. La mayoría de las personas que creen en Dios lo hacen de este modo y, en consecuencia, no transforman su carácter después de diez o veinte años de fe. La causa principal de esto es que no se esfuerzan por las palabras de Dios y no pueden aceptar la verdad ni someterse a ella en el corazón. Al practicar, simplemente observan los preceptos y evitan hacer grandes males, y con eso piensan que practican la verdad. ¿Acaso no hay una desviación en su práctica? ¿Es así de simple practicar la verdad? Las personas son seres vivos y todas tienen pensamientos; en particular, toda la gente tiene actitudes corruptas muy arraigadas en el corazón y diversos pensamientos e ideas que surgen de la dominación de su naturaleza satánica. Todos estos pensamientos e ideas son revelaciones de un carácter satánico. Si las personas no son capaces de analizar minuciosamente y conocer estas cosas sobre la base de la verdad de las palabras de Dios, no tienen manera de conocer su esencia corrupta ni se pueden limpiar sus actitudes corruptas. ¿Por qué los que no aceptan la verdad son tan arrogantes, santurrones y recalcitrantes? Porque todos tienen distintos pensamientos y opiniones sobre diversas cosas, así como algunas ideas y teorías que los guían, de modo que sienten que son correctos, menosprecian a los demás y son arrogantes, santurrones y recalcitrantes. Por mucho que otros les hablen de la verdad, ellos no están dispuestos a aceptarla y siguen viviendo según sus pensamientos e ideas porque estos ya se han convertido en su vida. Lo cierto es que en todo lo que haces hay un pensamiento o una idea en tu interior que dicta tu manera de hacerlo y la dirección en la que lo haces. Si no eres consciente de esto, deberías reflexionar sobre ti mismo a menudo; así sabrás cuáles de tus pensamientos e ideas controlan tus actos y obras. Por supuesto, si ahora tuvieras que revisar tus pensamientos e ideas, sentirías que no hay nada en ellos que sea hostil hacia Dios, que eres honesto y leal, que cumples tu deber voluntariamente, que puedes renunciar a cosas y que te esfuerzas por Dios. Sentirías que lo haces bien en todos esos aspectos. Pero cuando Dios se ponga realmente serio contigo, cuando te haga hacer algo que no se ajuste a tus nociones, algo que no estés dispuesto a hacer, ¿cómo enfocarás la situación? En ese momento se pondrán en evidencia tus pensamientos, ideas y actitudes corruptas, como el agua que se derrama de una esclusa abierta: no puedes controlarla, por más que quisieras. Esto te impedirá practicar la verdad y someterte a Dios. Dirás: “¿Por qué no puedo controlarme? No quiero resistirme a Dios, así que ¿por qué lo hago? No quiero opinar sobre Él ni tener nociones sobre Sus acciones; ¿por qué lo juzgo entonces? ¿Por qué tengo todavía estas nociones?”. En ese momento, deberías hacer introspección, conocerte a ti mismo y examinar qué hay en tu interior que se resiste a Dios o es hostil y contrario hacia la obra que Él lleva a cabo actualmente. Si puedes llegar a comprender estas cosas y resolverlas según la verdad en las palabras de Dios, progresarás en la vida y entenderás la verdad.

En China gobierna un partido político ateo y al pueblo chino se le educa en el ateísmo y la evolución, con dichos populares como: “Todo proviene de la naturaleza” y “Los humanos descienden de los simios”. Después de creer en Dios y leer Sus palabras, sabes que Él creó los cielos, la tierra y todas las cosas, incluidos los seres humanos, y todo el mundo es capaz de sentir en el corazón que la palabra de Dios es verdadera. Todo lo que hay en la naturaleza es la creación de Dios y nada habría llegado jamás a ser si Él no lo hubiera creado. Decir que los humanos provienen de los simios es particularmente indefendible, ya que en toda la historia humana nadie ha visto jamás a un simio convertirse en un humano. No hay ninguna prueba al respecto y, por tanto, todo esto no es más que las mentiras y el engaño de Satanás. Los que entienden la verdad rechazan las palabras endiabladas, las herejías y las falacias de Satanás y creen en la Biblia y en las palabras de Dios sin un atisbo de duda. Pero para aquellos que no aman la verdad es imposible aceptar plenamente que las palabras de Dios son la verdad. Algunos podrían preguntarse: “Dios creó al hombre, pero ¿cómo? ¿Por qué no lo he visto? No creo en lo que no he visto”. Su fe en Dios se basa en lo que pueden ver con sus propios ojos. Eso no es tener fe. El hombre provino de Dios y Él ha dirigido al hombre paso a paso hasta el momento presente, siendo siempre Soberano de su destino. Esto es un hecho. En los últimos días, Dios ha desvelado todos estos misterios y ha dicho que el hombre tiene reencarnación y transmigración, que Él ha dado la vida y el alma humanas y que estas provienen de Él. Esta es la verdad. Pero cada vez que te enfrentas a este aspecto de la verdad, dado que no aceptas que estas palabras de Dios sean la verdad, lo comparas con tus propios pensamientos e ideas: “Ya que el hombre no provino de los simios, sino de Dios, ¿cómo es que vino de Dios? ¿Cómo dio Él vida al hombre?”. Si no entiendes a Dios, pensarás que es imposible que Él tenga el poder, la sabiduría o la autoridad para crear al hombre con tan solo un soplo o una palabra. No crees que esto sea un hecho o que sea la verdad. Cuando te asaltan las dudas, te resistes a estas palabras de Dios y dices que no crees en ellas, pero de hecho tu corazón se encuentra en un estado de resistencia y tiene una actitud de oposición. No estás dispuesto a escuchar cuando Dios expresa estas palabras, sientes hostilidad en el corazón y no eres capaz de decir amén a las palabras de Dios. En realidad, si observamos los hechos, no nos hace falta investigar cómo o cuándo Dios hizo al hombre, quién lo vio o si alguien puede dar testimonio de ello. No es necesario que la gente estudie estas cosas. Cuando entienden genuinamente la verdad y conocen las obras de Dios, las personas son capaces de dar testimonio por sí mismas. ¿Cuál es el asunto clave en el que deberían centrarse ahora? La respuesta es: conocer la obra de Dios. De principio a fin, Él ha estado llevando a cabo Su obra de gestionar al hombre y de salvarlo en medio de la humanidad. De principio a fin, solo hay un Dios que obra, que habla, que enseña y que guía a la humanidad. Este Dios existe. Dios ha expresado muchas palabras ahora, ya lo hemos visto cara a cara, lo hemos oído hablar, hemos experimentado Su obra, hemos comido y bebido Sus palabras y las hemos aceptado en nosotros para que se vuelvan nuestra vida. Y estas palabras nos guían y nos cambian constantemente. Este Dios existe de verdad. Por tanto, deberíamos creer, como dijo Dios, la realidad de que Él creó a la humanidad y de que creó a Adán y Eva en el principio. Como crees que este Dios existe y has venido ahora delante de Él, ¿sigues necesitando confirmar que la obra que hizo Jehová es la obra de este Dios? Si nadie puede confirmarlo y nadie lo presencia, ¿no lo creerás? O respecto a la obra de la Era de la Gracia, ¿no crees que Jesús fue la encarnación de Dios porque nunca lo viste? Si al Dios actual no lo vieras personalmente hablar, ni obrar, ni lo vieras encarnado, ¿no lo creerías? Si no vieras estas cosas o si no hubiera testigos que las confirmen, ¿no creerías en todas ellas? Esto se debe al punto de vista disparatadamente falso que las personas tienen en su interior. Es un error que muchas personas cometen. Tienen que verlo todo personalmente y, si no es así, no lo creen. Esto es erróneo. Solo aquel que conozca verdaderamente a Dios, que sea capaz de creer en Su palabra sin ver los hechos y de corroborarla, es el tipo de persona que entiende la verdad y tiene una fe verdadera. Haber visto estas palabras de Dios y haber oído Su voz es suficiente para que tengamos una fe verdadera y, por tanto, lo sigamos y creamos en todas las palabras y las obras que provienen de Él. No nos hace falta seguir analizando o investigando cosas. ¿Acaso no es este el tipo de razón que la gente debería tener? Cuando Dios creó a la humanidad, no hubo nadie que lo presenciara, pero ahora Él se ha hecho carne para expresar verdades, salvar al hombre, realizar Su obra de una manera práctica, caminar entre las iglesias y obrar entre la humanidad. ¿Hay mucha gente que no haya visto esto? No todo el mundo es capaz de verlo, pero tú crees en ello. ¿Por qué? ¿Acaso no crees en ello solo porque sientes que las palabras de Dios son la verdad y que esto es el camino verdadero y la obra de Dios? ¿Puedes seguir diciendo: “En esta etapa de la obra de Dios, lo oí hablar y también vi Sus palabras. Es cierto que estas palabras provinieron de Él. Pero por lo que respecta a la obra de la crucifixión del Señor Jesús, no toqué Sus marcas de los clavos, de modo que no creo que lo crucificaran. No presencié la obra que Jehová Dios hizo durante la Era de la Ley ni oí los mandamientos cuando Él los proclamó. Solo Moisés los oyó y escribió sus Cinco Libros, pero no sé cómo los escribió”? ¿Es normal el estado mental de las personas que dicen estas cosas? Son no creyentes y no personas que creen verdaderamente en Dios. Es como cuando los israelitas dijeron: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?” (Números 12:2).* Lo que querían decir era: “No escucharemos a Moisés, debemos oírlo personalmente de Jehová Dios”. Al igual que cuando la gente dijo durante la Era de la Gracia que no creía que crucificaran a Jesús ni que Él resucitara de entre los muertos porque no lo había visto personalmente con sus propios ojos. Un discípulo, llamado Tomás, insistió en tocar las marcas de los clavos de Jesús. ¿Y qué le dijo el Señor Jesús? (“Tomás, crees porque me has visto; benditos los que no han visto, pero aun así creen” (Juan 20:29)). “Benditos los que no han visto, pero aun así creen”. ¿Qué significa esto en realidad? ¿Realmente no vieron nada? De hecho, a través de todas las cosas que Jesús había dicho y de toda la obra que hizo ya se había demostrado que Él era Dios y que, por tanto, la gente debería haber creído en ello. A Jesús no le hizo falta hacer más señales y prodigios ni expresar más palabras, y a la gente no le hizo falta tocar Sus marcas de los clavos para creer. La fe verdadera no se basa solo en ver, sino que, mediante una confirmación espiritual, la fe se mantiene hasta el mismísimo final y nunca surge ninguna duda. Tomás fue un no creyente que solo confiaba en lo que veía. No seáis como Tomás.

En la iglesia hay realmente algunas personas como Tomás. Dudan constantemente de la encarnación de Dios y aguardan a que Él se marche de la tierra y regrese al tercer cielo, y esperan ver a la persona real de Dios para creer de una vez por todas. No creen en Él por las palabras que ha expresado durante Su encarnación. El momento en el que este tipo de personas comiencen a creer ya será demasiado tarde, y será entonces que Dios las condenará. El Señor Jesús dijo: “Tomás, crees porque me has visto; benditos los que no han visto, pero aun así creen”.* Estas palabras significan que el Señor Jesús ya lo había condenado y que Tomás es un no creyente. Si crees verdaderamente en el Señor y en todo lo que Él ha dicho, serás bendecido. Si has seguido al Señor durante mucho tiempo, pero no crees en Su capacidad para resucitar o que Él es el Dios todopoderoso, no tienes una fe verdadera y no podrás alcanzar bendiciones. Las bendiciones solo se pueden obtener a través de la fe, y no las conseguirás si no crees. ¿Únicamente puedes creer en algo si Dios aparece ante ti, te permite verlo y te convence en persona? Como ser humano, ¿acaso eres apto para pedirle a Dios que se te aparezca de manera personal? ¿Acaso eres apto para hacer que le hable personalmente a un ser humano corrupto como tú? ¿Y qué cualificaciones tienes para necesitar que Él te explique todo con claridad para que creas? Si posees razón, creerás con tan solo leer estas palabras que Dios ha pronunciado. Si de verdad crees, no importa lo que Él haga o diga. En su lugar, al ver que estas palabras son la verdad, estarás convencido al cien por cien de que Dios dijo e hizo estas cosas, y ya estarás preparado para seguir a Dios hasta el final. No tienes que dudarlo. Las personas que están llenas de dudas son demasiado falsas. Sencillamente no pueden creer en Dios. Siempre están intentando entender esos misterios y solo creerán después de comprenderlos por completo. Su condición previa para creer en Dios es tener respuestas claras a preguntas como: ¿Cómo vino Dios encarnado? ¿Cuándo llegó? ¿Cuánto tiempo se quedará antes de tener que marcharse? ¿Dónde irá después de marcharse? ¿De qué manera se marchará? ¿Cómo obra Dios encarnado y cómo se marcha?… Quieren entender algunos misterios; están aquí para investigarlos, no para buscar la verdad. Piensan que no serán capaces de creer en Dios si no desentrañan estos misterios. Es como si su fe hubiese sido obstaculizada. El punto de vista de estas personas es un problema. Una vez que tienen el deseo de investigar misterios, no se preocupan por prestar atención a la verdad ni atender a las palabras de Dios. ¿Acaso podrían conocerse a sí mismas tales personas? No les resulta fácil conocerse a sí mismas. Con esto no se pretende condenar a cierto tipo de personas. Alguien que no acepta la verdad ni cree en las palabras de Dios no tiene una fe verdadera. Se centrará simplemente en palabras, misterios, cosas triviales o problemas en los que la gente no se había fijado y le buscará tres pies al gato. Pero también es posible que un día Dios lo esclarezca, o que sus hermanos y hermanas lo ayuden al hablarle de la verdad a menudo, y cambie de actitud. El día que esto suceda, sentirá que sus ideas anteriores eran demasiado absurdas, que fue demasiado arrogante y que se tenía excesivamente bien considerado, y se avergonzará. Los que tengan una fe genuina confiarán en lo que Dios diga sin dudar en ningún momento y su fe será aún más fuerte cuando tengan cierta experiencia y vean que se cumplen y concretan todas las palabras de Dios. Este tipo de persona tiene entendimiento espiritual, cree en la verdad, puede aceptarla y tiene fe genuina.

Primavera, 2008

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