Reunido con el Señor

Por Jianding, Estados Unidos

Nací en una familia católica y desde temprana edad mi madre me enseñó a leer la Biblia. Eran los tiempos en que el Partido Comunista chino estaba construyendo la nación tras la guerra civil y, dado que el Gobierno del PCCh estaba suprimiendo todas las religiones, fue a los 20 años de edad cuando por fin tuve la oportunidad de ir a la iglesia a escuchar sermones. El sacerdote solía decirnos: “Los católicos debemos confesar nuestros pecados y arrepentirnos como Dios manda. Debemos hacer el bien, no el mal, e ir siempre a misa. En los últimos días, el Señor vendrá a juzgar a todos y enviará a las personas al cielo o al infierno según su comportamiento. Las que cometan pecados mortales sufrirán el castigo eterno en el infierno, mientras que aquellas que cometan pecados veniales podrán ir al cielo siempre y cuando confiesen sus pecados al Señor y se arrepientan. Quien no crea en el Señor jamás irá al cielo por muy bueno que sea”. Cuando oía esto me alegraba de haber tenido la suerte de nacer en la fe católica. Me decía a mí mismo que debía buscar en serio, ir a misa con mayor frecuencia y confesar mis pecados y arrepentirme más ante el Señor para poder ir al cielo y no sufrir en el infierno. Fue entonces cuando tomé la decisión de ir a la iglesia y participar en misa con regularidad. El sacerdote también nos contaba en aquel entonces que el Señor regresaría en el año 2000. Estábamos todos exultantes al oír aquello y nos tomábamos muy en serio nuestra búsqueda mientras esperábamos el regreso del Señor. Sin embargo, el año 2000 se fue como vino y no vimos ninguna señal del regreso del Señor. Muchos de nuestra congregación perdieron la fe y cada vez asistía menos gente a misa. Yo también tenía una sensación de desilusión, pero seguía creyendo que mi fe en el Señor no se vería afectada hicieran lo que hicieran los demás, pues en muchas ocasiones había estado en peligro y el Señor me había protegido y yo había salido sano y salvo. De no haber sido por la protección del Señor, habría muerto mucho antes, así que no iba a ser tan ingrato como para perder la fe en Él.

Durante los años siguientes, oía decir e mi entorno que los EE. UU. eran “el cielo en la tierra”, por lo que creció dentro de mí un fuerte deseo de venir aquí. En diciembre de 2014, toda mi familia emigró a los EE. UU., pero la realidad de la vida aquí no se parecía en nada a la hermosa imagen mental que tenía yo. Al principio todo nos resultaba desconocido en los EE. UU.: éramos unos extraños en tierra extraña. El ambiente y el clima eran muy distintos de aquellos a los que yo estaba acostumbrado en China y pronto empecé a padecer molestias físicas. A menudo estaba débil y apático, totalmente desprovisto de energía, pero cuando iba a los médicos no me encontraban nada malo. No sabía a quién acudir, así que comencé a orar al Señor con incluso más ahínco, esperando recibir Su protección. Mientras continuaba con mis oraciones, me puse a buscar una iglesia en la que pudiera asistir a misa y acabé encontrado una de cristianos chinos. No obstante, tras ir a la iglesia unas cuantas veces, descubrí que no era muy diferente de la sociedad del día a día: los miembros de la congregación eran superficialmente amistosos, pero sus relaciones se regían por el poder y el dinero. Esta situación en la iglesia me decepcionaba mucho. Pensaba para mis adentros: “Oh, Señor, ¿cuándo regresarás? Cuando regreses, separarás a los buenos de los malos y purificarás el mundo”. Aunque seguía yendo a misa, nunca sentía la presencia de Dios en la iglesia, lo cual solía dejarme decepcionado y deprimido y tuvo repercusión en mi fe.

Un día de julio de 2015, mientras trabajaba fuera del estado, recibí una llamada telefónica de mi esposa. Con emoción, me dijo: “El Señor ha regresado. ¡Ha declarado unas palabras y está realizando la obra del juicio de los últimos días! Vuelve pronto para que juntos aceptemos la nueva obra de Dios”. Al oírlo no pude evitar desconfiar un poco. Pensé: “¿Ha regresado el Señor? ¿Cómo es posible? Cuando el Señor regrese, lo hará para juzgar al mundo y separar a los buenos de los malos, pero ahora que los buenos y los malos están todavía mezclados, ¿por qué afirma mi esposa que el Señor ha regresado? ¿Ahora tiene otro sistema de creencias? Hemos sido católicos la mayor parte de nuestra vida; ¡de ningún modo podemos apartarnos de esta senda en este momento!”. Así pues, terminé mi trabajo lo más rápido que pude y volví a casa.

A mi regreso, le pregunté a mi mujer: “¿Cómo sabes que el Señor ha regresado? No te habrás apartado de la senda, ¿verdad? Afirmas que el Señor ha regresado para realizar la obra del juicio, pero actualmente los buenos y los malos aún están mezclados, así que ¿cómo puede ser que el Señor ya haya regresado? Podemos anhelar el regreso del Señor, ¡pero no podemos ser desleales a Él!”. Me escuchó y luego me contestó pacientemente: “Bueno, no te preocupes. Simplemente acabo de enterarme del regreso del Señor. En la actualidad, la Iglesia de Dios Todopoderoso está dando testimonio del regreso del Señor y Dios Todopoderoso está expresando verdades para llevar a cabo la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. No tengo claros los pormenores, pero he estado leyendo en internet muchas de las palabras que ha expresado Dios Todopoderoso y estoy segura de que todas ellas son la voz de Dios. El Señor manifestó en una ocasión: ‘Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen’ (Juan 10:27). Podemos averiguar si Dios Todopoderoso es el retorno del Señor yendo juntos a investigarlo a la Iglesia de Dios Todopoderoso, ¿de acuerdo?”. Lo que decía mi esposa parecía razonable y el regreso del Señor para realizar la obra del juicio está en consonancia con las profecías bíblicas, por lo que supuse que no tenía nada de malo que fuera con ella a la Iglesia para verificarlo y poder tomar una decisión.

Por tanto, mi mujer y yo fuimos a casa del hermano Zhang, miembro de la Iglesia de Dios Todopoderoso. También fueron el hermano Wang, la hermana Li y algunos católicos más. Verme tan acompañado me tranquilizó enormemente. Tras una breve charla de cortesía, nos sentamos todos y les pregunté a los hermanos y hermanas: “Así entiendo yo el regreso del Señor: cuando regrese para llevar a cabo la obra del juicio, separará a los buenos de los malvados y después admitirá a los buenos en el cielo para que se encuentren con Él, mientras que a los malvados los enviará al infierno y castigará. Ustedes alegan que el Señor ha regresado y está realizando la obra del juicio; entonces, ¿por qué no hemos visto que haya sucedido nada de esto?”. El hermano Wang me respondió: “Hermano, yo pensaba lo mismo. También pensaba que el regreso del Señor implicaba que separaría a los buenos de los malvados, que los buenos vivirían en el cielo eternamente y los malvados serían castigados y que, si no contemplábamos nada de esto, quedaría demostrado que el Señor no había regresado. Sin embargo, después de leer las palabras de Dios Todopoderoso, me di cuenta de que esas son únicamente nuestras nociones y fantasías, no la realidad de la obra de Dios. La manera de Dios de acometer la obra del juicio en los últimos días es algo que solo Él planea y organiza. La sabiduría de Dios sobrepasa los cielos y a ojos de Dios los seres humanos somos tan pequeños como una mota de polvo; entonces, ¿cómo podemos entender la obra de Dios? La Biblia dice: ‘¿Quién guió al Espíritu del Señor, o como consejero suyo le enseñó?’ (Isaías 40:13). ‘He aquí, las naciones son como gota en un cubo, y son estimadas como grano de polvo en la balanza; he aquí, Él levanta las islas como al polvo fino’ (Isaías 40:15). Cada uno de nosotros tiene sus propias ideas, por lo que podemos especular sobre la obra de Dios como queramos, pero Dios jamás lleva a cabo Su obra según lo que nosotros imaginamos. Si delimitamos la obra de Dios con nuestras fantasías, ¿no somos sumamente arrogantes? Entonces, ¿cómo realiza Dios Su obra del juicio? ¿Cómo separa a los buenos de los malos? Leamos varios pasajes de palabras de Dios Todopoderoso para que nos ayuden a comprenderlo. Dijo Dios Todopoderoso: ‘La obra de juicio es la propia obra de Dios, por lo que, naturalmente, debe ser hecha por Dios mismo; no puede ser hecha por el hombre en Su lugar. Puesto que el juicio es la conquista de la raza humana por medio de la verdad, es incuestionable que Dios todavía aparezca como la imagen encarnada para hacer esta obra entre los hombres. Es decir, en los últimos días Cristo usará la verdad para enseñar a los hombres alrededor de la tierra y hacer que todas las verdades sean conocidas por ellos. Esta es la obra de juicio de Dios’ (‘Cristo hace la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). ‘Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se clasificarán según su tipo, y se dividirán en diferentes categorías en base a su naturaleza. Este es el tiempo cuando Dios revela el final y el destino del hombre. Si este no pasa por el castigo y el juicio, no habrá forma de revelar su desobediencia y su injusticia. Sólo por este medio se puede manifestar el final de todas las cosas. El hombre sólo muestra realmente lo que es cuando es castigado y juzgado. El mal se pondrá con el mal, el bien con el bien, y toda la humanidad será clasificada según sus tipos. A través del castigo y del juicio se revelará el final de todas las cosas, de forma que los malos serán castigados y los buenos recompensados, y todas las personas se someterán al dominio de Dios. Toda la obra debe lograrse por medio del castigo y del juicio justos. Como la corrupción del hombre ha alcanzado su punto culminante y su desobediencia ha sido demasiado grave, sólo el carácter justo de Dios, que es principalmente de castigo y juicio, y se revela durante los últimos días, puede transformar y completar totalmente al hombre. Sólo este carácter puede dejar el mal al descubierto y castigar así con severidad a todos los injustos’ (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”). ‘Mi propósito al hacer la obra de conquista no es exclusivamente conquistar por el simple hecho de conquistar, sino conquistar para revelar la justicia y la injusticia, obtener pruebas para el castigo del hombre, condenar al malvado y, más aún, conquistar para perfeccionar a aquellos que obedecen voluntariamente. Al final, todos serán separados según su clase, y aquellos que son perfeccionados tienen pensamientos e ideas llenos de obediencia. Esta es la obra que se completará al final. Pero todos aquellos que estén llenos de formas rebeldes serán castigados, enviados a arder en el fuego, y se transformarán en objeto de eterna maldición’ (‘Los que obedecen a Dios con un corazón verdadero, con seguridad serán ganados por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tenemos la noción de que la venida de Dios para realizar la obra del juicio consiste en que separará directamente el trigo de la cizaña, las ovejas de las cabras, a los siervos buenos de los malos. En otras palabras, la hará para clasificar a todas las personas por tipos. No obstante, si lo pensamos un poco, actualmente hay más de 2000 millones de cristianos en todo el mundo y todos dicen que tienen verdadera fe en Dios y lo aman; entonces, ¿cómo vamos a discernir a los buenos de los malos, a los justos de los inicuos? Si Dios decide que tú eres bueno y yo malo, eso, sin duda, me supondrá un problema porque me parecerá que yo también soy buena persona. Si Dios decide que yo soy bueno y otra persona es mala, a esta también le supondrá un problema. Así pues, ¿cómo sabemos quién es bueno y quién es malo? No lo podemos saber, pues los seres humanos no tenemos los principios ni los criterios para calibrarlo. Si Dios decidiera las cosas de esta manera, está claro que no nos someteríamos, tendríamos nociones al respecto y creeríamos que Dios es injusto e inicuo. Entonces, ¿cómo podría realizar la obra de clasificar a cada cual según su tipo? El Señor que ha regresado en los últimos días, o sea, Cristo de los últimos días —Dios Todopoderoso—, utiliza verdades para llevar a cabo la obra del juicio. Porque la verdad, por medio de las palabras de Dios, revela a todos los cristianos, sean trigo o cizaña, cabras u ovejas, buenos o malos siervos, vírgenes prudentes o vírgenes insensatas. Las vírgenes prudentes son las personas que sinceramente creen en Dios y aman la verdad. Cuando oyen que alguien da testimonio de la venida de Dios, salen a recibirlo e investigan activamente Sus palabras y Su obra. Reconocen la voz de Dios, aceptan Su obra de los últimos días y acabarán recibiendo la purificación y la salvación completa por medio del juicio de Dios. Tendrán la protección de Dios en los grandes desastres, perdurarán y, al final, serán llevadas al reino de Dios. Por el contrario, las vírgenes insensatas no aman la verdad y se empeñan en aferrarse a sus nociones y fantasías o en creer en rumores. No buscan ni estudian la obra de Dios de los últimos días y algunas de ella incluso siguen a los líderes religiosos en su oposición y condena a Dios y en su rechazo a la salvación de Dios de los últimos días. Por todas estas razones, la obra de Dios de los últimos días las revelará como personas malvadas y serán eliminadas. Su destino será sufrir castigos en los grandes desastres. De esto se deduce que la obra de Dios de ubicar a cada cual con los de su tipo en los últimos días no se lleva a cabo según nuestras nociones y fantasías. Por el contrario, Dios emplea el método del juicio para realizar la obra de dejar a las personas al descubierto, y el resultado final es que todas quedan reveladas por completo y clasificadas por tipos en función de si aceptan la verdad o se oponen a ella. ¿No es esta precisamente la sabiduría de Dios, la justicia de Dios, la equidad de Dios?”.

Tras escuchar las palabras de Dios Todopoderoso y las enseñanzas del hermano Wang, recordé la afirmación del sacerdote de nuestra iglesia de que “cuando venga el Señor, separará a los buenos de los malos”, y me di cuenta de que esta noción es simplemente demasiado difusa, demasiado poco práctica, y no coincide en absoluto con la realidad de la obra de Dios. Todos vivimos en pecado, continuamente pecamos y luego confesamos, pero no podemos escapar de este bucle, así que ¿quiénes son las personas verdaderamente buenas? Cuando el Señor regrese, si no nos hemos purificado de nuestros pecados, ¿nos permitirá entrar en el reino de los cielos? Pensar en esto fue como encender una luz en mi corazón y le agradecí al Señor que me guiara. No había ido a aquella reunión en vano, pues en ese momento comprendí que Dios distingue a los buenos de los malos por la manera en que las personas se aproximan a la verdad. Es decir, las personas son buenas o malas dependiendo de si aceptan y obedecen, o no, el juicio y castigo de las palabras de Dios, lo cual constituye la manifestación plena de la justicia de Dios. Con Sus palabras y Su obra, Dios separa el trigo de la cizaña, las ovejas de las cabras, a las vírgenes prudentes de las insensatas, a los verdaderos creyentes de los falsos y a los amantes de la verdad de aquellos que la odian. ¡Cuán sumamente sabio es Dios! Sin embargo, también recordé que el sacerdote decía que cuando el Señor regrese para juzgar a las personas, lo hará una por una y que, asimismo, anotará y juzgará los pecados individuales uno por uno antes de decidir si esa persona va al cielo o al infierno. Pero ahora Dios Todopoderoso afirma que está realizando la obra del juicio de Dios de los últimos días por medio de Sus palabras; entonces, ¿de qué forma utiliza estas palabras para juzgar a la gente?

A continuación, planteé esta pregunta y el hermano Zhang me la respondió leyéndome dos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso: “Algunos creen que Dios puede en algún momento venir a la tierra y aparecerse al hombre, tras lo cual juzgar personalmente a toda la humanidad, probándola uno por uno sin omitir a nadie. Los que piensan de esta manera no conocen esta etapa de la obra de encarnación. Dios no juzga al hombre uno por uno y no prueba al hombre uno por uno; hacerlo así no sería la obra de juicio. ¿No es la corrupción de toda la humanidad la misma? ¿No es la esencia del hombre la misma? Lo que se juzga es la esencia corrupta de la humanidad, la esencia del hombre que Satanás corrompió y todos los pecados del hombre. Dios no juzga los errores frívolos e insignificantes del hombre. La obra de juicio es representativa y no se lleva a cabo especialmente para una cierta persona, más bien, es la obra en la que un grupo de personas es juzgado con el fin de representar el juicio de toda la humanidad. Al llevar a cabo personalmente Su obra en un grupo de personas, Dios en la carne usa Su obra para representar la obra de toda la humanidad, después de lo cual se extiende gradualmente. La obra de juicio también es así. Dios no juzga a una cierta clase de persona o a un cierto grupo de personas, sino que juzga la injusticia de toda la humanidad, la oposición del hombre a Dios, por ejemplo, o la irreverencia del hombre contra Él o la interferencia a la obra de Dios, etc. Lo que se juzga es la esencia de la humanidad en su oposición a Dios y esta obra es la obra de conquista de los últimos días” (‘La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne’ en “La Palabra manifestada en carne”). “En los últimos días Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la esencia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tal como: el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como también la sabiduría y el carácter de Dios, y así sucesivamente. Todas estas palabras son dirigidas a la esencia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios con relación a cómo el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra de juicio, Dios no deja simplemente en claro la naturaleza del hombre con sólo unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda, no pueden ser sustituidos con palabras ordinarias, sino con la verdad que el hombre no posee en absoluto. Sólo los métodos de este tipo se consideran juicio; sólo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios” (‘Cristo hace la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Después, el hermano Zhang me enseñó lo siguiente: “Tenemos la noción de que, durante Su obra del juicio en los últimos días, Dios llamará a cada persona ante Su trono blanco para juzgarla. Cada persona tendrá que arrodillarse en el suelo para confesar cada pecado que haya cometido a lo largo de su vida, y entonces Dios decidirá si va al cielo o al infierno dependiendo de la gravedad de sus pecados. Pensamos que Dios juzga a la gente en función de pecados como el abuso físico o verbal a las personas, el no ser buenos hijos, el robo o el hurto. No obstante, a decir verdad, la obra del juicio de Dios en los últimos días no se ocupa de nuestros comportamientos o defectos externos, sino que pretende juzgar la naturaleza satánica de la humanidad, de oposición a Dios, y cada una de nuestras actitudes corruptas. Entre ellas se encuentran nuestra arrogancia y nuestra altanería, nuestra perversidad y nuestra astucia, nuestro egoísmo y nuestra bajeza, nuestra avaricia y nuestra maldad, etc. Además, tenemos muchos puntos de vista incompatibles con Dios y muchas nociones religiosas e ideas feudales anticuadas. En todas estas cosas se origina nuestra oposición a Dios, son problemas compartidos por toda la humanidad corrupta y son, por tanto, las cosas que la obra del juicio de Dios pretende purificar y transformar. Por consiguiente, las palabras que Dios expresa revelan la naturaleza y esencia de la humanidad y cada integrante corrupto de la humanidad en la tierra forma parte de esto sin excepción. Dicho de otro modo, las palabras del juicio de Dios se dirigen a toda la humanidad, por lo que no es preciso juzgar a las personas individualmente. Leyendo las palabras de Dios Todopoderoso y aceptando el juicio y castigo de las palabras de Dios podemos entender muchas verdades y ver con nitidez la esencia, la naturaleza y la verdad de nuestra corrupción a manos de Satanás. Al hacerlo también podremos reconocer el carácter justo de Dios, cultivar la veneración hacia Él en nuestro corazón y empezar a despreciarnos a nosotros mismos para disponernos a traicionar nuestra carne y a practicar la verdad. De esta forma, nuestro corrupto carácter satánico se irá purificando y nuestros puntos de vista y nuestra visión de la vida también se transformarán. Cuando comencemos a vivir según las palabras de Dios, cuando dejemos de oponernos y resistirnos a Él y, por el contrario, lo obedezcamos y veneremos sinceramente y evitemos el mal, entonces recibiremos Su salvación y nos convertiremos en personas compatibles con Su voluntad. Esta es la realidad y el propósito de que Dios exprese verdades para llevar a cabo la obra del juicio en los últimos días”.

Al escuchar las enseñanzas del hermano Zhang se me quedó una sensación de lo práctica y realista que es la obra del juicio de Dios. Fui capaz de aceptar lo que dijo, que me agradó en lo más profundo de mi corazón. Sí, la gente es arrogante, busca la fama, la fortuna y el estatus, y vive sumida en sus diversas actitudes corruptas. Dios nos juzga con Sus palabras para librarnos de toda la inmundicia y corrupción de nuestro interior. Nuestra naturaleza de oposición a Dios puede de ese modo corregirse y nuestro carácter corrupto transformarse, y entonces podemos convertirnos en personas verdaderamente buenas. Visto así, comprendí que cuando el sacerdote había dicho que el Señor juzgará a las personas y sus pecados uno por uno cuando regrese para juzgar a la humanidad, eso no eran más que nociones y fantasías humanas. No tienen nada que ver con la manera en que Dios realmente lleva a cabo Su obra. Las palabras de Dios Todopoderoso, en efecto, contienen verdades; ¡son la auténtica voz de Dios! En ese momento decidí examinar minuciosamente la obra de Dios Todopoderoso.

Mientras la estudiaba miré numerosas películas evangélicas producidas por la Iglesia de Dios Todopoderoso, tales como Los días de Noé han llegado, El misterio de la piedad y Tomé el último tren, así como algunos videos de himnos de palabras de Dios, como Cuán importante es para el hombre el amor de Dios. También leí muchas de las palabras de Dios Todopoderoso y escuché a los hermanos y hermanas hablar de varios aspectos de la verdad. Esto me ayudó a comprobar que Dios Todopoderoso es, efectivamente, ¡el regreso del Señor Jesús, el único Dios verdadero y el Señor que hemos estado esperando! Con gran alegría acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días.

Desde que creo en Dios Todopoderoso, a menudo me reúno con otros hermanos y hermanas o escucho sermones con ellos. Cada día está lleno de alegría para mí y siento que recibo sustento espiritual. Disfruto del consuelo que emana la obra del Espíritu Santo y empiezo a entender cada vez más verdades. En la Iglesia de Dios Todopoderoso, todos los hermanos y hermanas son muy acogedores y honestos entre sí y nadie trata de engañar a nadie ni se mantiene en guardia. Todos son sencillos, abiertos y sinceros, e incluso cuando manifiestan su carácter corrupto son capaces de conocerse a sí mismos a través de las palabras de Dios y de buscar la verdad para corregirlo. A mi parecer, esta es la única clase de verdadera fraternidad en Cristo. Me impresionan especialmente los videos de himnos, los musicales, los de bailes y cánticos y los de películas evangélicas producidos por la Iglesia de Dios Todopoderoso, que respetan la verdad y dan testimonio de Dios y Su obra de los últimos días. Todo ello tiene por objetivo que la gente se someta y adore a Dios, ¡y realmente la Iglesia sí parece un lugar en el que Dios lleva a cabo Su obra! Haber visto, escuchado y experimentado todo esto es una demostración que llevo en mi corazón de que la Iglesia de Dios Todopoderoso es una auténtica iglesia en la que Dios alimenta y pastorea personalmente a Su rebaño. Que haya podido entrar en la casa de Dios para vivir cara a cara con Él es una bendición excepcional de Dios. En verdad, ¡qué afortunado soy! ¡Gracias, Dios Todopoderoso!

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