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803 El hombre debe tener un corazón temeroso de Dios

1 Aunque parte de la esencia de Dios sea el amor, y Él extienda misericordia a todos, las personas pasan por alto y olvidan el concepto de que Su esencia también es dignidad. Por tanto, una vez hayáis comprendido la gravedad de este asunto, insto a todos y cada uno de vosotros presentes a ser cautos y prudentes en vuestras acciones, en vuestro discurso. Respecto a vuestro trato con Dios, ¡cuanto más cautos y prudentes seáis, mejor! Cuando no entiendas cuál es la actitud de Dios, no hables con descuido, no seas negligente en tus acciones ni apliques etiquetas con irresponsabilidad. Más aún, no llegues a conclusiones de manera arbitraria. En su lugar, debes esperar y buscar; esto también es una manifestación del temor a Dios y de apartarse del mal.

2 Si, por encima de todo, puedes alcanzar este punto y poseer esta actitud, entonces Dios no te culpará por tu estupidez, tu ignorancia y tu irracionalidad. En vez de ello, debido a tu miedo de ofender a Dios, tu respeto por Sus propósitos y tu actitud de estar dispuesto a obedecerlo, Él se acordará de ti, te guiará y te esclarecerá, o tolerará tu inmadurez e ignorancia. Por el contrario, si tu actitud hacia Él fuese irreverente —juzgando arbitrariamente a Dios, suponiendo y definiendo Sus ideas de forma caprichosa— Dios hará caer sobre ti condena, disciplina e incluso castigo; o te hará una declaración. Esta quizás implique tu desenlace.

3 Por tanto, sigo queriendo hacer hincapié en esto una vez más: Debéisser cautos y prudentes con todo lo que viene de Dios. No hables con descuido ni seas irresponsable en tus actos. Antes de decir nada, deberías pensar: ¿Se enojará Dios si hago esto? ¿Hacer esto es temer a Dios? Hasta para los asuntos simples deberías seguir intentando realmente contestar estas preguntas y considerarlas. Si de verdad puedes practicar según estos principios en todas partes, en todas las cosas y en todo tiempo, sobre todo en lo que respecta a aquello que no entiendes, Dios te guiará siempre, y te mostrará la senda que debes seguir.

Adaptado de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

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