Un despertar tardío

5 Jun 2022

Por Lin Min, China

En 2013 acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Por entonces era muy entusiasta. Solía leer la palabra de Dios, ir a reuniones y compartir activamente. Al poco tiempo, mi líder me puso a cargo de unos grupos de reunión, a menudo me animaba a buscar la verdad y se dispuso a formarme como diaconisa de riego. En aquella época disfrutaba de la sensación de ser valorada, así que me esforzaba por enseñar la verdad y resolver los problemas de los hermanos y hermanas. Quería que todos me admiraran y dijeran que tenía aptitud, que, pese a llevar poco tiempo creyendo, sabía enseñar la verdad y resolver problemas y que era alguien que buscaba la verdad.

Luego trasladaron a nuestra iglesia a la hermana Xiaozhen. Al principio, yo me encargaba del riego y me reunía con ella. Con el tiempo, la iglesia celebró elecciones y los demás veían que ella buscaba bien, tenía aptitud y recibía la verdad con pureza, por lo que la eligieron diaconisa de riego. En ese momento descubrí que los hermanos y hermanas la admiraban y la líder la valoraba, y me sentí olvidada. Estaba celosa y muy triste. Pensé: “Si Xiaozhen no estuviera aquí, la líder me promovería a mí en vez de a ella, pero, ahora que ha venido, se ha apropiado de mi corona. Si practica un poco más, me desbancará y los hermanos y hermanas la admirarán más que a mí”. Cuanto más lo pensaba, más me alteraba, hasta el punto de no poder dormir. Para impedir que la líder promoviera a Xiaozhen, en varias ocasiones, delante de la líder, dije: “No hace mucho que cree Xiaozhen, así que no comprende la verdad y no sabe resolver problemas con ella. No es apta para la labor de riego”. La líder vio que me hallaba en un estado de celos, por lo que me habló y me señaló mis problemas: que deseaba estatus, estaba celosa de otras personas y no soportaba que me desbancaran, y que estas eran manifestaciones de mala humanidad. Sabía que estaba mal tener celos de Xiaozhen, que Dios lo aborrecía y que no podía seguir así. Después, aparentemente me dominé y dejé de hablar de Xiaozhen, pero no podía dejar de tenerle envidia. A veces, ella no sabía cosas del trabajo y me preguntaba a mí, y dispuso que yo sustentara a los nuevos fieles. Eso me frustró mucho. Pensé: “Yo te regaba a ti, pero, ahora que tú tienes una posición, me das órdenes. ¿Tengo que aceptarlas? Puede que no sea líder ni obrera, pero no soy peor que tú”. Pensaba: “Tengo que enseñar más la verdad para resolver los problemas de los hermanos y hermanas. De ese modo, me creerán mejor que Xiaozhen. Luego recibiré la mayor parte de su respeto”. A partir de entonces, siempre que los hermanos y hermanas tenían dificultades o padecían estados, buscaba activamente la palabra de Dios para enseñarles y resolverlos. Todos decían que enseñaba bien, lo que me alegraba mucho.

En una ocasión, Xiaozhen señaló los problemas de Liang Jing, Liang Jing no los admitió, comentó ciertos prejuicios y opiniones sobre Xiaozhen en la reunión y yo me regodeé al oírlos: “Es bueno que todos tengan opinión sobre ella. Así los hermanos y hermanas no la llevarán en el corazón”. Enseguida intervine después de Liang Jing: “Yo tampoco tengo una buena impresión de Xiaozhen. Ahora que es diaconisa de riego, creo que actúa como una funcionaria. Siempre me da órdenes”. Cuando terminé, Liang Jing y otra hermana se mostraron de acuerdo. Dije que Xiaozhen tenía experiencias superficiales, no entendía las cosas y hablaba muy brusco. Tras oír mis palabras, los prejuicios de Liang Jing hacia Xiaozhen aumentaron más aún. Posteriormente, en las reuniones, cuando hablaba Xiaozhen, Liang Jing escuchaba con cara larga y a veces discutía constantemente con ella por pequeñeces, por lo que Xiaozhen se sentía limitada y la vida de iglesia se veía perturbada e interrumpida. En aquella época, yo hablaba despreocupadamente con Liang Jing de que debía tratar correctamente a Xiaozhen, pero en realidad estaba muy feliz. Liang Jing siempre discutía con Xiaozhen, lo que sin duda afectaba al estado de esta. Si se ponía negativa y no cumplía bien con el deber, sería relevada y los hermanos y hermanas no la tendrían en tanta estima. Me extrañé cuando el estado de Xiaozhen cambió rápidamente. Aún llevaba una carga en el deber, protegía la labor de la iglesia y tenía sentido de la justicia. Unos meses más tarde, eligieron a Xiaozhen para liderar la iglesia. Los hermanos y hermanas acudían a ella por todo y me sentía muy agraviada: “Yo también sé resolver problemas. No soy peor que ella. No obstante, ahora es ella la líder y, en lo sucesivo, los hermanos y hermanas solo la llevarán en el corazón a ella, no a mí”. Al pensarlo, me sentía celosa y reacia. Luego, en las reuniones, no quería hablarle. Cuando ella no enseñaba claramente o no se había hecho bien un trabajo, yo no procuraba subsanarlo ni arreglarlo. Incluso descubría adrede sus problemas y me dirigía a ella para dejarla en mal lugar.

En una reunión, dos hermanas tuvieron una disputa por sus distintos puntos de vista y eso perturbó la vida de iglesia. Informé de ello a Xiaozhen, pero estaba ocupada con otras cosas y no pudo hablar con ellas para resolverlo a tiempo, así que me agarré a ese problema y, delante de todos, dije que ella no hacía un trabajo práctico, esperando que los hermanos y hermanas ya no la admiraran. Cuando algunos oyeron esto, la culparon por no resolver los problemas, con lo que Xiaozhen se sintió algo negativa y avergonzada. Más adelante, en las reuniones, cuando Xiaozhen estaba presente, siempre competía con ella. Para dejarla en peor lugar y hacer que todos me admiraran, si alguien tenía un problema, pronto averiguaba qué fragmentos de la palabra de Dios lo resolverían y hablaba yo primero. Me aterraba que Xiaozhen lo hiciera antes que yo y no tener la ocasión de lucirme. Cuando Xiaozhen veía que yo resolvía el problema, no hablaba más. Como me lucía tan a menudo, todos me admiraban. En las reuniones de líderes de grupo, los hermanos y hermanas centraban su atención en mí, y esperaban que hablara y corrigiera sus estados y dificultades. Un líder de grupo me advirtió que yo iba en pos de la reputación y la posición y por la senda del anticristo, pero no me lo tomé en serio. Posteriormente, Xiaozhen estaba cada vez más limitada en el deber, enseñaba menos en las reuniones y se hallaba en un estado negativo. A su parecer, sería mejor que yo asumiera su deber. Hasta se ofreció a dimitir varias veces. Al final la destituyeron por hallarse en un mal estado y cumplir mal con el deber. Me alegré al enterarme. Pensé: “Por fin destituyeron a Xiaozhen. Ya no tendrá mejor imagen que yo y los hermanos y hermanas no me creerán peor que ella”.

Al poco tiempo, mi líder se enteró de mi conducta y vino a hablarme. Me reveló por no desempeñar un papel positivo en la iglesia, competir con Xiaozhen por el estatus y ningunearla, juzgarla y excluirla frecuentemente, por lo que ella se sentía negativa y limitada, le resultaba imposible cumplir con el deber y finalmente quiso dimitir. Eso supuso atacarla y perturbar el trabajo de la iglesia. Mi líder también me señaló que, al resolver los problemas de mis hermanos y hermanas, por fuera parecía ser responsable, pero en realidad me estaba luciendo y atrayendo a otros ante mí. Al final, la líder me destituyó, me aisló de los demás y me mandó hacer introspección. A simple vista, acepté y obedecí, pero, dentro de mí, lo consideraba una injusticia. Creía que mi líder aprovechaba mi corrupción y le daba demasiada importancia para castigarme. Descargaba mi insatisfacción en las reuniones señalando que mi líder no seguía los principios, que me castigó arbitrariamente y demás, con lo que todos los presentes se ponían de mi parte y la juzgaban. Por competir por el estatus, formar una camarilla, perturbar gravemente la labor de la iglesia y no hacer la menor introspección ni arrepentirme tras ser revelada y tratada varias veces por líderes, obreros, hermanos y hermanas, al final me echaron de la iglesia.

Me quedé atónita cuando lo supe. Con profundo dolor, lloré mucho. Reflexioné: “Se acabó del todo para mí. No podré tener una vida de iglesia y cumplir con el deber, y no me salvaré”. Sentía que me habían excluido de la casa de Dios, por lo que me habían revelado y descartado. Cuando oraba a Dios, no notaba Su presencia y me sentía muerta. Ante el hecho de que me hubieran revelado los hermanos y hermanas, más allá del dolor y el despecho, tenía muchas quejas y mucha resistencia. Recapacité: “¿En serio he cometido tanta maldad? ¿Tan grave es? ¿Cómo que me lucía? ¿No basaba todas mis enseñanzas en la palabra de Dios? Además, solo hace cuatro años que creo en Dios y aún no comprendo la verdad, por lo que, aunque revele corrupción y cometa algunos actos malvados, es algo perdonable y por lo que no merezco que me descarten, ¿no? ¿No me han tratado con demasiada dureza?”. Cuanto más lo pensaba, más negativa me sentía. Creía que no había esperanza para mi fe en Dios y que no tenía un desenlace ni un destino. Lloraba desconsolada. No pude comer ni dormir durante días y me dolía el corazón como si se me hubiera partido. Me sentía desdichada y desesperada. Pensaba: “Ya que la vida es tan dolorosa, mejor morir y acabar con todo”.

Días más tarde vino a verme una hermana. Vio mi pálido rostro, oyó mi voz débil y se percató de que todavía me hallaba en un estado negativo, así que me enseñó esto: “Cuando se producen situaciones como esta, Dios quiere que hagamos introspección, conozcamos la causa de nuestra maldad, nos arrepintamos y nos transformemos. Sin embargo, si no entendemos la voluntad de Dios, no hacemos una introspección adecuada, seguimos pensando en nuestro resultado y nos oponemos pasivamente, si continuamos así, Dios abominará de nosotros y nos descartará de verdad”. Añadió: “Las malas acciones del pueblo de Nínive ofendieron a Dios, pero cuando confesaron sus pecados y se arrepintieron ante Él sinceramente, Dios replegó Su ira y les mostró misericordia”. Tras la enseñanza de mi hermana me sentí algo aliviada.

Cuando se fue, abrí el libro de las palabras de Dios y leí este pasaje: “Independientemente de cuán airado había estado Dios con los ninivitas, en cuanto declararon un ayuno y vistieron de cilicio y cenizas, Su corazón comenzó a ablandarse y Su opinión a cambiar. Cuando Él les proclamó que destruiría su ciudad —el momento anterior a su confesión y arrepentimiento de sus pecados— Dios seguía airado con ellos. Una vez hubieron llevado a cabo una serie de actos de arrepentimiento, el enojo de Dios por los habitantes de Nínive se transformó gradualmente en misericordia y tolerancia hacia ellos. […] Dios utilizó Su actitud para decirle a la gente: no es que Dios no tolere a las personas o que no quiera mostrarles misericordia; más bien es que las personas raramente se arrepienten verdaderamente a Dios, y es raro que las personas se vuelvan verdaderamente de sus malos caminos y abandonen la violencia de sus manos. En otras palabras, cuando Dios está airado con el hombre, espera que este sea capaz de arrepentirse sinceramente y, en efecto, espera ver el arrepentimiento verdadero del hombre, en cuyo caso continuará concediendo entonces con liberalidad Su misericordia y tolerancia al hombre. Es decir, la conducta malvada del hombre provoca la ira de Dios, mientras que la misericordia y tolerancia de Dios se conceden a aquellos que escuchan a Dios y se arrepienten sinceramente delante de Él, a aquellos que pueden volverse de sus caminos malvados y abandonar la violencia de sus manos. La actitud de Dios se reveló muy claramente en Su trato con los ninivitas: la misericordia y la tolerancia de Dios no son en absoluto difíciles de conseguir, y lo que Él exige es el arrepentimiento sincero de uno. Siempre y cuando las personas se vuelvan de sus caminos malvados y abandonen la violencia de sus manos, Dios cambiará Su opinión y Su actitud hacia ellas” (‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”). Me conmovió mucho la lectura de las palabras de Dios. El pueblo de Nínive cometió demasiada maldad y ofendió a Dios, que envió desastres para destruirlo. Sin embargo, al oír la proclama de Jonás, fue capaz de confesar sinceramente sus pecados, arrepentirse, dejar la violencia y de cometer el mal, momento en que Dios cambió de idea y le mostró tolerancia y misericordia. Las palabras de Dios me dieron esperanza. Mis actos perturbaron la labor de la iglesia, con lo que ofendí el carácter de Dios y me expulsaron. Eso fue la ira de Dios sobre mí y Su justo castigo. No obstante, Dios no estaba tratando de descartarme, sino que quería que reconociera mi carácter corrupto y me arrepintiera sinceramente. Sin embargo, ¿qué hice yo? Ni hice introspección, ni confesé mis pecados a Dios ni me arrepentí. Seguía negativa y contraria y hasta quería combatir a Dios con mi propia muerte. No sabía qué era bueno para mí. ¡Qué irracional! Aunque la iglesia me expulsara, la obra de salvación de Dios todavía no terminaba, así que no podía rendirme. Tenía que hacer introspección, buscar la verdad para corregir mi carácter corrupto y arrepentirme ante Dios.

Luego, oraba a Dios y leía Sus palabras para hacer introspección. Una vez encontré dos pasajes de Sus palabras: “Algunas personas idolatran de manera particular a Pablo: les gusta salir a pronunciar discursos y hacer obra, les gusta reunirse y hablar; les gusta que las personas las escuchen, que los adore y los rodee. Les gusta tener estatus en el corazón de los demás y aprecian que otros valoren la imagen que muestran. Analicemos su naturaleza a partir de estos comportamientos: ¿Cuál es su naturaleza? Si de verdad se comportan así, entonces basta para mostrar que son arrogantes y engreídos. No adoran a Dios en absoluto; buscan un estatus elevado y desean tener autoridad sobre otros, poseerlos, y tener estatus en sus mentes. Esta es la imagen clásica de Satanás. Los aspectos de su naturaleza que más destacan son la arrogancia y el engreimiento, la negativa a adorar a Dios, y un deseo de ser adorados por los demás. Tales comportamientos pueden darte una visión muy clara de su naturaleza” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). “Por ejemplo, si tienes un carácter arrogante y engreído, que se te diga que no te opongas a Dios no sirve de nada, no puedes evitarlo, escapa a tu control. No lo haces intencionalmente, sino que esto lo dirige tu naturaleza arrogante y engreída. Tu arrogancia y engreimiento te harían despreciar a Dios y verlo como algo insignificante; harían que te ensalzaras a ti mismo, que te exhibieras constantemente; te harían despreciar a los demás, no dejarían a nadie en tu corazón más que a ti mismo; te quitarían el lugar que ocupa Dios en tu corazón, y finalmente harían que te sentaras en el lugar de Dios y exigieras que la gente se sometiera a ti y venerara tus pensamientos, ideas y nociones como verdad. ¡Ve cuántas cosas malas te lleva a hacer esta naturaleza arrogante y engreída!” (‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Las palabras de Dios revelaban mis manifestaciones. Tenía actitudes arrogantes y mojigatas. Me gustaba lucirme al enseñar y hacer que la gente girara en torno a mí, y quería un hueco en su corazón y que me respetara y admirara. Vivía con una naturaleza demoníaca, como Satanás. Al principio, la líder se centró en promoverme y yo lo disfrutaba mucho. Más adelante vi que la líder valoraba y cultivaba a Xiaozhen. Tuve una sensación de crisis y me preocupaba que ocupara mi lugar, por lo que le tenía celos y competía con ella en todo con la esperanza de contenerla. En las reuniones, siempre que estaba presente Xiaozhen, procuraba hablar antes que ella por temor a que me robara el protagonismo. Para que mis hermanos y hermanas me admiraran, utilizaba activamente la palabra de Dios para enseñar y resolver los problemas o estados que tuvieran, para presumir de que comprendía la verdad y de que llevaba una carga por su entrada en la vida. Además, me lucía por todos lados, con lo que engañaba a todos mis hermanos y hermanas para que me respetaran y admiraran y hacía que vinieran a mí con sus dificultades y estados. Sencillamente, ¿no atraía a la gente ante mí? Comprobé que me había vuelto tan arrogante que ni respetaba a nadie ni llevaba a Dios en el corazón. No competía con nadie por el estatus, sino que competía con Dios por la gente, lo que ofendía Su carácter.

Luego volví a leer las palabras de Dios. “No importa qué deber cumplan los anticristos, tratarán de colocarse en una posición superior y tomar el mando. No podrán nunca ser un seguidor común y corriente. ¿Y qué es lo que más les excita? Estar delante de la gente dando órdenes y regañando y haciendo que la gente obedezca lo que ellos dicen. Nunca piensan en cómo cumplir con su deber correctamente, y mucho menos buscan los principios de la verdad para practicarla y satisfacer a Dios al cumplir con su deber. En cambio, se devanan los sesos buscando la manera de destacar, de hacer que los líderes los tengan en alta estima y los promocionen, para convertirse ellos mismos en líderes u obreros y poder dirigir a otras personas. Se pasan todo el día pensando y esperando esto. Los anticristos no están dispuestos a ser dirigidos por otros ni a ser un seguidor común y corriente, y mucho menos a cumplir discretamente con su deber, sin fanfarrias. Sea cual sea su deber, si no pueden estar en primera línea, si no pueden estar por encima de los demás y ser el líder, no le encuentran ningún propósito a su cumplimiento, y se vuelven negativos y empiezan a flaquear. Sin los elogios o la admiración de los demás, les resulta aún menos interesante y tienen aún menos ganas de cumplir con su deber. Pero si pueden estar al frente y ser el centro mientras cumplen con su deber y logran tener la última palabra, se sienten fortalecidos y sufrirán cualquier dificultad. En su corazón, entienden que su deber es estar por encima del resto, satisfacer su necesidad de superar a los demás y colmar sus deseos y ambiciones. En el cumplimiento de su deber, además de ser altamente competitivos —pues compiten en todos los sentidos, para destacar, para estar en la cima, para estar por encima de los demás—, también están pensando en cómo consolidar su estatus, su reputación y su prestigio. Si hay alguien que amenaza su estatus o reputación, no se detienen ante nada y no cejan en su empeño para derribarlo y excluirlo. Incluso utilizan medios despreciables para atacar a quienes son capaces de buscar la verdad, que cumplen con su deber con lealtad y sentido de la responsabilidad. También están llenos de envidia y odio hacia los hermanos y hermanas que cumplen excelentemente con su deber. Sienten un odio especial hacia aquellos que los otros hermanos y hermanas respaldan y aprueban; creen que esas personas son una seria amenaza para lo que ellos persiguen, para su estatus y prestigio, y en sus corazones juran; ‘¡Eres tú o yo, yo o tú, no hay espacio para los dos, y si no te hago caer y me deshago de ti, no podré vivir conmigo mismo!’. Son implacables con los hermanos y hermanas que tienen una opinión diferente, que exponen algunos de sus defectos o que amenazan su estatus. Piensan en cualquier cosa que puedan usar en su contra, para vilipendiarlos y socavarlos, y no descansarán hasta conseguirlo” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (VII)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). “Independientemente de los medios por los que los anticristos engañan a la gente y tratan de atraparla, una cosa es cierta: En aras de su propio poder y estatus, se devanarán los sesos y utilizarán todos los medios a su disposición para lograr sus objetivos. Otra cosa también es segura: Hagan lo que hagan, no están cumpliendo con su deber, y ni mucho menos lo hacen para cumplirlo bien, sino para alcanzar su objetivo de tomar el poder dentro de la iglesia. Es más, da igual lo que estén haciendo, nunca tienen en cuenta los intereses de la casa de Dios, y mucho menos tienen consideración alguna hacia los intereses de los escogidos de Dios. Nunca encontrarás ninguna de estas cosas en el diccionario del anticristo; ambas están naturalmente ausentes en ellos. No importa qué nivel tengan como líderes, sienten una completa indiferencia hacia los intereses de la casa de Dios y de los escogidos. En su cabeza, los intereses y el trabajo de la casa de Dios no tienen nada que ver con ellos. Desprecian ambas cosas; solo les preocupa su propio estatus y sus intereses. A partir de esto, podemos ver que la naturaleza y la esencia de los anticristos no solo son malvadas, sino también profundamente egoístas y despreciables. Actúan sólo para servir a su propia fama, fortuna y posición, no les importa si los demás viven o mueren, y utilizarán cualquier método sin escrúpulos para reprimir, excluir y atacar brutalmente a cualquiera que suponga una amenaza para su estatus” (‘Engañan, atraen, amenazan y controlan a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”). La lectura de las palabras de Dios me llegó de veras al corazón. Vi que mi manifestación y mi carácter eran los de los anticristos revelados por Dios. Los anticristos son egoístas y despreciables, y solo piensan en su reputación y estatus. Jamás piensan en los sentimientos de nadie ni protegen el trabajo de la casa de Dios. Si alguien amenaza su puesto, lo envidian, lo odian, e incluso lo atacan y excluyen sin escrúpulos, y no están satisfechos hasta que la persona no se queda negativa y abatida. Me di cuenta de que yo era igual. Cuando Xiaozhen fue elegida diaconisa de riego, la líder la tenía en gran estima y los hermanos y hermanas la admiraban, yo la consideraba una molestia y quería hundirla. Asimismo, revelé reiteradamente sus defectos delante de la líder, esperando ansiosa que esta la relevara para que los hermanos y hermanas se centraran en mí. Como diaconisa de riego, Xiaozhen estaba en su derecho a ordenarme cosas, pero yo no lograba someterme. Siempre era muy arrogante con ella y me negaba a colaborar en su trabajo, por lo que se sentía limitada en el deber. Estaba empezando en el puesto de líder, así que era normal que algunos trabajos no se hicieran bien. Sin embargo, para que mis hermanos y hermanas la rechazaran y no le hicieran caso, yo buscaba los tres pies al gato y aprovechaba las anomalías y omisiones en su deber, revelaba sus defectos, la ninguneaba, la juzgaba delante de ellos y sembraba la discordia a sus espaldas, con lo que algunos tenían prejuicios hacia ella, no respaldaban su labor, la aislaban y la excluían. Esto no solo perturbaba la vida de iglesia, sino que hizo que ella sintiera vergüenza, negatividad y, finalmente, ganas de dimitir. Al ver negativa y oprimida a Xiaozhen, no solo no me culpaba, sino que me alegraba de su desgracia y creía que podría destacar una vez que la destituyeran. ¡Qué ruin y despreciable! Aunque Xiaozhen llevaba poco tiempo creyendo y tenía defectos y faltas, tenía aptitud, era honesta y tenía sentido de la justicia. Cuando otros tenían problemas y anomalías, sabía brindarles orientación y ayuda y proteger los intereses de la casa de Dios. Tenerla de líder era beneficioso para la labor de la casa de Dios y para la entrada en la vida de los hermanos y hermanas, y yo debía respaldarla y colaborar. No obstante, por preservar mi reputación y estatus y sin pensar en la labor de la casa de Dios, la combatía sin ningún escrúpulo, la reprimía por celos y no paré hasta que ya no pudo cumplir con el deber. Lo que hacía no solo causaba dolor y perjuicios a Xiaozhen: también perturbaba e interrumpía la labor de la casa de Dios. Descubrí que tenía muy mala humanidad y un carácter ruin. Por lograr estatus, estaba dispuesta a castigar a otras personas. Recordé que el gran dragón rojo, para asentar su régimen, cuando cualquier persona o fuerza pone en peligro su estatus, trata por todos los medios de derrotar, criticar y hasta ejecutar a la gente. ¡Vi que mi naturaleza era tan ruin y malvada como la del gran dragón rojo! Cuando me di cuenta, sentí pena y odio por mí misma. Dios me dio la oportunidad de cumplir con un deber para que pudiera buscar la verdad, librarme de corrupción, cooperar con mis hermanos y hermanas, aprender de sus puntos fuertes y proteger la labor de la iglesia. Yo, en cambio, la desestabilizaba y cometí reiteradamente actos malvados que la perturbaban. No tenía nada de conciencia ni de humanidad y no merecía ser calificada de humana. Los hermanos y hermanas me advirtieron muchas veces para ayudarme, pero me dejaba llevar por la reputación y el estatus, no me lo tomaba para nada en serio y hasta me resistía y no quería arrepentirme. Tras mi destitución, no hice introspección, me quejé de mis agravios, difundí mi instatisfacción con la líder, arrastré a los hermanos y hermanas a que la juzgaran y seguí perturbando la vida de iglesia. Me empeñaba en ir por ese callejón sin salida y no hice introspección ni me conocí hasta que no me descartaron de la iglesia. Mi carácter era demasiado terco y despreciaba la verdad. Pese a que trataron conmigo y me disciplinaron muchas veces, no me arrepentí, aún era obstinadamente hostil a Dios, empleaba medios despreciables para derribar y derrotar a una buena persona que buscaba la verdad, entorpecía en el lugar de la obra de Dios y perturbaba la labor de Su casa, y eché a perder la oportunidad que me dio Dios de alcanzar la verdad y salvarme. Por la justicia de Dios, me descartaron de la iglesia. Fue culpa mía. No me habían agraviado en absoluto.

Más tarde leí dos pasajes de las palabras de Dios. “He llevado a cabo una gran obra y pronunciado muchísimas palabras entre vosotros; ¿cuánto de esto os ha entrado de veras en los oídos? ¿Cuánto habéis obedecido? Cuando termine Mi obra será el momento en que dejarás de oponerte a Mí, de estar en contra de Mí. A medida que obro, actuáis constantemente contra Mí; jamás acatáis Mis palabras. Yo llevo a cabo Mi obra y tú realizas tu propia ‘obra’ de crear tu pequeño reino. ¡No sois más que una manada de zorros y perros que todo lo hacen para oponerse a Mí! […] Vuestra imagen es aún más grande que la de Dios y vuestro estatus es incluso superior al Suyo, por no hablar de vuestro prestigio entre los hombres: os habéis convertido en ídolos de la gente. ¿Tú no te has convertido en arcángel? Cuando revele los resultados de las personas, que también será cuando la obra de salvación se acerque a su fin, muchos de vosotros seréis cadáveres imposibles de salvar y deberéis ser descartados” (‘Práctica (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Someteré a Mi castigo a todos aquellos que provocaron Mi ira; desataré toda Mi ira sobre esas bestias que una vez desearon estar junto a Mí como iguales, pero que no me adoraron ni obedecieron; la vara con la que golpeo al hombre caerá sobre aquellos animales que una vez disfrutaron de Mi cuidado y de los misterios que pronuncié, y que intentaron arrebatarme Mi disfrute material. No seré indulgente con ninguna persona que trate de arrebatarme Mi lugar; no perdonaré a ninguno de los que traten de arrebatarme la comida y la ropa. Por ahora, vosotros continuáis estando libres de todo daño y seguiréis excediéndoos en las exigencias que me hacéis. Cuando llegue el día de la ira, no me haréis más exigencias; en ese momento, os dejaré ‘disfrutar’ todo lo que os plazca, clavaré vuestra cara en la tierra, ¡y nunca más seréis capaces de levantaros de nuevo!” (‘Tener un carácter invariable es estar enemistado con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las majestuosas y airadas palabras de Dios me agitaron el corazón. Sentí la ira de Dios y descubrí que Su carácter es de justicia y que no se puede ofender. Dios aborrece a quienes compiten con Él por una posición. Dios maldecirá y castigará a esa gente y nadie podrá escapar. Por adquirir estatus, competía con otras personas por la reputación y la fortuna, atacaba y rechazaba a quienes buscaban la verdad, me lucía por todas partes y atraía a la gente hacia mí. Competía con Dios por una posición y por la gente, lo que ofendía gravemente Su carácter. Sentí que había cometido una gran maldad y un pecado imperdonable. Era como si hubiera abierto las puertas del infierno. Estaba tan aterrada que incluso me costaba respirar. No sabía si todavía podría recibir la misericordia de Dios. Tal vez Él no me perdonara. ¿Me mataría y aniquilaría en cualquier momento? Con dolor, me presenté una y otra vez ante Dios a orar, confesar mis pecados y arrepentirme. Dije: “Dios mío, he hecho el mal, me he resistido a Ti y he ofendido Tu carácter. Vivo con pánico todos los días, con miedo a que en cualquier momento vengan a mí el castigo y las maldiciones. Dios mío, deseo arrepentirme. Te pido que me salves”. Después de orar me sentí un poco más tranquila.

En mis devociones espirituales vi estas palabras de Dios: “Hoy Dios os juzga, os castiga y os condena, pero debes saber que el propósito de tu condena es que te conozcas a ti mismo. Él condena, maldice, juzga y castiga para que te puedas conocer a ti mismo, para que tu carácter pueda cambiar y, sobre todo, para que puedas conocer tu valía y ver que todas las acciones de Dios son justas y de acuerdo con Su carácter y los requisitos de Su obra, que Él obra acorde a Su plan para la salvación del hombre, y que Él es el Dios justo que ama, salva, juzga y castiga al hombre. Si sólo sabes que eres de un estatus humilde, que estás corrompido y que eres desobediente, pero no sabes que Dios quiere poner en claro Su salvación por medio del juicio y el castigo que Él impone en ti hoy, entonces no tienes manera de ganar experiencia, ni mucho menos eres capaz de continuar hacia delante. Dios no ha venido ni a matar ni a destruir sino a juzgar, maldecir, castigar y salvar. Hasta que Su plan de gestión de 6000 años llegue a su término —antes de que revele el destino de cada categoría del hombre— la obra de Dios en la tierra será en aras de la salvación; el único propósito es hacer totalmente completos a aquellos que lo aman y hacerlos someterse a Su dominio. […] Pensad en esto: si Mi intención al venir fuera condenaros y castigaros, en lugar de salvaros, ¿podrían vuestros días haber durado tanto? ¿Podríais vosotros, seres pecadores de carne y hueso, haber sobrevivido hasta el día de hoy? Si mi objetivo fuera solo castigaros, entonces ¿por qué me habría hecho carne y embarcado en semejante empresa? ¿Acaso castigaros a vosotros, simples mortales, no podría concretarse simplemente con una sola palabra? ¿Todavía necesitaría destruiros después de condenaros deliberadamente? ¿Seguís sin creer estas palabras mías? ¿Podría salvar al hombre solo por medio del amor y la compasión? ¿O podría solo usar la crucifixión para salvar al hombre? ¿No es Mi carácter justo más favorable para hacer al hombre completamente obediente? ¿No es más capaz de salvar completamente al hombre?” (‘Debes dejar de lado las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para traer la salvación al hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer las palabras de Dios, me emocioné mucho. Además, entendí que Dios empleaba palabras duras para revelarme, juzgarme y hasta para condenarme y maldecirme, pero no para sentenciarme. Más bien lo hacía para que me conociera, viera clara mi naturaleza satánica de resistencia a Él y pudiera arrepentirme y transformarme. Con ello también pude conocer el carácter justo de Dios. Cuando la gente compite por el estatus o perturba y echa a perder la labor de la casa de Dios, Él lo detesta y le parece intolerable. Dios es la fuente de todas las cosas positivas y no tolera la presencia de cosas negativas y malvadas. La iglesia es el lugar donde el pueblo escogido de Dios lo adora y busca la verdad; también el lugar donde la voluntad de Dios no encuentra obstáculos. ¿Pero yo? No desempeñé un papel positivo en la iglesia. No hice más que perturbar y destrozar las cosas, por lo que la ira de Dios vino sobre mí y, por la justicia de Dios, me purgaron de la iglesia. En todos esos años no busqué la verdad, sino que solo iba en pos de la reputación y el estatus. Cuando alguien puso en peligro mi posición, me volví celosa e insatisfecha y perturbé el trabajo de la casa de Dios, lo cual es la senda del anticristo. Cometí muchísima maldad y merecía el castigo de Dios, pero Él no me trató en función de la maldad que cometí. Cuando estaba sufriendo, desesperada y pensando en morir, Dios temía que cayera en las trampas de Satanás, así que, con las enseñanzas de mi hermana y Sus palabras, me dio esclarecimiento y guía y me sacó de la negatividad. En el fondo sentía que todo esto fue el amor y la salvación de Dios.

Una vez comprendida la voluntad de Dios, ya no quería estar más tiempo deprimida. A continuación leí otro pasaje de las palabras de Dios: “Como una de las criaturas, el hombre debe mantener su propia posición y comportarse concienzudamente. Debes guardar con sumisión aquello que el Creador te ha confiado. No hagas nada fuera de lugar ni cosas más allá de tu capacidad o que le resulten aborrecibles a Dios. No trates de ser grandioso, ni de convertirte en un superhombre ni de estar por encima de los demás o de buscar convertirte en Dios. No es así como las personas deberían desear ser. Buscar ser grandioso o un superhombre es absurdo. Procurar convertirse en Dios es incluso más vergonzoso; es repugnante y despreciable. Lo que es elogiable, y a lo que las criaturas deberían aferrarse más que a cualquier otra cosa, es a convertirse en una verdadera criatura; este es el único objetivo que todas las personas deberían perseguir” (‘Dios mismo, el único I’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me hicieron sentir vergüenza y bochorno. Solo soy un minúsculo ser creado, una persona corrupta e inmunda, pero quería que me respetaran y admiraran. Me lucía por todas partes, trataba de robar el protagonismo allá donde fuera y utilizaba la palabra de Dios para enseñar a otros. ¡Realmente no tenía el menor sentido! No poseía ninguna realidad de la verdad ni auténtico autoconocimiento. Solo hablaba de palabras y doctrinas sin parar. La esencia de mis palabras era confundir. No me conocía en absoluto, pero atacaba y excluía a Xiaozhen. Era irracionalmente arrogante. ¡Qué abominable y asquerosa! Debía renunciar a mis ambiciones y deseos, comportarme, mantenerme en el lugar correcto y cumplir con el deber con los pies en la tierra. Este es el razonamiento que debe tener un ser creado. Fuera cual fuera mi resultado, juré que cumpliría bien con el deber. Mientras viva, sabía que tenía que buscar la verdad, librarme de corrupción y vivir con semejanza humana para reconfortar el corazón de Dios. A partir de entonces, oraba a Dios a diario para pedirle que me guiara en mi introspección para poder arrepentirme y transformarme. Al leer la palabra de Dios, me centraba en compararme con ella y en meditar y considerar lo que yo revelaba cada día. Paulatinamente, conocí un poco mi carácter arrogante, mis actos malvados, mi identidad y mi estatus. Además, me esforzaba al máximo por predicar el evangelio a familiares, amigos y conocidos, ayudaba a la iglesia con su labor allá donde podía poner mi granito de arena y a menudo era anfitriona de mis hermanos y hermanas. Me sentía muy feliz y decidí que, sin importar cómo me tratara Dios ni si tenía o no un buen destino, no pretendería ninguna transacción ni exigencia y cumpliría bien con el deber.

Inesperadamente, en diciembre de 2020, un día mi líder me informó de que la iglesia me había readmitido y de que podía llevar de nuevo una vida de iglesia. Cuando me enteré, me emocioné mucho y se me llenaron los ojos de lágrimas. Pensé para mis adentros: “Cometí muchísima maldad, pero, al arrepentirme sinceramente, la iglesia me readmite. Verdaderamente, se trata del amor y la misericordia de Dios”. Echando la vista atrás, siempre creí que buscaba bien, que llevaba una carga en el deber y amaba a mis hermanos y hermanas. Al ser descubierta, echada, y juzgada y revelada por la palabra de Dios, fue cuando entendí que Satanás me había corrompido tanto que era inhumana y que no pensaba más que en el mal. De no haber sido por el juicio y castigo de Dios, seguiría en pos del estatus para satisfacer mis ambiciones y deseos, nunca haría introspección y jamás despertaría. Experimenté realmente lo que dice Dios: “Sabe que el castigo y el juicio de Dios son la luz, y la luz de la salvación del hombre, y que no hay mejor bendición, gracia o protección para el hombre” (‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras experimentar estas cosas, he descubierto el carácter justo de Dios. También Su protección y salvación para conmigo. Aunque mi carácter corrupto aún es muy grave, estoy dispuesta a esforzarme por aceptar el juicio y castigo de Dios, por aceptar la poda y el trato de mis hermanos y hermanas y por procurar transformar mi carácter y vivir con semejanza humana.

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