Delatada por una evaluación

23 Feb 2022

Por Xidan, Estados Unidos

A mediados de mayo de 2021, la hermana Chen, una líder, vino a hablar conmigo y me preguntó si sabía mucho sobre la hermana Lu, si era justa con los demás, si parecía criticona. Parecía tan severa que le pregunté inmediatamente qué pasaba con la hermana Lu. Según ella, la hermana Lu era muy arrogante y había criticado a varios líderes afirmando que eran falsos líderes. Añadió que la hermana Lu era buena oradora, que en las reuniones podía hablar de su autoconocimiento, pero que en realidad no se comprendía en absoluto. Dijo que la mayoría de los hermanos y hermanas no veían cómo era, que les gustaba su enseñanza. De inmediato pensé que habían hecho lo mismo algunos anticristos expulsados de la iglesia. ¿No actuaban así los anticristos? Una cosa es decir que tal o cual líder es falso, pero afirmar que lo son varios de ellos es arrogante. Y recordé las elecciones a líderes del año pasado, cuando la hermana Lu y otra estaban hablando a escondidas de una candidata: que le importaban la reputación y el estatus, que hacía las cosas para impresionar y que realmente no trabajaba. No pude evitar empezar a sentir prejuicios contra la hermana Lu y me pareció muy criticona.

Esa líder me apremió a redactar una evaluación de la hermana Lu. También me acordé de una interacción reciente con ella, cuando algunas personas la llamaron por unas cosas y al principio estaba a la defensiva, pero después recapacitó y tuvo cierta transformación y entrada. Aceptó la verdad. En conversaciones con ella, vi que le interesaban la introspección y el autoconocimiento, que oraba, buscaba los principios de la verdad y encontraba palabras de Dios en las que entrar. También había escrito un par de testimonios y a mí me parecía que buscaba la verdad. Pero cuando pensé que la líder había dicho que era arrogante, que tenía labia, mentía mucho y juzgaba a la ligera a los líderes, si yo afirmaba que era alguien capaz de aceptar y buscar la verdad, ¿diría la líder que me faltaba discernimiento, que era una necia? Si le daba mala impresión, podría perder la oportunidad de cumplir con ciertos deberes. Con ello en mente, manifesté en mi evaluación que a la hermana Lu le costaba aceptar la verdad y que tendía a justificarse ante los problemas. Además, escribí sobre cierta corrupción que revelaba en la vida diaria. Escribí, asimismo, sobre algunas formas evidentes en que buscaba la verdad, pero comenté que yo no estaba segura de si era una auténtica buscadora de la verdad. Me sentí algo incómoda tras redactar la evaluación. Mis experiencias con la hermana Lu nunca habían sido como lo descrito por la líder. Sí tenía un carácter un poco arrogante, a veces era directa y decía cosas difíciles de aceptar, pero no era de mal corazón y defendía los intereses de la casa de Dios. Era lo bastante valiente como para hablar claro cuando otros vulneraban los principios de la verdad. Por ejemplo, cuando una hermana salía del paso en el deber y el progreso del trabajo se vio afectado, fue capaz de dejar de lado su relación y señalarlo sin demora, y además se lo contó a la líder. Si observamos la conducta habitual de la hermana Lu, defendía los intereses de la casa de Dios y era una persona correcta, pero la líder decía lo contrario. Me preguntaba si la líder tenía prejuicios. Si estaba recabando evaluaciones de la hermana Lu, me preguntaba si la destituirían del deber o la echarían de la iglesia. Cuanto más lo pensaba, más me inquietaba, así que le pregunté a la líder si había hablado con la hermana Lu de sus problemas, si los entendía. Pero la líder eludió la pregunta diciendo que la hermana Lu había sido proclive a juzgar a los líderes anteriormente y que había empezado a hacerlo de nuevo. Según ella, un líder estaba pensando dimitir por ella, así que ya se había convertido en una perturbación. Al oír estas palabras de la líder, supuse que ella entendía mejor el problema, que me faltaba discernimiento y me había engañado la conducta externa de la hermana Lu. No repliqué nada más.

Un par de días después, un líder superior investigó la situación y dijo que la hermana Lu no juzgaba a los líderes arbitrariamente, sino que delataba correctamente a los falsos líderes. La hermana Lu había denunciado a la hermana Chen, por lo que esta la atacaba y condenaba por juzgar a los líderes arbitrariamente y la suspendió unilateralmente del deber. Los diversos falsos líderes denunciados por la hermana Lu habían sido destituidos y ella recuperó su deber. Me palpitaba el corazón cuando me enteré; me quedé atónita. Además, me sentía un poco intranquila. Le había seguido el juego a la líder en su condena a la hermana Lu por ser arrogante, por juzgar alegremente a otros y no aceptar muy bien la verdad. Yo también había condenado a la hermana Lu. Era un grave problema. Me pareció que no era poca cosa, que realmente debía hacer introspección. Así, oré a Dios para pedirle que me guiara para comprenderme a mí misma. Luego leí esto en las palabras de Dios: “Para caminar por la senda correcta de la vida humana, debes vivir al menos con dignidad y semejanza humana. Debes lograr que los demás confíen en ti, que te tengan en alta estima, y debes hacerles sentir que tu talante e integridad tienen peso y que cumples tu palabra. […] La personalidad de aquellos con dignidad no siempre es compatible del todo con otras personas, pero son honestos y, en última instancia, los demás seguirán valorándolos positivamente, ya que son capaces de practicar la verdad, son honestos y dignos, tienen integridad y talante, nunca se aprovechan de nadie, ayudan a la gente cuando aparecen ciertos problemas con ella, se llevan bien con los demás con conciencia y razón, y nunca hacen juicios rápidos sobre nadie. Hablan con precisión cuando valoran a los demás o discuten sobre ellos, hablan de lo que saben, y cuando no saben algo no se expresan con descuido y no incorporan inexactitudes añadidas. Las cosas que dicen se pueden considerar creíbles, y son dignas de atención. Las palabras y los actos de los que tienen talante poseen valor y merecen la confianza de la gente; a esto se le llama dignidad. Las personas sin talante no son apreciadas, nadie presta atención a sus palabras y actos, nadie las toma en serio ni confía en ellas, porque dicen demasiadas mentiras y muy pocas verdades. No son sinceras y carecen de integridad cuando se relacionan con la gente y cuando hacen cosas por los demás, no le agradan a nadie. ¿Habéis hallado ahora a alguien que, en vuestra opinión, sea digno de vuestra confianza? ¿Os consideráis dignos de la confianza de los demás? ¿Sois capaces de lograr que los demás confíen en vosotros? Digamos, por ejemplo, que te preguntan qué opinas de alguien, y piensas: ‘Está bien que me lo pregunten. En absoluto voy a valorar a nadie ni emitir juicios sobre nadie de manera arbitraria. Desde luego, les diré lo que sé, pero no hablaré de cosas que desconozco por completo. Hablaré de lo que estoy seguro, pero respecto a lo que supongo o imagino, en absoluto incorporaré inexactitudes añadidas ni diré nada semejante. Si se trata de mi propio juicio o he visto algo que me parecía de cierta manera, entonces, por supuesto, lo precederé diciendo: “Según mi juicio” o “Según mis observaciones y lo que he averiguado”, para que puedan percibir mi honestidad y mi actitud, y para que puedan confiar en mí’. ¿Sois capaces de esto? (No). Entonces, eso demuestra que no sois lo bastante honestos con los demás, y que no poseéis un corazón honesto o una actitud honesta en vuestra conducta” (‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Con las palabras de Dios comprendí que la gente recta y honesta evalúa a los demás correcta y objetivamente, y no se va de la lengua. Dice lo que sabe, nada más. Es confiable. Sin embargo, quienes no son rectos tienen motivaciones personales en sus evaluaciones y hablan con suficiencia de lo que se imaginan, hasta el punto de distorsionar la realidad, de tergiversar las cosas para alcanzar sus objetivos. Esa clase de persona miente demasiado, dice muy poca verdad y no es confiable. Realmente carece de dignidad e integridad. Me replanteé mi evaluación de la hermana Lu. Cuando supe que esa líder la condenaba por arrogante y criticona, yo no tenía discernimiento respecto a si tenía razón o no ni sabía si los líderes denunciados por la hermana Lu eran falsos líderes. Le seguí el juego a la líder a ciegas. Aunque me daba cuenta de que la opinión de la líder sobre la hermana Lu no encajaba con mi experiencia y me sentía intranquila, temía que dijera que me faltaba discernimiento, tuviera una mala impresión de mí y luego no recibiera más deberes importantes. Por eso redacté una evaluación negativa de la hermana Lu. Iba en contra de la realidad y la incriminaba. Eso suponía excluirla y oprimirla, lo que revela un carácter verdaderamente maligno. Fue justo que la hermana Lu denunciara y delatara a los falsos líderes sin verse limitada por el estatus de ellos. Yo no solo no la apoyé, sino que la condené junto con la líder y di por bueno algo malo. Eso hizo mucho daño a la hermana Lu. Supuso cometer el mal, hacer de ayudante de Satanás. Me embargaron el pesar y la culpa. Sentí que había agraviado realmente a la hermana Lu y no podía mirarla. Oré a Dios: “Dios mío, me falta humanidad. Seguí a una falsa líder y oprimí y condené a la hermana Lu. He cometido una transgresión ante Ti. Dios mío, me equivoqué. Deseo arrepentirme…”.

Leí un par de pasajes más de las palabras de Dios, que me ayudaron a comprenderme mejor. Dios Todopoderoso dice: “Los anticristos tratan a Cristo igual que a la gente, observando las expresiones faciales de Cristo mientras hablan y actúan, escuchando Su tono y prestando atención al significado de Sus palabras. Cuando hablan, ni una sola palabra es real o sincera; solo saben decir palabras y doctrinas vacías. Tratan de engañar y defraudar a esta persona que, a sus ojos, es simplemente corriente. Hablan como una serpiente que se desliza con rumbo sinuoso e indirecto. El estilo y la orientación de sus palabras son como una planta trepadora ascendiendo por un poste. Cuando Tú dices que alguien tiene aptitud y podrían promoverlo, inmediatamente hablan de lo bueno que es y de lo que se manifiesta y revela en él; y si dices que alguien es malo, se apresuran a hablar de lo malo y malvado que es, de cómo perturba e interrumpe en la iglesia. Cuando deseas conocer la verdad de algo, no tienen nada que decir; andan con evasivas mientras esperan que Tú tomes una decisión, atentos al significado de Tus palabras, tratando de adivinar Tus intenciones. Todo lo que dicen es lisonja, adulación y servilismo; de su boca no sale ni una verdad” (‘Desprecian la verdad, desacatan públicamente los principios e ignoran las disposiciones de la casa de Dios (II)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). “La humanidad de los anticristos es deshonesta, lo que significa que no son en absoluto sinceros. Todo lo que dicen y hacen está adulterado por sus propias intenciones y objetivos, y en todo ello se esconden inconfesables e indecibles trucos, métodos, propósitos y conspiraciones. Hablan de una manera tan adulterada que es sencillamente imposible saber cuáles de sus palabras son verdaderas y cuáles falsas, cuáles acertadas y cuáles equivocadas. Como son deshonestos, sus mentes son extremadamente complejas, están llenas de enredos y cargadas de trucos. No dicen nada directamente. No dicen que uno es uno, dos es dos, sí es sí y no es no. En lugar de eso, se van por las ramas en todos los asuntos y dan varias vueltas a las cosas en su cabeza, pensando en las causas y las consecuencias, sopesando los méritos y los inconvenientes desde todos los ángulos. Luego, manipulan las cosas con el lenguaje, de tal modo que todo lo que dicen suena muy engorroso. La gente honesta nunca entiende lo que dicen y es fácilmente engañada y embaucada por ellos, y cualquiera que habla con personas así considera la experiencia extenuante y laboriosa. Nunca dicen que uno es uno y dos es dos, nunca dicen lo que piensan ni describen las cosas tal y como son. Todo lo que dicen es indescifrable, y los objetivos e intenciones de sus acciones son muy complejos. Y si, habiendo hablado, se exponen o se les descubre, se apresuran a inventar otra patraña para encubrirse. […] El principio y el método por el que estas personas se relacionan con los demás se basa en engañarlos con mentiras. Tienen dos caras y hablan para adaptarse a su público; interpretan cualquier papel que exija la situación. Son hábiles y astutas, se les llena la boca de mentiras y no son de fiar. Cualquiera que está en contacto con ellos durante un tiempo acaba engañado o alterado y no puede recibir provisión, ayuda o edificación” (‘Digresión cuatro: Resumen de la naturaleza humana de los anticristos y de la esencia de su carácter (I)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Las palabras de Dios revelan que los anticristos siempre albergan trampas en sus palabras y actos, que hablan dando rodeos, engañando, sin credibilidad alguna. Incluso en el contacto con Cristo, buscan pistas, miran por dónde van los tiros y son aduladores. No tienen nada de sinceros. Son muy escurridizos y malvados. Yo nunca había estado en contacto directo con Cristo, pero sí estaba atenta a las señales, analizaba el panorama y conjeturaba lo que querían los demás. Exhibía el carácter de un anticristo. Unos meses antes, la líder me pidió que evaluara a la hermana Lu y entonces no pensé que tuviera mala opinión de ella, sino que probablemente quería promoverla. Así, dije que la hermana Lu era capaz de buscar y aceptar la verdad ante los problemas, que tenía sentido de la justicia y sabía defender los intereses de la iglesia. Básicamente, escribí sobre sus puntos fuertes y apenas mencioné los débiles. Sin embargo, cuando esa líder criticó a la hermana Lu y estaba recabando datos de su conducta, supe que mi experiencia con la hermana Lu era distinta a la suya, pero temí que dijera que me faltaba discernimiento, con lo que le seguí el juego y afirmé que la hermana Lu era arrogante y criticona y que le costaba aceptar la verdad. Estaba evaluando a la misma persona, pero decía cosas totalmente distintas de ella. Ni de lejos fui justa ni objetiva. Recordé las instrucciones que nos dio el Señor Jesús: “Sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’” (Mateo 5:37). Pero cuando iba a escribir sobre ella y quería darle buena impresión a la líder, hice conjeturas de lo que deseaba, por lo que me anduve con rodeos en mis opiniones y no enfoqué las cosas con sencillez. Todo lo que dije e hice estuvo viciado con motivaciones personales, sin una sola palabra sincera y verdadera. Fui muy taimada y malvada. Comprobé que mis palabras y actos no tenían principios, que no merecía confianza ni fiabilidad. Había perdido toda dignidad. Cada vez me sentía más disgustada conmigo misma. Antes, cuando veía que los falsos líderes y anticristos acosaban a otros por su reputación y estatus, me indignaba. Jamás imaginé que cometería el mismo tipo de mal. Retorcí mis palabras en aras de mis objetivos, para proteger mis intereses. Hice pasar a una buena persona por mala. Describí como criticona a una persona recta que protegía los intereses de la casa de Dios. Estaba incriminando y maltratando a una buena persona. Me puse de parte de una falsa líder y condené y oprimí a la hermana Lu. Me percaté de la mezquindad de mi corazón.

Una vez, en una reunión, una hermana dijo que había oído que la líder quería recabar evaluaciones de la hermana Lu y que, para ella, la hermana Lu no era como la describía esa líder. No hizo caso a ciegas a la líder, sino que tuvo discernimiento acerca de lo que la líder decía y hacía. Además, se lo contó a los líderes superiores y puso fin a ese trato hacia la hermana Lu. Dios dispuso el mismo ambiente para nosotras. Aquella hermana sabía buscar la verdad, veneraba a Dios de corazón y era franca. Defendió a la hermana Lu y los intereses de la casa de Dios, pero yo me tragué las mentiras y trampas de la falsa líder, alenté su maldad desenfrenada e hice de esbirra de Satanás. Me detesté de veras cuando lo descubrí. Me pregunté entonces por qué cedí tan fácilmente cuando aquella líder decía eso de la hermana Lu. Porque no entendía del todo las verdades acerca de lo que es ser criticones. De hecho, la clave para comprobar si alguien es criticón es conocer sus motivaciones, si los problemas que denuncia son reales. Si uno descubre a falsos líderes, que van contra los principios y no trabajan realmente, y luego habla con otros que comprenden la verdad para discernirlos y su intención es defender el trabajo de la iglesia, eso no es ser criticón, sino recto. Los realmente criticones tienen motivaciones propias, distorsionan los hechos, difaman y atacan a la gente. Buscan cosas que recriminar a los demás o montan un escándalo y critican indiscriminadamente a quienes exhiben cierta corrupción. Todo eso es oprimente y condenatorio. Eso es ser un criticón. Yo no tenía una comprensión pura de lo que es ser un criticón y creía equivocadamente que, si descubrimos los problemas de un líder, se lo tenemos que decir directamente o denunciarlo ante un líder superior; sin embargo, si hablamos con los hermanos y hermanas en privado, eso es ser criticones. No me fijaba ni en el contexto ni en lo que subyacía realmente. Al oír hablar a la hermana Lu con otras hermanas en privado y decir que algunos líderes no hacían un trabajo real, que eran falsos líderes, pensé que era una criticona y la condené arbitrariamente. No consideré si lo que afirmaba reflejaba la realidad. Pero los hechos demostraron que denunciaba la verdad. Se atrevió a decir la verdad y a proteger los intereses de la casa de Dios. Eso era defender la justicia, no ser una criticona. Todo ello es bastante parecido visto desde fuera, pero cuando miras las motivaciones, no puede ser más distinto. Si nos regimos por los principios de la verdad, por las palabras de Dios, e investigamos el contexto de una situación, es menos probable que difamemos a la gente.

Aprendí algunas lecciones de este fallo que tuve. En futuras evaluaciones, he de mantener un corazón de veneración, no escuchar ciegamente a otros. Tengo que seguir los hechos, discernir la esencia de las cosas según las palabras de Dios. Si no veo claras las cosas de inmediato a la luz de la verdad, al menos he de ser franca, no dar coba a alguien y distorsionar las cosas. Dicen las palabras de Dios: “Seguir el camino de Dios: ¿a qué se refiere el ‘camino de Dios’? A temer a Dios y evitar el mal. ¿Y qué es temer a Dios y evitar el mal? Cuando haces una valoración de alguien, por ejemplo, esto tiene que ver con temer a Dios y evitar el mal. Cuando dices exactamente lo que piensas y has visto, estás siendo honesto. Y sobre todo, la práctica de ser honesto significa seguir el camino de Dios. Esto es lo que Él enseña a la gente; es el camino de Dios. ¿Cuál es el camino de Dios? Temer a Dios y evitar el mal. ¿Ser honesto forma parte de temer a Dios y evitar el mal? (Sí). ¿Y supone seguir el camino de Dios? (Sí). Si no eres honesto, entonces lo que has visto y lo que piensas no es lo mismo que sale por tu boca. Alguien te pregunta: ‘¿Cuál es tu opinión sobre tal persona? ¿Es responsable respecto a la obra de la casa de Dios?’, y tú respondes: ‘Es muy bueno, asume más responsabilidad que yo, su calibre es mejor que el mío, y su humanidad también es buena, es madura’. Pero ¿qué piensas en tu corazón? Lo que de verdad piensas es que esta persona tiene calibre pero es poco fiable, algo astuta y muy calculadora. Esto es lo que realmente tienes en mente, pero cuando llega el momento de hablar, se te ocurre que: ‘No puedo decir la verdad, no debo ofender a nadie’, así que enseguida dices otra cosa, buscas cosas agradables que decir de ellos, y nada de lo que dices es lo que realmente piensas, es todo mentira e hipocresía. ¿Indica esto que sigues el camino de Dios? (No). Has tomado la senda de Satanás, el camino de los demonios. ¿Cuál es el camino de Dios? (Ser honesto). Aunque le digas estas palabras a otra persona, Dios también escucha, observa y escudriña el fondo de tu corazón. ¿Son las personas capaces de tal escrutinio? En el mejor de los casos, la gente puede ver que no estás diciendo la verdad. Ven lo que hay en la superficie. Solo Dios es capaz de ver el fondo de tu corazón, solo Él puede ver lo que estás pensando, lo que estás tramando, qué pequeños planes tienes dentro de tu corazón, qué modos traicioneros, qué pensamientos retorcidos. Y al ver que no dices la verdad, ¿qué opinión tiene Dios de ti? ¿Cuál es Su evaluación sobre ti? Que no has seguido el camino de Dios en esto porque no has dicho la verdad” (‘La parte más importante de creer en Dios es poner la verdad en práctica’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Con las palabras de Dios comprendí que lo que sucede tiene que ver con si somos o no capaces de temer a Dios y evitar el mal. Dios examina nuestros corazones y mentes. Dios ve absolutamente todo cuanto pensamos y hacemos. Debemos mantener un corazón de veneración en las evaluaciones, no guiarnos por las emociones ni dejarnos controlar por nuestras motivaciones, sino buscar la verdad a partir de los hechos, decir solo lo que sepamos y ser honestos según las exigencias de Dios. Si no vemos clara la naturaleza de la conducta de alguien o no captamos los principios, debemos buscar y orar más para no juzgarlo sin pensar ni etiquetarlo a ciegas. Y reflexioné sobre el trabajo de limpieza de la iglesia. Tener motivaciones personales, no guiarse por los hechos o no evaluar objetivamente a la gente podría extraviar a otros. En casos graves, podrían echar a alguien por error, lo que lo ofendería. O hablar en función de las emociones, proteger a un incrédulo, a un malhechor, podría implicar mantener en la iglesia a alguien a quien habría que echar y que hiciera más daño. Es el mismo principio que para los cambios de deber. Si una evaluación está mal, podría impedir la promoción y capacitación de buenas personas, mientras las malas permanecerían en su puesto. Esto no solo demora la entrada en la vida de otros, sino que perjudica el trabajo de la casa de Dios. También comprendí que las evaluaciones han de basarse en la conducta sistemática. Para evaluar justamente a alguien, no podemos fijarnos solo en sus puntos débiles ni en un momento en que revele corrupción y pegarle una etiqueta. Tras entender esto, empecé a recordarme a mí misma que tenía que mantener un corazón de veneración por Dios en las evaluaciones, hacerlas de manera veraz, justa y objetiva.

Más adelante tuve que redactar otra evaluación de la hermana Lu por necesidades del trabajo. Sabía que Dios lo disponía para probarme, para ver si sabía practicar la verdad y entrar en los principios, para que la evaluara justamente. Así pues, sosegué mi corazón ante Dios y oré para pedirle que examinara mi corazón y me ayudara a ser honesta. Tenía que llamar a las cosas por su nombre, no guiarme por mis emociones o motivaciones. Tenía que decir lo que supiera y admitir que había cosas que no sabía. Me sentí muchísimo mejor al poner eso en práctica. Esta evaluación de la hermana Lu me ayudó a descubrir mi carácter corrupto, artero y escurridizo, que si hablo y actúo con motivaciones subyacentes, cometeré el mal, haré daño y juzgaré a la gente sin darme cuenta. También descubrí que vivir según las palabras de Dios, hacer las cosas como Él nos enseña y ser una persona honesta es el único modo de vivir con auténtica semejanza humana y recibir la aprobación de Dios.

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