No maquines un plan B en el deber

23 Oct 2022

Por Jingmo, Estados Unidos

Trabajé en la iglesia componiendo música para videos durante cuatro años. Debido a las necesidades del trabajo de la iglesia, algunos hermanos y hermanas a mi alrededor eran a menudo transferidos en su deber, y otros, por falta de habilidad, también eran asignados a otros deberes. Todo esto me hacía sentir muy inestable. Pensé: “Si algún día soy transferida, no sé qué deber van a asignarme. Si es un trabajo en el que no soy buena o no soy eficiente, podría ser transferida otra vez. Si no hay un deber apropiado para mí, ¿no significa que seré descartada y no podré salvarme?". Cuando lo pensé de esta forma, no quería ser transferida, pero me sentía afortunada de que mi deber fuera estable por el momento. Después, la carga de trabajo de nuestro equipo se fue reduciendo gradualmente, y algunos de mis hermanos y hermanas fueron transferidos a otros deberes; así que comencé a preocuparme y pensé: “No tengo las mejores habilidades profesionales, tal vez también seré transferida. Y no tengo otra especialidad, así que sin el trabajo de composición, ¿qué más puedo hacer? Si termino sin hacer ningún deber, ¿no será lo mismo que ser descartada?". Por mucho tiempo viví en este estado de preocupación y miedo. Sin importar quién alrededor de mí era transferido, yo estaba muy preocupada por mi futuro.

En julio del año pasado, mi líder me pidió hacer un trabajo de medio tiempo en mi tiempo libre. Después de mostrarme el trabajo, el líder dijo de forma casual: “Este trabajo va a continuar, Así que puedes estar segura y hacerlo bien”. Cuando escuché esto, mi corazón se iluminó, poque este trabajo parecía más estable y duradero que el de composición. Las personas en este equipo parecían ser el mismo grupo pequeño. Algunos llevaban haciendo este trabajo seis o siete años y nunca habían sido transferidos. ¡Parecía ser un mejor trabajo! Tenía que practicar y hacerme experta tan pronto como pudiera. Si algún día era transferida, ya tenía un plan B. Mientras practicara bien y no tuviera errores graves, podría seguir haciendo este trabajo por siempre y no tendría que preocuparme de ser descartada o no tener un deber. Esta idea era muy reconfortante y me hacía muy feliz. Sentí que recibir esta oportunidad, era de verdad gracia de Dios. Desde ese momento, puse especial atención a mi trabajo de medio tiempo. Cuando encontraba cosas que no entendía, les preguntaba a otros hermanos y hermanas, con la esperanza de dominarlo pronto.

Inesperadamente, justo dos semanas después, mi trabajo de composición comenzó a aumentar, y ya no tenía tiempo ni energía para hacerme cargo de mi trabajo de medio tiempo, pero yo quería seguir enfocándome en él porque me preocupaba que si no terminaba mi trabajo asignado, era probable que perdiera este plan B. Así que pospuse mi trabajo de composición tanto como pude, pensando que algunos días de retraso no afectarían en nada. Pero por estar con prisas, a menudo me ponía nerviosa, y en mi trabajo de medio tiempo solía ser descuidada o cometía los mismos errores una y otra vez. El líder del equipo vio que pasaba todo mi tiempo en mi trabajo de medio tiempo provocando retrasos en mi trabajo principal, y me pidió que considerara si podía cumplir con ambas labores. Aunque yo sabía que no podía atender ambos empleos y que estaba causando un retraso en el trabajo de musicalización, no quise admitirlo porque sabía que si yo decía que era demasiado, me harían dejar mi trabajo de medio tiempo, lo que significaría perder ese trabajo estable y duradero. Como no podía aceptarlo, puse excusas ante el líder de equipo, diciéndole que habían llegado tareas urgentes en ambas labores al mismo tiempo, pero era algo muy raro que no pasaba la mayor parte del tiempo. Agregué que aún era aprendiz en mi trabajo de medio tiempo, pero que mejoraría en cuanto me familiarizara más con él, y sólo necesitaba un poco más de tiempo para acostumbrarme. Además, le dije que aunque estaba más ocupada que antes, aprovechaba todo mi tiempo durante mi deber. El líder del equipo no dijo nada más después de eso.

Unos días después, me volvió a recordar que buscara más sobre el asunto de cumplir dos labores y encontrara cómo practicar de acuerdo con la voluntad de Dios. También me dijo que él se daba cuenta de que yo quería conservar mi trabajo de medio tiempo, y me pidió reflexionar si yo tenía intenciones o puntos de vista incorrectos. Cuando escuché al líder del equipo decir esto, admití que quería conservar mi trabajo de medio tiempo, pero sentía que lo priorizaba de acuerdo a las necesidades. Dedicaba más tiempo al trabajo que era más urgente, y eso parecía ser lo más adecuado. Un poco más tarde, me di cuenta de que la voluntad de Dios estaba detrás de su advertencia, y que tenía que reflexionar en mí apropiadamente. Me postré ante Dios y oré: "Dios mío, sé que la advertencia del líder contiene Tu voluntad, pero no sé dónde comenzar a reflexionar en mí misma. Me siento un poco triste, así que te pido que me esclarezcas y me guíes". Después de orar, me pregunté por qué el líder del equipo me pidió reflexionar en mi actitud hacia el deber. ¿Podría ser que yo tuviera intenciones equivocadas en mi deber? Me di cuenta de que antes de tener un trabajo de medio tiempo, valoraba mucho mi empleo de composición. Lo consideraba como mi única salida y temía perderlo. Cuando comencé el de medio tiempo y vi que era más estable y duradero que mi trabajo principal, quise hacer todo lo posible para conservarlo. Pensé que sólo si tenía un deber estable y de larga duración, y no era reemplazada, tenía la garantía de ser salvada. Fue entonces que me di cuenta de que mi desempeño en el deber había sido adulterado con mis propias intenciones. La mayoría de mis hermanos y hermanas que habían sido transferidos podían manejar las cosas correctamente. ¿Por qué mis ideas eran tan complicadas? ¿Por qué tenía tantos miedos y preocupaciones? Continué orando a Dios y buscando, y encontré partes relevantes en la palabra de Dios para leer.

Un pasaje de la revelación de Dios sobre el carácter de los anticristos fue muy específico para mi caso. Dios dice: “Cuando introduzcan una sencilla modificación en su deber, la gente debe responder con una actitud de obediencia, hacer lo que le diga la casa de Dios, lo que pueda y, sea lo que sea, lo mejor que sepa dentro de sus posibilidades, de todo corazón y con todas sus fuerzas. Lo que Dios ha hecho no es un error. Una verdad tan simple puede practicarse con un poco de conciencia y racionalidad, pero esto está más allá de las posibilidades de los anticristos. […] Los anticristos jamás obedecen lo que dispone la casa de Dios, y siempre vinculan estrechamente su deber, fama y estatus con su esperanza de bendiciones y destino futuro, como si una vez perdidos su reputación y estatus, no les queda esperanza de recibir bendiciones y recompensas, y a ellos eso les parece como perder sus vidas. Por lo tanto, deben resguardarse de los líderes y obreros de la casa de Dios, para evitar que su sueño de las bendiciones se arruine. Se aferran a su reputación y estatus, pues piensan que esta es su única esperanza para obtener bendiciones. Un anticristo considera que ser bendecido es más grande que los propios cielos, más grande que la vida, más importante que buscar la verdad, que el cambio de carácter o la salvación personal, y más relevante que desempeñar bien su deber y ser un ser creado a la altura de la norma. Les parece que ser un ser creado a la altura de la norma, cumplir bien con su deber y lograr la salvación son cosas nimias que ni merece la pena mencionar, mientras que obtener bendiciones es la única cosa en toda su vida que no se ha de olvidar. Sea grande o pequeño aquello con lo que se encuentran, se muestran increíblemente precavidos y atentos, y siempre se aseguran una salida” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 12: Quieren echarse atrás cuando no hay ninguna posición ni esperanza de recibir bendiciones). La revelación de Dios sobre las actitudes de los anticristos ante las transferencias en el deber, coincidía por completo conmigo. Me estaba rompiendo la cabeza tratando de mantener mi trabajo de medio tiempo porque quería un deber estable y de larga duración para permanecer en la iglesia y no ser descartada. Todo lo que hacía era para obtener bendiciones. Ese era mi verdadero propósito De hecho, no importa a qué deber de la iglesia sea transferida una persona, esto se basa en las necesidades del trabajo y es completamente normal. Pero los anticristos tienen un carácter malvado, así que piensan en este asunto de una manera anormal. Piensan que nadie en la iglesia es confiable, y que nadie los considera. Creen que, como los transfieren de un lado a otro, si no tienen cuidado, serán descartados y perderán su destino, y que necesitan planear y prepararse con cuidado, estar alertas y tener un plan B, y que sólo así tendrán garantizado un resultado y un destino. Para los anticristos, ser bendecidos es más importante que realizar un deber o ser salvados. ¿Mi visión no era la misma que la de un anticristo? Yo siempre tenía miedo de ser transferida de mi deber. ¿Qué haría yo si me transferían algún día? ¿Qué tal si era un trabajo en el que no era buena, o eficiente, y me transferían de nuevo? Si yo no tuviera un deber que cumplir algún día, ¿no sería descartada? Cuando pensé en ello, me comencé a preocupar. Como un anticristo, tenía una mente malvada y compleja, y pensé que caminaba hacia un callejón sin salida. Por eso quise aferrarme a un trabajo que pensé que podría durar mucho tiempo y no lo dejaría ir. Era como una incrédula, persiguiendo un puesto burocrático. Fantaseaba sobre hacer un deber seguro por siempre, hasta que la obra de Dios se completara y yo pudiera ser salvada y entrar al reino de los cielos sin problema. Para lograr esta meta, me esforcé en mi trabajo de medio tiempo, esperando dominarlo con rapidez y hacerme de un plan B. Aunque no pudiera manejar ambos trabajos, no lo admitía. Cuando mi líder de equipo me lo cuestionó, yo seguía dando evasivas y quise mantener mi trabajo parcial aún si ello significara retrasar mi labor principal, y eso terminó afectando el trabajo. Sólo entonces vi claramente que estaba haciendo mi deber por el bien de mi futuro y mi destino. Estaba usando mi deber como una moneda a cambio de mi destino. Todo lo que hice fue con el fin de obtener bendiciones. ¿No era como estar negociando con Dios y queriendo engañarlo? En el pasado siempre oraba a Dios, diciendo que hacía mi deber para compensar el amor de Dios y vivir una semejanza humana; pero cuando los hechos me revelaron, ¡vi que era solo una mentira! ¡Un engaño!

Leí otro pasaje de la palabra de Dios. “Como ser creado, cuando te presentas ante el Creador, debes cumplir con tu deber. Eso es lo correcto y es la responsabilidad que tienes sobre tus hombros. Basado en que los seres creados cumplen con su deber, el Creador ha realizado una mayor obra entre la humanidad. Ha cumplido una etapa más de obra en la humanidad. ¿Y qué obra es esa? Proporciona la verdad a la humanidad, permitiéndole recibirla de Él mientras cumple con su deber, para así deshacerse de su carácter corrupto y ser purificada. Así, satisface la voluntad de Dios y se embarca en la senda correcta de la vida, y al final, es capaz de temer a Dios y evitar el mal, conseguir la salvación completa y dejar de someterse a las aflicciones de Satanás. Este es el objetivo que Dios desearía que la humanidad consiguiera al final al cumplir su deber. Por tanto, durante el proceso de llevar a cabo tu deber, Dios no solo te hace ver claramente alguna cosa y comprender un poco de la verdad, ni solo te permite disfrutar de la gracia y las bendiciones que recibes al cumplir con tu deber como ser creado. En cambio, te permite ser purificado y salvado y, en última instancia, que llegues a vivir en la luz del rostro del Creador. Esta ‘luz del rostro del Creador’ implica una gran ampliación de significado y contenido en la que no vamos a entrar hoy. Por supuesto, Dios no duda en conceder promesas y bendiciones a tales personas, y realiza diferentes afirmaciones sobre ellos; se trata de un asunto más distante. En términos del aquí y ahora, ¿qué recibe de Dios cualquiera que se presente ante Él y cumpla con su deber como ser creado? Aquello que es más valioso y bello entre la humanidad. Ni un solo ser creado entre la humanidad puede recibir tales bendiciones de manos del Creador por pura casualidad. Algo tan bello y grande es retorcido por la calaña de los anticristos para convertirlo en una transacción, en la que solicitan coronas y recompensas de manos del Creador. Dicha transacción convierte algo tan hermoso y justo en algo muy feo y malvado. ¿Acaso no es eso lo que hacen los anticristos? A tenor de esto, ¿son malvados los anticristos? ¡Son bastante malvados! Esta es solo una manifestación de un aspecto de su maldad” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9: Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (VII)). Las palabras de Dios me atravesaron el corazón. Me sentí en deuda con Él. Dios dice que ser capaz de hacer nuestro deber como seres creados es lo más bello entre la humanidad, es lo más significativo y justo, y que no todo ser creado puede obtener esta bendición. Entendí que esto era cierto. De entre todas las personas en el mundo, Dios dispuso que yo naciera en los últimos días, y tengo la fortuna de seguir Su obra en los últimos días, y tengo la oportunidad de realizar mi deber y experimentar la obra de Dios. No cualquiera recibe esta bendición. Esto es el amor y la gracia especial de Dios. Realizar un deber en la iglesia, sin importar lo que sea, es más valioso y significativo que hacer cualquier otra cosa en el mundo; así que debo agradecerlo y atesorarlo. Además, Dios siempre ha proporcionado la verdad a las personas desinteresadamente, permitiéndoles recibir la verdad mientran cumplen con el deber y gradualmente crecer en la vida. Durante todo este proceso, Dios no pide nada a la gente. Dios sólo quiere que la gente cumpla su deber con un corazón obediente y sincero, y que finalmente obtenga la verdad, se libere de su carácter corrupto, y sea salvada por Dios. Pero, ¿qué hice yo? Tomé el bello acto de realizar mi deber como ser creado, lo convertí en una transacción, y traté de intercambiar mi deber por bendiciones. Fui de verdad astuta, taimada y repugnante a Dios.

Después de esto, a menudo oré a Dios sobre mi estado, pidiéndole que me esclareciera y me guiara para poder entender mis problemas con más claridad. Una vez, durante mis devocionales, leí palabras de Dios. “Respecto a Dios, y respecto a su deber, las personas deben tener un corazón honesto. Si lo hacen, serán personas que temen a Dios. ¿Qué tipo de actitud tienen hacia Dios los que tienen un corazón honesto? Como mínimo, tienen un corazón que teme a Dios, que lo obedece en todas las cosas, no preguntan por las bendiciones o las desgracias, no hablan de condiciones, se abandonan a la merced de Dios: esas son las personas con un corazón honesto. Los que siempre son escépticos con respecto a Dios, los que siempre lo analizan, los que siempre tratan de llegar a un acuerdo con Él, ¿son personas con un corazón honesto? (No). ¿Qué reside en el corazón de esas personas? La astucia y la maldad; siempre están analizando. ¿Y qué es lo que analizan? (La actitud de Dios hacia las personas). Siempre están analizando la actitud de Dios hacia las personas. ¿Qué problema supone esto? ¿Y por qué lo analizan? Porque tiene que ver con sus intereses vitales. En su corazón piensan para sí mismos: ‘Dios creó estas circunstancias para mí, hizo que esto me sucediera. ¿Por qué lo hizo? Esto no les ha ocurrido a otras personas, ¿por qué tenía que ocurrirme a mí? ¿Y cuáles serán las consecuencias después?’. Estas son las cosas que analizan, así como sus ganancias y sus pérdidas, las bendiciones y las desgracias. Y mientras analizan estas cosas, ¿son capaces de practicar la verdad? ¿Son capaces de obedecer a Dios? No. ¿Y qué generan las cavilaciones de su mente? Todo es por su propio bien, solo consideran sus propios intereses. […] ¿Y cuál es el resultado final del escrutinio de las personas que siempre están pensando en sus propios intereses? Lo único que hacen es desobedecer y oponerse a Dios. Incluso cuando se empeñan en cumplir con su deber, lo hacen de forma descuidada y superficial, con un ánimo negativo; en su corazón, no dejan de pensar en cómo sacar ventaja para no verse en el lado perdedor. Tales son sus motivos cuando cumplen con su deber, y en esto están tratando de hacer un trato con Dios. ¿De qué carácter hablamos? De la astucia y de un carácter malvado. Esto ya no es un carácter corrupto normal, sino que ha escalado a la maldad. Y cuando existe este tipo de carácter malvado en su corazón, ¡se trata de una lucha contra Dios! Deben tener claro este problema. Si las personas siempre analizan a Dios y tratan de hacer tratos cuando desempeñan su deber, ¿pueden realizarlo correctamente? Por supuesto que no. No adoran a Dios con su espíritu ni con honestidad, no tienen un corazón sincero, están vigilando y esperando mientras realizan su deber, siempre reteniendo, y ¿con qué resultado? Dios no obra en ellos, y se confunden y lían, no entienden los principios de la verdad y actúan según sus propias inclinaciones, y siempre se desvían. ¿Y por qué se desvían siempre? Porque su corazón carece de claridad, y cuando les suceden cosas no reflexionan sobre sí mismos ni buscan la verdad para encontrar una solución, e insisten en hacer las cosas como les apetece, según sus propias preferencias, con el resultado de que siempre se desvían cuando cumplen con su deber. Nunca piensan en la obra de la iglesia ni en los intereses de la casa de Dios, siempre traman para su propio beneficio, siempre planean para sus propios intereses, orgullo y estatus, y no solo cumplen mal con su deber, sino que también retrasan y afectan a la obra de la iglesia. ¿Acaso no es esto ir por el mal camino, descuidando los deberes? Si las personas siempre hacen planes para sus propios intereses y perspectivas cuando cumplen con su deber, y no piensan en la obra de la iglesia ni en los intereses de la casa de Dios, entonces esto no es cumplir con un deber, porque la esencia y la naturaleza de sus acciones han cambiado. Y si la naturaleza de tales cosas es grave, y se convierte en intromisión y perturbación, y conlleva graves consecuencias, entonces la persona implicada ha de ser descartada” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se buscan los principios de la verdad es posible cumplir bien con el deber). Después de leer estas palabras de Dios, me quedé impactada. Previamente, yo sólo había entendido que estar a la defensiva en mi deber y siempre buscar un plan B, era la manifestación de una actitud tramposa y retorcida. Ahora, a través de lo que las palabras de Dios revelaron, vi que esto había ido más allá de ser tramposa y retorcida, y llegaba a la maldad; porque yo no estaba usando trucos con cualquiera, estaba siendo calculadora con Dios. En apariencia, yo había estado haciendo mi deber, pero no lo hacía con nada de sinceridad. Siempre había estado observando y calculando, haciendo cualquier deber que fuera beneficioso para mí. Recordando cuando yo hacía trabajo de musicalización, lo veía como mi única forma de salvar mi vida. Temía que algún día me reemplazaran y no tener un deber adecuado que realizar, y tampoco tendría la oportunidad de recibir bendiciones; por eso, todo el tiempo me preocupaba perder mi deber. Después, cuando obtuve mi trabajo de medio tiempo, sentí que me daba mejores oportunidades de recibir bendiciones, así que me aferré a él con todas mis fuerzas. En apariencia, parecía ser muy proactiva, preguntando todo lo que no sabía, pero la verdad es que sólo quería dominarlo rápido para poder ocupar una posición indispensable en este deber. A la vez, estuve atenta para ver si me transferían de mi trabajo principal. Si no, realizaría ambos deberes para tener una garantía extra de ser salvada. Y si era transferida, entonces no tendría que preocuparme de ser descartada poque aún tendría mi trabajo de medio tiempo. Vi que mi actitud hacia el deber no era recibir una responsabilidad por parte de Dios, ni era aceptar los deberes que él me daba, con un corazón puro y sincero. En vez de eso, yo tenía motivos retorcidos, y estudié y calculé mis beneficios y mi esperanza de recibir bendiciones. ¡No puedo creer lo tramposa que era! Aparentemente, yo hacía mucho trabajo y estaba ocupada todo el día, haciendo parecer que era muy responsable de mi deber. Pero en realidad, sólo estaba ocupada por mi futuro y mi destino. Cuando el líder del equipo me pidió que considerara si podía manejar ambos empleos, temí que mi plan pudiera arruinarse, y busqué excusas para eludirlo diciéndole: "Quiero dedicar todo mi tiempo a mi deber". ¡Lo que dije era completamente falso! Para cubrir mis intenciones despreciables y vergonzosas, usé una palabrería deshonesta para engañar al líder. ¡Mi carácter era en serio muy malvado! Recordé todos mis pensamientos calculadores y mis retorcidos motivos. ¡No estaba realizando mis deberes en absoluto! Esto era usar y engañar a Dios. ¡Yo no era sincera con Él! Era como una comerciante oportunista, muy artera, egoísta, despreciable, mercenaria y sólo interesada en ganar. Quise usar todo tipo de medios para maximizar mis propios intereses. Dios dice que aquellos que no consideran los intereses de Su casa en el deber, solo los propios, Jamás producirán buenos resultados en lo que hacen. En mi trabajo de medio tiempo, aunque yo quería practicar más, mi intención era encontrar un plan B. Cuando hice las cosas con esta intención, no pensé con cuidado sobre cómo actuar de acuerdo a los principios o cómo lograr buenos resultados. En vez de eso, busqué un éxito rápido y sólo hacía tareas que parecíen impresionantes. Para terminar mis tareas, trabajaba de prisa, lo que hacía que olvidara las cosas y no lograra captar los principios, y mi trabajo siempre estaba lleno de errores. En mi deber principal ya había retrasado nuestro progreso, pero no me preocupaba ni sentía urgencia. Recuerdo que hice un desastre en cada uno de mis deberes. Si esto continuaba, le haría daño al trabajo de la iglesia, y entonces de verdad sería descartada. Cuando me di cuenta, me puse un poco asustada y le oré a Dios diciéndole que estaba dispuesta a arrepentirme, cambiar y revertir mi actitud hacia mi deber.

Después, a través de la oración y la búsqueda, me di cuenta de que siempre había sostenido un absurdo punto de vista, el cual era que mientras yo realizara un deber estable y de larga duración en la casa de Dios, y no fuera transferida, cuando terminara la obra de Dios, yo podría ser salvada y sobrevivir. Jamás había considerado si mi punto de vista estaba alineado con la verdad o cuáles eran exactamente los requisitos de Dios. Entonces busqué partes de la palabra de Dios relacionadas con mi estado, y las leí. Dios dice: “No existe correlación entre el deber del hombre y que él sea bendecido o maldecido. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es la vocación que le dio el cielo y no debe depender de recompensas, condiciones o razones. Solo entonces el hombre está cumpliendo con su deber. Ser bendecido es cuando alguien es perfeccionado y disfruta de las bendiciones de Dios tras experimentar el juicio. Ser maldecido es cuando el carácter de alguien no cambia tras haber experimentado el castigo y el juicio; es cuando alguien no experimenta ser perfeccionado, sino que es castigado. Pero, independientemente de si son bendecidos o maldecidos, los seres creados deben cumplir su deber, haciendo lo que deben hacer y haciendo lo que son capaces de hacer; esto es lo mínimo que una persona, una persona que busca a Dios, debe hacer” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre). “En última instancia, que las personas puedan alcanzar la salvación no depende del deber que cumplan, sino de si pueden comprender y obtener la verdad y de si son capaces de finalmente someterse a Dios por completo, de ponerse a merced de lo que Él disponga, no tener consideración hacia su propio futuro y destino, y convertirse en seres creados aptos. Dios es justo y santo y este es el estándar que usa para medir a toda la humanidad. Recuerda: este estándar es inmutable. Fíjalo en tu mente y no pienses en buscar otra senda para perseguir algo que no es real. Los requisitos y las pautas que Dios tiene para todos los que desean alcanzar la salvación son inalterables para siempre. Son los mismos seas quien seas” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). La palabra de Dios es muy clara. Los deberes que hacen las personas, y el que sean de larga duración y estables, no tiene nada que ver con si son bendecidos o maldecidos. Como seres creados, no importa si eres bendecido o maldecido, debes realizar tu propio deber. Este es el valor de la vida humana, y también es el deber y la obligación de los seres humanos. Además, Dios nunca dijo que mientras hicieras un deber estable y de larga duración, y no te transfirieran, ibas a tener un buen destino y podrías ser salvado. Dios siempre les ha dicho a las personas que sólo persiguiendo la verdad, deshaciéndose del carácter corrupto, y logrando verdadera obediencia, podrán ser salvadas. Los requisitos y las pautas de Dios jamás han cambiado, y Él siempre ha reiterado Sus requisitos. No es que yo no conociera estas palabras o que no las hubiera visto, pero era igual a una incrédula. Jamás había creído o aceptado estas palabras, ni había entendido las buenas intenciones de Dios para salvar a las personas, ni Su carácter justo. Solamente me basé en mis nociones y fantasías, aferrada a mis falsas visiones, y me dí a mí misma un objetivo ridículamente ingenuo que perseguir. Pensaba que mientras continuara realizando un deber en la casa de Dios, sin ser cambiada, iba a sobrevivir cuando la obra de Dios concluyera. Pensándolo ahora, ¡Aquello parecía absolutamente ridículo! Yo solo quería tener un deber que realizar y no ser transferida, pero jamás me enfoqué en perseguir la verdad en mi deber, ni reflexioné en mí misma ni resolví mi carácter corrupto. Como resultado, no me daba cuenta de mis obvias intenciones por obtener bendiciones, ni me daba cuenta de mi malvado carácter, ni buscaba la verdad para resolverlo. Aún si mi deber fuera de larga duración, ¿yo podría garantizar que lo haría por siempre? Algunas personas a mi alrededor habían estado años en sus deberes y nunca habían sido transferidas, pero como no perseguían la verdad, ni se enfocaban en resolver su carácter corrupto, continuamente sólo salían del paso en el deber. Como resultado, cumplieron sus deberes por muchos años sin resultados, y finalmente fueron descartados. Otros que hicieron su trabajo apoyados en años de experiencia o en sus dones, se volvieron arrogantes, actuaban según sus ideas, perjudicaban el trabajo de la iglesia, y fueron descartados. Pero otros hermanos y hermanas que son sencillos y honestos, y pueden aceptar cualquier deber que se les asigne, se enfocan en perseguir la verdad y resolver su carácter corrupto; y cuando no entienden las cosas, pueden orar a Dios para buscar la verdad, o buscan y comparten con sus hermanos y hermanas. Ellos se vuelven más y más eficientes en su deber, crecen en la vida gradualmente, y tienen una auténtica fe en Dios. Ejemplos de esto sucedían alrededor de mí, ¿cómo es que yo no podía verlos? Además, cuando las personas en la casa de Dios son transferidas, siempre se debe a las necesidades de la iglesia y a las habilidades de cada persona. Si tienes verdadera fe en Dios, la iglesia dispondrá un deber adecuado para ti, y esto sólo es el cambio de un puesto a otro, no impide tu derecho a experimentrar la obra de Dios y buscar la verdad, ni te quita la oportunidad de ser salvado. Es algo completamente apropiado. ¿Por qué yo siempre consideraba la transferencia en el deber como algo negativo? Ahora entiendo que mi idea de que un deber estable y duradero me garantizaba un buen destino, y garantizaba que no sería revelada y descartada, era un punto de vista absurdo y ridículo. Eran solamente mis nociones y fantasías, ¡y eso era muy peligroso! Al ver esto, se me iluminó el corazón y me sentí libre. Después de eso, cuando hice mi deber, mi estado de ánimo fue mucho mejor. Ya no sentí que uno de mis deberes era más importante que el otro. En vez de eso, sentí que ambos eran comisiones de Dios, que ambos eran valiosos, y quise hacerlos ambos con lo mejor de mis habilidades. Con respecto a si continuaría con mi trabajo de medio tiempo, se lo dejé a Dios, y estaba dispuesta a someterme a Sus arreglos.

Un día, a finales de noviembre, el supervisor me dijo que ya no tenía que hacer el trabajo de medio tiempo porque ya tenían a alguien más. Cuando me dio la noticia, sentí algo que no podía describir. Estaba un poco triste y sin ganas de dejarlo. Me percaté de mi estado era incorrecto, así que rápido oré a Dios. Pensé en la palabra de Dios: “Respecto a Dios, y respecto a su deber, las personas deben tener un corazón honesto. Si lo hacen, serán personas que temen a Dios. ¿Qué tipo de actitud tienen hacia Dios los que tienen un corazón honesto? Como mínimo, tienen un corazón que teme a Dios, que lo obedece en todas las cosas, no preguntan por las bendiciones o las desgracias, no hablan de condiciones, se abandonan a la merced de Dios: esas son las personas con un corazón honesto” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se buscan los principios de la verdad es posible cumplir bien con el deber). Después de contemplar las palabras de Dios una y otra vez, comprendí que a Dios le gusta la gente honesta, y Él quiere verme manejar mi deber con un corazón honesto, capaz de simplemente obedecer, sin preocuparme por conclusiones e intrigas, y sometiéndome a Sus instrumentaciones. Jamás ha habido alguien en la casa de Dios que haya conservado su lugar ideando trucos y maquinando para sí mismo. Por el contrario, sólo aquellos que son puros, honestos, y hacen las cosas de una manera sensata, con sensatez y buscan la verdad, pueden permanecer. Entonces comprendí que esta situación era una prueba para mí. Yo no podía seguir siendo selectiva con mi deber. Tenía que obedecder de corazón los arreglos de Dios y atesorar mi deber actual. Sin importar cuánto durara este deber, ni qué otros deberes dispusiera la iglesia para mí, tenía que aceptar y obedecer con un corazón puro, y dar lo mejor de mí para hacerlo bien. Atravesar este entorno reveló mi actitud incorrecta hacia mi deber y mi intención de obtener bendiciones. Sin la revelación de los hechos, yo jamás me habría enterado de la adulteración en mi fe, y no habría sabido qué actitud hacia el deber va de acuerdo con la voluntad de Dios. Todo esto es un tesoro sumamente valioso. Además, este repentino cambio en mi deber me permitió ver un hecho: Dios controla todo, y el deber que una persona realiza está predeterminado por Dios. Esto es algo que las personas no pueden predecir ni pueden cambiar. Pero yo, como si fuera una incrédula, no conocía la soberanía de Dios y quise mantener mis deberes con mi propio esfuerzo. ¡Fui muy tonta y muy ignorante! ¿Cómo pude haber pensado en mantener un deber que yo quería realizar? Sólo obedeciendo los arreglos de Dios podía vivir una vida relajada y libre. Después de un tiempo, la iglesia dispuso otro trabajo de medio tiempo para mí, pero dejé de pensar en cuánto tiempo podría durar ese deber. Más bien, sólo quise hacer mi deber de forma diligente, buscar y practicar la verdad en mi deber, resolver mi carácter corrupto, esforzarme por vivir una verdadera semejanza humana, y lograr una verdadera obediencia y lealtad a Dios.

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