Que el afecto no te nuble la mente

31 Ene 2022

Por Xin Jing, China

En junio de 2015 fui a servir a una iglesia como diaconisa de evangelización. Había una mujer, Li Jie, en el equipo de riego, y teníamos que trabajar juntas con bastante frecuencia. Éramos más o menos de la misma edad y teníamos vidas y personalidades parecidas. Las dos también habíamos sido reprimidas por nuestros maridos; teníamos mucho en común. Nos llevábamos de maravilla. Además, yo era nueva en esa iglesia, así que no conocía a los demás miembros y tenía muchos desafíos en el deber. Ella me enseñaba y ayudaba con gran entusiasmo y yo siempre estaba a su lado cuando se topaba con problemas en la vida. Con el tiempo empezamos a compartir nuestros pensamientos y sentimientos íntimos. Estábamos muy compenetradas y nos llevábamos muy bien.

Luego me eligieron líder de la iglesia y ya no teníamos tanto contacto. Transcurridos unos meses, oí a bastantes hermanos y hermanas comentar problemas con Li Jie. Según ellos, era muy arrogante, y cuando los demás tenían problemas, no solo carecía de paciencia con ellos, sino que los reñía y ninguneaba. Todos se sentían cohibidos por ella. Un responsable se lo señaló, pero ella se negó a admitirlo y se mostró grosera al respecto. Ella perturbaba muchísimo en la reunión. No aceptaba enseñanzas de nadie, sino que culpaba a otras personas. Todos decían que carecía de la obra del Espíritu, que su enseñanza era embrollada y confusa y que a veces dejaba a otra gente por los suelos. Llevaba un par de meses sin regar bien a los nuevos fieles. Cuando me enteré de todo esto, dentro de mí supe que ya no era adecuada para el deber de riego. Algunos colaboradores sugirieron su relevo alegando que se retrasaba el trabajo de la iglesia. Yo estaba muy incómoda con aquella idea: no quería echarla. Li Jie fue mi primer contacto cuando llegué a la iglesia y me ayudó muchísimo. Teníamos buena relación, por lo que, si aceptaba su destitución, temía lo que opinara, que dijera que yo era despiadada. Y como le importaba mucho la reputación, ¿no sería una desdichada si la destituían? Así pensado, no soportaba la idea de echarla. Puse por excusa que Li Jie no lo hacía bien últimamente, pero que no todo era culpa suya. Los nuevos a quienes regaba estaban estancados en las nociones religiosas y aprendían despacio; normal que no lo hiciera muy bien. Además, era capaz de trabajar con ahínco muchísimas horas. Si la destituíamos, tardaríamos un poco en encontrar un buen relevo, así que mejor ella que nada. Algunos colaboradores dudaron al oírme decir esto. Todos aceptaron de mala gana mantenerla de momento en el deber y buscarle relevo. Suspiré aliviada, pero también pensaba que, pese a no haberla echado por el momento, habría que hacerlo cuando se encontrara un buen relevo. Si la ayudaba, tal vez mejorara su desempeño y pudiera conservar su deber. Así pues, esa noche me fui directa a casa de Li Jie tras mi reunión vespertina, y le hablé de los motivos por los que su desempeño era deficiente y de los problemas en su deber. No tenía conciencia propia y solo ponía excusas. Me alteré bastante al verla actuar de esa forma. Después de aquello, le enseñé mucho más para ayudarla a mejorar en el deber, pero no mejoró su desempeño. Eso me suscitó mucha ansiedad. Durante un tiempo, una líder me escribió algunas cartas para consultarme un cambio de deber a Li Jie. Yo le daba largas diciéndole que no había encontrado un buen relevo. Li Jie seguía sin dejarse aconsejar y tuvo contactos no autorizados con una hermana con problemas de seguridad cuando la policía podría haber estado vigilando. No me quedó más remedio que relevarla del deber.

La iglesia me encargó después el trabajo de evangelización, y pensé en Li Jie en su casa, desdichada sin ningún deber. Como ella había estado tan motivada en la labor evangelizadora, parecía una buena ocasión para que volviera a comenzar en un deber. Planteé esa idea en una reunión de colaboradores alegando que tenía experiencia y puntos fuertes en esa labor, que sabía que se había equivocado y lo lamentaba. Dije que debíamos darle la oportunidad de unirse al equipo evangelizador. Los demás estuvieron de acuerdo. Bueno, poco después, me sorprendió oír denunciar a los hermanos y hermanas problemas que había tenido antes con la diaconisa de evangelización, por lo que, en las reuniones, no dejaba de hablar de que la diaconisa la había oprimido y no paraba de sacar el tema. Muchos hermanos y hermanas tomaron partido contra la diaconisa y la aislaron. Competía contra la diaconisa en las reuniones de trabajo y algunas hermanas más se pusieron de su lado. La diaconisa de evangelización no podía trabajar, lo que obstruía gravemente la labor de la iglesia. Me escandalicé al enterarme. Sabía que la diaconisa se había disculpado formalmente con Li Jie y yo había hablado con esta. Le había dicho que se conociera a sí misma, que no ahondara en las cosas, sino que aprendiera una lección, pero no me esperaba que siguiera recordando las cosas y se negara a olvidarlas. Su conducta ya era muy molesta en la iglesia, y de continuar así, tendría que dejar el equipo evangelizador. Cada vez me preocupaba más. Fui a enseñarle en numerosas ocasiones. A la cara, me decía lo que era debido, pero seguía actuando igual en las reuniones. Otros diáconos habían hablado con ella y la habían ayudado, pero no tenía conocimiento propio y no cambiaba.

Pronto se enteró de todo esto la líder. Perturbaba en la iglesia, no se arrepentía pese a hablarle reiteradamente y tenía una influencia muy negativa. Al aplicar los principios, había que destituirla y apartarla de la iglesia si continuaba sin arrepentirse. Se me rompió el corazón cuando lo supe. Pensé en que lo había dado todo y sufrido muchísimo. ¿No sería una auténtica vergüenza que la purgaran? Me había ayudado un montón cuando ejercía de diaconisa de evangelización y yo era la persona más cercana a ella en esa iglesia. Me parecía una absoluta crueldad de mi parte no hablar en su defensa. ¿Cómo podría volver a mirarla a la cara si realmente la purgaban? Seguro que me guardaría rencor y le dolería mucho. Con esa idea, les dije a aquellos colaboradores que Li Jie sí tenía problemas, pero que había servido siempre en la iglesia y hacía bien su labor evangelizadora, por lo que quizá aquello era excesivamente duro. Sugerí que se le brindara otra oportunidad y más ayuda, y tal vez cambiaría. Una colaboradora respondió con gran severidad: “Hermana Xin, no obedeces los principios de la verdad, sino que estás atrapada en tus emociones. Li Jie lo hizo bien en su labor evangelizadora anterior y es trabajadora, pero no acepta la verdad; la detesta y desempeña un papel negativo aquí. Ha perturbado gravemente la labor de la casa de Dios. No podemos consentirla a causa de nuestros afectos. Piénsalo”. Cuando dijo esto, comprendí que realmente no obedecía los principios con Li Jie, pero seguía sin soportar la idea y quería que la líder le diera otra oportunidad.

De camino a casa tras la reunión, sentía que me daba vueltas todo y me daba miedo abrir los ojos. No podía ni andar. Me senté a un lado del camino y descubrí que, probablemente, Dios me estaba disciplinando. Oré en silencio. Justo entonces me vinieron a la cabeza, con nitidez, unas palabras de Dios. Dios dice: “Cuando las personas ofenden a Dios, puede no ser por un hecho o una cosa que hayan dicho, sino más bien por la actitud que tienen y por el estado en el que se encuentran. Esto es algo muy aterrador” (‘Dios mismo, el único VII’ en “La Palabra manifestada en carne”). Estas palabras de Dios infundieron temor a mi corazón. Descubrí que debía de estar ofendiendo el carácter de Dios. Me puse a reflexionar y me di cuenta de que, desde que la líder me había ordenado destituir a Li Jie para que hiciera introspección, yo no buscaba la verdad ni pensaba en los intereses de la casa de Dios. Me obstinaba en dar la cara por ella. No llevaba a Dios en el corazón y ya lo había ofendido. Me apresuré a orar a Dios para admitir mi error y con la esperanza de hacer introspección. Después de orar, me fui a casa arrastrándome a tumbos. Al llegar leí otro pasaje de las palabras de Dios. Dios dice: “Algunas personas tienen una naturaleza extremadamente sentimental; cada día, en todo lo que dicen y en todas las maneras en las que se comportan con los demás, viven según sus emociones. Sienten afecto por esta y aquella persona y cada día se ven obligados a devolver favores y buenos sentimientos; en todo lo que hacen, viven en el ámbito de las emociones. […] Se podría decir que esas emociones son su defecto fatal. Todo lo que hacen está dominado por sus emociones, son incapaces de practicar la verdad o de actuar de acuerdo con los principios, y con frecuencia son propensos a rebelarse contra Dios. Las emociones son su mayor debilidad, su peor defecto, y pueden llevarlos a la ruina absoluta. Las personas que son demasiado emocionales son incapaces de poner la verdad en práctica o de obedecer a Dios. Les preocupa la carne, son estúpidos y están despistados, ya que su naturaleza es darle demasiada importancia a los sentimientos. Viven en función de sus emociones” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Me emocioné mucho al leer esto y no podía parar de llorar. Vi que, en realidad, mis sentimientos por el prójimo me gobernaban en exceso, que ese era mi punto débil, mi talón de Aquiles. Li Jie estaba tan presta y dispuesta a ayudarme que sentía verdadera afinidad hacia ella, y con el tiempo llegó a ser una especie de alma gemela. Cuando algo tenía que ver con ella, yo hablaba desde la emoción, siempre preocupada por sus sentimientos y de su lado. No podía aplicar los principios con justicia. Yo sabía que no lo hacía bien en el deber, que eso perturbaba, que era más lo malo que lo bueno; y que había que destituirla inmediatamente. Sin embargo, dado nuestro fuerte vínculo, me preocupaba que perdiera su deber o la echaran de la iglesia, así que, guiada por mis emociones, buscaba toda clase de excusas para convencer al resto de que la mantuviera. Hasta quise ayudarla a mejorar su desempeño para que conservara el puesto. De no haber sido por nuestro vínculo, no habría salido tanto en su defensa. A cualquier otro hermano o hermana lo habría tratado según los principios. En ese momento comprobé que me gobernaban totalmente los afectos en el deber, donde la favorecía y consentía a cada paso sin consideración alguna por los principios. Ni de lejos pensaba en el trabajo ni en los intereses de la casa de Dios, sino que hablaba y actuaba únicamente en función de mis sentimientos; ¡qué egoísta!

Leí un poco más las palabras de Dios, que me abrieron más los ojos a este problema. Dios Todopoderoso dice: “¿Qué cuestiones tienen relación con las emociones? La primera es cómo evalúas a tu propia familia, cómo reaccionas a las cosas que hacen. En ‘las cosas que hacen’ se incluye cuando son entrometidos e interfieren, cuando juzgan a espaldas de la gente, cuando actúan como los incrédulos y cosas del estilo. ¿Podrías ser imparcial con tu familia? Si te pidieran que los evaluaras por escrito, ¿lo harías de forma justa y objetiva, dejando de lado tus propias emociones? ¿Y eres sentimental con las personas con las que te llevas bien o te han ayudado antes? ¿Serías preciso, imparcial y objetivo respecto a sus acciones y comportamientos? ¿Los denunciarías o expondrías inmediatamente cuando los descubrieras entrometiéndose e interfiriendo? Es más, ¿eres sentimental con aquellos que están cerca de ti o comparten intereses similares? ¿Sería imparcial y objetiva tu evaluación, definición y respuesta a sus acciones y comportamientos? ¿Y cómo reaccionarías si los principios dictaran que la iglesia tomara medidas contra alguien relacionado contigo, o con quien tienes una conexión emocional, y estas medidas estuvieran en desacuerdo con tus propias nociones? ¿Obedecerías? ¿Continuarías en secreto teniendo relación con ellos, te seguirías dejando engañar por ellos, dejarías incluso que te incitaran a excusarlos, racionalizarlos y defenderlos? ¿Te sacrificarías y acudirías en ayuda de los que han sido amables contigo, en contra de los principios de la verdad y desatendiendo los intereses de la casa de Dios? Todo esto tiene que ver con varias cuestiones relacionadas con las emociones, ¿verdad? Algunas personas dicen: ‘Estas emociones de las que hablas, ¿acaso no implican solo a los parientes y miembros de la familia? ¿No abarcan solo a los padres, hermanos y otros miembros de la familia?’. No, abarcan a muchas personas diferentes. Ya no solo con los familiares, hay algunos que ni siquiera son capaces de ser imparciales con sus buenos amigos y compañeros. Todo lo que sale de su boca es parcial. Por ejemplo, cuando uno es negligente y tiende a la maldad, lo describen como alguien a quien le gusta divertirse, es despreocupado e inmaduro. ¿Y existe emoción en estas palabras? Cuando la persona negligente no tiene ninguna relación con ellos, sus palabras son menos ligeras: ‘Es evidente que es un anticristo, es perverso, malvado, lo único que hace es entrometerse e interferir’. Cuando se les pide una prueba, responden: ‘Hasta ahora no hay ninguna prueba, pero se nota enseguida que es una oveja negra. Las palabras de Dios dicen que esa es su naturaleza’. No tienen reparos en definirlos. Eso es vivir según sus emociones, ¿verdad? ¿Y qué son aquellos que viven según sus emociones? ¿Son personas imparciales? ¿Son íntegros? (No). Las personas que viven según las predilecciones e intereses de la carne viven según sus emociones” (‘Cómo identificar a los falsos líderes (2)’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). “No les doy a las personas la oportunidad de liberar sus emociones porque Yo no tengo emociones y he llegado a detestar a un grado extremo las emociones de la gente. Es a causa de las emociones entre las personas que he sido dejado de lado y, así, me he convertido en ‘otro’ a sus ojos; es a causa de las emociones entre las personas que he sido olvidado; es por las emociones del hombre que él aprovecha la oportunidad para recoger su ‘conciencia’; es por las emociones del hombre que siempre está cansado de Mi castigo; es por las emociones del hombre que me llama injusto y parcial y dice que estoy haciendo caso omiso de los sentimientos del hombre en Mi manejo de las cosas. ¿También tengo parientes sobre la tierra? ¿Quién ha trabajado, como Yo, día y noche, sin pensar en la comida o el sueño, en aras de la totalidad de Mi plan de gestión? ¿Cómo podría el hombre compararse con Dios? ¿Cómo podría el hombre ser compatible con Dios?” (‘Capítulo 28’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). Esta lectura me aclaró lo que supone estar gobernada por los afectos y descubrí que Dios detesta esto en la gente. Ello nos lleva a vulnerar los principios de la verdad, a hacer el mal y a oponernos a Dios. Dios me encumbró a líder, pero, al lidiar con los demás, no practicaba la verdad ni los trataba justamente, según los principios. Protegía a Li Jie por cómo nos llevábamos, con lo que me negué a destituirla o a echarla cuando era lo que correspondía. Hacía favores con el trabajo de la casa de Dios mientras sacrificaba los intereses de la iglesia. Esto perjudicó la entrada en la vida de los hermanos y hermanas y no hizo sino perturbar el trabajo de la casa de Dios. Mordía la mano que me daba de comer, era una traidora. ¿Eso no era humillar y oponerme a Dios? Me llené de pesar por mis actos al descubrir todo aquello y me apresuré a orar y arrepentirme ante Dios. En una reunión posterior, me sinceré acerca de cómo me habían gobernado las emociones mientras lidiaba con toda la situación. A tenor de la conducta de Li Jie, la aparté del deber para que pudiera reflexionar.

Transcurridos unos seis meses, no solo no había adquirido una comprensión real de su mala conducta, sino que insistía en que estaba ofendida, en que la líder no era justa. Contó a otra gente que la líder la menospreciaba y le guardaba rencor. La líder le enseñó la verdad y analizó su conducta, pero ella no quería saber nada y no tenía más que excusas. Li Jie llegó a dejarle de hablar y, directamente, le daba la espalda para protestar en silencio. Se quejaba y esparcía negatividad entre los demás hablando de cuánto había sufrido sin ninguna bendición a cambio, mientras la recibían los que no la merecían. Algunos hermanos y hermanas en contacto con ella terminaron por ponerse de su lado y por defenderla. Muchos decían que tenía una humanidad deficiente, que era muy quisquillosa con la comida en casa de su anfitriona y que se quejaba a sus espaldas de que no le compraba comida. Era tacaña con el dinero y se quejaba de que era pobre, con lo que engañaba a los hermanos y hermanas para que la ayudaran con amor dándole dinero u otras cosas. Y ella tenía derecho a aceptarlo, como si, de algún modo, le debieran toda esa ayuda. Era un parásito de la casa de Dios. Todo esto me recordó un pasaje de las palabras de Dios de “Una advertencia a los que no practican la verdad”. Dios dice: “Aquellos que dan rienda suelta a su conversación venenosa y maliciosa dentro de la iglesia, que difunden rumores, fomentan la desarmonía y forman grupitos entre los hermanos y hermanas deben ser expulsados de la iglesia. Sin embargo, como esta es una era diferente de la obra de Dios, estas personas son restringidas, pues enfrentan una segura eliminación. Todos los que han sido corrompidos por Satanás tienen un carácter corrupto. Algunos no tienen nada más que un carácter corrupto, mientras que otros son diferentes: no solo tienen un carácter satánico corrupto, sino que su naturaleza también es extremadamente maliciosa. No solo sus palabras y acciones revelan su carácter corrupto y satánico; además, estas personas son el auténtico diablo Satanás. Su comportamiento interrumpe y perturba la obra de Dios, perjudica la entrada a la vida de los hermanos y hermanas y daña la vida normal de la iglesia. Tarde o temprano, estos lobos con piel de oveja deben ser eliminados; debe adoptarse una actitud despiadada, una actitud de rechazo hacia estos lacayos de Satanás. Solo esto es estar del lado de Dios y aquellos que no lo hagan se están revolcando en el fango con Satanás” (“La Palabra manifestada en carne”). Este pasaje de las palabras de Dios me dio mayor discernimiento de Li Jie. Se negaba a aceptar la verdad, perturbaba y criticaba y no desempeñaba un papel positivo, una manzana podrida que estropeaba la vida de iglesia. Cuando fue criticada y perdió el deber, no se arrepintió, sino que estaba descontenta, se quejaba de los líderes y siguió interrumpiendo la vida de iglesia. Jamás podría salvarse esa clase de persona vengativa, agresiva y malvada que detesta la verdad. Perturbaba la vida de iglesia como un zorro fuera de control devorando las gallinas en un gallinero. Hay que apartar a los malvados para que la labor de la casa de Dios pueda continuar y nosotros llevar una vida adecuada de iglesia. Dios es justo y santo. Salva a quienes tienen buena humanidad y aman la verdad, no a los malhechores. Los malvados detestan la verdad por naturaleza y no se arrepienten sinceramente por muchas ocasiones que tengan. Los que aman la verdad pueden revelar corrupción, perturbar y ser críticos, pero después son capaces de hacer introspección, aceptar el juicio y castigo de las palabras de Dios, arrepentirse y transformarse. La iglesia dio muchas oportunidades a Li Jie, pero no se arrepintió. Intensificó sus ataques y sus perturbaciones. Era malvada en esencia. Había que echarla según los principios de la iglesia. Como líder de la iglesia, sabía que tenía que hablar con los demás para exponerles su maldad y firmar sus documentos de excomunión. Todavía era reacia a eso. Me preocupaba que acabara totalmente hecha pedazos si, efectivamente, era apartada de la iglesia. Oré a Dios en cuanto tuve este pensamiento para pedirle que me guiara para dominar mi emoción.

Luego leí esto en las palabras de Dios, el cuarto pasaje de “Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo”. “¿Quién es Satanás, quiénes son los demonios y quiénes son los enemigos de Dios, sino los opositores que no creen en Dios? ¿No son esas las personas que son desobedientes a Dios? ¿No son esos los que verbalmente afirman tener fe, pero carecen de la verdad? ¿No son esos los que solo buscan el obtener las bendiciones, mientras que no pueden dar testimonio de Dios? Todavía hoy te mezclas con esos demonios y tienes conciencia de ellos y los amas, pero, en este caso, ¿no estás teniendo buenas intenciones con Satanás? ¿No te estás asociando con los demonios? Si hoy en día las personas siguen sin ser capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo, y continúan siendo ciegamente amorosas y misericordiosas sin ninguna intención de buscar la voluntad de Dios y siguen sin ser capaces de ninguna manera de albergar las intenciones de Dios como propias, entonces su final será mucho más desdichado. Cualquiera que no cree en el Dios en la carne es Su enemigo. Si puedes tener conciencia y amor hacia un enemigo, ¿no careces del sentido de justicia? Si eres compatible con los que Yo detesto y con los que estoy en desacuerdo, y aun así tienes amor o sentimientos personales hacia ellos, entonces ¿acaso no eres desobediente? ¿No estás resistiéndote a Dios de una manera intencionada? ¿Posee la verdad una persona así? Si las personas tienen conciencia hacia los enemigos, amor hacia los demonios y misericordia hacia Satanás, ¿no están perturbando de manera intencionada la obra de Dios?” (“La Palabra manifestada en carne”). Me sentí muy culpable al leer este pasaje de las palabras de Dios. Era muy consciente de que ella era una alborotadora, un palo en las ruedas que nunca se arrepentiría, una malhechora que detestaba la verdad en esencia, pese a lo cual la consentía, pues siempre quise mantenerla en la iglesia. Permitía que una persona malvada perjudicara el trabajo de la iglesia, con lo que estaba del lado de Satanás y contra Dios. Las filosofías satánicas “la sangre tira mucho” y “el hombre no es inanimado; ¿cómo puede carecer de emociones?” eran mi guía. Siempre había valorado la relación con los demás, ya que pensaba que era la única forma de ser humana, buena persona. Pensaba que todo lo demás era despiadado y que me rechazarían. Un absoluto disparate de mi parte. Esas filosofías mundanas parecen correctas y encajan con las nociones humanas, pero van contra la verdad y los principios. Si somos sentimentales y cariñosos con todos, esa es una forma necia de amar y carece por completo de principios. Dios nos pide que tengamos principios hacia los demás, que seamos cariñosos con los hermanos y hermanas y tengamos conciencia hacia Él para rechazar a los malhechores, a los incrédulos, a los demonios y a Satanás. ¿No es de necios y torpes ser sentimentales con esa clase de gente? Esa clase de amor carece de discernimiento y principios, es fruto de la necedad. No solo nos descarría, sino que seguir a un malhechor puede perjudicar mucho la labor de la casa de Dios. Vi que vivía según las filosofías satánicas, cosa tremendamente necia e indigna. Sabía que Li Jie no aceptaría la verdad, que era una malhechora que perturbaba en la iglesia y que había que apartarla, pero estaba estancada en mis sentimientos, refrenada por los afectos. La consentí una y otra vez. Me resultaba doloroso, agotador y limitante, pero, sobre todo, no practicaba verdades que comprendía. Luchaba contra Dios. Gozaba de la gracia y la salvación de Dios, pero trabajaba contra Él mientras protegía a Satanás y a una malhechora. Carecía realmente de conciencia y razón. Al final me quedó claro que ser gobernada por las emociones es dar la espalda a Dios y a la verdad. Recordé después cómo, durante años, Dios había obrado mucho en mí y había pagado un alto precio. No le había dado nada a cambio, sino que hasta me puse del lado de Satanás en Su contra. Me embargaron el pesar y la culpa con esa reflexión.

Después leí un pasaje de las palabras de Dios en mis devocionales. Dios dice: “¿Según qué principio piden las palabras de Dios que la gente trate a los demás? Ama lo que Dios ama y odia lo que Dios odia. Ese es el principio al que hay que atenerse. Dios ama a los que buscan la verdad y son capaces de seguir Su voluntad. Esas son también las personas a las que debemos amar. Aquellos que no son capaces de seguir la voluntad de Dios, que odian a Dios y se rebelan contra Él, son personas despreciadas por Dios, y nosotros también debemos despreciarlas. Esto es lo que Dios pide del hombre. […] Durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús dijo: ‘¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? […] Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre’. Este dicho ya existía en la Era de la Gracia, y ahora las palabras de Dios son incluso más apropiadas: ‘Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia’. Estas palabras van directas al grano, pero las personas son a menudo incapaces de apreciar su verdadero sentido” (‘Sólo reconociendo tus opiniones equivocadas puedes conocerte a ti mismo’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Eso ayudaba a aclarar este principio de práctica: “Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia”. Los que tienen auténtica fe, buscan la verdad y son fieles en el deber son los verdaderos hermanos y hermanas, los únicos que merecen nuestro amor. Los que se niegan a aceptar la verdad, siempre interrumpen en la iglesia y detestan la verdad y a Dios son malvados, incrédulos, unos demonios y Satanás. Merecen nuestra repulsa y nuestro rechazo. Ese es el único modo de tratar a la gente con principios y según la voluntad de Dios. En una reunión posterior, enseñé lo que es una persona malvada y cómo discernirla y revelé las malas conductas de Li Jie. También enseñé los principios para apartar a alguien de la iglesia, y una vez que todos lograron comprender la verdad, empezaron a exponer la maldad de Li Jie. Al final la echaron.

Yo estaba rebosante de gratitud hacia Dios tras todo aquello. De no haber sido por lo revelado por Dios y por el juicio de Sus palabras, habría seguido viviendo según esas filosofías satánicas, compadeciendo ciegamente a los demás, incapaz de distinguir el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, del lado de Satanás y en contra de Dios, sin darme cuenta. Las palabras de Dios me enseñaron el peligro y las consecuencias de ser gobernada por los afectos y me ayudaron a librarme de las ataduras de estos para poder tratar a la gente según los principios de la verdad. Le estoy muy agradecida a Dios por Su amor y Su salvación.

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