Cuando enfrentamos nuevamente la enfermedad

10 Ene 2022

Por Yang Yi, China

En 1998, acepté la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días y recibí el regreso del Señor. Leyendo las palabras de Dios aprendí cómo Dios expresa la verdad y realiza la obra del juicio en los últimos días para purificar y salvar a la humanidad, con lo que guía a la gente a un hermoso destino. Creía que debía entregarme, sufrir, pagar un precio y preparar buenas obras si quería Sus bendiciones y alcanzar un buen destino. Así, comencé a difundir el evangelio y, ocasionalmente, a dar acogida a hermanos y hermanas, y me esmeraba por hacer todo lo que podía. Incluso donaba el dinero que me sobrara a hermanos y hermanas en dificultades. Una vez, mientras difundía el evangelio, la policía me detuvo, me torturó y hasta me condenó a ir a la cárcel. Ni siquiera entonces traicioné a Dios, y nunca fui una judas. Creía que había hecho tantas buenas obras que, sin duda, Dios me bendeciría. Luego, en 2018, recaí súbitamente en una cardiopatía de 20 años atrás, tuve hipertensión e ingresé dos veces en el hospital. Pensaba para mis adentros: “Pase lo que pase, no puedo quejarme. Debo someterme a las instrumentaciones y disposiciones de Dios”. Para mi sorpresa, tan solo dos semanas después, me recuperé y me dieron el alta del hospital. Se lo agradecí hondamente a Dios. Creía que, como no me había quejado pese a haber enfermado tanto y hasta había seguido haciendo mi deber tras el alta, era verdaderamente leal y sumisa a Dios. Después, en febrero de 2019, de nuevo recaí repentinamente en la cardiopatía y la hipertensión, y fue mucho peor que antes. Al poco tiempo, también me diagnosticaron diabetes y tenía una hernia discal muy severa. No podía valerme por mí misma: tenía que comer acostada y necesitaba a mi nuera para que me llevara al baño. Estaba acostada todo el día y apenas tenía fuerzas para hablar o pestañear.

Una noche, mi estado empeoró súbitamente y me dolía tanto el corazón que me daba miedo hasta respirar, como si, al tomar aire, se fuera a terminar todo. Me dolió aproximadamente media hora y sentía que podía morirme en cualquier momento. Estaba muy dolorida y solo pensaba: “Estoy tan enferma que apenas tengo fuerzas para pestañear; ¿esto es el final? Si muero, ¿cómo entraré en el reino? Nunca participaré de las bendiciones del reino ni vislumbraré su precioso paisaje. ¿Se ha terminado todo para mí?…”. Cuanto más lo pensaba, peor me sentía. Oraba, pero no comprendía la intención de Dios. Conforme pasaba el tiempo, la tenaz agonía de mi enfermedad me quitaba las ganas de vivir, pero también sabía que la intención de Dios no era mi muerte. No sabía qué hacer e, inconscientemente, me puse a exigirle a Dios: “¿Cuándo voy a mejorarme? Todas las hermanas de mi edad que conozco están más sanas, pero yo no me he entregado ni he contribuido menos que ellas. Le he dado mucho a Dios mientras gastaba con austeridad para poder donar a los hermanos y hermanas necesitados. Cumplí activamente con todo deber que pude. Incluso estando detenida, encarcelada y sufriendo tanto, jamás negué ni traicioné a Dios. ¿No hice suficientes buenas obras? ¿Por qué Dios no me bendijo, ni me protegió, ni me dio un cuerpo fuerte?”. Me quejaba constantemente y tenía el corazón en tinieblas. Luego, cuando empezó a dolerme aún más el corazón, fue cuando me presenté ante Dios a orar y buscar. Le oré diciendo: “Oh, Dios mío, de pronto ha empeorado mi cardiopatía. No comprendo Tu intención y no sé cómo debo experimentar esto. Amado Dios, no quiero rebelarme ni oponerme contra Ti. Te pido esclarecimiento y guía para poder aprender de esta experiencia”. Después de orar, recordé un pasaje de la palabra de Dios: “¿Cómo debes vivir la enfermedad cuando llegue? Debes presentarte ante Dios a orar, buscar y captar Su intención; debes examinarte para descubrir qué has hecho que vaya en contra de la verdad y qué actitudes corruptas no se han corregido en ti. No pueden corregirse tus actitudes corruptas sin pasar por el sufrimiento. La gente solo puede evitar ser disoluta y vivir ante Dios en todo momento siendo atemperada por el sufrimiento. Cuando alguien sufre, está siempre en oración. No piensa en prestar atención a la comida, la vestimenta y demás placeres; ora constantemente en su interior, mientras se examina para descubrir si recientemente ha hecho algo mal o ha ido en contra de la verdad de alguna manera. Normalmente, cuando te enfrentas a una enfermedad grave o a una dolencia rara que te causa un sufrimiento terrible, esto no sucede por casualidad. La intención de Dios está presente tanto en tu enfermedad como en tu buena salud(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Al creer en Dios, lo más crucial es recibir la verdad). Tras meditar las palabras de Dios, tuve más clara Su intención. Dios no estaba utilizando esta enfermedad para quitarme la vida ni me hacía sufrir sin motivo. Por el contrario, la enfermedad era Su forma de revelar mi carácter corrupto y ayudarme a aprender una lección; era Su manera de salvarme. No debía malinterpretar ni quejarme de Dios. Tenía que hacer mucha introspección.

Algunos pasajes de la palabra de Dios me ayudaron a comprender mejor mi estado de entonces. La palabra de Dios dice: “Muchos creen en Mí solo para que pueda sanarlos. Muchos creen en Mí solo para que use Mi poder para expulsar espíritus inmundos de sus cuerpos y muchos creen en Mí simplemente para poder recibir de Mí paz y gozo. Muchos creen en Mí solo para exigir de Mí una mayor riqueza material. Muchos creen en Mí solo para pasar esta vida en paz y estar sanos y salvos en la venidera. Muchos creen en Mí para evitar el sufrimiento del infierno y recibir las bendiciones del cielo. Muchos creen en Mí solo por una comodidad temporal; sin embargo, no buscan obtener nada en la vida por venir. Cuando descargo Mi ira sobre las personas y les arrebato todo el gozo y la paz que antes poseían, tienen dudas. Cuando les descargo el sufrimiento del infierno y recupero las bendiciones del cielo, se enfurecen. Cuando las personas me piden que las sane y Yo no les presto atención y siento aborrecimiento hacia ellas, se alejan de Mí para, en su lugar, buscar el camino de la medicina maligna y la hechicería. Cuando les quito todo lo que me han exigido, todas desaparecen sin dejar rastro. Así, digo que la gente tiene fe en Mí porque Mi gracia es demasiado abundante y porque hay demasiados beneficios que ganar(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Qué sabes de la fe?). “La relación del hombre con Dios es, simplemente, de puro interés personal. Es la relación entre el receptor y el dador de bendiciones. Para decirlo con claridad, es la relación entre un empleado y un empleador. El primero solo trabaja duro para recibir las recompensas otorgadas por el segundo. En esta clase de relación basada en el interés personal no hay afecto familiar, solo una transacción. No hay un amar y ser amado; solo caridad y misericordia. No hay comprensión; solo engaño, indignación reprimida e impotencia. No hay intimidad; solo un abismo que no se puede cruzar(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice III: El hombre solo puede salvarse en medio de la gestión de Dios). “He impuesto al hombre un estándar muy estricto todo este tiempo. Si tu lealtad viene acompañada de intenciones y condiciones, entonces preferiría no tener tu supuesta lealtad, porque Yo aborrezco que las personas me engañen por medio de sus intenciones y me chantajeen con condiciones. Solo deseo que el hombre me sea absolutamente leal y que lo haga todo por y para demostrar una sola palabra: fe(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Eres realmente un creyente en Dios?). Las palabras de juicio de Dios fueron como un cuchillo afilado que me atravesó el corazón. Estaba muy avergonzada y entré en razón al instante. Me puse a hacer introspección: ¿cuál había sido mi auténtico objetivo en todos mis años de fe? Recordé que, tras hacerme creyente, ayudaba siempre que veía a mis hermanos y hermanas en dificultades, hacía lo mejor que podía todos los deberes que eran necesarios en la iglesia, y no traicioné a Dios ni siquiera cuando me detuvo, encarceló y torturó el PCCh. Pensaba que realmente había hecho muchas buenas obras. Sin embargo, con la exposición de las palabras de Dios y las revelaciones de los hechos, comprendí que no me entregaba ni me sacrificaba para someterme y satisfacer a Dios, sino para recibir Su gracia y Sus bendiciones, mantener la salud física y, finalmente, alcanzar un buen destino. Por eso, la primera vez que enfermé, creí que, al haberme entregado tanto por Dios, Él no me dejaría morir a pesar de mi enfermedad, así que no lo culpé. La segunda vez, cuando mi estado empeoró aún más y no podía valerme por mí misma, mientras lidiaba con el sufrimiento prolongado y la amenaza de la muerte, me percaté de que mis opciones de recibir las bendiciones del reino de los cielos eran remotas y lamenté haberme entregado anteriormente. Llegué a razonar y discutir con Dios por mis sacrificios y esfuerzos previos. Estaba negociando con Dios, engañándolo y utilizándolo; ¡nada que ver con la auténtica entrega por Él! Recapacité acerca de por qué había sido tan irracional. Como habían expuesto las palabras de Dios, yo tenía la idea falaz de que, por haberme entregado y sacrificado por Dios, Él debía bendecirme y darme un cuerpo sano y un buen destino, al igual que en el mundo laico se considera justo compensar en función de cuánto trabaje una persona. Para mí, mis sufrimientos y sacrificios eran un capital con el que negociar un buen destino con Dios y, al no haberlo logrado, mi corazón rebosaba de quejas y oposición. ¡Qué irracional! Dios es santo y justo: Él quiere que nos sacrifiquemos sinceramente. Sin embargo, con mis motivaciones despreciables, quería hacer un trato con Dios. Estaba engañándolo y oponiéndome a Él. Si no me arrepentía pronto, Dios se disgustaría conmigo y me descartaría.

Oré a Dios y en Sus palabras procuré entender el origen del problema. Luego leí dos pasajes de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Todos los seres humanos corruptos viven para sí mismos. Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda; esto resume la naturaleza humana. Toda la gente cree en Dios para sí misma; renuncia a las cosas y se esfuerza en aras de ser bendecida, y el sufrimiento que soporta y el precio que paga al hacer su deber son también en aras de ser recompensada. En síntesis, todo es con el propósito de ser bendecida, ser recompensada y entrar en el reino de los cielos. En el mundo, la gente trabaja en su propio beneficio, y en la casa de Dios hace un deber para obtener bendiciones. La gente renuncia a todo y puede soportar mucho sufrimiento para obtener bendiciones. Todo esto es la evidencia más clara de que las personas poseen una naturaleza satánica(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). “¿Qué son los venenos de Satanás? ¿Cómo se pueden expresar? Por ejemplo, si preguntas: ‘¿Cómo debería vivir la gente? ¿Para qué debería vivir?’, todo el mundo responderá: ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’. Esta sola frase expresa justamente la raíz del problema. La filosofía y la lógica de Satanás se han convertido en la vida de las personas. Sea lo que sea lo que persiga la gente, en realidad lo hace para sí misma, por tanto, toda ella vive para sí misma. ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’: esta es la filosofía de vida del hombre y también representa la naturaleza humana. Estas palabras se han convertido ya en la naturaleza de la humanidad corrupta y son el auténtico retrato de su naturaleza satánica. Dicha naturaleza satánica se ha convertido por completo en la base de la existencia de la especie humana corrupta. La especie humana corrupta ha vivido según este veneno de Satanás durante varios miles de años y hasta nuestros días(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo caminar por la senda de Pedro). Las palabras de Dios exponían mi esencia-naturaleza. Había negociado con Dios, lo había engañado y utilizado porque Satanás me había corrompido a fondo. El veneno de Satanás había influido en todas mis ideas y nociones. Vivía de acuerdo con la lógica y los principios satánicos, como: “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda” y “Nunca te lleves la peor parte”, actuando siempre de forma interesada y entregándome por Dios nada más que para hacer tratos con Él. Siempre esperaba recibir algo de Dios y Sus bendiciones a cambio de mis pequeños esfuerzos. Vivía del veneno de Satanás, era egoísta y despreciable, y solo buscaba mi ganancia. Cuando no recibía bendiciones ni réditos, me quejaba contra Dios. ¡No tenía la más mínima humanidad! Recordé que Dios, a fin de salvar a la humanidad, había padecido la crucifixión para redimirla entera en Su primera encarnación, y que, en Su segunda encarnación, vino al país del gran dragón rojo y el PCCh lo perseguía, y el mundo religioso lo condenaba y lo rechazaba. Dios soportaba un sufrimiento y una humillación enormes, pese a lo cual expresaba la verdad para regarnos y proveernos. Dios jamás nos ha pedido que le demos nada, sino que siempre se entrega en silencio por la humanidad. Yo, por mi parte, no pensaba compensarle Su amor y hasta le exigía que me diera paz, Sus bendiciones y un buen destino. Al no conseguir lo que quería, me quejaba contra Dios. ¿Dónde estaba mi conciencia? Apenas era digna de ser considerada humana, y mucho menos merecía entrar en el reino de Dios. Cuando me percaté de todo esto, me odié tremendamente y también di gracias a Dios. De no haber estado enferma, en cama y amenazada por la muerte, nunca habría hecho introspección y habría seguido por la misma senda equivocada, abandonada y descartada por Dios sin ni siquiera saber qué había pasado. Me emocioné mucho y oré a Dios: “¡Amado Dios! Ya veo que esta enfermedad forma parte de Tu salvación y amor hacia mí. Estoy dispuesta a someterme. Esta clase de juicio, castigo, prueba y refinación es la única vía para detectar mis motivaciones impropias de una creyente y comenzar a transformar mi carácter corrupto. Estoy dispuesta a cambiar mis objetivos y nociones erróneos y a hacer mi deber de ser creado”. Después, leí este pasaje de las palabras de Dios: “No existe correlación entre el deber del hombre y que él reciba bendiciones o sufra calamidades. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es la vocación que le dio el cielo y debe cumplirlo sin buscar recompensa y sin condiciones ni excusas. Solo esto se puede llamar cumplir con el propio deber. Recibir bendiciones se refiere a las bendiciones que disfruta una persona cuando es hecha perfecta después de experimentar el juicio. Sufrir calamidades se refiere al escarmiento que recibe una persona cuando su carácter no cambia tras haber pasado por el castigo y el juicio; es decir, cuando no se la hace perfecta. Pero, independientemente de si reciben bendiciones o sufren calamidades, los seres creados deben cumplir su deber, haciendo lo que deben hacer y haciendo lo que son capaces de hacer; esto es lo mínimo que una persona, una persona que busca a Dios, debe hacer. No debes realizar tu deber en pos de recibir bendiciones, y no debes negarte a hacerlo por temor a sufrir calamidades. Dejadme deciros esto: lo que el hombre debe hacer es realizar su deber, y si no realiza su deber, eso es su rebeldía(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre). Entendí que soy un ser creado. Sacrificarme y entregarme por Dios es perfectamente natural, está justificado y es mi deber. No debía exigirle nada a Dios pero, con mis motivaciones despreciables, quería que me concediera bendiciones y un buen destino por mis esfuerzos. ¡Qué irracional! Ya fuera con un cuerpo sano y un buen destino como si no, debía seguirlo y entregarme por Él en el deber de todos modos, al igual que un hijo siempre debe respetar a sus padres, lo traten como lo traten, y tanto si va a heredar propiedades como si no, pues se trata de responsabilidades y obligaciones. Aunque aún no me había recuperado y me sentía muy mal, ya no malinterpretaba a Dios ni me quejaba contra Él. Tanto si me recuperaba como si no, estaba dispuesta a someterme a las instrumentaciones y disposiciones de Dios.

En realidad, en cuanto a qué se considera una buena obra y qué maneras de entregarse y sacrificarse te granjean la aprobación de Dios, antes siempre lo juzgaba en función de mis nociones e imaginaciones, pero eso no concuerda con la intención de Dios. Más adelante, al descubrir un estándar de juicio en las palabras de Dios, fue cuando me quedó claro lo que constituye una buena obra. Las palabras de Dios dicen: “¿Cuál es el estándar según el cual las acciones y el comportamiento de una persona se juzgan como buenos o malvados? El de que en sus pensamientos, revelaciones y acciones posean o no el testimonio de poner la verdad en práctica y de vivir la realidad-verdad. Si no tienes esta realidad ni vives esto, sin duda, eres un malhechor. ¿Cómo considera Dios a los malhechores? Para Dios, tus pensamientos y tus acciones externas no dan testimonio por Él, no humillan a Satanás ni lo derrotan; en cambio, causan vergüenza a Dios, están llenos de las marcas de deshonrarlo. No estás dando testimonio de Dios, no te estás gastando para Él y no estás cumpliendo tus responsabilidades y obligaciones en aras de Dios, sino que más bien estás actuando para ti mismo. ¿Qué significa ‘para ti mismo’? Siendo precisos, significa ‘para Satanás’. Así que, al final, Dios dirá: ‘Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’. A ojos de Dios, tus acciones no se verán como buenas obras, se considerarán hechos malvados. No solo no obtendrán la aprobación de Dios, además serán condenadas. ¿Qué espera obtener alguien con una fe así en Dios? ¿Acaso esta fe no se quedaría en nada al final?(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). “Dado que estás seguro de que este camino es verdadero, debes seguirlo hasta el final; debes mantener tu lealtad a Dios. Dado que has visto que Dios ha venido a la tierra a perfeccionarte personalmente, debes entregarle del todo tu corazón. Si, sin importar lo que Dios haga —tal vez darte un desenlace desfavorable al final—, tú de todos modos puedes seguirlo, eso significa que has mantenido tu pureza ante Dios. La ofrenda de un cuerpo espiritual santo y una virgen pura a Dios, de lo cual se ha hablado, significa mantener un corazón sincero ante Él. La sinceridad del hombre es pureza, y aquellos que pueden ser sinceros hacia Dios han mantenido la pureza(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Debes mantener tu lealtad a Dios). Tras leer las palabras de Dios, entendí que Él quiere que seamos sinceros, que nos sacrifiquemos gustosos por Él sin pedir compensación, que practiquemos la verdad y demos testimonio de Él en el deber. Esto es lo que de verdad significan las buenas obras. Antes tenía un entendimiento unilateral de las buenas obras. Creía que, siempre que me entregara, sufriera y pagara un precio, estaba forjando buenas obras y Dios me recordaría. Luego me acordé de que, en la Era de la Gracia, el Señor Jesús había dado Su aprobación a la viuda pobre que hizo un donativo. A la mayoría le parecía que solo había ofrecido un par de monedas de muy poco valor, pero a Dios no le importa cuánto ofrece la gente, sino su intención. Si yo me había entregado y había dado muchas más veces de lo que había dado la viuda, ¿por qué Dios no me daba Su aprobación? A Dios no le disgustaban mis esfuerzos, sino mis motivaciones falsas y mi engaño. No era sincera con Dios; me entregaba a modo de transacción y eso era impuro. Por mucho que diera de este modo, nunca sería considerado una buena obra. Cuando comprendí la intención de Dios, le oré diciéndole que, tanto si me recuperaba o tenía un buen destino como si no, igualmente me entregaría sinceramente por Él para retribuir Su amor. Más adelante, mi hernia discal no mejoraba y no hacía más que recaer en mi cardiopatía, pero ya no me limitaba la enfermedad ni me ataba mi deseo de recibir bendiciones: podía comer y beber regularmente de las palabras de Dios, asistir a reuniones y cumplir con mi deber en la medida de lo posible.

En mi vida, he tenido la oportunidad de aceptar la obra de Dios en los últimos días y la suerte de oír Su voz; con todo esto, Dios ha hecho una excepción para enaltecerme. Con la exposición y el juicio de las palabras de Dios, he llegado a ver que Satanás me había corrompido tanto que apenas parecía humana. Es ahora cuando he adquirido algo de razón y sumisión ante Dios. Ahora que he pasado por estos cambios, aunque sí me muera, no habré vivido en vano. Cuando me desprendí del deseo de recibir bendiciones y dejé de estar limitada por mi enfermedad, me sentí mucho más asentada. Después, no me traté la enfermedad, pese a lo cual, poco a poco he empezado a mejorar. Ya puedo sentarme a escribir en una computadora y practico la redacción de artículos para dar testimonio de Dios. Ahora también me valgo por mí misma. Doy gracias a Dios de todo corazón por utilizar la enfermedad para ayudarme a aprender una lección y por permitirme ver Su salvación y amor hacia mí. Recordé un pasaje de las palabras de Dios: “Lo que las personas buscan al creer en Dios es obtener bendiciones para el futuro; este es el objetivo de su creencia. Todo el mundo tiene esta intención y esta esperanza, pero la corrupción en su naturaleza debe resolverse por medio de pruebas y refinamiento. Los aspectos en los que las personas no están purificadas y todavía revelan corrupción son los aspectos en los que deben ser refinadas: este es el arreglo de Dios. Dios dispone entornos para ti y te obliga a ser refinado en ellos para que puedas conocer tu propia corrupción. Finalmente, llegas a un punto en el que estás dispuesto a renunciar a tus designios y deseos y someterte a la soberanía y el arreglo de Dios, aunque signifique la muerte. Por tanto, si las personas no experimentan varios años de refinamiento, si no soportan una cierta cantidad de sufrimiento, no serán capaces de liberarse de la limitación de la corrupción de la carne en sus pensamientos y en su corazón. En aquellos aspectos en los que la gente sigue sujeta a la limitación de su naturaleza satánica y en los que todavía tiene sus propios deseos y sus propias exigencias, esos son los aspectos en los que debe sufrir. Solo a través del sufrimiento la gente puede aprender lecciones; lo que significa que puede obtener la verdad y comprender las intenciones de Dios(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte).

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