¡He recibido el regreso del Señor!

23 Feb 2022

Por Li Deming, China

Las últimas cuatro generaciones de mi familia han sido católicas y, a finales de los 70, mi familia creó un lugar de reunión. En aquel momento, tanto mi padre como mi tío ejercían de deanes de la iglesia. La víspera de toda festividad importante, mi familia me llevaba en bici a un lugar, a más de 30 km, donde observábamos la festividad. Recuerdo que el sacerdote solía decirnos en misa que ya habían llegado los últimos días y que teníamos que estar en constante alerta, tener el alma purificada y no cometer pecado mortal, pues el Señor podría venir en una nube y ascendernos al cielo en cualquier momento. Por aquella época, todos los feligreses, jóvenes y mayores, sentían gran fervor, decían el rosario, asistían a misa y hacían buenas obras, mientras anhelaban el regreso del Señor.

Mi padre y mi tío fallecieron a principios de los 90 y yo asumí el cargo de deán. Guiaba a los feligreses en la lectura de las Escrituras, en los servicios, y daba sermones. En la primavera de 1999, nuestro sacerdote me dio un folleto del evangelio proveniente de Hong Kong y me mandó movilizar a todo el mundo con la noticia de que el regreso del Señor era inminente. Me apresuré a organizar reuniones generales para todos y les pedí que oraran y leyeran la Escritura tres veces al día. También les hablé de las señales de la venida del Señor explicadas en la Biblia. Les dije: “Queridos fieles, el Señor está a punto de regresar. Ya ha puesto un pie a este lado de la puerta y pronto estará ante nosotros. El Señor Jesús dijo: ‘Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, a cuya vista todos los pueblos de la tierra prorrumpirán en llantos; y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes resplandecientes del cielo con gran poder y majestad’ (Mateo 24:30). Vemos que, cuando venga el Señor, aparecerá una gran señal en el cielo. Contemplaremos con nuestros ojos que el Señor descenderá sobre una nube con gran gloria y majestad para ascendernos al cielo. Solo faltan unos meses para el año 2000. No podemos demorarnos en predicar el evangelio a amigos, familiares y conocidos incrédulos. A ojos del Señor, tendrá gran mérito que salvemos más almas”. Esto despertó el interés de todos, que se pusieron a debatirlo emocionados. Algunos dijeron: “Sí, dentro de unos meses será el año 2000. ¡El Señor está a punto de regresar! Es preciso que leamos más la Escritura y dejemos de codiciar las cosas mundanas”. Y otros: “Tengo que predicar inmediatamente el evangelio a familiares y amigos para que puedan salvar su alma e ir al cielo”.

Noviembre llegó en un santiamén y empecé a notar que mi esposa parecía algo distinta de lo normal. Cada noche, tras la cena, iba a casa de la hermana Tian, en nuestra aldea, a leer la Escritura y llevaba bastantes días sin hacer vísperas conmigo. Algo confundido, me preguntaba si se había convertido a otra denominación. Una tarde, mi mujer vino a casa y me preguntó algo. Me comentó: “Hace ya mucho tiempo que somos creyentes. ¿Esperas el regreso del Señor?”. Sin dudarlo, contesté: “¿Acaso tienes que preguntarlo? ¡Claro que lo espero!”. Entonces me dijo muy seria: “Tengo buenas noticias para ti. El Señor se ha encarnado de nuevo, ha regresado y ha abierto el rollo que cita el Apocalipsis”. Me quedé bastante atónito. Elevé el tono de voz: “¿De qué diablos estás hablando? Sin duda, el Señor va a venir con las nubes a Su regreso. ¡Es imposible que regrese en la carne!”. Mi esposa dijo después: “Ni siquiera lo has investigado. ¿Cómo puedes determinar a ciegas que no regresaría en la carne? En todos nuestros años de fe, ¿no hemos estado esperando recibir el regreso del Señor? Con esta suposición a ciegas, basada en tus nociones, es probable que pierdas la ocasión de ser arrebatado. Creo que deberías calmarte e investigarlo en serio”. Sin embargo, realmente no comprendí nada de lo que dijo. Me preocupaba que la hubieran engañado, así que le hablé de las profecías de la segunda venida: “Tras la crucifixión y resurrección del Señor Jesús, Él subió al cielo en forma de espíritu. A Su regreso, volverá en forma de espíritu con las nubes y toda la gloria. ¿Cómo es posible que regrese en la carne? Según la Biblia, ‘Mirad cómo viene sentado sobre las nubes del cielo, y han de verle todos los ojos’ (Apocalipsis 1:6). ‘Pero después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no alumbrará, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes o los ángeles del cielo temblarán. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, a cuya vista todos los pueblos de la tierra prorrumpirán en llantos; y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes resplandecientes del cielo con gran poder y majestad’ (Mateo 24:29-30). Aquí vemos que, a Su regreso, el sol se oscurecerá y la luna perderá su luz. Las estrellas caerán del cielo y el Señor descenderá sobre una nube. No obstante, no ha aparecido absolutamente ninguna de estas señales. ¿Cómo pudiste afirmar que ya ha venido?”. Me escuchó y respondió con mucha calma: “Todas las profecías del Señor son misterios ocultos. Si los explicamos literalmente, según nuestras nociones y fantasías, es probable que malinterpretemos Sus palabras. Acuérdate de los fariseos. Se guiaban por el sentido literal de las Escrituras y por sus nociones, y creían que el Mesías nacería en un palacio real y asumiría el poder, pero el Señor Jesús no nació en un palacio. Nació en un pesebre como hijo de un carpintero y no tenía nada de gobernante. Los fariseos vieron que el nacimiento y la obra de Jesús no encajaban para nada con sus ideas, por lo que se negaron rotundamente a admitir que Él era la venida del Mesías, lo combatieron y lo condenaron. ¡No podemos cometer el mismo error que los fariseos!”. Me incomodó que dijera eso y pensé que yo era el deán de la iglesia y tenía más formación que ella, pero que se negaba a escucharme hasta el punto de afirmar que yo había malinterpretado las profecías del Señor. Se me puso mala cara y, airado, le repliqué: “Te lo he dicho muchas veces, pero no escuchas. ¡Te han engañado de veras! Tienes que dejar de ir a esas reuniones”. Pero, soprendentemente, me contestó con firmeza: “Lo que he investigado está claro y tengo fe en el regreso del Señor. Si no crees, asunto tuyo, pero no te interpongas en mi camino”. Me puse totalmente furioso con ese comentario. A fin de salvarla, me busqué a otros dos deanes de la iglesia para que trataran de detenerla. Uno le dijo con mucha confianza: “Ambos provenimos de una larga estirpe de católicos y sabemos que esa es la única religión correcta. El cristianismo surgió de una división de la Iglesia católica. Cuando regrese el Señor, las demás denominaciones volverán al catolicismo. Eso es lo que se llama la unidad de los cristianos. ¿Lo sabes, no?”. Me sorprendió que mi esposa preguntara: “¿Existe algún fundamento para que todas las denominaciones vuelvan a la Iglesia católica cuando regrese el Señor? ¿Afirmó eso alguna vez el Señor Jesús? ¿Quieren reunificarse las iglesias cristianas y la ortodoxa de Oriente con la Iglesia católica? La Biblia profetizó hace mucho: ‘En los últimos días, el monte en que se erigirá la casa del Señor tendrá sus cimientos sobre la cumbre de todos los montes, y se elevará sobre los collados; y todas las naciones acudirán a él’ (Isaías 2:1). Aquí, ‘montes’ se refiere a las diversas denominaciones. Cuando el Señor regrese y realice la obra de reunificación, no es que el cristianismo vaya a volver al catolicismo ni al revés, sino que los auténticos creyentes de toda denominación se presentarán ante el trono de Dios. Al convertirse todos los credos en uno de esta manera, se evidenciará la justicia del Señor y toda persona se convencerá por completo”. Al oír esto, me pareció muy novedoso y esclarecedor, y durante un momento realmente no supe qué decir. Vi que también los dos deanes se habían quedado sin palabras, y uno de ellos tan solo dijo enérgicamente: “Eres una mera feligresa; ¿crees que sabes más que un sacerdote? De todas formas, a su debido tiempo, todos volverán al catolicismo. Quienes dan la espalda al catolicismo han traicionado a Dios y su alma no irá al cielo. A ustedes los han extraviado. Te aconsejo que vayas a confesarte ya. No es demasiado tarde para dar marcha atrás”. Respondió muy firme: “A mí no me han extraviado. He oído las palabras del Espíritu Santo a las iglesias y sigo las huellas del Cordero. He aceptado la nueva obra de Dios. Me quedo en esta senda y nadie puede detenerme”. Conseguí a esos dos deanes para que la aconsejaran, pero jamás imaginé que no solo no podrían convencerla, sino que no tendrían modo de refutarla. Después, la fe de mi esposa se fortaleció aún más. Según ella, al principio se sentía algo limitada por mí y tenía ciertas inquietudes, pero cuando los deanes trataron de interponerse en su camino, le quedó claro que no comprendían la verdad, que eran realmente arrogantes y que no querían buscar humildemente. Por ello, se sintió libre de limitaciones y estaba todavía más decidida a seguir a Dios Todopoderoso. Siguió asistiendo a reuniones a diario.

Algo que me confundía era que ella no tenía mucha formación ni conocía muy bien la Biblia; entonces, ¿cómo pudieron aquellos dos deanes quedarse mudos ante sus argumentos? ¿Qué clase de sermones tan fabulosos escuchaba? Pensé detenidamente en lo que había dicho y sentí que debía de haber algo de verdad en ello. ¿Realmente provenía del Espíritu Santo aquello en lo que creía? No me parecía posible. En tal caso, nuestros sacerdotes debían de saberlo todo al respecto; entonces, ¿por qué no lo habían comentado? Fui a hablarle de ello a mi cuñado. También era deán de la iglesia. No obstante, sin haberme dado tiempo a terminar de hablar, me interrumpió airadamente: “¡Es imposible que el Señor regrese en la carne! Hay una iglesia denominada Relámpago Oriental. Afirman que el Señor ha vuelto en la carne y que se llama Dios Todopoderoso. Sus enseñanzas son muy elevadas y nos han robado a muchos creyentes fervorosos. Más de una docena de nuestra iglesia se han dejado engañar, incluso un sacerdote. Hagamos lo que hagamos, no volverán”. Y me advirtió en concreto que, pasara lo que pasara, no escuchara lo que predicaban. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi esposa escuchaba los sermones del Relámpago Oriental. Fui directo de casa de mi cuñado a la de otro deán y le dije que advirtiera a los demás feligreses que se mantuvieran lejos del Relámpago Oriental. De camino a casa, empecé a pensar en lo que me había comentado mi cuñado. Sentía bastante curiosidad y me daba una cierta sensación de provocación. Me preguntaba qué argumentaba todo el Relámpago Oriental. ¿Por qué se pasaban a ellos tantos creyentes? Por muy buenos que fueran sus sermones, ¿de veras podían desbancar a nuestras verdades católicas? Si tenía ocasión, quería ver qué predicaban en realidad.

Comencé a leer más la Biblia a fin de estar más equipado para refutar a cualquiera del Relámpago Oriental. Busqué reiteradamente profecías relativas al regreso del Señor y descubrí esta: “Mis ovejas oyen la voz mía; y yo las conozco, y ellas me siguen” (Juan 10:27). Mientras la leía, pensaba en cuántos creyentes fervorosos aceptaron el Relámpago Oriental tras oír lo que predicaba y se negaban a volver. ¡Eso era bastante revelador! Además, todos habían sido católicos mucho tiempo, con perspicacia y una fe firme. Debían de haber investigado antes de seguir el Relámpago Oriental. Pensé que quizá ese libro que leía sí contenía la verdad, que era la voz de Dios. Y si no lo comprobaba, ¿cómo sabría si realmente provenía de Dios o no? Luego decidí descubrir de qué iba todo eso, y si había verdad en ello y concordaba con la Biblia, continuaría investigando. Si contradecía la fe católica, podría rechazarlo de todos modos.

Una mañana, justo después del desayuno, no veía a mi esposa por ningún lado. Supe que estaba otra vez en casa de la hermana Tian. Pensé para mis adentros que aquello debía de ser muy interesante, ¡ya que iba a reuniones todos los días! Quería comprobar qué decían realmente. Al llegar a casa de la hermana Tian, no solo vi a otros feligreses, sino también al hermano Wang, de más de 50 años. Me invitó a unirme a la reunión. Me senté a escuchar y oré en silencio al Señor para pedirle que velara por mi corazón y me diera discernimiento para que no me engañaran. El hermano Wang compartió lo siguiente: “La Biblia contiene tres partes: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Apocalipsis. Cada parte registra la obra de Dios en una era distinta. En el Antiguo Testamento se registra Su obra de la Era de la Ley, cuando Dios dictó los diez mandamientos por medio de Moisés, además de Sus leyes y decretos, para que la gente supiera qué era el pecado y cómo vivir en la tierra. En el Nuevo Testamento se registra Su obra de la Era de la Gracia, cuando el Señor Jesús fue crucificado en ofrenda por el pecado y redimió a la gente de la condenación en virtud de la ley. El Apocalipsis profetizó la obra de Dios en los últimos días, la obra de la Era del Reino, cuando Dios se hace carne, viene en secreto y expresa verdades para juzgar y purificar a la humanidad a fin de librarnos por completo de las ataduras del pecado. Esta es una inmensa salvación para todo el que busca la verdad”. Añadió: “De hecho, hace mucho que Dios profetizó que vendría encarnado en los últimos días. Hay muchas profecías de esto en la Biblia. Por ejemplo, el Señor dijo: ‘Mirad que vengo como ladrón’ (Apocalipsis 16:15). ‘Así vosotros estad siempre prevenidos; porque a la hora que menos pensáis vendrá el Hijo del hombre’ (Lucas 12:40). Aquí, ‘que menos pensáis’ y ‘como ladrón’ se refieren a que el ‘Hijo del hombre’ vendrá en secreto cuando la gente no lo espere. Las alusiones al ‘Hijo del hombre’ se refieren a la encarnación de Dios. Es igual que el Señor Jesús, nacido del hombre en una familia del pueblo llano. Parecía una persona normal, pero Su esencia era divina. Era la encarnación del propio Dios”. Oír que el hermano Wang continuaba dando testimonio de que Dios había regresado en la carne me resultó algo irritante y no quise oír más. Así pues, me levanté del sofá y dije con gesto serio: “No admito lo que afirmas de que Dios ha regresado en la carne. La Biblia profetiza claramente: ‘Varones de Galilea, ¿por qué estáis ahí parados mirando al cielo? Este Jesús, que separándose de vosotros se ha subido al cielo, vendrá de la misma suerte que le acabáis de ver subir allá’ (Hechos 1:11). El Señor ascendió al cielo en forma de espíritu, por lo que Su regreso debería ser en forma de espíritu y descender con toda la gloria. El Señor ya murió por nosotros en la cruz y asumió un sufrimiento inimaginable. No va a regresar en la carne”. El hermano Wang me respondió con calma: “Vamos a sentarnos a hablar más de esto. Las verdades de las palabras de Dios pueden resolver todas nuestras dudas”. Reflexioné que las enseñanzas del hermano Wang eran buenas, que no podría superarlo con mi conocimiento de la Biblia. Si no era capaz de evaluar las cosas de forma clara y me dejaba engañar, podría perder la ocasión de salvarme y entrar en el reino. Pensé que no podía seguir escuchando, sino que primero tenía que irme a casa y leer muy atentamente la Biblia. Por ello, busqué una excusa y me marché.

No escuché todo lo que él dijo, pero, de vuelta en casa, en cuanto pensaba en la idea del regreso del Señor en la carne, me atormentaba totalmente la confusión. Tal vez pudieran extraviar a mi esposa, ¡pero no parecía posible que engañaran a todos esos otros creyentes devotos! Aparte, si en realidad el Señor había vuelto y no lo investigaba, podría perder la ocasión de recibirlo. Sin embargo, si el Relámpago Oriental no era el camino verdadero y yo terminaba en la senda equivocada, eso sería una traición al Señor y mi alma no podría salvarse. Durante un tiempo, no tuve mucho apetitio ni dormí bien. Me sentía muy desdichado. Por ello, me arrodillé ante una imagen del Sagrado Corazón y oré: “Señor Jesús, no sé si el Relámpago Oriental es realmente Tu regreso o no. Te ruego que me des discernimiento y guía. No permitas que me extravíe y tome la senda equivocada”.

Después comencé a leer todo tipo de versículos sobre el regreso del Señor y, guiado por el Espíritu Santo, encontré unas profecías de la venida del Señor en secreto y descubrí un misterio. Reparé en que muchos versículos señalan que aquellos que reciban la venida en secreto del Señor asistirán al banquete y serán bendecidos. Por ejemplo, el Señor dijo: “Mas llegada la medianoche, se oyó una voz que gritaba: Mirad que viene el esposo, salidle al encuentro. Al punto se levantaron todas aquellas vírgenes, y aderezaron sus lámparas. […] vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta” (Mateo 25:6-7, 10). “Mirad que vengo como ladrón, […]. Dichoso el que vela, y guarda bien sus vestidos, para no andar desnudo, y que no vean sus vergüenzas” (Apocalipsis 16:15). “Sed semejantes a los criados que aguardan a su amo cuando vuelve de las bodas, a fin de abrirle prontamente, luego que llegue, y llame a la puerta. Dichosos aquellos siervos a los cuales el amo al venir encuentra así velando; en verdad os digo, que recogiéndose él su vestido, los hará sentar a la mesa, y se pondrá a servirles. Y si viene a la segunda vela, o viene a la tercera, y los halla así prontos, dichosos son tales criados” (Lucas 12:36-38). “He aquí que estoy a la puerta de tu corazón, y llamo; si alguno escuchare mi voz y me abriere la puerta, entraré a él, y con él cenaré, y él conmigo” (Apocalipsis 3:19). Medité y oré una y otra vez acerca de estos versículos. Entendí que las palabras “llegada la medianoche, se oyó una voz que gritaba”, “como ladrón”, “viene a la segunda vela” y “viene a la tercera” se referían a que el Señor descenderá cuando la gente no lo espere. En realidad, era acertado lo que decían sobre la venida del Señor en secreto para salvar a la humanidad. ¡Encajaba con las profecías bíblicas! Si era capaz de recibir la venida del Señor en secreto, ¿no me convertiría en uno de los bendecidos? Di gracias al Espíritu Santo por Su esclarecimiento, que me permitió descubrir este misterio. Seguí buscando en la Biblia y encontré estas palabras del Señor Jesús: “Porque como el relámpago brilla y se deja ver de un cabo del cielo al otro, iluminando la atmósfera, así se dejará ver el Hijo del hombre el día suyo. Mas es necesario que primero padezca muchos tormentos y sea desechado de esta nación” (Lucas 17:24-25). Anteriormente, siempre había creído que el Señor volvería en forma de espíritu, pero lo dejó claro: “es necesario que primero padezca muchos tormentos y sea desechado de esta nación”. En forma de espíritu, ¿cómo podría sufrir o ser desechado por la gente? Solo sufriría la encarnación de Dios. ¿Acaso estaba en lo cierto el Relámpago Oriental, y el Señor se había hecho carne y había vuelto como Hijo del hombre? No obstante, me acordé entonces de Apocalipsis 1:6: “Mirad cómo viene sentado sobre las nubes del cielo, y han de verle todos los ojos, y los mismos que le traspasaron o clavaron en la cruz. Y todos los pueblos de la tierra se herirán los pechos al verle”. Según este versículo, el Señor regresará glorioso con las nubes y todos lo verán cuando nos ascienda. Si el Señor viniera encarnado en secreto, ¿cómo se explicaría ese versículo de la Biblia? ¿No son contradictorias las profecías de Su venida en secreto y de Su venida con las nubes? No le encontraba sentido a esto.

El día de Año Nuevo del 2000 se pasó en un abrir y cerrar de ojos, pero no se cumplió mi largamente anhelada esperanza de que el Señor descendiera del cielo. Sabía que, básicamente, se habían cumplido todas las señales del regreso del Señor. Fue entonces cuando comencé a cuestionar la idea de que el Señor iba a llegar del cielo con el nuevo milenio. En el fondo, cada vez me inclinaba más por la idea de una venida en secreto. Seguí buscando profecías al respecto. También oré al Señor Jesús: “Señor, el milenio ha llegado, pero no te he visto venir en una nube. Estoy decepcionado y dolido. Oh, Señor, actualmente, solo el Relámpago Oriental da testimonio de que has regresado en la carne. ¿De veras has vuelto? Te pido esclarecimiento para poder reconocer Tu obra”. Tenía muchas ganas de oír más enseñanzas del hermano Wang, pues pensaba que, si el Relámpago Oriental era el auténtico regreso del Señor, la obra de Dios me eliminaría si no lo aceptaba. Cuanto más lo pensaba, más ansiedad sentía. En enero, un día realmente no pude quedarme quieto. Le dije a mi esposa que quería oír al hermano Wang. Cuando me encontré con él, le expliqué: “Últimamente he estado en casa leyendo muchísimos pasajes de la Escritura y me parece que lo que dijiste encaja con las profecías. Ya puedo admitir la idea de la venida del Señor en secreto como Hijo del hombre, pero también está esta profecía: ‘Mirad cómo viene sentado sobre las nubes del cielo, y han de verle todos los ojos, y los mismos que le traspasaron o clavaron en la cruz. Y todos los pueblos de la tierra se herirán los pechos al verle’ (Apocalipsis 1:6). Según esto, el Señor vendrá con las nubes en gran gloria. ¿Eso no se contradice con la venida del Señor en secreto? El Señor es fiel y no cabe duda de que todas Sus palabras se cumplirán. Debe de haber algún misterio en esto; ¿qué quiere decir?”.

Me leyó un par de pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “Todo aquel en el universo que sabe de la salvación de Jesús el Salvador ha estado anhelando desesperadamente que Jesucristo llegue repentinamente para cumplir lo que dijo cuando estuvo en la tierra: ‘Llegaré tal como me fui’. El hombre cree que, después de la crucifixión y la resurrección, Jesús volvió al cielo sobre una nube blanca para ocupar Su lugar a la diestra del Altísimo. De forma parecida, Jesús descenderá de nuevo sobre una nube blanca (esta nube se refiere a la nube sobre la que Jesús cabalgó cuando regresó al cielo) entre aquellos que lo han anhelado desesperadamente durante miles de años, y Él tendrá la imagen y vestimenta de los judíos. Después de aparecerse al hombre, Él le concederá comida y hará que el agua viva brote para él y vivirá en medio de él, lleno de gracia y lleno de amor, vívido y real. Todas esas nociones son lo que cree la gente. Sin embargo, Jesús el Salvador no hizo esto; hizo lo contrario de lo que el hombre concibió. No llegó entre los que habían anhelado Su regreso ni se les apareció a todos los pueblos mientras cabalgaba sobre la nube blanca. Él ya ha llegado, pero el hombre no lo sabe y sigue siendo ignorante. El hombre solamente está esperándolo sin propósito, sin darse cuenta de que Él ya ha descendido sobre una ‘nube blanca’ (la nube que es Su Espíritu, Sus palabras, todo Su carácter y todo lo que Él es) y está ahora entre un grupo de vencedores que Él formará durante los últimos días” (‘El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Muchas personas pueden no preocuparse por lo que digo, pero aun así quiero decirle a cada uno de estos llamados santos que siguen a Jesús que, cuando lo veáis descendiendo del cielo sobre una nube blanca con vuestros propios ojos, esta será la aparición pública del Sol de justicia. Quizás será un momento de gran entusiasmo para ti, pero deberías saber que el momento en el que veas a Jesús descender del cielo será también el momento en el que irás al infierno a ser castigado. Ese será el momento del final del plan de gestión de Dios, y será cuando Él recompense a los buenos y castigue a los malvados. Porque Su juicio habrá terminado antes de que el hombre vea señales, cuando solo exista la expresión de la verdad. Aquellos que acepten la verdad y no busquen señales, y por tanto hayan sido purificados, habrán regresado ante el trono de Dios y entrado en el abrazo del Creador. Solo aquellos que persisten en la creencia de que ‘El Jesús que no cabalgue sobre una nube blanca es un falso Cristo’ se verán sometidos al castigo eterno, porque solo creen en el Jesús que exhibe señales, pero no reconocen al Jesús que proclama un juicio severo y manifiesta el camino verdadero y la vida. Y por tanto, solo puede ser que Jesús trate con ellos cuando Él vuelva abiertamente sobre una nube blanca. Son demasiado tozudos, confían demasiado en sí mismos, son demasiado arrogantes. ¿Cómo puede recompensar Jesús a semejantes degenerados? El regreso de Jesús es una gran salvación para aquellos que son capaces de aceptar la verdad, pero para los que son incapaces de hacerlo es una señal de condenación. Debéis elegir vuestro propio camino y no blasfemar contra el Espíritu Santo ni rechazar la verdad. No debéis ser personas ignorantes y arrogantes, sino alguien que obedece la dirección del Espíritu Santo, que anhela y busca la verdad; solo así os beneficiaréis” (‘En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer las palabras de Dios, me enseñó lo siguiente: “El regreso de Dios en los últimos días tiene dos etapas. Primero se encarna en el Hijo del hombre y viene en secreto. Es el Espíritu de Dios, que se hace carne, expresa verdades, realiza la obra de juicio y purificación y finalmente forma un grupo de vencedores. Entonces concluirá la obra de la encarnación de Dios en secreto. Hará caer los grandes desastres, recompensará a los buenos y castigará a los malos. Al término de los grandes desastres, Dios vendrá sobre una nube y aparecerá ante las gentes de todas las naciones. Esto cumple la profecía del Señor: ‘Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, a cuya vista todos los pueblos de la tierra prorrumpirán en llantos; y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes resplandecientes del cielo con gran poder y majestad’ (Mateo 24:30). Para la mente humana, la venida del Señor sobre una nube debería ser un momento de gran júbilo para todos; entonces, ¿por qué dijo que prorrumpirán en llantos? Porque comprobarán que Dios Todopoderoso, a quien se resistieron, es el auténtico regreso del Señor Jesús. Pero para entonces habrá acabado la obra de Dios para salvar a la humanidad. Como se negaron a admitir todo lo que no fuera la venida de Jesús en una nube, se perdieron la oportunidad de la salvación de Dios. De ahí el llanto y el crujir de dientes, y serán castigados. Como vemos, el regreso en secreto de Dios encarnado para obrar no solo pretende salvar al hombre, sino también desenmascarar y eliminar a la gente. Todos aquellos que oyen la voz de Dios y lo aceptan mientras obra en la carne y expresa verdades se presentan ante Su trono y experimentan el juicio ante el trono de Cristo. Los que sean capaces de librarse de corrupción y purificarse con el juicio de Dios recibirán Su protección en los desastres y sobrevivirán, pero los malvados, que no aman la verdad y se resisten a Dios, serán eliminados por medio de la obra de Su encarnación y acabarán castigados en los grandes desastres. Es decir, la obra de Dios en secreto separa las cabras de las ovejas, el trigo de la cizaña, a los verdaderos creyentes de los falsos, a los justos de los malvados… Todo esto está revelado. Todos serán clasificados por tipos. Esta es la sabiduría de la obra de Dios”. Esta enseñanza suya me abrió realmente los ojos de repente. Descubrí que así se cumplirán las profecías bíblicas del regreso del Señor y pude apreciar la autoridad de Dios en las palabras de Dios Todopoderoso. Esa sensación del carácter justo e inofendible de Dios me dejó temblando de miedo. Supe que, si me aferraba a la noción de la venida del Señor con las nubes y no aceptaba las verdades expresadas por Su encarnación, ¡perdería la ocasión de salvarme! Sentí entonces que las palabras de Dios Todopoderoso eran la auténtica verdad. Ese día aprendí el misterio del regreso del Señor leyendo unos pocos pasajes de Sus palabras. No era de extrañar que tantos creyentes se negaran a volver después de aceptar a Dios Todopoderoso.

Le hice algunas preguntas más al hermano Wang: “Jesús se apareció a Sus discípulos durante 40 días tras Su resurrección y luego ascendió al cielo en Su cuerpo espiritual resucitado. Siempre hemos creído que, cuando el Señor regrese para juzgar al mundo, aparecerá en forma de espíritu, sentado en un gran trono blanco, majestuoso y fascinante, y juzgará a todos los pueblos, por lo que aquellos en pecado mortal irán al infierno, mientras que quienes hayan hecho buenas obras irán al cielo. Sin embargo, ustedes dan testimonio de que el Señor viene en la carne a realizar Su obra del juicio. ¿Tiene esto algún fundamento bíblico?” Me dijo: “Hay profecías bíblicas de que Dios se hará carne para realizar la obra del juicio. Por ejemplo, ‘Porque como el relámpago sale del oriente y se deja ver en un instante hasta el occidente, así será el advenimiento del Hijo del hombre’ (Mateo 24:27). ‘Ni el Padre juzga visiblemente a nadie; sino que todo el poder de juzgar lo dio al Hijo’ (Juan 5:22). ‘Y le ha dado la potestad de juzgar en cuanto es Hijo del hombre’ (Juan 5:27). ‘Quien me menosprecia, y no recibe mis palabras, ya tiene juez que le juzgue; la palabra que yo he predicado, ésa será la que le juzgue el último día’ (Juan 12:48). ‘Aún tengo otras muchas cosas que deciros; mas por ahora no podéis comprenderlas. Cuando venga el Espíritu de verdad, él os enseñará todas las verdades necesarias para la salvación’ (Juan 16:12-13). ‘Pues tiempo es de que comience el juicio por la casa de Dios’ (1 Pedro 4:16). Todas estas alusiones a ‘el Hijo’ y el ‘Hijo del hombre’ se refieren a Dios en forma de encarnación. Esto nos demuestra que, en los últimos días, el Espíritu de Dios se hace carne para realizar Su obra del juicio, el juicio que comienza por la casa de Dios. Es decir, el Cristo de los últimos días expresa verdades y lleva a cabo el juicio entre aquellos que aceptan Su juicio para purificar y salvar a la gente, lo que hace que el hombre entre en toda verdad. Esta es la obra de la venida de Dios en secreto. En cuanto a los incrédulos, Dios los condenará y destruirá directamente y se ocupará de ellos a través de los desastres. El Cristo de los últimos días, Dios Todopoderoso, expresa todas las verdades que purifican y salvan al hombre y realiza la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. Esto cumple por completo las profecías del regreso del Señor en los últimos días”. Así pues, a continuación, el hermano Wang me habló de por qué no realiza Dios Su obra del juicio en los últimos días en forma de espíritu, sino personalmente en la carne.

Me leyó un par de pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “La salvación del hombre por parte de Dios no se lleva a cabo directamente utilizando el método del Espíritu y la identidad del Espíritu, porque el hombre no puede ni tocar ni ver Su Espíritu, ni tampoco acercarse a Él. Si Él tratara de salvar al hombre directamente utilizando la perspectiva del Espíritu, el hombre sería incapaz de recibir Su salvación. Si Dios no se hubiera vestido con la forma exterior de un hombre creado, no habría forma de que el hombre recibiera esta salvación, pues el hombre no tiene forma de acercarse a Él, igual que nadie podía acercarse a la nube de Jehová. Solo volviéndose un ser humano creado, es decir, solo poniendo Su palabra en el cuerpo de carne en el que está a punto de convertirse, puede Él obrar personalmente la palabra en todos los que le siguen. Solo entonces puede el hombre ver y oír personalmente Su palabra, y, además, poseer Su palabra y, por estos medios, llegar a ser totalmente salvo. Si Dios no se hubiera hecho carne, nadie de carne y hueso podría recibir una salvación tan grande ni se salvaría una sola persona. Si el Espíritu de Dios obrara directamente en medio de la humanidad, la humanidad entera sería fulminada o, sin una forma de entrar en contacto con Dios, Satanás se la llevaría totalmente cautiva. La primera encarnación fue para redimir al hombre del pecado; para redimirlo por medio de la carne de Jesús; es decir, Él salvó al hombre desde la cruz, pero el carácter satánico corrupto todavía permanecía en el hombre. La segunda encarnación ya no tiene como propósito servir como ofrenda por el pecado, sino, más bien, salvar por completo a los que fueron redimidos del pecado. Esto se hace de tal forma que quienes han sido perdonados puedan ser librados de sus pecados, sean purificados completamente, y, al lograr un cambio de carácter, sean liberados de la influencia de la oscuridad de Satanás y regresen delante del trono de Dios. Sólo así puede el hombre ser plenamente santificado”. “Si el Espíritu de Dios le hablara directamente al hombre, la humanidad entera se sometería a la voz, cayendo sin palabras de revelación, como cuando Pablo cayó al piso en medio de la luz de camino a Damasco. Si Dios continuara obrando de esta forma, el hombre nunca sería capaz de llegar a conocer su propia corrupción a través del juicio de la palabra y, así, alcanzar la salvación. Sólo haciéndose carne puede Dios transmitir personalmente Sus palabras a los oídos de todos los seres humanos de forma que todos los que tengan oídos puedan oír Sus palabras y recibir Su obra de juicio por la palabra. Sólo este es el resultado obtenido por Su palabra, y no que el Espíritu se manifieste con el fin de atemorizar al hombre para que se someta. Sólo a través de esta obra práctica, pero extraordinaria, puede el antiguo carácter del hombre, escondido profundamente en su interior durante muchos años, ser revelado plenamente de forma que el hombre pueda reconocerlo y cambiarlo. Todas estas cosas constituyen la obra práctica de Dios encarnado, en la cual, al hablar y ejecutar el juicio de una manera práctica, Él consigue los resultados del juicio sobre el hombre por la palabra. Esta es la autoridad de Dios encarnado y el sentido de Su encarnación” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Luego me enseñó esto: “En las palabras de Dios Todopoderoso descubrimos que la primera vez que Dios se hizo carne lo crucificaron en ofrenda por el pecado para que asumiera los del hombre, por lo que, una vez que creemos en el Señor, se nos perdonan los pecados, pero la raíz de nuestro pecado, nuestra naturaleza pecaminosa, aún la tenemos dentro. Pecamos y revelamos corrupción constantemente. Somos arrogantes, egoístas y astutos, mentimos y engañamos, somos celosos, odiamos. Ante el desastre, o cuando hay dificultades en nuestra familia, tendemos a quejarnos, a culpar y juzgar a Dios, o incluso nos peleamos con Él. Eso es innegable. Como Dios es santo, quien es impuro no puede contemplarlo. Somos sumamente inmundos y corruptos, pecamos y nos resistimos a Dios; entonces, ¿cómo podríamos ser dignos de entrar en Su reino? El Señor Jesús profetizó que, a Su regreso en los últimos días, expresaría verdades y realizaría la obra del juicio para purificar y transformar al hombre, de modo que la gente pudiera desechar su corrupción, purificarse y entrar en el reino de Dios. Su obra del juicio de los últimos días pretende purificar y salvar a la gente. Por eso es preciso que realice esta obra en la carne. Si juzgara a la gente el Espíritu de Dios, aquella no se purificaría ni salvaría. Eso se debe a que la gente es mortal, de la carne, y Satanás nos ha corrompido a todos, así que estamos llenos de actitudes satánicas, inmundicia y corrupción. Jamás podríamos estar cerca del Espíritu de Dios. Si Su Espíritu nos juzgara directamente, nos destruiría por nuestra rebeldía y nuestra provocación. Y si el Espíritu de Dios hablara al hombre, sería como los rayos y los truenos. No solo no lo entenderíamos, sino que nos aterraría. Ese tipo de juicio a la humanidad no lograría los objetivos deseados”. Después me puso un ejemplo: “Imagina que hay un pajarillo herido y que queremos ayudarlo, pero nos tiene miedo y no deja que nos acerquemos porque es totalmente distinto a nosotros y no entiende lo que decimos ni comprende nuestras intenciones. Pero si nos convirtiéramos en un pajarillo, podríamos acercarnos a él y ayudarlo y no tendría miedo ni se resistiría a nosotros. Igualmente, para salvarnos mejor a nosotros, unos seres humanos corrompidos tan a fondo, Dios se hace carne y se reviste exteriormente como una persona normal. Expresa verdades y expone nuestra rebeldía y corrupción, además de nuestra naturaleza pecaminosa de oposición a Dios. Exhibe ante nosotros Su carácter justo para que veamos que Él es muy real, vivo y verosímil. Entonces también puede compartir con nosotros de forma muy clara Su voluntad, Sus exigencias y las verdades que debemos practicar y en que debemos entrar, lo que nos muestra la senda para transformar nuestro carácter y purificarnos”. El hermano Wang me enseñó luego otra cosa. “En los últimos días, que Dios realice Su obra del juicio en la carne puede revelar mejor nuestras nociones y nuestra rebeldía. La primera vez que Dios se encarnó y vino a obrar, bien sabían los fariseos que lo que predicaba el Señor Jesús era autorizado y poderoso, pero veían que no tenía aspecto de gran hombre y que era hijo de un carpintero. Lo que decía y hacía no encajaba con sus nociones y fantasías, así que se negaron a investigarlo tan siquiera; por el contrario, lo combatieron y condenaron e impidieron que los demás buscaran la obra de Dios. Al final hicieron que crucificaran al Señor Jesús. En los últimos días, Dios se ha encarnado de nuevo para realizar Su obra del juicio y, como la manera en que ha venido no concuerda con nuestras nociones, delimitamos a Dios por arrogancia. El clero del mundo religioso actúa especialmente como esbirros de Satanás, difundiendo rumores para que los creyentes no estudien la obra de Dios de los últimos días. Imagina que Dios no se encarnara para realizar esta obra, sino que viniera Su Espíritu a llevar a cabo la obra del juicio; ¿quién se atrevería a ser tan impertinente con Él? ¿Podría revelar eso la corrupción de la gente? Por ello, solo Dios en la carne puede revelar nuestra rebeldía, nuestra corrupción y nuestras nociones de Dios. Quienes aman la verdad pueden reconocer la corrupción y esencia de su provocación a Dios gracias a Su juicio y Sus revelaciones. A la larga los conquistan y purifican Sus palabras. Reciben la salvación de Dios y entran en un hermoso destino. Sin embargo, aquellos que se aferran a sus nociones y fantasías, que se niegan a aceptar la verdad, pero se empeñan en luchar contra Dios, serán plenamente revelados por Dios como cizaña. No solo no se salvarán, sino que Dios los condenará y maldecirá igual que a los fariseos. Así pues, la venida de Dios encarnado a realizar Su obra del juicio en los últimos días rebosa misericordia y salvación para el hombre, así como la sabiduría de Dios”.

La enseñanza del hermano Wang me dio gran esclarecimiento. Me acordé de la Era de la Ley. Cuando Yavé apareció y habló a los israelitas en el monte Sinaí, todos oyeron la voz de Dios como un trueno y se llenaron de temor. Le dijeron a Moisés: “Háblanos tú, y oiremos; no nos hable el Señor, no sea que muramos” (Éxodo 20:19). Dios es santo, y nosotros, seres humanos corruptos. Realmente no podemos tener un contacto directo con el Espíritu de Dios. También recordé que, al enterarme de que el Señor había regresado en la carne, me embargaron las nociones y la resistencia y fui sumamente arrogante. Sin investigarlo, asumí ciegamente que era imposible que el Señor regresara en la carne. Precinté la iglesia, impedí que los demás lo investigaran y traté de impedirle a mi esposa que asistiera a reuniones. ¿En qué se diferenciaban mis actos de los de los fariseos cuando se resistieron a Jesús? Fui muy arrogante y rebelde. Si realizara la obra del juicio el Espíritu de Dios, seguro que me destruía. Fue entonces cuando comprendí que el hecho de que Dios encarnado realice la obra del juicio es, en realidad, la mejor salvación de Dios para el hombre.

Posteriormente, el hermano Wang habló conmigo un par de veces más y leí mucho las palabras de Dios Todopoderoso. A partir de Sus palabras aprendí los misterios de las encarnaciones de Dios, los misterios de Sus nombres y de las tres etapas de obra, a discernir al Cristo verdadero de los falsos, a qué tipos de personas salva y elimina Dios, etc. Cuanto más leía Sus palabras, mejor comprendía la obra y la voluntad de Dios. Se me aclararon muchísimas cosas que antes no entendía. Me supuso un gran sustento espiritual. En el fondo estaba seguro de que Dios Todopoderoso era el camino, la verdad y la vida, el único Dios verdadero. Solo Dios puede expresar la verdad y es la fuente eterna del sustento que necesitamos en la vida. ¡Dios Todopoderoso es el regreso del Señor!

Antes me aferraba a los términos literales de la Biblia y encasillaba a Dios según mis nociones e ilusiones. No investigué la obra nueva de Dios, sino que, tercamente, rechacé el regreso del Señor. A punto estuve de ser una virgen insensata y perder la ocasión de recibir el regreso del Señor. Si Dios no me hubiera guiado y salvado a tiempo, mis nociones me habrían desgraciado. Gracias a la misericordia y salvación de Dios, pude recibir Su regreso. ¡Le estoy muy agradecido a Dios!

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Después de eso, devoré las palabras de Dios Todopoderoso como si estuviera hambrienta. Aprendí muchísimas verdades y misterios que no había comprendido antes en mi fe, ¡y tuve la plena certeza de que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús que ha regresado!

¿Puede representar la Biblia al Señor?

Escuchar esto me iluminó enormemente el corazón. Comprendí que, aunque la Biblia sea un relato de la obra anterior de Dios, no es la fuente de la vida. Dios es la única fuente de nuestra vida. No podemos quedarnos atrapados en la Biblia. Lo principal es obedecer la obra y las palabras actuales de Dios.

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