Solos los puros entran al reino de los cielos

4 Feb 2021

Por Sara, Estados Unidos

Cuando creía en el Señor, solía escuchar que el Señor nos enseña a amar al prójimo como a nosotros mismos, que nuestro amor proviene de Dios y que debemos amar a los demás y a nuestros enemigos porque Dios nos ama. Y Hebreos 12:14 dice: “Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Esto me recordó la época en la que tenía fuertes encontronazos con mi madre y discutíamos ferozmente. Sabía que esto no iba según el corazón del Señor y tuve que poner en práctica Sus palabras. Más adelante, cada vez que tenía un encontronazo con mi madre, intentaba contenerme y escuchar su opinión. Mantenía la calma y era paciente. Pero después de un tiempo, ya no pude controlar mi humor. Si no coincidía con lo que ella decía, discutíamos. Además, yo seguía tendencias mundanas y estaba obsesionada con las películas y la televisión. A veces, mentía para guardar apariencias o para beneficio propio. Estaba atrapada en un círculo de pecado y confesión y me sentía siempre culpable. Pero no podía dominar ni escapar a mis impulsos y esto me atormentaba. A veces, pensaba: “¿Puedo entrar al reino celestial si vivo así, en el pecado?”. Una vez, mi madre me dijo: “¡Tienes muy mal temperamento para ser cristiana!”. Al oírla decir esto me sentí incluso peor. Estaba de veras intentando controlarme, pero no podía aplicar las enseñanzas del Señor. ¿Iba esto a agradar al Señor? ¿Sería capaz de cambiar alguna vez? Cuando consulté a mis hermanos y hermanas sobre este problema, algunos dijeron: “Debemos aprender a controlarnos. A medida que nos acercamos a Dios, más tolerantes nos volvemos”. Otros dijeron: “Es normal tener estos altibajos, pero el cambio asciende en espiral. Cuanto más cambiamos, mejor somos”. Dalo por seguro. La salvación del Señor es completa. Su gracia nos conducirá al reino de los cielos”. Incluso después oírlos decir esto, aún no tenía un rumbo claro. Solo me quedaba orar al Señor pidiéndole ayuda.

Luego, por casualidad, conocí algunos hermanos y hermanas en línea. Nos reuníamos a menudo a estudiar la Biblia. El contenido de su enseñanza era interesante y esclarecedor. Me aportaba mucho reunirme con ellos. Una vez, en un encuentro, el hermano Lin habló sobre el regreso del Señor. Dijo que cuando el Señor regresara, haría una nueva obra y luego nos envió algunos versículos de las Sagradas Escrituras. Hebreos 9:28 dice: “Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan”. 1 Pedro 1:5 dice, “Que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo”. Y “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17). “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:48). El hermano Lin dijo: “Estos versículos relatan cómo el Señor aparecerá por segunda vez y cómo debemos obtener Su salvación en los últimos días. Dicen que el juicio comenzará por la casa de Dios… el juicio de los últimos días. Explican cómo el Señor llevará a cabo la obra del juicio a Su regreso, liberándonos del pecado, purificándonos y salvándonos”. El hermano Lin habló de acuerdo con la Biblia, pero yo estaba confundida. El Señor ya nos redimió del pecado cuando fue clavado en la cruz. La salvación de Dios se completó. ¿Por qué debe regresar para llevar a cabo la obra del juicio y la purificación? Les conté de mi confusión.

Él me mostró dos pasajes. “Los pecados del hombre fueron perdonados a través del Dios encarnado, pero eso no significó que el hombre ya no tuviera pecado en él. Los pecados del hombre podían ser perdonados por medio de la ofrenda por el pecado, pero en lo que se refiere a cómo puede lograrse que el hombre no peque más y cómo puede extirparse por completo y transformarse su naturaleza pecaminosa, él no tiene forma de resolver este problema. Los pecados del hombre fueron perdonados, y esto es gracias a la obra de crucifixión de Dios, pero el hombre siguió viviendo en su viejo carácter satánico corrupto del pasado. Así pues, el hombre debe ser completamente salvado de su carácter satánico corrupto para que su naturaleza pecadora le sea completamente extirpada y no se desarrolle más, permitiendo, así, que el carácter del hombre se transforme. Esto requeriría que el hombre entendiera la senda del crecimiento en la vida, el camino de la vida, y el camino del cambio de su carácter. También requeriría que el hombre actuara de acuerdo con esa senda, de forma que su carácter pueda ser cambiado gradualmente y él pueda vivir bajo el brillo de la luz y pueda ser conforme a la voluntad de Dios, despojarse de su carácter satánico corrupto, y liberarse de la influencia satánica de las tinieblas, emergiendo, así, totalmente del pecado. Sólo entonces recibirá el hombre la salvación completa. […] Por tanto, después de completarse esa etapa de la obra, aún quedaba la obra de juicio y castigo. Esta etapa tiene como objetivo hacer al hombre puro por medio de la palabra y, así, darle una senda que seguir. Esta etapa no sería fructífera ni tendría sentido si continuase con la expulsión de demonios, porque la naturaleza pecaminosa del hombre no sería extirpada y el hombre se detendría tras el perdón de los pecados. A través de la ofrenda por el pecado, al hombre se le han perdonado sus pecados, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero el carácter corrupto del hombre sigue en él y este todavía puede pecar y resistirse a Dios y Dios no ha ganado a la humanidad. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para revelar el carácter corrupto del hombre y hace que este practique según la senda correcta” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Tú sólo sabes que Jesús descenderá durante los últimos días, pero ¿cómo lo hará exactamente? Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz de heredar directamente la herencia de Dios” (‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El hermano Lin compartió lo siguiente: “El Señor Jesús nos redimió del campo de acción de Satanás. Fuimos absueltos de nuestros pecados, pero eso no significó que quedáramos sin pecado ni que no pudiéramos volver a cometerlos o resistirnos a Dios”. “En la Era de la Gracia, el Señor Jesús llevó a cabo la obra de redención y perdón, no la de purificación y la de cambiar al hombre, que Dios hace en los últimos días. Si bien nuestros pecados son perdonados a través de la fe en el Señor, nuestra naturaleza pecadora y nuestro carácter satánico están muy arraigados. Somos arrogantes, torcidos, maliciosos, malvados y odiamos la verdad, y no podemos evitar caer en el pecado, desobedecer y resistirnos al Señor”. “Mentimos y somos falsos para proteger nuestros propios intereses. Cuando no estamos de acuerdo, nos enfadamos y discutimos. Seguimos tendencias mundanas y codiciamos placeres inmorales. En la adversidad, culpamos a Dios, nos alejamos de Él y lo traicionamos. “Dios dice: ‘Seréis, pues, santos porque yo soy santo’ (Levítico 11:45). Si no somos santos y puros, no podemos encontrarnos con Dios”. “¿Cómo podemos, nosotros, que solemos pecar y resistirnos a Dios, ser aptos para entrar a Su reino?”. “Es por eso que el Señor prometió regresar, para expresar la verdad y llevar a cabo la obra del juicio y la purificación, para otorgarnos más verdades, salvarnos completamente, liberarnos del pecado y llevarnos al reino de Dios”.

Le dije: “Lo que dices es cierto. Siempre pecamos y nos confesamos y pese a nuestra fe en el Señor, no somos libres de pecado. Pero lo cierto es que tengo amigos cristianos que viven muy piadosamente. Jamás discuten y aman a sus enemigos. Algunos solían tener problemas de pareja, pero sus relaciones mejoraron cuando comenzaron a creer. Algunos de ellos solían tener malas actitudes, pero creer en el Señor los volvió tolerantes y pacientes... Todo aquel que cree sinceramente en el Señor experimenta un cambio. Si este cambio continúa, ¿no quedarán libres de pecado y serán purificados?”.

Cuando hice esa pregunta, el hermano Lin respondió pacientemente: “Muchos cambian cuando comienzan a creer en el Señor. Dejan de agredir y maldecir a los demás, son más amables, pacientes y tolerantes y cargan su cruz, hacen caridad y se sacrifican. Esto demuestra que creen verdaderamente en Él, pero ¿significa que son conforme al corazón del Señor?”. “¿Acaso significa que están libres de pecado y purificados?”. Entonces, el hermano Lin me leyó dos pasajes. Dios Todopoderoso dice: “Los cambios que son meramente de comportamiento son insostenibles. Si no hay una alteración en el carácter de la vida de las personas, tarde o temprano su lado agresivo se pondrá de manifiesto. Como la fuente de los cambios en su conducta es el fervor, acompañado de un poco de obra realizada por el Espíritu Santo en ese momento, resulta extremadamente fácil para ellas el volverse fervientes o mostrar bondad temporalmente. Como afirman los incrédulos: ‘Hacer una buena obra es fácil; lo difícil es llevar toda una vida de buenas obras’. Las personas son incapaces de hacer buenas obras durante toda su vida. La vida dirige su conducta; tal como es su vida, así es su conducta, y solo aquello que se revela de forma natural representa la vida y la naturaleza de una persona. Las cosas falsas no pueden perdurar. Cuando Dios obra para salvar al hombre no lo hace para adornarlo con una buena conducta; la finalidad de la obra de Dios consiste en transformar el carácter de las personas, en hacerlas nacer de nuevo como nuevas personas. Así pues, el juicio, el castigo, las pruebas de Dios y Su refinamiento para el hombre sirven todos para cambiar su carácter, de forma que pueda lograr una sumisión y una devoción absolutas respecto a Él, así como a llegar a la adoración normal hacia Él. Este es el objetivo de la obra de Dios. Comportarse bien no es lo mismo que someterse a Él, y mucho menos equivale a ser compatible con Cristo. Los cambios de conducta se basan en la doctrina y nacen del fervor; no se basan en el verdadero conocimiento de Dios ni en la verdad, y menos aún se apoyan en la guía del Espíritu Santo. Aunque hay ocasiones en las que el Espíritu Santo dirige algo de lo que las personas hacen, esto no es una expresión de la vida; mucho menos es lo mismo que conocer a Dios. Por muy buena que sea la conducta de una persona, no demuestra que esta se haya sometido a Dios ni que ponga en práctica la verdad” (‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). “Una transformación en el carácter se refiere, principalmente, a la transformación en la naturaleza de una persona. Las cosas que una persona tiene en su naturaleza no pueden verse mediante las conductas externas; están directamente relacionadas con el valor y el significado de su existencia. Es decir, involucran directamente la actitud que tiene una persona sobre la vida y sus valores, las cosas que se encuentran en lo profundo de su alma y su esencia. Si una persona es incapaz de aceptar la verdad, no pasará por una transformación en estos aspectos. Sólo al experimentar la obra de Dios, al entrar plenamente en la verdad, al cambiar sus valores y su perspectiva sobre la existencia y la vida, al alinear su punto de vista con los de Dios y al volverse capaz de someterse por completo a Él y serle leal, puede decirse que el carácter de alguien ha transformado” (‘Lo que se debe saber sobre cómo transformar el propio carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”).

El hermano Lin dijo: “Cambiar la conducta no significa cambiar el carácter vital, ni significa que uno sea obediente y leal a Dios. Mucha gente que cree en el Señor hace buenas obras. Hacen caridad, ayudan a los pobres y se sacrifican. Pero frente a la adversidad, se quejan de Dios. Lo niegan y lo traicionan. ¿Es esto auténtica obediencia a Dios?”. “Hay pastores y ancianos que hablan mucho sobre el amor, pero solo bendicen y oran por aquellos que donan a la iglesia. ¿Es esto verdadero amor?”. “Algunas personas parecen humildes y pacientes, pero tienen una naturaleza arrogante y engreída. Su explicación de la Biblia les sirve para inflar su ego y confundir a la gente. Compiten por el poder dentro de la iglesia e incluso malversan sus fondos. Algunos pastores fingen ayudar y apoyar a los fieles y se muestran bondadosos, pero cuando el espíritu de los fieles está sediento y su fe se apaga por la desolación en las iglesias, no pueden resolverles los problemas. Incluso les impiden a los fieles escuchar a los demás o buscar la iglesia que tiene la obra del Espíritu Santo”. No piensan en sus vidas. “¿No es una hipocresía?”. “Los fariseos también mostraban amor a los demás y tenían una apariencia devota. Pero cuando el Señor Jesús vino, no investigaron Su obra. Se resistieron a Él, lo condenaron y lo incriminaron. Incluso se complotaron con los romanos para clavarlo en la cruz”. “Esto demuestra que una buena conducta superficial no es lo mismo que practicar la verdad, conocer a Dios o someterse a Él”. “A menos que nuestra naturaleza pecadora sea resuelta, podemos seguir resistiéndonos a Dios o traicionándolo”. “Pero no aquellos que cambian su carácter”. “Porque su naturaleza pecadora y su carácter satánico han sido resueltos. Más allá de la situación en la que se encuentren o las pruebas que afronten, no se opondrán a Dios ni lo resistirán. Son capaces de someterse a Él y mostrarle lealtad. Practican la humildad y la paciencia y se demuestran mutuamente un amor ejemplar, no uno superficial y confuso. Sus acciones se basan en la palabra de Dios. Esto muestra que han cambiado su carácter”. “A esta altura todos deberíamos tener en claro que para liberarnos del pecado y recibir la salvación, no alcanza con hacer buenas obras. Debemos purificarnos y cambiar nuestro carácter corrupto. Si queremos liberarnos completamente de nuestra naturaleza pecadora y llegar a conocer a Dios, someternos a Él y amarlo, debemos aceptar la obra del juicio cuando el Señor regrese. Solo podremos alcanzar el reino de Dios si purificamos nuestro carácter corrupto”.

Coincidí plenamente con el hermano Lin y le dije: “Los pasajes que leíste son geniales. Que una persona muestre una buena conducta no significa que no pueda cometer un pecado o resistirse a Dios, y no significa que esa persona sea pura o sea apta para entrar al reino. Si el Señor no regresara a salvarnos, jamás podríamos liberarnos del pecado”. “Cuando el Señor regrese, ¿cómo llevará a cabo Su obra de juicio para purificar al hombre?”.

El hermano Lin sonrió y dijo: “En la Biblia hay varias profecías al respecto, como estas: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir’ (Juan 16:12-13). ‘Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final’ (Juan 12:47-48). “Estos pasajes afirman que el Señor regresará para expresar la verdad y juzgar a la humanidad corrupta”. Y para explicarme cómo Él lo hará, el hermano Lin me mostró otro pasaje. “En los últimos días, Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El hermano Lin dijo: “En los últimos días, el Señor Jesús expresará la verdad para juzgar y purificar al hombre. Estas verdades no están relacionadas con nuestra conducta superficial, como fumar, beber, discutir, ser intolerantes, etc. Están diseñadas para revelar nuestro carácter satánico y la esencia de nuestra naturaleza, para analizar en detalle nuestros malos pensamientos y malas intenciones. A través de lo revelado por la palabra de Dios podemos ver cuán profundamente nos corrompió Satanás, llenos de carácter satánico, como la arrogancia, el engaño, la crueldad y la maldad”. “Dominados por nuestra naturaleza arrogante, siempre queremos ser mandamases y que nos tengan en alta estima, queriendo controlarlo todo. Nos esforzamos por Dios y hacemos sacrificios, pero solo para recibir a cambio Su gracia y bendición. Ante una adversidad, lo culpamos y nos resistimos a Él. La palabra de Dios nos juzga para mostrarnos que nos falta la consciencia y razón normales de una persona. Vemos la verdad de lo corruptos que nos hizo Satanás y comenzamos a odiarnos, maldecirnos y a arrepentirnos de corazón. Mientras tanto, el juicio y la revelación de la palabra de Dios nos muestran qué tipo de gente prefiere Dios y quiénes reciben Su bendición, como así también a quiénes Él odia y maldice. Experimentamos de qué manera el carácter justo de Dios es inofendible y genera un corazón que venera a Dios”. “Una vez que nuestro punto de vista comienza a cambiar, cuando pasa algo, tratamos de entender la voluntad de Dios y practicar Su palabra. De a poco, comenzamos a huir de nuestro carácter corrupto y satánico y somos capaces de realmente venerar a Dios y someternos a Él. Así, el problema de nuestra naturaleza pecadora se resuelve de raíz”.

Sentí que lo que el hermano Li había leído no eran cosas que podría decir una persona común. Así que le pregunté quién las había dicho. Me dijo: “Esto fue dicho por Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días. Dios Todopoderoso es el Señor Jesús que regresa”. “Dios Todopoderoso ya expresó millones de palabras, que han sido compiladas en “La Palabra manifestada en carne”. Las personas que aman la verdad y creen verdaderamente en el Dios de todas las religiones han regresado ante Dios Todopoderoso luego de escuchar Su voz. Están experimentando el juicio de Sus palabras y su carácter de vida sufrió algunos cambios. En el sitio Web de La iglesia de Dios Todopoderoso están los testimonios de muchos hermanos y hermanas”. Estaba emocionada de escuchar esto y dije: “Estas palabras parecen diferentes ¡porque son las palabras de Dios! Nunca soñé que le daría la bienvenida al regreso del Señor. ¡Estoy realmente bendecida!”. Más tarde, volví a conectarme y vi muchos testimonios de gente que había sido juzgada a través de la palabra de Dios y que había cambiado su carácter corrupto, como “Finalmente vivo un poco como un ser humano”, “El juicio es la luz”, “Cómo recibí el juicio del Cristo de los últimos días”, “El juicio de Dios me purificó”. Sentí cómo la obra de Dios Todopoderoso podía purificar y cambiar a la gente y supe que Dios Todopoderoso ¡era realmente el regreso del Señor Jesús!”. Acepté con entusiasmo la nueva obra de Dios. Mi corazón se llenó de gratitud a Dios. Le agradecí por los hermanos y hermanas que me predicaron el evangelio, por el honor de escuchar Su voz ¡y por darme una manera de purificar mis pecados!

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