Ya no delimitaré a Dios

4 Dic 2022

Por Shi Qi, Taiwán

Practiqué la fe en el Señor Jesús desde pequeña con mi madre y disfruté de Su gracia abundante. Esto me dio un profundo sentido de la misericordia del Señor Jesús y de su amor por la humanidad. Estaba acostumbrada a pedirle Su gracia. Cuando enfrentaba problemas, oraba al Señor, y cuando pecaba, me presentaba ante Él en confesión. Como el Señor es misericordioso y amoroso, siempre perdonaba mis pecados.

Un día de mayo de 2019, conocí en Facebook a las hermanas Diana y Vanesa. Participamos juntas en un grupo de estudio bíblico, y descubrí que las enseñanzas de Vanesa sobre la Biblia eran muy profundas. En una reunión, Vanesa dijo: “El Señor dijo que vendría otra vez en los últimos días, entonces, ¿cuándo podremos darle la bienvenida? El Señor Jesús dijo: ‘Mis ovejas oyen mi voz’ (Juan 10:27). ‘He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo’ (Apocalipsis 3:20). También: ‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias’ (Apocalipsis 2:7). Gracias a estos pasajes, podemos ver que cuando el Señor venga en los últimos días, expresará Sus palabras. La clave para darle la bienvenida al Señor en los últimos días es prestar atención a la voz de Dios. Cuando oigamos Su voz, podremos darle la bienvenida, como hicieron las vírgenes prudentes”. Me sorprendí al oír la enseñanza de Vanesa. Nunca había oído palabras tan profundas. Ella había identificado la clave para darle la bienvenida al Señor. Nunca me había dado cuenta de esto. Después de eso, Vanesa me mostró un video de un himno muy vivaz. Al final del video, vi que decía: “Iglesia de Dios Todopoderoso”, y me dio curiosidad. Cuando terminó el grupo de estudio de la Biblia, me apuré a buscar en internet. Vi mucha información negativa y me contacté con Diana para saber más. Diana dijo que darle la bienvenida al Señor es muy importante, y me alentó a que no me distrajeran los rumores. Debía dejar de lado mis preocupaciones y buscar con humildad para ver si este era el camino verdadero. Unos días después, Diana me invitó a una reunión. Tenía muchas dudas: ¿debía ir o no? La enseñanza sobre la Biblia de Vanesa era profunda, y yo quería saber más, pero también me preocupaba que lo que ella enseñaba no fuera el camino verdadero. En medio de mis dudas, oré al Señor y le pedí Su guía. Después, asistí a la reunión.

Durante la reunión, Vanesa me dijo con entusiasmo: “El Señor Jesús ya ha regresado como Dios Todopoderoso encarnado. Dios Todopoderoso ha concluido la Era de la Gracia y ha establecido la Era del Reino, ha expresado millones de palabras y, sobre la base de la obra de redención del Señor Jesús, realiza la obra del juicio comenzando por la casa de Dios, para purificar y salvar a la humanidad por completo. Las palabras que expresa Dios Todopoderoso son toda la verdad y revelan el misterio de la encarnación de Dios, las tres etapas de Su obra y la historia interna de la Biblia. Sus palabras también hablan de la pecaminosidad de la humanidad, de cómo Satanás corrompe a la humanidad, cómo Dios salva a la humanidad en etapas progresivas, y el significado de la obra de juicio de Dios en los últimos días. Dios también nos ha mostrado las formas en que los creyentes pueden alcanzar la salvación. Por ejemplo, Dios detalla cómo experimentar el juicio de Sus palabras para eliminar nuestra corrupción, cómo practicar la verdad y ser gente honesta, cómo temer a Dios y alejarnos del mal para convertirnos en personas que cumplan Su voluntad, y más. Las palabras de Dios Todopoderoso y Su obra cumplen la profecía del Señor Jesús: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir’ (Juan 16:12-13). ‘El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final’ (Juan 12:48). ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’ (1 Pedro 4:17)”. Cuando oí que la hermana decía que el Señor Jesús había regresado como Dios Todopoderoso encarnado, no me atreví a creerlo, por lo que oré a Dios en silencio, y pensé en que Dios había dicho: “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). Pensé: “El regreso de Dios es algo importante, no puedo llegar a una conclusión a ciegas. Debería buscar con humildad y seguir escuchando”.

Después, Vanesa me hizo leer un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso. “El Cristo de los últimos días trae la vida y el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es el camino por el que el hombre obtendrá la vida, y el único camino por el cual el hombre conocerá a Dios y por el que Dios lo aprobará. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres tanto un títere como un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los reglamentos, las letras y están encadenados por la historia, nunca podrán obtener la vida ni el camino perpetuo de la vida. Esto es porque todo lo que tienen es agua turbia que ha estado estancada por miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono. Aquellos que no reciben el agua de la vida siempre seguirán siendo cadáveres, juguetes de Satanás e hijos del infierno. ¿Cómo pueden, entonces, contemplar a Dios? Si sólo tratas de aferrarte al pasado, si sólo tratas de mantener las cosas como están quedándote quieto, y no tratas de cambiar el estado actual y descartar la historia, entonces, ¿no estarás siempre en contra de Dios? Los pasos de la obra de Dios son vastos y poderosos, como olas agitadas y fuertes truenos, pero te sientas y pasivamente esperas la destrucción, apegándote a tu locura y sin hacer nada. De esta manera, ¿cómo puedes ser considerado alguien que sigue los pasos del Cordero? ¿Cómo puedes justificar al Dios al que te aferras como un Dios que siempre es nuevo y nunca viejo? ¿Y cómo pueden las palabras de tus libros amarillentos llevarte a una nueva era? ¿Cómo pueden llevarte a buscar los pasos de la obra de Dios? ¿Y cómo pueden llevarte al cielo? Lo que sostienes en tus manos es la letra que solo puede darte consuelo temporal, no las verdades que pueden darte la vida. Las escrituras que lees solo pueden enriquecer tu lengua y no son palabras de filosofía que te ayudan a conocer la vida humana, y menos aún los senderos que te pueden llevar a la perfección. Esta discrepancia, ¿no te lleva a reflexionar? ¿No te hace entender los misterios que contiene? ¿Eres capaz de entregarte tú mismo al cielo para encontrarte con Dios? Sin la venida de Dios, ¿te puedes llevar tú mismo al cielo para gozar de la felicidad familiar con Dios? ¿Todavía sigues soñando? Sugiero entonces que dejes de soñar y observes quién está obrando ahora, quién está llevando a cabo ahora la obra de salvar al hombre durante los últimos días. Si no lo haces, nunca obtendrás la verdad y nunca obtendrás la vida” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna). Mientras leía, empecé a sentir que había algo diferente en estas palabras y no pude evitar sentir cierta reverencia por ellas. Estas palabras sonaban muy estrictas, muy tajantes… Cada palabra y cada frase estaba llena de autoridad y poder. No parecían palabras que pudiera decir un mero mortal. Solo Dios podía hablar así. Pero luego pensé: “Esto no está bien, Dios es misericordioso y amoroso… Sus palabras están llenas de consuelo y ternura. Pero estas palabras son muy severas, son como una maldición o una condena a la humanidad”. Me sentía con muchas dudas: “¿De verdad son las palabras de Dios? Dado el nivel de autoridad de estas palabras, deben ser las palabras de Dios, ¿no? Pero si Dios Todopoderoso de verdad es el regreso del Señor Jesús, debería hablar de la misma forma que Él. Debería ser misericordioso y amoroso, y Sus palabras deberían ser amables y consideradas. Pero el discurso de Dios Todopoderoso es muy severo, ¿podría en verdad ser el regreso del Señor Jesús?”. Me sentía muy confundida.

Después, le conté mis dudas a Vanesa y, con paciencia, ella me dijo: “Siempre hemos creído que Dios es misericordioso y amoroso, que nos habla de un modo gentil y considerado, y por eso, si Sus palabras son severas, no son las palabras de Dios. Pero ¿esta idea de verdad concuerda con los hechos y la verdad? De hecho, en cada era, Dios no solo ha dicho palabras consideradas y alentadoras, también ha dicho palabras que regañan, juzgan y maldicen a la gente. Es solo que no hemos prestado atención a esto. Veamos cómo está registrado esto en la Biblia. Jehová Dios dijo: ‘Sus centinelas son ciegos, ninguno sabe nada. Todos son perros mudos que no pueden ladrar, soñadores acostados, amigos de dormir; y los perros son voraces, no se sacian. Y ellos son pastores que no saben entender; todos se han apartado por su camino, cada cual, hasta el último, busca su propia ganancia’ (Isaías 56:10-11). Y el Señor Jesús dijo: ‘¡Serpientes! ¡Camada de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio del infierno?’ (Mateo 23:33). ‘No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose os despedacen’ (Mateo 7:6). Hay muchos más versículos así. A partir de estos versículos, podemos ver que en la Era de la Ley y en la Era de la Gracia, Dios regañó, condenó y maldijo a la gente. Aunque Sus palabras sonaban severas e incisivas, todas eran verdad y todas exponían la esencia de las personas de resistirse y rebelarse contra Dios. En realidad, no importa si las palabras de Dios son gentiles o severas, todas son expresiones del carácter de Dios. Si no comprendemos el carácter de Dios y lo delimitamos como misericordioso y amable, nos formaremos ciertas opiniones cuando habla de forma severa, y pensaremos que Dios solo habla de forma amable y que no debería hablar en tonos tan severos, y, por lo tanto, tales palabras no podrían ser las de Dios. Basar nuestra decisión en si las palabras son amables o severas es algo equivocado y es una consecuencia de nuestras propias nociones y creencias. Por ejemplo, solo reconocer a nuestros padres como tales cuando nos hablan de forma amable, pero no reconocerlos como nuestros padres cuando nos hablan severamente o nos regañan por hacer algo mal, ¿no sería tonto?”. Tras oír la enseñanza de la hermana, tuve mucha más claridad sobre el tema. Pensé: “Es así, no importa si nuestros padres nos hablan de forma amable o severa, ¿no son nuestros padres siempre? Jehová Dios y el Señor Jesús han hablado en tono severo antes, entonces, ¿por qué no noté esto con anterioridad? Supongo que en verdad está mal determinar si estas son palabras de Dios con base en si son amables o severas”. Tras comprender esto, no sentí tanta resistencia. Pero cuando leía pasajes de las palabras de Dios que exponían y juzgaban a la humanidad, me sentía muy alterada, como si hubiera sido condenada. Pensaba una y otra vez: El Señor Jesús es misericordioso y amoroso, entonces, ¿por qué Dios Todopoderoso es tan severo y siempre se enoja con la gente? Una vez, en una reunión, le hice mi pregunta a Vanesa: “No puedo ver a Dios Todopoderoso y al Señor Jesús como el mismo Dios, sus actitudes son muy diferentes. Cuando pienso en el Señor Jesús, pienso que Dios es misericordioso y amoroso, pero Dios Todopoderoso parece muy severo, y mucho de lo que dice expone y analiza a la gente. ¿Por qué Dios Todopoderoso y el Señor Jesús son tan diferentes?”.

La hermana me enseñó lo siguiente: “La gente suele tener esta confusión, y es sobre todo porque no comprende el carácter de Dios. Miremos de vuelta la obra anterior de Dios. Cuando comprendemos un poco el carácter justo de Dios, este problema se soluciona solo. Todos sabemos que cuando Dios notó las maldades de la gente de Sodoma y Nínive, Su carácter se enfureció y Él decidió destruir estas dos ciudades. Antes de destruirlas, Dios envió a dos ángeles a Sodoma, y Lot fue el único que los hospedó. Los demás habitantes no solo no recibieron a los ángeles, quisieron matarlos. Dios vio sus maldades y se enfureció. Después de que los ángeles salvaran a Lot y su familia, Dios hizo que lloviera fuego de los cielos, aniquiló a las personas, el ganado y las plantas de la ciudad. Ahora, echemos un vistazo a Nínive. Dios también planeaba destruir esta ciudad y por eso envió a Jonás a dar su mensaje: ‘Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada’ (Jonás 3:4). Cuando el rey de Nínive oyó estas noticias, hizo que las personas de su ciudad vistieran cilicio, se sentaran sobre ceniza, ayunaran y oraran, descartaran el mal que habían aceptado y se arrepintieran ante Dios. Cuando Dios vio esto, retiró Su ira, y, con misericordia, los perdonó de la destrucción. De las diferentes actitudes de Dios hacia Nínive y Sodoma, vemos que el carácter de Dios es real y vívido. Es amoroso y misericordioso, pero también es majestuoso e iracundo. Cuando la gente peca, Dios le da una oportunidad de arrepentirse, y así muestra su carácter amoroso y misericordioso. Cuando las personas son tercas y no quieren arrepentirse, cuando, obstinadas, se resisten a Dios y claman en Su contra, Dios libera su furia sobre ellas, y muestra así su carácter justo y majestuoso. Esto nos permite ver que el carácter justo de Dios no solo es amoroso y misericordioso, además, es majestuoso e iracundo. Ambos aspectos están contenidos en el carácter inherente de Dios.

Consideremos ahora la Era de la Gracia, en la que el Señor Jesús realizó Su obra. Cuando las personas pecaban y se presentaban ante el Señor para confesarse y arrepentirse, Él las absolvía de sus pecados y les otorgaba abundante gracia, por eso muchos creen que Su carácter solo es amoroso y misericordioso, y que Él no se enfurece ni maldice. En realidad, estas solo son nociones e imaginaciones de la gente. Con respecto a los fariseos que condenaron y se resistieron al señor, e incluso protestaron contra Él abiertamente, el Señor Jesús estaba lleno de ira. Él los condenó y maldijo, y les hizo siete críticas. No les tuvo ni un poco de piedad. De esto podemos ver que desde el momento de la creación hasta el presente, Dios siempre ha expresado Su carácter justo a la humanidad. Dios es amoroso y misericordioso, pero también es majestuoso e iracundo, maldice y castiga. Tal y como dice Dios Todopoderoso: ‘La misericordia y la tolerancia de Dios existen realmente; pero cuando libera Su ira, Su santidad y Su justicia también le muestran al hombre ese lado de Dios que no tolera la ofensa. Cuando el hombre es totalmente capaz de obedecer los mandatos de Dios y actúa según Sus requisitos, Él es abundante en Su misericordia; cuando el hombre se ha llenado de corrupción, odio y enemistad hacia Él, Dios se enoja profundamente. ¿Hasta qué punto lo hace? Su ira durará hasta que Él deje de ver resistencia y los hechos malvados del hombre, hasta que dejen de estar ante Sus ojos. Solo entonces desaparecerá la ira de Dios. […] Él es tolerante y misericordioso con las cosas amables, bellas y buenas; con las que son malas, pecaminosas y malvadas, es intensamente iracundo; tanto que Su ira no cesa. Estos son dos aspectos principales y destacados del carácter de Dios, y además revelados por Él de principio a fin: misericordia abundante e ira profunda’ (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II). En las palabras de Dios podemos ver que ‘misericordia abundante e ira profunda’ son los dos aspectos del carácter de Dios que Él muestra a la humanidad continuamente. Estos dos aspectos de Su carácter no son contradictorios. Todos son parte de Su carácter inherente. No debemos delimitar a Dios como si solo fuera capaz de otorgar misericordia y no de imponer ira porque hemos disfrutado de Su gracia en el pasado. Esta comprensión es demasiado unilateral”. Tras oír esto, comprendí que Dios no solo es amoroso y misericordioso, también es majestuoso e iracundo y maldice. Todos estos son aspectos del carácter inherente de Dios. Como yo entendía muy poco del carácter de Dios, albergaba la creencia unilateral de que Dios solo es misericordioso y amoroso. Estas eran, en realidad, mis nociones e imaginaciones, y no concordaban con la realidad. Comprendí que debía escuchar más enseñanzas para profundizar mi comprensión.

La hermana siguió enseñando: “El carácter que Dios se manifiesta en cada era se basa en los requisitos de la obra de salvación de Dios, así como en las necesidades de la humanidad corrompida. Estos dos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso pueden ayudarnos a aclarar esto: ‘La obra de Jesús fue de acuerdo con las necesidades del hombre en esa era. Su tarea fue redimir a la humanidad, perdonar sus pecados y así, Su carácter fue completamente de humildad, paciencia, amor, piedad, indulgencia, misericordia y bondad. Él brindó a la humanidad abundante gracia y bendiciones, y todas las cosas que las personas podían disfrutar, Él se las dio para su goce: paz y felicidad, Su indulgencia y Su amor, Su misericordia y Su bondad. En esos días, la abundancia de cosas para gozar que la gente tenía ante sí —la sensación de paz y de seguridad en su corazón, la sensación de consuelo en su espíritu y su confianza en el Salvador Jesús— era consecuencia de la era en la que vivía’ (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La verdadera historia de la obra de la Era de la Redención). ‘En Su obra final de dar por concluida la era, el carácter de Dios es de castigo y juicio, revela todo lo que es injusto, juzga públicamente a todos los pueblos y perfecciona a aquellos que le aman con un corazón sincero. Solo un carácter así puede concluir la era. Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se clasificarán según su especie, y se dividirán en diferentes categorías en base a su naturaleza. Este es el momento en el que Dios revela el final y el destino del hombre. Si este no pasa por el castigo y el juicio, no habrá forma de revelar su desobediencia y su injusticia. Solo por este medio se puede manifestar el final de todas las cosas. El hombre solo muestra lo que realmente es cuando es castigado y juzgado. El mal se pondrá con el mal, el bien con el bien, y toda la humanidad será clasificada según su especie. A través del castigo y del juicio se revelará el final de todas las cosas, de forma que los malos serán castigados y los buenos recompensados, y todas las personas se someterán al dominio de Dios. Toda la obra debe lograrse por medio del castigo y juicio justos. Como la corrupción del hombre ha alcanzado su punto culminante y su desobediencia ha sido demasiado grave, solo el carácter justo de Dios, que es principalmente de castigo y juicio, y se revela durante los últimos días, puede transformar y completar totalmente al hombre. Solo este carácter puede dejar el mal al descubierto y castigar así con severidad a todos los injustos. Por tanto, un carácter como este está imbuido del significado de la era y la revelación y exhibición de Su carácter se hacen manifiestas en aras de la obra de cada nueva era. Dios no revela Su carácter de manera arbitraria y sin sentido. Si al revelar el final del hombre durante los últimos días, Dios fuera a concederle al hombre una compasión y un amor inagotables y fuera amoroso hacia él, sin someterle a un juicio justo, sino demostrándole tolerancia, paciencia y perdón, y perdonara al hombre por muy graves que fueran los pecados que cometiera, sin un atisbo de juicio justo, ¿llegaría entonces alguna vez a su conclusión toda la gestión de Dios? ¿Cuándo podría un carácter así guiar a la humanidad al destino apropiado? Por ejemplo, un juez que siempre es amoroso, bondadoso y amable, que ama a las personas independientemente de los crímenes que hayan cometido, y es amoroso y tolerante con las personas sean quienes sean, ¿cuándo será capaz de alcanzar un veredicto justo? Durante los últimos días, solo el juicio justo puede clasificar al hombre según cada especie y llevarlo a un nuevo ámbito. De esta forma, se pone fin a toda la era por medio del carácter justo de Dios de juicio y castigo’” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)).

La hermana dijo: “En la Era de la Ley, Jehová Dios se expresó con actitudes dominadas por maldiciones, el ardor y la ira. En esa época, la gente tenía una profunda carencia de comprensión. No sabía qué era el pecado, cómo vivir ni cómo adorar a Dios, así que, por las necesidades de la época, Dios dictó leyes y mandamientos para guiar a la gente en su vida. Quienes obedecían las leyes de Dios recibían Su misericordia, pero quienes violaban la ley eran quemados por el fuego celestial de Dios o morían apedreados. Sin embargo, hacia el final de la Era de la Ley, como la gente era cada vez más corrupta y pecaba y violaba la ley incluso sin querer, de haber sido juzgados según la ley de la época, todos habrían hallado la muerte por ley. Por eso, durante la Era de la Gracia, Dios mismo se hizo carne para redimir a la humanidad según sus necesidades, demostrando Su carácter misericordioso y amoroso, y otorgando abundante gracia a la gente. Él la trató con misericordia y amor sin límites, toleró y perdonó sus pecados, y, al final, fue crucificado para redimir a las personas de todos sus pecados. Les indultó sus condenas y les permitió seguir viviendo. En la Era de la Gracia, si Dios hubiera continuado expresando Su carácter en forma de maldiciones, ardor e ira, los pecados de las personas nunca habrían sido perdonados, las personas nunca habrían sido redimidas por la ley, la humanidad habría sido reducida a la nada y no estaría donde está hoy. Entonces, Dios expresó Su carácter misericordioso y amoroso en la Era de la Gracia. Mientras la gente se presentara ante Él y aceptara Su redención, Él les perdonaría sus pecados. En los últimos días, la gente se ha vuelto cada vez más corrupta. A pesar de haber recibido la redención del Señor Jesús y de que se nos perdonaran nuestros pecados, nuestra naturaleza pecadora, tal como la arrogancia, la traición, la maldad, la intransigencia y el ser desalmados, está aún muy arraigada en nosotros. Nuestro carácter satánico aún no ha sido completamente erradicado, y por eso a menudo mentimos, pecamos, nos rebelamos contra Dios y nos resistimos a Él. Aún no estamos cualificados para entrar al reino de Dios. Para salvar a la humanidad y librarnos por completo del pecado, Dios ha encarnado otra vez, está realizando la obra del juicio y purificación sobre la base de la obra del Señor Jesús para erradicar por completo nuestras actitudes satánicas, purificarnos del pecado y permitirnos someternos de veras a Dios y venerarlo, y, al final, llevarnos a Su reino. Debido a las necesidades de Su obra, Dios ya no expresa su carácter misericordioso y amoroso, y, en cambio, elige manifestar su carácter justo, majestuoso e iracundo para juzgar y exponer las actitudes corruptas del hombre. Solo al hacer eso puede transformar y purificar a la humanidad. Aunque el carácter que Dios manifiesta en cada era es diferente, la esencia de Dios nunca cambia. Dios hace Su obra y revela Su carácter de acuerdo con las necesidades de la humanidad corrupta, lo que le permite a la gente comprender y conocer mejor a Dios, para que no lo delimiten, ni a Él ni a Su carácter. No deberíamos pensar que Dios Todopoderoso y el Señor Jesús no son el mismo Dios solo porque expresan diferentes actitudes”.

Solo tras oír la enseñanza de la hermana comprendí que Dios decide qué tipo de carácter manifestar en cada era según los requisitos de Su obra de salvación y las necesidades de la humanidad corrupta. En Su obra de juicio en los últimos días, Dios Todopoderoso manifiesta Su carácter justo y majestuoso para purificar y salvar a la humanidad, e incluso si el carácter que Él expresa es diferente al del Señor Jesús, lo manifiesta para atender las necesidades de la humanidad corrupta. Dios Todopoderoso y el Señor Jesús son el mismo y único Dios. La enseñanza de la hermana era muy clara y disipó toda mi confusión.

En la siguiente reunión, Vanesa me leyó otro pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso. “¿A través de qué método se logra el perfeccionamiento del hombre por parte de Dios? Se logra por medio de Su carácter justo. El carácter de Dios se compone, principalmente, de la justicia, la ira, la majestad, el juicio y la maldición, y Él perfecciona al hombre, principalmente, por medio de Su juicio. Algunas personas no entienden y preguntan por qué Dios sólo puede perfeccionar al hombre por medio del juicio y la maldición. Dicen: ‘Si Dios maldijera al hombre, ¿acaso no moriría el hombre? Si Dios juzgara al hombre, ¿acaso el hombre no sería condenado? Entonces, ¿cómo puede todavía ser perfeccionado?’. Esas son las palabras de la gente que no conoce la obra de Dios. Lo que Dios maldice es la desobediencia del hombre y lo que Él juzga son sus pecados. Aunque Él habla con severidad y de manera implacable, revela todo lo que hay dentro del hombre y a través de estas palabras severas revela lo que es sustancial dentro del hombre pero a través de ese juicio le da al hombre un conocimiento profundo de la sustancia de la carne y, así, el hombre se somete delante de Dios. La carne del hombre es del pecado y de Satanás; es desobediente y es el objeto del castigo de Dios. Así pues, para permitirle al hombre conocerse a sí mismo, las palabras del juicio de Dios deben sobrevenirle y debe emplearse todo tipo de refinamiento; solo entonces puede ser efectiva la obra de Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer la hermosura de Dios). Eso mismo dijo Vanesa en su enseñanza. Dijo: “En los últimos días, la obra de juicio de Dios es el último paso de Su salvación de la humanidad y es el final de Su plan de gestión de 6000 años. Al expresar su carácter justo y majestuoso, cierra toda la era, clasifica a todos según su clase, los buenos con los buenos y los malos con los malos. Si Dios solo expresara Su carácter misericordioso y amoroso, siempre tolerante, paciente e indulgente hacia nosotros más allá de cuántos pecados hayamos cometidos, nunca nos libraríamos de nuestra pecaminosidad, y siempre estaríamos bajo el campo de acción de Satanás y sujetos a sus estragos. Además, la obra de salvación de Dios nunca estaría completa, y el bien y el mal nunca serían distinguidos apropiadamente. Entonces, en los últimos días, Dios expresa Su carácter justo, majestuoso e iracundo en Su obra y expone la naturaleza satánica de las personas con Su lenguaje severo. Quienes aman la verdad llegan a conocerse y aceptan el juicio de las palabras de Dios, comprenden el carácter justo de Dios que no tolera ofensa y así desarrollan veneración por Dios y se alejan del mal, y al fin logran transformar su carácter. En cuanto a quienes están hartos de la verdad y rechazan el juicio y castigo de Dios, ellos son expuestos y descartados por Dios. Así, todos somos clasificados según nuestro tipo”.

Comprendí que, si Dios Todopoderoso hiciera Su obra de juicio en los últimos días del mismo modo que el Señor Jesús realizó Su obra de redención, solo mostrando misericordia y amor por las personas, sin ser severo y sin juzgarlas, no podría clasificarlas según su tipo, nuestra naturaleza pecaminosa que se resiste a Dios nunca podría ser corregida, y nosotros nunca podríamos ser salvados ni entraríamos en el reino de Dios. ¡Tiene un significado profundo que Dios exprese un carácter caracterizado por la justicia, la majestuosidad, el juicio y el castigo en los últimos días!

Después leímos dos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso, que me dieron una mejor comprensión de la obra de Dios Todopoderoso y del carácter que Él expresa en los últimos días. “Hoy Dios os juzga, os castiga y os condena, pero debes saber que el propósito de tu condena es que te conozcas a ti mismo. Él condena, maldice, juzga y castiga para que te puedas conocer a ti mismo, para que tu carácter pueda cambiar y, sobre todo, para que puedas conocer tu valía y ver que todas las acciones de Dios son justas y de acuerdo con Su carácter y los requisitos de Su obra, que Él obra acorde a Su plan para la salvación del hombre, y que Él es el Dios justo que ama, salva, juzga y castiga al hombre. […] Dios no ha venido ni a matar ni a destruir sino a juzgar, maldecir, castigar y salvar” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Debes dejar de lado las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para traer la salvación al hombre). “Puede que Mis palabras sean severas, pero todas se dicen para la salvación del hombre, ya que solo estoy pronunciando palabras y no castigando la carne del hombre. Estas palabras hacen que el hombre viva en la luz, hacen que sepa que la luz existe, que la luz es preciosa y, más aún, que sepa cuán beneficiosas son estas palabras para él, además de que Dios es salvación. Aunque he pronunciado muchas palabras de castigo y juicio, lo que representan no se ha concretado en acciones contra vosotros. He venido a hacer Mi obra y a pronunciar Mis palabras y, aunque Mis palabras puedan ser estrictas, son dichas para juzgar vuestra corrupción y rebeldía. El propósito de que Yo haga esto sigue siendo salvar al hombre del campo de acción de Satanás; estoy usando Mis palabras para salvar al hombre. Mi propósito no es dañar al hombre con Mis palabras. Mis palabras son severas para que se puedan obtener los resultados de Mi obra. Solo por medio de esta obra puede el hombre conocerse a sí mismo y puede librarse de su carácter rebelde” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Debes dejar de lado las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para traer la salvación al hombre). Vanesa dijo: “Gracias a las palabras de Dios, vemos que en los últimos días, Dios usa Sus palabras para juzgar y purificar a la gente. No importa cuán duras o incisivas puedan ser Sus palabras, siempre buscan ayudarnos a reconocer la verdad de nuestra corrupción, librarnos de la oscura influencia de Satanás y recibir la salvación de Dios. Todos sabemos que el carácter de Dios es justo y santo, mientras que nosotros, los humanos, que hemos sido tan profundamente corrompidos por Satanás, perseguimos tendencias mundanas malvadas y luchamos y tramamos unos contra otros en búsqueda de dinero y de ganancia individual, sin siquiera la más mínima apariencia de una persona real. Incluso aquellos que creen en el Señor son incapaces de practicar lo que Dios exige, y a menudo exigen gracia y bendiciones de Dios. Cualquier contribución que hagan, la hacen solo para entrar en el reino y ganar la vida eterna, no porque amen al Señor y busquen satisfacerlo. Todo lo hacen para usar al Señor para alcanzar sus despreciables objetivos. Algunos líderes religiosos aparentan ser siervos de Dios, humildes, pacientes y entusiastas, pero, en sus sermones, suelen exaltarse a sí mismos y dar testimonios de sí mismos para ganar la admiración y el respeto de los demás. Cuando Dios reencarnó y apareció para realizar Su obra, nadie le dio la bienvenida, y todo el mundo religioso se unió al gobierno ateo para condenar y resistirse a Su regreso, difundiendo mentiras deliberadamente para desacreditar a la Iglesia de Dios Todopoderoso y evitar que la gente investigara el camino verdadero. Es decir, toda la humanidad ha estado condenando y resistiéndose a Dios, y rechazando Su venida. Tal y como dice la Biblia: ‘Y que todo el mundo yace bajo el poder del maligno’ (1 Juan 5:19). La humanidad corrupta se opone a Dios en todo sentido. Es de la misma calaña que Satanás y las serpientes venenosas. Cuando Dios expresa Sus palabras severas para exponer la realidad de la corrupción de la humanidad, solo los que aman la verdad pueden reconocer verdaderamente su naturaleza satánica que se resiste a Dios y lo traiciona, y comprenden que no buscan conocer a Dios en su fe, y que solo tienen intenciones ruines como ganar bendiciones y hacer tratos con Dios. Ven claramente la horrible verdad de su profunda corrupción por Satanás, se arrepienten sinceramente ante Dios, juran actuar según las exigencias de Dios y, finalmente, ganan algo de semejanza humana. De esto podemos ver que no importa cuán duras e incisivas son las palabras de Dios, todas exponen la realidad de nuestra corrupción, y todas tienen como intención ayudarnos a revivir nuestro espíritu adormecido, reconocer nuestra esencia corrupta, librarnos por completo de los grilletes del pecado y ser purificados. ¡Las severas palabras de exposición y juicio de Dios son beneficiosas en nuestro proceso de llegar a conocernos y ser salvados!”.

Tras oír la enseñanza de Vanesa, por fin comprendí que Dios ha expresado tantas palabras severas en los últimos días para exponer nuestras verdaderas personalidades. Esta es Su salvación, no Su condena. Pensé que yo solo creía en Dios para ganar bendiciones y gracia, e incluso delimitaba a Dios como misericordioso y amable, y que había fracasado en reconocerlo cuando Él hablaba severamente. ¡Era tan irracional! Desde entonces, pude aceptar las severas palabras de juicio de Dios y estuve más dispuesta a leer las palabras de Dios Todopoderoso. Me convencí de que Dios Todopoderoso era el regreso del Señor Jesús.

Tras confirmar que la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días es cierta, asistí a reuniones activamente y leí las palabras de Dios Todopoderoso todos los días. Un día, vi un pasaje de las palabras de Dios. “Si las personas permanecen ancladas en la Era de la Gracia, nunca se liberarán de su carácter corrupto, y, mucho menos, conocerán el carácter inherente de Dios. Si las personas viven siempre en medio de una gracia abundante pero no tienen el camino de vida que les permita conocer o satisfacer a Dios, entonces nunca lo obtendrán verdaderamente en su creencia en Él. Este tipo de creencia es, sin duda, lamentable. Cuando hayas terminado de leer este libro, cuando hayas experimentado cada paso de la obra de Dios encarnado en la Era del Reino, sentirás que los deseos que has tenido durante muchos años se han realizado finalmente. Sentirás que es hasta ahora que has visto realmente a Dios cara a cara, que hasta ahora has contemplado Su rostro, oído Sus declaraciones personales, apreciado la sabiduría de Su obra y percibido, verdaderamente, cuán real y todopoderoso es Él. Sentirás que has obtenido muchas cosas que las personas en tiempos pasados nunca han visto ni poseído. En este momento, sabrás claramente qué es creer en Dios y qué es cumplir con Su voluntad. Por supuesto, si te aferras a los puntos de vista del pasado y rechazas o niegas la realidad de la segunda encarnación de Dios, entonces te quedarás con las manos vacías y no obtendrás nada, y, en última instancia, serás declarado culpable de oponerte a Dios. Los que son capaces de obedecer la verdad y someterse a la obra de Dios serán reclamados bajo el nombre del segundo Dios encarnado: el Todopoderoso. Serán capaces de aceptar la guía personal de Dios, obtendrán verdades mayores y más elevadas, así como la vida real. Contemplarán la visión que las personas del pasado nunca han visto: ‘Y me volví para ver de quién era la voz que hablaba conmigo. Y al volverme, vi siete candelabros de oro; y en medio de los candelabros, vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, como la nieve; sus ojos eran como llama de fuego; sus pies semejantes al bronce bruñido cuando se le ha hecho refulgir en el horno, y su voz como el ruido de muchas aguas. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos; su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza’ (Apocalipsis 1:12-16). Esta visión es la expresión de la totalidad del carácter de Dios, y la expresión de la totalidad de Su carácter es también la expresión de la obra de Dios en Su presente encarnación. En los torrentes de castigos y juicios, el Hijo del hombre expresa Su carácter inherente por medio de declaraciones, permitiendo que todos aquellos que acepten Su castigo y juicio vean el verdadero rostro del Hijo del hombre, que es un fiel retrato del rostro del Hijo del hombre visto por Juan. (Por supuesto, todo esto será invisible para aquellos que no acepten la obra de Dios en la Era del Reino). El verdadero rostro de Dios no puede articularse plenamente usando el lenguaje humano, y, por tanto, Dios usa los medios por los que expresa Su carácter inherente para mostrar Su verdadero rostro al hombre” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio). Gracias a las palabras de Dios, comprendí que la visión que Juan tuvo en Apocalipsis previó que las palabras de juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días son como la llama de fuego o una espada afilada y están llenas del carácter justo de Dios. Solo aquellos que aceptan la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días pueden entender de verdad el carácter justo de Dios y apreciar Su sincera intención al usar Sus palabras para juzgar y salvar a la humanidad. No pude evitar sentirme profundamente conmovida al comprenderlo: “¡Dios Todopoderoso! Gracias a la exposición y al juicio de Tus palabras, he llegado a ver que no solo eres amoroso y misericordioso, también eres majestuoso e iracundo. Todos estos son aspectos inherentes a tu carácter justo. ¡Dios Todopoderoso! Tus palabras son en verdad preciosas. Necesito con desesperación aceptar el juicio y el castigo de Tus palabras para conocerme. Desde ahora, beberé y comeré Tus palabras diligentemente, aceptaré el juicio y el castigo de Tus palabras y ¡seguiré la senda de buscar la verdad!”.

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