Una bendición “robada”

4 Dic 2022

Por A’Chao, China

Era marzo de 2012. No sé qué día empezó, pero observé, que después de cada cena, mi esposa hacía deprisa las labores y luego se metía en el cuarto a leer un libro. Ocurrió un día, al siguiente… y continuó ocurriendo. Tenía mucha curiosidad. ¿Qué libro leía? ¿Por qué le resultaba tan atractivo? Una noche no pude evitar abrir la puerta para ver qué estaba pasando. Al verme entrar, quiso guardar el libro. Le agarré la mano en que lo tenía y le pregunté qué libro estaba leyendo. Sonriente, respondió: “El rollo abierto por el Cordero, las palabras expresadas por el Señor Jesús retornado. Hemos anhelado Su regreso, y ya ha vuelto”. Al oír aquello, me escandalicé y asusté. Recordé que el pastor explicó: “Puesto que creemos en el Señor, somos salvos. Cuando Él venga, nos ascenderá directos al reino de los cielos, así que toda prédica de la venida del Señor es falsa”. Contesté, airado: “Me parece que te equivocas. ¿Se te ha olvidado lo que nos dijo el pastor? Por creer en el Señor, ya somos salvos. Si hubiera regresado el Señor, nos habría ascendido ya al reino de los cielos, pero aquí seguimos, ¿no? Como creyentes en el Señor, debemos leer la Biblia y guardar el camino del Señor. Es el único modo de poder ser ascendidos al reino de los cielos cuando Él venga”. Mi esposa me replicó: “No tan rápido. Primero lee este libro, y entonces sabrás si realmente ha regresado el Señor”. Pero, como en ese momento yo era muy cauteloso al respecto, no admití lo que dijo mi esposa, por lo que ella tan solo pudo llevarse el libro.

Después, una vez volví a casa a buscar algo en plena jornada laboral y, al ver a mi esposa leyendo el libro de nuevo, fruncí el ceño y la ignoré, mientras tomaba lo que necesitaba y me marchaba. De vuelta al trabajo, no paraba de pensar: “¿Por qué está tan entusiasmada mi esposa con esto? Lee siempre que tiene tiempo y sale a predicar el evangelio”. De pronto me acordé algo que había dicho mi madre: “El ‘Relámpago Oriental’ es una fuerza a la que hay que enfrentarse. Los hermanos y hermanas que conocen la Biblia y buscan mucho se abstraen con sus libros y no salen jamás”. Pensé: “¿Está leyendo mi esposa un libro del Relámpago Oriental? ¿Se ha dejado confundir por él? ¿Y si de verdad la engañan y pierde la salvación del Señor? Sin embargo, yo soy inmaduro en la vida y no conozco bien la Biblia. No sé cómo recuperarla”. Más tarde fui a casa del pastor Chen a ayudarlo a repintarla. Pensé que hacía años que creía en el Señor, conocía la Biblia y era maduro en la vida. Tendría maneras inteligentes de recuperar a mi esposa del abismo. Así pues, le conté al pastor Chen: “Últimamente, mi esposa está leyendo un libro. Afirma que el Señor ha regresado y predica activamente el evangelio. Ha cambiado mucho. Sabes que, antes, su fe en el Señor era débil y que no leía mucho la Biblia. No sé por qué busca tan intensamente ahora”. Tras oírme, me dijo con solemnidad: “¡Está en peligro! Ahora, en todo el mundo religioso, solo el Relámpago Oriental da testimonio del regreso del Señor, y ellos son los únicos que no leen la Biblia. Es posible que tu esposa haya aceptado el Relámpago Oriental. Si cree en el Relámpago Oriental, perderá la salvación del Señor y no tendrá un lugar en el reino de los cielos. Tienes que hacer algo enseguida para recuperarla”. Eso me aterró. Me preocupaba que la fe equivocada de mi esposa hiciera que el Señor la abandonara y ella cayera en los desastres. Pregunté al pastor Chen qué hacer. Recapacitó un momento, y respondió: “Soy pastor y conozco la Biblia mejor que tú. Esta noche, róbale a tu esposa el libro que está leyendo y te ayudaré a echarle un vistazo, pero que ella no se entere”. En aquel momento me pareció que sería mejor que el pastor me ayudara a analizarlo. Así sabría qué había escrito en él y podría adquirir cierto discernimiento. Si la fe de mi esposa estaba equivocada, podríamos convencerla de que se apartara a tiempo. Esa noche llevé a escondidas El rollo abierto por el Cordero a casa del pastor Chen. El pastor Chen tomó el libro, le echó un vistazo tranquilamente y lo cerró de golpe sobre la mesa. Mientras contemplaba la portada del libro, comentó con desdén: “Sí, es un libro del Relámpago Oriental. Seguro que tu esposa cree en el Relámpago Oriental. Su prédica es muy grandilocuente y la mayoría de la gente no la sabe refutar. Algunos que buscan intensamente y conocen la Biblia dejan de leerla por completo tras leer sus libros. Si no leen la Biblia, ¿continúan siendo creyentes en el Señor? El Relámpago Oriental ha engañado a tu mujer. Si no se aparta, perderá las bendiciones del reino de los cielos”. Esto me desconcertó un poco: “Los que no conocen la Biblia carecen de discernimiento, así que es normal que los engañen, pero si creen en el Relámpago Oriental aquellos que son líderes desde hace años y conocen la Biblia, ¿acaso hay algún misterio en este libro? Si no, ¿por qué atrae tanto a gente que conoce la Biblia, la cual termina creyendo en el Relámpago Oriental? No entiendo nada”. Por ello, le dije al pastor: “Tú comprendes muy bien la Biblia. Echa un vistazo al contenido del libro y háblame de lo que dice. ¿Qué debo hacer para convencer a mi esposa de que vuelva?”. Me sorprendió que el pastor Chen me respondiera con solemnidad: “Como soy pastor y maduro en la vida, no me hace falta leer este libro. Somos salvos por creer en el Señor y solo hemos de aguardar a que nos lleve al reino de Dios. Si tu esposa te predica el Relámpago Oriental, no creas en eso. El Relámpago Oriental no es más que una estafa financiera. En esta cuestión, lo único que puedes hacer es asegurarte de no darle mucho dinero. Deposita todo tu dinero, no le permitas acceder a él y vigila cada movimiento que haga”. En su momento creí que el pastor sabía más que yo y que era para protegerme, por lo que decidí hacer lo que me dijo. Al llegar a casa, creía que mi esposa no había regresado, así que devolví el libro a su lugar con cuidado, pero, sin tiempo de guardarlo, mi mujer salió del otro cuarto. Me quedé estupefacto, y ella me preguntó con inquietud: “¿Tomaste tú mi libro?”. Por miedo a que descubriera que lo había robado, mentí: “Yo no lo tomé. Siempre dejas las cosas por ahí. Déjame ayudarte a buscarlo”. Luego revolví el cuarto y por fin saqué el libro, se lo entregué y le dije: “Aquí está. Siempre dejas las cosas por ahí. La verdad, deberías ponerlas en su sitio”. Mi esposa no dejaba de mirarme fijamente, y noté que me ruborizaba a medida que la culpa atenazaba mi corazón. Por fortuna, mi mujer no me preguntó nada más. Simplemente agarró el libro y se fue. En ese momento recordé que el Señor Jesús nos pide que seamos honestos: “Sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’” (Mateo 5:37). ¿Pero qué había hecho yo? Había ido en contra de las enseñanzas del Señor y de mi conciencia y me había comportado como un ladrón. No obstante, me consolé diciéndome que lo hice por protegerla a ella.

Al día siguiente fui al banco, cambié las claves de todas las libretas y tarjetas bancarias y deposité nuestro dinero extra, de modo que solo teníamos lo justo para la comida. Inesperadamente, mi esposa no dijo nada cuando se enteró. Aparte de leer su libro, hacía todas las labores igual de bien que de costumbre y me trataba con el mismo agrado de siempre, pero yo estaba avergonzado e incómodo. Hacía muchísimos años que creía en el Señor, pero seguía tratando a mi mujer de esas maneras tan despreciables. Así no debía comportarse un cristiano. Veía que mi esposa había cambiado mucho desde que empezara a leer el libro. Yo la trataba de esa forma y ni siquiera estaba enojada. ¿La habían transformado las palabras del libro? ¿Me estaba equivocando yo? ¿Acaso este Relámpago Oriental en el que creía mi esposa era realmente el regreso del Señor Jesús? Supe que tenía que averiguarlo.

Una noche, en la cena, mi esposa me animó a leer el libro de nuevo y señaló: “Tú afirmas que nos salva la fe en el Señor y que Él nos llevará al reino de los cielos cuando venga, pero fíjate en nuestra madre, en nuestra cuñada y en nosotros: hace años que creemos en el Señor, pero siempre pecamos de día y confesamos de noche. No podemos escapar a la esclavitud del pecado. Según las Escrituras, sin santidad no podremos contemplar al Señor. Dios es santo, por lo que, si todavía pecamos con tanta frecuencia, ¿cómo podemos ser aptos para entrar en el reino de los cielos? El Señor Jesús ya ha regresado. Expresa la verdad y realiza la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, para purificar por completo a la gente de pecado e introducirnos en Su reino. Para entrar al reino de los cielos, debemos aceptar la obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días”. Las palabras de mi mujer tenían lógica para mí. Todavía vivíamos en un estado de pecado por el día y confesión por la noche y no podíamos escapar a la esclavitud del pecado. El Señor es santo, por lo que era difícil saber si unas personas tan inmundas y corruptas como nosotros podríamos entrar en el reino de los cielos. Al percatarme de esto, asentí con la cabeza. Mi esposa vio que no era reacio y, feliz, me dijo que al día siguiente podían venir dos hermanas a hablarme del regreso del Señor. Accedí a ello. Sin embargo, yo sabía que comprendía poco la Biblia, así que quería que viniera también el pastor Chen a ayudarme a comprender y a debatir con las hermanas. Así podría adquirir discernimiento y ver qué palabras estaban más en consonancia con la Biblia. Por tanto, se lo conté al pastor Chen.

Al día siguiente, después de cenar, todos habían llegado. Una de las hermanas habló de lo siguiente: “El Señor ha regresado. Expresa la verdad y realiza la obra de juicio y purificación de la gente…”. Antes de que pudiera terminar, el pastor Chen gritó enérgicamente: “¿En qué te basas para afirmar que ha regresado el Señor? Se nos perdonan los pecados por nuestra fe en el Señor Jesús. Somos salvos por la gracia. No necesitamos esta obra de juicio. ¡No comprendes la Biblia en absoluto!”. La otra hermana replicó al pastor: “Hermano, no podemos alcanzar la verdad discutiendo sobre ella. El Señor ha regresado realmente, y si lees la verdad expresada por Su regreso, sabrás si Él es real o no”. El pastor Chen añadió con impaciencia: “¿Por qué debería leerla? El Señor no ha regresado. Si no comprenden la Biblia en absoluto, ¿por qué predican el evangelio? Yo sé mucho más de la Biblia que ustedes y no voy a escuchar esto”. Las dos hermanas utilizaban la Biblia para hablar de la obra de Dios en los últimos días, pero el pastor Chen no escuchaba nada y las interrumpía continuamente, sin dejar que hablaran, hasta que a las dos hermanas no les quedó más opción que marcharse. Luego le dijo a mi esposa: “No les hagas caso. Dado que no comprendes la Biblia, no te dejes engañar y léela más en lo sucesivo”. Y sin más, en menos de 15 minutos se habían marchado todos. Estaba muy decepcionado. Como pastor de una iglesia, si alguien da testimonio de que ha vuelto el Señor, él debería buscar e investigar y debatir con la gente de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Si se trata del auténtico regreso del Señor, debemos aceptarlo juntos, y si no lo es, aprenderemos a discernir un poco. Eso sería bueno para todos. ¿Por qué era tan arrogante el pastor Chen? Si de verdad comprendía la Biblia, debería haber tenido un debate apropiado con ellas. Pensé que aprendería algo aquella noche. Me sorprendió descubrir lo equivocado que estaba, y estaba descontento por cómo había encarado las cosas el pastor Chen. No obstante, su comunión se basaba en la Biblia y las dos hermanas no hablaron de nada que estuviera fuera de ella. Si ambos tenían una base bíblica, ¿por qué sus explicaciones y entendimientos eran tan distintos? Estaba muy confundido.

Posteriormente, mi esposa y yo volvimos a nuestro pueblo, y el pastor Liu y el colaborador Liang, de la iglesia local, vinieron a casa a convencer a mi esposa de que dejara de creer en el Relámpago Oriental. Al ver que no estaba escuchando, el colaborador Liang señaló con rabia a mi esposa, le echó una bronca y dijo muchas cosas condenatorias sobre el Relámpago Oriental para atemorizarla. Pensé: “¿Este sigue creyendo en el Señor? Lo único que hace mi mujer es creer en el Relámpago Oriental. Deberías ayudarla y sustentarla con amor, como enseña el Señor, no señalarla con el dedo”. Enojado, quise razonar con él, pero, justo entonces, el pastor Liu me sacó a la puerta y me comentó: “Tienes que convencer a tu esposa. Como no hace mucho que cree en el Relámpago Oriental, dile que confiese sus pecados al Señor y se arrepienta, y si no hace caso, si es preciso, puedes llamar a la policía”. Entonces me pareció mal que el pastor Liu dijera aquello, pero también creía que no había otra forma de pararla. Una vez que se fueron, mi mujer me dijo: “Cuando creía en el Señor, era pasiva y débil, y mi fe, fría, pero no vino a sustentarme ningún pastor ni anciano. Ahora he recibido al Señor, y ya ves qué diligentes se han vuelto. Veo que no les importa nada mi vida. Solo quieren arrastrarme de vuelta a la religión para que continúe haciéndoles donativos y, como no pueden, cambian totalmente de compostura. Me señalaron con el dedo, me echaron la bronca y dijeron blasfemias. ¿Está esto en consonancia con las enseñanzas del Señor? ¿Se comportan como creyentes en Él? Es preciso que disciernas cómo son y no escuches sus palabras sin reflexionar. Los creyentes en el judaísmo siguieron ciegamente a los fariseos en su condena al Señor Jesús y, al final, lo crucificaron y ofendieron el carácter de Dios”. Tras oír los comentarios de mi esposa, recordé que el pastor Liu afirmó que vendría a recuperarla, pero no le brindaron ni una palabra de afecto y sustento. No dijeron más que cosas para intimidarla, amenazarla y condenarla. Además, me pidieron que llamara a la policía para que la detuviera. ¿Acaso dirían cosas así los creyentes en el Señor? ¿Esto no era empujar a mi esposa al hoyo? Estaba furioso y, posteriormente, ya no se me ocurrió volver a fiarme de los pastores.

Tras este incidente, mi esposa todavía trataba de convencerme a menudo de que leyera las palabras de Dios Todopoderoso. Tenía mucha curiosidad. Quería ver qué contenía ese libro para que la fe de mi mujer fuera tan firme y ella se empeñara tanto en convencerme de que lo leyera, pero, como no quería que ella conociera mi actitud, me daba mucha vergüenza contárselo. Un día, cuando mi esposa no estaba en casa, saqué el libro y lo leí. Abrí el primer capítulo y leí el título: “Prefacio”. Esto es lo que leí en el libro: “Aunque muchas personas creen en Dios, pocas entienden qué significa la fe en Él y qué deben hacer para conformarse a Su voluntad. Esto se debe a que, aunque las personas están familiarizadas con la palabra ‘Dios’ y con expresiones como ‘la obra de Dios’, no conocen a Dios y, menos aún, Su obra. No es de extrañar, por tanto, que todos los que no conocen a Dios estén confusos en su creencia en Él. Las personas no se toman en serio la creencia en Dios, y esto se debe, totalmente, a que creer en Dios les es muy poco familiar; es demasiado extraño para ellas. De esta forma, no están a la altura de las exigencias de Dios. Es decir, si las personas no conocen a Dios ni Su obra, no son aptas para que Él las use, y, menos aún, pueden satisfacer Su voluntad. ‘Creer en Dios’ significa creer que hay un Dios; este es el concepto más simple respecto a creer en Dios. Aún más, creer que hay un Dios no es lo mismo que creer verdaderamente en Dios; más bien es una especie de fe simple con fuertes matices religiosos. La fe verdadera en Dios significa lo siguiente: con base en la creencia de que Dios tiene la soberanía sobre todas las cosas, uno experimenta Sus palabras y Su obra, purga su carácter corrupto, satisface la voluntad de Dios y llega a conocerlo. Sólo un proceso de esta clase puede llamarse ‘fe en Dios’” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios). Llegado a este punto, tuve la sensación de que ningún ser humano podría decir esas palabras. En nuestra fe en Dios, aparte de creer que Él creó todas las cosas, debemos experimentar Sus palabras y Su obra, despojarnos de nuestro carácter corrupto y llegar a conocerlo a Él. Estas palabras dejaban claro lo que era la fe en Dios. Durante todos mis años de fe en el Señor, solamente sabía que tenía que leer la Biblia, orar y escuchar sermones. Creía lo que dijeran los pastores y les hacía caso en todo. ¿Cómo podría calificarse esto de fe en Dios? ¡Era creer en los pastores! Cuanto más leía estas palabras, más se me iluminaba el corazón y más quería leer. Siempre que mi esposa no estaba en casa, tomaba el libro a escondidas para leerlo.

Un día leí este pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “Hay algunos que leen la Biblia en grandes iglesias y la recitan todo el día, pero ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno de ellos es capaz de conocer a Dios y mucho menos es conforme a la voluntad de Dios. Son todos personas inútiles y viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Se oponen deliberadamente a Él mientras llevan Su estandarte. Afirman tener fe en Dios, pero aun así comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos que devoran el alma del hombre, demonios jefes que estorban deliberadamente a aquellos que tratan de entrar en la senda correcta y obstáculos en el camino de quienes buscan a Dios. Pueden parecer de ‘buena constitución’, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que no son más que anticristos que llevan a la gente a levantarse contra Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar a las almas humanas?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él). Tras leer estas palabras, me acordé inmediatamente de los pastores y ancianos. Conocían la Biblia, aparentaban humildad, paciencia y afecto y solían decirnos que veláramos y aguardáramos la venida del Señor, pero en cuanto alguien dio testimonio del regreso del Señor, no tuvieron el menor deseo de buscar e investigar. El pastor Chen me pidió que robara el libro porque, según él, quería ayudarme a revisarlo, así que es de sentido común que hubiera leído su contenido, pero, sin tan siquiera mirarlo, condenó inmediatamente a mi esposa por estar equivocada. El colaborador Liang reprendió a mi mujer, la intimidó y la amenazó con palabras condenatorias, y el pastor Liu me dijo que llamara a la policía, traicionara a mi esposa y la entregara. ¿Cómo podían hacer esas cosas unos creyentes en Dios? Si realmente Dios Todopoderoso era la segunda venida del Señor Jesús, pero los pastores, en vez de guiarnos para que buscáramos e investigáramos, se empleaban a fondo para interponerse y hasta querían que yo llamara a la policía para que detuviera a mi esposa, ¿no eran, tal como los describen esas palabras, estorbos y obstáculos que nos impedían investigar el camino verdadero? ¿No eran gente que se resistía a Dios so pretexto de creer en Él? Me acordé de que, cuando vino a obrar el Señor Jesús, tampoco los fariseos buscaron ni investigaron, sino que se esforzaron al máximo para resistirse a Él y condenarlo, y, al final, el Señor fue crucificado. Si realmente Dios Todopoderoso era el regreso del Señor Jesús, los pastores estaban haciendo lo mismo que los fariseos en su tiempo. Me pareció que los pastores y ancianos tal vez eran gente que se resistía al Señor. En su momento pensé: “Ya no puedo hacer más caso a los pastores. He de investigar detenidamente la obra de Dios Todopoderoso para ver si Él es el regreso del Señor”.

Más adelante, mi esposa invitó al hermano Zhou, de la Iglesia de Dios Todopoderoso, a hablar conmigo. Le cuestioné: “Dice la Biblia: ‘Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación’ (Romanos 10:10). Creemos en el Señor y nos hemos salvado; ¿por qué sigue haciéndonos falta que Dios realice una etapa de la obra de juicio?”. El hermano Zhou me enseñó esto: “¿Qué quiere decir salvarse por creer en el Señor Jesús? A decir verdad, ‘salvación’ alude a que la gente que cree en el Señor Jesús, le ora y confiesa sus pecados. Sus pecados son perdonados, no son condenados por la ley, y disfrutan la paz, gozo y una abundante gracia otorgada por el Señor. Esto es lo que quiere decir, ser ‘salvado’ en la Era de la Gracia. Pero aún albergamos una naturaleza pecaminosa y no nos hemos despojado del pecado. Dios es santo, Su reino es un lugar santo, y es imposible que Dios introduzca en Su reino a aquellos todavía capaces de pecar y resistirse a Él. Por eso, en los últimos días, Dios lleva a cabo una etapa de la obra de juicio para purificar a fondo a la gente. De ese modo, la gente es apta para entrar al reino de Dios”. El hermano Zhou añadió que la obra de Dios en los últimos días fue profetizada hace mucho en la Biblia. Como manifestó el Señor Jesús: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13). “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:48). Y 1 Pedro 4:17 señala: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”. El hermano dijo: “Con esto vemos que el Señor seguirá expresando la verdad a Su regreso en los últimos días y realizará, asimismo, la obra de juicio y purificación de la gente, y que el juicio comenzará por la casa de Dios. La obra de Dios Todopoderoso cumple estas profecías”. Luego, el hermano Zhou me enseñó un video de recitación de la palabra de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz de heredar directamente la herencia de Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de los apelativos y la identidad). “El hombre sólo fue salvo y se le perdonaron sus pecados por su fe, pero su naturaleza pecaminosa no le fue quitada y permaneció en él. Los pecados del hombre fueron perdonados a través del Dios encarnado, pero eso no significó que el hombre ya no tuviera pecado en él. Los pecados del hombre podían ser perdonados por medio de la ofrenda por el pecado, pero en lo que se refiere a cómo puede lograrse que el hombre no peque más y cómo puede extirparse por completo y transformarse su naturaleza pecaminosa, él no tiene forma de resolver este problema. Los pecados del hombre fueron perdonados, y esto es gracias a la obra de crucifixión de Dios, pero el hombre siguió viviendo en su viejo carácter satánico corrupto del pasado. Así pues, el hombre debe ser completamente salvado de su carácter satánico corrupto para que su naturaleza pecadora le sea completamente extirpada y no se desarrolle más, permitiendo, así, que el carácter del hombre se transforme. Esto requeriría que el hombre entendiera la senda del crecimiento en la vida, el camino de la vida, y el camino del cambio de su carácter. También requeriría que el hombre actuara de acuerdo con esa senda, de forma que su carácter pueda ser cambiado gradualmente y él pueda vivir bajo el brillo de la luz, de tal modo que todo lo que haga pueda ser conforme a la voluntad de Dios, pueda despojarse de su carácter satánico corrupto, y liberarse de la influencia de las tinieblas de Satanás, emergiendo, así, totalmente del pecado. Sólo entonces recibirá el hombre la salvación completa” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)). “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio). El hermano Zhou me enseñó lo siguiente: “Las palabras de Dios Todopoderoso son muy claras. El Señor Jesús solo realizó la obra de redención. No salvó por completo de pecado a la humanidad. Aunque creamos en el Señor y se nos perdonen los pecados, aún albergamos una naturaleza pecaminosa y no podemos escapar a la esclavitud del pecado. En nuestros años de fe en el Señor, con frecuencia hemos mentido y engañado y también hemos sido arrogantes, engreídos, envidiosos y peleones. Nuestra renuncia y nuestro esfuerzo por el Señor son transacciones con Dios a cambio de Sus bendiciones, y ante las pruebas y tribulaciones, todavía nos resistimos al Señor, lo juzgamos o incluso lo traicionamos y demás. La gente como nosotros, que suele vivir en pecado, que se resiste y juzga a Dios, ¿cómo podemos ser aptos para entrar en Su reino? En los últimos días, a tenor del plan de gestión de Dios para salvar a la humanidad, de las necesidades de la humanidad corrupta y de la obra de redención del Señor Jesús, Dios Todopoderoso expresa la verdad y realiza la obra del juicio para purificar y transformar por completo a la gente, salvarla del pecado e introducirla en el reino de los cielos. Si solamente aceptamos la obra de redención del Señor Jesús, es imposible que se transforme nuestro carácter satánico, vivimos siempre en pecado, esclavos de él, y no somos aptos para entrar en el reino de los cielos. Por eso debemos aceptar la obra de juicio y castigo de Dios Todopoderoso, lograr entender la senda hacia la transformación del carácter, despojarnos de nuestro carácter corrupto y convertirnos en personas obedientes y temerosas de Dios. Será entonces cuando Él, verdaderamente, nos pueda salvar”.

Tras escuchar sus enseñanzas, se me iluminó el corazón. La redención solo es el perdón de los pecados. No implica que podamos entrar al reino de los cielos. Llevaba creyendo más de diez años y solía orar, confesar los pecados y pedir perdón a Dios, pero mis actitudes corruptas no habían cambiado nada. Además, el pastor Chen, el pastor Liu y los demás, tras años de fe en el Señor, y ante la noticia de Su regreso, no buscaron ni investigaron en absoluto, impidieron que otros creyentes investigaran el camino verdadero y llegaron a resistirse a él y a condenarlo. Incluso me animaron a llamar a la policía para que detuviera a mi esposa. ¿Cómo iba a poder entrar en el reino de los cielos gente todavía capaz de pecar y resistirse a Dios? Al pensarlo, le dije al hermano Zhou: “Aún no nos hemos despojado de nuestros pecados, así que realmente sí tenemos que aceptar la obra de juicio de Dios Todopoderoso”. Luego le pregunté cómo realiza Dios Todopoderoso la obra de juicio, y me leyó otro pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al realizar Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cristo hace la obra del juicio con la verdad). El hermano Zhou me enseñó esto: “Dios Todopoderoso dice las cosas muy claramente. La obra de juicio de Dios es, en realidad, que Dios le revela a la gente Su verdad, Su camino y Su vida. En los últimos días, Dios Todopoderoso expresa todo aspecto de la verdad y, con el carácter justo y majestuoso de Dios, juzga y expone la naturaleza satánica de la gente, analiza sus palabras y actos y, una por una, expone nuestras diversas nociones y las motivaciones inadecuadas de nuestra fe en Dios, nuestro carácter satánico, arrogante, astuto y terco, y hasta los pensamientos e ideas ocultos en el fondo de nuestro corazón. Leer las palabras de Dios Todopoderoso es como si Dios nos juzgara y expusiera cara a cara. Logramos comprender nuestra naturaleza satánica, vemos la realidad de nuestra corrupción a manos de Satanás, entendemos un poco el carácter justo de Dios, que no tolera ofensa de nadie, tenemos un corazón temeroso de Dios, somos capaces de detestarnos y de arrepentirnos de corazón, tenemos un arrepentimiento real y vamos transformando nuestro carácter corrupto”. ¡Qué práctica la obra de Dios! Antes imaginaba la obra de Dios muy sobrenatural y difusa. Pensaba que, una vez que creyera en el Señor, me salvaría y podría entrar al reino de los cielos. Esto es totalmente incompatible con la realidad de la obra de Dios. Al darme cuenta, tuve la certeza de que Dios Todopoderoso era el regreso del Señor Jesús y acepté de buena gana la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días. Me alegro de no haber vuelto a los pastores. Al echar la vista atrás, veo que me aferraba a mis nociones y fantasías, me negaba a oír la voz del Señor y recibirlo, y estorbaba a mi esposa. Era muy ignorante y ciego, y siento un hondo pesar cuando lo pienso, pero le estoy aún más agradecido a Dios Todopoderoso por Su misericordia y por llevarme ante Él paso a paso para que por fin pudiera oír la voz de Dios y recibir al Señor.

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