La senda hacia el reino de los cielos

10 Ene 2022

Por Marcelita, Filipinas

En lo referente a llegar al reino de los cielos, muchos creen que, como tenemos fe en el Señor y nuestros pecados fueron perdonados, cuando el Señor venga nos arrebatará y llevará directo a Su reino. Otros creen que solo los santos pueden ver al Señor y piensan: “No podemos más que pecar constantemente y no nos libramos de las cadenas del pecado, entonces ¿podemos realmente entrar a Su reino?”. Ante esta pregunta, algunos dirán que a pesar de nuestra pecaminosidad, el Señor Jesús es nuestra eterna ofrenda por el pecado, así que, si confesamos nuestros pecados, Él siempre nos perdonará y dejará de vernos como pecadores y podremos entrar a Su reino. Pero yo creo que a pesar de que el Señor haya perdonado nuestros pecados, las Escrituras dicen: “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 10:26). Esto prueba que el Señor no perdonará nuestros pecados incondicionalmente ni para siempre. Entonces, ¿cómo se supone que entraremos al reino de los cielos? Nunca había podido descifrarlo hasta que leí la palabra de Dios Todopoderoso y encontré la senda de purificación y entrada al reino de Dios.

Nací en un hogar cristiano y desde niña iba a la iglesia con mis padres. Y participaba activamente de las actividades de la iglesia. De adulta, me esforzaba por el Señor con aún más fervor. A veces, incluso iba con el pastor a algunos encuentros de oración fuera de la ciudad. Pero a pesar de todo mi entusiasmo, no estaba logrando ninguna satisfacción espiritual real. Los sermones del pastor eran siempre sobre los mismos temas. No había nada nuevo ni esclarecedor. Y, personalmente, no era capaz de vivir según las enseñanzas del Señor. Estaba siempre atrapada en un círculo de pecado y confesión. Por ejemplo, mi madre les daba obsequios o dinero a mis hermanos y a mí casi nunca nada. Esto me ponía celosa, me enfadaba y me quejaba de ella. En mi servicio para la iglesia, cuando el pastor me asignaba una tarea, pensaba que me estaba favoreciendo. Me sentía orgullosa e incluso menospreciaba a los demás colegas. Las Escrituras dicen: “Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Pero seguía siendo celosa y tenía pensamientos odiosos y condescendientes. No me llevaba bien con mi familia, ni podía amar al prójimo como a mí misma y lograr armonía con los demás. No había logrado la santidad. El Señor es santo, ¿cómo podría alguien como yo ser elogiada por el Señor y entrar a Su reino? Estaba muy confundida, entonces pedí ayuda a mi pastor y a mis amigos de la iglesia. Pero el pastor solo dijo: “Como creyentes, nuestros pecados fueron perdonados. La ofrenda del pecado del Señor Jesús es efectiva para siempre. En cuanto a todos nuestros pecados, cometidos en el pasado y el futuro, siempre que oremos y nos confesemos ante el Señor, Él nos perdonará incondicionalmente. Entonces, Él nos verá sin pecado y seremos admitidos en Su reino. Debemos tener fe en el Señor”. Sin embargo, las palabras del pastor no resolvían mi confusión. El Señor nos perdona los pecados, pero ¿por qué la Biblia dice también “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 10:26)? Esto prueba que el Señor no perdonará nuestros pecados incondicionalmente y para siempre. No había logrado aclarar nada, solo podía consolarme pensando: El amor del Señor es inagotable e infinito, tal vez el pastor tenga razón. Siempre y cuando ore y me confiese, Él no me recriminará esos pecados y a Su regreso, me arrebatará y me llevará al reino de los cielos. Después de esto, solo seguí leyendo la Biblia y asistiendo a los servicios, con la esperanza de alcanzar el reino del Señor a Su regreso.

Más adelante, conocí a la hermana Wang y a la hermana Li, en línea. Conversábamos mucho, nos animábamos y motivábamos mutuamente en nuestra fe y compartíamos pareceres. Una día, la hermana Wang me preguntó: “¿Cuál es tu mayor esperanza como creyente?”. Sin dudarlo un segundo, dije: “Alcanzar el reino de Dios, ¡claro!”. Luego, ella preguntó: “Entonces ¿sabes qué tipo de persona alcanza el reino de Dios?”.

Cuando dijo eso, pensé: “Es exactamente lo que nunca tuve claro. Mi pastor y mis amigos de la iglesia dicen que al ser bautizados en el nombre del Señor se perdonan nuestros pecados y podemos entrar al reino de los cielos. ¿Su pregunta quiere decir que ella opina diferente?”. Entonces dijo: “Yo solía pensar que en nuestra fe, siempre y cuando oremos, nos confesemos y aceptemos el nombre del Señor, Él perdonará nuestros pecados y que, cuando venga, nos arrebatará para llevarnos al reino de los cielos. Pero luego me di cuenta de que si bien nuestros pecados son perdonados por creer en el Señor, aún tendemos a pecar y a resistirnos a Él. Por ejemplo: el Señor nos pide que amemos a los demás como a nosotros mismos, que practiquemos la paciencia, que seamos la sal de la tierra para glorificarlo, pero siempre terminamos discutiendo por cosas banales. Ante una prueba, culpamos al Señor y lo traicionamos. Solo trabajamos y nos esforzamos para entrar a Su reino. Es una transacción. Vivir así dista mucho de vivir según la voluntad del Señor. Está bien claro en las Escrituras: ‘Seréis, pues, santos porque yo soy santo’ (Levítico 11:45). ‘En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre’ (Juan 8:34-35). Dios es santo y justo y Él gobierna el reino de los cielos. Es una tierra santa. Dios no aceptará que los impuros manchen Su tierra santa. Aquellos que siempre están pecando y resistiéndose al Señor son todavía esclavos del pecado y de ninguna manera pueden entrar a Su reino. Dios nos lo dijo muy claramente, en nuestra fe, debemos liberarnos de las impurezas y lograr la purificación para entrar a Su reino”.

Las enseñanzas de la hermana Wang me conmovieron profundamente. Pensé en todos mis años de fe. Leía la Biblia a diario, oraba al Señor y confesaba mis pecados continuamente, pero aun así, seguía atrapada en un círculo de pecado y confesión. Discutía mucho con mi padres por pequeñeces y estaba celosa de mis hermanos. En la iglesia, hablaba mal de otros miembros y era condescendiente. Después de años de vivir en la fe, no podía ni siquiera practicar el mínimo de paciencia. No cabía duda, no había sido purificada ¡y no era digna del reino de los cielos!

Así que le dije a la hermana Wang: “Tienes razón. En nuestra fe, solemos mentir y pecar y no podemos librarnos del pecado. Me puedo realmente identificar con eso. Esto siempre me confundió mucho. Cuando pecamos constantemente, ¿podemos de veras alcanzar el reino de Dios? Pedí consejo a mi pastor y a otros miembros de la iglesia, pero no recibí una respuesta satisfactoria. A través de nuestras enseñanzas, finalmente estoy comprendiendo. Los creyentes que siempre están pecando y no han sido purificados no pueden alcanzar el reino de Dios. Pero sigo sin entender, ¿por qué seguimos pecando desde que el Señor perdonó nuestros pecados como creyentes?”.

En respuesta a mi pregunta, la hermana Wang leyó algunos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso. “A pesar de que el hombre pueda haber sido redimido y perdonado de sus pecados, sólo puede considerarse que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre, que vive en un cuerpo de carne, no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando, interminablemente, su carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayor parte de la humanidad peca durante el día y se confiesa por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para el hombre, no podrá salvarlo del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto. […] No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados; no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada, y debe depender del juicio por la palabra para lograr este resultado. Sólo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Luego, compartió sus enseñanzas conmigo: “Durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús hizo solo la obra redentora, no la obra de la purificación de la humanidad ni de la transformación. Todos sabemos que a finales de la Era de la Ley, la gente corría peligro de ejecución si no cumplía con la ley. Dios no podía soportar que mataran a la gente por esto, así que se hizo carne y fue crucificado como ofrenda del pecado por la humanidad, redimiendo así al hombre de sus pecados. Al recibir la salvación del Señor Jesús y al confesarse y arrepentirse, la gente fue perdonada de sus pecados y no fue ejecutada por ley. Y también disfrutó la abundante gracia, paz y felicidad concedidas por el Señor. Este perdón de los pecados se refiere a ser liberados de la condena a muerte por ley. Pero no quiere decir que el hombre esté libre de pecado o que no vuelva a pecar. Nuestros pecados se perdonan a través de la fe, pero la naturaleza pecadora sigue muy arraigada en nosotros. Estamos llenos de arrogancia, engaño, maldad, perversidad y otras actitudes satánicas. Vamos incluso en contra de nuestra propia consciencia y mentimos y engañamos para proteger nuestros intereses. Si las personas no actúan de la manera que queremos, nos enfadamos y les reprochamos. Competimos por el estatus y buscamos ganar dinero, somos celosos y pendencieros. Además, seguimos tendencias mundanas malvadas, disfrutamos placeres carnales, etc. Sabemos que pecar no va de acuerdo con la voluntad del Señor y a menudo nos arrepentimos y nos confesamos ante Él, pero seguimos pecando. Todo esto es el resultado de nuestra naturaleza satánica. Si no resolvemos la causa fundamental de nuestra naturaleza pecadora, nuestros pecados serán como maleza que no quitamos de cuajo y que vuelve a crecer de raíz. Para resolver por completo la raíz de nuestra pecaminosidad, necesitamos el juicio y la purificación de Dios en los últimos días. Esa es la única manera de resolver nuestra naturaleza pecadora y ser dignos del reino de los cielos”.

Luego de escuchar las enseñanzas de la hermana Wang, comprendí que el perdón de los pecados solo significa que el Señor Jesús nos perdonó los pecados y no que dejamos de ser pecadores. Tampoco significa que el Señor nos perdonará los pecados para siempre, como afirmaba mi pastor. Las enseñanzas de la hermana fueron prácticas y completamente en línea con la Biblia: “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 10:26). Lo que el pastor decía solía confundirme mucho. El Señor es santo. ¿De veras nos llevará a Su reino aunque pequemos todo el tiempo? No podía entenderlo y no veía una senda alternativa, así que confié en lo que el pastor decía y seguí estudiando la Biblia y orando y confesándome, esperando que cuando el Señor viniera, no considerara mis pecados y me llevara directo a Su reino. Hoy miro atrás y todo me parece un disparate. La hermana Wang había dicho que, a Su regreso, el Señor llevaría a cabo la obra del juicio para purificar al hombre, así que no tardé en preguntarle cómo Dios llevaría a cabo esta obra exactamente.

Ella respondió, paciente, “En la Biblia hay muchas profecías sobre esto. Por ejemplo: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad’ (Juan 16:12-13). ‘El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final’ (Juan 12:48). ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’ (1 Pedro 4:17). Estos versículos muestran que Dios expresará la verdad para juzgar y purificar a la humanidad en los últimos días, y así la liberará por completo del pecado y purificará y transformará sus actitudes corruptas. Solo así el hombre será digno de alcanzar el reino de Dios. El Señor Jesús ha regresado ahora como Dios Todopoderoso encarnado de los últimos días. Expresa la verdad y realiza la obra del juicio comenzando por la casa de Dios para resolver la naturaleza pecadora y las actitudes satánicas del hombre y finalmente para liberar a la humanidad de la influencia de Satanás”.

La hermana Wang me mostró dos videos con lecturas de la palabra de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al realizar Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser purificado” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La hermana Wang compartió: “En los últimos días, Dios Todopoderoso expresa todas las verdades que purifican y salvan a la humanidad y revela los misterios de la obra de gestión de Dios, como las tres etapas de Su obra, los misterios de Sus nombres, los misterios de la encarnación y cómo Él lleva a cabo la obra del juicio. También aclara todas las verdades que deberíamos practicar en nuestra fe, por ejemplo, cómo crear una relación normal con Dios, cómo vivir con humanidad normal, cómo amar y someternos a Dios, cómo creer en Él y servirlo, según Su voluntad, etc. Dios también ha juzgado y expuesto la naturaleza pecadora y de resistencia a Dios de la humanidad corrupta y todas las formas de actitudes satánicas. A través del juicio de Su palabra, podemos ver cuán profundamente nos ha corrompido Satanás, lo repletos que estamos de actitudes satánicas como la arrogancia, el engaño y la maldad. No vivimos para nada con aspecto de humanidad, somos solo la personificación de Satanás y no somos dignos de vivir ante Dios. También podemos conocer el carácter justo e inofendible de Dios, comenzar a odiarnos y despreciarnos a nosotros mismos y arrepentirnos ante Él. Así, nuestras actitudes corruptas pueden purificarse y transformarse gradualmente y podemos lograr algo de miedo y sumisión a Dios”. Después de esto, la hermana Wang compartió su experiencia sobre la aceptación del juicio y castigo de la palabra de Dios. Antes, en su fe, pensaba que, como se había esforzado, había dado mucho, sufrido adversidades y hecho sacrificios por el Señor, amaba al Señor más y era mejor que los demás. Capitalizaba esto y menospreciaba a los demás, creyendo que ella era la que más quería al Señor y era la más apta para ser coronada y premiada. Luego de recibir la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, leyó la palabra de Dios que juzga y expone a la humanidad. Vio el siguiente pasaje: “Sería mejor que dedicarais más esfuerzo a la verdad de conocer el ser. ¿Por qué no habéis encontrado el favor de Dios? ¿Por qué vuestro carácter es abominable para Él? ¿Por qué vuestro discurso despierta Su odio? Tan pronto como demostráis un poco de lealtad, os elogiáis a vosotros mismos y exigís una recompensa por una pequeña contribución; despreciáis a los demás cuando habéis mostrado una pizca de obediencia y desdeñáis a Dios después de llevar a cabo alguna tarea insignificante. […] Aunque sabéis perfectamente que creéis en Dios, no podéis ser compatibles con Él. Aunque sois plenamente conscientes de que no tenéis ningún mérito, de cualquier modo persistís en alardear. ¿Acaso no sentís que vuestro sentido se ha deteriorado al punto de ya no tener autocontrol?” (‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer esto, sintió angustia y vergüenza. Y se dio cuenta de que siempre estaba autoexaltándose y que era condescendiente con los demás, incluyo creyéndose que era digna de ser coronada porque había estado dominada por su satánica naturaleza arrogante. Se dio cuenta de que su esfuerzo era una transacción para recibir bendiciones y no por amor a Dios o para satisfacerlo. Logró entender su arrogancia, egoísmo y vileza, como así también lo impuro de su fe. Se dio cuenta de que seguía llena de actitudes satánicas y que no había cambiado en nada y que, vergonzosa e irracionalmente, había esperado ser bendecida y lograr acceso al reino de los cielos. Pasó a odiarse y despreciarse a sí misma y dejó de pensar que era mejor que los demás. Ya no se atrevía a alardear de su amor por Dios ni a reclamar que Él la coronara. Por el contrario, de buena voluntad aceptó el juicio y castigo de la palabra de Dios, buscó deshacerse de su carácter corrupto y hacer lo posible por cumplir con su deber como ser creado.

Luego de escuchar las enseñanzas de la hermana Wang, comprendí mejor cómo Dios realiza Su obra del juicio en los últimos días. Su experiencia y testimonio me parecieron muy prácticos y de gran ayuda para mí. Solo después de leer la palabra de Dios Todopoderoso, pudo la hermana Wang lidiar con su carácter arrogante y darse cuenta de que ese carácter la hacía ser engreída y condescendiente con los demás. Yo era igual. El pastor me favorecía y solicitaba mi ayuda y eso me hizo pensar que yo era mejor que mis hermanos y hermanas y los menospreciaba. En casa, siempre pensaba que la vida de todos debía girar en torno a la mía. Eso también era arrogante. Me di cuenta de que yo también podía ser purificada y transformada a través del juicio y castigo de Dios en los últimos días. Esa noche conversamos hasta bien tarde. Obtuve mucho sustento espiritual y mucha satisfacción.

Más tarde, hice una extensa lectura de la palabra de Dios Todopoderoso y descubrí no solo que Su palabra revela la verdad detrás de los misterios de la obra de Dios, sino que detalla cómo deshacerse de las actitudes corruptas, cómo vivir una vida plena de sentido y otros tantos aspectos de la verdad. Me di cuenta de que la palabra de Dios Todopoderoso es la verdad y es la voz de Dios. Me convencí por completo de que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús que ha regresado y acepté formalmente la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días. Recuerdo los años en los que viví en el pecado, incapaz de librarme de sus garras, lo confundida que estaba sobre cómo alcanzar el reino de los cielos, pero ahora finalmente ¡hallé la senda hacia la purificación y hacia Su reino! ¡Gracias a Dios Todopoderoso!

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Desde niña sigo la fe de mi familia en el Señor, leyendo la Biblia y asistiendo a los servicios con frecuencia. Compartí el evangelio del Señor Jesús con mi suegra una vez casada, y desde entonces ella ya no perdía los estribos ante lo que le sucediera ni actuaba a su antojo como antes.

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