Mi poco conocimiento del carácter de un anticristo

4 Dic 2022

Por Vladhia, Francia

Me eligieron líder de la iglesia en 2021. Durante algún tiempo, me resultaba difícil hacer nuestro trabajo de riego. Algunos regadores no venían a las reuniones con regularidad, y cuando lo hacían, apenas compartían. No sabía cómo abordar el problema, así que le conté esta dificultad a la hermana Lucy, una líder. Un día, ella añadió a un predicador, el hermano Matthew, a nuestro grupo de reunión. Sabía que él entendía la verdad mejor que yo, y que me había ayudado en mi trabajo antes. Pero yo no estaba muy contenta de que se uniese a nuestro grupo, y lo primero que pensé fue preguntarme si venía a supervisar mi trabajo. Me preocupaba que, si descubría problemas y me exponía, podría quedar mal y los demás no tendrían buena opinión de mí como líder, así que no quería que supervisara mi trabajo. Más tarde me di cuenta de que la hermana Lucy añadió al hermano Matthew a varios grupos importantes en la iglesia, y los hermanos y hermanas todos le enviaron mensajes para darle la bienvenida. Esto me enojó aun más. Sentí que probablemente venía a sustituirme.

Esa tarde, el hermano Matthew asistió a una reunión para nuevos creyentes. Escucharon con atención su comunión e interactuaron de buena gana con él, pero parecían indiferentes a mi comunión. Tenía mucha envidia de Matthew y no quería decir nada más. Sentía que, con él allí, nadie me necesitaba más. Todo el mundo estaba muy contento después de escuchar la comunión de Matthew y dio gracias a Dios sin parar. Algunos incluso dijeron que nunca se habían sentido tan esclarecidos en las reuniones, y que ganaron mucho de su comunión. Yo estaba muy enojada al oír a los hermanos y hermanas decir esto y sentía que no prestaban atención a mi presencia, como si no hubiera compartido con ellos en absoluto. Me sentí humillada e incluso resentida con los hermanos y hermanas, porque sentía que se habían olvidado de todo lo que había compartido. Mientras terminaba la reunión, Matthew nos resumió algunas cosas. Yo no quería decir lo que pensaba y no quería escuchar a todo el mundo elogiarlo. Quería terminar la reunión lo antes posible y alejarme de todo. Justo entonces, Matthew me preguntó qué pensaba de la reunión. Yo no quería participar en la discusión, así que simplemente dije algunas cosas superficiales. Entonces Matthew habló sobre algunos problemas que había descubierto. Dijo que mi comunión era bastante amplia y confusa, que los demás no la habían entendido y nadie respondió a ella, y que ese tipo de reunión no era productiva. Me sentí muy desafiante cuando dijo eso. ¿Por qué tenía que sacar a relucir mis problemas? Debía haber venido específicamente a dirigirse a mí. Si me iba a despedir, ¡debería decirlo directamente! Desarrollé un sesgo contra Matthew.

Más adelante, el hermano Matthew sugirió que encontrásemos pasajes de las palabras de Dios relacionados con los problemas para reunirse de los nuevos creyentes. Podíamos tener más flexibilidad en la comunión y usar ejemplos o compartir pequeñas anécdotas para ayudarles a entender las palabras de Dios. Pensaba que compartir de esa manera era demasiado detallado y no estaba de acuerdo en el fondo, pero a todos los demás les gustaban mucho sus sugerencias. Por la tarde, copresidimos otra reunión y a mí me preocupaba que Matthew me llamase la atención de nuevo. Decidí que tomaría nota de los problemas de su comunión y los señalaría al terminar la reunión. Pero, por sorpresa, a los nuevos creyentes les gustaba ese tipo de reunión, y poner ejemplos en la comunión les ayudaba a comprender mejor las palabras de Dios. Fue una reunión productiva. No le encontré ningún fallo. Pero, cuando Matthew les hizo preguntas a los asistentes, algunos de ellos no contestaron y se creó un momento incómodo. Yo estaba muy contenta y al final pensé que le había encontrado un problema. Tomé nota de este defecto para poder llamarle la atención también. Cuando llegó el momento de mi comunión, quise hacer todo lo posible por compartir los puntos claves de lo que había entendido, hacerlo todo por superar al hermano Matthew y hacer que los demás me admirasen. Pero, antes de darme cuenta, compartí sobre un tema diferente. Sentí que también era muy importante y algo que tenían que entender, así que continué. Tras terminar la reunión, el hermano Matthew expuso mis problemas una vez más, diciendo que me había desviado del tema en mi comunión, lo que hizo muy difícil que todo el mundo entendiese el tema principal de la reunión de ese día. También me recordó que pensase bien en el tema de nuestra reunión. Una hermana también dijo que mi comunión era demasiado larga y no podía entender el tema principal. Al escuchar esto, me sentí abatida y no pude evitar romper a llorar. Pensaba: ¿Por qué sigue hablando de mis errores? ¿Qué pensarían los demás después de eso? ¿Me seguirían respetando? Estaba muy enojada con el hermano Matthew en aquel momento y sentía que estaba poniéndome las cosas difíciles a propósito, que quería que todos vieran mis fallos. Quería hacer que se fuera, que ya no se uniera a nuestras reuniones. Pero tenía algo de conciencia de que no debía pensar de esa manera. Oré a Dios: “Dios Todopoderoso, sé que tengo que aprender una lección en esto, pero estoy muy enojada con el hermano Matthew. Me resulta muy difícil aceptar sus sugerencias. ¿Cómo debo entender esta situación? Dios, por favor, ayúdame a permanecer en calma y guíame a conocerme a mí misma, a no hacer nada por ofenderte”.

El día siguiente, busqué palabras de Dios para abordar mi problema. Leí un par de pasajes. “Algunos siempre tienen miedo de que otros sean mejores y más elevados que ellos, que otros obtengan reconocimiento mientras ellos son ignorados. Esto lleva a que ataquen y excluyan a los demás. ¿Acaso no están celosas de las personas más capaces que ellas? ¿No es egoísta y despreciable este comportamiento? ¿Qué tipo de carácter es este? ¡Es malicioso! Pensar solo en los intereses propios, satisfacer solo los deseos propios, sin mostrar consideración por los demás o los intereses de la casa de Dios: las personas así tienen mal carácter y Dios no las ama” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando la propia corrupción). “En todo lo que involucre la reputación o el estatus, o que puede darles notoriedad —por ejemplo, cuando la gente se entera de que la casa de Dios planea promover diversos tipos de talento—, el corazón de todos salta de emoción y cada uno de vosotros quiere siempre hacerse un nombre y ser reconocido. Todos quieren pelear por el estatus y la reputación, y eso los avergüenza, pero se sienten mal si no lo hacen. Sienten celos y odio cuando alguien sobresale, se resienten y les parece injusto, pues piensan: ‘¿Por qué yo no puedo sobresalir? ¿Por qué siempre se llevan la gloria otros? ¿Por qué no me toca nunca a mí?’. Y cuando sienten resentimiento, tratan de reprimirlo, pero no pueden. Oran a Dios y se sienten mejor un rato, pero cuando se encuentran nuevamente con este tipo de situación, todavía no pueden superarla. ¿No muestra esto una estatura inmadura? Cuando se sume la gente en semejantes estados, ¿no ha caído en la trampa de Satanás? Estos son los grilletes de la naturaleza corrupta de Satanás que atan a los humanos. Si una persona se ha deshecho de estas actitudes corruptas, ¿no está, entonces, libre y liberada? Piénsalo: para no caer en las situaciones de competir por protagonismo y ganancias, para liberarte de estos estados corruptos, liberarte de las presiones y los grilletes del estatus y la reputación, ¿qué verdades debes entender? ¿Qué realidades de la verdad debes poseer para obtener libertad y emancipación? Primero, debes ver que Satanás usa el estatus y la reputación para corromper a la gente, atraparla, maltratarla, degradarla y sumirla en el pecado; asimismo, la única manera de que la gente pueda renunciar y dejar de lado la reputación y el estatus es aceptando la verdad. […] Debes aprender a dejar ir estas cosas y hacerlas a un lado, a recomendar a otros y permitirles sobresalir. No luches ni te apresures a sacar ventaja tan pronto como te encuentres con una oportunidad para sobresalir u obtener la gloria. Debes ser capaz de dejar de lado tales cosas, pero no debes demorar el desempeño de tu deber. Sé una persona que trabaja en silencio y anonimato y que no alardea delante de los demás mientras lleva a cabo su deber con lealtad. Cuanto más dejes ir tu prestigio y estatus y más hagas a un lado tus propios intereses, más tranquilo estarás, más luz habrá en tu corazón y más mejorará tu estado. Cuanto más luches y compitas, más oscura será tu condición. Si no lo crees, ¡inténtalo y observa! Si quieres cambiar esta clase de estado corrupto y no ser controlado por estas cosas, debes buscar la verdad, tener clara la esencia de aquellas y dejarlas de lado, abandonarlas. Si no, cuanto más luches, más oscuridad te rodeará, los celos y el odio dentro de tu corazón aumentarán y tu deseo de obtener se hará más fuerte. Cuanto más fuerte sea tu deseo de obtener, menos capaz serás de lograrlo, y tu odio aumentará por no poder lograrlo. A medida que tu odio aumente, te volverás más oscuro por dentro. Cuanto más oscuro seas por dentro más pobremente llevarás a cabo tu deber; cuanto más pobremente lleves a cabo tu deber, menos útil serás para la casa de Dios. Este es un círculo vicioso interconectado. Si nunca puedes cumplir bien con el deber, serás descartado poco a poco” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando la propia corrupción). Las palabras de Dios describen los comportamientos celosos y envidiosos de manera muy clara. La gente tiene envidia, rechaza y es combativa con cualquiera que es mejor que ellos. Este es un carácter satánico. Era exactamente de esa manera: demasiado envidiosa. Al ver que los demás siempre aprobaban la comunión y las sugerencias del hermano Matthew, quería competir con él. Eso me puso en un mal estado, me hizo miserable y me sumió en la oscuridad. Antes de que Matthew viniese, yo siempre presidía las reuniones. Los regadores siempre venían a preguntarme acerca de los problemas con que se encontraban y todos me admiraban. Me pedían mi opinión mucho sobre qué compartir en las reuniones, y esperaban ansiosos mi comunión en las reuniones para que les ayudase a resolver problemas. Pero, más adelante, mi comunión no resolvía sus problemas, así que no eran capaces de mejorar el riego de los nuevos creyentes. Se volvieron negativos y no querían hablar en las reuniones. Después de que viniese el hermano Matthew y les diera guía verdadera para su riego y les mostrase una senda de práctica, recibieron ayuda verdadera y se beneficiaron de ello. Todos querían escuchar su comunión. Debería haber estado contenta con esto. Podría haber usado eso para reflexionar sobre mis problemas y defectos. Pero, por el contrario, no solo no hice instrospección, sino que seguí luchando por la reputación y el estatus. Claramente, carecía de mucho y no era capaz de hacer trabajo práctico, pero no quería que nadie me regase o apoyase. Quería ser la única líder en la iglesia para que todos me admirasen y me escuchasen a mí sola. Me centraba solo en mi fama y estatus, pero no tenía consideración por el trabajo de la iglesia. La situación expuso completamente mi deseo por el estatus y mi corrupción. Oré a Dios para que me esclareciese para hacer verdadera instrospección.

Me sorprendió cuando sucedió algo similar tres meses después. En una reunión de trabajo, el hermano Matthew me preguntó cómo estaban los nuevos miembros de la iglesia. Me enojé un poco. Pensé que, como predicador, debería estar familiarizado con la situación de la iglesia, ¿por qué me lo preguntaba? Y, al pedirme que hablase delante de tantas personas, ¿no me estaba humillando a propósito para que admitiese que no podía hacer bien el trabajo de riego? Le di una respuesta rápida e impetuosa a su pregunta sin compartir ningún detalle, y me aseguré de mencionar algunas dificultades y le pregunté cómo manejarlas. Pero lo lamenté en cuanto dejé de hablar. Intentaba ponerle las cosas díficiles al hermano Matthew a propósito, y eso es algo vergonzoso. Me preguntaba por qué no me podía controlar cuando exponía mis debilidades delante de los demás, y sentía rencor por él, e incluso quería fijarme en sus problemas en la comunión para exponerlo delante de todos, para vengarme. Sabía que ese era un estado peligroso, pero no sabía por qué estaba tan furiosa con el hermano Matthew. Una tarde, leí un ensayo de testimonio titulado “Me desenmascaré cuando me llamaron la atención”. Citaba algunas de las palabras de Dios y me proporcionó un mejor entendimiento de esto. Dios Todopoderoso dice: “¿Cuál es el objetivo principal de un anticristo al atacar y excluir a un disidente? Buscan crear una situación en la iglesia donde no haya voces contrarias a las suya, en la que su poder, su estatus como líder y sus palabras sean absolutos. Todo el mundo debe hacerles caso, e incluso si tienen una discrepancia de opinión, no deben expresarla, sino dejarla enconarse en su corazón. Cualquiera que se atreva a disentir abiertamente de ellos se convierte en un enemigo del anticristo, y buscarán cualquier forma de ponerles las cosas difíciles, y estarán impacientes por hacerlos desaparecer. Esta es una de las formas en que los anticristos atacan y excluyen al disidente para afianzar su estatus y proteger su poder. Piensan: ‘Está bien que tengas opiniones diferentes, pero no puedes ir por ahí hablando sobre ellas como te dé la gana, y mucho menos poner en peligro mi poder y estatus. Si tienes algo que decir, puedes decírmelo en privado. Si lo dices delante de todos y me haces quedar mal, estás pidiendo que te desprecien, y tendré que ocuparme de ti’. ¿Qué clase de carácter es ese? Los anticristos no permiten que otros hablen libremente. Si tienen una opinión, ya sea sobre el anticristo o sobre cualquier otra cosa, deben guardársela para sí. Deben tener en cuenta la imagen del anticristo. Si no, este los catalogará de enemigos y los atacará y excluirá. ¿Qué clase de naturaleza es esta? Es la de un anticristo. ¿Y por qué hacen esto? No permiten que en la iglesia haya voces alternativas, no permiten que haya disidentes en ella, no permiten que los escogidos de Dios comuniquen abiertamente la verdad e identifiquen a la gente. Lo que más temen es ser expuestos e identificados por los demás; tratan constantemente de consolidar su poder y el estatus que tienen en el corazón de la gente, que según ellos nunca debe tambalearse. Nunca podrían tolerar nada que amenace o afecte a su orgullo, reputación o estatus y valor como líder. ¿Acaso no es eso una manifestación de la naturaleza despiadada de los anticristos? No contentos con el poder que ya poseen, lo consolidan y aseguran y buscan el dominio eterno. No solo quieren controlar el comportamiento de los demás, sino también sus corazones. El modus operandi de los anticristos consiste enteramente en proteger su poder y su estatus, es por completo el resultado de su deseo de aferrarse al poder” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 2). Mi estado era exactamente lo que Dios expuso. Cuando Matthew reveló mis fallos y defectos, quise refutarle y vengarme. Esos son comportamientos de un anticristo. Ya había reconocido que amaba el estatus y era arrogante, pero no tenía ningún autoconomiento real. En el fondo de mi corazón, pensaba que ser líder de la iglesia significaba que era capaz y tenía calibre, y, aunque había fallos en mi deber, todavía podía hacer el trabajo de la iglesia, y no sería destituida. Cuando vi que el hermano Matthew fue añadido a un grupo de reunión tras otro, sentí que mi cargo estaba en peligro, como si hubiese llegado un rival a sustituirme. Lo odiaba y lo rechazaba. No me importaba lo más mínimo lo que necesitasen los hermanos y hermanas y no consideraba el trabajo de la iglesia. En secreto luchaba contra el hermano Matthew para asegurar mi cargo. Ese era un carácter malvado. Él señaló mis problemas, yo no lo podía aceptar, así que me enfrenté a él. Incluso quise vengarme de él y hacerle quedar mal. Me sentí humillada cuando señaló mis errores de nuevo y me puse furiosa con él, e incluso quise librarme de él. Pero, en realidad, él estaba practicando la verdad. De verdad había descuidos en mi trabajo y muchos principios que no entendía. Por eso me estaba enseñando una manera mejor de trabajar. Pero, en vez de recibirlo, seguí intentando encontrar sus problemas para poder llamarle la atención delante de todos. No compartí ningún detalle con él cuando me preguntó sobre mi trabajo, sino que le hice preguntas a propósito para hacerle quedar mal. Antes, pensaba que solo estaba celosa de él. Pero me di cuenta, a través de la revelación de las palabras de Dios, que estaba mostrando un carácter de anticristo. Quería atacarle y vengarme para proteger mi reputación y estatus. Probablemente habría hecho algo peor si hubiese tenido la oportunidad. Cuando descubrí mi carácter de anticristo, me sentí sorprendida y tuve miedo. Sabía que, si seguía así, Dios me descartaría definitivamente, porque Dios no salvará a los anticristos. Oré a Dios con arrepentimiento: “Dios Todopoderoso, no he hecho bien el trabajo de un líder. He luchado de todo corazón por mi reputación y estatus e incluso fui capaz de hacer el mal, como atacar y vengarme. He asumido el papel de Satanás con mi comportamiento. Dios, quiero arrepentirme”.

Leí un pasaje de las palabras de Dios después de eso que me ayudó a ver mi carácter corrupto de manera un poco más clara. “El aprecio de los anticristos por su estatus y prestigio va más allá del de la gente normal y forma parte de su carácter y esencia; no es un interés temporal ni un efecto transitorio de su entorno, sino algo que está dentro de su vida, de sus huesos; por ende, es su esencia. Es decir, en todo lo que hace un anticristo, lo primero en lo que piensa es en su estatus y su prestigio, nada más. Para un anticristo, el estatus y el prestigio son su vida y su objetivo durante toda su existencia. En todo lo que hace, lo primero que piensa es: ‘¿Qué pasará con mi estatus? ¿Y con mi prestigio? ¿Me dará prestigio hacer esto? ¿Elevará mi estatus en la mentalidad de la gente?’. Eso es lo primero que piensa, lo cual es prueba fehaciente de que tiene el carácter y la esencia de los anticristos; si no, no considerarían estos problemas. Se puede decir que, para un anticristo, el estatus y el prestigio no son un requisito añadido, y ni mucho menos algo superfluo de lo que podría prescindir. Forman parte de la naturaleza de los anticristos, los llevan en sus huesos, en su sangre, son innatos en ellos. Los anticristos no son indiferentes a la posesión de estatus y prestigio; su actitud no es esa. Entonces, ¿cuál es? El estatus y el prestigio están íntimamente relacionados con su vida diaria, con su estado diario, con aquello por lo que se esfuerzan día tras día. Por eso, para los anticristos el estatus y el prestigio son su vida. Sin importar cómo vivan, el entorno en que vivan, el trabajo que realicen, aquello por lo que se esfuercen, los objetivos que tengan y su rumbo en la vida, todo gira en torno a tener una buena reputación y un puesto alto. Y este objetivo no cambia, nunca pueden dejar de lado tales cosas. Estos son el verdadero rostro y la esencia de los anticristos” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). Este pasaje de las palabras de Dios reveló lo que había estado buscando todo el tiempo, así como mi naturaleza y esencia. Lo que más me importaba era mi propio nombre y estatus. En mis interacciones con los demás, y en todo lo que hacía, siempre pensaba en dejar una buena impresión, de ganarme el respeto de los demás. Así es como me enseñaron de pequeña y siempre buscaba ser la mejor. En la escuela secundaria siempre competía con los demás para ser la que más logros tuviera, la estudiante más destacada de mi clase, para que otros me admirasen y me respetaran. Tras unirme a la iglesia, todavía me centraba por completo en mi reputación y estatus, y siempre quería la admiración de los demás. Pensaba que la iglesia me había asignado un deber porque tenía habilidades especiales, y podía hacer las cosas bien y rápidamente. Cuando me hice líder más tarde, me volví aun más arrogante y vanidosa. Siempre quería alardear de mis habilidades mediante la comunión, pero no me centraba en aprender acerca de mis fallos en el deber ni compensarlos. Cuando el hermano Matthew señaló mis defectos, sentí que había quedado mal y perdido la admiración de los hermanos y hermanas. No podía aceptarlo, así que quise atacarle y vengarme. Al comer y beber las palabras de Dios vi que todo lo que había hecho era para proteger mi reputación y estatus, lo que repugnaba a Dios. Le pedí a Dios que me salvase de ese carácter corrupto.

Los hermanos y hermanas me enviaron algunas palabras de Dios después. “La arrogancia es la raíz del carácter corrupto del hombre. Cuanto más arrogante es la gente, más irracional es, y cuanto más irracional es, más propensa es a oponerse a Dios. ¿Hasta dónde llega la gravedad de este problema? Las personas de carácter arrogante no solo consideran a todas las demás inferiores a ellas, sino que lo peor es que incluso son condescendientes con Dios y no tienen temor de Él en su corazón. Aunque las personas parezcan creer en Dios y seguirlo, no lo tratan en modo alguno como a Dios. Siempre creen poseer la verdad y tienen buen concepto de sí mismas. Esta es la esencia y la raíz del carácter arrogante, y proviene de Satanás. Por consiguiente, hay que resolver el problema de la arrogancia. Creerse mejor que los demás es un asunto trivial. La cuestión fundamental es que el propio carácter arrogante impide someterse a Dios, a Su gobierno y Sus disposiciones; alguien así siempre se siente inclinado a competir con Dios por el poder sobre los demás. Esta clase de persona no venera a Dios lo más mínimo, por no hablar de que ni lo ama ni se somete a Él” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). “Que nadie se crea perfecto, distinguido, noble o diferente a los demás; todo eso está generado por el carácter arrogante del hombre y su ignorancia. Pensar siempre que uno es diferente sucede a causa de tener un carácter arrogante; no ser nunca capaz de aceptar sus defectos ni enfrentar sus errores y fallas es a causa del carácter arrogante; no permitir nunca que otros sean más altos o que sean mejores que uno, eso lo causa el carácter arrogante; no permitir nunca que otros sean superiores o más fuertes que ellos está causado por un carácter arrogante; no permitir nunca que otros tengan mejores ideas, sugerencias y puntos de vista y, cuando las tienen, volverse negativos, no querer hablar, sentirse afligidos, desalentados y molestos, todo eso lo causa el carácter arrogante. El carácter arrogante puede hacerte proteger tu reputación, volverte incapaz de aceptar la guía de los demás, incapaz de confrontar tus propios defectos e incapaz de aceptar tus propias fallas y errores. Es más, cuando alguien es mejor que tú, esto puede provocar que surja odio y celos en tu corazón y te puedes sentir oprimido, tanto, que ni siquiera sientes ganas de cumplir con tu deber y te vuelves descuidado al hacerlo. El carácter arrogante puede hacer que estas conductas y prácticas surjan en ti. Si sois capaces de indagar poco a poco en todos estos detalles, lograr avances y obtener un entendimiento de ellos y si sois gradualmente capaces de abandonar esos pensamientos, y de renunciar a esas nociones, puntos de vista e incluso conductas erróneos, y no estáis restringidos por ellos, y si, al cumplir vuestro deber, sois capaces de encontrar el puesto indicado para vosotros y actuar según principios y cumplir con el deber que podéis y debéis cumplir; entonces, con el tiempo, seréis capaces de llevar a cabo mejor vuestro deber. Esto es la entrada en la realidad de la verdad. Si podéis entrar en la realidad de la verdad, los demás percibirán que tenéis semejanza humana y la gente dirá: ‘Esta persona se comporta según su puesto y cumple con su deber de forma sensata. No se basa en la naturalidad, en la impulsividad o en su carácter corrupto satánico para llevar a cabo su deber. Actúa con control, tiene un corazón que venera a Dios, ama la verdad y su conducta y expresiones revelan que ha abandonado su propia carne y preferencias’. ¡Qué maravilloso comportarse de esa manera! En aquellas ocasiones en las que las personas traen a colación tus defectos, no solo eres capaz de aceptarlos, sino que eres optimista, y enfrentas tus defectos y fallas con aplomo. Vuestro estado de ánimo es bastante normal, libre de extremos, libre de impulsividad. ¿Acaso no es esto tener semejanza humana? Solo ese tipo de personas tienen buen sentido” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar el comportamiento de una persona). Las palabras de Dios exponen la raíz del problema. Mucha de nuestra corrupción se debe a nuestra naturaleza arrogante. Mi carácter arrogante era la razón por la que tenía envidia y era rebelde con el hermano Matthew y no aceptaba sus sugerencias. Vivía en arrogancia y no podía ver mis propios errores. Aunque sus sugerencias me resultaban beneficiosas, no las aceptaba. Me negaba a aceptar su ayuda y guía con el fin de proteger mi reputación y estatus. No presté atención a lo que debería hacer para cumplir bien con mi deber. Claramente había algunas dificultades en el trabajo y no lo estaba haciendo bien, pero era arrogante y desafiante. No tenía ninguna conciencia de mí misma. El hermano Matthew señaló varios problemas prácticos que eran todos fallos en mi deber. No aceptaba ni hacía introspección, sino que le buscaba tres pies al gato. En realidad, su comunión era realmente práctica y útil para la comprensión de la verdad por parte de los nuevos creyentes, aun más útil y beneficiosa para ellos que las reuniones que yo había presidido antes. En vista de los hechos, no podía reconocer que el hermano Matthew era más hábil que yo, sino que le tuve rencor y envidia. Era realmente arrogante, vanidosa e irracional. Me sentía demasiado importante. Siempre quería ser la mejor de todos y ser adulada por los demás. Este es el carácter del arcángel y va en contra de Dios. Oré en mi corazón, dispuesta a buscar la verdad y cambiar mi carácter corrupto, a ser una persona razonable.

Más tarde, en mis devociones, leí esto en las palabras de Dios: “Este es el tipo de ambiente que hay que tener dentro de la iglesia, con todos enfocados en la verdad y esforzándose por alcanzarla. Da igual lo jóvenes o mayores que sean, o si son creyentes veteranos o no. Tampoco importa si son de alto o bajo calibre. Estas cosas son irrelevantes. Frente a la verdad, todos son iguales. En lo que hay que fijarse es en quién habla correctamente y conforme a la verdad, quién considera los intereses de la casa de Dios, quién lleva la mayor carga en la obra de la casa de Dios, quién entiende la verdad con mayor claridad, quién comparte el sentido de la justicia y quién está dispuesto a pagar el precio. Sus hermanos y hermanas deben apoyar y aplaudir a estas personas. Este ambiente de rectitud que proviene de la búsqueda de la verdad debe prevalecer dentro de la iglesia; de esta manera, tendrás la obra del Espíritu Santo, y Dios te otorgará bendiciones y guía. Si el ambiente que prevalece en la iglesia es el de contar historias, montar escándalos y guardarse rencor unos a otros, tenerse celos y discutir unos con otros, entonces el Espíritu Santo ciertamente no obrará en vosotros. Tener conflictos unos contra otros y pelearse en secreto, engañar, embaucar y conspirar, ¡ese es un ambiente de maldad! Si tal ambiente prevalece dentro de la iglesia, entonces el Espíritu Santo ciertamente no realizará Su obra” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo aquel que cumple con el deber con todo su corazón, su mente y su alma ama a Dios). “Hoy, todos aquellos que no pueden aceptar el escrutinio de Dios no pueden recibir Su aprobación, y aquellos que no conocen a Dios encarnado no pueden ser perfeccionados. Mira todo lo que haces y ve si puede ser llevado delante de Dios. Si no puedes llevar delante de Dios todo lo que haces, esto muestra que eres un hacedor de maldad. ¿Pueden los hacedores de maldad ser perfeccionados? Todo lo que haces —cada acción, cada intención y cada reacción— debe ser llevado delante de Dios. Incluso tu vida espiritual diaria —tus oraciones, tu cercanía con Dios, cómo comes y bebes las palabras de Dios, tu comunicación con tus hermanos y hermanas y tu vida dentro de la iglesia, además de tu servicio en colaboración— puede ser llevado delante de Dios para Su escrutinio. Es esta práctica la que te ayudará a crecer en la vida” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios perfecciona a quienes son conforme a Su corazón). Las palabras de Dios me dieron consuelo y una senda de práctica. Dios nos exige que no seamos envidiosos ni competitivos en la iglesia, sino que nos centremos en buscar la verdad. Debemos escuchar a quienes hablen en línea con la verdad. El hermano Matthew expuso mis defectos para ayudarme a hacer bien el trabajo de riego de los nuevos creyentes. No protegía las relaciones interpersonales. Compartía cuando veía un problema, guiando a la gente a conocerse a sí misma. Cuando él mostraba corrupción, era sincero y no intentaba hacer que la gente lo admirase. Podía buscar la verdad y defender la obra de la iglesia, y yo debía aprender de él y compensar mis propios fallos, no estar celosa, ser desafiante e incluso encontarle fallos por venganza. También vi que recibir consejos y que me llamara la atención era la protección y salvación de Dios para mí, que me ayudaba a conocer mi propia corrupción y corregir mis errores. Dios nos está observando, esperando que hagamos las cosas en línea con los principios. Me sentí preparada para aceptar el escrutinio de Dios, para examinar mi corrupción y cambiar rápidamente y actuar según los principios.

Ya no estoy celosa del hermano Matthew. Soy capaz de aceptar su comunión y consejos. En las reuniones, cuando hago preguntas a los demás, organizo lo que quiero decir para que esté más claro para los hermanos y hermanas. Cuando están en silencio y no participan activamente en la comunión, me centro más en la comunicación interactiva con ellos. Para hacer que las reuniones sean más efectivas, me comunico con los demás de antemano para averiguar cuáles son sus problemas prácticos, abordarlos a través de la comunión con las palabras de Dios. También trato de leer más las palabras de Dios y dotarme de la verdad para ser más útil al resolver sus problemas. Este pequeño cambio que he hecho es la salvación de Dios. ¡Gracias a Dios Todopoderoso!

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