La responsabilidad es clave para predicar bien el evangelio

23 Oct 2022

Por Marie, Costa de Marfil

Solía no tomar mis deberes en serio y holgazanear mucho. A menudo hacía las cosas sin cuidado. Invitaba a potenciales destinatarios del evangelio a escuchar sermones, pero no estaba dispuesta a hablar con ellos o preguntarles cómo se sentían sobre lo que habían escuchado. Pensaba que invitar a muchos a escuchar significaba que estaba haciendo bien mi deber. Además, eso era más fácil para mí. Hablar con ellos me resultaba difícil, no solo implicaba tiempo, responder sus preguntas, también implicaba esfuerzo, por lo que no quería relacionarme con ellos. Pensé que el personal de evangelización hablaría con ellos, y sería suficiente, que no importaba si yo no conocía su situación. En una reunión, la líder dijo: “Cuando invitamos a personas a escuchar sermones, debemos saber qué pasa con ellas después, ver si asisten a las reuniones, si entienden lo que se dijo, y debemos oír sus opiniones. Debemos esforzarnos para ayudarlos por amor, y también es nuestra responsabilidad”. Pero, en ese momento, no me di cuenta. Pensaba que era una molestia, por lo que no sacrificaba mucho ni soportaba muchas dificultades. Tomaba la senda más fácil y no pensaba en si lograba resultados. Una vez, la líder dijo que algunos habían invitado a muchos oyentes, pero que muy pocos de ellos buscaban o estudiaban de verdad. Sabía que yo era una de ellos; solo hacía trabajo superficial y no obtenía resultados reales. Después, la líder vino a examinar mi trabajo y dijo: “¿Cómo están ahora estos potenciales destinatarios del evangelio?”. Estaba avergonzada y no sabía qué decir. No estaba en contacto con muchos de ellos, no había ofrecido apoyo a los que no venían a oír los sermones. Los había abandonado sin más.

Empecé a reflexionar tras hablar con el líder. Vi que Dios dice: “Todo lo que Dios pide que la gente haga, y todas las diversas clases de trabajo en la casa de Dios: todo esto requiere de personas que lo hagan, todo cuenta como deberes para ellas. Independientemente de cuál sea el trabajo que haga la gente, este es el deber que ha de cumplir. El deber incluye un amplio ámbito y muchas áreas; pero, sea cual sea el deber que cumplas, básicamente esta es tu obligación, es algo que debes hacer. Sea cual sea el deber que cumplas, siempre que te esfuerces por hacerlo bien, Dios te elogiará y te reconocerá como alguien que cree de verdad en Él. Seas quien seas, si siempre tratas de evitar tu deber o huir de él, entonces es un problema. Por decirlo suavemente, eres demasiado perezoso, demasiado astuto, eres ocioso, amas el placer y odias el trabajo. Si lo decimos con mayor seriedad, no estás dispuesto a cumplir con tu deber, no tienes compromiso, no tienes obediencia. Si ni siquiera puedes esforzarte en esta pequeña tarea, ¿qué puedes hacer? ¿Qué eres capaz de hacer bien? Si una persona es realmente devota y tiene sentido de la responsabilidad hacia su deber, mientras sea requerido por Dios, y cuando sea necesario para la casa de Dios, hará cualquier cosa que se le pida, sin elegir. ¿Acaso uno de los principios de cumplir con el deber propio no es el de emprender y completar cualquier cosa que uno pueda y deba hacer? (Sí).” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 10: Desprecian la verdad, desacatan públicamente los principios e ignoran las disposiciones de la casa de Dios (IV)). “Si eres obediente y sincero, cuando llevas a cabo tu tarea no eres descuidado ni indiferente, y no buscas la manera de holgazanear, sino que pones la totalidad de tu cuerpo y alma en ello. Tener el estado interior incorrecto produce negatividad, lo que hace que la gente pierda el incentivo y, así, se vuelve descuidada y desordenada. La gente que, en su interior, sabe muy bien que su estado no es el correcto y, aun así, no intenta corregirlo buscando la verdad es gente que no tiene amor por ella y tiene solo una ligera disposición a cumplir con su deber. No les interesa hacer ningún esfuerzo ni sufrir dificultades, y siempre están buscando la manera de holgazanear. De hecho, Dios ya ha visto todo esto. ¿Por qué no le presta atención a esta gente entonces? Dios solo está esperando que Sus elegidos se despierten y los identifiquen tal y cómo son, para que las expongan y las descarten” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 10: Desprecian la verdad, desacatan públicamente los principios e ignoran las disposiciones de la casa de Dios (IV)). Vi en las palabras de Dios que aquellos responsables en su deber no necesitan que otros los supervisen para completar sus tareas; vuelcan su corazón en su deber. Pero aquellos que no se toman en serio su deber solo fingen y actúan por inercia. Incluso si parece que han trabajado mucho, solo es superficial, y no logra ningún resultado real. Engañan a la gente. Las palabras de Dios expusieron mi estado. Yo estaba feliz cuando invitaba a muchos potenciales destinatarios porque, cuando todos vieran a cuántos había invitado, pensarían que yo era una persona responsable. Pero, en realidad, cuando necesitaba saber qué pasaba con ellos después, no quería pagar un precio ni dedicar más tiempo y esfuerzo. Solo quería pasarle el trabajo al grupo evangelizador. Me gustaba tomar la salida fácil. Elegía el camino que implicara menos dificultades y el que era más cómodo. Tomaba atajos cuando las cosas se complicaban. Quería renunciar cuando algo parecía muy difícil o cuando debía esforzarme mucho. ¡Era muy holgazana! No me molestaba en averiguar que preguntas tenían los potenciales destinatarios del evangelio tras escuchar los sermones, si seguían asistiendo a las reuniones, y si no lo hacían, por qué era eso, etcétera. Era de verdad irresponsable en mi deber, y no daba de mí, pero quería que pareciera que era efectiva en mi deber. Era muy taimada y engañosa, no merecía confianza. Recordé otra experiencia previa mía. Cuando iba a la escuela y tenía bajas calificaciones, tenía que volver a tomar la clase, pero incluso entonces, no me esforzaba por estudiar. Siempre he preferido el trabajo fácil al difícil y he sido perezosa. Es parte de mi naturaleza. Tras darme cuenta de esto, empecé a pensar más en mi trabajo, a cambiar mis formas y a comunicarme con aquellos potenciales destinatarios del evangelio. También hablé con el grupo evangelizador y busqué su ayuda. Al hacer esto, fui un poco más efectiva.

Después, delegué a aquellos que estaban listos para aceptar el camino verdadero al equipo de riego, pero aún no había mucha gente que siguiera asistiendo a las reuniones. Había una persona que no iba a las reuniones porque siempre estaba muy ocupada con el trabajo. Además, su madre había muerto recientemente. Estaba desolada y se alejó del mundo. No sabía cómo hablar con ella más que con algunas palabras simples. Y cuando algunos encontraban problemas, no hallaba las palabras de Dios correctas para ayudarlos a resolverlos. Esto era difícil para mí. Prefería invitar a la gente a escuchar sermones porque era más fácil. En realidad no me gustaba hablar con ellos; temía que hiciera preguntas que no podría responder, por lo que prefería evitarlos o abandonarlos. Como medio año después, vi que solo seis de aquellos a los que yo había invitado habían aceptado al obra de Dios de los últimos días, mientras que otros hermanos y hermanas habían convertido a mucha gente. Estaba avergonzada y llena de remordimiento. Había sido negligente en mis deberes durante estos seis meses. Si hubiera podido volver el tiempo atrás, no habría sido negligente. Que otros hubieran llevado a tanta gente a la casa de Dios demostraba que era posible hacerlo.

Vi que las palabras de Dios Todopoderoso dicen: “Al difundir el evangelio debes cumplir con tu responsabilidad y tratar con seriedad a todos aquellos a quienes se lo difundas. Dios salva a la gente en la mayor medida posible, y debes estar atento a Su voluntad, no debes seguir de largo ante quien esté buscando y considerando el camino verdadero. Es más, al difundir el evangelio, debes captar los principios. En cada persona que considere el camino verdadero, debes observar, entender y captar cosas tales como su trasfondo religioso, la medida de su calibre y la calidad de su humanidad. Si encuentras a una persona que tenga sed de verdad, que pueda entender las palabras de Dios y aceptar la verdad, entonces esa persona ha sido predestinada por Dios. Dedica todo tu empeño a tener comunicación sobre la verdad con ella y ganarla; a menos que sea de pobre humanidad y tenga una personalidad horrible, y su sed sea una pretensión, no pare de discutir y se aferre a sus nociones. En ese caso, debes dejarla de lado y renunciar a ella. Algunas personas que consideran el camino verdadero tienen capacidad de entendimiento y son de gran calibre, pero son arrogantes y santurronas, se apegan demasiado a las nociones religiosas, por lo que se les ha de comunicar la verdad para ayudarles a resolver esto. Solo debes rendirte si no aceptan la verdad, por mucho que hayas comunicado con ellos, porque habrás hecho todo lo que puedes y debes hacer. En resumen, no abandones a la ligera a nadie que pueda reconocer y aceptar la verdad. Mientras estén dispuestos a considerar el camino verdadero y sean capaces de buscar la verdad, debes hacer todo lo que puedas para leerles más palabras de Dios y tener más comunicación con ellos sobre la verdad, y para dar testimonio de la obra de Dios y resolver sus nociones, de tal modo que puedas ganarlos y llevarlos ante Dios. Esto es lo que concuerda con los principios de la difusión del evangelio. Así pues, ¿cómo pueden ser ganados? Si, al relacionarte con ella, descubres que la persona tiene buena aptitud y humanidad, debes hacer todo lo posible por cumplir con tu responsabilidad; debes pagar cierto precio y utilizar ciertos métodos y medios, no importa cuáles, siempre y cuando estén orientados a ganarla. En síntesis, a fin de ganarla, debes cumplir con tu responsabilidad, usar el amor y hacer todo lo que esté a tu alcance. Debes hablar acerca de todas las verdades que comprendes y hacer todas las cosas que debes hacer. Aunque no se gane a esta persona, te quedarás con la conciencia tranquila. Eso es hacer todo lo que puedes y debes hacer. Si no compartes la verdad claramente, y la persona se sigue aferrando a sus nociones, y si pierdes la paciencia y renuncias a ella por decisión propia, estarás desatendiendo tus deberes, y eso será una mancha para ti. Algunos dicen: ‘¿Tener esta mancha significa que he sido condenado por Dios?’. Eso depende de si la gente hace esas cosas de manera intencional y habitual o no. Dios no condena a las personas por transgresiones ocasionales; solo tienen que arrepentirse. Pero cuando hacen el mal a sabiendas y se niegan a arrepentirse, son condenadas por Dios. ¿Cómo podría Dios no condenarlas cuando son claramente conscientes del camino verdadero y, sin embargo, pecan adrede? A la luz de los principios de la verdad, eso es ser irresponsable, descuidado e indiferente; como mínimo, no has cumplido con tu responsabilidad, y así es como Dios juzga tus errores; si te rehúsas a arrepentirte, serás condenado. Y, por lo tanto, a fin de reducir o evitar tales errores, la gente debería hacer todo lo posible por cumplir con sus responsabilidades, intentando abordar de manera activa todas las inquietudes que tengan quienes estén considerando el camino verdadero y, definitivamente, no posponiendo ni demorándose respecto de las cuestiones cruciales” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Difundir el evangelio es el deber al que están obligados por honor todos los creyentes). Las palabras de Dios me hicieron pensar de verdad, y estaba muy conmovida. Dios había dado deberes a la gente y esperaba que esta se esforzara, pero yo no estaba dispuesta a hacer sacrificios en mi deber para llevar gente ante Dios. Era en verdad muy holgazana, muy descuidada en mi deber. No hacía lo que Dios había dicho y no prestaba atención sincera a todos los que estudiaban el camino verdadero, ni cumplía mis responsabilidades. Pensé que era suficiente con invitar a mucha gente a venir a escuchar, y que lo que pasaba después no era mi trabajo. En mi opinión, era responsabilidad del equipo de riego, y si venían o no a las reuniones no era ni mi problema ni mi responsabilidad. Entonces, cuando no asistían a las reuniones, no me esforzaba por buscar las palabras de Dios para ayudarlos. Creía que sus problemas eran difíciles de resolver, por lo que quería renunciar a ellos. Pero, en realidad, mientras cumplieran con los principios para predicar el evangelio, yo debería prestarles atención en serio, y yo los había invitado a venir a escuchar. En situaciones normales, yo debía seguir comunicándome con ellos después, pero no lo hacía. Solo los derivaba al equipo de riego y lo dejaba así. De verdad no tenía sentido de la responsabilidad ni consideración por la voluntad de Dios. Cuando reconocí el problema, me decidí a cambiar mi actitud, pero sabía que no podría hacerlo sola. Debía orar y buscarla ayuda de Dios. Después, cuando me encontraba con potenciales destinatarios del evangelio, a menudo oraba a Dios para que me ayudara a llevarlos ante Él y para tener la voluntad de esforzarme y hacer sacrificios reales, para no ser holgazana en mi deber como antes. También le pregunté a mi líder cómo hacer que la gente acepte la obra de Dios de los últimos días. Ella compartió algunas formas conmigo, y yo empecé a reflexionar, quería ver lo que todavía no estaba haciendo. Me di cuenta de que no buscaba la verdad en mi trabajo y no aprendía de mis hermanos y hermanas. Cuando la gente no iba a las reuniones, no quería saber por qué, solo elegía renunciar a ellos. Mi actitud hacia mi deber era demasiado laxa.

Me hizo pensar en lo que dice Dios: “Cómo consideras las comisiones de Dios es de extrema importancia y un asunto muy serio. Si no puedes llevar a cabo lo que Dios les ha confiado a las personas, no eres apto para vivir en Su presencia y deberías ser castigado. Está predestinado por el Cielo y reconocido por la tierra que los seres humanos deben completar cualquier comisión que Dios les confíe; esa es su responsabilidad suprema, y es tan importante como sus propias vidas. Si no te tomas en serio las comisiones de Dios, lo estás traicionando de la forma más grave; en esto eres más lamentable que Judas y debe ser maldecido. La gente debe entender bien cómo ver lo que Dios les confía y, al menos, debe comprender que las comisiones que Él confía a la humanidad son exaltaciones y favores especiales de Dios, son cosas muy gloriosas. Todo lo demás puede abandonarse; aunque uno tenga que sacrificar la propia vida, debe seguir cumpliendo la comisión de Dios” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo conocer la naturaleza del hombre). Tras leer las palabras de Dios, estaba avergonzada. Como creación de Dios, yo debía cumplir bien mi deber. Es mi misión y la razón por la que estoy viva. Si no puedo hacerlo, habré perdido la función para la que fui creada y no seré digna de vivir ante Dios. En última instancia, seré despreciada y descartada por Dios, Difundir el evangelio del reino es el deseo más urgente de Dios, y yo debería darlo todo en mi deber, no ser descuidada. Pensé en cuando Dios le dijo a Noé que construyera el arca. Aunque era una tarea muy difícil, Noé no se rindió. No le preguntó a Dios cuándo estaría terminada el arca ni cuándo sería el diluvio. Solo siguió las instrucciones de Dios y construyó el arca. Tras reconocer esto, me di cuenta de que debía cambiar mi actitud hacia mi deber, seguir el ejemplo de Noé y esforzarme al máximo al cumplir mi deber. Una vez, en una reunión, otros compartían sus experiencias de prédica y cómo usaban las palabras de Dios para resolver los problemas de potenciales destinatarios del evangelio. Quedé muy conmovida tras oírlos. Ya no quería ser perezosa. Quería ser responsable. Quería volcar toda mi energía en mi deber.

Observaba frecuentemente quiénes no asistían a las reuniones, contactaba de inmediato a quienes no habían ido y hablaba con ellos sobre las palabras de Dios. Cuando puse mi corazón en ayudar a cada persona, la mayoría de ellos asistía a las reuniones con regularidad. Recuerdo que una persona no había ido varios días. Le envié un mensaje, pero como ella no respondió en varios días, empecé a preocuparme. Llamé al hermano Derly, un regador, para preguntarle qué pasaba. Dijo que a ella le habían surgido dificultades en el trabajo, por lo que él había compartido algunas palabras de Dios con ella. Tras oír esto, sentí que no era suficiente, así que le pedí al hermano Derly que la llamara y compartiera enseñanzas con ella por teléfono. Para mi sorpresa, tras esa enseñanza, ella acordó asistir a la reunión ese mismo día y se disculpó por no haber ido antes. Poco después, se unió a la iglesia. Mi corazón rebozaba alegría. ¡Estaba muy agradecida con Dios!

Vi que Dios también dice: “Si de veras posees conciencia y razón, cuando hagas cosas, pondrás un poco más de corazón en ellas, así como un poco más de amabilidad, responsabilidad y consideración, y podrás poner más esfuerzo. Cuando puedas poner más esfuerzo, mejorarán los resultados de los deberes que lleves a cabo. Tus resultados serán mejores y esto satisfará tanto a otras personas como a Dios” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). “Debes lograr la entrada desde el lado de la positividad. Si esperas pasivamente, entonces, sigues siendo negativo. Debes ser proactivo al cooperar conmigo; sé diligente y nunca seas perezoso. Comunícate siempre conmigo y ten una intimidad aun más profunda conmigo. Si no entiendes, no seas impaciente por los resultados rápidos. No es que no te diré; es que quiero ver si confías en Mí cuando estás en Mi presencia y si tienes confianza en tu dependencia de Mí. Siempre debes permanecer cerca de Mí y poner todos los asuntos en Mis manos. No regreses en vano. Después de haber estado cerca de Mí sin saberlo por un período de tiempo, Mis intenciones te serán reveladas. Si las captas, entonces estarás realmente cara a cara conmigo y verdaderamente habrás encontrado Mi rostro. Tendrás mucha claridad y estabilidad en tu interior y tendrás algo en qué confiar. También tendrás poder además de confianza y tendrás una senda hacia adelante. Todo te resultará fácil” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 9). Antes, era pasiva en mi deber y carecía de iniciativa. Abandonaba sin cuidado a potenciales destinatarios del evangelio. La guía de las palabras de Dios me hizo entender que lo que está en nuestro corazón es muy importante. Cuando tratamos a la gente con amor y enseñamos con sinceridad, vemos la guía de Dios. Tras entender esto, oré a Dios y le pedí ayuda para cumplir bien con mi deber y practicar Sus palabras a conciencia. Después, fui proactiva al hablar con potenciales destinatarios. Si cumplían con los principios de prédica, yo seguía averiguando sobre su situación hasta que aceptaban la obra de Dios. Cuando hacía esto, sentía que Dios me guiaba en cada paso y me ayudaba a entender cómo cumplir mi deber, y me sentía muy segura en mi corazón. ¡Demos gracias a Dios!

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