Lo que gané por ser podada y tratada

23 Oct 2022

Por Wenyan, Italia

Empecé a supervisar el trabajo de video en noviembre de 2018. Todos los días era un manojo de nervios debido a la gran carga de trabajo. Estaba muy ocupada resolviendo todo tipo de problemas y haciendo seguimiento de los problemas de otros. No podía relajarme. Después de un tiempo, la hermana Liu a menudo nos hacía comentarios sobre los videos y decía que todos los problemas se debían a nuestra falta de esfuerzo. Sentía mucha resistencia cuando veía los mensajes de ella. Ya nos esforzábamos por minimizar nuestros errores, y terminar tanto trabajo de por sí no era muy malo. ¿Ella no retrasaba el proceso al concentrarse en detalles pequeños? Nunca tomaba sus sugerencias en serio, porque pensaba que ella exageraba y retrasaba nuestro trabajo. Un día, organicé una reunión para hablar con la hermana Liu. Preparé algunos principios para hablar con ella sobre cómo afectaba el progreso de nuestro trabajo cuando era quisquillosa. Me sorprendió cuando, justo después de nuestra charla, dijo con tono duro: “Ese es un aspecto del principio en cuestión. Pero déjame recordarte algo: no creas que los principios son una excusa para ser descuidada e irresponsable en tu deber. Son dos cosas diferentes. No las confundas”. Cuando oí lo que dijo, aunque no dije nada, me sentí harta. Pensé: “¿No querrás decir que yo soy descuidada e irresponsable en mi deber? Es obvio que eres quisquillosa y retrasas las cosas, pero ¡igual me criticas! ¿Qué importa si hay algunos problemas menores? No afectarán la calidad de los videos en lo absoluto, y lo que hemos logrado ya es bastante bueno. No sabes lo grande que es nuestra carga de trabajo, pero criticas detalles menores y luego me atacas así. ¡Qué arrogante eres!”. Después de eso, me negué a interactuar con la hermana Liu. Si ella señalaba un problema, yo expresaba oposición, y se involucraban mis emociones cuando lidiaba con los asuntos.

Cada casi medio mes después de esto, la hermana Liu nos preparaba un resumen de comentarios sobre los problemas del trabajo. Una vez, incluso compartió estos comentarios con la líder. Cuando me enteré, me enfurecí. Cometíamos algunos errores, pero con tanto trabajo todos los meses, ¿no era normal que no hiciéramos bien algunas cosas pequeñas? ¿Era de verdad necesario decírselo a la líder? Te obsesionas con pequeñeces, tus estándares son demasiado altos. ¿Tratas a los hermanos y hermanas como máquinas? ¿Nunca podemos cometer un error? Cuanto más lo pensaba, más me alteraba. Cuando la líder vino a hablar conmigo, acusé directamente a la hermana Liu, diciendo que era extremadamente arrogante. No era consciente de sí misma, solo señalaba nuestros problemas. La líder vio que yo no tenía conciencia de mí misma y me dijo que debía tratar a la hermana Liu adecuadamente. Me dijo que hiciera introspección y que aprendiera una lección. Pero las palabras de la líder cayeron en saco roto. Yo demoraba resolver los problemas que la hermana Liu mencionaba en sus comentarios y no me esforzaba en pensar cómo evitar problemas similares en el futuro. Era vagamente consciente, y busqué a Dios a través de la oración pidiéndole que me guiara para que aprendiera mi lección y me conociera en este tema.

Durante mis devocionales, un día, leí algunas palabras de Dios que me ayudaron a ganar algo de conciencia sobre mi estado. Las palabras de Dios dicen: “Cuando la gente habla sin parar sobre lo correcto y lo incorrecto, intenta aclarar si cada cosa es correcta o no, no se detiene hasta que el asunto está aclarado y se ha entendido quién tenía razón y quién estaba equivocado; está obsesionada con tales cosas, obsesionada con cosas para las cuales no hay respuesta. ¿Qué sentido tiene actuar así? En definitiva, ¿está bien hablar de lo correcto y lo incorrecto? (No). ¿Dónde está el error? ¿Hay alguna relación entre esto y practicar la verdad? (No hay ninguna relación). ¿Por qué dices que no hay relación? Hablar de lo correcto y lo incorrecto es no respetar los principios de la verdad, es no debatir ni hablar de dichos principios; en cambio, la gente siempre habla de quién tuvo razón y quién no, quién estaba en lo cierto y quién equivocado, quién fue razonable y quién no, quién tuvo un buen motivo y quién no, quién fue más lógico; eso es lo que analiza. Cuando Dios pone a prueba a las personas, estas siempre intentan razonar con Él, siempre lanzan un motivo u otro. ¿Debate Dios tales cosas contigo? ¿Pregunta Él cuál fue el contexto? ¿Inquiere sobre las razones y las causas que tú señalaste? No, no lo hace. Dios pregunta si tuviste una actitud de obediencia o de resistencia cuando Él te puso a prueba. Dios pregunta si entendiste la verdad, si fuiste obediente. Eso es todo lo que Dios pregunta, nada más. No te pregunta cuál fue la razón de tu falta de obediencia, no se fija en si tuviste o no un buen motivo: Dios no considera tales cosas en absoluto. Él solo se fija en si fuiste obediente o no. Independientemente del ambiente donde vivas y de cuál haya sido el contexto, Dios solo analiza si hubo obediencia en tu corazón, si tuviste una actitud de obediencia. Él no debate contigo qué es correcto y qué no, no le importa qué motivos tuviste, a Él solo le importa si fuiste obediente de verdad, eso es todo lo que te pide. La gente que habla sin parar sobre lo correcto y lo incorrecto, a la que le encanta batallar con las palabras, ¿lleva los principios de la verdad en el corazón? (No). ¿Por qué no? ¿Alguna vez han prestado ellos atención a los principios de la verdad? ¿Se han esforzado alguna vez por alcanzarlos? ¿Los han buscado? Jamás les han prestado ninguna atención, no se han esforzado por alcanzarlos ni los han buscado, y tales principios están totalmente ausentes en su corazón. En consecuencia, solo pueden vivir entre lo correcto y lo incorrecto, eso es lo único que hay en su corazón, lo que está bien y lo que está mal, pretextos, razones, justificaciones, argumentos, tras los cuales rápidamente se atacan, se acusan y se condenan mutuamente. El carácter de esa clase de personas es que les gusta debatir lo correcto y lo incorrecto, les gusta acusar y condenar a los demás. La gente así no tiene amor por la verdad ni la acepta, es susceptible de intentar razonar con Dios, incluso de realizar afirmaciones sobre Él y de oponerse a Él. En definitiva, terminará castigada” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). A través de la revelación de Dios vi que la gente que siempre habla sobre lo correcto y lo incorrecto en una situación primero la investiga en profundidad: quién está en lo correcto, quién no, quién tiene la razón de su lado. Si pueden darle vueltas a las cosas, empiezan a defenderse, se fijan en los demás, se vuelven desobedientes, se oponen e incluso atacan a otros sin buscar la verdad ni reflexionar sobre sus propios problemas. No se someten a las situaciones que Dios les dispone. Me di cuenta de que yo actuaba así. Cuando la hermana Liu señalaba algunos problemas en nuestro trabajo, yo sabía que estos problemas existían, pero encontraba razones y excusas para justificarme, pensaba que, teniendo en cuenta la cantidad de trabajo que teníamos, el estándar ya era suficientemente bueno y que los pequeños problemas eran inevitables. Incluso intenté refutarla con principios para que dejara de señalar nuestros problemas pensando que sus expectativas eran demasiado altas que los problemas eran insignificantes y que no importaría si no se los resolvía. Cuando la hermana Liu me criticó por ser descuidada e irresponsable, no solo no lo acepté de parte de Dios, sino que me puse en contra de ella y pensé que era quisquillosa. Cuando habló con dureza y sus palabras hirieron mi orgullo, etiqueté su carácter de arrogante e incluso la juzgué delante de la líder, para que la líder se pusiera de mi parte y tuviera una mala opinión sobre ella. Cuando la líder me ayudó, me negué a escuchar. No aceptaba las situaciones de parte de Dios ni reflexionaba sobre mis propios problemas. En cambio, me justificaba, me excusaba y debatía quién tenía razón y quién no. For target: Solo demostraba que era impulsiva y que no tenía la más mínima actitud de obediencia. ¿Cómo podía decir que era creyente? Actuaba como una incrédula.

Después, leí otro pasaje de las palabras de Dios que me ayudó a entender más la voluntad de Dios. Las palabras de Dios dicen: “Cualquier cosa que se haga involucra buscar la verdad y ponerla en práctica. Y siempre que algo involucra la verdad, también involucra la humanidad y la actitud de las personas. La mayor parte del tiempo, cuando la gente hace cosas sin respetar los principios, eso se debe a que no entiende los principios subyacentes. Pero muchas veces, no solo la gente no entiende los principios, sino que tampoco desea comprenderlos. Si bien es posible que sepan algo de ellos, igualmente no desean cumplir bien con su tarea; no tienen este estándar en su interior ni tampoco este requisito. Así pues, les resulta muy difícil hacer bien las cosas, hacerlas de una manera que concuerde con la verdad y que satisfaga a Dios. La clave de si la gente es capaz de cumplir con el deber en forma aceptable depende de lo que busca y de si ama o no las cosas positivas. Si no le gustan las cosas positivas, no le resulta fácil aceptar la verdad, lo cual es muy problemático; aunque cumpla con un deber, solo está haciendo servicio. Más allá de si entiendes o no la verdad, y de si eres capaz o no de captar los principios, si cumples tu deber con conciencia, como mínimo, lograrás resultados regulares. Solo eso servirá. Si, posteriormente, eres capaz de buscar la verdad y de hacer las cosas de acuerdo con los principios de la verdad, podrás hacer plenamente lo que Dios pide y satisfacer Su voluntad. ¿Qué pide Dios? (Que pongamos todo el corazón y toda la fuerza para llevar a cabo el deber). ¿Cómo debe interpretarse ‘poner todo el corazón y toda la fuerza’? Si la gente se concentra por completo en cumplir con el deber, pone todo el corazón. Si dedica cada gramo de la fuerza que posee al cumplimiento del deber, pone toda la fuerza. ¿Es fácil poner todo el corazón y toda la fuerza? No es fácil lograrlo sin conciencia y razón. Si la gente no tiene corazón, si carece de intelecto y es incapaz de reflexionar, y si, frente a un asunto, no busca la verdad y carece de modos o medios, ¿puede poner todo el corazón? Sin duda que no” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre es el mayor beneficiario del plan de gestión de Dios). Tras meditar las palabras de Dios, entendí Su voluntad. Dios no exige que la gente alcance la perfección en sus deberes, sino que se fija en si la gente ha dado lo mejor de sí y en si su actitud es la de intentar mejorar en su deber. Dios examina el corazón de la gente. Reflexioné sobre mi actitud hacia mi deber comparada con las palabras de Dios. Siempre sentía que tenía mucho trabajo, con muchas cosas que considerar y atender, y que era normal que surgieran algunos pequeños problemas en el trabajo. A veces, incluso si sabía que se podían evitar esos problemas, no quería esforzarme para mejorar las cosas, lo que generaba que los problemas se prolongaran y no se resolvieran. Pero, en realidad, Dios no exige que nunca me equivoque en mi deber. Solo desprecia la actitud descuidada e irresponsable. La hermana Liu señalaba un problema para que le prestara atención, me ayudaba a solucionarlo a tiempo y a hacer bien mi deber. Cuando me di cuenta de esto, mi estado mejoró un poco. Después, hablé y saqué conclusiones con los demás, y pensé cómo cambiar. La siguiente vez que alguien señaló un problema, yo no sentí tanta resistencia ni indiferencia, sino que lo resolví con todos.

También hice introspección. ¿Por qué me oponía tanto a las sugerencias de la hermana Liu? Después leí otro pasaje de las palabras de Dios y gané algo de conciencia de mí misma. Las palabras de Dios dicen: “La actitud arquetípica de los anticristos hacia el trato y la poda consiste en negarse vehementemente a aceptarlos o admitirlos. Por más maldad que cometan o por mucho daño que causen a la obra de la casa de Dios y la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios, no sienten el menor remordimiento ni que deban algo. Desde este punto de vista, ¿tienen humanidad los anticristos? De ninguna manera. Causan toda clase de daño al pueblo escogido de Dios y perjudican la obra de la iglesia; esto es sumamente evidente para el pueblo escogido de Dios, y este puede ver la sucesión de actos malvados de los anticristos. Y sin embargo los anticristos no aceptan ni reconocen este hecho; con obstinación, se niegan a reconocer que están equivocados o que son responsables. ¿Acaso no es esto un indicio de que están hartos de la verdad? Este es el extremo hasta el cual los anticristos están hartos de la verdad. Por mucha maldad que cometan, se niegan a admitirlo y permanecen inflexibles hasta el final. Esto demuestra que ellos jamás toman en serio la obra de la casa de Dios ni aceptan la verdad. No han venido por creer en Dios; son esbirros de Satanás que vinieron a perturbar e interrumpir la obra de la casa de Dios. Solo hay reputación y estatus en el corazón de los anticristos. Creen que si llegaran a reconocer su error, tendrían que asumir la responsabilidad y, entonces, su estatus y reputación se verían gravemente comprometidos. Como consecuencia, se resisten con la actitud de ‘negar a muerte’. Por muchas revelaciones o análisis que haga la gente, hacen todo lo posible por negarlo. En resumidas cuentas, sea su negación intencional o no, esto expone, por un lado, la naturaleza y esencia de hartazgo y odio hacia la verdad de los anticristos. Por el otro, muestra lo mucho que valoran los anticristos su propio estatus, su reputación y sus intereses. ¿Cuál es, entretanto, su actitud hacia la obra y los intereses de la iglesia? Es una actitud de desprecio y negación de la responsabilidad. Carecen de toda conciencia y razón. ¿Acaso que los anticristos eludan su responsabilidad no demuestra estos problemas? Por una parte, eludir la responsabilidad prueba su esencia y naturaleza de estar hartos de la verdad y detestarla, mientras que por otra, muestra su falta de conciencia, razón y humanidad. Por mucho que se perjudique la entrada a la vida de los hermanos y las hermanas por su interferencia y actos malvados, no se lo recriminan a sí mismos y nunca se inquietarían por ello. ¿Qué clase de criaturas son estas? Incluso admitir su parte de culpa en el error contaría como tener un poco de conciencia y sentido, pero los anticristos ni siquiera tienen ese pequeño grado de humanidad. Entonces, ¿qué os parece a vosotros que son? La esencia de los anticristos es el diablo” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9: Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (III)). Reflexioné tras compararme con las palabras de Dios. Era obviamente descuidada en mi deber, y había muchas negligencias y problemas, pero yo no sentía culpa ni remordimiento. Cuando me enfrenté a la poda, el trato y los recordatorios, no los aceptaba. Siempre hallaba razones para justificarme y no hacer caso. No estaba dispuesta a admitir mis propios errores. Creía que admitir mis errores me haría ver mal, dañaría mi reputación, mi estatus y mi imagen, y haría que los demás me despreciaran. Era totalmente irracional. Revelaba el carácter de estar harta de la verdad. Otros me aportaban sugerencias para ayudarme a ver mis insuficiencias en mi deber para que pudiera corregir mis problemas de manera oportuna y cumplir mejor mi deber. Pero yo nunca acepté esto de Dios ni hice introspección. Así, el problema de ser descuidada en mi deber nunca se corrigió, y yo nunca cumplía mi rol como supervisora, lo que hacía que otros fueran descuidados en su deber y también cometieran errores. En este punto, por fin vi que no corregir este carácter satánico de estar harta de la verdad me dificultaba aceptar la verdad y las sugerencias de los demás. Si seguía sin arrepentirme y sin corregir este carácter satánico, los problemas y las debilidades en mi deber aumentarían y, al final, haría el mal, me opondría a Dios y sería despreciada y descartada por Él. Darme cuenta de esto me alteró mucho, y oré a Dios, arrepentida, dispuesta a practicar la verdad en mi deber desde ese momento y a no vivir en la corrupción.

Después leí otro pasaje de las palabras de Dios que me dio una senda para corregir mi carácter de estar harta de la verdad. Las palabras de Dios dicen: “Cuando no entiendes la verdad, si alguien te ofrece una sugerencia y te dice que actúes de acuerdo con la verdad, lo primero que deberías hacer es aceptarlo, y pedirles a todos compartir juntos para ver si esa es la senda correcta, si coincide con los principios de la verdad. Si determinas que concuerda con la verdad, entonces practica de esa manera; si determinas que no, entonces no lo hagas. Es así de simple. Deberías buscar la verdad de muchas personas, escuchando lo que todos dicen y tomándolo con seriedad; no hagas oídos sordos ni desaires a la gente. Esto corresponde a tu deber, así que deberías tratarlo con seriedad. Son la actitud y el estado correctos. Cuando tienes el estado correcto, ya no delatarás un carácter de hartazgo y hostilidad hacia la verdad; practicar así reemplaza tu carácter corrupto y es practicar la verdad. ¿Y cuál es el efecto de practicar la verdad de este modo? (Está la guía del Espíritu Santo). Tener la guía del Espíritu Santo es un aspecto. A veces, el asunto es muy sencillo y puede lograrse utilizando tu propio intelecto; una vez que la gente te ha hecho sugerencias y tú has comprendido, arreglas las cosas y simplemente procedes de acuerdo con los principios. Para los seres humanos, esto puede parecer trivial, pero a ojos de Dios es algo sumamente importante. ¿Por qué lo digo? Cuando practicas de esta manera, Dios ve que eres capaz de practicar la verdad, que eres alguien que la ama, no que está harto de ella, y al tiempo que ve tu corazón, Dios también ve tu carácter. Esto es sumamente importante. Y cuando cumples con un deber y haces cosas ante Dios, lo que vives y revelas es la realidad de la verdad que debería encontrarse en las personas. Ante Dios, tu actitud, tus pensamientos y tu estado en todo lo que haces son de suma importancia, son lo que Dios analiza” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se vive a menudo ante Dios es posible tener una relación normal con Él). Las palabras de Dios señalaban una senda de práctica. Cuando los hermanos y hermanas me aportaban sugerencias o me señalaban problemas, primero debería tener una actitud de aceptación y obediencia. Cuando no sabía cómo implementar las correcciones, no debería despreciarlas u oponerme, sino que debería primero aceptarlas, luego hablar con alguien que entienda la verdad, y luego ponerlas en práctica cuando dominara bien los principios. Eso es cumplir el deber según la voluntad de Dios. Pensé en que cuando otros notan y señalan problemas o deficiencias en mi trabajo, cuando me dan sugerencias y tratan conmigo, es porque son por completo responsables de la obra de la casa de Dios, no porque me estén criticando o dificultándome las cosas. Debería recibirlo de parte de Dios, obedecer y aceptar, reflexionar sobre mis problemas, y cambiar y corregirlos de manera oportuna. Es la única forma de que mi trabajo mejore poco a poco y de evitar que mi carácter corrupto entorpezca la obra de la iglesia.

Un día, la hermana Liu me escribió señalando algunos problemas de nuestros videos. Cuando vi el mensaje, sentí oposición por un momento. Ya había discutido y abordado estos problemas con los demás. ¿Por qué los mencionaba de nuevo? Quería defenderme, pero me detuve a pensarlo. Si lo señalaba, seguro que todavía había descuidos o negligencias en el trabajo. Por eso, tomé la iniciativa de preguntarle a la hermana Liu. Tras ganar un entendimiento profundo, al fin me di cuenta de que solo había discutido estos problemas con los hermanos y hermanas, pero no había hecho seguimiento de manera oportuna después. También me di cuenta de que no estaba siendo proactiva y responsable en mi trabajo, sino que solo esperaba pasivamente que otros señalaran los problemas antes de solucionarlos. Entonces, tomé la iniciativa de preguntarles a los demás qué problemas había todavía en nuestros videos, hablé con ellos y los resolví a tiempo. Tras un tiempo, estaba claro que había cada vez menos problemas y yo me sentía en paz y aliviada en mi deber. También sentí en mi corazón que solo al ser capaz de aceptar las sugerencias ajenas, buscar la verdad y solucionar mis problemas puedo cumplir bien mi deber.

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