Solo las vírgenes prudentes pueden recibir al Señor

4 Sep 2022

Por Mingzhi, China

El Señor Jesús profetizó que, a Su regreso, habría dos tipos de personas: las vírgenes prudentes y las vírgenes insensatas. Quienes oyen la voz del Señor, la aceptan y se someten, son vírgenes prudentes. Quienes no oyen Su voz, o la oyen y no creen, o hasta lo niegan a Él y lo condenan, son vírgenes insensatas. No es sencillo reconocer la voz del Señor. Cuando la gente está rebosante de nociones y fantasías, se reprime al oír la voz del Señor y se llena de dudas. Las vírgenes prudentes lo son porque oyen la voz del Señor y ven de dónde viene: del Espíritu de Dios. Son capaces de renunciar a sus nociones y aceptar la aparición y obra de Dios. Por eso pueden recibir al Señor. Sin embargo, las vírgenes insensatas no escuchan al Señor, solo al clero, y se creen sus propias nociones. Puede que oigan la voz del Señor, pero no la aceptan, con lo que pierden la oportunidad de recibirlo. En esto fallan las vírgenes insensatas. Yo era una virgen insensata. Escuchaba ciegamente al clero, pensando que, como aparecerán falsos Cristos en los últimos días, yo no debía investigar ningún testimonio de que el Señor Jesús ha regresado y expresa la verdad para realizar la obra del juicio en los últimos días. ¡Casi pierdo la salvación del Señor de los últimos días! Quiero contar mi experiencia.

De pequeña seguía la fe de mi familia, y siempre oía al sacerdote decir en misa: “Se acerca el momento del regreso del Señor. No escuchéis sermones de nadie más. Según la Biblia, ‘En tal tiempo, si alguno os dice: El Cristo o Mesías está aquí o allí, no le creáis. Porque aparecerán falsos Cristos y falsos profetas, y harán alarde de grandes maravillas y prodigios, de manera que aun los escogidos, si posible fuera, caerían en error’ (Mateo 24:23-24). Aparecerán falsos Cristos en los últimos días. Al tener poca estatura y faltaros discernimiento, os engañan fácilmente. ¡Creer en la senda equivocada sería traicionar al Señor! Permanezcamos en el camino del Señor y esperemos a que venga y nos lleve a Su reino. De ninguna manera podemos escuchar, leer o estudiar otras enseñanzas, sobre todo aquellas que afirmen que el Señor ya ha regresado”. Todo esto me parecía razonable. Era inmadura y carecía de discernimiento, así que, si un falso Cristo me descarriaba, mi fe de todos aquellos años habría sido en vano. Me juré que tendría cuidado y no escucharía a nadie que predicara otra cosa.

En abril de 2012, Zhang, un feligrés, dijo un día: “Ha vuelto el Señor Jesús. Es Dios Todopoderoso encarnado. Está realizando una nueva obra, la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios y se profetizó en la Biblia”. Al oírlo, me sorprendí y tuve dudas. Le pregunté: “¿Cómo sabes que el Señor ha regresado y está realizando una nueva obra? ¿Cómo puedes estar seguro?”. Me respondió: “El Señor Jesús declaró: ‘Mis ovejas oyen la voz mía; y yo las conozco, y ellas me siguen’ (Juan 10:27). ‘Mas llegada la medianoche, se oyó una voz que gritaba: Mirad que viene el esposo, salidle al encuentro’ (Mateo 25:6). ‘He aquí que estoy a la puerta de tu corazón, y llamo; si alguno escuchare mi voz y me abriere la puerta, entraré a él, y con él cenaré, y él conmigo’ (Apocalipsis 3:19). El Señor Jesús nos dijo que regresaría y llamaría a nuestra puerta con Sus palabras. Sus ovejas reconocerán Su voz por lo que dirá. Recibirán el regreso del Señor y asistirán al banquete del Cordero. Son las vírgenes prudentes. Acuérdate de cuando el Señor Jesús apareció y obró. Algunos, como Pedro, Juan y Felipe, escucharon Su voz y supieron que era el Mesías que habían estado esperando. Siguieron al Señor Jesús y recibieron Su salvación. He leído muchas de las palabras de Dios Todopoderoso y comprobado que son la verdad. Poseen autoridad y son la voz de Dios. Por eso estoy seguro de que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús. Si no estamos atentos a la voz del Señor, sino ciegamente en guardia contra los falsos Cristos, y cerramos la puerta por miedo a que nos engañen, es probable que dejemos fuera al Señor ¡y perdamos Su salvación de los últimos días!”.

Esta enseñanza me dio esclarecimiento. Estar atentos a la voz del Señor para recibirlo se ajusta a Sus palabras y a la Biblia. Si no lo estudiaba ni procuraba estar atenta a la voz del Señor, cuando alguien afirmara que había regresado el Señor Jesús, ¿cómo lo recibiría yo? Nunca había oído una enseñanza tan genial y quería saber más, pero entonces recordé las constantes advertencias del sacerdote sobre la llegada de falsos Cristos para engañarnos en los últimos días y que no podíamos escuchar sermones de nadie más. Enseguida me puse en guardia y decidí que no podía escuchar alegremente otras enseñanzas. ¿No resultarían mis años de fe una pérdida de tiempo por creer en lo que no era? Rechacé a Zhang. Me dijo más veces que leyera las palabras de Dios Todopoderoso para ver si eran la voz de Dios, pero yo estaba demasiado en guardia, así que siempre buscaba excusas para despistar.

Dos meses después, un día vino mi esposo a casa con un ejemplar de La Palabra manifestada en carne. Según él, “lo que dice el Espíritu a las iglesias” (Apocalipsis 3:6) y Dios Todopoderoso era el regreso del Señor Jesús. Me sugirió que lo mirara. Temí que lo hubieran descarriado, por lo que le dije que no escuchara a cualquiera, pero estaba decidido a creer en Dios Todopoderoso. Temí que hubiera traicionado al Señor. No podía sino llorar, ayunar y orar por él. Días después, también vino mi suegra a anunciarme que había regresado el Señor: “Dijo el Señor: ‘Yo vengo a toda prisa’ (Apocalipsis 22:7). Si nos da miedo que nos engañen los falsos Cristos, definimos como falsa toda noticia del regreso del Señor y la rechazamos totalmente, ¿no estamos negando y condenando Su regreso? ¿No estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado? Si dejamos fuera al Cristo verdadero, será demasiado tarde para lamentarse. El Señor nos previene de los falsos Cristos para decirnos que el Cristo verdadero vendrá en los últimos días y los falsos fingirán ser el Cristo verdadero, así que hemos de aprender a discernir a los falsos. Si no podemos y, en cambio, rechazamos y nos negamos a escuchar las noticias de la venida del Señor, es muy probable que perdamos la oportunidad de recibirlo y Él nos abandone”. Me conmovieron sus palabras. Pensé: “He aguardado día y noche para recibir al Señor. Si cierro los ojos y los oídos, ¿cómo voy a oír la voz de Dios y recibir al Señor? Parecía que estar en guardia no era una solución. ¡Qué necedad habría sido rechazar al Señor!”. Cuando se fue mi suegra, vi que mi esposo leía atentamente La Palabra manifestada en carne. Reflexioné que, en los últimos años, la iglesia parecía desértica, los feligreses estaban débiles y negativos y su fe había decaído. La fe de mi marido parecía más fuerte que nunca. ¿Acaso tenían esas palabras tanto poder y tanta autoridad como se afirmaba? ¿Acaso eran la voz de Dios? También pensé en lo esclarecedor que era lo expuesto por Zhang. ¿Y si realmente había regresado el Señor? Supuse que debía investigar para asegurarme de no perder la ocasión de recibir el regreso del Señor. Por ello, oré a Dios para que me concediera discernimiento y poder oír Su voz.

Tras la cena, mi esposo y yo leímos este pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “‘Creer en Dios’ significa creer que hay un Dios; este es el concepto más simple respecto a creer en Dios. Aún más, creer que hay un Dios no es lo mismo que creer verdaderamente en Dios; más bien es una especie de fe simple con fuertes matices religiosos. La fe verdadera en Dios significa lo siguiente: con base en la creencia de que Dios tiene la soberanía sobre todas las cosas, uno experimenta Sus palabras y Su obra, purga su carácter corrupto, satisface la voluntad de Dios y llega a conocerlo. Sólo un proceso de esta clase puede llamarse ‘fe en Dios’” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio). Estas palabras de Dios eran maravillosas. Entendí que la fe no es solo orar a diario e ir a reuniones y a misa con regularidad. También es practicar las palabras de Dios, despojarnos de nuestro carácter corrupto y tener auténtico conocimiento de Dios. Esa fe es acorde a la voluntad de Dios. Cuanto más lo pensaba, mejor me parecían las palabras de Dios Todopoderoso, que eran la verdad y no algo que pudiera decir un ser humano cualquiera. Concluí que tenían que ser palabras de Dios. Bajé la guardia.

Unos días más tarde, se pasó Zhang por nuestra tienda y compartí con él mis preocupaciones. Me contó que antes se sentía igual. Le daba miedo que lo engañara un falso Cristo, así que escuchaba ciegamente al cura y no escuchaba ningún evangelio que afirmara que había regresado el Señor. Sin embargo, nunca se planteó si lo que decía el cura coincidía con las palabras del Señor. El Señor nos dijo que los falsos Cristos engañarían a la gente en los últimos días para que aprendiéramos a discernirlos, pero el sacerdote distorsionaba lo afirmado por el Señor Jesús al avisarnos que no estudiáramos ni escucháramos ninguna noticia de Su regreso. ¿No intentaba impedir que lo recibiéramos? Si realmente le importaba que nos engañaran, ¿por qué no nos enseñó a discernir al Cristo verdadero de los falsos? Si sabíamos hacerlo, no nos descarriaríamos. Su explicación me parecía lógica. Que el cura nos mandara estar pasivamente en guardia era totalmente contrario a lo manifestado por el Señor y una treta para impedirnos recibir Su regreso. Supe que no podía seguir escuchándolo ciegamente. Tenía que ser una virgen prudente y buscar la voz de Dios para recibir al Señor. Le pedí a Zhang que me explicara cómo discernir al Cristo verdadero de los falsos. Respondió: “El Señor Jesús nos indicó el principio para distinguirlos en Mateo 24:24. Los falsos Cristos y profetas mostrarán señales y prodigios. Eso es lo principal que harán para engañar a la gente en los últimos días”. Luego me leyó un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “Si durante la época actual emerge una persona capaz de exhibir señales y maravillas, echar fuera demonios, sanar a los enfermos y llevar a cabo muchos milagros, y si esta persona declara ser Jesús que ha venido, sería una falsificación producida por espíritus malignos que imitan a Jesús. ¡Recuerda esto! Dios no repite la misma obra. La etapa de la obra de Jesús ya ha sido completada, y Dios nunca más la acometerá. La obra de Dios es irreconciliable con las nociones del hombre; por ejemplo, el Antiguo Testamento predijo la venida de un Mesías, y el resultado de esta profecía fue la venida de Jesús. Como esto ya había ocurrido, sería erróneo que viniera otro Mesías de nuevo. Jesús ya ha venido una vez, y sería incorrecto que viniera de nuevo en esta ocasión. Hay un nombre para cada era, y cada nombre contiene una caracterización de esa era. En las nociones del hombre, Dios siempre debe hacer señales y maravillas, siempre debe sanar a los enfermos y echar fuera demonios, y siempre debe ser como Jesús. Pero esta vez Dios no es así en absoluto. Si durante los últimos días, Dios siguiera exhibiendo señales y maravillas, echara fuera demonios y sanara a los enfermos —si hiciera exactamente lo mismo que Jesús—, Dios estaría repitiendo la misma obra, y la de Jesús no tendría importancia ni valor. Así pues, Dios lleva a cabo una etapa de la obra en cada era. Una vez completada cada etapa de Su obra, los espíritus malignos la imitan pronto, y después de que Satanás empieza a pisarle los talones a Dios, este cambia a un método diferente. Una vez que Dios ha completado una etapa de Su obra, los espíritus malignos la imitan. Debéis tener claro esto” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocer la obra de Dios hoy). Tras leerlo, Zhang comentó: “Dios es siempre nuevo, nunca viejo. No repite Su obra. Cada vez que viene a obrar inicia una nueva era y concluye la anterior, con lo que trae una obra más novedosa y elevada. Cuando realizó Su obra el Señor Jesús, no repitió la obra de la Era de la Ley. Redimió a la humanidad sobre la base de la obra de aquella era. Inició la Era de la Gracia y concluyó la Era de la Ley. Si viniera el Señor y repitiera la obra de redención en los últimos días sanando a enfermos, expulsando demonios, mostrando señales y prodigios, se estancaría la obra de Dios. Dios Todopoderoso ha venido en los últimos días, con lo que ha iniciado la Era del Reino y concluido la Era de la Gracia. Está realizando la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios sobre la base de la obra de redención, y expresa verdades que juzgan y purifican a la gente para que nos libremos totalmente de las ataduras de nuestra naturaleza pecaminosa, nos purifiquemos y Dios nos salve plenamente. Pero los falsos Cristos son espíritus malignos y diablos en esencia. Sean cuales sean las señales y los prodigios que exhiban o su forma de llamar a Dios, no pueden expresar la verdad ni las palabras de Dios. Sobre todo, no pueden iniciar una nueva era y concluir la anterior. Los falsos Cristos solo saben imitar antiguas palabras y obras del Señor, mostrar señales y prodigios sencillos o decir falacias que suenan ciertas para engañar a gente sin discernimiento. Pero los milagros del Señor Jesús, como dar de comer a 5000 personas con cinco panes y dos peces, reprender al viento y al mar y resucitar a Lázaro de entre los muertos, no se pueden imitar. Los falsos Cristos no pueden hacer cosas como esas”. Esto me resultó esclarecedor. Pensé: “Nunca he oído una explicación tan clara de cómo distinguir al Cristo verdadero de los falsos. Las palabras de Dios Todopoderoso son la verdad y le abren una senda a la gente. Ahora entiendo que los falsos Cristos solamente saben imitar obras pasadas del Señor y manifestar pequeños milagros para engañar a la gente. Solo Dios puede iniciar una nueva era, concluir la anterior y expresar verdades que nos sustenten”.

Zhang leyó entonces un par de pasajes más de las palabras de Dios Todopoderoso. “El Dios que se hizo carne se llama Cristo, y así el Cristo que les puede dar a las personas la verdad se llama Dios. No hay nada excesivo en esto, porque Él posee la esencia de Dios, posee el carácter de Dios, y posee la sabiduría en Su obra, carácter y sabiduría que el hombre no puede alcanzar. Los que a sí mismos se llaman Cristo, pero que no pueden hacer la obra de Dios, son fraudes. Cristo no es sólo la manifestación de Dios en la tierra, sino que también es la carne particular asumida por Dios a medida que lleva a cabo y completa Su obra entre los hombres. Esta carne no puede ser suplantada por cualquier hombre, sino que es una carne que puede asumir adecuadamente la obra de Dios en la tierra, expresar el carácter de Dios y representarlo a Él bien, y proveer la vida al hombre. Tarde o temprano, aquellos que suplantan a Cristo caerán porque, aunque afirman ser Cristo, no poseen nada de Su esencia. Y así digo que la autenticidad de Cristo, el hombre no la puede definir, sino que Dios mismo la contesta y la decide” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna). “Aquel que es Dios encarnado poseerá la esencia de Dios, y Aquel que es Dios encarnado tendrá la expresión de Dios. Puesto que Dios se hace carne, Él traerá la obra que pretende llevar a cabo y puesto que se hace carne expresará lo que Él es; será, asimismo, capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida y de señalarle el camino. La carne que no contiene la esencia de Dios definitivamente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Si el hombre pretende investigar si es la carne encarnada de Dios, entonces debe corroborarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, para corroborar si es o no la carne encarnada de Dios y si es o no el camino verdadero, la persona debe discernir basándose en Su esencia. Y, así, a la hora de determinar si se trata de la carne de Dios encarnado, la clave yace en Su esencia (Su obra, Sus declaraciones, Su carácter y muchos otros aspectos), en lugar de fijarse en Su apariencia externa. Si el hombre sólo analiza Su apariencia externa, y como consecuencia pasa por alto Su esencia, esto muestra que el hombre es ignorante” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio).

Tras leerme esto, señaló: “Cristo es Dios revestido de la carne del Hijo del hombre, que viene a aparecerse y obrar entre los hombres. Desde fuera parece una persona normal, pero Su esencia es divina. Por eso puede expresar la verdad y el carácter de Dios y realizar la obra de redención y salvación de la humanidad. Ningún ser humano podría lograr eso. La clave para discernir al Cristo verdadero es comprobar si puede expresar la verdad y realizar la obra de salvación. Este es el principio más fundamental y decisivo. Cuando el Señor Jesús apareció y obró, parecía una persona normal, pero reveló misterios del reino de los cielos y trajo el camino del arrepentimiento. Enseñó a la gente a amar al Señor con todo su corazón, toda su alma y toda su mente, a amar al prójimo como a sí misma y a perdonarlo setenta veces siete. Expresó el carácter amable y misericordioso de Dios y acabó crucificado en ofrenda por el pecado de la humanidad, con lo que concluyó la obra de su redención. Por la obra y las palabras del Señor Jesús y el carácter que expresó, podemos estar seguros de que Él era Cristo, el propio Dios en la carne. Dios Todopoderoso ya ha llegado en los últimos días y lleva a cabo la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. Expresa todas las verdades que pueden salvar y purificar a la humanidad. Dios Todopoderoso ha revelado los misterios del plan de gestión de 6000 años de Dios para salvar a la humanidad, cómo nos corrompe Satanás y nos salva Dios paso a paso, el misterio de las encarnaciones de Dios, la trascendencia de la obra del juicio de Dios en los últimos días, cómo decide Él el destino y el resultado de cada persona, cómo se materializa el reino de Cristo en la tierra, etc. Dios Todopoderoso no solo desvela estos misterios bíblicos; también expone y juzga la principal causa de por qué la gente peca y se opone a Dios: nuestra naturaleza satánica y nuestro carácter corrupto. Además, revela Su carácter justo y santo, que no tolera ofensa, y nos señala el camino para rechazar el pecado y purificarnos. Nos indica cómo arrepentirnos y entrar en el reino de Dios, de qué forma hemos de tener fe, cómo someternos y amar a Dios, qué es hacer Su voluntad y demás. La obra de Dios Todopoderoso en los últimos días ya ha formado un grupo de vencedores y generado muchos testimonios de victoria sobre Satanás. El evangelio del reino de Dios Todopoderoso se ha expandido de Oriente hasta Occidente, lo que cumple plenamente la profecía del Señor Jesús: ‘Porque como el relámpago sale del oriente y se deja ver en un instante hasta el occidente, así será el advenimiento del Hijo del hombre’ (Mateo 24:27). Las verdades que expresa, la obra de juicio que realiza y el fruto de esta demuestran que Él es el regreso del Señor Jesús, la aparición del Cristo de los últimos días. Es innegable. Como dice Dios Todopoderoso: ‘Deja que Su obra afirme Su identidad y permite que lo que Él revela dé testimonio de Su esencia. Su esencia no es infundada; Su identidad no ha sido tomada por Su mano; Su identidad está determinada por Su obra y Su esencia’ (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial). Los falsos Cristos no tienen esencia divina ni pueden expresar la verdad. Por más que insistan en que son Dios, en que son Cristo, todo es falso y falaz. Seguirlos es como embarcarse en un barco pirata. No puede salir bien. Por más que finjan ser Cristo, solamente pueden engañar a la gente durante un tiempo. Están destinados a ser delatados por los hechos y derrotados antes o después. Solo Cristo puede expresar la verdad y realizar la obra de salvación de la humanidad. Por ello, la clave para distinguir al Cristo verdadero de los falsos es comprobar si estos pueden expresar la verdad y la voz de Dios. Eso es lo principal”.

Esto me aportó mucho esclarecimiento. La clave para discernir al Cristo verdadero es comprobar si puede expresar la verdad; en tal caso, se trata de Cristo, el regreso del Señor. Quien no sepa expresar la verdad, pero afirme ser Cristo, es un falso Cristo, un impostor. Este método de discernimiento me pareció muy sencillo y práctico. ¡Qué senda de práctica más estupenda! Las palabras de Dios Todopoderoso dejan muy claro cómo distinguir a los falsos Cristos del verdadero. ¡Son la auténtica verdad! Recordé lo necia e ignorante que había sido al escuchar ciegamente al sacerdote. No buscaba ni estudiaba la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días por miedo a que me engañara un falso Cristo. No procuraba estar atenta a la voz de Dios, por lo que casi pierdo la ocasión de recibir al Señor. La verdad, ¡estaba dándome un tiro en el pie y siendo una virgen insensata! De no haber sido por la misericordia y tolerancia de Dios y porque llamó a mi puerta por medio de mis seres queridos y de Zhang, que me predicó reiteradamente el evangelio, habría permanecido en la religión toda la vida, sin oír la voz de Dios ni recibir el regreso del Señor. ¡Doy sinceras gracias a Dios por Su salvación!

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