Una experiencia especial de disciplina

15 Jul 2022

Por Xiao Han, China

Tenía unas ganas irrefrenables de reputación y estatus y, por celos, llegué a hacer cosas que lastimaron a mis hermanos y hermanas. Después fui disciplinada de forma especial, con lo que pude despertar y cambiar.

En 2019 trabajaba con textos en la iglesia. Un día, la supervisora dispuso que viniera la hermana Wang a colaborar con nosotros. Como yo llevaba mucho tiempo en este trabajo y había dominado algunos principios, la supervisora me pidió que ayudara a la hermana Wang. La supervisora añadió que faltaba gente que trabajara con textos en una iglesia, por lo que, si era posible promover a la hermana Wang, esta podría ir a esa iglesia a cumplir con el deber. Al oírlo, pensé: “Entonces, tengo que formar lo antes posible a la hermana Wang”. Así pues, me puse a ayudar pacientemente a la hermana Wang. Fueran cuales fueran los problemas o dificultades que se encontrara en el deber, hablaba con ella a su debido tiempo para ayudarla a resolverlos y, poco a poco, la hermana Wang progresó algo. Al principio me alegraba observar su crecimiento, pero luego descubrí que progresaba muy rápido. A veces, yo solo descubría problemas básicos en el trabajo, pero ella descubría problemas graves y las demás hermanas del grupo también estaban de acuerdo con sus puntos de vista. En esa época me sentía un poco incómoda. Me preguntaba: “Progresa muy rápido. A este paso, seguro que me desbanca. ¿Quién me admirará después a mí?”. También me percaté de la especial relevancia de la hermana Wang para la supervisora. Cada vez que venía la supervisora al grupo, pedía que hablara, sobre todo, la hermana Wang y solía halagarla delante de mí por su aptitud y su rápido progreso, pero yo no lograba alegrarme por ella. Pensaba: “¡Mira qué bien! La supervisora y mis compañeras ya no me prestan atención ni tienen el buen concepto que tenían de mí antes. Han visto lo que ha progresado la hermana Wang desde su llegada. Llevo mucho tiempo en el grupo, pero no progreso tan rápido como ella. ¿Creen que tengo menos aptitud que la hermana Wang?”. Cuanto más lo pensaba, más triste estaba, hasta el punto de reflexionar, con ira: “En efecto, la hermana Wang ha progresado mucho, pero, por detrás, alguien tuvo que invertir tiempo y energía en ayudarla. Ahora que se está haciendo un nombre, ¿reparará alguien en mí, la que la ayudó? ¿Por qué solo debo servir de telón de fondo a la hermana Wang?”. Cuanto más lo pensaba, más molesta me sentía. No quería ni mirar a la hermana Wang. Sabía que estaba mal mi estado y que tenía celos de mi hermana. En ocasiones me comedía, pese a lo cual no podía evitar desear competir con ella y ya ni quería hablarle más.

Recuerdo una ocasión en que descubrí problemas en el trabajo de la hermana Wang, por lo que la ayudé a resolverlos. Posteriormente, la supervisora dijo que el trabajo de la hermana Wang estaba bien hecho y que últimamente había progresado. En ese momento, mis compañeras le lanzaron miradas de envidia. Después de lo afirmado por la supervisora, me desilusioné. Pensé: “Su buen trabajo, ¿no se debe a mi ayuda? Es obvio que es cosa mía, pero ahora todos la admiran y envidian a ella”. Cuanto más lo pensaba, más me resentía. No podía evitar culpar a la hermana Wang. Evidentemente, había crecido tanto a consecuencia de mi ayuda. Cuando se hallaba en un mal estado, busqué fragmentos de la palabra de Dios que enseñarle. Le expliqué las cosas cuando no conocía los principios. Con el precio tan alto que había pagado por respaldarla, ¿por qué no se lo dijo a la supervisora? Pensé: “Me parece que ya no te puedo ayudar más; si no, me desbancarás. Luego no ocuparé ni un pequeño hueco en el corazón de la supervisora ni de mis hermanos y hermanas”.

Después, cuando descubría errores en su trabajo, no le enseñaba los principios ni le hablaba de las cosas que ella no entendía. Simplemente me iba a otra sala y la ignoraba. Lo hacía para demostrar a la supervisora que el progreso de la hermana Wang se debió exclusivamente a mi esfuerzo y que, sin mi ayuda y mis enseñanzas, ella no estaría donde estaba entonces. Recuerdo que una vez, cuando me iba a marchar a otra sala para ignorarla a ella, la vi por el rabillo del ojo y observé en sus ojos que estaba dolida. Sentí un mazazo en el corazón. Sabía que actuaba a raíz de un carácter corrupto y que debía renunciar a mí misma, pero luego pensé en cuánto esfuerzo y tiempo había dedicado yo, en cómo, al final, ella me había robado el protagonismo y el mérito y en cómo solía elogiarla la supervisora. Me pareció muy injusto todo y se disipó el poco reproche que sentía. No tardó en estar cada vez más deprimida porque se sentía limitada por mí, dejó de progresar y hasta empezó a involucionar. En esa época, en el grupo, la hermana Liu no podía trabajar bien con la hermana Wang y tenía prejuicios hacia ella. Cuando la hermana Liu vio disminuir la eficacia de la hermana Wang, presintió que esta era inadecuada para trabajar con textos. Cuando me lo contó, no solo no le corregí sus prejuicios, sino que, en secreto, estaba encantada. Pensé: “Ya por fin ven todos la estatura real de la hermana Wang. ¿Cómo habría podido recibir tantos elogios si no la hubiera ayudado yo antes?”. En tono tendencioso, comenté a la hermana Liu: “Hemos de tener un corazón bondadoso. Dispusieron que la hermana Wang colaborara con nosotras, así que no podemos hacer nada. Solamente tenemos que obedecer”. Tras aquello, sus prejuicios hacia la hermana Wang no solo se mantuvieron, sino que hasta se agudizaron. Creía que era la hermana Wang la que había demorado el trabajo y hecho menos eficaz nuestro deber. En ocasiones, al hablar con la hermana Wang, era muy agresiva y la rechazaba. La hermana Wang estaba cada vez más limitada y no hablaba mucho. Yo era vagamente consciente de que lo que dije había empeorado los prejuicios entre las hermanas y sentía un poco de miedo, pero al recordar cómo recibía la hermana Wang toda la atención y aprobación, dejó de importarme. Por nuestra incapacidad para cooperar, cada vez éramos menos eficaces en el deber. La supervisora habló con nosotras y nos ordenó reflexionar sobre nuestras actitudes hacia el deber. Ante esta situación, me sentí algo culpable. De hecho, lo único que tenía que hacer era renunciar un poquito a mis intereses personales, dejar de estar tan atenta a mi estatus en el corazón de los demás y cooperar con todos para que el trabajo funcionara con normalidad, pero al pensar en que había pagado semejante precio y, sin embargo, nadie sabía nada de aquello, estaba muy resentida y seguía queriendo ignorar a la hermana Wang.

Poco tiempo después, me detuvo la policía en una reunión. Al principio creía que el Partido Comunista era un demonio que se resistía a Dios y que, si creías en Dios en China, antes o después te detenían, por lo que no hice introspección. No obstante, no pude evitar pensar que esta detención no era una mera persecución y que entrañaba la voluntad de Dios. Pensé: “¿Por qué de pronto me detienen? ¿Ofendí a Dios en modo alguno?”. Así pues, oré a Dios en silencio. Mientras buscaba, me acordé de un testimonio de una experiencia que había leído. Como la autora iba en pos del estatus, quería admiración y tomó obstinadamente la senda equivocada, cometió una maldad que perturbó el trabajo de la casa de Dios. Luego la detuvieron y persiguieron. Detenida, hizo introspección y comprendió que Dios utilizaba el gran dragón rojo para que ella no hiciera el mal. Después logró conocer la naturaleza y las consecuencias de su búsqueda de reputación y estatus y cambió sus opiniones equivocadas sobre la búsqueda. Ahora yo estaba detenida. ¿Acaso me estaba disciplinando Dios por haber tomado la senda equivocada? No pude evitar rememorar lo sucedido en mi deber. Tenía claro que la casa de Dios necesitaba con urgencia gente con talento en materia de textos, pero, para que no me desbancara la hermana Wang, me quedé mirando y no la ayudé cuando se volvió pasiva, ignoré por completo el trabajo de la casa de Dios y, por tanto, entorpecí el trabajo con textos. Al recordarlo, no pude evitar sentir dolor y tristeza. Me pregunté: “Antes me pasaba el día en pos de la reputación y el estatus y pensando en cómo adquirirlos y mantenerlos. Ahora que estoy detenida, ¿pueden aumentar mi fe la reputación y el estatus? ¿Pueden subsanar mi cobardía? ¿Ayudarme a mantenerme firme en el testimonio? ¿Para qué sirven la reputación y el estatus?”. De repente me di cuenta de que mi constante empeño por la reputación y el estatus terminó en chasco. Sentí muchos remordimientos, por lo que, con lágrimas en los ojos, oré a Dios: “Dios mío, no debería haber buscado reputación y estatus. Perdí toda ocasión de buscar la verdad. Si tengo la ocasión de cumplir de nuevo con el deber, no quiero ir en pos de la reputación y el estatus. Dios mío, te pido que me guíes y dirijas”. Dios se apiadó de mi debilidad. Enseguida recibieron mis padres la noticia de mi detención y, después de pagar 140 000 RMB de fianza en espera de juicio, fui puesta en libertad.

De vuelta en casa, leía la palabra de Dios una y otra vez y hacía introspección. Un día, en mis devociones, leí un pasaje de la palabra de Dios. “Si siempre estás perturbando, alterando y desmantelando las cosas que Dios quiere salvaguardar, y si siempre las estás despreciando y tienes tus propias nociones y pensamientos, entonces esto implica que pretendes discutir con Dios, tomar un bando diferente al Suyo. No le has dado importancia a la obra y a los intereses de Su casa. Siempre tratas de socavarlo, siempre quieres actuar destructivamente, o siempre esperas sacar provecho de ello, engañar y embaucar. En tal caso, ¿no se pondrá Dios furioso contigo? (Lo hará). ¿Y cuál es la consecuencia de la furia de Dios? (El castigo). Esto es absolutamente seguro. Dios no te perdonará; no existe posibilidad alguna de que así sea. Esto es porque las cosas que hiciste minaron, y perjudicaron la obra de la iglesia, estaban en conflicto con la obra y los intereses de la casa de Dios, eran una gran maldad, una oposición a Dios, y una ofensa directa a Su carácter. Así que ¿cómo no iba a estar Dios furioso contigo? Si algunas personas no están a la altura de un trabajo debido a su pobre calibre y por accidente causan algunas interrupciones y perturbaciones, esto se puede perdonar. Sin embargo, si en aras de tus propios intereses personales te metes en celos y disputas, y haces adrede algunas cosas que interrumpen, perturban y destruyen la obra de Dios, entonces habrás cometido pecados a sabiendas. Esto ofenderá el carácter de Dios. ¿Tendrá Él misericordia de ti? Dios ha puesto toda Su sangre, sudor y lágrimas aquí en la obra de Su plan de gestión de seis mil años. Si trabajaras en contra de Él, perjudicando de manera consciente los intereses de Su casa y buscando tus propios intereses a costa de los de esta, buscando fama y estatus personal, sin que te importe destruir la obra de la casa de Dios o causar en dicha obra obstáculos y destrucción, e incluso grandes pérdidas materiales y financieras en Su casa, ¿dirías que una persona como tú merece ser perdonada? (No). […] A causa de tu alteración, molestia y destrucción, o a causa de tu negligencia o abandono de tus deberes, o debido a tus deseos egoístas y en aras de buscar tus propios intereses, has causado que los intereses de la casa de Dios, los intereses de la iglesia, y varios otros aspectos sufran pérdidas, e incluso has causado una severa perturbación y destrucción a la obra de la casa de Dios. Entonces, en las páginas del libro de tu vida, ¿cómo debería Dios sopesar tu resultado? ¿Qué conclusión debería sacar sobre ti? Para ser justos, deberías ser castigado; esto es lo que se llama recibir lo que mereces. ¿Qué entendéis ahora? ¿Cuáles son los intereses de las personas? En realidad, no son más que deseos extravagantes; diciéndolo claramente, todos son tentaciones, todos son falsos, y todos son incentivos de Satanás destinados a tentar a los humanos. Buscar tus intereses significa ser cómplice de los malvados modos de Satanás; significa ir en contra de Dios. Para obstruir la obra de Dios, Satanás monta toda clase de ambientes para tentar y perturbar a la gente. Cuando sigues a Dios no le obedeces, y en cambio colaboras con Satanás, y deliberadamente causas destrucción y alteraciones a la obra de la casa de Dios. No importa cómo seas podado y tratado por la casa de Dios, no aceptas la verdad, y no te sometes a los requerimientos que Dios te hace. En vez de eso, actúas obstinadamente por tu cuenta, haciendo lo que se te antoja. A consecuencia de ello, has perturbado la obra de la casa de Dios y has hecho daño a sus intereses, afectando seriamente el progreso de la obra de la casa de Dios. Este es un pecado de enorme magnitud, y ten por seguro que serás castigado por Dios” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (I)). Tras leer la palabra de Dios, temblaba de miedo. Notaba la ira de Dios hacia mí. Sobre todo cuando señaló que jamás perdona a aquellos que compiten con Él e ignoran el trabajo de Su casa por proteger sus intereses y que castigará a aquellos que cometan graves transgresiones, sentí una punzada en el corazón. Dios me había encumbrado todos estos años para que trabajara con textos. En el deber me había guiado el Espíritu Santo y la palabra de Dios me había sustentado y proveído. Aunque fuera juzgada, podada o tratada con severidad, eso también era para purificarme y transformarme. Había gozado muchísimo del amor de Dios y debía cumplir bien con el deber para retribuírselo. Cuando dispuso la supervisora que ayudara a la hermana Wang, debería haberme empleado a fondo, pero no tuve en consideración la voluntad de Dios ni me importó el trabajo de Su casa. Me pasaba el tiempo teniendo celos y compitiendo con otras personas. Sobre todo cuando vi el rápido progreso de la hermana Wang y que recibía el visto bueno de la supervisora y de las compañeras, estaba celosa y enojada, así que, para perjudicarla, hice cosas tanto abiertamente como en secreto. Tenía claro que ella aún no entendía los principios de muchas áreas, pero yo no se los enseñé para guiarla. Al verla en un estado negativo, no le ofrecí sustento ni ayuda. La hermana Liu tenía prejuicios y opiniones críticas sobre la hermana Wang, pero en vez de subsanarlos, disfrutaba con ellos y, con mis palabras, echaba leña al fuego adrede. En consecuencia, se agudizaron los prejuicios de la hermana Liu hacia la hermana Wang. Excluida la hermana Wang, estaba triste y deprimida y no podía cumplir con el deber con normalidad. Pensando en lo que hice a la hermana Wang y en todo el daño y el dolor que le acarreé a mi hermana, ¿cómo podía afirmar que tenía humanidad? Con el juicio y la revelación de Dios, vi claro que estaba celosa de la hermana Wang. No quería que me desbancara ni que se vieran perjudicados mi reputación y mi estatus. No era simplemente que no me llevara bien con ella, sino que me oponía a Dios. Trabajar con textos es una tarea importante en la iglesia. En aras de mi reputación y estatus, tuve el descaro de descargar mi ira en el trabajo. Cuando vi que ella se hallaba en un mal estado, que era ineficaz en el trabajo, que los del grupo no eran capaces de llevarse bien y que disminuía la eficacia de nuestro trabajo, seguí sin hacer introspección y sin arrepentirme ante Dios y fui la primera en sembrar celos y disputas. Perturbaba el trabajo de la casa de Dios haciendo de sierva de Satanás y cometiendo el mal. Cuando aquellos verdaderamente considerados con la voluntad de Dios ven que hay alguien mejor que ellos o que trabaja con más eficacia que ellos, están felices, pero por mi reputación y mi estatus, yo estaba celosa de la hermana Wang, no soportaba que le fuera bien y no pensaba para nada en el trabajo de la casa de Dios. ¡Eso no era sino un carácter satánico! Satanás se enojó al ver que Job temía a Dios y se apartaba del mal, por lo que quiso atormentar a Job y deseó su muerte. ¿No era esa la esencia de lo que yo revelaba? Anhelaba ver a la hermana Wang triste e incapaz de cumplir con el deber. ¡Qué ruin y malvada!

Luego leí otro pasaje de la palabra de Dios. “¿Qué usa Satanás para mantener al hombre firmemente bajo su control? (La fama y la ganancia). De modo que Satanás usa fama y ganancia para controlar los pensamientos del hombre hasta que todas las personas solo puedan pensar en ellas. Por la fama y la ganancia luchan, sufren dificultades, soportan humillación, y sacrifican todo lo que tienen, y harán cualquier juicio o decisión en nombre de la fama y la ganancia. De esta forma, Satanás ata a las personas con cadenas invisibles y no tienen la fuerza ni el valor de deshacerse de ellas. Sin saberlo, llevan estas cadenas y siempre avanzan con gran dificultad. En aras de esta fama y ganancia, la humanidad evita a Dios y le traiciona, y se vuelve más y más perversa. De esta forma, entonces, se destruye una generación tras otra en medio de la fama y la ganancia de Satanás” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VI). Antes no entendía mucho este pasaje de la palabra de Dios. Fue entonces cuando logré saber lo ruin y funesta que me había vuelto por competir por la reputación y la ganancia. ¡Cuánto corrompe Satanás a la gente! Cosas como que “el hombre siempre debería esforzarse para ser mejor que sus contemporáneos”, “destaca entre los demás” y “desea ser mejor que otros” son filosofías satánicas que engañan a la gente. Cuando vivía de acuerdo con estas filosofías satánicas, tenía unas ideas equivocadas. Me gustaban la reputación y el estatus y quería ser la mejor en todos los grupos de personas. Quería convertirme en la persona más deslumbrante y ganarme la estima de los demás. Creía que este era el único modo de tener una vida digna y con sentido. Controlada por estas ideas satánicas, me volví particularmente distante y clasista, e incluso consideraba mi deber un instrumento para competir por la reputación y el estatus, lo que demoró gravemente el trabajo con textos de la casa de Dios y, además, provocó dolor y tristeza a mi hermana. Descubrí que, por mi reputación y estatus, había hecho muchas cosas malvadas y muchas trampas, todo ello a costa de perjudicar la labor de la casa de Dios ¡y la vida de mis hermanos y hermanas! Tenía mucho miedo mientras me acordaba de todo esto. Fue en ese momento cuando me di cuenta de lo malvada y egoísta que era. El gran dragón rojo perturba desenfrenada y externamente el trabajo de la casa de Dios y detiene a los hermanos y hermanas; sin embargo, yo había hecho lo que quería el gran dragón rojo, pero que no podía hacer en la iglesia. ¿Cómo podía haber sido tan detestable? Los anticristos son capaces de castigar a la gente por el estatus, y yo también era capaz de excluirla y reprimirla por él y por la reputación. Iba por la senda del anticristo. Después de este fracaso, comprobé que el empeño por la reputación y el estatus no es correcto. Es una senda de resistencia a Dios y de muerte. A su vez, también sentí la protección de Dios. Si Dios no me hubiera reprendido y disciplinado tan duramente y no hubiera dispuesto una situación que impidiera mis actos malvados, mi corazón insensible y endurecido no habría despertado nunca. Habría continuado por la senda equivocada y, al final, Dios me condenaría y descartaría por mis actos malvados. A esas alturas habría echado a perder por completo mi ocasión de salvarme. Más tarde, oré a Dios para decirle que deseaba arrepentirme y le pedí que guardara mi corazón para que, si de nuevo iba en pos de la reputación y el estatus y tomaba la senda del anticristo, Él pudiera revelarme, reprenderme y disciplinarme.

Pronto reanudé el trabajo con textos. En el grupo, la hermana Xiao acababa de empezar a trabajar y la supervisora me pidió que la formara y ayudara. Teniendo en cuenta mi fracaso previo, no quería repetir el mismo error, por lo que hice lo posible por ayudarla. Con el tiempo, la hermana Xiao progresó un poco. Luego oí decir a la supervisora que la hermana Xiao tenía aptitud y aprendía rápido, por lo que valía la pena promoverla. Cuando lo oí, sentí un pinchazo en el corazón. Volví a perder los estribos y ya no quería ayudarla. Cuando tuve este pensamiento, los recuerdos de mi detención afloraron en mi mente. Oré en silencio a Dios para pedirle que protegiera mi corazón para no tomar la senda equivocada. Luego comí y bebí de la palabra de Dios correspondiente a mi estado y miré una lectura en video de la palabra de Dios que me resultó muy útil. Las palabras de Dios dicen: “Asegúrate de no ser alguien a quien Dios encuentra repugnante, de ser una persona a la que Dios ama. Entonces, ¿cómo se puede alcanzar el amor de Dios? Recibiendo la verdad en obediencia, colocándote en la posición de un ser creado, actuando con los pies en el suelo por las palabras de Dios, cumpliendo con el deber correctamente, intentando ser una persona honesta y viviendo a semejanza de un ser humano. Con eso es suficiente; Dios estará satisfecho. La gente debe asegurarse de no tener ambiciones ni sueños vanos, no buscar la fama, la ganancia y el estatus ni destacar entre la multitud. Además, no deben intentar ser una persona con grandeza o sobrehumana, que sea superior entre los hombres y haga que los demás la adoren. Ese es el deseo de la humanidad corrupta, y es la senda de Satanás; Dios no salva a tales personas. Si las personas buscan sin cesar la fama, la ganancia y el estatus y se niegan a arrepentirse, entonces no existe cura para ellas, y solo hay un desenlace posible: ser descartados. Hoy, si sois raudos para arrepentiros, aún os queda tiempo; pero cuando llegue el día en que termine la obra de Dios, las catástrofes empeorarán y ya no tendréis la oportunidad de arrepentiros. Cuando llegue ese momento, los que buscan la fama, las ganancias y el estatus y se niegan a arrepentirse serán todos descartados. Debéis tener todos claro a qué clase de personas salva la obra de Dios, y cuál es el significado de Su salvación del hombre. Dios le pide a la gente que se presente ante Él, que escuche Sus palabras, acepte la verdad, descarte su carácter corrupto y practique lo que Dios dice y ordena, es decir, vivir según Sus palabras, en vez de vivir según las nociones e imaginaciones humanas o filosofías satánicas, y buscar la ‘felicidad’ humana. Si alguien no escucha las palabras de Dios ni acepta la verdad y sigue viviendo según las filosofías y el carácter de Satanás, si se niega a arrepentirse, entonces esta clase de persona no puede ser salvada por Dios. Cuando sigues a Dios, esto se debe también a que tú has sido escogido por Él, así que ¿cuál es el significado de que Dios te haya escogido? Implica que te conviertes en alguien que confía en Él, que sigue verdaderamente a Dios, que puede dejarlo todo por Dios, y que es capaz de seguir Su camino, alguien que se ha despojado de su carácter satánico y ya no sigue a Satanás ni vive bajo su dominio. Si sigues a Dios y cumples con un deber en la casa de Dios, y sin embargo infringes la verdad en todos los aspectos y ni actúas ni experimentes de acuerdo con Sus palabras, e incluso es posible que te levantes contra Dios, ¿podría darte Dios Su aprobación? Desde luego que no. ¿Qué quiero decir con esto? Cumplir con un deber no es realmente difícil, ni tampoco lo es hacerlo con devoción y con un estándar aceptable. No tienes que sacrificar tu vida ni hacer nada especial ni difícil, simplemente tienes que seguir las palabras e instrucciones de Dios con honestidad y firmeza, sin añadir tus propias ideas u ocuparte de tus propios asuntos: solo has de caminar por la senda de buscar la verdad. Si la gente puede hacer esto, básicamente tiene semejanza humana. Cuando tiene verdadera obediencia a Dios, y se ha convertido en una persona honesta, poseerá la semejanza de un ser humano” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa). En la palabra de Dios entendí que Dios espera que la gente cumpla con el deber con sensatez, se comporte de acuerdo con Su palabra y ya no viva bajo el dominio de Satanás ni actúe de acuerdo con su carácter satánico. Debo renunciar a mis ambiciones como lo exige Dios, dejar de fijarme en si tienen buen concepto de mí y centrarme en buscar la verdad y en cumplir bien con el deber. Esta era la tarea adecuada para mí y la senda correcta. Además, gracias a la guía de Dios fui capaz de captar algunos principios en el deber, resultado de años de promoción dentro de la casa de Dios. Si consideraba estas cosas mi patrimonio privado, ocultaba cosas, se las escondía a los demás por proteger mi reputación y estatus y continuaba obstinadamente por la senda de resistencia a Dios, solo lograría que Él me aborreciera y detestara. Sin embargo, si era capaz de contar a otros todo lo que sabía, aunque tal vez progresaran y recibieran admiración mientras a mí se me pasaba por alto, estaría practicando la verdad y viviendo con rectitud, y sentiría seguridad y tranquilidad. ¿Qué tenía de malo eso? Cuando me detuvieron y privaron de libertad, y frente a la persecución policial, no me sirvieron de nada la reputación, el estatus y la admiración ajena. Fue la palabra de Dios la que me guio para que me mantuviera firme cuando me asediaba Satanás y fue la palabra de Dios la que me dio fe y fortaleza. Si creo en Dios, pero no soy capaz de alcanzar la verdad y Él me rechaza, ¿de qué me sirve el buen concepto que tenga la gente de mí? Lo que decide si puedo salvarme no es el hecho de que tenga buen concepto de mí, sino el de si soy o no un ser creado apto a ojos de Dios, si se han transformado mis actitudes corruptas y si estoy en posesión de la verdad, o no. Dios jamás ha pedido a nadie que sea importante ni famoso. En cambio, a Dios le agrada la gente honesta, capaz de cumplir con el deber de forma tranquila y realista. Esas son las únicas personas verdaderamente humanas. Una vez que entendí estas cosas, mi corazón se iluminó y supe cómo practicar. Después le enseñé a la hermana Xiao todo lo que comprendía. Efectivamente, tenía gran aptitud. Cuando debatíamos los problemas, siempre se le ocurrían cosas, en las que yo no había pensado, que complementaban mis deficiencias y, a veces, cuando la supervisora estaba de acuerdo con ella, a mí ya no me afectaba.

Más tarde, cuando los hermanos y hermanas conocieron mi experiencia, buscaron un pasaje de las palabras de Dios sobre mi opinión de que merecía el reconocimiento por el progreso de otras personas. “Cuando Dios esclarece a alguien, es la gracia de Dios. ¿Y en qué consiste esa pequeña cooperación por tu parte? ¿Es algo por lo que mereces reconocimiento, o es acaso tu deber, tu responsabilidad? (Es el deber y la responsabilidad). Al reconocer que se trata de tu deber y responsabilidad, te hallas en el estado mental correcto, y no te plantearás tratar de apuntarte el tanto. Si siempre crees: ‘Esta es mi contribución. ¿Habría sido posible el esclarecimiento de Dios sin mi cooperación? Es necesaria la cooperación humana, ya que esta supone la parte principal de todo esto’, entonces es un error. ¿Cómo podrías haber cooperado si el Espíritu Santo no te hubiera esclarecido, y si nadie te hubiera comunicado los principios de la verdad? Tampoco sabrías lo que Dios requiere; ni conocerías la senda de práctica. Aunque quisieras obedecer a Dios y cooperar, no sabrías cómo hacerlo. ¿Acaso esta ‘cooperación’ tuya no son palabras vacías? Sin una verdadera cooperación, solo actúas según tus propias ideas, en cuyo caso, ¿podría el deber que realizas estar a la altura del estándar? En absoluto, lo cual indica un problema. ¿Qué problema es ese? Sea cual sea el deber de una persona, el que logren resultados, cumplan con el deber de forma óptima y obtengan la aprobación de Dios depende de Sus acciones. Aún si cumples con tus responsabilidades y tu deber, si Dios no obra, si no te esclarece y guía, entonces no conocerás tu senda, tu rumbo ni tus metas. ¿Cuál es el resultado último de eso? Después de esforzarte todo ese tiempo, no habrás cumplido con tu deber correctamente, ni habrás ganado la verdad o la vida; todo habrá sido en vano. Por lo tanto, ¡depende de Dios que cumplas con el deber de forma óptima, beneficiando a tus hermanos y hermanas y obteniendo la aprobación de Dios! La gente no puede hacer más que aquello que personalmente es capaz de hacer, lo que debe hacer y lo que está dentro de sus propias capacidades, nada más. Por consiguiente, cumplir con tus deberes de manera eficaz depende en último término de la guía de las palabras de Dios y el esclarecimiento y el liderazgo del Espíritu Santo; solo entonces pueden entender la verdad y completar la comisión de Dios según la senda que Dios te ha concedido y los principios que ha establecido. Esto constituye la gracia y las bendiciones de Dios, y si la gente no puede verlo, es porque está ciega” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar el comportamiento de una persona). Tras leer la palabra de Dios entendí que, al creer que el progreso de los demás se debía a mi esfuerzo, en realidad le estaba robando la gloria a Dios. Dios puede darnos esclarecimiento a mí y a otros. Que yo comprendiera algunos principios de mi deber no se debió a mi esfuerzo, sino que fue resultado del esclarecimiento de Dios y de la obra del Espíritu Santo. No los comprendí hasta que las palabras de Dios señalaron la senda y los principios de práctica. Sin el esclarecimiento de Dios y la guía de Su palabra, no entendería ninguna materia ni ningún problema. Por mucho que trasnochara y mucho esfuerzo que invirtiera, sería inútil y no sabría hacer nada bien. No obstante, creía merecer el reconocimiento por sus progresos y que, sin mi ayuda, no habrían progresado nada. Me coronaba la cabeza de laurel, era demasiado arrogante y me creía el ombligo del mundo. Muchos habían comenzado trabajando con textos y habían mejorado de forma significativa sin mi ayuda. Habían progresado porque Dios obró en ellos. Tienen una aptitud innata y, una vez que pagan sinceramente un precio en cuestión de verdad y principios y reciben el esclarecimiento del Espíritu Santo, pueden progresar. Que ahora sepa ayudar a mis hermanos y hermanas es el deber que he de cumplir, además de la gracia de Dios. No hay nada que admirar ni de lo que alardear en ello. Al recordar la época que pasé con la hermana Wang, aunque al principio le enseñé algunos principios, después, ella repasaba las cosas y las meditaba en profundidad, por lo que siempre pudo recibir las bendiciones y la guía de Dios. La hermana Xiao era igual. A menudo, ciertas ideas que planteaba eran cosas que yo no había tenido en cuenta y que, de hecho, me abrieron la mente. Comprobé que todo el mundo tiene puntos fuertes, con lo que, mientras nos esforcemos diligentemente en el deber, todos podemos recibir el esclarecimiento de Dios y comprender algunos principios de la verdad, y solo si nos complementamos unos a otros podemos cumplir bien con el deber juntos.

Posteriormente practicaba según las palabras de Dios. Apaciguaba el corazón ante Dios cuando cumplía con el deber y me centraba en cómo cumplir bien con él y con mis responsabilidades. Sin darme cuenta, me fijaba menos en si los demás tenían buen concepto de mí y en si me llevaban en sus corazones. Cuando ayudaba a los hermanos y hermanas, veía que, poco a poco, progresaban y me superaban, ya no estaba tan celosa y dejé de pensar todo el tiempo en mi reputación y mis intereses. Me sentía capaz de aceptar que Dios me observara, de volverme hacia Él y de cumplir con el deber. Esta manera de practicar me parecía factible y fácil y sentía más gozo que siendo admirada por los demás. Percibí de veras lo que quiso decir Dios: “Las funciones no son las mismas. Hay un cuerpo. Cada cual cumple con su obligación, cada uno en su lugar y haciendo su mejor esfuerzo, por cada chispa hay un destello de luz, y buscando la madurez en la vida. Así estaré satisfecho” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 21). Mis hermanos, mis hermanas y yo tenemos experiencias, aptitudes y puntos fuertes distintos. Debemos complementarnos, cooperar en armonía y desempeñar nuestro papel en nuestros respectivos deberes. Esta forma de trabajar concuerda con la voluntad de Dios.

Aunque Dios me reprendió y disciplinó por ir en pos de la reputación y el estatus, con esta experiencia logré entender un poco la naturaleza y las consecuencias de mi empeño por esas cosas. También comprendí que no se puede ofender el carácter de Dios y aprendí a comportarme y a cumplir con el deber de modo realista. Esta pequeña transformación que he podido lograr se debe exclusivamente al juicio y castigo de Dios. ¡Gracias a Dios!

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