Cuando mamá cumple sentencia

10 Ene 2022

Por Zhou Jie, China

Tenía 15 años cuando mi mamá y yo huimos de casa. Recuerdo que nos fuimos una noche de 2002. De pronto, mi mamá me susurró que la policía vendría a arrestarla, que no podíamos quedarnos y que debíamos irnos. Recogimos algunas pertenencias y salimos de casa apuradas. Desde entonces, mi mamá y yo no hemos vuelto. Por eso, mi mamá no me llevó con ella, me quedé con unos parientes mientras ella se escondía en otra ciudad. Mi mamá los ayudaba mucho cuando aún hacía negocios, pero ahora que teníamos problemas, no querían involucrarse. No querían acogerme e incluso criticaron a mi mamá, dijeron que su fe en Dios la había dejado sin hogar y no podía cuidarme. Querían que ella me llevara. Yo estaba enojada por cómo la malinterpretaban. Era obvio que esto sucedía por la policía, no era culpa de mi mamá. Quería irme de ahí enseguida. No quería quedarme ni un minuto más. Esperaba que mi mamá fuera a buscarme pronto. Al principio, me resultó muy difícil. No tenía a nadie en quien apoyarme, y sufrí mucho. Vengo de una familia monoparental, mis padres se divorciaron cuando yo tenía tres años. Mi mamá y yo permanecimos juntas, nunca nos separábamos. Cuando pensaba que mi mamá ya no podría cuidarme, empezaba a llorar. Cuando me sentía triste y desamparada, oraba a Dios. Decía: “¡Dios mío! Mi mamá ya no puede cuidarme. Por favor, dame fuerza”. Encontré un pasaje de las palabras de Dios que decía: “No temas, el Dios Todopoderoso de los ejércitos seguramente estará contigo; Él guarda vuestras espaldas y es vuestro escudo” (‘Capítulo 26’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). “Avanza con valentía; ¡Yo soy tu fuerte roca, así que confía en Mí!” (‘Capítulo 10’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Estas palabras me aclararon las cosas. Mi mamá ya no estaba a mi lado, pero Dios estaba detrás de mí, y podía contar con Él. No podía permitir derrumbarme y ya no podía contar con mi madre; pero tenía que ser fuerte, sin importar lo duro que se pusiera todo, debía confiar en Dios y perseverar. Después, fui a vivir con la familia de la hermana Zhang. Todos ellos son creyentes. No teníamos relación de sangre, pero me trataron muy bien. La hija de Zhang me leía las palabras de Dios y enseñaba sobre la verdad. Mi mamá no estaba a mi lado, pero no me sentía sola. Me gustaba estar con mis hermanos y hermanas.

En 2003, mi mamá esparcía el evangelio en otra ciudad. Un día, me envió una carta para encontrarnos, y me pedía que la esperara en un lugar y hora concretos. Cuando la recibí, estaba tan emocionada que esa noche apenas pude dormir. El día del encuentro, llegué puntual al lugar, pero, tras esperar una hora, no dio señales. Le envié mensajes a su localizador, pero nunca respondió. La esperé desde el mediodía hasta las 8:00 de la noche, pero nunca llegó. Estaba muy desilusionada y sentía que algo iba mal. Al día siguiente, mi líder me informó de que habían arrestado a ocho hermanos y hermanas mientras esparcían el evangelio, y que una de ellos era mi mamá. Me dijo que destruyera el localizador que había usado para contactarla. Al oír eso, me quedé muy preocupada. Oré a Dios una y otra vez, le pedí que la protegiera y que la ayudara a mantenerse firme en el testimonio. En esa época, cuando pensaba en mi mamá, no podía evitar llorar. A menudo me preocupaba que la estuvieran golpeando o torturando. Debía estar sufriendo mucho en prisión. ¿Cuándo la liberarían? Me preocupaba tanto que, un día, me desmayé. Cuando recobré el conocimiento, fui a mi dormitorio, apoyándome en la pared, me recosté en la cama y lloré, pensando en lo sola y desamparada que estaba. En mi peor momento, fue Dios quien me guio. Recordé un himno: “En mi refinamiento, Tu corazón sufre. Tus palabras proveen lo que me falta; cuando estoy triste, Tus palabras me consuelan. […]” (‘El amor de Dios me ha derretido el corazón’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Vi con claridad que esta era la guía de Dios. De inmediato me di cuenta de que no estoy sola, Dios está conmigo. Por la persecución del gran dragón rojo, mi madre no podía estar conmigo. No podía cuidarme y consolarme, pero Dios no me había abandonado. En mi peor momento, Dios estuvo ahí para consolarme. Sentí que Él estaba muy cerca y me di cuenta de que es el único en quien puedo confiar. Pensé: “Si Dios puede guiarme así, seguro que puede ayudar a mi mamá a atravesar sus adversidades”. Cuando me di cuenta de esto, me animé y me sentí menos preocupada y nerviosa por la situación de mi mamá. Después, pude ver a mi mamá. Estuvo presa cuatro meses y salió cuando un contacto aseguró su liberación. Al encontrarnos, ella estaba muy preocupada por mí y me dio consejos. Compartimos enseñanzas y nos alentamos, y pactamos que, sin importar lo que nos pasara, siempre seguiríamos a Dios y cumpliríamos nuestro deber.

Recuerdo que era septiembre, y mi mamá esparcía el evangelio en otra ciudad. Ya habían arrestado a una hermana que cumplía un deber importante y muchas personas que habían tenido contacto con ella peligraban y debían mudarse. Me preguntaba quién podría ser esta hermana. Luego, mi líder vino y me dijo que destruyera la tarjeta SIM que usaba para contactar a mi mamá. Enseguida me di cuenta de que habían arrestado a mi mamá. Esta vez la arrestaban por imprimir libros de las palabras de Dios, y puede que la torturaran brutalmente. Esos días, estuve muy preocupada y no pude dormir de noche. Poco después, supe que ya habían arrestado a más de veinte hermanos y hermanas, y a todos los habían torturado. Cuando me enteré, me preocupé aún más. ¿Estaban torturando a mi mamá en ese momento? ¿Estaba viva o muerta? Mi mamá estaba en grave peligro, pero yo no podía hacer nada por ella. Me sentía fatal. No podía evitar pensar que, si mi mamá no hubiera asumido un deber tan peligroso, tal vez no la habrían arrestado y torturado. Creer en Dios en China es muy difícil y peligroso. Durante esa época, yo estaba muy débil. Estaba distraída y perdida, y no tenía ganas de nada. No tenía energía y estaba desmotivada en mi deber. Cada día, oraba a Dios y le pedía que protegiera a mi mamá.

Un día, leí un pasaje que decía: “Cuando Job perdió su ganado que llenaba las montañas y enormes cantidades de riqueza y su cuerpo se cubrió de dolorosas llagas, fue debido a su fe. Cuando él pudo escuchar Mi voz, la voz de Jehová, y ver Mi gloria, la gloria de Jehová, fue gracias a su fe. Que Pedro haya podido seguir a Jesucristo, fue debido a su fe. Que pudiera ser clavado en la cruz por Mí y dar testimonio glorioso de Mí, también fue debido a su fe. […] Las personas han recibido muchas cosas debido a su fe, y no siempre es una bendición. Quizá no reciban la clase de felicidad y gozo que sintió David o quizá Jehová no les otorgue agua como hizo con Moisés. Por ejemplo, en el caso de Job, este fue bendecido por Jehová a causa de su fe, pero también sufrió desgracias. Ya sea que recibas una bendición o sufras una desgracia, ambos son acontecimientos benditos. Sin la fe, no serías capaz de recibir esta obra de conquista, y, mucho menos ver los actos de Jehová manifestados ante tus ojos hoy. No serías capaz de ver, y, menos aún, podrías recibir” (‘La verdadera historia de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Pensé: “Todo está en manos de Dios, las bendiciones y los desastres. Las adversidades y pruebas de nuestra fe son cómo Dios nos exalta y pone a prueba”. Como Job, Satanás apostó con Dios que podía tentar a Job al privarlo de sus hijos y su ganado, y cubriendo de llagas su cuerpo, para que él negara y abandonara a Dios. Dios también usaba este calvario para poner a prueba a Job y perfeccionar su fe. Job no solo no culpó a Dios, sino que lo alabó y dijo: “¿Recibiremos de la mano de Dios todas las cosas buenas y no recibiremos la maldad?” (Job 2:10). “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21).* Job se mantuvo firme en el testimonio y ganó Su reconocimiento, incluso oyó la voz de Dios en un torbellino. Así, ganó una fe en Dios incluso más sincera, una bendición de Dios mucho mayor. Pensé que, en apariencia, era un desastre que a mi mamá la lastimara el gran dragón rojo, pero, así, Dios nos ponía a prueba y perfeccionaba nuestra fe. Era la exaltación de Dios. De repente, me di cuenta de que Satanás me estaba mirando y Dios esperaba que revelara mi postura. Esperaban a ver si perdía mi fe en Dios, lo negaba y lo traicionaba por el arresto de mi madre. Cuando me di cuenta, quise ponerme del lado de Dios, no culparlo ni traicionarlo, y cumplir mi deber para satisfacerlo. Entendí la intención de Dios, y dejé de preocuparme tanto por mi madre, y me sometí a los arreglos de Dios.

Dos años de reeducación a través del trabajo. Cuando supe eso, me sorprendí. Dos años es mucho tiempo. Las condiciones de vida en prisión son horribles, y debes trabajar cada día. ¿Cómo iba a sobrevivir a esas condiciones infernales y a esos maltratos brutales? Ya tenía más de 50 años, ¿podía su cuerpo soportar más de esta tortura? Un día, leí un pasaje de las palabras de Dios: “Desde el momento en el que llegas llorando a este mundo, comienzas a cumplir tu deber. Para el plan de Dios y Su ordenación, desempeñas tu papel y emprendes tu viaje de vida. Sean cuales sean tus antecedentes y sea cual sea el viaje que tengas por delante, nadie puede escapar de las orquestaciones y disposiciones del Cielo y nadie tiene el control de su propio destino, pues solo Aquel que gobierna sobre todas las cosas es capaz de llevar a cabo semejante obra” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). Estas palabras me ayudaron a comprender que todos tenemos un rol y un propósito, y que el curso de tu vida fue predestinado por Dios hace mucho. Mi mamá tenía que desempeñar un papel y completar una misión. Dos años en prisión era mucho tiempo, pero era algo que ella tenía que atravesar. Cómo lo sobrellevara y cuánto sufriera dependía de Dios. Dios permitió que el gran dragón rojo lastimara, arrestara y encarcelara a mi mamá para ponerle una prueba. Le daba la oportunidad de mantenerse firme en el testimonio para Él. Debería sentirme orgullosa. Yo también debía aprender de esta situación. Aprender a no quejarme y culpar a Dios de las adversidades, y a someterme y cumplir mi deber. Tras entender las intenciones de Dios, oré y le dije que ella estaba en Sus manos, y le pedí que la protegiera para que pudiera ser firme en el testimonio.

Un año y medio después, mi mamá salió de prisión, y por eso la contacté. Para evitar que nos siguiera y controlara la policía, decidimos encontrarnos en un sauna. Ese día, llegué una hora temprano. Mi corazón latía rápido por la expectativa: estaba muy emocionada por ver a mi mamá. Mantuve la vista fija en la entrada, y vi a una mujer demacrada de mediana edad. Al entrar, le dijo a un miembro del personal que su hija la esperaba adentro. La oí y pensé: “¿No es la voz de mi mamá?”. Tardé un segundo en darme cuenta. Si no hubiera hablado, no la habría reconocido. Mi mamá tenía una postura erguida, una elegancia refinada, pero había perdido mucho peso y parecía muy encorvada. No era como antes. Corrí hacia ella y grité: “¡Mamá!”. Mi mamá me miró y tenía la cara tan delgada que no podía reconocerla. Su piel estaba cetrina, se veía delgada y frágil. Sus ojos estaban apagados, como una persona que había estado sobreestimulada. Al verla así, casi me quiebro. No podía imaginar lo que debía haber vivido en la cárcel… No podía tolerar pensar en eso. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Mi mamá se sentó a mi lado, me apretó fuerte la mano y me preguntó por estos años. Dijo que, en prisión, había estado muy preocupada y oraba por mí a menudo. Temía que no soportara el trauma y que me alejara de Dios. Se alegró al saber que aún creía en Dios y cumplía mi deber. En el vestuario, sufrí cuando vi lo delgada que se había puesto. Cuando se dio la vuelta, vi que tenía una cicatriz en la clavícula izquierda. Era negra, y el hueso estaba hundido, como si hubiera estado roto. Era incapaz de soportar verla así. Contuve las lágrimas y le pregunté: “¿Cómo te hiciste esta cicatriz? ¿La policía te golpeó? ¿Te duele?”. Mi mama temía que me preocupara y me dijo que ya se había sanado. Años después supe que la habían torturado brutalmente después de arrestarla, y que un oficial entrenado profesionalmente la había golpeado 30 veces en el hombro, con lo que le rompió muchos huesos, le dislocó el hombro y le desplazó muchas vertebras. Afortunadamente, con la protección de Dios, mi mamá se recuperó, y sus huesos sanaron. Los médicos de la prisión se sorprendieron de lo rápido que sanó.

Poco después, nos separamos, porque acababan de liberarla y podían estar controlándola. Por mi seguridad, tuvimos que separarnos un tiempo. En ese momento, me costó mucho, quería quedarme a su lado y ayudar a cuidarla. Pero, por la persecución del gran dragón rojo, no podía cumplir mi responsabilidad como hija. Me sentía horrible. De camino a casa, las imágenes de su cuerpo débil y la cicatriz aparecían en mi mente una y otra vez. Cada vez que me venía una imagen era un nuevo tormento. No podía imaginar cómo la debían haber torturado y golpeado. Estaba furiosa. ¡El gran dragón rojo es despiadado y malvado! Recordé un pasaje de las palabras de Dios: “Poco sorprende, pues, que el Dios encarnado permanezca totalmente escondido: en una sociedad oscura como esta, donde los demonios son inmisericordes e inhumanos, ¿cómo podría el rey de los demonios, que mata a las personas sin pestañear, tolerar la existencia de un Dios hermoso, bondadoso y además santo? ¿Cómo podría aplaudir y vitorear Su llegada? ¡Esos lacayos! Devuelven odio por amabilidad, han desdeñado a Dios desde hace mucho tiempo, lo han maltratado, son en extremo salvajes, no tienen el más mínimo respeto por Dios, roban y saquean, han perdido toda conciencia, van contra toda conciencia, y tientan a los inocentes para que sean insensibles. ¿Antepasados de lo antiguo? ¿Amados líderes? ¡Todos ellos se oponen a Dios! ¡Su intromisión ha dejado todo lo que está bajo el cielo en un estado de oscuridad y caos! ¿Libertad religiosa? ¿Los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar el pecado!” (‘La obra y la entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Vi la demoníaca esencia que se resiste a Dios del gran dragón rojo. Esos oficiales atacaron brutalmente a una mujer de mediana edad solo porque cree en Dios, no les importaba si vivía o moría. Esto me enojó mucho. Dios creó la humanidad, deberíamos creer en Él y adorarlo, pero el gran dragón rojo tortura a la gente para que niegue y traicione a Dios. ¡Son despreciables, malvados y crueles! Creía que los funcionarios y los policías eran buenas personas. Después de que me persiguiera el gran dragón rojo, me di cuenta de que cuando dicen que tenemos derechos y libertad de culto, solo mienten y engañan. Arrestan frenéticamente, persiguen y torturan a los creyentes, y están ansiosos por matarlos a todos. Solo son unos demonios que se resisten a Dios. Los odio a todos desde el fondo de mi corazón. Quiero entregarle mi corazón a Dios, seguirlo y cumplir mi deber.

En 2013, arrestaron otra vez a mi mamá. Al principio, me preocupé un poco. Pensé: “¿Torturarán otra vez a mi mamá? ¿La enviarán a prisión? ¿Podrá su cuerpo resistir otra condena en prisión?”. Mientras pensaba en esto, me di cuenta de que la habían arrestado con permiso de Dios. Yo debía someterme y buscar la intención de Dios. Pensé en estas palabras de Dios: “¿Alguna vez habéis aceptado las bendiciones que os han sido dadas? ¿Alguna vez habéis buscado las promesas que se hicieron por vosotros? Con toda seguridad, bajo la guía de Mi luz, os abriréis paso entre el dominio de las fuerzas de la oscuridad. En medio de la oscuridad, ciertamente no perderéis la luz que os guía. Con seguridad seréis el amo de toda la creación. Con seguridad seréis un vencedor delante de Satanás. Con seguridad, cuando caiga el reino del gran dragón rojo, os erguiréis entre las grandes multitudes para dar testimonio de Mi victoria. Con seguridad permaneceréis firmes e inquebrantables en la tierra de Sinim. A través de los sufrimientos que soportéis, heredaréis Mis bendiciones, y, con seguridad, irradiaréis Mi gloria por todo el universo” (‘Capítulo 19’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me ayudaron a entender que esta vez, fue arrestada con el permiso de Dios. Dios usa la persecución del gran dragón rojo para perfeccionar nuestra fe, darnos verdad, y permitirnos ser firmes en el testimonio. También oí las enseñanzas de mis hermanos sobre creyentes arrestados varias veces, y, tras tanto tiempo en prisión, ya no los limitaba la influencia de Satanás. Aún creían en Dios y cumplían su deber cuando los liberaban, se sentían liberados y libres. Era la salvación de Dios. Tras entender la intención de Dios, me sentí mucho más serena. Oré a Dios por mi mamá, le pedí que la ayudara a no temer la influencia del gran dragón rojo y a dar rotundo testimonio para Él. No sabía cuánto tiempo estaría separada de ella esta vez, pero me sentía en paz. Poco después, me aboqué a cumplir mi deber.

Después, mi mamá me dijo que, cuando el oficial buscó su prontuario para ver sus delitos anteriores, sorprendentemente, no había nada en el registro. Mi mamá dijo que en sus dos arrestos anteriores había experimentado la guía de Dios ante la adversidad y Sus actos milagrosos. También ganó una mejor comprensión de la soberanía todopoderosa de Dios, y su fe había crecido. Cuando el oficial le preguntó cómo esparcían el evangelio, mi mamá dio testimonio de la obra de Dios. A través de la experiencia de mi mamá, vi cuán sabio es Dios. Usa la persecución del gran dragón rojo para darnos valor, sabiduría y fe, para mejorar nuestro discernimiento para ver la demoníaca esencia del gran dragón rojo, despreciarlo y abandonarlo. El gran dragón rojo solo es un peón en la mano de Dios. Usa métodos para alterar y entorpecer la obra de Dios, pero no hace más que servir al pueblo escogido de Dios. ¡Es un tigre de papel! Tras ver Su omnipotencia y sabiduría, sentí más confianza en seguir a Dios y experimentar Su obra. Pensé en estas palabras de Dios: “Cuando comienzo formalmente Mi obra, todas las personas se mueven cuando Yo me muevo, de tal manera que, en todo el universo, las personas se mantienen ocupadas siguiendo el mismo paso que Yo; hay ‘júbilo’ por todo el universo y el hombre es impulsado por Mí. Como consecuencia, el gran dragón rojo mismo es puesto por Mí en un estado de frenesí y de desconcierto y sirve a Mi obra, y, a pesar de no estar dispuesto, es incapaz de seguir sus propios deseos, pero no le queda otra opción más que someterse a Mi control. En todos Mis planes, el gran dragón rojo es Mi contraste, Mi enemigo, y, también, Mi sirviente; así pues, nunca he flexibilizado Mis ‘requisitos’ con respecto a él. Por lo tanto, la etapa final de la obra de Mi encarnación se completa en su casa. De esta manera, el gran dragón rojo es más capaz de darme un servicio apropiadamente, por medio de lo cual Yo lo conquistaré y completaré Mi plan” (‘Capítulo 29’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

La persecución del gran dragón rojo tal vez me hizo sufrir más que a otros niños, pero, a pesar de la adversidad y de la debilidad, me fortalecí. Estas experiencias han sido muy valiosas para mí. Ayudaron a darme una profunda convicción de que solo Dios está siempre ahí para ayudar y darme apoyo. Mientras no perdamos la fe en Dios, Él nos guía a través de la adversidad, y podemos ser testigos de Su obra. ¡Estoy dispuesta a confiar en Dios para seguirlo con resolución, cumplir mi deber y retribuir a Su amor!

La cita bíblica marcada (*) ha sido traducida de AKJV.

Anterior: Cómo llega la fe

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

Contenido relacionado

Libre del yugo del estatus

Por Vladhia, Francia El año pasado, nuestra líder, la hermana Laura, fue reemplazada por no haber hecho ninguna obra práctica. Después de...

Historia de dos detenciones

Por Zhou Yi, China Una noche, en septiembre de 2002, un hermano más joven y yo volvíamos a casa tras predicar el evangelio. De pronto, se...

Cuál es la naturaleza del amor de Dios

Nunca pensé que el sufrimiento fuese una forma de bendición de Dios. Sólo después de saber de la experiencia de mi hermana, me di cuenta de que el refinamiento del sufrimiento es una manifestación verdadera del amor de Dios.

Contacta con nosotros por WhatsApp