858 Quienes provocan el carácter de Dios deben ser castigados

1 Dios no participa en las políticas del hombre, pero controla el destino de un país o nación. Él controla este mundo y todo el universo. El destino del hombre y el plan de Dios están íntimamente relacionados, y ningún hombre, país o nación está exento de la soberanía de Dios. Si el hombre desea conocer su destino, debe venir ante Dios. Él hará que los que le siguen y adoran prosperen, y traerá declive y extinción sobre los que le resisten y lo rechazan.

2 Recuerda la escena bíblica en la que Dios forjó la destrucción sobre Sodoma, y piensa también cómo acabó siendo una estatua de sal la esposa de Lot. Piensa cómo se arrepintió de sus pecados el pueblo de Nínive en cilicio y cenizas, y recuerda lo que siguió después de que los judíos clavasen a Jesús en la cruz hace 2.000 años. Los judíos fueron expulsados de Israel y huyeron a países alrededor del mundo. Muchos murieron asesinados, y toda la nación judía se vio sometida a una destrucción sin precedentes.

3 Habían clavado a Dios en la cruz —cometieron un crimen atroz— y provocaron Su carácter. Se les hizo pagar por lo que hicieron, se les hizo cargar con las consecuencias de sus actos. Condenaron a Dios, lo rechazaron y, por tanto, sólo tenían un destino: ser castigados por Él. Esta es la amarga consecuencia y el desastre que sus gobernantes trajeron a su país y nación.

Adaptado de ‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

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