Palabras diarias de Dios | Fragmento 388 | "Cómo caminar por la senda de Pedro"

30 Dic 2020

Lo que Pedro buscó fue llegar a conocerse a sí mismo, y ver lo que se había revelado en él a través del refinamiento de las palabras de Dios y dentro de las diversas pruebas que Dios le suministró. Cuando de verdad llegó a entenderse a sí mismo, Pedro se dio cuenta de lo corruptos, lo inútiles y lo indignos de servir a Dios que son los humanos, y de que no merecen vivir delante de Él. Pedro se postró entonces ante Dios. Al final, pensó: “¡Conocer a Dios es lo más preciado! Sería una lástima que muriese sin conocerlo. Siento que conocer a Dios es lo más importante y lo más valioso que hay. Si el hombre no conoce a Dios, entonces no merece vivir y no tiene vida”. Para cuando la experiencia de Pedro había alcanzado este punto, él ya había llegado a ser bastante consciente de su propia naturaleza y obtenido un conocimiento relativamente bueno de ella. Aunque quizá no habría sido capaz de explicarlo a fondo como las personas de hoy se imaginan, Pedro había llegado a este estado. Por consiguiente, la senda de la búsqueda de la vida y de alcanzar la perfección por Dios implica obtener un entendimiento más profundo de la propia naturaleza a partir de las declaraciones de Dios, así como comprender los aspectos de la propia naturaleza y describirla en palabras. Entender a fondo la antigua vida de una persona —la vida de esa vieja naturaleza satánica— significa haber obtenido los resultados que Dios exige. Si tu conocimiento no ha llegado a este punto todavía, pero afirmas conocerte a ti mismo y haber ganado vida, ¿no es esto entonces una simple fanfarronada? No te conoces a ti mismo ni sabes lo que eres delante de Dios, si has cumplido de verdad con los estándares de un ser humano o cuántos elementos satánicos sigues teniendo en ti. Sigues sin tener claro a quién perteneces y ni siquiera tienes autoconocimiento; entonces, ¿cómo puedes tener razón frente a Dios? Cuando Pedro buscaba la vida, se centraba en conocerse a sí mismo y en transformar su carácter a lo largo de sus pruebas. Se esforzó por conocer a Dios y, al final, pensó: “Las personas deben buscar entender a Dios en vida; conocerlo es lo más crítico. Si no conozco a Dios, no podré descansar en paz cuando muera. Una vez que lo conozca, si Dios determina que yo muera, entonces sentiré que es lo más gratificante; no me quejaré en lo más mínimo y mi vida entera se habrá colmado”. Pedro no fue capaz de obtener este nivel de entendimiento ni alcanzar este punto inmediatamente después de empezar a creer en Dios; primero tuvo que pasar por multitud de grandes pruebas. Su experiencia tuvo que llegar a un cierto hito y tuvo que entenderse a sí mismo por completo antes de poder sentir el valor de conocer a Dios. Por tanto, la senda que Pedro tomó fue la de obtener la vida y ser perfeccionado; este era el aspecto en el que se centró su práctica específica principalmente.

¿Qué senda estáis tomando todos vosotros ahora? Si no está en el mismo nivel que Pedro en cuanto a la búsqueda de la vida, el entendimiento de vosotros mismos y el conocimiento de Dios, entonces no estáis caminando por la senda de Pedro. Estos días, la mayoría de las personas se encuentran en este tipo de estado: “Con el fin de ganar bendiciones, debo entregarme por Dios y pagar un precio por Él. Para conseguir bendiciones, debo abandonarlo todo por Dios; debo completar aquello que Él me ha confiado, y cumplir bien con mi deber”. Esto está dominado por la intención de obtener bendiciones, lo que es un ejemplo de entregarse por completo con el propósito de obtener las recompensas de Dios y ganar una corona. Tales personas no tienen la verdad en su corazón y, sin lugar a duda, su entendimiento solo consiste en unas pocas palabras de doctrina de las que presumen por todas partes. La suya es la senda de Pablo. La fe de tales personas es un acto de labor constante y, en lo más profundo, sienten que cuanto más hagan, más quedará probada su lealtad a Dios; que cuanto más hagan, con toda certeza Dios estará más satisfecho, y que cuanto más hagan, más merecerán que se les otorgue una corona ante Dios y que sin duda recibirán las mayores bendiciones en Su casa. Piensan que si pueden soportar el sufrimiento, predicar y morir por Cristo, si pueden sacrificar su propia vida, y si pueden acabar todos los deberes que Dios les ha encomendado, entonces estarán entre los más bendecidos de Dios, aquellos que obtienen las mayores bendiciones, y sin duda se les concederán coronas. Es exactamente lo que Pablo imaginó y buscó, la senda exacta por la que transitó; y fue bajo la guía de tales pensamientos que trabajó para servir a Dios. ¿Acaso esos pensamientos e intenciones no surgen de una naturaleza satánica? Igual que los seres humanos mundanos, que creen que mientras estén en la tierra deben buscar el conocimiento y, solo después de obtenerlo, pueden destacar entre la multitud, convertirse en un oficial y tener estatus, piensan que lo tuvieron una vez, se pueden dar cuenta de sus ambiciones y llevar sus casas y negocios a ciertos niveles. ¿Acaso no siguen todos los incrédulos esta senda? Los que son dominados por esta naturaleza satánica solo pueden ser como Pablo en su fe: “Debo desecharlo todo y entregarme por Dios; debo ser fiel ante Él y, al final, recibiré la corona más magnífica y las bendiciones más extraordinarias”. Esta es la misma actitud que la de las personas mundanas que buscan cosas mundanas; no difiere en absoluto y están sujetas a la misma naturaleza. Cuando las personas tienen ese tipo de naturaleza satánica, en el mundo buscarán obtener conocimiento, estatus, aprendizaje y destacar entre la multitud; en la casa de Dios, procurarán entregarse a Dios, ser fieles y, eventualmente, recibirán coronas y grandes bendiciones. Si las personas no poseen la verdad, después de convertirse en creyentes en Dios, ni han pasado por una transformación en su carácter, con toda seguridad estarán en esta senda. Esta es una realidad que nadie puede negar, y es una senda diametralmente opuesta a la de Pedro. ¿Qué senda estáis tomando todos ahora? Aunque quizás no hayas planeado tomar la senda de Pablo, tu naturaleza ha resuelto que camines por este camino, y vas en esa dirección a tu pesar. Aunque quieras pisar la senda de Pedro, si no tienes claro cómo hacerlo, entonces tomarás la senda de Pablo de manera involuntaria. Esta es la realidad de la situación.

¿Cómo exactamente hay que caminar por la senda de Pedro hoy en día? Si eres incapaz de distinguir entre la senda de Pedro y Pablo, o no las conoces en absoluto, por mucho que digas estar caminando por la senda de Pedro, no serán más que palabras vacías. Es necesario que primero tengas una idea clara de cuál es la senda de Pedro y cuál la de Pablo. Si realmente entiendes que la senda de Pedro es la senda de vida, y la única hacia la perfección, solo entonces serás capaz de conocer y captar las verdades y las específicas formas de tomar su senda. Si no entiendes el camino de Pedro, la senda por la que transitas será, definitivamente, la de Pablo, porque no habrá otra senda para ti: no tendrás elección. A la gente que no posea la verdad y no tenga determinación le resultará difícil seguir caminando por la senda de Pedro. Se puede decir que Dios os ha revelado ahora la senda hacia la salvación y perfección. Esta es la gracia y la elevación de Dios y es Él quien os guía en la senda de Pedro. Sin la dirección y el esclarecimiento de Dios, nadie sería capaz de tomar el camino de Pedro; la única opción sería descender por la senda de Pablo, siguiendo sus pisadas a la destrucción. En aquel tiempo, Pablo no sintió que fuera erróneo caminar por ese camino. Creyó por completo que era correcto. No poseía la verdad y especialmente no pasó por una transformación de carácter. Creyó demasiado en sí mismo y sintió que no había el menor problema con seguir ese camino. Siguió hacia adelante lleno de confianza y con una total seguridad en sí mismo. Al final, nunca entró en razón, y siguió pensando que para él el vivir era Cristo. Así, Pablo siguió por esa senda hasta el final y, cuando fue castigado en última instancia, todo acabó para él. La senda de Pablo no implicaba llegar a conocerse a sí mismo ni mucho menos la búsqueda de un cambio de carácter. Él nunca analizó su propia naturaleza, y no ganó conocimiento de lo que él era; simplemente sabía que él era máximo culpable de la persecución de Jesús. No había tenido el más leve entendimiento de su propia naturaleza y, después de acabar su obra, en realidad Pablo pensó que él era Cristo y que debería ser recompensado. La obra que Pablo realizó fue simplemente un servicio prestado a Dios. Para Pablo personalmente, aunque recibió algunas revelaciones del Espíritu Santo, no tuvo verdad ni vida en absoluto. Dios no lo salvó; Él lo castigó. ¿Por qué se dice que la senda de Pedro es la senda a la perfección? Porque, en la práctica de Pedro, particularmente se enfocó en la vida, en buscar conocer a Dios y a sí mismo. A través de su experiencia de la obra de Dios, llegó a conocerse, obtuvo un entendimiento de los estados corruptos del hombre, aprendió de sus propios defectos y descubrió lo más valioso que las personas deben buscar. Fue capaz de amar a Dios con sinceridad, aprendió a corresponder a Dios, obtuvo alguna verdad y poseyó la realidad que Dios exige. De todas las cosas que Pedro dijo durante sus pruebas, se puede ver que era, en efecto, aquel con más entendimiento de Dios. Por haber llegado a entender tanta verdad de las palabras de Dios, su senda fue cada vez más resplandeciente y más conforme a la voluntad de Dios. De no haber tenido esta verdad, Pedro no habría sido capaz de seguir una senda tan correcta.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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