355 ¿Qué le has devuelto a Dios?

Dios ha estado contigo por varias primaveras y otoños.

Ha vivido contigo mucho tiempo.

¿Cuántos actos viles tienes ante Él?

Las palabras sinceras que dices,

hacen eco en los oídos de Dios.

Millones de tus propósitos son incontables,

se depositan en Su altar.

Pero ni dedicación, ni una gota de sinceridad

depositas en Su altar.

¿Dónde están los frutos de tu fe?

Has recibido la gracia infinita de Dios,

has visto Sus misterios celestiales.

Dios te ha mostrado las llamas del cielo, pero no quiere quemarte.

¿Cuánto le has devuelto a Dios?

¿Cuánto le has dado voluntariamente?

Sosteniendo comida que Dios te dio, tú se la ofreces a Él,

diciendo que es tu recompensa por tu duro trabajo,

le has dado todo.

Cómo es que no sabes que todo lo que le das a Dios,

todas tus contribuciones,

son cosas que robaste de Su altar.

Ahora se las das a Dios.

¿No lo estás engañando?

Él disfruta de lo que hay en Su altar

y no de la recompensa que das.

Has recibido la gracia infinita de Dios,

has visto Sus misterios celestiales.

Dios te ha mostrado las llamas del cielo, pero no quiere quemarte.

¿Cuánto le has devuelto a Dios?

¿Cuánto le has dado voluntariamente?

Si te atreves a engañar a Dios, ¿cómo puede perdonarte?

¿Cómo puede seguir Dios soportando?

Él te ha dado todo a ti. Él ha abierto todo para ti.

Te ha dado lo que necesitas y te ha abierto los ojos.

Pero tú ignoras tu conciencia y lo engañas.

Has recibido la gracia infinita de Dios,

has visto Sus misterios celestiales.

Dios te ha mostrado las llamas del cielo, pero no quiere quemarte.

¿Cuánto le has devuelto a Dios?

¿Cuánto le has dado voluntariamente?

Adaptado de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¡Sois todos muy básicos en vuestro carácter!

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Como cientos de millones de otros seguidores del Señor Jesucristo, nosotros acatamos las leyes y los mandamientos de la Biblia, gozamos la abundante gracia del Señor Jesucristo y nos reunimos, oramos, alabamos y servimos en el nombre del Señor Jesucristo, y todo esto lo hacemos bajo el cuidado y la protección del Señor. Muchas veces somos débiles y muchas veces fuertes. Creemos que todas nuestras acciones están en conformidad con las enseñanzas del Señor. Se sobreentiende, entonces, que también creemos que caminamos el camino de la obediencia a la voluntad del Padre que está en el cielo. Anhelamos el regreso del Señor Jesús, la gloriosa llegada del Señor Jesús, el fin de nuestra vida en la tierra, la aparición del reino, y todo lo que se predijo en el Libro de Apocalipsis: el Señor llega y trae el desastre, y recompensa a los buenos y castiga a los malvados, y se lleva en los aires a los que lo siguen y acogen Su regreso para que se encuentren con Él. Cada vez que pensamos en esto, no podemos evitar que la emoción nos embargue. Estamos agradecidos de haber nacido en los últimos días y somos lo suficientemente afortunados de ser testigos de la venida del Señor. Aunque hayamos sufrido persecución, es a cambio de “un peso de gloria que sobrepasa todo y que es eterno”; ¡qué bendición que así sea! Todo este anhelo y la gracia que otorga el Señor muchas veces nos vuelven más formales en la oración y nos reúnen con más frecuencia. Tal vez el año que entra, tal vez mañana o tal vez incluso antes, cuando el hombre no se lo espere, el Señor de repente llegará y aparecerá entre un grupo de personas que han estado esperándolo atentamente.

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