12. Experimentar el tormento de la enfermedad me enseñó a someterme
Un día de junio de 2021, me sentí mareado e incómodo, así que me tomé la presión. La lectura sistólica superaba los 200 y la lectura diastólica era de 120. Después, tomé medicación y bajó, pero la presión sistólica a veces todavía se me disparaba a 160, lo que me provocaba dolores de cabeza y mareos. Empecé a preocuparme. Con la presión tan alta y teniendo que trabajar en una computadora todos los días, pensé: “Si esto sigue así, ¿y si mi estado empeora y ya no puedo realizar mi deber? ¿Aun así podré ser salvo entonces?”. Así que no quería esforzarme demasiado. En ese momento, yo era líder de la iglesia y tenía que dar seguimiento al trabajo todos los días. Además, los dos hermanos con los que cooperaba acababan de empezar a formarse, así que yo tenía que llevar una carga más pesada. Empecé a sentirme un poco resentido, preocupado por que todo ese estrés me subiera más la presión. Estaba constantemente preocupado por mi enfermedad, así que no ponía el corazón en mi deber. Solo leía por encima los distintos principios, entendiendo apenas el significado literal, pero no podía aplicarlos realmente a mi deber. Cuando veía que nuestro trabajo no daba buenos resultados, no me esforzaba de verdad en buscar cómo resolver nuestros problemas, porque temía constantemente que dedicarle mucha energía a esto hiciera que se me disparara la presión.
En febrero de 2023, debido a mis frecuentes dolores de cabeza y mareos, el hermano de mi familia de acogida me insistió en que fuera al hospital para una revisión. Después, el médico me dijo que había tenido un infarto cerebral y que necesitaba tratamiento urgente. Me advirtió que, si empeoraba, podría provocarme una parálisis o incluso poner en peligro mi vida. Me preocupé de que, si realmente se agravaba, no podría hacer mi deber, y entonces, ¿no se desvanecería toda mi esperanza de ser salvo? Quería ser tratado de inmediato, pero entonces recibí una carta que decía que habían arrestado a un líder de la iglesia y que se había vuelto un judas, y que yo necesitaba mudarme de inmediato. Después de eso, no me atreví a volver al hospital. Más tarde, empecé a hacer un deber relacionado con textos. Una mañana, al intentar levantarme de la cama, sentí una oleada de mareo y náuseas tan fuerte que ni siquiera podía ponerme de pie. Tuve que volver a acostarme. Pensé: “Ya tengo presión alta y un infarto cerebral. ¿Será que el infarto ha empeorado y se me ha obstruido un vaso sanguíneo?”. Quería ir a casa a tratarme, pero la policía todavía me buscaba. No podía volver. Así que oré a Dios y leí Sus palabras de enseñanza sobre cómo experimentar la enfermedad. Al día siguiente, el mareo mejoró un poco. Dos meses después, mi salud se había recuperado bastante bien, pero yo seguía viviendo preocupado y con ansiedad. Tenía miedo de que un esfuerzo mental adicional me agotara y empeorara mi estado, así que no estaba dispuesto a pagar un gran precio en mi deber. Simplemente hacía las cosas por inercia para quitarme de encima el trabajo que tenía entre manos. No prestaba atención al seleccionar los artículos, lo que provocó que los que elegía fueran de mala calidad. En abril de 2024, el hermano Zheng se unió a mi equipo para cooperar conmigo, y sentí que mi carga se aligeraba un poco. Verlo allí, totalmente concentrado en su deber, me llenó de envidia. “¡Ojalá estuviera sano como él!”, pensé. “Mi salud ha empeorado mucho en los últimos años. No es solo la presión alta y el infarto cerebral; también tengo tinnitus. A menudo me siento mareado y aturdido mientras hago mi deber. Mi brazo derecho también está un poco adormecido; quizá sea por la mala circulación. Ya tengo más de sesenta años, y mi sistema inmunitario también está débil. Con una salud así, si un día quedo paralítico y no puedo realizar mi deber, ¿no me volveré inútil y perderé mi oportunidad de ser salvo y entrar en el reino de los cielos? ¿No habrían sido en vano el precio que he pagado y el sufrimiento que he soportado todos estos años?”. Al pensar en ello, me sentí un poco abatido. El hermano Zheng habló conmigo sobre que, cuando enfrentamos una enfermedad, debemos buscar la intención de Dios. Me sentí un poco molesto, pensando que era imposible que él entendiera por lo que yo estaba pasando. Pero luego me puse a pensar en cómo llevaba años viviendo en constante angustia y preocupación por mi salud, sin poner nunca mi corazón en buscar la intención de Dios. Sabía que mi estado no era correcto, así que oré a Dios: “Oh, Dios, sé que hay una intención Tuya en que esta enfermedad me sobrevenga. Por favor, guíame para entender la verdad y aprender mi lección”.
Después, leí algunas de las palabras de Dios y empecé a entender un poco mejor Su intención. Dios Todopoderoso dice: “Cuando Dios dispone que alguien contraiga una enfermedad, ya sea grave o leve, Su propósito al hacerlo no es que aprecies los pormenores de estar enfermo, el daño que la enfermedad te hace, las molestias y dificultades que la enfermedad te causa, y todo el catálogo de sentimientos que te hace sentir; Su propósito no es que aprecies la enfermedad por el hecho de estar enfermo. Más bien, Su propósito es que adquieras lecciones a partir de la enfermedad, que aprendas a captar las intenciones de Dios, que conozcas las actitudes corruptas que revelas y las posturas erróneas que adoptas hacia Él cuando estás enfermo, y que aprendas a someterte a la soberanía y a los arreglos de Dios, para que puedas lograr la verdadera sumisión a Él y seas capaz de mantenerte firme en tu testimonio; esto es absolutamente clave. Dios desea salvarte y purificarte mediante la enfermedad. ¿Qué desea purificar en ti? Desea purificar todos tus deseos y exigencias extravagantes hacia Dios, e incluso las diversas calculaciones, juicios y planes que elaboras para sobrevivir y vivir a cualquier precio. Dios no te pide que hagas planes, no te pide que juzgues, y no te permite que tengas deseos extravagantes hacia Él; solo te pide que te sometas a Él y que, en tu práctica y experiencia de someterte, conozcas tu propia actitud hacia la enfermedad, y hacia estas condiciones corporales que Él te da, así como tus propios deseos personales. Cuando llegas a conocer estas cosas, puedes apreciar lo beneficioso que te resulta que Dios haya dispuesto las circunstancias de la enfermedad para ti o que te haya dado estas condiciones corporales; y puedes apreciar lo útiles que son para cambiar tu carácter, para que alcances la salvación y para tu entrada en la vida. Por eso, cuando la enfermedad te llega, no debes preguntarte siempre cómo escapar, huir de ella o rechazarla” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (3)). En las palabras de Dios, vi que las enfermedades nos sobrevienen con Sus buenas intenciones, para transformarnos y purificarnos. Quienes persiguen la verdad pueden aprender lecciones a través de la enfermedad y alcanzar una sumisión genuina a Dios. Pero cuando la enfermedad me sobrevino, no busqué la intención de Dios ni reflexioné para llegar a conocerme. Simplemente vivía siempre inmerso en mi enfermedad, preocupado por que, si me quedaba paralítico y no podía hacer mi deber, o incluso moría, mi esperanza de ser salvo y entrar en el reino de los cielos se haría completamente trizas. Como me preocupaba que mi estado empeorara, no llevaba ninguna carga en mi deber, por miedo a agotar mi cuerpo. Cuando mis hermanos hablaban conmigo sobre aprender lecciones de la enfermedad, yo seguía sin aceptarlo. Pensaba: “Para ti es fácil hablar; no eres tú quien está enfermo y con dolor”. Siempre envidiaba la buena salud de los demás y me quejaba de que Dios no me hubiera dado un cuerpo sano. No estaba buscando la verdad ni tratando de aprender lecciones en lo más mínimo. ¿Cómo podría esperar ganar la verdad, ser purificado o ser transformado?
Más tarde, empecé a buscar la verdad sobre mis problemas. Leí las palabras de Dios: “Cuando se trata de la vieja carne del hombre, no importa la enfermedad que alguien contraiga, si es posible que la persona mejore o hasta qué punto la sufre; nada de eso depende del hombre, todo está en manos de Dios. Si cuando enfermas te sometes a las instrumentaciones de Dios y estás dispuesto a soportar y aceptar tal hecho, entonces seguirás padeciendo esa enfermedad. Si no aceptas este hecho, seguirás siendo incapaz de poder librarte de ella, de eso no cabe duda. Puedes afrontar tu enfermedad de manera positiva o negativa. Es decir, no importa la postura que adoptes, el hecho de que estás enfermo permanece inmutable” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (4)). “Cuando alguien normal se pone enfermo, siempre sufre y se deprime, y hay un límite para lo que es capaz de soportar. Sin embargo, hay algo a tener en cuenta: si las personas siempre pensaran en depender de su propia fuerza cuando están enfermas para deshacerse de la dolencia y escapar de ella, ¿al final cuál sería el resultado? Además de su enfermedad, ¿acaso no sufrirían y se sentirían aún más deprimidas? Por eso, cuanto más se vean envueltas en la enfermedad, más deben buscar la verdad, y más deben buscar la manera de practicar para ajustarse a las intenciones de Dios. Cuanto más se vean envueltas en la enfermedad, más deben presentarse ante Dios y conocer su propia corrupción y las exigencias irrazonables que le hacen a Dios. Cuanto más te veas envuelto en la enfermedad, más se pondrá a prueba tu verdadera sumisión. Por tanto, cuando estás enfermo, tu capacidad de continuar sometiéndote a las instrumentaciones de Dios y de rebelarte contra tus propias quejas y demandas irrazonables demuestra que eres alguien que de veras persigue la verdad y que realmente se somete a Dios, que das testimonio, que tu lealtad y sumisión a Dios son auténticas y pueden superar la prueba, y que tu lealtad y sumisión no son eslóganes ni doctrina. Esto es lo que la gente debe practicar cuando enferma. Cuando enfermas, esto ocurre para que se revelen todas tus exigencias irrazonables y tus figuraciones y nociones poco realistas sobre Dios, y también para poner a prueba tu fe en Dios y tu sumisión a Él. Si superas la prueba con estas cosas, entonces tendrás un testimonio verdadero y una prueba real de tu fe en Dios, de tu lealtad y de tu sumisión a Él. Esto es lo que Dios quiere, y es lo que un ser creado debe poseer y vivir. ¿Acaso no son todas estas cosas positivas?” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (4)). Las palabras de Dios señalaron la perspectiva correcta y la senda de práctica para cuando enfrentamos una enfermedad: creer genuinamente en la soberanía y las disposiciones de Dios y someternos a ellas, y no tratar de deshacernos de la enfermedad por nuestra cuenta; eso solo traerá más sufrimiento. Yo mismo tuve cierta experiencia práctica de las palabras de Dios. Cuando la presión me subió a más de 200, me aterroricé. Pensé que, si no me enfocaba en cuidarme o si sufría una caída accidental, terminaría paralítico o incluso muerto. Tenía miedo de que, si un sobreesfuerzo mental en mi deber empeoraba mi estado, tendría graves consecuencias, así que vivía constantemente inmerso en emociones negativas de angustia y ansiedad. Esto le trajo a mi cuerpo y a mi mente mucha presión y dolor, y afectó mi deber. ¿No era todo esto porque no conocía la soberanía de Dios? La verdad es que, si mi estado es grave o leve, o cuándo moriré, nada de eso se puede cambiar preocupándome o angustiándome. Todo está bajo la soberanía y las disposiciones de Dios. Por ejemplo, después de que empecé con la presión alta, hubo una semana en que me caí de la bicicleta dos veces, y fueron caídas muy fuertes. En ese momento, pensé: “Ya está, probablemente me voy a quedar paralítico”. Pero resultó que solo tuve algunos rasguños leves; no fue ni de lejos tan grave como había imaginado. ¿No fue eso la protección de Dios? Tenía que cambiar mi perspectiva equivocada y enfrentar mi enfermedad correctamente. Debo recibir tratamiento cuando sea necesario, pero en cuanto a si mejoraré o si viviré o moriré, no puedo hacerle exigencias a Dios, y ciertamente no debo malinterpretarlo ni quejarme de Él. Tengo que someterme a la soberanía y las disposiciones de Dios y, en medio de la enfermedad, buscar más la verdad, reflexionar y llegar a conocerme. Esa es la única manera de obtener ganancias reales.
Después, seguí reflexionando sobre la causa de por qué vivía en emociones negativas. Leí las palabras de Dios: “Todas las personas creen en Dios para obtener bendiciones, recompensas y coronas. ¿Acaso no tiene toda persona esta intención en su corazón? En realidad, sí. Esto es un hecho. Aunque la gente no suele hablar de ello, e incluso encubre su intención y deseo de obtener bendiciones, este deseo, esta intención y este motivo que yacen en lo profundo del corazón de las personas nunca han vacilado. No importa cuánta teoría espiritual entiendan, qué conocimiento vivencial tengan, qué deber puedan hacer, cuánto sufrimiento soporten o qué precio paguen, nunca se desprenden de la intención de obtener bendiciones que se oculta en lo profundo de su corazón, y siempre se afanan y corren silenciosamente a su servicio. ¿No es esto lo que está enterrado más profundamente en el corazón de las personas? Sin esta intención de obtener bendiciones, ¿cómo os sentiríais? ¿Con qué actitud haríais vuestro deber y seguiríais a Dios? ¿Qué sería de las personas si esta intención de obtener bendiciones que se oculta en su corazón fuera completamente erradicada? Es posible que muchas de ellas se volvieran negativas, y que algunas se desmotivaran en sus deberes y perdieran el interés en su fe en Dios. Parecería que han perdido el alma, y daría la impresión de que les han arrancado el corazón. Por eso digo que la intención de obtener bendiciones es algo oculto en lo profundo del corazón de las personas” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Seis indicadores de crecimiento vital). “Antes de decidirse a cumplir su deber, en lo más hondo de su corazón, los anticristos están rebosantes de expectativas en lo que se refiere a sus perspectivas, a ganar bendiciones, un buen destino y hasta una corona, y poseen la máxima confianza en obtener estas cosas. Acuden a la casa de Dios para cumplir su deber con esas intenciones y aspiraciones. ¿Contiene, pues, su cumplimiento del deber la sinceridad, la fe y la lealtad genuinas que Dios exige? En este punto uno no puede atisbar aún su lealtad, fe o sinceridad genuinas porque todos albergan una mentalidad completamente transaccional antes de cumplir su deber; todos toman la decisión de llevar a cabo su deber movidos por intereses y partiendo también de la condición previa de sus desbordantes ambiciones y deseos. ¿Qué intención tienen los anticristos al cumplir su deber? Hacer un trato y llevar a cabo un intercambio. Cabría decir que estas son las condiciones que fijan para llevar a cabo su deber: ‘Si cumplo con mi deber, debo obtener bendiciones y alcanzar un buen destino. Debo obtener todas las bendiciones y los beneficios que dios ha dicho que están reservados para la humanidad. En caso de no poder obtenerlos, no cumpliré este deber’. Acuden a la casa de Dios para llevar a cabo su deber con esas intenciones, ambiciones y deseos. Parece como si tuviesen cierta sinceridad y, por supuesto, en el caso de nuevos creyentes que acaban de empezar a llevar a cabo su deber, también puede describirse como entusiasmo. Sin embargo, esto carece de fe genuina o de lealtad; solo hay un cierto grado de entusiasmo, no se puede calificar de sinceridad. A juzgar por esta actitud de los anticristos ante el cumplimiento de su deber, se trata de algo completamente transaccional y repleto de sus deseos de beneficios, tales como ganar bendiciones, entrar en el reino de los cielos, obtener una corona y recibir recompensas” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (VII)). En las palabras de Dios, vi que los anticristos vienen a la iglesia a realizar su deber solo para ganar bendiciones. Para ganar bendiciones, un anticristo puede renunciar a todo, entregarse y pagar un precio, pero en el momento en que siente que no puede obtener bendiciones, es capaz de traicionar a Dios. Al reflexionar sobre mí mismo, me di cuenta de que mis propias intenciones y metas al creer en Dios eran exactamente las mismas: ganar bendiciones y entrar en el reino de los cielos. A lo largo de todos estos años de fe, no me he dejado constreñir por la persecución del PCCh ni por las burlas y calumnias del mundo, y he persistido en seguir a Dios y hacer mi deber. Hice todo esto pensando que el precio que pagué y mi entrega me ganarían la gracia y las bendiciones de Dios, y asegurarían mi entrada en el reino de los cielos. Cuando me subió la presión y tuve un infarto cerebral, me preocupaba que, si la presión me subiera, terminaría paralítico aunque no muriera, y, si no pudiera hacer mi deber, perdería la bendición de entrar en el reino de los cielos. Por eso siempre estaba en un estado abatido. Cuando veía que mi deber no estaba dando buenos resultados, no me angustiaba por ello; más bien, me preocupaba que el agotamiento mental empeorara mi estado y perdiera mi oportunidad de ganar bendiciones. Vi que todo lo que pensaba y hacía era para mi propio beneficio carnal. Creía en Dios, renunciaba a cosas y me entregaba, todo con el fin de obtener bendiciones. Estaba viviendo según esa regla satánica de supervivencia: “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”. Para ganar bendiciones, podía renunciar a cosas y entregarme sin prestar atención a nada más, pero si no había bendiciones para mí, simplemente me volvía negativo y holgazaneaba. ¿No estaba revelando el carácter de un anticristo? En los últimos días, Dios expresa la verdad para realizar la obra de salvar a la humanidad. La intención de Dios no es que lo siga y haga mi deber solo para obtener bendiciones. Él espera que, en el proceso de hacer mi deber, persiga la verdad para resolver mis actitudes corruptas, cambie mis puntos de vista equivocados sobre la fe, me despoje de las cosas que son de Satanás y me convierta en alguien que esté de acuerdo con las intenciones de Dios. Solo entonces podré recibir la aprobación de Dios. En cambio, yo siempre había estado viviendo en un carácter satánico egoísta e interesado, buscando siempre solo bendiciones. ¿Acaso no estaba yo caminando por la senda de Pablo? Pablo creía en Dios, pero no perseguía la verdad y vida. Trataba todo su trabajo y su labor para Dios como una moneda de cambio para ganar una corona y bendiciones, intentando hacer un trato con Dios. Después de años de fe, sus actitudes corruptas satánicas no habían cambiado ni un ápice. Clamó descaradamente contra Dios exigiéndole una corona y, al hacerlo, ofendió el carácter de Dios y fue castigado. Si creo en Dios, pero no persigo la verdad y vida, y siempre estoy buscando bendiciones e intentando negociar con Dios, también seré castigado si no me arrepiento. Al darme cuenta de las consecuencias de seguir por esta senda, oré a Dios: “Oh, Dios, sé que Tus buenas intenciones están detrás de esta enfermedad. Es para revelarme y salvarme. Es Tu amor el que desciende sobre mí, permitiéndome ver con claridad que todo este tiempo solo he estado buscando bendiciones y he estado recorriendo la senda equivocada. Oh, Dios, estoy dispuesto a arrepentirme. De ahora en adelante, me centraré en perseguir la verdad”. Después de orar, sentí mi corazón mucho más en paz y tranquilo.
Más tarde, reflexioné sobre otro punto de vista equivocado que tenía: la idea de que, si mi enfermedad se agravaba y no podía hacer mi deber, no podría ser salvo. Seguí buscando la verdad para resolver esto. Leí las palabras de Dios: “Salvarse significa, principalmente, librarse del pecado, librarse de la influencia de Satanás, y volverse a Dios y someterse a Él sinceramente. ¿Qué debéis tener para ser libres de pecado y de la influencia de Satanás? La verdad. Si la gente espera recibir la verdad, debe dotarse de muchas palabras de Dios, ser capaz de experimentarlas y practicarlas, para que pueda comprender la verdad y entrar en la realidad. Será entonces cuando podrá salvarse. No tiene nada que ver que uno pueda salvarse o no con cuánto tiempo lleve creyendo en Dios, con cuánto conocimiento tenga, con si posee dones o fortalezas, o con cuánto sufra. Lo único que guarda relación directa con la salvación es si una persona es capaz o no de recibir la verdad” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). Dios ha dejado perfectamente claro el estándar para ser salvo. Él mira principalmente si las personas pueden vivir la realidad de Sus palabras; si, en todas las cosas, dejan de vivir según las filosofías satánicas y, en cambio, contemplan a las personas y las cosas, y se comportan y actúan, de acuerdo con Sus palabras y los principios-verdad; si le tienen temor, sumisión, lealtad y amor; y si viven una verdadera semejanza humana. Solo quienes posean estas realidades-verdad serán salvos por Dios. Pero en cuanto a mí, después de todos mis años de fe, no me había despojado de mis actitudes corruptas como la arrogancia, la vanidad, el egoísmo o la vileza. Aunque era capaz de sufrir un poco y pagar un pequeño precio al realizar mi deber, en realidad estaba tratando de negociar con Dios con mi deseo de ganar bendiciones. Todo mi ser seguía viviendo bajo la oscura influencia de Satanás, ni siquiera estaba cerca de ser salvo. Si no resuelvo estas actitudes corruptas, si ese deseo de bendiciones sigue en mi corazón, entonces, aunque esté realizando un deber, al final tampoco seré salvo. Tengo que centrarme en perseguir la verdad. Esa es la única manera de tener una oportunidad de ser salvo.
Además, mi constante preocupación de que si me enfermara gravemente y muriera, no podría ser salvo también provenía de no entender la verdad. Así que busqué palabras de Dios pertinentes para leer. Dios Todopoderoso dice: “Si justo antes de que te vayan a quitar la vida estás tranquilo, dispuesto y te sometes sin quejarte, sientes que has cumplido con tus responsabilidades, obligaciones y deberes hasta el final y tu corazón está alegre y en paz; si partes así, entonces, para Dios, no te has ido en absoluto. En cambio, vives en otro reino y en otra forma. Lo único que ha pasado es que tu manera de vivir ha cambiado, no estás realmente muerto. Tal como lo ve el hombre: ‘Esta persona murió a una edad temprana, ¡qué pena!’. Pero a ojos de Dios, no has muerto ni has partido para sufrir. En cambio, has partido para disfrutar de las bendiciones y acercarte más a Dios. Esto es debido a que, como ser creado, a ojos de Dios ya has alcanzado el nivel acorde al estándar en la realización de tu deber, ahora ya lo has completado y Dios ya no necesita que sigas haciendo este deber entre las filas de los seres creados. Para Dios, tu ‘partida’ no se llama ‘partida’, sino que eres ‘llevado’, ‘recogido’ o ‘conducido’, y eso es algo bueno” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Predicar el evangelio es el deber que todos los creyentes están obligados a cumplir). Gracias a las palabras de Dios entendí que algunas personas, mientras están vivas, son capaces de aferrarse a su deber sin importar lo que enfrenten, ya sea persecución, tribulación, el tormento de la enfermedad o dificultades económicas, sin quejarse de Dios ni traicionarlo. Esas personas han dado un testimonio genuino. Aunque su carne muera, en realidad Dios las lleva a vivir en otro espacio. Siempre me había preocupado que morir significara perder mi oportunidad de ser salvo, pero la realidad es que el resultado de una persona después de la muerte está determinado por su actitud hacia Dios y la verdad mientras estaba viva. Pensé en Job. Él creía que Dios es el Soberano de los cielos, la tierra y todas las cosas. Toda su vida, siguió a Dios y transitó el camino de temer a Dios y evitar el mal. Cuando se enfrentó a la muerte, no tuvo preocupación ni miedo, porque creía que Dios es soberano sobre la vida y la muerte de una persona y las dispone. Por lo tanto, pudo enfrentarla con calma. Job era un hombre que temía a Dios y evitaba el mal. Se mantuvo firme en su testimonio durante las tentaciones de Satanás, y, aunque murió, Dios lo salvó. Como yo no entendía la verdad y no podía calar los asuntos de la vida, la muerte y la salvación, siempre me preocupaba que morir significara que no podría ser salvo. ¡Qué necio fui! En realidad, aunque esté vivo, si no estoy persiguiendo la verdad, si no recorro el camino de temer a Dios y evitar el mal, y en mi fe en Dios renuncio a cosas y me entrego solo para obtener una corona y bendiciones, entonces a los ojos de Dios, no hay diferencia entre que yo esté vivo o muerto. No tiene nada que ver con la salvación. Eso es porque tal entrega es para el beneficio de la carne; es egoísta y no está cumpliendo el deber y la responsabilidad de un ser creado. Ahora, Dios todavía me está dando la oportunidad de vivir. Ya no puedo estar consumido por las preocupaciones sobre la vida, la muerte o las bendiciones. Mientras esté vivo, debo perseguir la verdad con seriedad y cumplir mi deber como ser creado para satisfacer a Dios. Eso es por lo que debo preocuparme y en lo que debo centrarme más. Solo ganando la verdad y viviendo la realidad-verdad mi corazón tendrá alegría y paz; solo entonces ya no temeré a la muerte.
Hoy en día, todavía me duele la cabeza y me siento mareado cuando realizo mi deber durante mucho tiempo, pero ya no vivo tan inmerso en la enfermedad. Si me duele la cabeza, descanso un poco. En mi vida diaria, también trato de hacer más ejercicio y ya no estoy preocupado ni ansioso por lo que le pasará a mi cuerpo, o si viviré o moriré. Cada día que viva, haré mi deber lo mejor que pueda. ¡Gracias a Dios!