51. Cuando no pude estar al lado de mi padre para honrarlo

Por Lan Yu, China

La luz del sol de esa tarde de invierno era suave y apacible. Se filtraba por la ventana hasta un alféizar lleno de plantas, y varias macetas con flores y plantas absorbían con avidez esa luz nutritiva. Lan Yu miró por la ventana y sintió una bocanada de libertad. La habían condenado a tres años y cuatro meses por creer en Dios y acababa de salir en libertad. Su hermana mayor también había sido arrestada dos veces, y a su padre lo habían arrestado y condenado a tres años y medio. Tras ser puestos en libertad, siguieron bajo estricta vigilancia como objetivos clave del gobierno del PCCh. Llevaban más de diez años separados y no habían podido reunirse. Más tarde, con la ayuda de sus hermanos y hermanas, Lan Yu se puso en contacto con su padre, y la añoranza que había estado sellada durante más de una década se volvió incontenible. ¡Por fin podría ver a su padre, a quien había extrañado durante tanto tiempo! Llena de emoción, Lan Yu se apresuró a ir al lugar donde se reuniría con su padre. Cuando estaba a punto de llegar a su destino, a través de la ventanilla del coche, Lan Yu vio a lo lejos a un anciano de pie junto a un taxi, con una mascarilla que le cubría la mitad de la cara. Lan Yu examinó con atención al anciano y, de repente, frunció el ceño y se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos: ¿no era ese su padre, a quien no había visto en catorce años? El pelo canoso asomaba por debajo del sombrero, y aquel hombre fuerte que recordaba ya no se erguía tan recto. El hombre delgado estaba de pie junto a la carretera, buscando algo con la mirada. Cuando el coche giró en una esquina y se detuvo, Lan Yu abrió la puerta con impaciencia y corrió hacia su padre. Luchó por contener las lágrimas que estaban a punto de brotar y lo llamó suavemente: “¡Papá!”. Su padre respondió con un: “¡Ey!”. Tenía los ojos ya húmedos cuando respondió, y la apremió: “Rápido, sube al coche. Vamos a casa”.

El sol se ponía por el oeste y el resplandor del atardecer teñía de rojo cada rincón del pueblo. El frío del invierno se iba instalando poco a poco y, aunque el viento le rozaba la cara, Lan Yu no sentía frío. Al entrar en casa, su padre se apresuró a ordenar la ropa de cama y le preguntó a Lan Yu qué quería comer, y ella se sintió arropada en calidez y felicidad. Al girar la cabeza, de repente vio una tomografía colgada en la pared y, al abrir la puerta de la habitación interior, vio bolsas de medicamentos sobre la mesa. Lan Yu supuso que su padre no estaba bien y no pudo evitar preocuparse. Después de la cena, Lan Yu y su padre hablaron de sus vivencias de los últimos años, y ella se enteró de que su padre había contraído tuberculosis dos veces en la cárcel. Tenía los pulmones gravemente dañados y respiraba con sibilancias y tosía en cuanto se resfriaba. En los dos últimos años, también le diagnosticaron cálculos biliares. Últimamente había estado tomando medicamentos para controlarlo; si empeoraba, necesitaría cirugía. Debido al acoso constante de las fuerzas policiales del PCCh, su padre no se había atrevido a contactar a los hermanos y hermanas durante más de nueve años y no había podido vivir la vida de iglesia, y los hermanos y hermanas solo podían enviarle en secreto las últimas palabras de Dios, videos de testimonios vivenciales, etc. Al escuchar a su padre relatar estas cosas, Lan Yu se sintió muy angustiada. Su padre había sufrido mucho por la persecución del PCCh y, como hija, ella no había hecho nada por él, y sentía que había sido bastante mala hija. Más tarde, cuando los parientes de Lan Yu se enteraron de que había salido de la cárcel, la llamaron y le insistieron una y otra vez: “Tu padre se está haciendo mayor y no está bien de salud; necesita que alguien lo cuide. Ahora que has vuelto, deberías conseguir un trabajo, ganar dinero y cuidar de él”. Las palabras de sus parientes resonaron en su corazón, y pensó: “Mi padre me crio y, además, me llevó ante Dios y me enseñó a elegir la senda correcta en la vida. Ahora que es viejo y está enfermo, debo cumplir mi responsabilidad como hija, estar a su lado para hablar con él y cuidarlo para que pase sus días feliz”. Lan Yu entonces consultó a médicos por internet sobre la condición de su padre, y trabajó duro para ganar dinero a fin de que su padre no tuviera que preocuparse por no tener suficiente para medicinas y tratamiento. Lan Yu tenía muchas ganas de pasar más tiempo con su padre, y se sentía feliz cada vez que lo veía sonreír.

Un día, Lan Yu llegó a casa del trabajo y su padre le dijo que había llegado una carta de los líderes. La carta decía que, como la policía podía ir a acosarla en cualquier momento mientras estuviera en casa y allí no podía realizar su deber, y como la iglesia necesitaba urgentemente gente para el trabajo relacionado con textos, esperaban que pudiera irse de casa para hacer su deber. Después de leer la carta, Lan Yu sintió una mezcla de alegría y preocupación. Llevaba varios años sin realizar el deber y, como ser creado que disfruta de todo lo que Dios le había dado, no tenía la conciencia tranquila. Pero Lan Yu no podía dejar de preocuparse por su padre. Últimamente, la enfermedad de su padre había empeorado y le dolía la vesícula todos los días. Si se marchaba, ¿quién lo cuidaría si algún día necesitaba una operación? Si se iba para realizar sus deberes, no habría nadie cerca para llevarle agua o medicinas. Lan Yu recordó haber oído a su padre decir una vez: “Como tu hermana es buscada y a ti te arrestaron y condenaron, nuestros parientes me criticaron y se quejaron de mí, y la gente del pueblo me evitaba”. Su padre no había tenido a nadie con quien compartir su dolor, y se había vuelto tan negativo y débil que incluso había pensado en quitarse la vida. Pero luego, al recordar las palabras de Dios, salió de su negatividad. Lan Yu estaba muy preocupada y pensaba: “¿Y si me voy de casa para realizar mi deber y mi padre hace alguna tontería en medio de su sufrimiento? Se está haciendo mayor y necesita que alguien lo cuide. ¿Qué pensarán de mí mis parientes y amigos si me voy de casa? ¿No dirán que soy mala hija y que no tengo humanidad? Pero en casa no podré realizar mi deber. Desde que salí de la cárcel, la policía ya me ha llamado varias veces para que me presente en la comisaría y firme una declaración de arrepentimiento”. Solo de pensar en un futuro de acoso policial interminable en el que no podría asistir a reuniones ni hacer su deber, Lan Yu finalmente decidió irse de casa para realizar su deber. Pero cuando salió de su habitación y vio la frágil figura de su padre a través de la ventana del salón, fue como si estuviera viendo a su padre solo en casa después de que ella se fuera, sin nadie que lo acompañara. Volvió a su habitación, llorando mientras oraba a Dios: “Dios, quiero hacer mi deber, pero me preocupa que no haya nadie que cuide de mi padre. Mi padre se está haciendo mayor, pero no estaré a su lado para ser una buena hija. Siento que, al hacer esto, carezco por completo de humanidad. Dios, esta decisión es muy difícil. Por favor, esclaréceme y guíame para que pueda entender Tus intenciones”.

Después de orar, Lan Yu leyó las palabras de Dios: “Si, a tenor de tu entorno vital y del contexto en que te encuentras, honrar a tus padres no está reñido con el cumplimiento de la comisión de Dios y del deber —o sea, si el hecho de honrar a tus padres no afecta a tu leal cumplimiento del deber—, puedes practicar ambas cosas al mismo tiempo. No es necesario que en apariencia te separes de tus padres ni que muestres de cara al exterior que renuncias a ellos o los rechaces. ¿Qué situación se rige por esto? (Cuando honrar a los padres no entra en conflicto con el cumplimiento del deber). Exactamente. Es decir, si tus padres no tratan de impedirte creer en Dios, también son creyentes y realmente te apoyan y animan a cumplir con tu deber lealmente y a llevar a cabo la comisión de Dios, entonces tu relación con ellos no es una relación carnal entre familiares en el sentido habitual del término, sino una relación entre hermanos y hermanas de la iglesia. En ese caso, aparte de relacionarte con ellos como hermanos y hermanas de la iglesia, también debes cumplir con algunas de tus responsabilidades filiales para con ellos. Debes demostrarles algo más de preocupación. Mientras eso no afecte a tu cumplimiento del deber —mientras tu corazón no esté limitado a ellos—, puedes llamar a tus padres para preguntarles cómo están y demostrar algo de preocupación por ellos, puedes ayudarlos a resolver algunas dificultades y ocuparte de algunos de sus problemas en la vida, y puedes ayudarlos a resolver algunas de sus dificultades en cuanto a su entrada en la vida; puedes hacer todas estas cosas. En otras palabras, si tus padres no te impiden creer en Dios, debes mantener la relación y cumplir con tus responsabilidades hacia ellos. ¿Y por qué deberías preocuparte por ellos, cuidarlos y preguntarles cómo están? Porque eres su hijo. Ya que tienes esta relación con ellos, tienes otro tipo de responsabilidad y debes preguntar por ellos un poco más y brindarles más ayuda. Mientras eso no afecte a tu cumplimiento del deber y tus padres no obstaculicen ni perturben tu fe en Dios y tu cumplimiento del deber ni te refrenen, es natural y adecuado que cumplas con tus responsabilidades para con ellos, y debes hacerlo hasta el extremo de que no te remuerda la conciencia; esta es la norma mínima que debes cumplir. Si no puedes honrar a tus padres en casa debido a que tus circunstancias lo afectan y lo impiden, no tienes que atenerte a este precepto. Debes ponerte a merced de las instrumentaciones de Dios y someterte a Sus disposiciones, y no es preciso que te empeñes en honrar a tus padres(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (4)). “Dios le exige cosas distintas a cada persona; tiene requisitos distintos para cada una. Quienes sirven como líderes y obreros han sido llamados por Dios, por lo que deben aceptar la comisión de Dios y renunciar a todo para seguirlo; no son capaces de quedarse con sus padres ni de honrarlos. Esta es una situación. Los seguidores regulares no han sido llamados por Dios, por lo que pueden quedarse con sus padres y honrarlos. No hay recompensa alguna por hacerlo y no recibirán ninguna bendición por ello, pero, si no demuestran piedad filial, carecen de humanidad. En realidad, honrar a los padres no es más que una especie de responsabilidad y no llega a la categoría de práctica de la verdad. Someterse a Dios es practicar la verdad, aceptar la comisión de Dios es una manifestación de sumisión a Él, y quienes renuncian a todo para cumplir con el deber son los seguidores de Dios. En resumen, la tarea más importante que tienes ante ti es la de cumplir bien con tu deber. Eso es practicar la verdad y una manifestación de sumisión a Dios(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (4)). Lan Yu reflexionó sobre las palabras de Dios y se dio cuenta de que ser buen hijo es una responsabilidad que se debe cumplir y que, en circunstancias en las que no afecte el deber de uno y la situación lo permita, se pueden cumplir las responsabilidades filiales con los padres. Sin embargo, si las condiciones no lo permiten, entonces hay que elegir en función de la situación y del deber que se esté realizando. Al igual que algunos hermanos y hermanas que no han sido arrestados por el PCCh y que no cargan trabajos importantes en la iglesia, estas personas pueden cuidar de sus padres mientras realizan sus deberes. Pero algunas personas se enfrentan a la hostigación y la persecución del PCCh, y no pueden realizar sus deberes si no se van de casa, así que, en tales situaciones, no pueden pensar solo en cuidar de sus padres, sino que deben priorizar sus deberes. Lan Yu pensó en que, aunque podía cuidar de su padre en casa, la policía del PCCh siempre la acosaría y amenazaría, por lo que no podía realizar sus deberes en casa. Faltaba gente para el trabajo relacionado con textos y ella tenía que tener en cuenta el trabajo de la iglesia. Como seres creados, aparte de sus responsabilidades con sus padres, las personas además deben adorar al Creador y cumplir sus deberes como seres creados. Lan Yu recordó que el Señor Jesús dijo: “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí(Mateo 10:37). Dios exige que las personas renuncien a todo para satisfacerlo, tal como lo hicieron Pedro y Juan. Ellos pudieron tomar la decisión de dejar atrás a sus padres y los afectos familiares para seguir al Señor y predicar el evangelio y, a los ojos de Dios, tenían humanidad. Lan Yu solía pensar que quienes no eran buenos hijos tenían la peor humanidad, pero ahora entendía que Dios no mide si alguien tiene humanidad por el hecho de que sea o no un buen hijo, sino por si puede cumplir con sus deberes como ser creado para satisfacerlo. Lan Yu pensó en cómo dudaba y le daba demasiadas vueltas a las cosas cuando se enfrentaba a su deber, siempre preocupada por su padre e incapaz de hacer su deber. Pero, aunque se convirtiera en objeto de elogios por ser buena hija, no sería leal a Dios y Él no la aprobaría. Se dio cuenta de que lo más importante en ese momento era hacer el deber de un ser creado, y que solo eso era el valor de su vida. Con esto en mente, Lan Yu sintió una sensación de liberación y estuvo dispuesta a irse de casa para realizar su deber.

Lan Yu puso fin a la reunión de tres meses con su padre y se fue de casa para realizar su deber en otro lugar. Pero, en el fondo, seguía preocupada e inquieta por su padre y se sentía culpable, pensando siempre en cuándo podría volver a visitarlo. Una vez, una hermana con la que cooperaba fue a su casa para ocuparse de un asunto, y al pensar en que esa hermana se reuniría con su familia, ya no pudo mantener su corazón en paz. Con los ojos fijos en el ordenador, la imagen de su padre sentado en una silla esperando que volviera a casa llenó su mente. ¿La policía lo había acosado? ¿Cómo estaba su estado? ¿Había empeorado su enfermedad? ¿Qué dirían sus parientes y amigos de que se fuera de casa cuando su padre todavía estaba enfermo? La mente de Lan Yu estaba consumida por estos pensamientos y no podía concentrarse en el trabajo que tenía entre manos. Se dio cuenta de que su estado no era correcto, así que oró a Dios. Durante sus prácticas devocionales, leyó las palabras de Dios: “La mayoría de la gente elige irse de casa para cumplir con su deber, en parte por las circunstancias objetivas generales que les obligan a dejar a sus padres. No pueden permanecer a su lado para cuidarlos y hacerles compañía. No es que elijan dejarlos voluntariamente; esa es la razón objetiva. Por otra parte, en términos subjetivos, no sales a cumplir con tu deber para evadir tu responsabilidad hacia tus padres, sino por la llamada de Dios. Para cooperar con la obra de Dios, aceptar Su llamada y cumplir los deberes de un ser creado, no tuviste más remedio que dejar a tus padres; no podías quedarte a su lado para acompañarlos y cuidarlos. No los abandonaste con la intención de eludir tu responsabilidad, ¿verdad? Una cosa es eso y otra haberlo hecho para responder a la llamada de Dios y cumplir con tu deber; ¿acaso la naturaleza de ambas cosas no es diferente? (Sí). En tu corazón guardas apego emocional y piensas en tus padres; tus sentimientos no son vacíos. Si las circunstancias objetivas lo permiten y puedes permanecer a su lado mientras cumples con tu deber, entonces estarías dispuesto a hacerlo, a cuidar de manera regular de ellos y cumplir con tus responsabilidades. Pero esas circunstancias no se dan y debes abandonarlos, no puedes seguir a su lado. No es que no quieras desempeñar tus responsabilidades como hijo, es que no puedes. […] De hecho, no es que no seas buen hijo. No es que hayas llegado al punto de carecer de humanidad, en el que ni siquiera te importan tus padres ni desempeñas tus responsabilidades hacia ellos. No puedes cumplir con tu responsabilidad por varias razones objetivas, así que no es que no seas buen hijo(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (16)). Las palabras de Dios eran muy claras. Cuando alguien deja a sus padres para hacer sus deberes por su fe en Dios, no está siendo un mal hijo, porque su intención no es eludir la responsabilidad, sino realizar el deber de un ser creado. Aquellos cristianos de la Era de la Gracia, por ejemplo, dejaron a sus padres e hijos para difundir el evangelio de Dios por todo el mundo, lo cual era lo más recto entre la humanidad. Lan Yu también quería ser buena hija ante su padre y esperaba acompañar a su padre y ayudarlo a pasar sus últimos años en paz. También quería que toda su familia se reuniera, leyera las palabras de Dios y compartiera su entendimiento vivencial. Pero, como vivía en un país ateo sin libertad religiosa, el PCCh no permitía que la gente creyera en Dios ni siguiera la senda correcta y, si se quedaba al lado de su padre, no podría realizar su deber. Además, la obra de Dios está a punto de terminar, las grandes catástrofes ya han comenzado, y todavía hay muchas personas que no han aceptado la obra de Dios de los últimos días. Propagar el evangelio de Dios y llevar a más personas ante Él era su deber, y ella era diferente de quienes eludían sus responsabilidades y no querían ser buenos hijos. Al entender estas cosas, su corazón ya no estaba tan perturbado ni limitado. Más adelante, en el tiempo libre que le dejaban sus deberes, Lan Yu le escribía cartas a su padre para comunicarle su estado. Al cabo de un tiempo, recibió una carta de su padre, en la que le decía que su prima había encontrado una receta para tratar sus cálculos biliares y que ahora estaba en el segundo ciclo de tratamiento. Los cálculos de su vesícula eran más pequeños que antes, ya no le dolía tanto y su estado había mejorado mucho. Al leer esto, Lan Yu se conmovió hasta las lágrimas y sintió la misericordia y la bendición de Dios.

Una vez, Lan Yu estaba charlando con una hermana de acogida, y la hermana le dijo que sus hijos le enviaban dinero de vez en cuando y que, cuando la visitaban, le compraban cosas. Lan Yu pensó en que llevaba casi un año fuera de casa, pero no se atrevía a llamar a su padre ni a comprarle ropa o suplementos por la persecución del PCCh. Como hija, nunca había hecho nada por su padre a pesar de haber crecido ya. Se sentía constantemente en deuda con su padre y tenía una sensación de desasosiego en su corazón. Más tarde, buscó, reflexionando por qué siempre se sentía en deuda con su padre. Leyó las palabras de Dios: “Debido al condicionamiento de la cultura tradicional china, según sus nociones tradicionales, el pueblo chino cree que se debe observar una devoción filial hacia los padres. Aquel que no cumple con la devoción filial es mal hijo. Al pueblo le han inculcado estas ideas desde la infancia y se enseñan en prácticamente todos los hogares, así como en todas las escuelas y en la sociedad en general. Cuando a una persona le han llenado la cabeza de esas cosas, piensa: ‘La devoción filial es más importante que nada. Si no cumpliera con ella, no sería buena persona; sería mal hijo y la sociedad me criticaría. Sería una persona carente de conciencia’. ¿Es correcto este punto de vista? La gente ha visto muchas verdades expresadas por Dios; ¿acaso Él ha exigido que uno demuestre devoción filial hacia sus padres? ¿Es esta una de las verdades que los creyentes en Dios deben comprender? No, no lo es. Dios solo ha hablado sobre ciertos principios. ¿Según qué principio piden las palabras de Dios que la gente trate a los demás? Ama lo que Dios ama y odia lo que Dios odia. Ese es el principio al que hay que atenerse. Dios ama a los que persiguen la verdad y son capaces de seguir Su voluntad; esas son también las personas a las que debemos amar. Aquellos que no son capaces de seguir la voluntad de Dios, que lo odian y se rebelan contra Él, son personas detestadas por Dios, y nosotros también debemos detestarlas. Esto es lo que Dios pide del hombre. […] Satanás usa ese tipo de cultura tradicional y esas nociones de moralidad para atar tus pensamientos, tu mente y tu corazón, lo que te vuelve incapaz de aceptar las palabras de Dios; tales cosas de Satanás te han poseído y te han hecho incapaz de aceptar Sus palabras. Cuando quieres practicar las palabras de Dios, estas cosas te perturban en tu interior, hacen que te opongas a la verdad y a Sus requisitos, y te vuelven impotente para librarte del yugo de la cultura tradicional. Tras luchar durante un tiempo, cedes: prefieres creer que las nociones tradicionales de moralidad son correctas y conformes a la verdad, así que rechazas o abandonas las palabras de Dios. No aceptas Sus palabras como la verdad y no piensas en absoluto en ser salvado, pues sientes que aún vives en este mundo, y solo puedes sobrevivir apoyándote en estas cosas. Incapaz de soportar la condena social, preferirías renunciar a la verdad y a las palabras de Dios, abandonarte a las nociones tradicionales de moralidad y a la influencia de Satanás, y optarías por ofender a Dios en lugar de practicar la verdad. Decidme, ¿acaso no es el hombre digno de pena? ¿No tiene necesidad de la salvación de Dios?(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo conociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente). A través de las palabras de Dios, se dio cuenta de que, desde la infancia, había estado influenciada por las ideas tradicionales de “La devoción filial es la principal virtud” y “Mis padres me criaron cuando era pequeña, así que debo cuidarlos en su vejez”. Pensaba que, como sus padres se habían esforzado tanto durante años para criarla, debía ser una buena hija y, cuando envejecieran, debía cuidarlos y acompañarlos hasta el final, sintiendo que eso era lo que significaba tener conciencia. Por eso se resistía a irse de casa para realizar su deber, temiendo que la acusaran de ser mala hija y una ingrata. Al ver a su compañera volver a casa para visitar a sus padres, Lan Yu sintió envidia y, sumida en sus sentimientos de deuda hacia su padre, no podía concentrarse en sus deberes. Se dio cuenta de que Satanás utiliza precisamente estos pensamientos e ideas aparentemente plausibles para desorientar y controlar a las personas, haciendo que solo piensen en retribuir la bondad de sus padres y no cumplan sus deberes como seres creados. Si seguía aferrándose a estas ideas tradicionales, acabaría siendo engañada y perjudicada por Satanás y, al final, se distanciaría de Dios, lo traicionaría y, en última instancia, sería abandonada por Él. ¡Satanás es verdaderamente insidioso y malévolo!

Lan Yu entonces leyó más de las palabras de Dios y encontró sendas de práctica. Dios Todopoderoso dice: “En cualquier caso, al criarte, tus padres cumplen con una responsabilidad y una obligación. Criarte hasta la vida adulta es su obligación y responsabilidad, y eso no se puede considerar amabilidad. Ya que no se puede considerar amabilidad, ¿acaso no se puede decir que esto es algo que deberías disfrutar? (Sí). Es una especie de derecho del que deberías gozar. Te deben criar tus padres porque, hasta alcanzar la vida adulta, el papel que desempeñas es el de un niño que está siendo criado. Por lo tanto, ellos no hacen más que cumplir con una clase de responsabilidad contigo y tú solo la recibes, pero sin duda no recibes favores ni amabilidad de su parte. Para cualquier criatura viviente, tener hijos y cuidarlos, reproducirse y criar a la siguiente generación es un tipo de responsabilidad. Por ejemplo, las aves, las vacas, las ovejas e incluso los tigres tienen que cuidar de sus crías tras reproducirse. No hay criaturas vivientes que no críen a sus cachorros. Tal vez existan ciertas excepciones, pero nos siguen resultando desconocidas. Es un fenómeno natural de la existencia de las criaturas vivientes, es su instinto, y no se puede atribuir a la amabilidad. Lo único que hacen es respetar una ley que el Creador dispuso para los animales y para la humanidad. En consecuencia, que tus padres te críen no es una especie de amabilidad. En función de esto, puede afirmarse que tus padres no son tus acreedores. Cumplen con su responsabilidad frente a ti. Independientemente de cuánta sangre del corazón y cuánto dinero te dediquen, no deben pedirte que los recompenses, porque esa es su responsabilidad como padres. Dado que es una responsabilidad y una obligación, debe ser libre y no deben pedir una retribución. Al criarte, tus padres solo cumplían con su responsabilidad y obligación, y no corresponde remunerarla, no debe ser una transacción. Así pues, no es necesario que abordes a tus padres ni que manejes tu relación con ellos con la idea de recompensarlos. Si efectivamente tratas a tus padres, les retribuyes y abordas tu vínculo con ellos en función de esta idea, eso es inhumano. A su vez, es probable que eso haga que tus sentimientos carnales te limiten y te aten, y te resultará dificultoso salir de ese enredo, hasta el punto de que incluso podrías perder el camino(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (17)). Después de leer las palabras de Dios, entendió que criar a los hijos forma parte de la responsabilidad de los padres y es una ley y un principio establecidos por Dios para las personas. Su padre la había criado y la había llevado ante Dios, y esa era la responsabilidad que Dios le había encomendado. No debía tratar la crianza y educación de sus padres como una bondad, ni pensar constantemente en tratar de retribuirla, sino que debía tratarla correctamente. También se dio cuenta de que fue Dios quien dispuso a sus padres y su familia, y que fue Dios quien velaba por ella y la protegía. Recordó cuando tenía 18 años. Una vez, de camino a casa después del trabajo, chocó su moto contra un gran montón de tierra al borde de la carretera. Dio una voltereta completa en el aire y aterrizó de espaldas en medio de la carretera justo cuando se acercaba un camión grande. El conductor frenó en seco y se detuvo a pocos metros de atropellarla. En ese momento de vida o muerte, aunque sus padres hubieran estado a su lado, no habrían podido protegerla. Entre bastidores, fue Dios quien la mantuvo a salvo, permitiéndole sobrevivir. También pensó en los años que pasó en la cárcel. Su padre solo podía preocuparse por ella, pero no podía hacer nada. Cada vez que se sentía negativa y débil, recordaba los himnos de las palabras de Dios y, a través de la guía de las palabras de Dios, entendía las intenciones de Dios y ganaba fe. Experimentó que solo Dios era su verdadero apoyo y que Aquel con quien más en deuda estaba era Dios, y que debía someterse a Dios y cumplir con su deber para retribuir el amor de Dios. Si solo pensaba en ser una buena hija sin hacer su deber, ese sería el comportamiento de alguien sin humanidad. Después de entender estas cosas, encontró una senda clara de práctica en su corazón, y estuvo dispuesta a cumplir con su deber para consolar el corazón de Dios.

Sin darse cuenta, habían pasado casi dos años desde la última vez que vio a su padre. De vez en cuando recibía cartas suyas, en las que le contaba que la policía seguía acosándolo, que había estado enfermo y tomaba medicamentos, y que a veces se sentía negativo, perdido y solo. Al leer estas cosas, se sentía un poco preocupada e inquieta por su padre, pero entonces pensaba en las palabras de Dios: “Tus padres están en manos de Dios, así que ¿para qué preocuparse? Cualquier preocupación que uno pueda tener es superflua. Cada persona vivirá sin sobresaltos conforme a la soberanía y los arreglos de Dios hasta el fin, hasta llegar al final de su senda, sin desviarse nunca. Por tanto, nadie necesita ya preocuparse por este asunto. No debes preguntarte si eres buen hijo ni si has cumplido con tus responsabilidades hacia tus padres, o si debes reciprocar la gentileza que ellos te han dispensado. Esas son cosas en las que no debes pensar, de las que has de desprenderte(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (16)). Entendió que su padre también estaba en manos de Dios, que cualquier situación que tuviera que experimentar había sido dispuesta por Dios, y que lo que Dios dispone siempre es adecuado. Lan Yu pensó en que, cuando estaba en casa, su padre había sufrido un fuerte dolor de vesícula, pero, aunque se había sentido angustiada, no había podido hacer nada para ayudar. Todo lo que había podido hacer fue recordarle a su padre que tomara sus medicinas, pero nada más. También pensó en que su padre había estado negativo y débil, incluso queriendo suicidarse, y sin ella a su lado, había sido Dios quien lo había esclarecido y guiado para entender las intenciones de Dios. Fueron las palabras de Dios las que lo guiaron y orientaron, dándole la fe para experimentar estas situaciones. Vio que Dios siempre está entre bastidores velando por las personas y potegiéndolas, que sus preocupaciones eran innecesarias, y que debía encomendar a su padre a Dios y simplemente centrarse en cumplir con su deber. Cuando pensaba de esta manera, era capaz de dejar de lado sus inquietudes y preocupaciones por su padre. Siempre que tenía tiempo, le escribía cartas a su padre, hablándole de su estado, compartiendo sus recientes percepciones y ganancias y, cuando el estado de su padre era malo, compartía las palabras de Dios con él. Lan Yu ya no se sumía en un estado de sentirse en deuda con su padre; era capaz de sosegar su corazón y centrarse en su deber. ¡Desde el fondo de su corazón, agradeció a Dios por Su guía!

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