52. Ya no soy complaciente
En diciembre de 2023, los líderes dispusieron que me encargara del trabajo de riego de algunas iglesias. El hermano Lin Hai era el supervisor. Además de supervisar y dar seguimiento a nuestro trabajo, él también era responsable del trabajo de riego de varias otras iglesias. Cuando empecé a trabajar con Lin Hai, vi que él llevaba cierta carga en su deber; daba seguimiento a cualquier problema que tuvieran los nuevos creyentes y lo resolvía enseguida. A finales de febrero de 2024, enviamos una carta de comunicación a las iglesias para tratar problemas comunes entre los nuevos creyentes, y también dimos seguimiento para asegurarnos de que las iglesias reasignaran a tiempo a cualquier persona que no fuera apta para ser regadora. Después, descubrí que Lin Hai no solo no había dado seguimiento a nuestra implementación del trabajo, sino que tampoco lo había hecho en las iglesias de las que él era responsable, y los regadores no habían sido reasignados a tiempo. Pensé: “¿Quizás no se ha sentido bien últimamente? ¿Le habrá subido otra vez la presión? ¿Será que está viviendo en medio de la enfermedad y no lleva una carga en su deber? Quizá debería recordárselo. Pero si se lo digo así, sin más, ¿dirá que no soy considerada con él? Además, yo solo soy una miembro del equipo. Si le señalo sus problemas directamente, ¿se sentirá avergonzado y tendrá prejuicios en mi contra? ¿Y si eso crea tensión entre nosotros? ¡Qué incómodo sería cooperar después de eso!”. Pero luego recordé que Dios ha enseñado que los compañeros de trabajo deben supervisarse y recordarse las cosas mutuamente. No me pareció bien ver sus problemas y no decir nada. Así que le di una lista de las tareas a las que debía dar seguimiento y de las iglesias que necesitaban regadores, y le recordé que les diera seguimiento. Al principio, quería hablar con él sobre la naturaleza y las consecuencias de ser negligente e irresponsable en el deber, pero me preocupaba que, si le decía eso, se ofendería y sería más difícil llevarnos bien en el futuro. Así que solo le pregunté por su salud y encontré unos pasajes de las palabras de Dios sobre la supervisión y los recordatorios mutuos entre compañeros de trabajo para mostrárselos. De esta manera, él sabría que yo solo intentaba practicar según las palabras de Dios y no buscarle problemas a propósito, para que no se formara un prejuicio contra mí. Para mi sorpresa, Lin Hai solo respondió con dos palabras: “Está bien”. No dijo nada sobre reconocer sus propios problemas. Después de eso, continuó sin dar seguimiento a la reasignación de los regadores en las iglesias, y tampoco dio seguimiento a nuestro trabajo ni lo supervisó. Pensé en volver a mencionarlo, pero luego recordé lo displicente de su respuesta anterior. Probablemente estaba molesto. Si le decía algo de nuevo, seguro que se molestaría aún más. Nadie más decía nada, así que, si yo era la única que señalaba sus problemas, parecería que siempre le estaba buscando problemas. No quería ser yo quien lo ofendiera, así que lo dejé pasar.
Más tarde, debido a los arrestos de cristianos por parte del PCCh, algunos de los regadores de las iglesias de las que yo era responsable tuvieron que esconderse por riesgos de seguridad, y otros que no eran aptos necesitaban ser reasignados. Pero no pudimos encontrar personas adecuadas para reemplazarlos, lo que afectó el trabajo. A través de la reflexión y el resumen, vi que esto se debía a que, por lo general, no nos habíamos enfocado en cultivar a las personas. Así que escribí una carta de comunicación a las iglesias sobre este problema, pidiendo a los líderes y obreros que se centraran en cultivar a las personas para que pudieran corregir esta desviación a tiempo. Luego se la envié a Lin Hai y a nuestra compañera, la hermana Wang Dan, para que la revisaran en busca de problemas o deficiencias, y pudieran hacer cualquier adición o mejora antes de enviarla a las iglesias. También les recordé que respondieran pronto para no retrasar el trabajo. Pero pasaron unos días y Lin Hai todavía no había respondido. Pensé: “¿Qué le pasa? No da seguimiento al trabajo de cultivar a las personas, y ahora que la carta está escrita, ni siquiera da su opinión. ¿Deberíamos enviar esta carta o no? Si no lo hacemos, el trabajo se retrasará. Pero si lo hacemos, ¿qué sucede si algo en ella es inapropiado y causa un trastorno?”. Quería escribirle y preguntarle qué pensaba y por qué todavía no había respondido, pero recordé que la última vez no había sido muy receptivo a mis sugerencias. Me preocupaba que, si señalara sus problemas de nuevo, solo lo molestaría más y nuestra relación se complicaría en el futuro, así que no le pregunté. Más tarde, Wang Dan respondió que la carta estaba bien, así que, para no retrasar el trabajo, la enviamos.
Poco después, los arrestos del PCCh se intensificaron. Usaron varios métodos para rastrear y arrestar a los creyentes, e incluso comenzaron a difundir los mismos viejos rumores infundados para desorientar a la gente. Compartimos con los nuevos creyentes la verdad sobre el discernimiento y la verdad relacionada con las visiones, y la mayoría de ellos adquirieron la capacidad de discernir algunos de los rumores infundados. Pensé: “Me pregunto si los regadores de las otras iglesias habrán compartido con los nuevos creyentes la verdad sobre el discernimiento con respecto a estos rumores infundados. ¿Tendrán los nuevos creyentes algún discernimiento sobre ellos?”. Así que le escribí a Lin Hai, sugiriéndole que los regadores bajo su supervisión verificaran la capacidad de los nuevos creyentes para discernir los rumores infundados. Si alguno de ellos no entendía, necesitaban compartir de inmediato la verdad relacionada con las visiones para evitar que los rumores infundados los desorientaran y sufrieran daño en su vida. Pasaron diez días desde que envié la carta y todavía no había respuesta de Lin Hai. Me estaba enojando un poco. Pensé: “Este trabajo es muy importante. ¿Cómo puede no tomárselo en serio?”. Tenía muchas ganas de señalarle que no llevaba una carga en su deber, pero, de nuevo, tuve miedo de molestarlo, así que no se lo dije directamente. En lugar de eso, le pregunté amablemente si había recibido mi carta y hablé sobre la importancia de dar seguimiento a este trabajo. Para mi sorpresa, Lin Hai respondió: “Ya hicimos que los regadores hablaran sobre esto antes. Los nuevos creyentes probablemente ya lo han captado todo. No es necesario volver a dar seguimiento”. Cuando vi que él solo estaba juzgando basándose en sus figuraciones sin intentar entender la situación de los nuevos creyentes, me pareció que estaba siendo muy irresponsable. Quería hablar con él sobre este problema, pero luego me preocupó que, si siguiera señalando sus problemas, se formaría una mala opinión de mí. ¿Y si nuestra relación se volvía incómoda? Pero mi conciencia me reprochaba por ver sus problemas y no decir nada. Un rato después, pensé: “Tú eres el supervisor, así que, si algo sale mal, es tu responsabilidad. Yo te lo recordé y tú no quisiste escuchar”. Pero luego sentí que pensar así era irresponsable de mi parte… Estaba tan agitada e inquieta que no podía sosegar mi corazón para hacer mi deber.
En mi dolor, oré a Dios y busqué Su guía. Recordé las palabras de Dios: “No importa qué deber desempeñes o si este es importante o común, dado que se te ha encomendado este trabajo, si no pones el corazón en él ni estás a la altura de tu responsabilidad, y si no lo percibes como una comisión de Dios ni te lo tomas como tu propio deber y obligación, y siempre haces las cosas de manera negligente, va a haber problemas” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo puede haber una senda a seguir a través de leer con frecuencia las palabras de Dios y contemplar la verdad). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, me di cuenta de que debía tener un sentido de responsabilidad en mi deber. Independientemente de si soy supervisora o no, siempre que detecte un problema en el trabajo de la iglesia, tengo que cumplir con mi responsabilidad de salvaguardar el trabajo de la iglesia. Si veo un problema y lo ignoro, y soy negligente e irresponsable, eso es un incumplimiento del deber. Como el gran dragón rojo estaba arrestando frenéticamente a los cristianos y difundiendo rumores infundados, era muy probable que los nuevos creyentes fueran desorientados y terminaran marchándose. Recordarle a Lin Hai que compartiera más con ellos la verdad sobre el discernimiento era mi responsabilidad. Cuando vi que no se lo tomaba en serio en absoluto, debería habérselo señalado y haberlo ayudado a tiempo. Pero tenía miedo de que se llevara una mala impresión de mí, y miedo de ofenderlo y dificultar nuestra relación, así que me limité a actuar como una complaciente. Vi sus problemas, pero no me atreví a señalárselos directamente. No tenía sentido de la responsabilidad y no estaba salvaguardando los intereses de la iglesia. ¡Realmente no era digna de realizar un deber tan importante! Sentí un profundo remordimiento en mi corazón, así que le escribí una carta a Lin Hai para discutir mi punto de vista con él. Luego pensé que, como nuestros puntos de vista eran diferentes, también debería hablarlo con los otros hermanos y hermanas con los que cooperábamos. Pero volví a dudar, preocupada: “Si Lin Hai se entera, ¿dirá que estoy tratando de avergonzarlo? ¿Se llevará una mala impresión de mí?”. Recordé las palabras de Dios: “‘¡No tendré miedo en absoluto, no retrocederé en lo más mínimo y no me desanimaré de ningún modo!’. ¿Tenéis vosotros esta determinación?” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (13)). Cuando se trata de asuntos que involucran los intereses de la iglesia y la entrada en la vida de nuestros hermanos y hermanas, no puedo ceder ni retroceder solo por miedo a lo que los demás puedan pensar de mí. Independientemente de que Lin Hai lo aceptara o no, tenía que pronunciarme y salvaguardar los intereses de la iglesia. Por lo tanto, envié la carta. Después, mis otros compañeros y Lin Hai respondieron y estuvieron de acuerdo con mi punto de vista. Sentí un gran alivio en mi corazón.
Pero después de eso, todavía no hablaba con Lin Hai sobre su actitud negligente hacia su deber. Empecé a reflexionar sobre mí misma: había visto claramente los problemas de Lin Hai, pero no me atrevía a señalárselos directamente. ¿Qué actitudes corruptas se escondían detrás de esto? Oré para que Dios me guiara a entender mis propios problemas. Luego, leí un pasaje de las palabras de Dios que hablaba directamente de mi estado. Dios Todopoderoso dice: “La mayoría de las personas están dispuestas a perseguir la verdad y quieren practicarla, pero la mayor parte del tiempo simplemente tienen la determinación y el deseo de hacerlo; interiormente, sin embargo, la verdad no se ha convertido en su vida. Así que cuando te encuentras con fuerzas malignas que perturban y sabotean el trabajo de la iglesia —por ejemplo, cuando te enfrentas a falsos líderes que manejan los asuntos vulnerando los principios y no hacen un trabajo real, o a personas malvadas y anticristos que hacen el mal y perturban el trabajo de la iglesia, con lo cual causan daño al pueblo escogido de Dios—, no tienes el valor de alzar la voz y hablar. ¿Por qué no tienes ese valor? ¿Es porque eres tímido o poco elocuente, o no te atreves a hablar porque no ves las cosas con claridad? No se debe a ninguna de estas cosas; es principalmente la consecuencia de que te veas limitado por tus actitudes corruptas. Una de las actitudes corruptas que revelas es un carácter falso: cuando algo sucede, lo primero que consideras son tus propios intereses, las consecuencias de tus acciones y si serán beneficiosas para ti. Este es un carácter falso, ¿no es así? Otra es un carácter egoísta y vil. Piensas: ‘¿Qué tiene que ver conmigo que perjudiquen los intereses de la casa de Dios? No soy líder, ¿por qué debería involucrarme? No tiene nada que ver conmigo y no es mi responsabilidad’. Tales pensamientos y palabras no son algo que pienses a propósito, sino que se producen de manera inconsciente; estas son las actitudes corruptas que las personas revelan cuando se enfrentan a un problema. Estas actitudes corruptas gobiernan tus pensamientos, te atan de pies y manos y controlan lo que dices. En tu corazón, quieres alzar la voz y hablar, pero tienes recelos, e incluso si hablas, te andas con rodeos y te dejas un margen de maniobra, o usas evasivas y simplemente no dices la verdad. Las personas con discernimiento pueden ver esto y, en realidad, tú también sabes en tu corazón que no has dicho todo lo que debías, que no has logrado resultados, que simplemente estabas actuando por inercia y que el problema no se ha resuelto. No has cumplido con tu responsabilidad, pero dices sentenciosamente que sí lo has hecho, o afirmas que no viste las cosas con claridad en ese momento. ¿Se ajustan estas afirmaciones a los hechos? ¿Es lo que realmente piensas? ¿No estás por completo bajo el control de tus actitudes satánicas?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Dios deja en evidencia que las personas viven según sus actitudes corruptas, egoístas y falsas. Cuando ven que alguien hace algo que vulnera los principios, no se atreven a señalárselo, considerando solo sus propios intereses y sin salvaguardar en lo más mínimo el trabajo de la iglesia. Algunas personas, incluso cuando señalan el problema de otros, se andan con rodeos y le restan importancia para no ofender. No van al meollo del asunto, así que, aunque digan algo, no tiene ningún efecto. Las palabras de Dios desenmascaraban exactamente mi estado. Durante ese tiempo, había visto claramente que Lin Hai no daba seguimiento al trabajo ni lo supervisaba, y que era irresponsable y no llevaba una carga en su deber. Esto ya había retrasado el trabajo de riego y la entrada en la vida de los nuevos creyentes. Debería habérselo señalado para ayudarlo a cambiar las cosas lo antes posible, pero tenía miedo de herir su orgullo y arruinar nuestra relación, dificultando las cosas entre nosotros después. Así que solo le enumeré las tareas a las que debía dar seguimiento, pero nunca compartí ni diseccioné la naturaleza y las consecuencias de ser negligente en su deber. Más tarde, descubrí que Lin Hai no se estaba centrando en cultivar a las personas, ni tampoco verificaba si los nuevos creyentes podían discernir los rumores infundados difundidos por el gran dragón rojo. Solo actuaba basándose en sus propias nociones y figuraciones, y no hacía ningún trabajo real en absoluto. Quería desenmascararlo por ser irresponsable y no asumir una carga en su deber, pero, de nuevo, me preocupó que señalarle sus problemas repetidamente pudiera herir su orgullo y avergonzarlo. Si desarrollara un prejuicio contra mí, ¡qué incómodas se volverían las cosas entre nosotros! Para no ofenderlo, opté por el silencio una vez más, incluso consolándome con el pensamiento: “Ya he dicho lo que tenía que decir. Es su culpa por no aceptar mis sugerencias. Si surge un problema, es su responsabilidad, no la mía”. Pero en realidad, aunque le había planteado algunos problemas del trabajo, nunca le había señalado la naturaleza y las consecuencias de hacer su deber de esa manera. Como resultado, Lin Hai no entendía sus propios problemas, no hacía cambios, y los problemas en el trabajo de riego seguían sin resolverse. Yo solo actuaba por inercia, sin lograr ningún efecto real. Cuando vi que el trabajo de riego era ineficaz, en lugar de pensar en cómo resolver los problemas y salvaguardar el trabajo de la iglesia, cedí y transigí repetidamente para mantener mi relación con Lin Hai. No le explicaba los problemas con claridad, incluso si eso significaba retrasar el trabajo de la iglesia una y otra vez. Estaba manteniendo mi relación con él a expensas de los intereses de la iglesia. En esencia, me estaba poniendo del lado de Satanás y trastornando el trabajo de la iglesia. ¡Era tan egoísta, despreciable, escurridiza y falsa!
Más tarde, leí un pasaje de las palabras de Dios y logré entender un poco más mis propios problemas. Dios Todopoderoso dice: “Hay un dogma en las filosofías para los asuntos mundanos que dice: ‘Callarse los errores de los buenos amigos hace la amistad larga y buena’. Esto significa que, para preservar esta buena amistad, uno debe guardar silencio sobre los problemas de su amigo, incluso si los percibe claramente. Respetan los principios de no pegarle a la gente en la cara ni llamarle la atención por sus defectos. Se engañan mutuamente, se ocultan el uno del otro e intrigan el uno contra el otro. Aunque sepan con claridad absoluta qué clase de persona es el otro, no lo dicen abiertamente, sino que emplean métodos taimados para preservar su relación. ¿Por qué querría uno preservar esas relaciones? Se trata de no querer hacer enemigos en esta sociedad, dentro del propio grupo, lo cual significaría someterse a menudo a situaciones peligrosas. Al saber que alguien se convertirá en tu enemigo y te perjudicará después de que le hayas llamado la atención por sus defectos o le hayas hecho daño, y al no desear colocarte en esa situación, empleas el dogma de las filosofías para los asuntos mundanos que dice que ‘Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’. A la luz de esto, si dos personas mantienen una relación de este tipo, ¿se considera que son verdaderos amigos? (No). No son verdaderos amigos, y mucho menos el confidente del otro. Entonces, ¿de qué tipo de relación se trata exactamente? ¿No es una relación social fundamental? (Sí). En este tipo de relaciones sociales, las personas no pueden entablar debates sinceros ni tener conexiones profundas ni hablar sobre lo que les venga en gana. No pueden decir en voz alta lo que hay en su corazón o los problemas que perciben en otras personas ni tampoco palabras que puedan beneficiar a otros. En cambio, optan por decir cosas agradables para conservar el favor de otros. No se atreven a decir la verdad ni a defender los principios, de modo que evitan que los demás desarrollen pensamientos hostiles hacia ellos. Cuando nadie supone una amenaza para alguien, ¿acaso esa persona no vive en relativa tranquilidad y paz? ¿No es este el objetivo de las personas que promueven el dicho ‘Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’? (Así es). Es evidente que se trata de una forma de supervivencia torcida y falsa con un elemento de cautela, cuyo objetivo es la propia preservación. Al vivir de esta manera, las personas no tienen confidentes, ni amigos íntimos a los que puedan decirles lo que quieran. Entre las personas, solo hay cautela, explotación e intrigas mutuas, cada uno toma de la relación lo que le conviene. ¿No es así? En el fondo, el objetivo de ‘Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’ es evitar ofender a otros y no ganarse enemigos, no causar daño a nadie para protegerse a uno mismo. Se trata de una técnica y un método que uno adopta para evitar ser lastimado. Si observamos estas facetas diversas de su esencia, ¿es noble exigir de la conducta moral de la gente ‘Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’? ¿Es positivo? (No). Entonces, ¿qué es lo que enseña esto a la gente? Que no debes ofender ni herir a nadie para que no seas tú el que termine herido; asimismo, que no se debe confiar en nadie. Si haces daño a un buen amigo tuyo, la amistad empezará a cambiar sutilmente; pasará de ser un buen amigo, un amigo íntimo, a ser un desconocido o un enemigo. ¿Qué problemas se resuelven enseñando a las personas a actuar así? Aunque al actuar de esta manera no te crees enemigos e incluso pierdas unos cuantos, ¿acaso esto hará que la gente te admire o te apruebe y te tenga siempre como amigo? ¿Con esto se alcanza plenamente el estándar de conducta moral? En el mejor de los casos, no es más que una filosofía para los asuntos mundanos” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (8)). Después de leer las palabras de Dios, entendí que había estado tomando las filosofías satánicas para los asuntos mundanos como “Callarse los errores de los buenos amigos hace la amistad larga y buena”, o “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos”, como mis principios para comportarme. Creía que, para llevarme bien con los demás, tenía que aprender a protegerme. Pensaba que señalar los problemas de alguien podía ofenderlo fácilmente, creándome enemigos, así que, aunque viera un problema, no lo decía claramente. De esa manera, no dañaría nuestra relación ni me causaría problemas a mí misma. Resultó que lo que yo seguía eran las formas escurridizas y falsas de supervivencia y las filosofías para los asuntos mundanos que Satanás inculca en las personas. Al vivir según estas filosofías para los asuntos mundanos, las personas no pueden sincerarse unas con otras; siempre están a la defensiva, volviéndose cada vez más hipócritas, escurridizas y falsas. Yo sabía muy bien que Lin Hai ya había retrasado el trabajo de la iglesia por ser negligente y no hacer un trabajo real, y que debería haberle señalado claramente sus problemas para ayudarlo a conocerse. Pero tenía miedo de herir su orgullo, de avergonzarlo, de ofenderlo y de arruinar nuestra relación, así que opté por ceder y retroceder. En apariencia, parecía que lo estaba ayudando a guardar las apariencias y a mantener la paz, pero no lo estaba ayudando de forma sincera y genuina. Esto no solo no beneficiaba su entrada en la vida, sino que, peor aún, retrasaba el trabajo de riego. Dios nos exige que seamos abiertos y honestos en cómo tratamos a nuestros hermanos y hermanas. Cuando descubrimos un problema en alguien, debemos señalárselo y compartir con él para ayudarlo con un corazón amoroso. Incluso si no puede aceptarlo en el momento, siempre que sea una persona que acepta la verdad, más tarde buscará y reflexionará sobre sí misma. Si continúa rechazándolo después de habérselo señalado, debemos informarlo a los líderes lo antes posible para evitar daños al trabajo de la iglesia. Esto es lo que una persona con conciencia y razón debería hacer, y este es el sentido de la rectitud que una persona debería poseer. A Dios le gustan las personas honestas y rectas, y detesta a las personas falsas. Si continuaba siendo complaciente, adoptando una postura intermedia, sería detestada y descartada por Dios. Al darme cuenta de esto, sentí un miedo persistente. También oré a Dios, dispuesta a arrepentirme y a no vivir más según mi carácter corrupto.
Más tarde, encontré una senda de práctica en las palabras de Dios, y gané claridad en mi corazón. Dios Todopoderoso dice: “A veces, la armonía significa paciencia y tolerancia, pero también mantenerse firme y defender los principios. La armonía no significa suavizar las cosas, ni tratar de ser complaciente, ni adoptar un enfoque conciliador; y ciertamente no significa congraciarse con alguien. Estos son principios. Una vez que has captado estos principios, sin darte cuenta tus palabras y tus actos se alinearán con las intenciones de Dios; contarás con principios en tu manera de tratar a la gente y serás capaz de tratar a los demás con equidad. De esta manera, podrás llevarte bien amistosamente con los hermanos y hermanas, y será fácil lograr la unidad” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Sobre la cooperación en armonía). “Si tienes la intención y la perspectiva de un complaciente, entonces, en todos los asuntos, no practicarás la verdad ni te adherirás a los principios, así que fracasarás y caerás siempre. Si no despiertas y no buscas nunca la verdad, entonces eres un incrédulo, y nunca obtendrás la verdad y vida. Así pues, ¿qué deberías hacer? Cuando te enfrentes a asuntos relacionados con los intereses de la casa de Dios, debes orar a Dios y clamar a Él pidiéndole que te dé fe y fuerza, de forma que puedas adherirte a los principios, hacer lo que debas hacer, manejar las cosas de acuerdo con los principios, mantenerte firme en la postura que debes defender, proteger los intereses de la casa de Dios y evitar que la obra de esta sufra ninguna pérdida. Si puedes rebelarte contra tus propios intereses, tu orgullo y tu punto de vista de complaciente y si haces lo que debes hacer con un corazón honesto y puro, entonces habrás derrotado a Satanás y habrás ganado este aspecto de la verdad” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Entendí que la cooperación armoniosa no consiste en ser complaciente ni en adoptar una postura intermedia, ni tampoco en mantener una armonía superficial y no ofender a nadie. Más bien, se trata de ser capaz de defender los principios y salvaguardar los intereses de la iglesia en asuntos que involucran el trabajo de la iglesia y la entrada en la vida de nuestros hermanos y hermanas. Al ver que el hecho de que Lin Hai no hiciera un trabajo real ya estaba retrasando el trabajo de la iglesia, tenía que compartir con él y ayudarlo por amor. Si era necesario, también se le podía podar y, si aun así no lo aceptaba, tenía que informarlo a los líderes para que le modificaran el deber asignado o lo destituyeran a tiempo. Esto es practicar la verdad; esto es amor verdadero. Pero yo tenía la creencia distorsionada de que señalar los problemas del supervisor era exponer sus defectos y avergonzarlo. ¡Mi comprensión era tan absurda! A través de las palabras de Dios, también entendí que, cuando me suceden cosas y estoy dispuesta a rebelarme contra mi carne pero no puedo superarlo, debo orar a Dios y suplicarle que me dé fuerzas. Tenía que señalar y desenmascarar el hecho de que Lin Hai no hacía un trabajo real. Ya no podía ser complaciente ni adoptar una postura intermedia. Incluso si señalar sus problemas lo ofendía, yo tenía que practicar la verdad. Así que le escribí a Lin Hai y lo invité a encontrarnos en una reunión. Antes de ir a verlo, oré para que Dios me guiara a fin de poder practicar la verdad.
Durante la reunión, señalé los problemas de Lin Hai. Al principio, no lo aceptó e intentó replicar y defenderse, y otro hermano también intervino para apoyarlo. Me di cuenta de que este hermano estaba protegiendo a Lin Hai, así que lo interrumpí y lo desenmascaré sin rodeos por tratar de suavizar las cosas. El ambiente se volvió un poco incómodo y la expresión de Lin Hai se tornó desagradable. Tuve miedo de que, si dijera más, nuestra relación se volvería incómoda, así que quise ceder y dejar el asunto. Pero luego pensé en cómo Lin Hai ya había dañado el trabajo por ser negligente y no hacer un trabajo real. Ni siquiera aceptaba cuando se le señalaban sus problemas. Si esto continuaba, causaría un daño aún mayor al trabajo de la iglesia. Recordé unas pocas líneas de un himno: “En la iglesia, manteneos firmes en vuestro testimonio de Mí y defended la verdad. Lo correcto es correcto y lo incorrecto es incorrecto; no confundáis lo negro y lo blanco. Debéis luchar contra Satanás y vencerlo por completo para que nunca más vuelva a levantarse” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 41). Las palabras de Dios me dieron fe y fuerza. Ya no podía ser complaciente; tenía que defender los principios. Así que, basándome en las palabras de Dios, señalé los problemas de Lin Hai y hablé sobre las consecuencias de no supervisar ni dar seguimiento al trabajo, y de no centrarse en cultivar a las personas. Después de escuchar esto, la actitud de Lin Hai cambió un poco y expresó su disposición a aceptarlo. Solo al practicar de esta manera me sentí tranquila en mi corazón.
Más tarde, vi que Lin Hai todavía no había cambiado mucho, así que enumeré sus problemas uno por uno y los informé a los líderes. Después de reunir las evaluaciones sobre Lin Hai, los líderes vieron que tenía un calibre bajo, carecía de capacidad de trabajo y no asumía la carga en su deber. Era un falso obrero que no hacía ningún trabajo real y debía ser destituido. Luego, los líderes me ascendieron a supervisora y me pidieron que fuera a compartir con Lin Hai y lo destituyera. Me sentí un poco indecisa: “Si desenmascaro sus problemas cara a cara, ¿me guardará rencor y se formará un prejuicio contra mí?”. Me di cuenta de que mi mentalidad de complaciente estaba resurgiendo, y recordé las palabras de Dios: “[…] aunque al llevarla a cabo ofendas a la gente o haga que te reprendan a tus espaldas, eso tendrá pocas consecuencias”. Rápidamente, busqué ese pasaje para leerlo. Dios dice: “Si se trata de una acción acorde con los principios, aunque al llevarla a cabo ofendas a la gente o haga que te reprendan a tus espaldas, eso tendrá pocas consecuencias; sin embargo, si se trata de una acción no conforme a los principios, aunque al realizarla consigas la aprobación y el respaldo de todos y te lleves bien con todo el mundo, pero lo único es que no puedas responder por ella ante Dios, entonces habrás sufrido una pérdida. Si mantienes relaciones con la mayoría de las personas, las haces felices y las satisfaces y consigues que te elogien, pero ofendes a Dios, el Creador, entonces eres un necio absoluto. Por lo tanto, hagas lo que hagas, debes entender claramente si es conforme o no a los principios, si complace o no a Dios, cuál es Su actitud frente a ello, qué postura debería adoptar y a qué principios debería atenerse la gente, qué instrucciones ha dado Dios y cómo deberías hacerlo; debes tener esto claro en primer lugar” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (24)). Después de leer las palabras de Dios, mi corazón de repente se iluminó. Al realizar mi deber, debo tener un corazón temeroso de Dios y buscar Sus intenciones y los principios para hacer las cosas. Siempre que algo esté de acuerdo con los principios-verdad, debo persistir en ello. Mientras pueda satisfacer a Dios, no importa si ofendo a la gente o si hablan mal de mí. Si conozco la verdad pero no la practico solo para mantener mis relaciones con las personas, aunque no ofenda a nadie, seré condenada por Dios por cometer una transgresión al no salvaguardar el trabajo de la iglesia. ¡Eso sería tan necio! Así que fui a compartir con Lin Hai, desenmascaré sus manifestaciones de no hacer un trabajo real y lo destituí. Lin Hai dijo que reflexionaría a fondo sobre sí mismo. A través de esta experiencia, me he dado cuenta de que solo practicando la verdad e interactuando con los demás según los principios-verdad se puede vivir con semejanza humana. De ahora en adelante, ya no puedo ser complaciente, perjudicando a otros y a mí misma.