53. Lecciones aprendidas después de tres arrestos
En mayo de 2011, mi mamá me predicó el evangelio de Dios de los últimos días. Después de leer las palabras de Dios, llegué a entender que los cielos, la tierra y todas las cosas fueron creados por Dios, que la humanidad también fue hecha por Él y que es perfectamente natural y justificado que la gente crea en Dios y lo adore. Después de investigar un tiempo, acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Como el PCCh arresta y persigue a los creyentes en Dios, mi papá, mi abuelo y mi abuela, por miedo a verse implicados, siempre se habían opuesto y habían perseguido a mi mamá por su fe, así que no me atreví a dejar que mi familia supiera sobre mi fe en Dios.
A finales de 2012, me arrestaron por predicar el evangelio. En ese entonces, yo tenía 19 años. Aunque la policía no encontró ninguna prueba de mi fe, aun así me detuvieron ilegalmente durante 32 horas. Solo me liberaron después de que mi familia moviera algunos hilos. Mi abuelo y mi tío vinieron a buscarme. En el camino, mi tío dijo: “A tus abuelos les costó mucho esfuerzo criarte y, a su edad, todavía tienen que preocuparse por ti todo el tiempo. En cuanto tu abuela se enteró de que te habían arrestado, estaba tan ansiosa que no podía dormir”. Al ver las canas de mi abuelo, sentí un dolor amargo en el corazón. Cuando llegué a casa, vi a mi abuela y a mis tías sentadas en el patio. Mi abuela, señalándome con un dedo tembloroso, me dijo: “Dime, ¿has estado siguiendo a tu mamá en eso de creer en Dios?”. Mi tía dijo en tono de burla: “¿No puedes darnos un respiro y dejar de preocuparnos? La policía vino hasta tu puerta. Si a ti no te da vergüenza, ¡a mí me da vergüenza por ti! Ahora has avergonzado a toda la familia. ¿Cómo puedes ser tan desconsiderada con nosotros?”. Mi abuela dijo con voz temblorosa: “Esta vez, tus tíos tuvieron que mover hilos para sacarte. Si no, la policía te habría enviado a la cárcel. ¡No puedes seguir creyendo en Dios!”. Mis tías también dijeron cosas que blasfemaban contra Dios y lo condenaban. Mientras las escuchaba regañarme, me sentía como si hubiera hecho algo terriblemente malo y no podía mirarlas a los ojos. También me sentí muy agraviada. Creer en Dios es claramente algo bueno, pero me regañaban como si hubiera cometido algún crimen terrible. Oré a Dios sin cesar, pidiéndole que protegiera mi corazón. Entonces, pensé en las palabras de Dios: “Como miembros de la raza humana y cristianos devotos, es responsabilidad y obligación de todos nosotros ofrecer nuestra mente y nuestro cuerpo para el cumplimiento de la comisión de Dios, porque todo nuestro ser vino de Él y existe gracias a Su soberanía. Si nuestras mentes y nuestros cuerpos no están dedicados a la comisión de Dios ni a la causa recta de la humanidad, nuestras almas se sentirán avergonzadas ante aquellos que fueron martirizados a causa de la comisión de Dios, y aún más ante Dios, que nos ha provisto de todo” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice II: Dios tiene soberanía sobre el porvenir de toda la humanidad). Pensé: “Es cierto, mi vida viene de Dios. Predicar el evangelio y dar testimonio de las palabras de Dios a más personas para que puedan aceptar la salvación de Dios, ¡esto es lo más recto de todo! Pero como me arrestaron por mi fe y le causé preocupación y problemas a mi familia, sentí que les había traído preocupación y vergüenza, como si hubiera hecho algo malo. ¡No estaba distinguiendo para nada entre el bien y el mal! Creer en Dios y predicar el evangelio es lo más recto que se puede hacer. Tengo que tener mis propias convicciones cuando se trata de la fe”. Al pensar esto, ya no me sentí limitada.
Unos días después, el PCCh empezó a difundir rumores infundados y falacias en la televisión, en los principales medios de comunicación y en internet para calumniar a la Iglesia de Dios Todopoderoso, y comenzaron a arrestar masivamente a los cristianos de la Iglesia. Después de escuchar estos rumores infundados, mi familia empezó a vigilarme. Me llamaban con frecuencia para saber dónde estaba y, a menudo, intentaban convencerme de que abandonara mi fe. Mi abuelo dijo: “¿Sabes a cuántos de los arrestados esta vez los han condenado? Algunos han recibido condenas de más de diez años, e incluso afecta a sus familias: los ancianos pierden sus subsidios y los niños no pueden ir a la escuela. ¿Qué tiene de bueno creer en Dios? Te arrestan y te condenan sin importar la edad que tengas. Justo al norte de aquí, a alguien de tu edad lo condenaron a tres años. Todos pensábamos que el asesinato era el peor crimen y que conllevaba la condena más dura, ¡pero las condenas por creer en Dios son más severas que por asesinato!”. Más tarde, cada vez que iba a casa de mi abuelo, él me decía de vez en cuando: “No puedes creer en Dios, ¿oíste? ¿No lo has visto en la tele? Dicen que cuando alguien cree en Dios Todopoderoso, tres generaciones de su familia sufrirán por ello. Todos los trabajos de tus tíos se verán afectados, y les causará problemas a tus hermanos menores cuando intenten entrar en la universidad. ¿Cómo no iban a guardarte rencor? ¡Te digo esto por tu propio bien!”. Recuerdo que una vez mi tía me dijo: “No tienes idea de lo difícil que fue cuidarte de niña. Te enfermaste varias veces y casi te mueres. Fue tu abuela la que nunca se apartó de tu lado, cuidándote día y noche. Puso todo su corazón y su alma en ti. En ese entonces tenías una anemia muy grave y el banco de sangre estaba vacío. Fue tu abuelo quien te dio una transfusión de sangre. Ahora que eres mayor, ¿vas a seguir causándoles preocupaciones?”. Sentí un dolor amargo en el corazón. Fueron mis abuelos quienes me habían criado; me cuidaron y se sacrificaron por mí. Ahora que era mayor, todavía les estaba causando preocupaciones. Me sentí muy carente de conciencia. En otra ocasión que fui a casa, mi abuelo me dijo: “‘Tus padres te dieron tu cuerpo’. Aunque no pienses en ti, tienes que pensar en tu familia. Si un día te arrestan por tu fe y tienes que sufrir en la cárcel, ¿cómo no íbamos a estar desconsolados y afligidos?”. Al oírlo decir eso, me invadió una oleada de emociones encontradas. Sentí que les estaba causando demasiadas preocupaciones y que era muy desconsiderada con sus sentimientos, como si todos sus esfuerzos por criarme hubieran sido en vano. Me sentí muy débil, así que oré a Dios: “Dios mío, cuanto más se preocupa mi familia por mí, más siento que les debo. Sé que creer en Ti es bueno, pero mi corazón todavía sufre mucho. ¡Por favor, guíame!”. Después de orar, pensé en estas palabras de Dios: “Dios creó este mundo y trajo a él al hombre, un ser vivo al que le otorgó la vida. A su vez, el hombre tuvo padres y parientes y ya no estuvo solo. Desde que el hombre puso los ojos por primera vez en este mundo material, estuvo destinado a existir dentro de la predestinación de Dios. Es el aliento de vida proveniente de Dios el que sostiene a cada ser vivo hasta llegar a la adultez. Durante este proceso, nadie siente que el hombre existe y crece bajo el cuidado de Dios. Más bien, la gente cree que el hombre crece bajo la gracia de la crianza de sus padres y que es su propio instinto de vida el que impulsa su crecimiento. Esto se debe a que el hombre no sabe quién le otorgó la vida o de dónde viene esa vida, y, mucho menos, la manera en la que el instinto de la vida crea milagros. El hombre solo sabe que el alimento es la base para que su vida continúe, que la perseverancia es la fuente de la existencia de su vida y que las creencias de su mente son el capital del que depende su supervivencia. El hombre es totalmente ajeno a la gracia y la provisión de Dios, y es así como desperdicia la vida que Dios le otorgó… Ni una sola persona a las que Dios vigila día y noche toma la iniciativa de adorarlo. Dios simplemente hace la obra en el hombre —sobre el cual no hay expectativas— tal y como lo planeó. Lo hace así con la esperanza de que, un día, el hombre despierte de su sueño y, de repente, comprenda el valor y el significado de la vida, el precio que Dios pagó por todo lo que le ha dado y el ansia con la que Dios anhela desesperadamente que el hombre regrese a Él” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios es la fuente de la vida del hombre). Gracias a las palabras de Dios, comprendí que mi vida viene de Él. Aunque mis abuelos me criaron, fue Dios quien siempre me estuvo cuidando y protegiendo entre bastidores. Una vez, cuando era pequeña, comí veneno para ratas por accidente. Mi familia me llevó a tres hospitales, pero en ninguno quisieron atenderme; solo le dijeron a mi familia que se preparara para mi funeral. Mi abuelo era médico, pero ni siquiera él pudo hacer nada. Finalmente, un hospital accedió a regañadientes a intentar salvarme y, después de darme tratamiento de urgencia, sobreviví de milagro. En otra ocasión, tuve una obstrucción intestinal aguda. El médico desaconsejó masajearla, diciendo que solo haría que la obstrucción se apretara más. Estaba a punto de necesitar cirugía, pero mi abuela me masajeó la panza y de verdad logró deshacer el bloqueo. La razón por la que hoy estoy viva y bien es enteramente la maravillosa protección de Dios. Debería estar agradecida por la salvación de Dios, en lugar de atribuírselo todo a mis abuelos. Una vez que entendí esto, ya no me sentí en deuda con ellos. Un mes después, me enteré de que la iglesia necesitaba gente para cooperar en el trabajo evangélico, así que renuncié a mi trabajo y me dediqué a ello.
Por la tarde del 22 de octubre de 2013, una persona malvada me denunció mientras estaba en una reunión y me arrestaron de nuevo. Estuve detenida 15 días y me multaron con mil yuanes. Mi papá vino a buscarme. De camino a casa, tenía una expresión sombría y guardaba un silencio total. Cuanto más silencioso estaba, más miedo sentía yo; era como la calma antes de la tormenta. Oré en mi corazón: “Dios, no sé a qué me voy a enfrentar. Por favor, protégeme. No importa cómo me ataque mi familia, ¡debo mantenerme firme en mi testimonio por Ti!”. Después de llegar a casa de mis abuelos, mi papá me gritó: “La policía me lo dijo: ¡ese en el que crees es solo una persona! ¡Los han engañado a todos y, aun así, siguen muy obsesionados!”. Me enfureció oírle decir eso, así que repliqué: “Tú antes creías en el Señor Jesús. ¿No era Él también un ser humano por fuera? Pero tenía una esencia divina y podía realizar la obra de Dios”. Mi papá me señaló y dijo: “¡Obsesionada! ¡Totalmente obsesionada! La policía dijo que son una organización…”. Lo interrumpí, preguntando: “¿Qué es una organización? A una organización la crean las personas; es un grupo que comercia para sus propios fines e intereses. La Iglesia de Dios Todopoderoso surgió a través de la obra de Dios. Solo nos reunimos para leer las palabras de Dios, adorar a Dios, hablar sobre conocernos a nosotros mismos y hablar sobre las intenciones de Dios. No tiene nada que ver con una organización. Llamar organización a la iglesia de Dios es simplemente confundir los conceptos. Eso es lo que diría una persona atolondrada. Una persona inteligente lo investigaría por sí misma y no se limitaría a escuchar ciegamente estas tonterías”. Pero, para mi sorpresa, mi abuelo también me señaló y dijo: “¡Mira por el pueblo! ¿Hay alguien más como tú? ¡Que cree en Dios a una edad tan temprana! ¡Nos has avergonzado por completo!”. Mi abuela y mi tío se unieron, regañándome también. Mi papá exigió: “Parece que sabes bastante. ¿Desde cuándo crees? ¿Dónde son tus reuniones?”. Había pensado que mi familia estaría preocupadísima por mí después de haber estado encerrada durante medio mes, pero la escena que tenía ante mí me heló el corazón. ¿Cómo se habían vuelto así mis parientes, que antes me querían tanto? La casa se sentía tan gélida como una prisión. Solo por mi fe en Dios, mi propia familia me estaba aislando y uniéndose en mi contra. Nadie me entendía y a nadie le importaba cómo me sentía. Sentí que la senda de la fe era demasiado dura y me volví increíblemente negativa y débil. Mi papá, avergonzado de mí, me encerraba en mi habitación todos los días. Cuando la gente del pueblo se enteró de que me habían arrestado por mi fe, algunos se paraban fuera de nuestra casa para burlarse y chismorrear. Unos niños traviesos incluso gritaban: “¿Está en casa la creyente? ¡Viene la policía!”. Una noche, mi papá empezó a regañarme de nuevo, diciendo que toda la familia no podía dar la cara en público por mi culpa. Después de eso, se limitó a sentarse en la habitación, fumando en un silencio taciturno. Un rato después, oí sus sollozos ahogados. Nunca en mi vida había oído llorar a mi papá, y oírlo llorar me hizo llorar a mí también. Pensé: “Mi fe ha tenido un impacto muy negativo en mi familia. Mis abuelos ya son muy mayores y todavía tienen que preocuparse por mí. Además, esta es la segunda vez que me arrestan. Si sigo persistiendo en mi fe y me arrestan de nuevo, ¿cómo podría soportarlo mi familia? Tal vez debería abandonar mi fe, conseguir un trabajo y solo centrarme en ganar dinero, y al menos tranquilizarlos”. La idea me causó un dolor terrible y oré: “Dios, quiero creer en Ti, pero mi familia no deja de perseguirme y obstaculizarme, y me siento muy débil. ¡Dios, por favor, guíame!”. Después de orar, leí las palabras de Dios: “Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y es el momento en que Dios necesita que des testimonio. Aunque parezcan no ser importantes desde fuera, cuando estas cosas ocurren muestran si amas o no a Dios. Si lo haces, serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio de Él y, si no has puesto en práctica el amor a Dios, esto muestra que no eres alguien que pone en práctica la verdad, que no tienes la verdad ni tienes la vida, ¡que eres cascarilla!” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo amar a Dios es realmente creer en Él). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, entendí que estas cosas me habían sucedido con Su permiso. Era Su prueba para mí, para ver si me aferraría a mi fe y me mantendría firme en mi testimonio, o si cedería ante Satanás. Frente a los ataques de mi familia y los chismes de los vecinos, y especialmente cuando oí llorar a mi papá, había culpado a mi fe por provocar burlas a mi familia y hacer que se preocuparan por mi culpa. Entonces, pensé en abandonar mi fe; ¿no era eso ceder ante Satanás? Si a mi familia realmente le preocupaba que yo creyera en algo equivocado, deberían haberme ayudado a investigarlo y a averiguar si lo que yo creía era el camino verdadero. Pero solo me atacaron indiscriminadamente. La verdad era que simplemente tenían miedo de que mi fe los implicara y perjudicara sus propios intereses. Yo no había calado sus motivos y me había dejado engañar por su supuesta preocupación por mí. Casi caí en la trampa de Satanás y traicioné a Dios. ¡Fue muy peligroso! Sin importar cómo me persiguiera mi familia en el futuro, tenía que mantenerme firme en mi testimonio por Dios y no rendirme ante los ataques de mi familia.
El 14 de noviembre de 2013, mi papá me llevó a la fuerza a su lugar de trabajo y me puso bajo arresto domiciliario. Cuando se iba a trabajar, me encerraba en la casa con dos candados. Intenté escapar de todas las formas que se me ocurrieron, pero nada funcionó. Un día, mi papá regresó, se sentó al borde de la cama y me regañó: “¡Mírate! ¡Tan joven y ya te han arrestado dos veces! ¿No te da vergüenza?”. Le dije: “Como creyente en Dios, solo leo las palabras de Dios. No he hecho nada malo. ¿De qué hay que avergonzarse?”. Nunca imaginé que se enfadaría tanto. Se levantó de un salto, me agarró por el cuello y empezó a abofetearme una y otra vez, gritando: “¿Quieres creer? ¡Te sacaré esa creencia a golpes!”. Me sangraba la nariz a chorros, pero no paró hasta que un vecino llamó a la puerta. Me miró con furia y me gruñó: “¡Si sigues creyendo, seguiré pegándote! ¡Te doblegaré a golpes!”. En ese momento, la nariz no dejaba de sangrarme. Mientras veía cómo el bote de basura se llenaba de pañuelos ensangrentados, un dolor inmenso llenó mi corazón. “Mi propio padre está siendo así de brutal solo porque creo en Dios. ¿Cómo puede ser este mi padre? ¡Es un diablo!”. Me tumbé boca abajo en la cama y lloré amargamente durante mucho rato, sintiendo que creer en Dios era simplemente demasiado duro. Pensé: “Si sigo creyendo, ¿esta persecución no acabará nunca? Quizá debería decirle que he abandonado mi fe. Podría encontrar un trabajo aquí y creer en secreto. Así dejaría de pegarme”. Oré a Dios: “Dios, por favor, esclaréceme y guíame para que pueda entender Tus intenciones”.
Tres días después, encontré un teléfono móvil viejo, saqué una tarjeta de memoria con las palabras de Dios que había escondido y la metí. Encendí el teléfono y leí las palabras de Dios: “Cuando las personas experimentan pruebas, es normal que sean débiles, internamente negativas o que carezcan de claridad sobre las intenciones de Dios o sobre la senda de práctica. Pero en general, debes tener fe en la obra de Dios e, igual que Job, no negarlo. Aunque Job era débil y maldijo el día de su propio nacimiento, no negó que es Jehová quien concede todas las cosas que poseen las personas después de que nacen, y que también es Él quien las quita. Independientemente de las pruebas que tuvo que soportar, él mantuvo esta creencia. […] ¿A qué se refiere la fe? La fe es la creencia genuina y el corazón sincero que los humanos deberían poseer cuando no pueden ver ni tocar algo, cuando la obra de Dios no está en línea con las nociones humanas, cuando está más allá del alcance humano. Esta es la fe de la que hablo. Las personas necesitan fe durante los momentos de sufrimiento y durante los momentos de refinamiento y, cuando tienen fe, enfrentan el refinamiento. El refinamiento y la fe no pueden separarse. Si, obre como obre Dios y sea cual sea tu entorno, eres capaz de buscar la vida y la verdad, de buscar el conocimiento de la obra de Dios, de buscar conocer Sus acciones y eres capaz de actuar según la verdad, esto es tener auténtica fe y demuestra que no has perdido la fe en Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben pasar por el refinamiento). “Independientemente de cuál sea tu estatura real, debes poseer primero esta determinación de sufrir, esta fe verdadera y tener la determinación de rebelarte contra la carne. Deberías estar dispuesto a sufrir personalmente y a experimentar pérdidas en tus intereses personales con el fin de satisfacer las intenciones de Dios. Debes ser capaz de sentir arrepentimiento en tu corazón. En el pasado no fuiste capaz de satisfacer a Dios, y ahora, puedes arrepentirte. Ni una sola de estas cosas puede faltar y Dios te perfeccionará a través de ellas. Si careces de estas condiciones, no puedes ser perfeccionado” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben pasar por el refinamiento). “¿Alguna vez habéis aceptado las bendiciones que se os han preparado? ¿Alguna vez habéis perseguido las promesas que os han hecho? Bajo la guía de Mi luz, os abriréis paso entre el yugo de las fuerzas de la oscuridad. En medio de la oscuridad, no perderéis la guía de la luz. Seréis los amos de todas las cosas. Seréis vencedores delante de Satanás. Cuando caiga el país del gran dragón rojo, os erguiréis entre la infinidad de personas como prueba de Mi victoria. Permaneceréis firmes e inquebrantables en la tierra de Sinim. Como resultado de los sufrimientos que soportéis, heredaréis Mis bendiciones e irradiaréis Mi luz de gloria en todo el universo” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las palabras de Dios al universo entero, Capítulo 19). Leí estos pasajes una y otra vez. Pensé en Job. Durante sus pruebas, perdió todas sus riquezas y a sus hijos, su cuerpo se cubrió de llagas dolorosas, e incluso fue atacado por su esposa y sus amigos. Pero Job nunca negó el nombre de Dios. En cambio, se sometió a las orquestaciones y los arreglos de Dios, alabó el nombre de Jehová, y se mantuvo firme en su testimonio en medio de sus pruebas, avergonzando a Satanás. Todo lo que yo había soportado era estar confinada y ser golpeada por mi papá; tan solo un poco de sufrimiento físico, y ya había sentido que creer en Dios era demasiado duro y doloroso, e incluso pensé en abandonar mi fe. ¿No era eso traicionar a Dios y postrarme ante Satanás? ¡Mi fe en Dios era tan pequeña! Asistir activamente a las reuniones y hacer mi deber en un entorno cómodo no significaba que tuviera una fe verdadera. La fe verdadera es ser capaz de seguir a Dios incluso al sufrir en entornos adversos. Mi papá me había traído a este lugar desconocido, me había aislado de mis hermanos y hermanas, y me había golpeado; todo con el permiso de Dios. Dios estaba usando esto para perfeccionar mi fe y mi determinación de sufrir. ¡Esto era Su bendición! Cuando entendí las intenciones de Dios, oré, pidiéndole que me guiara para poder mantenerme firme en mi testimonio. Durante los veintitantos días que mi papá me tuvo cautiva, leía las palabras de Dios cada vez que él se iba a trabajar. Mi corazón se acercó cada vez más a Dios y ya no sentía que estaba sufriendo.
Un poco más de veinte días después, la policía de mi ciudad natal vino y me llevó de vuelta al centro de detención. A finales de mayo de 2014, el PCCh me acusó de “utilizar una organización xie jiao para socavar la aplicación de la ley”, y me condenó a tres años de prisión, con una suspensión de cuatro años en libertad condicional. Mi familia tuvo que pagar a la policía más de cien mil yuanes para asegurar mi liberación. Durante mi libertad condicional, tenía que presentarme en la oficina judicial local cada semana y estar localizable en todo momento. Si no podían contactarme, recibía una advertencia; tres llamadas perdidas y me enviaban de vuelta a la cárcel. Aunque me habían liberado, no tenía ninguna libertad personal en absoluto. Mi tío había usado su trabajo como garantía para mi liberación, y mi familia me persiguió aún más severamente después de eso. Tenía que informarles cada uno de mis movimientos. Una vez, estuve fuera poco más de tres horas y tenía 14 llamadas perdidas de mi tía. Por la noche, si me acostaba un poco temprano, mi abuela entraba para ver si estaba orando y ni siquiera me dejaba cerrar la puerta cuando dormía. Incluso me seguía hasta la tienda de mi tía cuando iba a trabajar allí. Frente a esta vigilancia ininterrumpida, me sentía increíblemente débil y no tenía idea de cómo sobrellevarlo. A menudo oraba, pidiéndole a Dios que me abriera un camino. Un día, de camino a la oficina judicial, me encontré con una hermana. Me dijo que los hermanos y hermanas estaban todos orando por mí y que yo debía orar más, y que Dios me guiaría. Sus palabras me conmovieron profundamente. También me pasó en secreto un reproductor MP5 y una tarjeta de memoria con videos de las palabras de Dios. Después, leí las palabras de Dios: “Debes poseer Mi valentía dentro de ti y debes tener principios cuando te enfrentes a parientes no creyentes. Sin embargo, por causa Mía, también debes evitar ceder ante cualquier fuerza de la oscuridad. Debes confiar en Mi sabiduría para seguir el camino perfecto y no permitir que ninguna de las tramas de Satanás tenga éxito” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 10). Gracias a las palabras de Dios, entendí que Él estaba usando este entorno para forjar mi valor y mi fe, para ayudarme a ver claramente la perversidad de Satanás, para que no sucumbiera a su influencia, y en cambio pudiera usar la sabiduría para derrotarlo. Podían controlar mi cuerpo, pero no podían controlar mi corazón. Me vigilaban constantemente para impedirme orar, pero yo todavía podía reflexionar sobre las palabras de Dios en mi corazón, y sosegarme ante Dios para acercarme a Él. Poco a poco, mi corazón dejó de estar abatido.
En una ocasión, le dije a mi familia que quería presentarme a un examen de autoaprendizaje y me mudé de nuevo a mi antigua casa para vivir sola. Así fue como, finalmente, escapé de su vigilancia. Como me habían arrestado tres veces por mi fe, la gente de mi pueblo mantenía distancia conmigo. A veces, si un grupo estaba hablando en la calle, se dispersaba en cuanto yo pasaba. Otros me miraban desde lejos como si fuera un bicho raro, susurrando y señalándome a mis espaldas. Mi familia, avergonzada de mí, no caminaba conmigo en público. Me sentía como una completa marginada, rechazada por todos, y me sentí profundamente agraviada. Muchas veces clamé en mi corazón: “Todo lo que hago es creer en Dios y adorarlo, buscando ser una persona con conciencia y razón. ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué no tengo ni siquiera los derechos humanos básicos? ¿Por qué debo soportar el rechazo de mi familia y la discriminación de mis vecinos?”. Me sentía increíblemente reprimida y dolida. Durante ese tiempo, a menudo oraba y buscaba cómo debía experimentar este entorno.
Más tarde, leí las palabras de Dios y me sentí muy animada. Llegué a saber cómo experimentarlo. Dios Todopoderoso dice: “Los treinta y tres años y medio que Dios pasó en la tierra en la carne fueron algo extremadamente doloroso en sí mismo, y nadie podía entenderlo. […] El sufrimiento principal que soporta resulta de convivir con una humanidad corrompida hasta el extremo, de soportar el ridículo, el insulto, el juicio y la condena de todo tipo de personas, así como la persecución de los demonios malvados y el rechazo y la hostilidad del mundo religioso, que crean heridas en el alma que nadie podría compensar. Es doloroso. Salva a la humanidad corrupta con inmensa paciencia, ama a la gente a pesar de Sus heridas, y esta es una obra tremendamente dolorosa. La resistencia cruel por parte de la humanidad, la condena y la calumnia, las falsas acusaciones, la opresión, y la persecución y el asesinato, hacen que la carne de Dios realice esta obra a costa de grandes riesgos para Sí. ¿Quién podría comprenderlo mientras sufre estos dolores? ¿Quién podría consolarlo?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La esencia de Cristo es el amor). Pensé en el Señor Jesús, perseguido por el gobierno desde el momento de Su nacimiento. Cuando comenzó Su obra, fue ridiculizado, condenado y objeto de blasfemias, y finalmente clavado en la cruz por los fariseos y el gobierno romano. En los últimos días, Dios Todopoderoso ha venido a obrar y salvar a la humanidad, y Él también es condenado y buscado por el gobierno del PCCh. Dios sufre tanto para salvarnos y, sin embargo, nadie es considerado con Él ni lo entiende. ¿Cómo debe sentirse Su corazón? También pensé en Noé. Dios lo llamó para construir el arca. Noé invirtió sus propias posesiones en construirla mientras también transmitía la intención de Jehová Dios, diciéndole a la gente que subiera a bordo. Sus acciones fueron recibidas con burlas, pero Noé no se debilitó ni se quejó como resultado de esto. Se mantuvo firme en seguir la voluntad de Dios. Pero aquí estaba yo, volviéndome tan negativa y desdichada solo por enfrentar un poco de discriminación y burla por seguir a Dios. Era tan frágil. ¡No era nada en comparación con Noé! También recordé lo que dijo el Señor Jesús: “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14). El Señor Jesús dijo hace mucho tiempo que una persona puede tomar dos sendas. Una conduce por la puerta ancha, la senda de perseguir el mundo, buscando beneficios visibles como el disfrute carnal, la fama, el provecho y el dinero; muchas personas recorren esta senda. La otra conduce por la puerta estrecha, la senda de creer en Dios y seguirlo. Esta es una senda de sufrimiento, donde te encontrarás con burlas, escarnio e incluso calumnias y abusos verbales, enfrentando un obstáculo tras otro. Muy pocas personas son capaces de emprender esta senda. A mí me importaba demasiado la imagen, la reputación y el estatus; todo esto era una carga en mi senda de fe. Sabía que tenía que desprenderme de todo esto y aferrarme a la verdadera fe en Dios para seguir adelante y, finalmente, ganar la vida. Además, obtener la aprobación de estos no creyentes es completamente insignificante y no tiene ningún valor. En mi fe, debo perseguir obtener la verdad y ser valorada por Dios. No importa cómo me vean los demás, debo persistir en creer en Dios y seguirlo. Al pensar en esto, ya no me sentí constreñida.
Más tarde, descubrí que mi papá y mi abuela habían ido a mi lugar de trabajo a mis espaldas más de una vez para comprobar si me presentaba a trabajar como de costumbre. Sentí que no tenía privacidad ni derechos humanos en absoluto. Una vez, leí las palabras de Dios y obtuve algo de discernimiento sobre mi familia. Dios Todopoderoso dice: “Las personas que tienen una buena conciencia, pero no aceptan el camino verdadero, son demonios; su esencia es de resistencia a Dios. Los que no aceptan el camino verdadero son los que se resisten a Dios; incluso si estas personas sufren muchas dificultades, aun así, van a ser destruidas. Todos los que no están dispuestos a renunciar al mundo, que no pueden soportar separarse de sus padres y que no pueden soportar deshacerse de sus propios deleites de la carne, son rebeldes contra Dios y todos van a ser objeto de la destrucción. Cualquiera que no crea en Dios encarnado es un demonio y, es más, va a ser destruido. Los que tienen fe, pero no practican la verdad, los que no creen en el Dios encarnado y los que de ningún modo creen en la existencia de Dios, también van a ser objeto de la destrucción. Todos aquellos a quienes se permitirá permanecer son personas que han pasado por el sufrimiento de la refinación y se han mantenido firmes; estas son personas que verdaderamente han padecido pruebas. Cualquiera que no reconozca a Dios es un enemigo; es decir, cualquiera que no reconozca a Dios encarnado, tanto dentro como fuera de esta corriente, ¡es un anticristo! ¿Quién es Satanás, quiénes son los demonios y quiénes son los enemigos de Dios, sino opositores que no creen en Dios?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo). Leer las palabras de Dios me hizo pensar en los miembros de mi familia que obstaculizaban mi fe. Mi mamá les había testimoniado sobre el evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días, pero ni uno solo de ellos buscó o investigó. En el momento en que mi fe afectó sus intereses, utilizaron todo tipo de métodos para perseguirme y obstaculizar mi creencia en Dios, regañándome bajo el pretexto de “hacer lo que es mejor para mí”. Me pusieron bajo arresto domiciliario y me golpearon para obligarme a traicionar a Dios y, hasta ese día, todavía me seguían y me vigilaban. Vi que su esencia-naturaleza es una que odia y se resiste a Dios. Pensé en Job, que fue atacado por su esposa durante sus pruebas. Él no cayó en la trampa ni se volvió negativo; en cambio, la reprendió llamándola mujer necia. Job tenía principios en cómo trataba a su familia y se aferró a su fe. Tenía que seguir su ejemplo, rechazar a los miembros de mi familia que se resistían a Dios y trazar una línea clara entre ellos y yo.
Una vez, la policía me llamó, pero no lo oí. Unos días después, mi abuelo vino a verme y me dijo: “¿Por qué no respondiste a la llamada de la policía? ¡No te olvides de contestar el teléfono!”. Sentí una oleada de resentimiento. Más tarde, leí un pasaje de las palabras de Dios y obtuve algo de discernimiento sobre la esencia perversa del PCCh que se opone a Dios. Dios Todopoderoso dice: “Durante miles de años, esta ha sido la tierra de la suciedad. Es insoportablemente sucia, la miseria abunda, los fantasmas campan a su antojo por todas partes; timan, engañan, y hacen acusaciones sin razón; son despiadados y crueles, pisotean esta ciudad fantasma y la dejan plagada de cadáveres; el hedor de la putrefacción cubre la tierra e impregna el aire; está fuertemente custodiada. ¿Quién puede ver el mundo más allá de los cielos? El diablo ata firmemente todo el cuerpo del hombre, pone un velo ante sus ojos y sella con fuerza sus labios. El rey de los demonios se ha desbocado durante varios miles de años, hasta el día de hoy, cuando sigue custodiando de cerca la ciudad fantasma, como si fuera un ‘palacio de demonios’ impenetrable. Esta manada de perros guardianes, mientras tanto, mira fijamente con mirada penetrante, profundamente temerosa de que Dios la pille desprevenida, los aniquile a todos, y los deje sin un lugar de paz y felicidad. ¿Cómo podría la gente de una ciudad fantasma como esta haber visto alguna vez a Dios? ¿Podrían haber disfrutado alguna vez de la amabilidad y del encanto de Dios? ¿Podrían entender alguna vez los asuntos del mundo humano? ¿Quién de ellos puede entender las anhelantes intenciones de Dios? Poco sorprende, pues, que el Dios encarnado permanezca totalmente escondido: en una sociedad oscura como esta, donde los demonios son inmisericordes e inhumanos, ¿cómo podría el rey de los demonios, que mata a las personas sin pestañear, tolerar la existencia de un Dios hermoso, bondadoso y además santo? ¿Cómo podría aplaudir y vitorear Su llegada? ¡Esos lacayos! Devuelven odio por amabilidad, empezaron a tratar a Dios como un enemigo hace mucho tiempo, lo han maltratado, son en extremo salvajes, no tienen el más mínimo respeto por Dios, atacan y roban, han perdido toda conciencia, van contra toda conciencia, y tientan a los inocentes hasta un estado de coma. ¿Antepasados de lo antiguo? ¿Amados líderes? ¡Todos ellos se oponen a Dios! ¡Su intromisión ha dejado todo lo que está bajo el cielo en un estado de oscuridad y caos! ¿Libertad religiosa? ¿Los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar la maldad!” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra y la entrada (8)). Gracias a las palabras de Dios, vi aún más claramente la esencia demoníaca del PCCh, que es hostil a Dios. En apariencia, ondea la bandera de la libertad religiosa, pero en realidad, tergiversa el bien y el mal, y difunde todo tipo de herejías y falacias para desorientar a la gente ignorante y hacer que se ponga de su lado para atacar y resistirse a Dios, y perseguir a los cristianos. Su objetivo es hacer que todos se unan a él para resistirse a Dios y dirigirse a la destrucción. El PCCh es un diablo en la tierra, un enemigo de Dios; ¡es absolutamente despreciable y perverso! En solo tres años de fe, me habían arrestado tres veces. Incluso después de mi liberación, no tenía libertad personal. El PCCh usó la amenaza de que los trabajos y beneficios de tres generaciones de mi familia se verían afectados para incitar a mi familia a obstaculizar mi fe. Por sus propios intereses, mi familia me persiguió ciegamente, condenó a Dios y blasfemó contra Él, y constantemente me rastreaba y vigilaba. Los aldeanos también me rehuían y discriminaban porque me habían arrestado. Todo esto fue el resultado de la persecución del PCCh. El PCCh usó todos los medios para obstaculizar mi fe, pero nunca imaginó que su actuación no solo me ayudaría a obtener discernimiento de su esencia que se opone a Dios, sino también de la esencia-naturaleza de mi familia. Solo hizo que mi fe para seguir a Dios fuera más fuerte. El PCCh podía controlar mi cuerpo, pero no podía controlar mi corazón. No renunciaré a mi fe ni a mi deber.
A finales de mayo de 2015, aproveché la oportunidad de despedir a mi hermana que se iba a su nuevo trabajo para finalmente irme de casa y realizar mi deber. En el momento en que salí de la casa, sentí como si me hubiera liberado de grilletes; mi cuerpo y mi alma estaban completamente libres. Sin las palabras de Dios que me daban fe y me esclarecían para entender la verdad, nunca podría haber superado los implacables ataques de mi familia. Fue Dios quien me guio para liberarme de los grilletes de mi “familia”, dándome la oportunidad de finalmente realizar mi deber. ¡Gracias a Dios!