63. Por qué no quería llevar una carga

Por Caili, China

En enero de 2024, la líder de distrito me escribió para que fuera la líder del equipo de riego. Me sentí un poco en conflicto y pensé: “Como líder del equipo de riego, sería responsable del trabajo de riego de alrededor de una docena de iglesias. ¡Eso sería muy ajetreado y agotador! Ahora solo estoy a cargo de dos iglesias, así que no es muy cansador. Así está bien. Además, tengo espondilosis cervical. Antes, tuve una hernia discal cervical que me comprimía los nervios y me causaba entumecimiento en la mitad del cuerpo, falta de riego sanguíneo al cerebro, mareos frecuentes, insomnio y malestar en el corazón. Aunque ahora me siento mejor, ¡cuán preocupante sería encargarme del trabajo de riego de tantas iglesias! En el pasado, desarrollé algunas enfermedades por trasnochar con frecuencia. El deber de líder de grupo de riego implica una carga de trabajo muy pesada. ¿Y si me enfermo por exceso de trabajo? No, tengo que ser lista. No puedo realizar los deberes con demasiada seriedad”. Al pensar esto, le dije a la líder: “Mi capacidad de trabajo es deficiente y no puedo asumir tanto trabajo. Sería mejor encontrar a alguien más adecuado”. Unos días después, la líder volvió a escribirme para hablar conmigo y me dijo: “Tú también puedes ver que los resultados de nuestro trabajo de riego no son buenos. Muchos regadores acaban de empezar a formarse, no están familiarizados con el trabajo y aún necesitan cultivo. Llevas mucho tiempo cumpliendo este deber y tienes algo de experiencia. En este momento, deberías tener consideración con la intención de Dios y asumir esta carga. Las exigencias de Dios para con nosotros no son altas. Siempre que lo demos todo, Él se sentirá satisfecho”. Después de leer la carta de mi hermana, me sentí muy culpable. Había muchos recién llegados que se unían a la iglesia y realmente necesitábamos gente para hacer el trabajo de riego. Debía desprenderme de mis intereses carnales y hacerme cargo de este deber.

Pensé en cómo Dios había compartido sobre Noé y su actitud hacia la comisión que Dios le dio, así que busqué ese pasaje para leerlo. Dios Todopoderoso dice: “En el transcurso de la construcción del arca, lo primero a lo que tuvo que enfrentarse Noé fue a la incomprensión de su familia, sus molestos comentarios, sus quejas e incluso su denigración. Lo segundo fue a la calumnia, la ridiculización y el juicio por parte de quienes lo rodeaban: sus parientes, sus amigos y otra gente de todo tipo. Pero Noé tenía una única actitud: obedecer las palabras de Dios, llevarlas a cabo hasta el final y no desviarse nunca de ese camino. ¿Qué determinación tenía Noé? ‘Mientras esté vivo, mientras pueda moverme, no puedo abandonar la comisión de Dios’. Esta fue su motivación para llevar a cabo la gran empresa de construir el arca, así como su actitud cuando se le presentaron las órdenes de Dios, y después de escuchar Sus palabras. Ante toda clase de problemas, dificultades y desafíos, Noé no retrocedió. Incluso cuando a menudo fracasaban algunas de sus tareas de ingeniería más difíciles y las cosas se dañaban, a pesar de que sentía tristeza y preocupación en el corazón, cuando pensaba en las palabras de Dios, cuando pensaba en cada palabra que Dios le había ordenado y en cómo lo había exaltado, solía sentirse extremadamente motivado: ‘No puedo rendirme, no puedo ignorar lo que Dios me ha ordenado y encomendado hacer. Esta es la comisión de Dios, y puesto que la acepté, dado que oí las palabras que Dios pronunció y Su voz, y como acepté esto de parte de Él, debo someterme completamente, que es lo que debería hacer un ser humano’. Así que, sin importar el tipo de dificultades a las que se enfrentara, la clase de burlas o calumnias con las que se encontrara, y por muy agotado que estuviera su cuerpo y muy cansado que se sintiera, no abandonó lo que le había encomendado Dios, y tuvo siempre en mente cada una de las palabras de lo que Él había dicho y ordenado. Por mucho que cambiara su entorno y por muy grandes que fueran las dificultades que afrontara, confiaba en que nada de eso sería eterno, que solo las palabras de Dios perdurarían para siempre, y que únicamente se cumpliría con toda certeza aquello que Dios había ordenado hacer. Noé poseía verdadera fe en Dios y la sumisión que debía tener, y siguió construyendo el arca que Dios le había pedido construir. Día tras día, año tras año, Noé envejeció, pero su fe no disminuyó ni se produjo ningún cambio en su actitud ni en su determinación de completar la comisión de Dios. Aunque hubo momentos en los que su cuerpo se sintió cansado y exhausto, cayó enfermo y su corazón se debilitó, su determinación y perseverancia a la hora de completar la comisión de Dios y someterse a Sus palabras no decrecieron. Durante los años en que Noé construyó el arca, practicó la escucha de las palabras que Dios había pronunciado y la sumisión a estas, y también practicó la verdad importante de que un ser creado y una persona corriente debe completar la comisión de Dios(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión tres: Cómo obedecieron Noé y Abraham las palabras de Dios y se sometieron a Él (II)). La experiencia de Noé me conmovió de verdad. Vi que cuando Dios le ordenó a Noé que construyera el arca, el corazón de Noé era inocente. Escuchó las palabras de Dios y se sometió a Él. Incluso ante la enorme tarea de construir el arca, no se negó ni intentó eludirla, y nunca dijo que era demasiado viejo para construir un arca. Al contrario, se desprendió con racionalidad del trabajo que tenía entre manos y empezó a preparar diversos materiales para construir el arca. Noé encontró muchas dificultades mientras construía el arca. Además, cada vez era más viejo. Él se cansaba y agotaba cuando trabajaba mucho, y también sufría enfermedades, pero su determinación de construir el arca nunca flaqueó. Tuvo presente la comisión de Dios en todo momento y confió en Dios para, finalmente, completar el arca. Al compararme con él, me sentí realmente avergonzada y culpable. Había escuchado tantas palabras de Dios y la iglesia me había cultivado durante muchos años. Los resultados del trabajo de riego no eran buenos, y la líder me pidió que me hiciera cargo, pero no quise aceptarlo. Me preocupaba que mi cuerpo no pudiera soportar el estrés y el agotamiento mental de la pesada carga de trabajo y que mis enfermedades empeoraran, así que busqué varias excusas para negarme. Si hubiera poseído algo de razón, habría asumido este deber sin discutir condiciones ni motivos. Sin embargo, consideraba el deber como una carga, y no quería preocuparme ni esforzarme mentalmente por miedo a agotarme. No tenía en absoluto un corazón sumiso a Dios, y mucho menos consideración por Su intención. ¡Estaba muy lejos de ser como Noé! Después de entender la intención de Dios, estuve dispuesta a someterme, rebelarme contra la carne y cumplir bien mi deber. Después, le respondí a la líder diciéndole que estaba dispuesta a cumplir este deber.

Más tarde, reflexioné sobre mí misma y me pregunté: “Siempre tuve en cuenta mi propia carne e incluso rechacé mi deber, entonces, ¿qué carácter corrupto me estaba controlando?”. Justo entonces, la líder me envió un pasaje de las palabras de Dios: “Durante muchos años, los pensamientos en los que se han apoyado las personas para sobrevivir han corroído sus corazones hasta el punto de volverse astutas, cobardes y despreciables. No solo no poseen fuerza de voluntad ni determinación, sino que también se han vuelto avariciosas, arrogantes y caprichosas. Carecen absolutamente de cualquier determinación para trascender el yo y, más aún, de la menor pizca de valor para librarse de las limitaciones de esas influencias oscuras. Los pensamientos y la vida de las personas están tan podridos que las perspectivas tras su creencia en Dios siguen siendo insoportablemente abominables, e incluso son francamente ofensivas al oído. Todas las personas son cobardes, ineptas, despreciables y frágiles. No aborrecen a las fuerzas de la oscuridad ni sienten amor por la luz y la verdad, sino que se esfuerzan al máximo por expulsarlas(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?). Dios deja en evidencia que, una vez que la gente ha sido corrompida por Satanás, se llena de diversos venenos satánicos. Se apoya en pensamientos que Satanás le ha inculcado para sus actos y su conducta propia, como “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “Date los gustos en vida”, etcétera. Al vivir según estas reglas satánicas de supervivencia, me volví cada vez más egoísta y despreciable, y solo consideraba mis propios intereses en mis palabras y acciones. Era muy consciente de que no había gente adecuada para cultivar a los regadores, y que los problemas de los recién llegados no podían resolverse a tiempo, lo que había afectado gravemente el trabajo de riego. Sin embargo, yo solo quería escoger las tareas fáciles y eludir el trabajo pesado, y no quería asumir esa carga. Siempre quería elegir deberes ligeros que hacer. Sentía que, como alguien que estaba enferma, tenía que prestar atención a cuidar de mi salud y no podía volver a excederme en el trabajo. Incluso lamentaba que me hubieran quedado algunas enfermedades por trasnochar en el pasado. Ahora tenía que ser más lista y no podía realizar los deberes con demasiada seriedad. Consideraba mi propia carne a cada paso; incluso di un montón de excusas con falsedad para eludir mi deber, no consideré en lo más mínimo el trabajo de la iglesia, y no mostré ninguna consideración por las intenciones de Dios. ¡Era verdaderamente egoísta y despreciable, sin nada de humanidad! En el pasado, incluso había orado y hecho la resolución de que siempre cumpliría bien con mi deber y satisfaría a Dios en todo momento. Sin embargo, ahora, cuando me sobrevino un poco de enfermedad y dolor, tuve consideración con la carne y perdí la determinación de trabajar. Me di cuenta de que todo lo que le había dicho a Dios eran mentiras y engaños, y no demostraba ninguna lealtad. En el pasado, incluso había compartido con los recién llegados sobre el significado de cumplir los deberes, diciendo: “Cumplir su deber es crucial. Pueden obtener la verdad y ser salvos. ¡Vale la pena sufrir para cumplir bien su deber!”. Sin embargo, cuando el deber me llamó, tuve consideración con la carne y no quise sufrir. ¿Acaso mi enseñanza a los recién llegados no eran simples palabras y doctrinas? Que alguien como yo, sin la más mínima realidad, todavía quisiera ser salva por Dios y recibir Su bendición, ¡era una desvergüenza total! Al entender esto, me sentí en deuda con Dios, y por eso le oré: “Dios, no quiero herir más Tu corazón. Estoy dispuesta a poner mis enfermedades en Tus manos, sin pensar en lo que pasará en el futuro. Estoy dispuesta a poner el corazón en mi deber y a hacerme cargo del trabajo”.

Luego, la líder me pidió que resumiera los problemas y desviaciones en los deberes de los regadores, y, al mismo tiempo, que recopilara los problemas de los recién llegados y buscara palabras de Dios para resolverlos. De repente, tenía tantas cosas por delante y, además de eso, todavía tenía que escribir los sermones que se empleaban para predicar el evangelio. Sentía cada vez más presión, y mi corazón estaba en tensión todos los días. Apenas terminaba una tarea, ya tenía otra por hacer, y empecé a preocuparme: “Todo este trabajo requiere tiempo y esfuerzo mental. Si lo hago todo bien, no tendré mucho tiempo para descansar. Si esto sigue así, ¿podrá mi cuerpo soportarlo? ¿Se agravarán mis enfermedades?”. En ese momento, me di cuenta de que mi estado no era el correcto, y de nuevo estaba pensando en mostrar consideración por la carne y eludir mis deberes. ¡Eso no era ser leal a Dios! Pensé que las exigencias de Dios para con nosotros no son altas. Mientras la gente haga todo lo que pueda dentro de sus capacidades físicas, es suficiente. Dios no pide que la gente se agote ni que se mate trabajando por Él. Recordé las palabras de Dios: “Dios no pidió que fueras un superhombre ni una gran personalidad, ni te dio alas para volar por el cielo. Simplemente te dio dos manos y dos piernas para caminar por el suelo paso a paso y correr cuando sea necesario. Los órganos internos que te creó Dios están destinados a digerir y asimilar los alimentos y nutren todo tu cuerpo, por lo que debes mantener una rutina de tres comidas diarias. Dios te ha dado libre albedrío, el pensamiento de la humanidad normal y la conciencia y la razón que debe tener un ser humano. Si aprovechas estas cosas bien y correctamente, obedeces las leyes de supervivencia del cuerpo físico, cuidas adecuadamente de tu salud, haces a rajatabla lo que Dios te pide y consigues lo que Dios te exige que consigas, con eso basta, y es muy sencillo. ¿Te ha pedido Dios que mueras con las botas puestas? ¿Te ha pedido que te atormentes? (No). Dios no exige semejantes cosas. La gente no debe atormentarse, sino tener algo de sentido común y atender adecuadamente las diversas necesidades del cuerpo. Bebe agua cuando tengas sed, come cuando tengas hambre, descansa cuando estés cansado, haz ejercicio después de estar sentado mucho tiempo, ve al médico cuando estés enfermo, cíñete a tus tres comidas al día y mantén una vida de humanidad normal. Por supuesto, también debes continuar con tus deberes con normalidad. Si tus deberes implican algún conocimiento profesional que no entiendes, debes estudiarlo y practicarlo. Esto es la vida normal(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (12)). Dios nos dice que tengamos sentido común de la vida y que tratemos correctamente las necesidades de nuestro cuerpo. Debemos comer cuando tenemos hambre y descansar cuando estamos cansados; cuando estamos sentados mucho tiempo mientras cumplimos nuestro deber y nos sentimos incómodos, debemos levantarnos y hacer ejercicio; cuando estamos enfermos, debemos ver a un médico. Al creer en Dios, nuestra fe no puede ser vaga, y no podemos violar las leyes naturales del cuerpo. En el pasado, siempre creí que la razón por la que tenía muchas dolencias era por mi pesada carga de trabajo y tener que preocuparme mucho al hacer mi deber. Sin embargo, en realidad, Dios no quiere que la gente muera con las botas puestas. Al contrario, Él quiere que la gente tenga un equilibrio entre el trabajo y el descanso al cumplir sus deberes. Antes, no sabía cómo planificar mi horario de trabajo y descanso de forma razonable. Siempre posponía las cosas y era ineficiente en mi trabajo, y constantemente trasnochaba, con lo que vulneraba las leyes naturales del cuerpo y me enfermaba. Esto fue causado por mi propia necedad, y no fue el resultado de agotarme por cumplir mis deberes. Ahora, puedo organizar mi tiempo de forma razonable. Durante el día, intenté mejorar mi eficiencia en el trabajo tanto como fue posible y no me quedé despierta hasta tarde por la noche. Después, prioricé mis tareas y las fui haciendo una por una. Al cabo de un mes, logré acostumbrarme a este deber. Por un lado, cultivaba a los regadores; por otro, realmente regaba a algunos recién llegados y resolvía sus problemas. El resto del tiempo, escribía sermones y artículos de testimonios vivenciales. A veces, cuando me sentía incómoda después de estar sentada mucho tiempo frente a la computadora, hacía algo de ejercicio. Aunque era un poco agotador cumplir mi deber de esta manera, mi cuadro no empeoró y pude cumplir mi deber de forma competente. Cada día era muy pleno y sentía el corazón en paz y tranquilo.

También leí un pasaje de las palabras de Dios y me di cuenta de cómo hay que vivir para que tu vida tenga sentido. Dios Todopoderoso dice: “¿Qué valor tiene la vida de una persona? ¿Sirve meramente en aras de los placeres carnales como comer, beber y divertirse? (No es así). Entonces, ¿qué valor tiene? Compartid vuestros pensamientos. (El de cumplir con el deber de un ser creado, esto es al menos lo que una persona debe lograr en su vida). Así es. Decidme, si los pensamientos y acciones diarios de una persona a lo largo de toda su vida se centran únicamente en evitar la enfermedad y la muerte, en mantener su cuerpo sano y libre de enfermedades, y en esforzarse por alcanzar la longevidad, ¿hay algún valor, algún significado, en vivir así? (No). No tiene valor vivir de esta manera. Entonces, ¿qué valor debe tener la vida de una persona? Hace un momento, alguien mencionó el cumplimiento del deber de un ser creado, que es un aspecto específico. ¿Hay algo más? Contadme los deseos que soléis tener mientras oráis o tomáis una determinación. (Someternos a los arreglos e instrumentaciones de Dios respecto a nosotros). (Desempeñar bien el papel que Él ha preordinado para nosotros y cumplir con nuestra misión y responsabilidad). ¿Algo más? Por una parte, se trata de cumplir con el deber de un ser creado. Por otra, se trata de hacer bien todo aquello que eres capaz de hacer y que puedas lograr, alcanzando al menos un punto en el que tu conciencia no te acuse, en el que puedas estar en paz con tu propia conciencia y resultes aceptable a ojos de los demás. Si lo llevamos un poco más lejos, a lo largo de tu vida, con independencia de la familia en la que hayas nacido, tu formación académica o tu calibre, debes reflexionar sobre cuáles son las verdades más importantes que las personas han de entender en la vida; por ejemplo, qué clase de senda deberían caminar las personas, además de cómo deberían vivir para tener una vida significativa. Al menos deberías explorar un poco el verdadero valor de la vida; no puedes vivir esta vida en vano, no puedes venir a esta tierra en vano. En otro sentido, durante tu vida, debes cumplir tu misión; esto es lo más importante. No hablamos de completar una gran misión, deber o responsabilidad; pero como mínimo, debes cumplir con algo. […] No sometamos a las personas a estándares altos. Consideremos una situación en la que alguien se enfrenta a una tarea que debe o está dispuesto a hacer en la vida. Tras encontrar su lugar, se mantiene con firmeza en su puesto, conserva su posición, invierte toda la sangre de su corazón y toda su energía, lo hace bien y termina aquello en lo que debe trabajar y ha de completar. Cuando se presenta finalmente ante Dios para rendir cuentas, se siente relativamente satisfecho, no alberga acusaciones ni remordimientos en el corazón. Se siente reconfortado y cree que ha conseguido algo, que ha vivido una vida valiosa(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (6)). Mientras reflexionaba sobre las palabras de Dios, entendí que el valor y el sentido de la vida de una persona es cumplir su deber como ser creado durante la obra de Dios de salvar a la humanidad, dar testimonio de la obra y las palabras de Dios en la medida de lo posible, y llevar a más gente ante Él para que acepte Su salvación. Esto es lo que más complace a Dios. Aunque cumplir tu deber a veces pueda hacer que tu carne sufra un poco, al perseguir la verdad en este proceso, puedes entender muchos principios-verdad y desentrañar muchas cosas; también puedes entender tu propia corrupción y tus deficiencias, alcanzando gradualmente la transformación y, finalmente, la salvación. ¡Qué gran cosa es esta! Si solo pensara en cómo mantener o preservar mi salud de diversas maneras como un no creyente, entonces, aunque mi cuerpo estuviera lleno de vitalidad y salud, al final, todo sería vacío si no cumpliera mi deber. Mi vida no tendría ningún valor en absoluto. Recordé las palabras de Dios: “Toda la vida de las personas está en las manos de Dios y, de no ser por su determinación ante Él, ¿quién estaría dispuesto a vivir en vano en este mundo vacío del hombre? ¿Para qué molestarse? Si entran y salen apresuradamente del mundo, si no hacen nada por Dios, ¿no habrán malgastado toda su vida? Aunque Dios no considere tus acciones dignas de mención, ¿no esbozarás una sonrisa de satisfacción en el momento de tu muerte? Deberías avanzar con determinación en una dirección positiva, no retroceder en una negativa; ¿no es esta una práctica mejor?(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Revelaciones de los misterios de “Las palabras de Dios al universo entero”, Capítulo 39). Es verdad. La gente debe hacer algo por Dios mientras está viva. No puede vivir en vano. Si vives en la carne, comiendo, bebiendo y pasándola bien, por mucho que te cuides, todo es en vano. No conoces al Creador y no has cumplido el deber de un ser creado. No tiene sentido vivir así. Ahora, los desastres son cada vez más graves y la obra de Dios se acerca a su fin. No quedan muchas oportunidades para cumplir mi deber, así que debo valorar la oportunidad de hacerlo ahora. Debo compartir los principios-verdad que entiendo con los regadores, para que ellos puedan entender la verdad, captar los principios y regar a los recién llegados de manera más eficaz. Tengo que esforzarme por hacer todo lo que pueda sin arrepentimientos. Incluso si mis enfermedades realmente empeoran en el futuro, debo aprender a someterme, y ponerlas en manos de Dios, sometiéndome a Su orquestación y a Sus arreglos.

Después, leí otro pasaje de las palabras de Dios que resolvió mis recelos y preocupaciones sobre la enfermedad. Dios Todopoderoso dice: “Si de verdad crees que todo está en manos de Dios, entonces deberías creer que todas estas cosas —ya se trate de enfermedades graves, importantes, menores o de cómo es la condición física de uno—, caen todas bajo la soberanía y los arreglos de Dios, así como que la aparición de una enfermedad grave y cómo es la salud de uno a cierta edad no son cosas fortuitas. Esta es una especie de comprensión positiva y precisa. ¿Concuerda esto con la verdad? (Sí). Concuerda con la verdad, es la verdad. Deberías aceptar esto, y tu actitud y tus puntos de vista sobre este asunto deberían transformarse. ¿Y qué se resuelve una vez que estas cosas se transforman? ¿No se resuelven tus sentimientos de angustia, ansiedad y preocupación? Como mínimo, tus emociones negativas de angustia, ansiedad y preocupación por la enfermedad se resuelven a nivel cognitivo. Dado que esta verdad ha transformado tus pensamientos y puntos de vista, por tanto, ha resuelto tus emociones negativas. Este es un aspecto: si alguien enferma o no, qué enfermedad grave contrae y cómo es su salud en cada etapa de la vida no lo puede cambiar la voluntad del hombre, sino que todo está preordinado por Dios. […] hablemos de la enfermedad; esto es algo que la mayoría de la gente experimentará durante su vida. Por tanto, qué tipo de enfermedad ha de experimentar uno y cómo será su salud, en un cierto momento o a una cierta edad, son todas cosas dispuestas por Dios y la gente no puede decidirlas por sí misma; al igual que el momento en que alguien nace, no es capaz de decidirlo por sí mismo. Por tanto, ¿acaso no es una insensatez sentirse angustiado, ansioso y preocupado por cosas que uno no puede decidir por sí mismo? (Sí). La gente debe ocuparse de resolver las cosas que puede resolver por sí misma, y en cuanto a las que no, debe aguardar a Dios; debe someterse en silencio y pedirle a Dios que la proteja; esa es la mentalidad que debe tener la gente. Cuando la enfermedad golpea de verdad y la muerte está realmente cerca, deben someterse, y no quejarse, rebelarse contra Dios ni decir cosas que blasfemen contra Él o lo ataquen. En lugar de eso, las personas deben asumir el lugar que les corresponde como seres creados y experimentar y apreciar todo lo que viene de Dios; no deben tratar de elegir las cosas por sí mismas. Esto podría ser una experiencia especial que enriquezca tu vida, y no es necesariamente algo malo, ¿verdad? Por tanto, cuando se trata de enfermedades, cuando los pensamientos y puntos de vista erróneos de las personas sobre el origen de estas se resuelvan en primer lugar, dejarán de preocuparse por eso. Además, la gente no tiene poder para controlar las cosas conocidas o desconocidas, ni tampoco es capaz de hacerlo, ya que todas están bajo la soberanía de Dios. La actitud y el principio de práctica que deben tener las personas son los de esperar y someterse. Desde la comprensión hasta la práctica, todo debe hacerse de acuerdo con los principios-verdad: esto es perseguir la verdad(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (4)). Por las palabras de Dios entendí que Dios es soberano y ordena la salud de una persona en cada etapa de su vida, qué enfermedades padece y si esas enfermedades se agravarán. La gente no puede controlar ninguna de estas cosas, y las preocupaciones y recelos no sirven de nada. Cuando las enfermedades te sobrevienen, debes aprender a tratarlas correctamente y a someterte a la soberanía y los arreglos de Dios. En el pasado, a menudo me preocupaba y angustiaba por mis enfermedades, y vivía sumida en emociones negativas. Esto se debía a que no entendía la soberanía de Dios. Lo que debo hacer es vivir y hacer mi deber con normalidad según los requerimientos de Dios. En cuanto a mi cuadro, que empeore o no depende de Dios. Mis preocupaciones y recelos son innecesarios y una manifestación de necedad e ignorancia. Incluso si mi enfermedad realmente empeora algún día, esto tendrá el permiso de Dios, y debo someterme a Su soberanía y arreglos. Pensé en cómo Job, cuando le sobrevinieron las pruebas y su cuerpo se cubrió de llagas dolorosas, fue capaz de aceptarlo de parte de Dios, y no se quejó de Él. Pudo enfrentarlo con calma y, finalmente, mantenerse firme en su testimonio de Dios. Al pensar esto, me sentí muy avergonzada, y estuve dispuesta a desprenderme de mis propias preocupaciones y recelos, encomendar mis enfermedades a las manos de Dios y dedicar mi corazón a mi deber. Busco tratamiento cuando lo necesito, y hago ejercicios en mi tiempo libre. Al practicar de esta manera, mi corazón está mucho más relajado y liberado, y ya no me afectan demasiado mis enfermedades.

Gracias a esta reasignación de mi deber, aprendí muchas lecciones y me di cuenta de que, como ser creado, debo aferrarme a mis deberes en todo momento. Al mismo tiempo, también entendí que el valor de la vida humana consiste en seguir las palabras de Dios y hacer el deber con devoción. Solo viviendo de esta manera puede uno ser sincero y recto, y no tener lamentos.

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