70. Ya puedo tratar a la gente de acuerdo con los principios
En junio de 2023, me eligieron como supervisora del trabajo relacionado con textos. Al tratar con los hermanos y hermanas, descubrí que sus habilidades profesionales y su capacidad de trabajo eran bastante deficientes, así que, con paciencia, los guiaba y ayudaba, y compartía con ellos para resolver cualquier dificultad que encontraran. Pero, cuando había mucho trabajo, perdía la paciencia y comenzaba a menospreciarlos. En julio, la iglesia se enfrentó a los arrestos frenéticos del PCCh. No pude contactar a muchos de los obreros del trabajo relacionado con textos y los resultados de nuestro trabajo comenzaron a decaer. Los hermanos y hermanas de un equipo querían que hablara con ellos sobre cómo proceder con el trabajo venidero. En ese momento, yo estaba encargándome de otra tarea, así que les escribí brevemente sobre la dirección general de cómo realizar el trabajo, pensando que deberían saber cómo ponerlo en práctica. Sin embargo, la líder del equipo volvió a escribir diciendo que tenían algunas dificultades. Pensé: “Al principio, cuando la iglesia se enfrentó a los arrestos, yo tampoco sabía qué hacer, pero orando y buscando, logré encontrar algunas sendas. ¿Por qué no puedes encontrar una senda por ti misma? Solo sabes quejarte de las dificultades. No tienes en cuenta tu deber, solo esperas que te den la solución servida. Eres la líder del equipo; si te quejas de las dificultades, afectarás negativamente a los demás”. Durante una reunión, les dije en tono acusador: “¿Han discutido sobre alguna solución para estas dificultades? ¿Pero qué hacen todos los días? ¿Por qué no intentan encontrar una senda por ustedes mismos?”. Vi que la hermana puso mala cara y me di cuenta de que mi tono no era el adecuado. Pero luego pensé que lo que decía era verdad y que intentaba guiarla para que confiara más en Dios al enfrentar las dificultades, en lugar de solo quejarse. Me dije a mí misma que era por su bien. A veces, cuando le hacía preguntas a la hermana Liu, como yo hablo rápido, ella no reaccionaba enseguida y sus respuestas eran un poco indirectas. Yo la menospreciaba y pensaba: “Ni siquiera respondes a mi pregunta. ¿No puedes responder de forma directa y al grano? ¿Por qué tienes que andarte con rodeos?”. Entonces, en tono de reproche, le decía: “No te andes con rodeos. Responde a lo que se te pregunta, ¡si no, nadie puede entenderte!”. Después de que dije esto, ella se sintió algo constreñida. En una ocasión, la hermana Zhang compartió su estado, diciendo que, a veces, cuando yo le preguntaba algo, no captaba enseguida lo que yo quería decir. Cuando sus respuestas no eran acertadas, yo la regañaba, y entonces ella ya no se atrevía a decir nada más por miedo a que la podaran por no responder certeramente. Cuando oí a la hermana Zhang decir eso, seguí sin reflexionar sobre mí misma. Al contrario, pensé que le importaba demasiado su imagen. Pensé: “¿No es por tu bien que te señalo tus problemas? ¿Por qué te sientes constreñida? ¡Eres demasiado frágil!”. Después de un tiempo, las hermanas se distanciaron un poco de mí. A veces, las oía charlar y reír en la oficina, pero en cuanto yo entraba, se quedaban en silencio. Me di cuenta de que, si esto seguía así, todas me evitarían. ¿Cómo íbamos a cooperar para hacer nuestros deberes así? Entonces, encontré algunas palabras de Dios que diseccionaban el carácter arrogante y traté de ver cómo se aplicaban a mí. También procuraba contenerme en apariencia, e intentaba generalmente hablarles en un tono más amable o contaba chistes para relajar el ambiente.
Más tarde, un colaborador, el hermano Wang, se enteró de que varias hermanas del equipo se sentían constreñidas por mi culpa, y señaló mi problema. Me leyó muchas palabras de Dios, y un pasaje en particular me impresionó profundamente. Dios Todopoderoso dice: “¿Puedes hacer que la gente entienda la verdad y entre en la realidad si solo predicas palabras y doctrinas para sermonearla y podarla? Si aquello de lo que hablas no es práctico, si solo son palabras y doctrinas, entonces no importa cuánto los podes y los sermonees, no servirá de nada. ¿Crees que el hecho de que la gente tenga miedo de ti y haga lo que le dices sin atreverse a llevarte la contraria equivale a que entienden la verdad y son sumisos? Ese es un gran error; la entrada en la vida no es tan sencilla. Algunos líderes son como un jefe nuevo que trata de causar una honda impresión, tratan de imponer a los escogidos de Dios su autoridad, para que todos se sometan a ellos, creyendo que eso facilitará su trabajo. Si careces de la realidad-verdad, entonces en poco tiempo quedará revelada tu estatura, se desenmascarará tu verdadero ser y puede que seas descartado. En algunos trabajos administrativos, es aceptable un poco de poda y disciplina. Pero si eres incapaz de hablar sobre la verdad, al final, seguirás siendo incapaz de resolver los problemas, y eso afectará los resultados del trabajo. Si, independientemente de los problemas que aparezcan en la iglesia, sigues sermoneando a la gente y arrojando culpas, si lo único que haces es actuar con mal genio, entonces esto es la revelación de tu carácter corrupto, y has mostrado la fea cara de tu corrupción. Si siempre te pones en un pedestal y das lecciones a la gente de esa manera, a medida que pase el tiempo, la gente será incapaz de recibir de ti la provisión de vida, no ganará nada práctico, y en vez de eso te detestará y sentirá asco hacia ti. Además, habrá algunas personas que, habiendo sido influenciadas por ti debido a la falta de discernimiento, igualmente aleccionarán a otros y los podarán. También se enfadarán y perderán los nervios. No solo serás incapaz de resolver los problemas de la gente, sino que también estarás fomentando sus actitudes corruptas. ¿Y no es eso llevarlos a la senda de la perdición? ¿No es eso un acto de maldad? Un líder debe liderar, principalmente, mediante la enseñanza de la verdad y la provisión de vida. Si siempre te pones en un pedestal y aleccionas a los demás, ¿serán capaces de entender la verdad? Si trabajas de esta manera durante un tiempo, cuando la gente llegue a verte claramente tal como eres, van a abandonarte. ¿Puedes llevar a la gente ante Dios trabajando de esta manera? Desde luego que no; lo único que puedes hacer es estropear el trabajo de la iglesia y hacer que todo el pueblo escogido de Dios te aborrezca y te abandone” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, sentí que me atravesaban el corazón realmente. Lo que Dios dejaba en evidencia era exactamente mi estado. Yo era supervisora, pero, al ver que los hermanos y hermanas tenían dificultades y problemas en sus deberes, no solo no compartía con ellos para ayudarlos, sino que me la pasaba subida a un pedestal, sermoneándolos y criticándolos en su lugar. Esto hizo que todos me evitaran y me tuvieran miedo. Sus estados empeoraron y su capacidad para realizar sus deberes se vio afectada. Tratar a la gente basándome en mis actitudes corruptas era algo verdaderamente detestable para Dios y repulsivo para los demás. Hacía un tiempo, la iglesia se había enfrentado a arrestos masivos, muchos obreros del trabajo relacionado con textos estaban incomunicados y el progreso del trabajo relacionado con textos se ralentizó. Los hermanos y hermanas pasaban por dificultades y no sabían cómo experimentarlo. Era un momento en el que necesitaban que yo les diera enseñanza y ayuda, que buscara con ellos una senda para resolver las diversas dificultades y problemas que enfrentaban. Pero, en lugar de ofrecerles ayuda y enseñanza prácticas, menosprecié y sermoneé a las hermanas. Como resultado, no recibieron ninguna ayuda y, además, se sentían constreñidas por mí en todo momento. ¡Eso no era realizar mi deber en absoluto! ¿No estaba simplemente haciendo el mal? Lo sentí especialmente cuando vi estas palabras de Dios: “Si siempre te pones en un pedestal y das lecciones a la gente de esa manera, a medida que pase el tiempo, la gente será incapaz de recibir de ti la provisión de vida, no ganará nada práctico, y en vez de eso te detestará y sentirá asco hacia ti”. Como supervisora, al subirme a un pedestal para sermonear y constreñir a los demás, no solo arruinaría el trabajo, sino que, si los hermanos y hermanas no recibían ninguna ayuda de mi parte, me rechazarían. Ahora los resultados de nuestro trabajo habían decaído, los estados de los hermanos y hermanas eran malos, y a mí me estaban podando y dejando en evidencia de esa manera. ¿No era eso Dios escarmentándome? Al darme cuenta de esto, me sentí profundamente angustiada y culpable. Solo quería aquietar mi corazón y buscar la verdad para resolver mis problemas.
Más tarde, leí otro pasaje de las palabras de Dios que me impactó muchísimo. Dios Todopoderoso dice: “He observado que muchos líderes solo son capaces de sermonear a la gente, de predicarle desde una posición elevada, y que no pueden comunicarse con ella como pares. Son incapaces de interactuar con la gente de manera normal. Cuando algunas personas hablan, es como si siempre estuvieran dando un discurso o haciendo un informe. Sus palabras solo se dirigen a los estados de otras personas, pero nunca se sinceran sobre sí mismos. Nunca analizan sus propias actitudes corruptas, sino que solo diseccionan los problemas de otros, utilizándolos como ejemplos para que los demás adquieran conocimiento. ¿Por qué hacen esto? ¿Por qué predican tales sermones y dicen tales cosas? Eso demuestra que no tienen ningún conocimiento de sí mismos, que carecen demasiado de razonamiento y que son demasiado arrogantes y sentenciosos. Piensan que su capacidad para reconocer el carácter corrupto de los demás demuestra que están por encima de otros, que son mejores que los demás para discernir sobre las personas y las cosas, y que son menos corruptos que el resto de las personas. Son capaces de diseccionar y sermonear a los demás, pero no se ponen al descubierto, no ponen en evidencia ni analizan sus propias actitudes corruptas, no muestran su verdadero rostro ni dicen nada sobre sus propias motivaciones. Se limitan a sermonear a los demás por comportarse de manera inapropiada. Esto es magnificarse y exaltarse a uno mismo. ¿Cómo puedes ser líder y, a la vez, ser tan irrazonablemente conflictivo? ¿Por qué, tras convertirte en líder de una iglesia, reprendes a los demás a la ligera, te comportas de forma arbitraria y actúas como te da la gana? ¿Por qué jamás consideras las consecuencias de tus palabras, nunca consideras tu propia identidad? ¿Por qué actúas así? Eso se debe a que, si bien eres líder, no conoces tu propio estatus o identidad. Designarte líder no es más que elevarte y darte la oportunidad de practicar. No es porque poseas más realidad que el resto o porque seas mejor que los demás. De hecho, eres igual que todos los demás. Ninguno de vosotros posee la realidad y, de cierta manera, tal vez tú seas más corrupto que otros. Entonces, ¿por qué causarías problemas irrazonablemente y sermonearías, reprenderías y limitarías a los demás de forma arbitraria? ¿Por qué obligar a otros a que te hagan caso, aunque estés equivocado? ¿Qué demuestra eso? Demuestra que te encuentras en la posición equivocada. No estás obrando desde la posición de un ser humano, estás obrando desde la posición de Dios, una posición superior a la de los demás” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Sobre los decretos administrativos de Dios en la Era del Reino). Leer las palabras de Dios me atravesó el corazón. ¿No era yo la clase de persona de la que Dios hablaba? Las habilidades profesionales y la capacidad de trabajo de las hermanas eran relativamente deficientes y, cuando el ambiente de arrestos masivos obstaculizaba su trabajo, necesitaban que yo las ayudara a encontrar la senda hacia una solución. Pero no solo no puse mi corazón en ayudarlas, sino que también las sermoneé desde un pedestal. Como yo hablo rápido, si una hermana no entendía lo que quería decir, se llevaba un regaño de mi parte. Todo lo que les causaba a los demás era dolor y daño, y también afectaba el trabajo. ¿Dónde había un ápice de humanidad en ello? Pensé en el anticristo Ye, a quien expulsaron hacía un tiempo. Cuando ella veía alguna desviación o problema en los deberes de los hermanos y hermanas, los sermoneaba, podaba y atormentaba sin tener en cuenta el contexto ni entender sus dificultades reales. Esto hacía que los hermanos y hermanas le tuvieran miedo y vivieran en un estado defensivo, lo que afectaba sus deberes. Luego me observé a mí misma. Aunque no sermoneaba ni atormentaba a la gente tan severamente como Ye, mis hermanas vivían a la defensiva porque yo menospreciaba y sermoneaba a las miembros del equipo. Ellas solo pensaban en cómo satisfacerme para evitar mis regaños, lo que afectaba tanto sus estados como el trabajo. Me di cuenta de que la naturaleza y las consecuencias de mi limitación a los demás eran muy graves, y, si no cambiaba, terminaría en la senda de un anticristo y me descartarían, igual que a Ye. Sentí miedo y culpa, así que oré a Dios para arrepentirme y le pedí que me guiara para reflexionar y conocerme más.
Después, leí unas palabras de Dios y logré entender un poco mi problema. Dios Todopoderoso dice: “Si, en el fondo, realmente comprendes la verdad, sabrás cómo practicarla y someterte a Dios y, naturalmente, te embarcarás en la senda de la búsqueda de la verdad. Si la senda por la que vas es la correcta y conforme a las intenciones de Dios, la obra del Espíritu Santo no te abandonará, en cuyo caso serán cada vez menores las posibilidades de que traiciones a Dios. Sin la verdad es fácil hacer el mal, y no podrás evitar hacerlo. Por ejemplo, si tienes un carácter arrogante y vanidoso, que se te diga que no te opongas a Dios no sirve de nada, no puedes evitarlo, escapa a tu control. No lo haces intencionalmente, sino que esto lo dirige tu naturaleza arrogante y vanidosa. Tu arrogancia y vanidad te harían despreciar a Dios y verlo como algo insignificante; harían que te ensalzaras a ti mismo, que te exhibieras constantemente; te harían despreciar a los demás, no dejarían a nadie en tu corazón más que a ti mismo; te quitarían el lugar que ocupa Dios en tu corazón, y finalmente harían que te sentaras en el lugar de Dios y exigieras que la gente se sometiera a ti y harían que veneraras tus propios pensamientos, ideas y nociones como la verdad. ¡Cuántas cosas malas hacen las personas bajo el dominio de esta naturaleza arrogante y vanidosa!” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo persiguiendo la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter). Gracias a las palabras de Dios, entendí que la razón principal por la que menospreciaba y constreñía a la gente era que mi naturaleza era demasiado arrogante. Cuando las hermanas tenían dificultades y no sabían cómo resolverlas, necesitaban mi ayuda práctica. Pero yo pensaba que ellas deberían ser capaces de encontrar alguna senda orando y buscando por su cuenta, y que, si yo les explicaba las cosas de forma sencilla, deberían poder captar lo que quería decir. Cuando seguían teniendo dificultades, empezaba a menospreciarlas y simplemente las podaba sin preguntarles realmente dónde se habían atascado. De hecho, cuando yo misma había enfrentado dificultades en el pasado, a menudo estaba perdida y no sabía cómo resolverlas, y a veces hasta lloraba a escondidas. Sin embargo, me creía mejor que las miembros del equipo, me enaltecía y las menospreciaba en mi corazón. ¡Era tan arrogante y carente de toda razón! Al tratar a las hermanas de acuerdo con mi carácter arrogante, las constreñía y traía trastorno y perturbación a nuestro deber. ¿No era esto resistirse a Dios? Cuanto más lo pensaba, más sentía que, si no se resolvía mi carácter arrogante, realmente podría hacer el mal sin querer. Quería cambiar las cosas y transformarme, y tratar a las hermanas de acuerdo con las palabras de Dios.
Un día, leí unas palabras de Dios que me conmovieron mucho y me dieron la determinación de practicar la verdad. Dios Todopoderoso dice: “Como veo que todos estáis adormecidos y que no amáis la verdad ni la perseguís, sumado a vuestra poca aptitud, debo hablar de forma detallada. Debo desgranarlo todo, desglosar las cosas y fragmentarlas en Mi discurso, y hablar de ellas desde todos los ángulos, en todos los sentidos. Solo así las entendéis un poco. Si Yo fuera negligente con vosotros y hablara un poco de cualquier tema cuando me apeteciera, sin meditarlo ni esmerarme, sin volcarme en ello, sin hablar cuando no me apeteciera, ¿qué podríais obtener? Con aptitudes como las vuestras, no comprenderíais la verdad. No obtendríais nada y ni mucho menos alcanzaríais la salvación. Pero no puedo hacer eso, sino que debo hablar en detalle. Debo ser minucioso y dar ejemplos sobre los estados de cada tipo de persona, las actitudes que la gente tiene hacia la verdad, y cada tipo de carácter corrupto; solo entonces comprenderéis lo que estoy diciendo y entenderéis lo que escucháis. Sea cual sea el aspecto de la verdad que se comparta, Yo hablo de diversas maneras, con estilos de enseñanza para adultos y para niños, y también en forma de razonamientos e historias, utilizando la teoría y la práctica y hablando de experiencias para que la gente pueda comprender la verdad y entrar en la realidad. De este modo, los que tengan calibre y corazón tendrán la oportunidad de entender la verdad, aceptarla y salvarse” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para hacer bien el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón). Pensé en que todos tenemos nuestra naturaleza corrupta profundamente arraigada. Como nos falta entendimiento de la obra de Dios, a menudo desarrollamos nociones y malentendidos sobre Él, y surgen todo tipo de actitudes corruptas, una tras otra. La mayoría de las veces, aunque entendamos un poco la verdad, no podemos ponerla en práctica. Pero Dios nunca se ha dado por vencido con nosotros. Él expresa continuamente palabras para sustentarnos y ayudarnos. Algunas son palabras de consuelo y exhortación, mientras que otras son de juicio y desenmascaramiento. A veces, para ayudarnos a entender mejor, Él también usa ejemplos, parábolas e historias. Dios hace todo lo que puede para hacernos entender la verdad, a fin de que podamos reflexionar y reconocer nuestros problemas, y encontrar una senda de práctica. Vi que el corazón de Dios es muy hermoso y bueno, y que todo lo que Él nos trae es beneficioso. Pero luego pensé en cómo trataba a los hermanos y hermanas, sin ninguna paciencia ni amor para nada. Cuando las hermanas encontraban dificultades, las ayudaba una o dos veces y luego empezaba a menospreciarlas. No solo no les aportaba ningún beneficio, sino que, al contrario, las constreñía y las lastimaba. ¡Carecía por completo de humanidad! Después, me sinceré con las miembros del equipo, desenmascaré mi propia corrupción y me disculpé con ellas.
Más tarde, volví a reflexionar sobre mí misma y me di cuenta de que había otra razón por la que constreñía a la gente: no sabía cómo tratar a las personas según los principios. No tenía en cuenta las dificultades y circunstancias reales de las hermanas; simplemente aplicaba un enfoque único para todas. En realidad, ellas también querían cumplir sus deberes, pero su calibre era simplemente promedio y les faltaba capacidad de trabajo. Esto requería que yo me esforzara más y dedicara más tiempo y energía para ayudarlas. Más tarde leí estas palabras de Dios: “¿Cómo deberías tratar a los pocos líderes y obreros que tienen escaso calibre y carecen de capacidad de trabajo? […] Has de decirles de manera específica cómo hacer el trabajo y cómo ponerlo en marcha. Deberías decirles a quién se debería nombrar para la tarea en cuestión y hacer responsable de esta, y a qué personas se debería seleccionar para que cooperen juntas en dicha tarea. Explícales todos estos detalles y permíteles que lo lleven a cabo. ¿Por qué se debería hacer de esta manera? Porque los miembros de la iglesia local por lo general solo tienen una experiencia muy superficial y carecen de capacidad de trabajo, lo que hace que sea imposible seleccionar a líderes y obreros adecuados. Solo al trabajar de esta manera se pueden poner en marcha los arreglos del trabajo. Si no trabajas de esta manera y tratas a estas personas igual que a otros líderes y obreros, si solo les hablas de los principios y planes específicos y actúas de forma indiscriminada, los arreglos del trabajo no se pondrán en marcha. Si no prestas ninguna atención a esto, ¿acaso no es una dejación de la responsabilidad? (Sí). Es responsabilidad de los líderes y obreros. Algunos de ellos dicen: ‘Otros saben cómo poner en marcha los arreglos del trabajo y practicar; ¿por qué esta persona no? Si no sabe, no me voy a preocupar por ella. No es mi responsabilidad. En cualquier caso, yo he cumplido con mi parte’. ¿Se sostiene este razonamiento? (No). Por ejemplo, digamos que una madre tiene tres hijos y uno de ellos es débil, siempre está enfermo y no quiere comer. Si la madre le permite que no coma, es posible que ese hijo no sobreviva mucho tiempo. ¿Qué debería hacer? Como madre, tiene que proporcionarle un cuidado especial a este hijo débil. Supongamos que la madre dice: ‘Ya es bastante con que trate a mis hijos por igual. He parido a este hijo y le he preparado comida. He cumplido bien mi responsabilidad. No me importa si come o no. Si no come, que pase hambre, y cuando de veras esté lo bastante hambriento, ya comerá’. ¿Qué piensas de esta clase de madre? (Es irresponsable). ¿Hay madres así? Solo una mujer estúpida o una madrastra sería así. Si es la madre biológica y no es estúpida, nunca trataría así a su propio hijo, ¿verdad? (Cierto). Si un hijo es débil, siempre se pone enfermo y no le gusta comer, su madre tiene que dedicarle más cuidados y esfuerzo. Ha de encontrar maneras de que el niño coma, ha de cocinar cualquier cosa que el niño quiera comer, prepararle platos especiales y, cuando el niño no quiera comer, ha de convencerlo. Cuando llegue a los dieciocho o diecinueve años y su cuerpo sea saludable como el de un adulto normal, la madre se puede relajar y dar un paso atrás, y ya no hará falta que le dé más cuidados especiales a este hijo. Si una madre puede tratar a un hijo con circunstancias especiales como estas y cumplir su responsabilidad, ¿entonces qué sucede en el caso de un líder u obrero? Si ni siquiera sientes el amor de una madre por los hermanos y hermanas, entonces eres simplemente irresponsable. Debes cumplir las responsabilidades que te corresponden; debes tener en cuenta a las iglesias donde están a cargo aquellos que son relativamente débiles y poseen una capacidad de trabajo relativamente escasa. Los líderes y obreros deben prestar especial atención y facilitar orientación especial en estos asuntos. ¿A qué se refiere la orientación especial? Aparte de compartir la verdad, también debes facilitar instrucciones y asistencia más específicas y detalladas, lo cual requiere mayor esfuerzo en cuanto a comunicación. Si les explicas el trabajo y todavía no lo entienden ni saben cómo ponerlo en marcha, o incluso si lo entienden en términos de doctrina y parece que saben cómo ponerlo en marcha, pero sigues sin estar seguro y te preocupa un poco cómo irá la puesta en marcha real, ¿qué deberías hacer entonces? Has de adentrarte personalmente en la iglesia local para orientarlos y poner en marcha la tarea junto a ellos. Háblales de los principios mientras llevas a cabo arreglos específicos relativos a las tareas que deben realizarse de acuerdo con los requerimientos de los arreglos del trabajo, como qué hacer primero y qué después, y cómo asignar personas de manera adecuada; organiza apropiadamente todas estas cosas. Esto es orientarlos de manera práctica en su trabajo, en lugar de limitarse a gritar consignas o dar órdenes arbitrarias y sermonearlos con algunas doctrinas, para luego considerar que se ha terminado el trabajo; esta no es una manifestación de hacer trabajo específico, y gritar consignas y mangonear a la gente no son responsabilidades de los líderes y obreros. Una vez que los líderes o supervisores de las iglesias locales puedan asumir el trabajo, que este vaya bien encaminado y básicamente no haya problemas importantes, solo entonces puede marcharse el líder u obrero” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (10)). “Para resolver las muchas dificultades que experimentan las personas, primero debes comprender la dinámica de la obra del Espíritu Santo; debes comprender cómo el Espíritu Santo lleva a cabo obra en diferentes personas; debes tener un entendimiento de las dificultades que enfrentan las personas y de sus deficiencias, y debes distinguir los asuntos clave del problema y llegar a su origen, sin desviarte ni cometer ningún error. Solo esta clase de persona es acorde al estándar en cuanto a la cooperación en servicio a Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Qué debería poseer un pastor apto para el uso). Después de leer las palabras de Dios, entendí que las personas con un calibre deficiente necesitan más guía y ayuda, y que no se puede aplicar un enfoque único para todas. Es como una madre que tiene varios hijos, y uno de ellos es débil y enfermizo. La madre tiene que darle a este hijo más cuidados que a los demás para que pueda crecer sano. Pero una madre irresponsable, al ver que su hijo es débil, no lo cuida y, en cambio, lo culpa de no ser lo suficientemente fuerte. ¿Cómo puede un niño crecer sano de esa manera? Dios no obliga a las personas a hacer lo que está más allá de sus capacidades; Sus exigencias se basan en el calibre inherente de cada una. Yo también debería tratar a mis hermanos y hermanas según las palabras de Dios, ofreciéndoles más guía y ayuda. Después de eso, cuando veía que mis hermanas encontraban dificultades en su trabajo, las escuchaba con paciencia describir sus problemas y dificultades, me centraba en sus problemas y luego compartía con ellas para ayudarlas. Al practicar de esta manera, las hermanas ya no se sentían constreñidas por mí como antes. Cuando se encontraban con problemas en sus deberes que no veían con claridad, también me preguntaban de forma proactiva. Entonces buscábamos la verdad juntas para resolverlos, y los resultados de nuestro trabajo también mejoraron.
A través de esta experiencia, llegué a ver con claridad que tratar a la gente basándome en actitudes corruptas solo les causa constreñimiento y daño, y perjudica el trabajo. Tratar a tus hermanos y hermanas según los principios-verdad y las palabras de Dios, y cumplir con tus propias responsabilidades, es beneficioso para el trabajo; además, edifica a los demás.