88. Me he despojado de las ataduras de la fama y el provecho

Por Xiaohe, China

Dios Todopoderoso dice: “Como las personas no conocen las orquestaciones y la soberanía de Dios, siempre afrontan el sino con ánimo desafiante y una actitud rebelde, y siempre quieren liberarse de la autoridad y la soberanía de Dios y las cosas que el sino les tiene guardadas, esperando en vano cambiar sus circunstancias actuales y alterar su porvenir. Pero nunca pueden tener éxito y se ven frustradas a cada paso. Esta lucha, que tiene lugar en lo profundo de su alma, les causa dolor y este dolor se les mete en los huesos y, al mismo tiempo, hace que desperdicien su vida. ¿Cuál es la causa de este dolor? ¿Se debe a la soberanía de Dios o a tener un mal sino? Obviamente, ninguna de las dos es cierta. En definitiva, se debe a la senda que toman las personas y a la forma en que eligen vivir su vida. Algunas personas pueden no haber experimentado estas cosas. Pero cuando sepas y reconozcas realmente que Dios tiene soberanía sobre el porvenir humano, cuando entiendas de verdad que todo aquello sobre lo cual Dios tiene soberanía y que dispone para ti te provee de gran beneficio y protección, sentirás que tu dolor se alivia gradualmente y todo tu ser se quedará poco a poco relajado, libre, liberado(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único III). Cada vez que veo este pasaje de las palabras de Dios, me acuerdo de mi experiencia anterior, de cuando me esforzaba al máximo. Como no entendía la soberanía de Dios, siempre intentaba cambiar mi porvenir mediante mi esfuerzo para tener una vida respetable y prestigiosa, con la fama, el provecho y la admiración de los demás. Creía que la fama y el provecho me harían tener una vida feliz. Tras experimentar contratiempos y fracasos una y otra vez, solo conseguí despertar después de estar a punto de morir en un accidente de autobús y darme cuenta de lo indefensas e insignificantes que son las personas frente a la muerte, que ninguna cantidad de dinero puede comprar la vida, que perseguir la fama y el provecho solo me había traído dolor y vaciedad, y que solo podría tener una vida realmente significativa si elegía someterme a la soberanía y los arreglos de Dios y cumplía mi deber como ser creado.

Nací en el campo y, de pequeña, veía a mi hermana trabajar en el laboratorio de una planta de procesamiento de minerales. Su entorno de trabajo era cómodo y relajado, y viajaba regularmente por trabajo y para hacer turismo. Cada vez que volvía a casa, no solo venía vestida elegantemente y muy a la moda, sino que también solía traer productos típicos de otras regiones. La gente del pueblo la admiraba mucho, y yo la envidiaba y pensaba: “¡Qué maravilloso sería llevar una vida tan respetable y prestigiosa en el futuro!”. El año en que me gradué de la educación secundaria básica, justo coincidió que la planta de procesamiento de minerales donde trabajaba mi hermana estaba contratando, así que empecé a trabajar allí. Pero como mi nivel de estudios era bajo y no tenía ninguna habilidad especializada, solo podía trabajar en el taller. El ruido de las máquinas era ensordecedor y había polvillo por todas partes. Cada día subía y bajaba por las escaleras con decenas de kilos de reactivos para rellenarlos. Como era alérgica a los reactivos, tenía las manos y la cara cubiertas de un sarpullido rojo. También tenía que trabajar el turno de la noche y, tras unos meses, se me puso la cara amarillenta y pálida y estaba completamente agotada. Veía que mis compañeros que tenían trabajos técnicos disfrutaban de los mejores beneficios y alojamiento, y que sus sueldos eran varias veces más altos que el mío. Además, solían sentarse en la oficina, donde se la pasaban leyendo el periódico y tomando el té tranquilamente, y siempre iban bien vestidos y tenían un aire refinado y elegante. Luego, cuando me miraba al espejo, cubierta de polvo y suciedad todos los días, me sentía menos que ellos; me sentía muy inferior. Pensaba: “No tengo estudios ni habilidades, así que solo puedo hacer trabajo duro. Realmente me arrepiento de no haberme esforzado antes en estudiar. Si hubiera conseguido un diploma, ¿no sería entonces capaz de destacar entre la gente y ser admirada como ellos? Todos somos seres humanos, ¿por qué tengo tan poco éxito? No quiero pasarme la vida entera dejándome la piel en el taller”. Más tarde, me enteré de que había una oportunidad a través de la planta para presentarse al examen de acceso de la escuela secundaria de formación profesional. Renuncié a mis momentos de descanso, me levantaba temprano y me acostaba tarde para memorizar los libros de texto y hacer ejercicios. Después de dos años de esfuerzo, pasé el examen para entrar a una escuela de formación profesional. Tres años después, obtuve el diploma que tanto deseaba y me convertí en una profesional cualificada. Me quité la ropa de trabajo llena de grasa, dejé atrás el taller polvoriento y pasé a tener un envidiable trabajo de oficina. Al ver a mis antiguos compañeros que todavía trabajaban en el taller, pensé en que todos mis esfuerzos de los últimos años habían merecido la pena. También creía aún más firmemente en la idea de “Soporta las mayores adversidades para convertirte en el mejor”, y que, siempre que estuviera dispuesta a trabajar duro, podría llevar una vida tranquila, cómoda, decente y prestigiosa.

Sin embargo, cuando llegué a la oficina del departamento, descubrí que mis compañeros no solo tenían títulos académicos, sino también títulos profesionales. Aunque hacíamos el mismo trabajo, yo tenía el salario más bajo de todos. Además, sin un título profesional, no podía optar a una asignación de vivienda ni a un puesto oficial ni una promoción, y me podían enviar de vuelta al taller en cualquier momento. Si quería que me ascendieran y me subieran el sueldo, tenía que conseguir un título profesional avanzado. Después, compré una gran cantidad de materiales para exámenes, como “Principios de contabilidad”, “Inglés avanzado”, “Principios de estadística” y demás. Eran temas que nunca había estudiado antes, así que me costaba muchísimo aprenderlos. Sin embargo, para consolidar mi posición en la oficina del departamento, tenía que darlo todo. Después, dediqué todo mi tiempo y energía fuera del trabajo a estudiar. Para no tener distracciones, hasta tomé la dolorosa decisión de dejar a mi hijo de un año al cuidado de mis padres. Sin embargo, debido al gran estrés que había en el trabajo y a mi poca formación académica, me presenté dos años seguidos al examen, pero reprobé ambas veces. Mis compañeros se burlaban de mí y mi marido me aconsejaba que no volviera a hacer el examen. Pero yo me negaba a rendirme y solía quedarme estudiando hasta muy tarde. Para empezar, tenía una disfunción tiroidea y necesitaba tomar medicación a largo plazo. Acostarme tarde para estudiar durante un largo período de tiempo debilitó aún más mi sistema inmunológico. Tenía que recibir goteos intravenosos cada dos días y, cuando me sentía muy mal, hasta me costaba respirar al caminar. Sin embargo, si no conseguía un título profesional, no tendría ninguna oportunidad de que me ascendieran o de que mi salario mejorara. Entonces, ¿de qué habrían servido todos los esfuerzos que había hecho durante esos años? ¿Cómo tendría la oportunidad de destacar entre la multitud en el futuro? Cuando pensé en esto, me las aguanté y perseveré. Tras tres años de mucho esfuerzo, por fin obtuve una titulación profesional intermedia. Con este “aprobado”, no tardé mucho en ascender a delegada intermedia. Mi sueldo también subió, y pasé de trabajadora a delegada en un instante. Sentía que mi valor y estatus habían mejorado; no puedo describir lo orgullosa que estaba.

Sin embargo, esos buenos tiempos no duraron mucho. A los pocos años, la rentabilidad de la planta cayó y me despidieron. En un abrir y cerrar de ojos, pasé de ser delegada a una trabajadora a la que habían despedido. Sentí que el halo que me rodeaba y mi futuro brillante se habían desvanecido de golpe y me sentí totalmente perdida; tampoco estaba dispuesta a pasar toda mi vida así. En ese momento, leí en el periódico que había muchas personas que, luego de que las hubieran despedido, empezaron sus propios negocios, se habían convertido en empresarios y jefes, y llevaban una vida envidiable. Creía que yo era capaz de hacer lo mismo, así que emprendí mi propio camino como empresaria, abrí un puesto, vendía comida, promocionaba seguros y otras cosas. Aunque gané algo de dinero, tuve un accidente de coche y me lesioné la columna cervical. Poco después, también despidieron a mi marido, mis padres se enfermaron y tuvieron que ser hospitalizados, y gastamos el poco dinero que tenía nuestra familia. Ante tantos contratiempos, no estaba dispuesta a aceptar el fracaso y seguía buscando oportunidades. En 2004, entré en contacto con el sector de ventas directas. Escuché a una directora compartir su experiencia empresarial de cómo había pasado de la mediocridad al éxito, que tenía un equipo de ventas que abarcaba todo el país, que ganaba cientos de miles de yuanes al año… Me sentí llena de entusiasmo al oírlo y me uní al equipo sin dudarlo. Estudiaba todo el tiempo cómo vender productos y desarrollar mi equipo, y soñaba con que un día ganaría mucho dinero para alcanzar la libertad financiera, y sería capaz de compartir mis propias experiencias como empresaria con los demás. ¡Qué glorioso sería eso!

Poco tiempo después, un familiar me predicó el evangelio de Dios de los últimos días. A través de comer y beber las palabras de Dios, descubrí que Él es el Soberano sobre todas las cosas, que el porvenir, el desenlace y el destino de la humanidad están en Sus manos y que las personas solo pueden tener un buen porvenir si adoran a Dios y se someten a Él. Por lo tanto, acepté la obra de Dios Todopoderoso y empecé a participar en la vida de iglesia. Sin embargo, por aquel entonces, yo estaba totalmente centrada en desarrollar mi equipo de ventas y temía que asistir a demasiadas reuniones afectara mis ventas. Si mis ventas bajaban, mis ingresos también lo harían. ¿Cómo podría siquiera pensar en llevar una vida respetable y prestigiosa entonces? Así que gastaba la mayor parte de mi tiempo vendiendo productos y expandiendo mi clientela, por lo que solía perderme las reuniones. Incluso cuando conseguía asistir, siempre estaba somnolienta y no me enteraba de nada. Al principio, sentía un poco de remordimiento, pero cuando veía que mi equipo crecía sin parar gracias a mi gestión meticulosa, que las ventas mejoraban cada vez más y que estaba cada vez más cerca de ser una distribuidora de nivel medio, el poco remordimiento que sentía en el corazón desapareció. Más adelante, visitaba a clientes casi todos los días para vender productos y llevaba al equipo a viajes de formación todos los meses, así que dejé de asistir a las reuniones. Cuando mis hermanas venían a casa a buscarme, yo me escondía de ellas y me dedicaba en cuerpo y alma a mi carrera. Para tener una mejor clientela, aprendí todo tipo de discursos de ventas. Por ejemplo, para convencer a mis clientes de que compraran productos de salud, les hablaba de los peligros de las enfermedades y, para venderles cosméticos, los alababa. También hablaba de las perspectivas de la venta directa y de su atractivo sistema de bonificaciones, me vestía con mucha elegancia y usaba la imagen de una persona exitosa para atraer clientes y que se unieran a mi equipo de ventas. Después, me sentía algo intranquila: en realidad, mis ingresos no eran para nada estables y no era tan fácil ganar dinero con la venta directa. ¿Acaso no estaba pintando una realidad de color de rosa para engañar a la gente? Pero entonces pensé: “En el sector de venta directa, todo el mundo aprende discursos de ventas. ¿Cómo vas a vender algo si eres demasiado honesto? ¿Cómo vas a ganar dinero?”. Por lo tanto, seguía usando métodos engañosos para ganar dinero. Solía trabajar hasta la una o las dos de la madrugada para ganar más dinero, por lo que llegaba a casa agotada. Ni siquiera tuve tiempo de cuidar de mi marido cuando tuvieron que operarlo. Enfadado, me dijo que no tenía corazón y hasta me pidió el divorcio. Mi hija, que estaba a punto de entrar en la escuela secundaria, se volvió adicta a los juegos en línea y sus notas bajaron, pero yo no tenía tiempo para ocuparme de ella. Liderar el equipo era difícil, mi matrimonio no iba bien y mi hija era desobediente. Todo eso me dejaba exhausta y desbordada. A menudo pensaba: “¿Es esta realmente la vida que quiero?”. Sin embargo, el equipo empezaba a mejorar y la vida maravillosa que deseaba parecía estar a la vuelta de la esquina, así que seguía firme en la marcha. Me esforcé de esa manera durante dos años. Mi equipo creció hasta contar con casi cien personas y nuestras ventas no paraban de aumentar. Me convertí en distribuidora de nivel medio, con unos ingresos mensuales de entre seis y siete mil yuanes. Recibía los elogios de mis superiores y la admiración de quienes me rodeaban, y sentía una gran satisfacción por lo que había conseguido. Aunque, después, sentía un vacío inexplicable en el corazón, recobraba la motivación y me preparaba para luchar por alcanzar el objetivo de convertirme en distribuidora de nivel alto cuando pensaba que eso me permitiría ganar cientos de miles de yuanes al año y recibir el reconocimiento de todos. De forma inesperada, cuando estaba llevando al equipo a un viaje de formación, el autobús en el que viajábamos chocó con un camión, y perdí el conocimiento. Cuando desperté, vi los vehículos volcados en el suelo y oía gritos por todas partes. Algunas personas tenían la cara cubierta de sangre y otras gemían de dolor. Quise levantarme, pero me dolía tanto la parte baja de la espalda que no pude hacerlo. No pude sino esperar a que los rescatistas nos sacaran del autobús. Al ver esa escena tan trágica, sentí un miedo terrible: “La parte baja de la espalda me duele tanto. ¿Me habré quedado paralítica? Hay mucha gente de mi equipo que ha resultado herida. Si le pasa algo a alguien, ¿cómo se lo voy a explicar a su familia?”. Me sentía totalmente impotente. En ese momento, pensé en Dios y no paraba de orar en mi corazón: “Querido Dios, sálvanos…”. Después de hacerme unas pruebas, me diagnosticaron fracturas por compresión en tres vértebras lumbares. El médico me recomendó un tratamiento conservador. Aunque iba sentada en la parte delantera del autobús, no sufrí heridas graves. Eso se debió a la misericordia y la protección de Dios, y le di gracias de todo corazón. Mi buena amiga estaba en la sala del hospital, aún estaba en coma tras una operación de columna, otra hermana mayor acababa de ser operada de un tendón roto en la pierna, y una chica de unos veinte años tuvo una lesión en la pelvis, y el médico dijo que quizás no iba a poder tener hijos. Al ver todo esto, me di cuenta de lo frágil que es la vida humana. Dos días antes, aún estábamos en el autobús compartiendo lo que habíamos aprendido con alegría, pero ahora estábamos todas en cama en el hospital. Luego, me miré al espejo, con mi fractura lumbar. El médico dijo que no podría valerme por mí misma durante dos o tres meses. Pensé: “¿De qué sirve ganar más dinero si muriera ahora? ¡Tengo tanta suerte de simplemente estar viva!”.

Dos meses después, me dieron el alta y volví a casa a recuperarme. Al enterarse de que había tenido un accidente de autobús, una hermana vino a visitarme, encontró un pasaje de las palabras de Dios y me lo leyó. Dios Todopoderoso dice: “La suerte del hombre está controlada por las manos de Dios. Tú eres incapaz de controlarte a ti mismo: aunque el hombre siempre se afana y se ocupa de sus propios asuntos, sigue siendo incapaz de controlarse. Si pudieras conocer tus propias perspectivas, si pudieras controlar tu propio sino, ¿se te seguiría llamando un ser creado? En resumen, independientemente de cómo obre Dios, toda Su obra es por el bien del hombre. Es tal como Dios creó los cielos, la tierra y todas las cosas para servir al hombre: Dios creó la luna, el sol y las estrellas para el hombre, Él creó los animales y las plantas para el hombre, Él hizo la primavera, el verano, el otoño y el invierno para el hombre, entre otras cosas, todo esto se creó en beneficio de la existencia del hombre. Y así, independientemente de cómo Dios castigue y juzgue al hombre, todo es por el bien de la salvación de este. Incluso si despoja al hombre de sus esperanzas carnales, sigue siendo por el bien de su purificación, y su purificación es en beneficio de la existencia del hombre. El destino del hombre está en manos del Creador, por tanto, ¿cómo podría el hombre controlarse a sí mismo?(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso). La hermana me dijo: “El porvenir del ser humano está en manos de Dios, y nadie puede controlarlo por su cuenta. Fíjate cómo te pasabas todo el día hurgando para encontrar dinero. Esta vez fue Dios el que te protegió para que no sufrieras heridas graves. Pero ¿has pensado alguna vez que, incluso si has hecho dinero, de qué te sirve todo ese dinero si pierdes la vida? Hoy hemos tenido la suerte de aceptar la obra de Dios de los últimos días, pero tú no has estado asistiendo a las reuniones como deberías. ¿No es esto intentar evadir la salvación de Dios para ti?”. Aunque las palabras de la hermana me atravesaron el corazón, también eran los hechos. Haciendo memoria, cuando conseguí mi diploma y el título profesional al estudiar por mi cuenta, pensé que todo sería pan comido a partir de ahí. Pero no esperaba que me despidieran y que no tuviera trabajo. No estaba lista para resignarme y aceptar ese fracaso. Cuando vi que mucha gente empezaba su propio negocio y conseguía destacar entre la multitud, yo también me esforcé al máximo para intentar empezar mi propio negocio. Sin embargo, todo acabó en fracaso. Durante esa época, incluso sufrí un accidente de tráfico y me lesioné la columna cervical, lo que casi me deja paralítica. Antes de recuperarme del todo, me lancé de nuevo a la industria de la venta directa. Quería llevar una buena vida gracias a ese negocio, pero no esperaba que un accidente de autobús hiciera estallar la burbuja de todos mis años de esfuerzo y lo redujera todo a nada. Entendí que, en realidad, no podía controlar mi propio porvenir y que el sino del ser humano está en manos de Dios. Ese accidente parecía algo malo, pero, en realidad, fue algo bueno. Fue la salvación de Dios para mí. De lo contrario, nunca habría dejado de perseguir la fama y el provecho.

Más tarde, leí más de las palabras de Dios y me conmoví mucho. Dios Todopoderoso dice: “El Todopoderoso tiene misericordia de estas personas que han sufrido profundamente. Al mismo tiempo, siente aversión hacia estas personas que no tienen ninguna conciencia en absoluto, porque tiene que esperar demasiado antes de que Él reciba una respuesta por parte de la gente. Él quiere buscar, buscar tu corazón y tu espíritu, y traerte alimento y agua para que te despiertes y ya no tengas sed ni hambre. Cuando estés cansado y cuando sientas algo de la desolación de este mundo, no te sientas perdido, no llores. Dios Todopoderoso, el Vigilante, acogerá tu llegada en cualquier momento(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El suspiro del Todopoderoso). Después de leer las palabras de Dios, mi corazón se conmovió y pude sentir el amor y la misericordia de Dios. Había oído Su voz, pero no había podido resistir la tentación del dinero, la fama y el provecho, y, para ganar más dinero y ser superior a los demás, no quise asistir a las reuniones. Hasta me escondía de mis hermanos y hermanas cuando venían a mi casa a buscarme. Había sido muy insensible y rebelde, pero Dios no me abandonó. Estaba sentada en la parte delantera del autobús cuando ocurrió el accidente. Sufrí un gran impacto, pero no tuve heridas graves. ¿No fue eso la protección de Dios? Dios también dispuso que una hermana viniera a verme y hablara conmigo sobre la verdad para que entendiera la intención de Dios y acudiera a Él. ¿Acaso todo esto no era Dios mostrándome Su misericordia? El amor de Dios es muy grande, pero yo estaba obsesionada con perseguir la fama y el provecho, me escondía y me alejaba de Dios. Mi corazón era demasiado intransigente, y yo demasiado carente de conciencia y razón. ¡Realmente no era digna de la salvación de Dios!

En cuanto me recuperé lo suficiente como para volver a caminar, mi líder me llamó y me pidió que volviera para encargarme del equipo. Pensé: “Si no lidero al equipo que tanto me costó construir, se disolverá. Ahora, tanto las ventas como mis ingresos están bajando todos los meses. Si esto sigue así, ¿no habrán sido en vano todos mis esfuerzos anteriores?”. Mi corazón empezó a titubear. En ese momento, leí las palabras de Dios: “Como crees en Dios y lo sigues, debes ofrecerle todo a Él y no hacer elecciones o exigencias personales; debes lograr satisfacer las intenciones de Dios. Como eres un ser humano creado, debes someterte al Señor que te creó, porque eres intrínsecamente incapaz de controlarte y no tienes la capacidad inherente de controlar tu propio porvenir. Como eres una persona que cree en Dios, debes perseguir la santificación y el cambio(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El éxito o el fracaso dependen de la senda que uno camine). “Desde el momento en el que llegas llorando a este mundo, comienzas a cumplir tus responsabilidades. Por el bien del plan de Dios y Su ordenación, desempeñas tu papel y emprendes tu viaje de vida(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios es la fuente de la vida del hombre). Las palabras de Dios me permitieron entender que Él creó al ser humano. Como ser creado, yo debería someterme a Dios, satisfacerlo, cumplir mis responsabilidades y hacer bien mi deber. Pensé en que había pasado la mayor parte de mi vida persiguiendo la fama, el provecho y el estatus. Al final, no conseguí lo que quería tras tanto esfuerzo y sufrimiento, y casi pierdo la vida. El hecho de que ahora pudiera regresar a Dios se debía a Su misericordia y protección, y yo debía retribuir Su amor. Todavía hay muchos creyentes sinceros que no han venido ante Dios, y yo debo predicarles el evangelio. Esta es mi responsabilidad y este es mi deber. Por eso, decidí dejar de desarrollar el equipo. Quería reunirme como debía para comer y beber las palabras de Dios y predicar el evangelio para dar testimonio de Él. Luego, rechacé la petición de mi líder y elegí cumplir mi deber junto con mis hermanos y hermanas, y prediqué el evangelio de forma activa a quienes me rodeaban. Cada día era gratificante.

En 2012, me encontré con una antigua compañera de trabajo. Ya era distribuidora de nivel alto y ganaba mucho dinero. Hasta se había comprado una casa grande. Ella me dijo: “Con tal de que vengas a trabajar conmigo, te ayudaré a conseguir ventas. Tendrás un salario anual de cien mil yuanes, sin problema”. Al ver que ganaba mucho dinero, que parecía tan joven y hermosa y que su nueva casa parecía una mansión, no pude sino vacilar: “¿No es esa exactamente la vida que quiero? Tengo experiencia y no soy menos inteligente que ella, así que no me costaría resurgir. No me llevaría mucho esfuerzo conseguir un salario anual de cien mil yuanes”. La tentación de ganar dinero hacía imposible que mi corazón se sosegara, así que oré a Dios: “Querido Dios, sé que necesito asistir a reuniones y realizar mi deber en mi fe adecuadamente, pero aún quiero seguir persiguiendo la fama y el provecho, y tengo el corazón muy dividido. Querido Dios, te ruego que me protejas de caer en las tentaciones de Satanás”.

Más tarde, leí las palabras de Dios y gané algo de entendimiento sobre la raíz de mi búsqueda de fama y provecho. Dios Todopoderoso dice: “Cuando investigas repetidamente y diseccionas cuidadosamente los diversos objetivos que las personas persiguen en la vida y sus diversas formas diferentes de vivir, verás que ninguno de ellos encaja con el propósito original del Creador con el que creó a la humanidad. Todos ellos apartan a las personas de Su soberanía y Su cuidado; todos son trampas que provocan que las personas se vuelvan depravadas y que las llevan al infierno. Después de que reconozcas esto, lo que deberías hacer es despojarte de tu antigua visión de la vida, mantenerte alejado de diversas trampas, dejar que Dios se haga cargo de tu vida y haga arreglos para ella, buscar someterte solamente a las orquestaciones y la dirección de Dios, sin hacer ninguna de tus propias elecciones, y convertirte en una persona que lo adora a Él(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único III). “Satanás usa la fama y el provecho para controlar los pensamientos de las personas, con lo que hace que no piensen en nada más que en estas dos cosas y que luchen por la fama y el provecho, sufran dificultades, soporten la humillación y lleven una pesada carga, sacrifiquen todo lo que tienen y emitan todo juicio o tomen toda decisión en aras de la fama y el provecho. De esta forma, Satanás coloca grilletes invisibles a las personas y, con estos grilletes sobre ellas, no tienen la capacidad ni el valor para liberarse. Sin saberlo, llevan estos grilletes mientras avanzan paso a paso con gran dificultad. En aras de esta fama y provecho, la humanidad se aparta de Dios y lo traiciona, y se vuelve más y más perversa. De esta forma, se destruye una generación tras otra en medio de la fama y el provecho de Satanás. Consideremos ahora las acciones de Satanás, ¿no son sus insidiosos motivos completamente odiosos? Tal vez hoy todavía no podáis desentrañar sus motivos insidiosos, porque pensáis que, sin fama y provecho, la vida no tendría significado y las personas ya no serían capaces de ver el camino que tienen por delante ni tampoco sus metas, y su futuro se volvería oscuro, tenue y sombrío. Sin embargo, poco a poco, todos reconoceréis un día que la fama y el provecho son grilletes enormes que Satanás coloca al hombre. Cuando llegue ese día, te resistirás por completo al control de Satanás y a los grilletes que este te pone. Cuando desees liberarte de todas estas cosas que Satanás ha inculcado en ti, romperás definitivamente con él y odiarás de veras todo lo que te ha traído. Solo entonces sentirás verdadero amor y anhelo por Dios(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VI). Las palabras de Dios me permitieron entender que Satanás usa la fama y el provecho para corromper a las personas y hacerlas considerar la búsqueda de la fama y el provecho como algo positivo, como una meta por la que luchar en la vida, hacerlas intentar escapar sin cesar de la soberanía y los arreglos de Dios, y, en última instancia, rehuir a Dios y traicionarlo. La fama y el provecho son trampas que Satanás nos tiende y cepos que tientan a la gente a caer en la depravación. La razón por la que no podía desprenderme de la fama y el provecho era que había tomado como positivas las reglas satánicas de supervivencia como “El hombre lucha hacia arriba; el agua fluye hacia abajo” y “Destácate del resto”. Había creído que uno solamente puede tener una vida digna y con valor cuando logra tener fama y provecho. Recordé cuando acababa de terminar mis estudios y comencé a trabajar. Para tener una vida prestigiosa como la de mi hermana, me presenté a exámenes con desesperación para obtener diplomas y títulos profesionales. Después de que me despidieron, para vivir bien y ganarme la admiración de la gente, asistí a cursos de venta directa y aprendí cómo mentir y engañar para obtener buenas ventas. Decía lo que fuera que la gente quisiera oír y me disfrazaba de una persona exitosa para desorientar a la gente con falsas apariencias. Incluso cuando oí la voz de Dios que salvaba a las personas y entendí que Sus palabras son la verdad y pueden guiar a las personas a la senda correcta, no asistía a las reuniones como debía porque quería desarrollar mi equipo y mejorar mis ventas. Ni siquiera tenía tiempo para leer las palabras de Dios y dedicaba toda mi energía a perseguir el dinero, la fama y el provecho. En última instancia, casi pierdo la vida en aquel accidente de autobús. Ahora, por fin podía reunirme y cumplir mi deber con frecuencia, pero, cuando oí a mi antigua compañera decir que me ayudaría a conseguir un salario anual de cien mil yuanes, se despertaron mis deseos y quise regresar con ansias al mundo y lograr algo grandioso. ¡Cuán fuerte me ataban al dinero, la fama y el provecho! En realidad, si lo pensaba, en los últimos años, había estado ocupada afanándome por fama y provecho. Aunque gané algo de dinero y también recibí el elogio y la admiración de los demás, mi vida familiar no era armoniosa, solía enfadarme y discutir con mi marido, y a menudo sentía un vacío en el corazón. Además, por perseguir la fama y el provecho, mentí y engañé a mis clientes, y transgredí el estándar básico de la conciencia. Vivía sin integridad ni dignidad alguna. También padezco consecuencias físicas del accidente de autobús y suelo tener dolores de espalda. Pagué un gran precio por la fama y el provecho, pero lo que obtuve a cambio fue un vacío espiritual y dolor físico. Me di cuenta de que, por mucho dinero que tengas, no puedes comprar la tranquilidad ni tener una conciencia tranquila, y por muy alto que sea tu estatus, no puedes escapar de la desgracia. La fama y la ganancia no pueden hacer verdaderamente felices a las personas. Solo las conducen lejos de Dios, para vivir en el vacío y el dolor, y hacen que, al final, pierdan la oportunidad de obtener la salvación. Ahora, por fin había sacado los pies de la ciénaga del dinero, la fama y el provecho, y no quería volver a perseguir la fama, el provecho y el estatus como antes ni llevar esa vida de sufrimiento, agotamiento, vacío y tormento. Tenía que dejar atrás mis ambiciones y deseos de perseguir la fama y la ganancia, debía perseguir someterme a Dios y cumplir bien con el deber de un ser creado. Solo así tiene sentido la vida. También me di cuenta de que, aunque parecía que era mi compañera de trabajo la que trataba de convencerme, detrás de ello estaba la tentación de Satanás y el examen de Dios. No podía volver a caer en las trampas de Satanás ni seguir por la senda equivocada, como había hecho antes. Por eso, rechacé a mi colega abiertamente.

Desde entonces, cada vez que alguien me recomienda alguna forma de venta directa como una buena manera de ganar dinero, mi corazón ya no vacila y solo pienso en predicar el evangelio y cumplir con mi deber. Leí las palabras de Dios: “Eres un ser creado; por supuesto, debes adorar a Dios y buscar una vida con sentido. Si no adoras a Dios, sino que vives en tu carne inmunda, ¿no eres solo una bestia vestida de humano? Como eres un ser humano, ¡te debes gastar para Dios y soportar todo el sufrimiento! El pequeño sufrimiento que estás experimentando ahora, lo debes aceptar con alegría y tranquilidad y vivir una vida significativa como Job y Pedro. […] Vosotros sois personas que buscáis la senda correcta y buscáis mejorar. Os levantáis en el país del gran dragón rojo y sois aquellos a quienes Dios llama justos. ¿No es esa la vida con mayor sentido?(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Práctica (2)). Las palabras de Dios me hicieron entender que no tiene sentido perseguir el dinero, la fama, la ganancia, el orgullo ni el prestigio. Solo al creer en Dios, perseguir la verdad, despojarse de las actitudes corruptas y cumplir el deber de un ser creado puedes llevar la vida más significativa. Antes, perseguía el dinero, la fama, el provecho, el disfrute material y vivía para la carne. Aunque parecía prestigiosa y respetable, no sentía paz ni alegría en mi corazón. Ahora, cumplo mi deber con mis hermanos y hermanas, como y bebo las palabras de Dios, acepto el juicio y el castigo de Sus palabras, hago introspección y me entiendo a mí misma. Ya no miento tanto como antes y, de a poco, he empezado a vivir conforme a una semejanza humana. ¡Doy gracias al liderazgo de Dios Todopoderoso por ayudarme a escapar del dolor de perseguir el dinero, la fama y el provecho, y por guiarme a emprender una senda brillante en mi vida!

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