El deber exige la verdad

21 Mar 2022

Por Teresa, Filipinas

En mayo de 2021 asumí un cargo de líder, responsable del trabajo de unas cuantas iglesias. Creía que realmente tenía que pagar un precio y cumplir bien con el deber; si no, Dios me reprobaría. Así pues, me ocupaba del trabajo de la iglesia cada día, dedicaba mucho tiempo y energía a hablar con los líderes de las iglesias sobre cómo avanzar en su labor evangelizadora y regar a nuevos fieles, e iba a ver si estos estaban bien en mi tiempo libre. Me esforzaba mucho en todo esto. Tenía el horario tan lleno todos los días que a veces no tenía tiempo de comer, y se puso tan mal que ni siquiera podía cuadrar mis devociones. Pensaba que solo tenía que esforzarme en el deber y pagar un precio para lograr resultados, y que luego recibiría la aprobación y las bendiciones de Dios y tendría un buen destino.

Por el deber abandoné la carne y di todo cuanto tenía, hasta el punto de pasarme los descansos para comer ayudando a nuevos fieles o planificando reuniones, sin importarme cuánto me cansaba. Posteriormente, la iglesia iba a crear un equipo de evangelización, así que de inmediato busqué buenos candidatos y decidí a quiénes formar. Ante la falta de entusiasmo de los nuevos fieles, me apresuraba a buscar palabras de Dios que compartir con ellos para que le encontraran sentido al deber. Tras una fase de arduo trabajo, por fin habíamos creado un equipo de evangelización, pero yo no estaba satisfecha. Creía que tenía que pagar un precio mayor, trabajar más de verdad y guiar a los hermanos y hermanas para que consiguieran nuevos miembros, de modo que mi contribución fuera mayor, Dios me diera Su aprobación y yo tuviera un buen destino. Sin embargo, siempre que me topaba con dificultades en el deber, me sentía negativa y débil. Por ejemplo, cuando veía a los líderes de iglesia confundidos en el trabajo o a nuevos fieles desanimados en el deber, o cuando las cosas no se planificaban muy bien, me sentía incompetente en ese deber. Si no lograba nada, ¿cómo iba a tener un buen destino? Ese pensamiento siempre me estresaba mucho y me sentía cansada, deprimida y preocupadísima. No era consciente del problema y solo leía las palabras de Dios cuando me hallaba en un mal estado. La mayor parte del tiempo estaba ocupada en el deber. Sentía que tomaba demasiado tiempo comer y beber de las palabras de Dios y meditarlas y que no tendría tiempo suficiente para el deber, por lo que lo posponía. A veces esperaba hasta la noche, pero estaba agotada tras un día de trabajo y tenía sueño. Así que no lo hacía. No me estaba preparando para la entrada en la vida, sino que solo me esforzaba en apariencia, y cumplir con el deber en ese estado me dejaba agotada. Un día me pregunté si esa forma de cumplir con el deber se ajustaba a la voluntad de Dios, si Él le daba Su aprobación. Me parecía que algo estaba mal y me di cuenta de que tenía un problema de actitud. Estaba ocupada trabajando y postergaba mi entrada en la vida. Nunca había pensado realmente en cómo quería Dios que cumpliera con el deber. Me presenté ante Dios a orar: “Dios mío, temo fracasar en el deber y que no me des Tu aprobación, que eso repercuta en mi futuro. Dios mío, si estoy en la senda equivocada, te pido esclarecimiento y que me muestres en qué fallo. Oh, Dios mío, quiero satisfacerte, pero no sé qué hacer. Necesito que me guíes”.

Un día, una hermana me dijo que no sabía cómo buscar la verdad cuando tenía problemas ni cómo cumplir bien con el deber. Como no entendía su propio estado, quería que le hablara de cómo captarlo mejor y de qué hacer cuando exhibiera corrupción. Le dije que, para entender el propio estado, hemos de reflexionar sobre nuestra mentalidad y sobre si nuestras ideas, perspectivas, metas y conductas satisfacen la voluntad de Dios. Después me preguntó cómo logré comprender mi mentalidad para hacer introspección y conocerme. Me quedé sin respuesta. Su pregunta me sentó como una bofetada. Si no practicaba aquello, ¿cómo podría ayudarla? Trabajaba mucho, pero no buscaba la verdad en el deber. Me metía en muchos problemas y revelaba mucha corrupción; por ejemplo, me faltaban paciencia y amor al tratar de sustentar a los nuevos fieles y criticaba el desempeño de los líderes cuando verificaba su trabajo. Sentía que las cosas nunca iban como yo quería, pero no hacía introspección ni aprendía nada de mí misma. Pensaba que solamente tenía que cumplir con el deber y, si hacía más, Dios me daría Su aprobación y con eso bastaba. Así pues, dejé totalmente de lado la entrada en la vida y tampoco dedicaba tiempo a las palabras de Dios. Me parecía que comer y beber de las palabras de Dios era perder un tiempo que podría dedicar al deber. Siempre estaba ocupada en apariencia, pero no me esforzaba sinceramente por Dios. Simplemente trabajaba, realizaba tareas. No hacía introspección ni buscaba la verdad cuando me hallaba en un mal estado. Estaba descuidando la entrada en la vida y no tenía una relación adecuada con Dios. Cumplía con el deber a mi manera, como me daba la gana. En ese momento sentí preocupación por mi estado. Me pregunté cómo me veía Dios y si daba Su aprobación a mi búsqueda.

Al ver el problema que tenía, le respondí a aquella hermana: “Yo tengo el mismo problema. Me mantengo ocupada con tareas, pero no entiendo mi estado. Muchas veces descubro que no me hallo en el estado correcto, pero lo ignoro. No hago introspección ni tengo entrada en la vida”. Leímos juntas entonces un pasaje de las palabras de Dios. “Si queréis tener vuestro corazón realmente en paz ante Él, entonces debéis hacer la obra de cooperación consciente. Es decir, cada uno de vosotros debe dedicar un tiempo para vuestras devociones, un momento en el que apartáis a todas las personas, asuntos u objetos, calmáis vuestro corazón y guardáis silencio ante Dios. Todo el mundo debería tomar notas devocionales, registrar su conocimiento de la palabra de Dios y cómo se les conmueve el espíritu, independientemente de que sea profundo o superficial, todos deben acallar sus corazones ante Dios de manera consciente. Si puedes dedicar una o dos horas cada día a una vida espiritual verdadera, tu vida durante ese día se sentirá enriquecida y tu corazón será brillante y claro. Si vives esta clase de vida espiritual a diario, entonces tu corazón podrá volver a estar más en posesión de Dios, tu espíritu se volverá cada vez más fuerte, tu condición mejorará constantemente, podrás recorrer mejor la senda por la que guía el Espíritu Santo, y Dios te concederá más bendiciones. El propósito de vuestra vida espiritual es obtener conscientemente la presencia del Espíritu Santo. No consiste en observar reglas o celebrar rituales religiosos, sino en actuar verdaderamente en sintonía con Dios y disciplinar realmente vuestro cuerpo. Esto es lo que el hombre debe hacer; así que debéis hacerlo esforzándoos al máximo” (‘Una vida espiritual normal guía a las personas por el camino correcto’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto me ayudó a entender que necesito una vida espiritual adecuada y tiempo para las palabras de Dios por muy ocupada que esté, así como reflexionar sobre si mis ideas y actos se ajustan o no a la voluntad de Dios. Sin embargo, no me centraba en leer ni en meditar las palabras de Dios. Hasta creía que mis devociones eran perder un tiempo que podría emplear en trabajar. No buscaba la verdad en el deber ni reflexionaba sobre si estaba haciendo lo exigido por Dios. No buscaba la verdad cuando me topaba con los problemas, sino que me centraba en el trabajo y trataba de hacer las cosas con mi ingenio y experiencia. A veces, cuando ya me hallaba en un mal estado y no percibía la obra del Espíritu Santo, me obligaba de todos modos a seguir caminando. Parecía muy ocupada, pero tenía el corazón vacío y en tinieblas y no estaba aprendiendo nada. Tras leer las palabras de Dios, entendí la importancia de comer y beber de ellas, de hacer las devociones y de hacer introspección. Si no leemos las palabras de Dios, no sabremos analizar nuestros pensamientos y conductas con ellas y no sabremos qué clase de corrupción exhibimos. Entonces, nunca se transformará nuestro carácter corrupto ni recibiremos la aprobación de Dios. Al darme cuenta de todo esto, desperté un poco. Me aterró descubrir los estados en que me había encontrado y no quería continuar así, sino centrarme en la vida espiritual en mi deber, practicar y entrar en las palabras de Dios.

Luego leímos unas palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Si quieres que Dios te elogie, entonces debes escapar primero de la influencia oscura de Satanás, debes abrir tu corazón a Dios y volverlo por completo a Él. ¿Elogiaría Dios las cosas que estás haciendo ahora? ¿Has vuelto tu corazón a Dios? Las cosas que has hecho, ¿son las que Dios exige de ti? ¿Encajan con la verdad? Examínate en todo momento, concéntrate en comer y beber las palabras de Dios, expón tu corazón delante de Él, ámalo con sinceridad y gástate por Él con lealtad. Las personas que hacen esto recibirán sin duda la alabanza de Dios”. “Si los hombres viven en las palabras de Dios, el Espíritu Santo estará con ellos y llevará a cabo la obra en ellos. Si los hombres no viven en las palabras de Dios, viven en las cadenas de Satanás. Si los hombres viven con un carácter corrupto, entonces no tienen la presencia ni la obra del Espíritu Santo. Si vives dentro de los límites de las palabras de Dios y si vives en el estado exigido por Él, entonces le perteneces y Su obra se llevará a cabo en ti; si no vives en los límites de las exigencias de Dios, sino bajo el campo de acción de Satanás, entonces sin duda estás viviendo dentro de la corrupción de Satanás. Solo puedes cumplir las exigencias de Dios si vives dentro de Sus palabras y le entregas tu corazón; debes hacer lo que Dios dice, convertir Sus palabras en el fundamento de tu existencia y en la realidad de tu vida; solo entonces le pertenecerás a Dios” (‘Escapa de la influencia de las tinieblas y Dios te ganará’ en “La Palabra manifestada en carne”). Hice introspección a la luz de las palabras de Dios. Era entusiasta en el deber, pero lo hacía todo de acuerdo con mis ideas. Me apartaba de las palabras de Dios, no buscaba la verdad y solo me centraba en el trabajo. Esa no era la voluntad de Dios. Yo pensaba que, mientras lo diera todo en el deber y pagara un mayor precio, Dios me daría Su aprobación, pero no era el caso. Dios no se fija solamente en las contribuciones superficiales, sino en nuestro corazón, con la esperanza de que podamos obedecer Sus palabras, buscar la verdad en el deber, poner en práctica Sus palabras y librarnos de las ataduras de la corrupción de Satanás. No obstante, yo solo quería hacer cosas. Ni buscaba la verdad, ni pensaba en la corrupción que exhibía ni practicaba las palabras de Dios. Fue entonces cuando descubrí que estaba en la senda equivocada y que sería peligroso continuar por ese camino: Dios jamás lo aprobaría.

Después me acordé de un pasaje de unas palabras de Dios que revelaban a Pablo, el cual me ayudó a entender los problemas de mi búsqueda. Dios Todopoderoso dice: “Estos días, la mayoría de las personas se encuentran en este tipo de estado: ‘Con el fin de ganar bendiciones, debo entregarme por Dios y pagar un precio por Él. Para conseguir bendiciones, debo abandonarlo todo por Dios; debo completar aquello que Él me ha confiado, y cumplir bien con mi deber’. Esto está dominado por la intención de obtener bendiciones, lo que es un ejemplo de entregarse por completo con el propósito de obtener las recompensas de Dios y ganar una corona. Tales personas no tienen la verdad en su corazón y, sin lugar a duda, su entendimiento solo consiste en unas pocas palabras de doctrina de las que presumen por todas partes. La suya es la senda de Pablo. La fe de tales personas es un acto de labor constante y, en lo más profundo, sienten que cuanto más hagan, más quedará probada su lealtad a Dios; que cuanto más hagan, con toda certeza Dios estará más satisfecho, y que cuanto más hagan, más merecerán que se les otorgue una corona ante Dios y que sin duda recibirán las mayores bendiciones en Su casa. Piensan que si pueden soportar el sufrimiento, predicar y morir por Cristo, si pueden sacrificar su propia vida, y si pueden acabar todos los deberes que Dios les ha encomendado, entonces estarán entre los más bendecidos de Dios, aquellos que obtienen las mayores bendiciones, y sin duda se les concederán coronas. Es exactamente lo que Pablo imaginó y buscó, la senda exacta por la que transitó; y fue bajo la guía de tales pensamientos que trabajó para servir a Dios. ¿Acaso esos pensamientos e intenciones no surgen de una naturaleza satánica? Igual que los seres humanos mundanos, que creen que mientras estén en la tierra deben buscar el conocimiento y, solo después de obtenerlo, pueden destacar entre la multitud, convertirse en un oficial y tener estatus, piensan que lo tuvieron una vez, pueden concretar sus ambiciones y llevar sus casas y negocios a ciertos niveles. ¿Acaso no siguen todos los incrédulos esta senda? Los que son dominados por esta naturaleza satánica solo pueden ser como Pablo en su fe: Ellos piensan: ‘Debo desecharlo todo para entregarme por Dios; debo ser fiel ante Él y, al final, sin duda recibiré la corona más magnífica y las bendiciones más extraordinarias’. Esta es la misma actitud que la de las personas mundanas que buscan cosas mundanas; no difiere en absoluto y están sujetas a la misma naturaleza. Cuando las personas tienen ese tipo de naturaleza satánica, en el mundo buscarán obtener conocimiento, estatus, aprendizaje y destacar entre la multitud; si creen en Dios, buscarán obtener coronas y grandes bendiciones. Si las personas no buscan la verdad cuando creen en Dios, con toda seguridad tomarán esta senda. Este es un hecho inmutable, es una ley natural” (‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Yo pensaba que mi objetivo en el deber era satisfacer a Dios, pero tras leer Sus palabras entendí que, en realidad, estaba equivocada. Parecía entusiasmada con el deber, pero no procuraba recibir la verdad ni satisfacer a Dios. Quería que Dios me bendijera y tener un buen destino. Creía que, mientras hiciera mi trabajo, pagara un precio, me esforzara y sufriera más, Dios lo aprobaría y tendría un buen destino. Por las bendiciones de Dios, era capaz de posponer mis comidas y dormir menos, y hasta me saltaba las devociones y la lectura de las palabras de Dios para ganar tiempo. Quería esforzarme en el trabajo a cambio de un hermoso destino en el futuro, como un empleado que trabaja para un jefe. Era como trabajar para recibir un sueldo de un patrón. Hacía transacciones con Dios en el deber, engañaba a Dios. Dios quiere que seamos sinceros en el deber, no transacciones ni exigencias, pero yo intentaba hacer tratos con Él, esforzarme a cambio de un boleto al cielo. Esa era también la búsqueda de Pablo. Pablo solamente se centraba en trabajar y quería recibir una corona, un premio, pero en absoluto buscaba la verdad ni se tomaba en serio las palabras de Dios, y ni mucho menos procuraba transformarse. Iba por una senda contraria a Dios. Yo era igual: trabajaba mucho, también con la esperanza de recibir más bendiciones de Dios para poder recibir un mejor destino. Comprobé que no buscaba la verdad ni amaba sinceramente a Dios; entonces, ¿cómo podría recibir Su aprobación? Sin la lectura de las palabras de Dios, no conocía mi corrupción ni sabía que había renunciado a la senda de Dios. Luego recordé las consecuencias de que los líderes tomen la senda equivocada y encontré este pasaje de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “¿Por qué y cómo surgen las categorías de líderes y obreros? A una escala mayor, son necesarias para la obra de Dios; a una escala menor, se requieren para la obra de la iglesia, son necesarias para los escogidos de Dios. […] La diferencia entre su deber y el de otras personas tiene que ver con una característica especial que poseen. ¿Qué característica especial es esa? El aspecto más destacado es la función de liderazgo. Por ejemplo, no importa cuántas personas tenga una iglesia, el líder es su cabeza. Entonces, ¿qué papel desempeñan los líderes entre los miembros? (Ejercen el liderazgo). Guían a todos los escogidos en la iglesia. Entonces, ¿qué efecto tienen en toda la iglesia? Si este líder toma la senda equivocada, esto tendrá un enorme impacto en todos los escogidos de la iglesia: todos seguirán al líder por esa senda equivocada. Es igual a cómo dirigió Pablo todas las iglesias que fundó y a las personas a las que había difundido el evangelio y había convertido. Cuando Pablo se desvió, las iglesias y las personas que lideraba también se desviaron. Cuando los líderes se desvían, no son ellos los únicos afectados, sino también la totalidad de los hermanos y hermanas dentro del ámbito de su liderazgo” (‘Tratan de ganarse a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Las palabras de Dios llamaron mi atención al hecho de que la senda que tomara como líder era muy importante. Mi actitud hacia la verdad, la senda que tomara y mi forma de cumplir con el deber tenían repercusión directa en la entrada de otras personas. Si tomaba la senda equivocada, guiaría a los demás a mi lado. Como líder, era responsable de guiar a los hermanos y hermanas en la búsqueda de la verdad, pero, en vez de buscarla, me centraba en el trabajo. Dejé de lado la lectura de las palabras de Dios y la búsqueda de la verdad, con lo que me alejé de Dios. Si no estaba centrada en mi entrada en la vida, ¿cómo podía guiar a los hermanos y hermanas para que buscaran la verdad? Los guiaría por la misma senda de Pablo, y si acababan eliminados por no buscar la verdad, sería una maldad de mi parte y echaría a perder su oportunidad de salvarse. Esa clase de trabajo no sería hacer el bien, sino el mal, ¡e ir en contra de Dios! También me di cuenta de lo peligroso que es tan solo guiar a los demás para que hagan un trabajo superficial, pero alejarnos de Dios y de la verdad. Las palabras de Dios revelaban mi corrupción y me mostraban la senda correcta de búsqueda y la responsabilidad de un líder. Supe que tenía que centrarme en leer más las palabras de Dios, en buscar la verdad y corregir mi corrupción. Entonces no tomaría ninguna senda equivocada.

Más tarde leí un par de pasajes más. Dios Todopoderoso dice: “Los destinos de Pablo y Pedro se midieron en función de la capacidad de cada uno para cumplir con su deber como criaturas de Dios, y no según el tamaño de su contribución; sus destinos se determinaron en función de lo que buscaron desde el principio y no según la cantidad de obra que llevaron a cabo ni según la estimación que otras personas hacían de ellos. Por tanto, buscar activamente cumplir con el propio deber como criatura de Dios es la senda hacia el éxito; buscar la senda del amor verdadero a Dios es la senda más correcta; buscar cambios en el viejo carácter propio y buscar el amor puro a Dios, es la senda hacia el éxito. Esa senda hacia el éxito es la senda de la recuperación del deber original y de la apariencia original de una criatura de Dios. Es la senda de la recuperación y también el objetivo de toda la obra de Dios de principio a fin. Si la búsqueda del hombre está manchada con exigencias personales extravagantes y anhelos irracionales, entonces el efecto que se obtenga no será el cambio en el carácter del hombre. Esto entra en conflicto con la obra de recuperación. Indudablemente, no es una obra del Espíritu Santo, y esto demuestra que Dios no aprueba este tipo de búsqueda. ¿Qué importancia tiene una búsqueda que Dios no ha aprobado?” (‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Yo decido el destino de cada persona, no en base a su edad, antigüedad, cantidad de sufrimiento ni, mucho menos, según el grado de compasión que provoca, sino en base a si posee la verdad. No hay otra opción que esta. Debéis daros cuenta de que todos aquellos que no hacen la voluntad de Dios serán también castigados. Este es un hecho inmutable. Por lo tanto, todos aquellos quienes son castigados, reciben castigo por la justicia de Dios y como retribución por sus numerosas acciones malvadas” (‘Prepara suficientes buenas obras para tu destino’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto me ayudó a comprender que Dios no decide nuestro resultado según la medida de nuestras contribuciones, de nuestro trabajo o de nuestro sufrimiento. Él jamás ha dicho que nos bendiga según cuánto hayamos trabajado ni que nuestro afán pueda alcanzarnos un buen destino, pero yo pensaba que, siempre que me esforzara, cumpliera con el deber y contribuyera más, recibiría la aprobación de Dios y tendría un buen destino. Por eso era muy entusiasta en el trabajo de la iglesia y al resolver problemas ajenos y estaba absolutamente dispuesta a sufrir por mi deber, pero con la lectura de las palabras de Dios vi que tenía la perspectiva equivocada, que Dios decide nuestro resultado en función de si buscamos la verdad y tenemos una transformación personal, o no. Es igual que Pablo: se esforzó mucho, trabajó mucho, sufrió mucho y fundó bastantes iglesias. La gente piensa que hizo grandes contribuciones, pero su motivación era recibir un premio, una corona, así que su esfuerzo no recibió la aprobación de Dios. Dios lo eliminó porque jamás transformó su carácter. Sin embargo, aunque Pedro no hiciera mucho trabajo, se centraba en buscar la verdad y en hacer introspección según las palabras de Dios. Las ponía en práctica y al final logró transformar su carácter. Su búsqueda fue conforme a la voluntad de Dios. Yo nunca entendía el criterio de Dios para determinar el resultado de la gente, sino que tenía mis propias nociones en la fe. Creía que mi ardua labor me introduciría en el reino de Dios y deseaba intercambiar mi raquítico esfuerzo por un hermoso destino. Esa búsqueda no tenía nada que ver con Dios. No buscaba la verdad con un corazón sincero para satisfacer a Dios y mi fe llegó a perder su sentido con esa clase de búsqueda. Por ocupada que pareciera, no estaba transformando mi carácter corrupto. Aún rebosaba arrogancia, codicia, orgullo, envidia y astucia. ¿Cómo podría tener un buen destino alguien como yo, tan rebosante de corrupción satánica? Y en el deber no me centraba en hacer introspección ni en buscar la voluntad de Dios. No hacía lo exigido por Dios; por tanto, ¿podía estar mi labor en consonancia con Su voluntad? El juicio y castigo de las palabras de Dios me hicieron entender un poco mi estrategia equivocada de búsqueda. Sin ellos, habría seguido afanándome a ciegas, rebosando falsedad y con una mentalidad de comerciar, y con esa búsqueda solo me resistiría a Dios y acabaría castigada. Tras descubrir la importancia de buscar la verdad, empecé a cambiar mi búsqueda inadecuada y ya no quería vivir en un estado de simple desempeño del trabajo.

Posteriormente, por ocupada que estuviera, dedicaba un tiempo cada día a comer y beber de las palabras de Dios y trataba de experimentar Su palabra a través del deber. Ante los problemas, buscaba los principios de la verdad y hablaba de ella para ayudar a otros con los problemas suyos. Con la práctica de las palabras de Dios estaba menos confusa y tenía más orden en el deber. Antes, cuando estaba ocupada, me preocupaba no trabajar con rapidez y que eso repercutiera en mi destino si no lo hacía bien, pero ahora no estoy tan nerviosa cuando tengo mucho trabajo. Primero busco los principios de la verdad para ver qué exige Dios, y cuando coopero así con Él, recibo Su guía y cada vez obtengo mejores resultados. En cierto momento noté a los hermanos y hermanas algo pasivos en el deber, y me frustré y enojé enormemente. Dediqué mucho tiempo a hablar con ellos, pero no sirvió de nada. Algunos todavía estaban realmente pasivos, lo que demoraba nuestros progresos. Por ello, me presenté ante Dios a orar acerca de por qué me enojaba y de qué me motivaba en realidad. Al leer las palabras de Dios entendí que me sentía así porque creía que, de no conseguir buenos resultados, quedaría mal y podría perder mi puesto. Fue entonces cuando me percaté de que eso era mi corrupción. Tenía que abandonar la carne por la verdad. Mi reputación y estatus no eran nada. Sin importar qué opinaran de mí ni que tuviera o no un cargo de líder, tenía que cumplir con el deber. Era lo único que importaba. Entonces fui a investigar por qué estaban pasivos y a ver qué actitud tenían hacia el deber. Leímos juntos las palabras de Dios y, hablando, poco a poco mejoró el estado de todos y estaban consiguiendo más cosas. Esta experiencia me enseñó que la búsqueda de la verdad es la única senda de fe verdadera, de seguir a Dios. No puedo conformarme con hacer las cosas, sino que he de leer las palabras de Dios, experimentar Su obra y aspirar a transformar mi carácter. ¡Demos gracias a Dios!

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