La decisión de un sacerdote católico

29 Mar 2022

Por Weimo, China

Mis padres me criaron en la Iglesia católica y de mayor me hice sacerdote. Después, la iglesia se quedó cada vez más desolada. Los obispos y sacerdotes entablaban constantes luchas internas y de poder, y los frailes y monjas siempre estaban celosos y discutiendo entre ellos. Uno de nuestros obispos provinciales se molestó porque el obispo diocesano no celebró su consagración, así que se alió con otros sacerdotes y dijo que, como el obispo diocesano se gastaba el dinero de la iglesia en vehículos y apartamentos y se había unido a la Iglesia de las Tres Autonomías, había que cesarlo del cargo. Incluso tuvieron un altercado físico con feligreses que lo apoyaban. Estos casos de celos y odio eran cada vez más graves y hubo enfrentamientos entre sacerdotes que fragmentaron la iglesia entera en facciones. Me repugnaba de veras que se pelearan así por el estatus. Eso no tenía nada de iglesia, sino tantas tinieblas como el mundo laico. El obispo diocesano comenzó a marginarme por no querer unirme a las Tres Autonomías. Me asignó un sacerdote como ayudante, pero realmente lo hizo para que se apropiara de mi cargo. Al llegar ese sacerdote, instigó a los feligreses a que me aislaran y, poco después, la iglesia se dividió en dos facciones y surgieron muchos conflictos. Como no quería participar en esas cosas, presenté mi renuncia al obispo. Dejé esa iglesia llena de odio y conflictos y me incorporé a otra en la montaña junto con varios frailes y monjas.

Creía que sus miembros eran sencillos y modestos, sin tantas luchas de poder, que la situación estaría mejor allí, pero, curiosamente, las cosas estaban igual de desoladas en esa iglesia. La fe de los feligreses era tibia, pecaban desenfrenadamente y ni siquiera obedecían los mandamientos. Eran deshonestos y siempre estaban gritando a la gente y metiéndose en conflictos. Venían constantemente incrédulos a presentarme denuncias contra ellos. Había problemas que no podía resolver. Tenía sed espiritual y nada novedoso que decir en los sermones.

Justo cuando me sentía perdido, desdichado y desamparado, el sacerdote Liu y el diácono Zhang me dieron testimonio de la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y me dijeron que el Señor Jesús había regresado. Aquello me dejó boquiabierto. No me atrevía a creérmelo del todo, pero tampoco a no creérmelo del todo. Estuve reflexionando que habían llegado los últimos días y que la iglesia carecía de luz y de la obra del Espíritu Santo. Pecábamos de día, confesábamos de noche y no sabíamos practicar las palabras de Dios. Estaba constantemente inquieto y hasta un poco asustado, con la sensación de que iba a pasar algo terrible. Anhelaba el día en que el Señor regresara y nos salvara de esas tinieblas y esa desdicha. Así pues, cuando me dieron testimonio de que había vuelto el Señor Jesús, esperaba con desesperación que fuera cierto, pero me daba miedo creérmelo del todo. Con muchas ganas de saber más sobre este regreso del Señor Jesús, les pedí a esos dos hermanos que me lo explicaran. Me enseñaron muchas cosas y me leyeron algunas palabras de Dios Todopoderoso, como este pasaje que me impresionó profundamente. Dios Todopoderoso dice: “Después de la obra de Jehová, Jesús se encarnó para llevar a cabo Su obra entre los hombres. Su obra no se llevó a cabo de forma aislada, sino que fue construida sobre la de Jehová. Era una obra para una nueva era que Dios realizó después de que pusiera fin a la Era de la Ley. De forma similar, después de que terminara la obra de Jesús, Dios continuó Su obra para la siguiente era, porque toda Su gestión siempre avanza. Cuando pase la era antigua, será sustituida por una nueva, y una vez que la antigua obra se haya completado, habrá una nueva obra que continuará la gestión de Dios. Esta encarnación es la segunda encarnación de Dios, la cual sigue a la obra de Jesús. Por supuesto, esta encarnación no ocurre de forma independiente; es la tercera etapa después de la Era de la Ley y la Era de la Gracia. Cada vez que Dios inicia una nueva etapa de la obra, siempre debe haber un nuevo comienzo y siempre debe traer una nueva era. Así pues, también hay cambios correspondientes en el carácter de Dios, en Su forma de obrar, en el lugar de Su obra y en Su nombre. No es de extrañar, por tanto, que al hombre le resulte difícil aceptar la obra de Dios en la nueva era. Pero independientemente de cómo se le oponga el hombre, Dios siempre está realizando Su obra, y guiando a toda la humanidad hacia adelante. Cuando Jesús vino al mundo del hombre, marcó el comienzo de la Era de la Gracia y terminó la Era de la Ley. Durante los últimos días, Dios se hizo carne una vez más y, con esta encarnación, finalizó la Era de la Gracia y marcó el inicio de la Era del Reino. Todos aquellos que sean capaces de aceptar la segunda encarnación de Dios serán conducidos a la Era del Reino, y, además, serán capaces de aceptar personalmente la guía de Dios. Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Luego me enseñaron muchas cosas más. Aprendí que la obra de Dios avanza constantemente, que el Señor Jesús realizó la obra de redención y que, por la fe en el Señor, solo se nos perdonan los pecados, pero nuestra naturaleza pecaminosa no se corrige de ese modo, por lo que, en bucle, pecamos de día y confesamos de noche, y seguimos sometidos al pecado. Para salvar plenamente a la gente del pecado y de las fuerzas satánicas, Dios ha de realizar otra etapa de obra, en la que exprese verdades para juzgarnos y purificarnos. Así se corrigen de verdad nuestra naturaleza pecaminosa y nuestro carácter corrupto para que podamos librarnos de pecado, purificarnos y entrar en el reino de Dios. Hace mucho que el mundo religioso perdió la obra del Espíritu Santo. Para recibir la guía del Espíritu y el sustento de la verdad, tenemos que aceptar las verdades que expresa Dios en Su obra de los últimos días, ir al compás de Sus huellas. Es la única manera de madurar en la vida. Tras aquello, leía mucho La Palabra manifestada en carne. No me cansaba; las palabras de Dios atraían mi corazón. Cada noche me quedaba leyéndolo hasta las 2 de la madrugada. Con el tiempo, tuve la certeza de que Dios Todopoderoso era el regreso del Señor Jesús y acepté de buen grado la obra de Dios de los últimos días. Así pues, llevé a mi iglesia a los hermanos y hermanas que predicaban el evangelio de Dios Todopoderoso para que me ayudaran a llevar ante Dios a los feligreses que eran auténticos creyentes. Nos reuníamos a leer juntos las palabras de Dios Todopoderoso y cada día hallábamos más esclarecimiento. Eran de gran sustento y disfrute. ¡Estábamos asistiendo al banquete del Cordero!

Muchos obispos y sacerdotes de la región intentaron interponerse en mi camino. Primero, el obispo Zhao, que me dijo: “Me he enterado de que te has unido al Relámpago Oriental. No hablaste conmigo de algo tan importante y te llevaste a muchos feligreses contigo. Es una traición al Señor. Cuando Él regrese, seguro que antes nos lo revelará a los obispos. ¿Cómo no habría de saberlo yo si realmente hubiera vuelto? Déjalo y vuelve. Sé que estás en una región remota y que la vida es dura. Si vuelves, nos ocuparemos de toda dificultad o necesidad que tengas”. También expresó muchas palabras de blasfemia y condena contra Dios Todopoderoso. Tan solo me quedé muy desconcertado. Él era obispo y había afirmado muchas veces que el Señor iba a volver pronto, por lo que teníamos que guiar a los feligreses para que oraran y velaran para recibir al Señor, pero ahora que el Señor había vuelto, él no tenía intención de buscar y hasta era blasfemo y condenatorio. No era un auténtico creyente en absoluto. Sin dejarme afectar por él, seguí difundiendo el evangelio.

Luego vino el obispo Wang con otra persona y me dijo todo sonriente: “El obispo Zhao me pidió que te convenciera de que lo vayas a ver a su casa. Está sumamente preocupado por tu bienestar, ¡con miedo a que tomes la senda equivocada!”. Me enfureció mucho oír aquello. No les importaba que los feligreses lo pasaran mal, pero se sublevaban totalmente por mi fe en Dios Todopoderoso. Era un claro intento de impedirme aceptar la obra de Dios de los últimos días. Le repliqué: “Todos están absolutamente empeñados en impedirme tener fe. Las iglesias llevan años desoladas, sin la obra del Espíritu Santo. La fe de los hermanos y hermanas se está enfriando y ellos están en un bucle de pecado y confesión. Yo he estado trabajando para Dios, pero sometido al pecado, y he sufrido mucho. Con las palabras de Dios Todopoderoso aprendí que la fe en el Señor solo nos acarrea el perdón de los pecados, pero no la purificación. De no corregirse nuestra naturaleza pecaminosa, jamás nos libraremos de las ataduras del pecado. El Señor ha vuelto en los últimos días y está expresando verdades y realizando la obra del juicio para corregir de raíz la pecaminosidad humana, de modo que podamos librarnos de pecado. Las palabras de Dios Todopoderoso me muestran el camino hacia la purificación y la salvación plena y, tras estudiarlo, no me cabe duda de que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor. Digan lo que digan, no renunciaré a mi fe”. Y el obispo Wang comentó: “Cierto, a la iglesia le faltan la obra del Espíritu Santo y la presencia del Señor, pero eso es temporal y una prueba que nos pone el Señor. Si nos mantenemos firmes hasta el fin, contemplaremos un gran reavivamiento de la iglesia. Si te llevas a todos al Relámpago Oriental, la iglesia quedará vacía. Entonces, ¿cómo vamos a tener un reavivamiento? El Señor está a punto de regresar, pero no lo ha hecho todavía. ¿En serio crees que no le revelaría al papa cuándo vuelve? El Señor entregó a Pedro la llave del reino y Pedro se la entregó al papa que lo sucedió. En el catolicismo, el papa está arriba del todo, y los obispos de las congregaciones, por debajo. Dios nombra a todos estos miembros del clero, por lo que, si el Señor ya hubiera vuelto, seguro que nos lo habría dicho antes a nosotros. Dado que el papa y los obispos no estamos enterados del regreso del Señor, no cabe duda de que esta noticia es falsa. Si te pasas al Relámpago Oriental sin la conformidad del papa o de los obispos, ¿no es apostasía?”. Yo también lo pensaba, pero pregunté por eso en concreto cuando estaba estudiando la obra de Dios Todopoderoso. Según el obispo Wang, el Señor les revelaría Su regreso a ellos primero, pero yo sabía que el Señor Jesús jamás afirmó eso y que no estaba registrado en la Biblia. Para recibir el regreso del Señor, hemos de atenernos a Sus palabras. El Señor dijo: “He aquí que estoy a la puerta de tu corazón, y llamo; si alguno escuchare mi voz y me abriere la puerta, entraré a él, y con él cenaré, y él conmigo” (Apocalipsis 3:19). “Aún tengo otras muchas cosas que deciros; mas por ahora no podéis comprenderlas. Cuando venga el Espíritu de verdad, él os enseñará todas las verdades necesarias para la salvación” (Juan 16:12-13). Las palabras de Dios son muy claras. Pronunciará más y nos contará la verdad cuando venga, y solo si oímos Su voz y aceptamos Sus verdades podemos recibir al Señor. El Señor Jesús dijo: “Mis ovejas oyen la voz mía; y yo las conozco, y ellas me siguen” (Juan 10:27). Los seguidores del Señor, como Pedro y Mateo, escuchaban lo que Él predicaba y era entonces cuando se daban cuenta de que era el Mesías que esperaban. Y el Señor decide si formamos parte de Su rebaño en función de si oímos o no Su voz. Por ello, la clave para estudiar el camino verdadero es estar atentos a la voz del Señor y, con ello, reconocerlo y aceptarlo. Es lo único de lo que nos podemos fiar. Y el Apocalipsis señala muchas veces: “Quien tiene oído, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:6). El Señor no se lo va a revelar antes a los líderes religiosos y obispos cuando venga en los últimos días, sino que va a hablar directamente a las iglesias para que oigan Su voz. Dios Todopoderoso ha expresado muchísimas verdades y revelado cantidad de misterios de la Biblia. Esto cumple lo afirmado por el Señor Jesús: “Cuando venga el Espíritu de verdad, él os enseñará todas las verdades necesarias para la salvación; pues no hablará de suyo, sino que dirá todas las cosas que habrá oído, y os anunciará las venideras” (Juan 16:13). Las palabras del Señor dejaron claro que quienes oyen Su voz y lo siguen son Sus ovejas y los únicos que pueden recibirlo a Él. Así pues, refuté al obispo Wang: “Según usted, el papa y los obispos deben conocer antes que nadie el regreso del Señor, ¿pero se fundamenta esto en Su palabra? El Señor Jesús jamás dijo nada semejante ni tampoco lo hicieron Dios Padre ni el Espíritu Santo. La Biblia no relata nada de eso. Por tanto, ¿no es su afirmación una mera noción humana? Para recibir al Señor, hemos de hacer caso a Sus palabras, no a nuestras nociones y fantasías. El Antiguo Testamento relata que el joven Samuel servía a Yavé en presencia de Elí. Según las nociones humanas, Yavé debería haber hecho Su revelación a Elí primero, pero eso no fue lo que hizo Yavé. Llamó al joven Samuel cuatro veces para expresarle Su voluntad. Y cuando vino el Señor Jesús, en vez de revelárselo a los sumos sacerdotes y escribas, apareció ante los pastores y les habló del nacimiento del Señor Jesús. Obviamente, el Señor no obra según las nociones humanas. Sin importar el tiempo que lleve creyendo alguien ni su estatus, mientras desee renunciar a sus nociones, buscar humildemente y estar atento a la voz de Dios, podrá presenciar Su aparición. El Señor ha venido en los últimos días, expresa verdades y está realizando la obra del juicio. No le hace falta pedir opinión a nadie ni contárselo a nadie en concreto. Esta es la obra de Dios, en la que ningún hombre puede entrometerse. Quien se rebele únicamente ofenderá el carácter de Dios como los escribas y fariseos, que se aferraron a sus nociones en contra del Señor Jesús e hicieron que lo crucificaran. Cometieron un pecado atroz y Dios los maldijo y castigó. Esa amarga lección, ¿no merece que recapacitemos sobre ella?”.

Se limitó a decir muy airadamente: “¡Menudo descaro tienes al atreverte a contradecir al papa! Como sabes, al padre Liu lo echaron de la iglesia cuando se unió al Relámpago Oriental. Los miembros de la iglesia lo rechazaron y hasta su familia se opuso. Dejó el sacerdocio y rechazó un vehículo y dinero. ¿Eso no te parece un problema?”. Que la Iglesia católica realmente no tenía la obra del Espíritu Santo y que el obispo no hablaba más que de dinero, estatus y placer, igual que un incrédulo. ¿Qué tenía eso de servicio a Dios? Por eso, por más que trataran de interponerse en mi camino, estaba decidido a seguir a Dios Todopoderoso. Le dije: “Según la Biblia, ‘Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres’ (Hechos 5:29). Solo obedezco las palabras de Dios, no las de los hombres. Dios nos libre de lo que usted dice, y deje de aconsejarme”. Se marchó indignado al ver que no le hacía caso.

Después, los obispos Zhao y Wang no dejaban de venir a tratar de interponerse en mi camino. Decían: “Padre Wei, ¡no puedes ser irracional! En su momento, para ayudarte a hacerte cura, los obispos y otros sacerdotes se arriesgaron a ser encarcelados por protegerte y pagaron un precio bastante alto para ayudarte en tus 10 años de formación para dar sermones. Te hemos estado dando de comer y de beber. Tus padres se esforzaron mucho para que alcanzaras antes el sacerdocio, pero, con el Relámpago Oriental, los estás dejando en la cuneta. ¿Aún puedes mirar a la cara a los obispos y sacerdotes? ¿Aún puedes mirar a la cara a tus padres? Renuncia a esa fe y vuelve a nosotros. Te esperamos”. Tenía mucha confusión mental cuando estaban diciendo esas cosas. Pensaba en todos esos años en que los obispos se ocuparon de mí; realmente hicieron mucho. La policía llevaba años detrás de mí y los obispos organizaron las cosas con mucho cuidado para mí, para garantizar mi seguridad. Mi familia era pobre y los obispos me cuidaron. Temía que fuera injusto de mi parte no hacerles caso. Pero sabía que Dios Todopoderoso era el regreso del Señor Jesús y no podía darle la espalda. Así pues, oré: “Oh, Dios mío, me siento débil. Te pido fe y fortaleza para no dejarme llevar por influencias externas. Quiero seguirte hasta el fin”. Luego abrí La Palabra manifestada en carne y vi este pasaje: “Desde el momento en el que llegas llorando a este mundo, comienzas a cumplir tu deber. Para el plan de Dios y Su ordenación, desempeñas tu papel y emprendes tu viaje de vida. Sean cuales sean tus antecedentes y sea cual sea el viaje que tengas por delante, nadie puede escapar de las orquestaciones y disposiciones del Cielo y nadie tiene el control de su propio destino, pues solo Aquel que gobierna sobre todas las cosas es capaz de llevar a cabo semejante obra. Desde el día en el que el hombre comenzó a existir, Dios siempre ha obrado de esta manera, gestionando el universo, dirigiendo las reglas del cambio para todas las cosas y la trayectoria de su movimiento. Como todas las cosas, el hombre, silenciosamente y sin saberlo, es alimentado por la dulzura, la lluvia y el rocío de Dios. Como todas las cosas, y sin saberlo, el hombre vive bajo la orquestación de la mano de Dios” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). También recordé que el Señor Jesús dijo: “Mirad las aves del cielo cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valéis vosotros mucho más sin comparación que ellas?” (Mateo 6:26). Si Dios se ocupa de las aves del cielo, ¡imagínate de los humanos! Dios me creó y me dio la vida. Dios me da todo mi alimento y mi vestimenta. Gracias a lo dispuesto por Dios, el obispo se ocupó de mí, y también Dios decidió darme la oportunidad, que era Su amor, de servirlo como sacerdote. Dios debería ser a quien yo diera gracias. Si traicionaba a Dios para resarcir la presunta bondad de una persona, ¡sería muy injusto! Además, esos obispos y sacerdotes estaban celosos y sedientos de poder, ávidos de las ventajas del estatus. El Señor ha regresado y ellos no solo se negaban a investigarlo, sino que impedían a otros seguir a Dios y hasta difundían mentiras y blasfemias. ¿Eso no era cometer el mal? Por muy amables que parecieran, no trataban de llevar a la gente ante el Señor, de ayudarla a conocerlo y a recibir de Él la verdad y la vida. Lo hacían para llevar a la gente ante ellos, para que los adulara y siguiera, lo que la alejaba cada vez más del Señor. Eso me recordó unas palabras del Señor a los fariseos: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis el reino de los cielos a los hombres; porque ni vosotros entráis ni dejáis entrar a los que entrarían! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que devoráis las casas de las viudas, con el pretexto de hacer largas oraciones; por eso recibiréis sentencia mucho más rigurosa!” (Mateo 23:13-14). Los obispos y sacerdotes mantenían a todo el mundo firmemente bajo su poder e impedían a la gente recibir el regreso del Señor. ¿En qué se diferenciaba eso de los escribas y los fariseos? ¿No eran ellos los siervos infieles revelados por la obra de Dios de los últimos días? ¡Procurar ser considerado con ellos sería una auténtica traición al Señor!

Más adelante, cuando los del clero de otras provincias se enteraron de mi fe en Dios Todopoderoso, empezaron a perturbar y a asediarme. Estaban llenos de culpabilización, ataques y condenación y decían que mi fe era una traición al Señor, que yo era un traidor y debía ser maldecido. Lo peor era que inventaban cosas y tergiversaban los hechos para difamar a la Iglesia de Dios Todopoderoso y blasfemar contra Dios Todopoderoso. Casi nadie me escuchaba sosegadamente. Estaba indignado. Estuve reflexionando que cómo podía ser así esa gente, que aparentemente trabajaba para Dios. De su boca no salían más que condenación y blasfemias tremendamente aborrecibles para Dios. Durante un tiempo sentí que algo me atenazaba fuertemente el corazón y no hallaba paz. Sabía que, con su condenación y su rechazo, seguro que sus feligreses me tratarían igual, así que, probablemente, estos me escupirían allá donde fuera. Eso me resultaba muy doloroso y decepcionante. Recordé lo que dijo el Señor: “Dichosos seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren con mentira toda suerte de mal contra vosotros” (Mateo 5:11). Dios se hizo carne, vino a la tierra a salvar a la humanidad y padeció el maltrato del mundo religioso. La gente es muy ruin, muy malvada para con Dios, y quienes seguimos a Dios seguro que también seremos objeto de esta clase de difamación, pero sufrir por causa de la justicia recibe bendiciones y tiene sentido. Al pensarlo de ese modo, no me preocupaba por la condenación y el rechazo de nadie. Pueden tratarme de esa forma, pero tener la ocasión de recibir al Señor, leer las palabras de Dios y encontrarme con Él cara a cara es la mayor bendición. Dios es mi todo y tenerlo a Él es tenerlo todo. Esto fue muy reconfortante y me aportó un sentimiento de paz. En mi antigua iglesia no tenía sustento espiritual, sino que vivía en tinieblas. Pero al seguir a Dios Todopoderoso recibía el sustento de la verdad y vislumbraba la salvación en el horizonte. Fue como resucitar de entre los muertos. Había hallado el camino de vida eterna y, por más que el clero católico me juzgara y condenara, seguiría a Dios Todopoderoso. Después leí este pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso. “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre ellas, como nacidas de disposiciones humanas o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra y todo lo que acontece es una apuesta hecha por Satanás ante Dios y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio para Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres y la interferencia de estos. Detrás de cada paso de la obra que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla” (‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esta lectura me ayudó a entender que sus ataques contra mí formaban parte de una batalla espiritual y eran una gran prueba para mí. Me tentaban con dinero, poder y prestigio para que traicionara a Dios y me atacaban al no lograr lo que querían. Querían forzarme a renunciar a mi fe en Dios Todopoderoso. Al tratar de impedirme seguir a Dios y aceptar Su salvación, asumían totalmente el papel de Satanás. No podía caer en las trampas de Satanás. Cuanto más me juzgaba y condenaba el clero, más evidente me resultaba la realidad de que ellos odiaban la verdad y se resistían a Dios. Ninguno buscaba ni anhelaba la aparición de Dios ni recibía la venida del Señor. Eran todos unos incrédulos, unos fariseos contemporáneos en contra de Dios.

Me sorprendió mucho que, una mañana temprano, justo al alba, cuando yo estaba en oración en la iglesia con unos frailes y monjas que acababan de aceptar a Dios Todopoderoso, los padres Wang y Li aparecieran con unos feligreses que normalmente no eran devotos, probablemente unas 70 personas o así, y todos ellos irrumpieran en el patio de la iglesia. Tenían un gesto muy amenazante y supuse que recurrían a la violencia para impedir a los hermanos y hermanas buscar el camino verdadero. Con algo de miedo, enseguida oré a Dios: “¡Dios mío! Tengo poca estatura; te pido fe y fortaleza para no humillarme ante estas malvadas fuerzas religiosas”. Tras orar me sentí más aliviado, no tan asustado. Con mucha calma, me acerqué a ellos y les dije: “Padre Wang, padre Li, ¿por qué han traído aquí a todos estos?”. El padre Wang me contestó: “Tú has aceptado el Relámpago Oriental, y lo que es peor, has metido a algunos feligreses. Es importante recibir el regreso del Señor, pero tú te pasaste en secreto al Relámpago Oriental sin hablarlo con nosotros. ¡Eres un rebelde! ¿Se te han olvidado las palabras del Señor? Dice la Biblia: ‘En tal tiempo, si alguno os dice: El Cristo o Mesías está aquí o allí, no le creáis. Porque aparecerán falsos Cristos y falsos profetas, y harán alarde de grandes maravillas y prodigios, de manera que aun los escogidos, si posible fuera, caerían en error’ (Mateo 24:23-24). Así pues, toda noticia de la segunda encarnación del Señor es falsa. Te han extraviado, has traicionado al Señor y vas a recibir una última oportunidad. Renuncia al Relámpago Oriental, devuelve a los otros al rebaño, y seguirás siendo sacerdote”. Respondí con gran firmeza: “Padre Wang, a mí pueden hacerme lo que quieran, pero impedir que la gente estudie el camino verdadero, oiga la voz de Dios y reciba el regreso del Señor es absolutamente inaceptable. Cierto, hay falsos Cristos y falsos profetas en los últimos días, pero el Señor Jesús afirmó que volvería con toda seguridad. No podemos dejar de recibir el regreso del Señor por miedo a los falsos Cristos. ¿Eso no es tirar piedras al propio tejado? El Señor Jesús nos advirtió que tuviéramos cuidado con los falsos Cristos, pues no saben expresar la verdad, sino solamente extraviar a la gente con señales y prodigios. Cristo encarnado es el único capaz de expresar la verdad, otorgar vida a la humanidad y señalarnos la senda de la salvación para entrar en el reino de Dios. Cristo es el Espíritu de Dios en forma carnal y posee esencia divina, así que es el único capaz de expresar la verdad para sustentar y pastorear a los humanos, el único capaz de expresar el carácter de Dios y consumar la obra de redención y salvación del hombre. Ningún ser humano puede hacer ni imitar eso. Dios Todopoderoso ha aparecido y está obrando en los últimos días, revelando los misterios del plan de gestión de 6000 años de Dios y de las encarnaciones y expresando toda verdad que purifica y salva plenamente a la humanidad. Solo el propio Dios podría realizar toda esta obra. ¿Quién más, aparte de Dios, podría expresar la verdad? ¿Quién más podría realizar la obra del juicio en los últimos días? ¿Quién más podría purificar y salvar plenamente a la humanidad? Absolutamente nadie. Que Dios Todopoderoso exprese tantas verdades demuestra del todo que Él es el regreso del Señor Jesús, Cristo de los últimos días”.

Sorprendido, el padre Wang dijo: “¡No nos importa cuánta razón tengas! No quieres volver, sino que estás empeñado en el Relámpago Oriental. Los obispos nos han dicho que te advirtamos que lo dejes y entregues esos libros del Relámpago Oriental inmediatamente”. El padre Li me señaló y dijo: “¡Entrega las llaves de la iglesia y a ese predicador del Relámpago Oriental!”. El padre Wang ordenó a los feligreses: “¡Registren el lugar y busquen todos sus libros del Relámpago Oriental! No pueden practicar su fe sin ellos”. Luego ordenó a unos pocos que me sujetaran y un diácono se tiró de rodillas delante de mí y gritó: “¡No puedes creer en Dios Todopoderoso! ¿Qué debemos hacer si ya no eres nuestro sacerdote? Tienes que guiarnos al cielo…”. No pude darles esquinazo. Lo único que pude hacer fue ver cómo entraban rápido en el patio de la iglesia con palas y azadas, y después oí que rompían ventanas y puertas. Estaba muy enojado y preocupado, pues dentro estaba el hermano Chen, que predicaba el evangelio, y tendría un problema si le echaban la mano encima. Los otros que había eran nuevos en el evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días y no tenían buena base. Temía que no tuvieran fortaleza para mantenerse firmes con esa clase de perturbación. En poco tiempo habían puesto patas arriba prácticamente cada salón de la iglesia y hasta habían revuelto el sagrario. En el catolicismo, el sagrario es santo y no pueden tocarlo más que los sacerdotes. Yo veía que esa gente era demasiado insolente y no tenía veneración por Dios. Pese a lo cual no se rindieron. Fueron a las casas de los miembros de la iglesia a intimidarlos y difundir rumores, y se hicieron con la mayoría de sus ejemplares de las palabras de Dios. Le dieron tal paliza que no podía levantarse del suelo y llegaron a decir que iban a llevárselo a la policía. Enojadísimo, les dije: “El hermano Chen es un auténtico creyente. Le han dado una tremenda paliza e incluso han amenazado con llevárselo a la policía. ¿Acaso tienen conciencia? ¿Son creyentes en Dios? Dios es justo y, por supuesto, castiga toda maldad cometida contra Él”. Tras decirles eso, no lo entregaron a la policía. Luego me comentó el padre Wang: “Como clero, somos bienintencionados en lo que hacemos y espero que lo entiendas. Vuelve con nosotros a casa del obispo”. Le respondí: “No voy a ir con ustedes. He oído la voz de Dios y sigo las huellas del Cordero. ¡Estoy decidido a ir por esta senda!”. Después se marcharon indignados. Esa noche estaba acostado sin poder dormir. Los sucesos del día se reproducían en mi mente como una película. Tenía mucha confusión mental y me preguntaba cómo los obispos y sacerdotes, siervos vitalicios del Señor, podían detestar tanto que estudiáramos el camino verdadero. Una iglesia es un lugar de culto, pero ellos se atrevieron a destrozarla, a apalizar a un hermano que compartía el evangelio y a llevarse los libros de las palabras de Dios de los creyentes. Eran capaces de cualquier tipo de maldad. Los sacerdotes tenían contactos en el Gobierno, así que a saber cuándo podrían denunciarme a la policía. Como siempre me había negado a unirme a la iglesia gubernamental, el capitán de la Brigada de Seguridad Nacional me consideraba una molestia. Me había amenazado anteriormente diciéndome que, por no unirme a la Iglesia de las Tres Autonomías, la Oficina de Seguridad Pública a nivel municipal lo había criticado a él y que me iba a dar una lección cuando tuviera la oportunidad. Ahora, como creyente en Dios Todopoderoso, si la policía me echaba la mano encima, podría llegar a torturarme hasta la muerte. La condenación del mundo religioso y la persecución del partido me resultaron muy dolorosas. Yo solo seguía las huellas de Dios, al Cristo de los últimos días. ¿Por qué era tan difícil? Esa noche no pude dormir. Oré a Dios: “Dios mío, te pido que me ayudes y me des fe y fortaleza para poder vencer la debilidad de mi carne y mantenerme firme en esta situación”. Recordé entonces un himno de las palabras de Dios: “Dios Todopoderoso, la Cabeza de todas las cosas, ejerce Su poder real desde Su trono. Él gobierna sobre el universo y sobre todas las cosas y nos está guiando en toda la tierra. Estaremos cerca de Él en todo momento, y vendremos delante de Él en quietud; sin perder nunca ni un solo momento, y con lecciones que aprender en cada instante. Todo, desde el ambiente circundante hasta las personas, asuntos y cosas, existe con el permiso de Su trono. No dejes, bajo ninguna circunstancia, que surjan quejas en tu corazón, o Dios no concederá Su gracia sobre ti. […] La fe es como un puente de un solo tronco: aquellos que se aferran miserablemente a la vida tendrán dificultades para cruzarlo, pero aquellos que están dispuestos a sacrificarse pueden pasar con paso seguro y sin preocupación. Si el hombre alberga pensamientos asustadizos y de temor es porque Satanás lo ha engañado por miedo a que crucemos el puente de la fe para entrar en Dios” (‘El inicio de una enfermedad es el amor de Dios’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Me dio cierta fuerza interior cantar este himno una y otra vez. Es verdad. El universo, todo, está en las manos de Dios, incluido mi destino, así que también dependía de Dios que me detuvieran o no. Satanás conoce mis debilidades, por lo que me atacaba utilizando la reputación, el estatus y la seguridad personal para que traicionara a Dios Todopoderoso y, además, Dios estaba probando mi fe con esa situación para comprobar si tenía la determinación de dejarlo todo para continuar siguiéndolo a Él. Había cierto sufrimiento, pero sentía la guía de Dios y eso me daba fortaleza. Me acordaba de lo que dijo el Señor: “Pues quien quisiere salvar su vida obrando contra mí, la perderá; mas quien perdiere su vida por amor a mí, la encontrará” (Mateo 16:25). A fin de redimir a la humanidad, el Señor Jesús fue crucificado por el mundo religioso y el Gobierno, y todos los discípulos que lo seguían fueron perseguidos. A unos los lapidaron, otros fueron arrastrados a la muerte por caballos y a otros más los ahorcaron. Los martirizaron por difundir el evangelio y dar un hermoso testimonio. Dios lo vio con buenos ojos. Seguir a Dios es emprender el viacrucis. El Señor Jesús ya nos sirvió de modelo. Debemos beber de ese amargo cáliz del que bebió el Señor y seguir el camino que siguió Él. Ahora que yo seguía a Dios Todopoderoso, aunque por ello me detuviera y torturara el Partido Comunista, sería por causa de la justicia. Dios lo vería con buenos ojos y sería algo glorioso. Sin importar qué afrontara más adelante, estaba dispuesto a dar la vida por ello y a seguir a Dios hasta el fin.

Posteriormente pensé en por qué los obispos y sacerdotes no tenían intención de estudiar la obra de Dios de los últimos días y eran, por el contrario, tan reacios a ella. Leí esto en las palabras de Dios Todopoderoso: “¿Deseáis conocer la raíz de la oposición de los fariseos a Jesús? ¿Deseáis conocer la esencia de los fariseos? Estaban llenos de fantasías sobre el Mesías. Aún más, solo creían en su venida, pero no buscaban la verdad de la vida. Por tanto, incluso hoy siguen esperándole, porque no tienen conocimiento del camino de la vida ni saben cuál es el camino de la verdad. Decidme, ¿cómo podrían obtener la bendición de Dios tales personas insensatas, tozudas e ignorantes? ¿Cómo podrían contemplar al Mesías? Se opusieron a Jesús porque no conocían la dirección de la obra del Espíritu Santo ni el camino de la verdad mencionado por Jesús y, además, porque no entendían al Mesías. Y como nunca le habían visto ni habían estado en Su compañía, cometieron el error de aferrarse al mero nombre del Mesías mientras se oponían a Su esencia por todos los medios posibles. Estos fariseos eran tozudos y arrogantes en esencia, y no obedecían la verdad. El principio de su creencia en Dios era: por muy profunda que sea Tu predicación, por muy alta que sea Tu autoridad, no eres Cristo a no ser que te llames el Mesías. ¿No es esta creencia absurda y ridícula?” (‘En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”). Con esto aprendí que los fariseos se oponían al Señor Jesús porque eran tercos y arrogantes por naturaleza. Detestaban la verdad y se negaban a aceptarla. Oían las palabras del Señor Jesús, pero no sabían que eran del Espíritu Santo y no reconocían que Él decía la verdad. Observaban que el Señor permitía que los ciegos vieran, que sanaba a leprosos y resucitaba a los muertos, con lo que mostraba multitud de señales y prodigios, pero ellos no reconocían que Él era el Mesías profetizado, el propio Dios. Estaban convencidos de que era un simple hombre y hasta blasfemaban contra Él alegando que expulsaba los demonios por el príncipe de los demonios. Ni reconocían la obra del Espíritu Santo, ni aceptaban la verdad, ni obedecían las palabras de Dios. Se aferraban al nombre “Mesías”, insistían en sus nociones y fantasías y al final hicieron crucificar al Señor Jesús. Ahora el Señor ha vuelto como Dios Todopoderoso, que expresa verdades para juzgar y purificar la corrupción de la gente y exhibe públicamente el carácter justo, majestuoso e inofendible de Dios. Las palabras de Dios Todopoderoso son poderosas y autorizadas y han estremecido el espíritu de los auténticos creyentes en Dios de toda denominación. Estos reconocen que las palabras de Dios Todopoderoso son la verdad y las palabras del Espíritu Santo a las iglesias. Sin embargo, los obispos y sacerdotes no lo entienden. Se aferran a la literalidad de la escritura y a sus propias nociones, y esperan con arrogancia que el Señor regrese y les haga una revelación a ellos primero. Ni buscan la verdad ni procuran para nada estar atentos a la voz de Dios, sino que tan solo impiden de manera frenética que la gente acepte la obra de Dios de los últimos días. Todo esto que hacen revela la realidad de su odio por la verdad y hacia Dios. Son unos fariseos contemporáneos de la cabeza a los pies.

Después de que vinieran buscando los libros, me marché de la iglesia con algunos frailes y monjas que querían predicar el evangelio. Días después, un hermano me hizo llegar un mensaje que me advertía que no volviera pasara lo que pasara, que, el día que me marché, la policía fue a la iglesia a detenerme. Como no me encontraron, empezaron a acampar afuera de la iglesia para esperarme. Detuvieron a varias personas que acababan de aceptar el evangelio y les preguntaron dónde estaba yo. Según aquel hermano, el capitán de la Brigada de Seguridad Nacional tenía un informe conjunto de diáconos de varias parroquias acerca de mí, en el que decían que no me había unido a las Tres Autonomías y que había advertido a otros diáconos y curas que tampoco se unieran, lo que era una oposición directa al Gobierno. Incluso más grave era que aquel capitán dijera que predicar el Relámpago Oriental era un delito castigado con la muerte y que ellos podían disparar a matar. La policía los amenazó con que podrían condenarlos por un delito de ocultación de mi paradero. Me enojé enormemente con la noticia. El partido llevaba años acosándome sin parar para que me uniera a las Tres Autonomías, y ahora que seguía a Dios Todopoderoso y predicaba el evangelio de los últimos días, me tenían todavía más manía. Querían detenerme y verme muerto ya. ¡Esos demonios del Partido Comunista son despreciables! Sin embargo, en el fondo sabía que, sin autorización del obispo, jamás habrían hecho eso por su cuenta. Al hacerlo evidenciaron todavía más su malvada naturaleza. Me acordé de los fariseos. Para que los creyentes judíos no aceptaran la salvación del Señor Jesús, colaboraron con el Gobierno romano para que este lo crucificara brutalmente y acosaron y persiguieron a Sus discípulos. Ahora el clero colaboraba con el Partido Comunista para que me detuviera y me obligara a renunciar a mi fe en Dios Todopoderoso. ¡No se diferenciaban de los fariseos de aquel tiempo!

Pronto descubrí que la policía vigilaba la casa de mis anfitriones, por lo que enseguida los hermanos y hermanas me sacaron de allí. Al día siguiente me enteré de que habían detenido a la pareja anfitriona. La policía tenía una foto mía y preguntaba dónde estaba. Luego tenía que estar siempre moviéndome para no ser detenido. Siempre estaba escondido, tratando de huir del Partido Comunista y preguntándome cuándo acabarían por fin esos días. Durante la Revolución Cultural, a mi tío lo mataron a golpes por católico y en el cuerpo le quedaron marcas de cadenas y cicatrices de haber sido marcado a fuego. Aún lo tengo grabado en la mente. Pensaba que no sabía cómo me torturarían si caía en manos del partido.

Había un himno de las palabras de Dios que me guió y dio fe. “Debes sufrir adversidades por la verdad, debes entregarte a la verdad, debes soportar humillación por la verdad y, para obtener más de la verdad, debes padecer más sufrimiento. Esto es lo que debes hacer. No debes desechar la verdad en beneficio de una vida familiar pacífica y no debes perder la dignidad e integridad de tu vida por el bien de un disfrute momentáneo. Debes buscar todo lo que es hermoso y bueno, y debes buscar un camino en la vida que sea de mayor significado” (‘Deberías abandonar todo por la verdad’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Al cantar este himno, reflexioné sobre su significado y comprendí algo mejor la voluntad de Dios. Seguir a Dios y recibir la verdad exige cierto sufrimiento. Solo con las dificultades y pruebas puede perfeccionarse nuestra fe y nosotros aprender a discernir muchas cosas. El mundo religioso me rechazó y traicionó por seguir a Dios Todopoderoso, y ahora me perseguía el gran dragón rojo y siempre estaba huyendo. Vivía en un constante estado de miedo y sufría bastante. No obstante, esas experiencias me ayudaron a ver más clara la realidad de que el clero detesta la verdad y a Dios. Además, experimenté verdaderamente la guía de Dios. Siempre que estaba triste y débil, Dios me guiaba para que comprendiera Su voluntad, me fortalecía y me daba fe, así que dejaba de estar débil y asustado. Percibía personalmente que Dios siempre me guiaba y velaba por mí. Y padecía bastante desdicha, pero tenía sentido y valor. Aunque sí terminara detenido, sabía que sería con el permiso de Dios y estaba dispuesto a someterme a Él y a Sus instrumentaciones. Estaba dispuesto a seguir a Dios por muy difíciles que se pusieran las cosas, ¡a no vacilar jamás!

Siguieron intentando de todo para que no difundiera el evangelio. Un día fui a buscar a alguien a una estación de autobuses, y en cuanto me aproximé a la zona de llegadas, de pronto varias personas me rodearon y agarraron. Verdaderamente atónito, no sabía qué estaba pasando. Entonces salieron unos parientes de un vehículo y me metieron en él sin ninguna explicación. Entonces no lo sabía, pero después descubrí que el obispo pidió al diácono Feng que llamara a mi familia y a otros miembros de la iglesia para contarles que me había unido al Relámpago Oriental, que tomaba éxtasis y había perdido la cabeza, que no quería ser sacerdote y que me daba igual el dinero. Les dijo que estaba siendo controlado, que había atentado contra mis votos al Señor, que me había casado con una viuda y que mis hijos tenían tal y cual edad. Les pidió a mis familiares y amigos que colaboraran con el obispo para recuperarme, para impedirme que siguiera a Dios Todopoderoso y compartiera el evangelio. Adoraban de veras al clero, por lo que se creían totalmente las cosas que decían. Pensaban que los obispos y sacerdotes no mentían nunca. Me enojé mucho al oír aquello y vi aún más claro que los del clero son unos demonios encarnados. Según la Biblia, “Vosotros sois hijos del diablo, y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre; él fue homicida desde el principio; y, nunca ha estado firme en la verdad; y así no hay verdad en él; cuando dice mentira, habla como quien es, por ser de suyo mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8:44). Solo unos demonios mentirían y difundirían rumores tan desenfrenadamente y engañarían con falsos testimonios.

Me llevaron a la residencia del obispo. Todo sonriente, me dijo afectadamente: “Has vuelto, la oveja perdida está en casa”. Ordenó a los demás que se fueran para él poder hablarme a solas. Me dijo: “Antaño querías continuar formándote, pero nosotros no accedimos. Esta vez aceptaremos todas tus peticiones y podrás ir a la universidad que quieras. En muchos seminarios faltan profesores, y en muchas parroquias, sacerdotes. Si no quieres ir a la universidad, podrías ser profesor en un seminario o elegir en qué parroquia te gustaría ejercer el sacerdocio. Te estás haciendo mayor y en los últimos años lo has pasado mal. Tenemos dinero, un vehículo y una casa listos para ti. Tan solo deja el Relámpago Oriental para ser sacerdote, y no tendrás preocupaciones”. Sentí un gran rechazo al oír estas palabras. Esos obispos no pensaban más que en el estatus, el dinero y la reputación. Creían en el Señor, pero no seguían Sus palabras. No investigaban para nada la noticia del regreso del Señor, sino que solamente querían preservar su reputación y estatus e impedían enloquecidamente que otros aceptaran el evangelio de Dios de los últimos días. ¿De verdad podrían librarlos de pecado su estatus y su reputación? Por ello, le dije al obispo Zhao: “Monseñor, no quiero nada de eso. Cuando Satanás tentó al Señor Jesús, intentó que se humillara ante él utilizando el dinero y la fama. Entonces, ¿de quién vienen realmente estas cosas que dice usted? Cuando me consagró sacerdote, todos juramos al Señor que abrazaríamos una cruz y lo seguiríamos de por vida. Ahora el Señor ha vuelto y estoy decidido a seguirlo. No hay oposición ni rechazo de la iglesia que pueda detenerme”. Al ver que no podía persuadirme, me advirtió: “¡Más te vale dejar de hablar del Relámpago Oriental a miembros de la iglesia!”. El obispo Zhao nos sacó a comer y allí estaban algunos de mis parientes. Uno de ellos me dijo: “Eres el único cura que ha habido en la familia en varias generaciones y el orgullo de la familia. Jamás imaginamos que te unirías al Relámpago Oriental. Tu padre ya es octogenario y tú predicas por ahí el Relámpago Oriental en vez de cuidar a tus padres. Has dejado el sacerdocio. Es una traición al Señor ¡e irás al infierno por ella!”. Intervino luego mi hermano: “Padecí mucho para que pudieras hacerte cura. Cuando estabas en el seminario, apenas teníamos qué comer y yo me esforzaba por conseguirte comida y dinero. No fue fácil hacer realidad tu sacerdocio, pero ahora estás en el Relámpago Oriental; has traicionado al Señor. No eres sacerdote y no te importa el dinero. ¿Has perdido la cabeza?”. Yo respondí: “Es cierto que necesité tu sostenimiento para hacerme cura, pero ¿por qué dices que no voy a casa a cuidar a nuestros padres? Al alcanzar el sacerdocio, le juré al Señor que dejaría mi hogar, mi familia y la oportunidad de casarme para servirlo a Él de por vida. Según la Biblia, ‘Quien ama al padre o a la madre más que a mí, no merece ser mío; y quien ama al hijo o a la hija más que a mí, tampoco merece ser mío. Y quien no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí’ (Mateo 10:37-38). Dices que debo dejar de compartir el evangelio e irme a casa a ser buen hijo, pero ¿concuerda eso con las palabras del Señor? Nuestra fe supone abrazar una cruz y predicar el evangelio llevándolo a muchos hogares. Ahora el Señor ha regresado y está realizando la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, así que está muy justificado predicar este evangelio”. Sin tiempo de terminar, mi hermano alargó la mano como si fuera a darme y me dijo que había avergonzado a generaciones de nuestra familia y que me partiría las piernas si seguía predicando el evangelio; luego añadió algunas blasfemias. Después, el obispo Zhao me mantuvo allí sin dejar que me fuera y alegó que precisaba atención médica. Si me iba, me seguirían sin ninguna libertad, como a un delincuente. Así pues, oré y me amparé en Dios. Al cuarto día, huí cuando no estaban atentos, volví con los hermanos y hermanas y continué predicando el evangelio.

Vi que el clero no solo impedía que la gente oyera la voz de Dios y recibiera al Señor, sino que también recurría a todas esas tácticas para engañar a los creyentes y llevarlos hacia una senda contraria a Dios, con lo que los convertía en objetos de sacrificio. Y mi familia estaba contra Dios y blasfemaba contra Él. Eso era exclusivamente las consecuencias de las mentiras y los ataques a Dios del obispo. Recordé la maldición del Señor a los fariseos: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis el reino de los cielos a los hombres; porque ni vosotros entráis ni dejáis entrar a los que entrarían! […] ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque andáis girando por mar y tierra a trueque de convertir un gentil; y después de convertido, le hacéis con vuestro ejemplo y doctrina digno del infierno dos veces más que vosotros!” (Mateo 23:13, 15). Los obispos y sacerdotes, además, conseguían que la gente se uniera a la religión, hacían que todo el mundo los escuchara y se opusiera a Dios y los convertían en hijos del infierno. ¡Eran unos demonios que devoraban el alma a la gente! Dicen las palabras de Dios Todopoderoso: “Hay algunos que leen la Biblia en grandes iglesias y la recitan todo el día, pero ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno de ellos es capaz de conocer a Dios y mucho menos es conforme a la voluntad de Dios. Son todos personas inútiles y viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Se oponen deliberadamente a Él mientras llevan Su estandarte. Afirman tener fe en Dios, pero aun así comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos que devoran el alma del hombre, demonios jefes que estorban deliberadamente a aquellos que tratan de entrar en la senda correcta y obstáculos en el camino de quienes buscan a Dios. Pueden parecer de ‘buena constitución’, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que no son más que anticristos que llevan a la gente a levantarse contra Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar a las almas humanas?” (‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me mostraron la clase de gente que son realmente esos líderes religiosos. Siempre se jactan de su autoridad para perdonar los pecados. Cuando pecan los creyentes, tienen que arrodillarse ante ellos y confesar para recibir el perdón, por lo que el clero es como Dios a ojos de los feligreses. Ahora que el Señor ha regresado y expresa verdades para salvar a la humanidad, no buscan ni dejan que los creyentes lo acepten, sino que difunden mentiras y juzgan, condenan y difaman a la Iglesia de Dios Todopoderoso. No aman a Dios ni la verdad, sino solo el estatus y el dinero, y ansían las ventajas del prestigio. Como quieren preservar su puesto y su sustento, mantienen a los creyentes firmemente en sus manos y devoran el alma a la gente mientras afirman servir a Dios. Son auténticos demonios, anticristos ocultos en la iglesia, que detestan la verdad y son enemigos de Dios. Tras sufrir la perturbación reiterada de los líderes religiosos, vi claro que tienen una esencia de anticristos, contraria a Dios. Las palabras de Dios Todopoderoso desarrollaron mi discernimiento y me dieron fe y fortaleza para poder vencer sus tentaciones y ataques, descubrir que, en esencia, son unos anticristos, liberarme de sus restricciones y seguir a Dios. He experimentado personalmente que las palabras de Dios Todopoderoso son la verdad y la vida. ¡Le estoy muy agradecido a Dios por salvarme!

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